En situaciones como esa, cuando podía aclarar sus ideas y pensar con la cabeza fría, alejado de cualquier sentimentalismo barato o cualquier tipo de afecto hacia él, solía pensar en qué lo había llevado a enamorarse de Bugs Banney.

En parte lo sabia con toda claridad. Estaría mintiendo si decía que no era atractivo físicamente, aunque justo en ese momento lucia como un ídolo de glam rock recién levantado de una orgía. Cosa que no dejaba de ser sorprendente, debido a los hábitos casi extremistas de Bugs por la higiene; hábitos que a veces rayaban en lo absurdo y Wille había aprendido a aceptar con naturalidad. Ahora no podía creer que el hombre que tardaba una hora desinfectando una lechuga antes comerla fuera el mismo que estaba parado frente a él con ropa gastada, mal lavada y al menos tres tallas mas grande, que no le pertenecía; el cabello revuelto, grasoso y largo y restos de maquillaje de la noche anterior. Los guantes blancos seguían pulcramente colocados sobre sus finas manos, pero aun así...

Tuvo que contener una exclamación al pasar la vista sobre su cuerpo y llegar hasta su cuello, con su delicada piel blanquecina llena de pequeñas marcas purpura. ¿Alguien había intentado dañar a tan hermoso ángel? No lo culpaba por ello. Pero si se culpaba a si mismo por seguir sintiendo aunque sea un poco de cariño por aquel joven. Lo había idealizado a tal extremo, que no había logrado ver sus defectos mas notables sobre esa mascara de inocencia y, aunque los hubiera visto, no le habrían importado. "No, él no seria capaz de algo así" solía pensar al mínimo indicio de que Bugs no era lo que creía, o mejor dicho, lo que quería creer que era.

La realidad se había encargado de bajarlo de su nube y azotarlo de cara ante la cruel verdad.

¿Que veía ahora en ese chico, después de todo lo que había ocurrido? A pesar de continuar sintiendo algo por Bugs, ya no lo veía con los ojos del amante que pasan todo por alto. Ya podía notar todas esas cosas de las que tuvo que darse cuenta desde antes, que siempre estuvieron allí. Que el niño era un maniático, un obsesivo compulsivo del orden con memoria privilegiada para los detalles sin importancia, que quería tenerlo a él tan acomodado en un esquema como la ropa de su armario. ¿Donde estabas? ¿Con quien? ¿A que horas regresas? ¿Tardaras? En ese tiempo no lo había visto como algo malo. Wille solía creer que él genuinamente se preocupaba, porque eso era lo que aparentaba.

Era controlador y manipulador, aunque a estas alturas ya era fácil de adivinar. Todo tenia que ser a su modo y si no, encontraba la forma de hacer que así fuera. Con palabras dulces, con mentiras, e incluso con buen sexo. A saber cuantas cosas de las que le dijo eran verdaderas.

Y eso solo al inicio de su relación, cuando todo parecía que marchaba bien. Antes de que las cosas comenzaran a tomar un rumbo mas aterrador...

Podía notar la pesada mirada de Bugs sobre él, pero no le daría la satisfacción de que le afectara de algún modo, optando por ignorarle para mejor salir al pasillo y quedarse allí hasta que Porky y Sylvester regresaran de buscar a Daffy. Priscilla se había quedado dormida en el asiento junto a la cama, rendida ante el agotamiento de lo que acababa de ocurrir y las altas horas de la noche.

Lo habían dejado ahí solo, esperando hasta que el personal del hospital retirara el cuerpo de la habitación para llevarlo a un servicio funerario, a que la arreglaran, las vistieran y la acomodaran en su propio ataúd para enterrarla en dos días. Todo parecía tan simple y rutinario, indigno para la gran mujer que acaba de fallecer. Al menos había dejado de sufrir por el cáncer que la había estado destrozando por tanto tiempo, una de las pocas batallas que había perdido en su vida.

Estaba sentado en el suelo, con la espalda recta pegada a la pared, conteniendo sus ganas de fumar un porro para calmarse.

-¡Mírate! ¿Es maquillaje eso que llevas en el rostro? ¿Y qué te pasó en el labio... ¡Y en el cuello!? ¡Parece que te hubieran estrangulado! Tienes un polvo extraño en el cabello y la ropa que traes puesta no es tuya...

-Lola, ya basta.

La voz de la enfermera salió de la habitación hasta donde se encontraba Wile, sonando como la típica madre enfadada por el comportamiento de su hijo rebelde, pero de todos modos comprensiva. Sin embargo, la voz de él era distinta. Tan seria y desprovista de sentimiento, como en realidad era. Carente de respuesta emocional. Llena de frialdad.

No podía ver a la chica desde donde se encontraba, pero por alguna razón se la imagino encogida de miedo ante la impredecible presencia de su hermano. A él mismo ya le había pasado algo similar. Admitía que aunque Bugs media dos cabezas menos que él, tenia algo que imponía. Como cuando un perro te mira fijamente desde abajo, sin ladrar, hasta decidir sacar las garras y atacar en el instante en que te pilla desprevenido. Eso resumía a la perfección la sensación de tener a ese chico cerca.

Se le ocurrió que a lo mejor la cosa peor que tener a Bugs Banney como pareja, era tenerlo como hermano.

-Pero...- Algo la hizo callar. Wile escuchó sus tacones aproximándose a la puerta y la chica, rubia, muy hermosa, con aspecto infantil y sin el aura seductora que emanaba su hermano, salió al pasillo, se enjuagó las lagrimas de la cara con la manga y echó a andar hasta que desapareció en el laberinto de paredes blancas. Wile esperó hasta que Bugs también saliera, pero no lo hizo. Entonces se levantó, entrando a la habitación donde igual se encontraba Priscilla.

No le gustó para nada ver que Bugs estaba inclinado, con las manos en las rodillas, viendo la la niña dormir.

-Las niñas olvidan todo tan rápido...

Solía decir cosas extrañas tan de repente, que incluso Wille llegaba a creer que en realidad no había dicho nada, que eran imaginaciones suyas.

-¿A que te refieres?

Se quedo parado en el umbral de la puerta, teniendo una visión mas amplia del panorama. El cadáver en la cama, la chiquilla dormida en la silla y el joven enfermizamente delgado que lucia mas muerto que el propio cadáver.

-A que hoy llora y se lamenta, pero pronto no recordara nada de esto.- comenzó a decir el mas joven, sin volverse hacia Wille- Todo lo relacionado con esto quedará como neblina en su mente, con apenas pequeños recuerdos que no sabrá si fueron realidad o simples sueños. Sin importar lo que haya hecho, esta mujer no significa nada para la vida de esta niña.

-¡¿Te estas burlando?!

¿Como se atrevía a hablar así de alguien a quien no conocía? ¿Que sabia él de Priscilla? ¿De Nana? ¿Como podía hablar tan desdeñosamente?

-¿Lo crees así?- dijo, al fin volteando con una media sonrisa- Lo he visto, Willy. Es exacto lo que ocurrirá.

En otros tiempos, habría sentido curiosidad. Mordido el anzuelo a propósito. Hecho preguntas y escuchado mentiras. Pero ya no mas, tenia que salirse de su control.

-¡Solo lárgate! ¡No tienes nada que hacer aquí!

La respuesta de Bugs fue un ligera risa.

-No actúes como Daffy, tú no eres como él.- Volteó hacia el cuerpo de la mujer y dijo con voz aún mas cruel:- Pero si te hace sentir mejor, me voy. Aquí apesta a muerte.

Wille apretó el puño con furia por sus palabras, pero no hizo ningún movimiento. Seria hacer justo lo que el otro quería. Caer en sus provocaciones.

Cuando el chico fue a su lado, antes de salir al pasillo, le preguntó sin mirarlo a los ojos.

-¿Aun piensas en mi, Willy?

-Algunas veces- respondió con toda la sinceridad que le fue posible.

Bugs se acercó a él, parándose de puntillas para llegar a su altura y le besó en los labios.

Siempre hallaba el modo de hacer que todo fuera a su manera.


Viéndolo sin sus deslumbrantes luces, adornos dorados o camareras sonrientes y sensuales, Le Chat Noir ya no lucia tan glamuroso como había dejado ver su primera impresión. Justo en ese momento parecía un viejo teatro abandonado, o lo habría parecido de no ser por todas las personas que pululaban de acá para allá llevando y trayendo toda clases de extravagantes objetos. Era evidente que se preparaban para el espectáculo de esa noche, cambiando algunos tapices y cortinas, ensayando sus actos en pleno escenario, revisando el audio, cosiendo olanes a sus rocambolescas ropas, cambiando botellas de tragos medio vacías por otras nuevas. Daffy se encontraba en medio de todo ese caos, con una copa de coñac en la mano que un jovencisimo bartender le había dado sin siquiera preguntar. Ya se había acostumbrado al trato especial que recibía en aquel lugar, tanto por ser cliente frecuente como por ser amigo del dueño y protector del local.

Dio un trago, viendo de reojo como algunas coristas que estaban arreglando sus trajes lo miraban y reían coquetas. No solía recibir ese tipo de atención femenina en el cabaré a menos que estuviera solo, tal vez debido a que la presencia de Bugs intimidaba a las chicas. Como fuera, los descarados intentos de las coristas por captar su atención confirmaban que Bunny no andaba cerca y era mejor así.

Se recargó en una de las paredes a terminarse su trago y esperar a que Pepe lo recibiera. Lo había llamado por asuntos relacionados con el cabaré, dejandole el mensaje a Speedy. Había ido a su bar el dia anterior justo después de pelearse con Sylvester, y Speedy había actuado mas distante con él que de costumbre, hablándole solamente para decirle que Pepe lo esperaba hoy por cosas de negocios.

Después de acabarse una botella entera de Jack Daniel's, se había largado a su casa todavía aturdido por los acontecimientos recientes. Todo estaba desmoronándose. Ese día fue uno de esos días de mierda en donde te sientes como el puto inodoro del mundo, con toda la porquería cayéndote una tras otra. Quería llegar a su casa para poder pensar con claridad y enfrentarse a cualquier cosa que le deparara en ella, quien sabe, tal vez podría dejar el gas encendido y morir de asfixia mientras dormía o directamente encender un fósforo y hacer estallar toda la maldita cuadra. Pero lo que olió cuando entro a su casa no fue gas, ni siquiera algo desagradable, sino mucho peor. Algo que le hizo darse cuenta de pronto de que tan mal iba todo.

Olia a perfume. Perfume de mujer, uno muy especial. Queen of hearts.

Curioso que el propietario del aroma no fuera una mujer.

Toda la casa apestaba a ese perfume. La sala, la cocina, el baño, su pequeño cuarto bajo las escaleras. Incluso su ropa, sus sabanas, el sofa. En algunos lugares mas concentrado que en otros, pero aun así, el horroroso perfume que Bugs usaba para sus noches de trabajo estaba presente en su casa, como un fantasma que se negaba a irse. ¿Como es que no se había dado cuenta antes? Se había acostumbrado tanto a él en todo sentido, que ahora formaba parte de su entorno más privado: la casa. Y Daffy no podía permitir eso. Se sentía estúpido por haber dejado que llegara tan lejos, por no detenerlo y sobre todo por no detenerse a si mismo. La verdad es que no te lo mereces le había dicho Sylvester y tenia razón. No había merecido tener ni a Tina, ni a Melissa, ni a su madre y definitivamente a Bugs tampoco, pero él había llegado a creer que si. Error, un tonto error. Había caído otra vez. Había llegado a sentir una fuerte rivalidad con ese chico que poco a poco fue mutando a otra cosa, quedándose estancado.

Y ahora he ahí el resultado, el dulzón aroma en todas partes, representando lo mucho que había permitido que Bugs Banney se involucrara en su vida.

No quería, pero tenia que sacarlo. O corría el riesgo de que terminara como ellas. Alejarlo de una vez y por las buenas. Aunque eso significara quedarse solo, de nuevo.

¿De verdad le importaba tanto como para hacerlo por las buenas? Si y no. Todavía lo odiaba por razones que creía incomprensibles.

-Señor Duck, el Señor Le Pew lo espera- le dijo una muchacha con traje de mucama francesa.

-Gracias, muñeca- respondió, obteniendo el sonrojo de la chica.

Subió las escaleras que quedaban ocultas detrás del escenario. Aquel lugar era mas grande de lo que parecía y continuó pensando en la posibilidad de pedirle mas dinero a Pepe por la protección. Se veía que ganaba bien, invirtiendo mucho en adornos, decorado y buenos tragos; y el hecho de ser frecuentado por gente de clase alta lo hacia un punto deseable para cualquier criminal. Tenia que poner a un par de sus muchachos resguardando el perímetro por fuera en caso de atracantes esperando por algún ingenuo cliente y había otro grupo por dentro, atento a cualquier alborotador.

Recordó entonces que Wille había sido parte de la vigilancia. Seguramente así había conocido a Bugs. Un tiempo después le había dicho que ya no quería seguir encargándose del cabaré porque se le antojaba muy aburrido y cursi, pero Daffy ahora sabia la verdad.

Entró a la oficina de Pepe. Contrario a lo que esperaría, esta parecía la típica oficina de investigador privado de cine negro. El propio Pepe parecía uno, sentado con la ventana a sus espaldas y un traje gris. El único color en la habitación provenía de un póster enmarcado, donde se veía un gato negro con un fondo amarillo.

Pepe dejó los papeles que estaba examinando sobre su escritorio de caoba y lo miró, invitándolo a sentarse frente a él.

-Ah, Monsieur Duck, que bueno que pudo venir. Pase, por favor.

A lo mejor se estaba poniendo paranoico, pero notó que el habitual tono amable en la voz del francés había desaparecido para dar paso a uno mas serio y formal.

-Bueno, no es como si tuviera algo mejor que hacer- dijo Daffy con brusquedad. Ni siquiera estaba seguro, sin embargo, el cambio de actitud de todos hacia él comenzaba a fastidiarlo.

Aunque también el cambio de la atmósfera habitual podía deberse simplemente al luto. Ellos creian que a Daffy no le habia importado en lo mas minimo la muerte de la vieja, pero estaban equivocados.

-Pues no perdamos tiempo

-¡Suéltalo, francesillo!

-Es el cabaré, Monsieur, los ingresos de los últimos meses han sido formidables. Gente de todas partes viene a ver nuestros espectáculos. No obstante, el lugar se ha vuelto pequeño para la demanda. Necesitamos estacionamientos, un lugar mas amplio y mas personal.

-¿Y como se supone que entran los míos en eso? Hasta donde sé, mis servicios son buenos.

-Claro que si, no podría estar mas agradecido con usted. Sucede que hace unas semanas, vino un ejecutivo de Nueva York. Tomamos algunas copas y charlamos, dijo que había escuchado cosas maravillosas de Le Chat Noir y había venido a comprobar que tan cierto era. Quedo tan encantado que me ofreció llevar el negocio a Manhattan, a un lugar mucho mas grande y mejor posicionado.

-Espero que te lo hayas pensado con cuidado. Esos tipos solo buscan embaucarte.- comentó Daffy, removiendo su vaso de cristal, haciendo sonar los hielos que contenia..

-Si, sospeché también. El caso es que viajé a Nueva York, ya sabe, para comprobar y todo es verdad. Conocí otros ejecutivos, algunos caza talentos y Le Chat Noir ya es muy cotizado. Incluso me ofrecieron un contrato para franquicias.

Pepe hizo una pausa para sacar un habano e invitarle uno a Daffy, que este rechazó.

-Vale, lo de las franquicias no me interesa mucho. Quiero que este lugar sea una experiencia única, pero lo de tener un lugar en la gran manzana si fue muy tentador. Así que que después de haber arreglado algunos negocios, nos vamos a Manhattan.

-Ah, ya capté. Ya no nos necesitas.- dijo el moreno hundiéndose en su silla. Su madre lo habria regañado por sentarse así.

-¡No, Monsieur, todo lo contrario! Quiero que usted y sus amigos me ayuden a trasladar el negocio. Hablé con mis empleados y a la mayoría no les importa mudarse, el único problema es el mobiliario. Usted que esta tan bien conectado por aquí, sabrá como solucionarlo.

-Supongo que podría, siempre y cuando mi retribución sea justa- frotó el dedo indice y pulgar, un gesto que Pepe entendió de inmediato.

-Delo por hecho. Algunas de las cosas son de mucho valor y no me fio de los servicios de traslado. Ademas, yo solo compro de lo mejor, cualquier persona que haya entrado aquí se daría cuenta de ellos. Así que temo que intenten robar algo al momento de la mudanza.

-Okey, ya capte- dijo Daffy, dándole el ultimo trago a su vaso y poniéndolo ruidosamente en el ordenado escritorio de Pepe- Protección al sacar las cosas, protección al llevarlas y protección cuando estemos allá. Demonios, froggy, debes querer mucho tus muebles.

-La mayoría son de diseñador- contestó Pepe, resuelto.- Entonces, ¿Puedo confiar en ustedes?

-¿Alguna vez te he fallado? ¡Déjalo en mis mano, hombre!

-Manifique, Monsieur. Nos mudamos en una semana.

Daffy se levantó del asiento asintiendo, dando un golpe con la palma en el escritorio y caminó hasta la salida, siendo detenido un momento por las palabras de Pepe.

-El funeral de Madame Pigg es mañana- dijo con voz profunda- Creo oportuno avisarle.

-Ya estaba enterado, pero gracias de todos modos.

Salió cerrando la puerta tras de sí.


Sabia que él nunca iba al Cabaré a esas horas, por eso Wille solía frecuentarlo a medio día. Había hecho algunos compañeros en el tiempo en el que Daffy le había encargado trabajar como guardia ahí, antes de conocer a su hermoso tormento y ademas, le daban bebidas gratis.

Aunque sabia perfectamente que Bugs no se encontraba por ahí, no dejaba de estar alerta. No quería encontrárselo por casualidad ni en sus peores sueños, porque entonces no podría controlarse y terminaría haciendo algo de lo que se arrepentiría.

Le había besado. Aun después de lo que había pasado, sin previo aviso y aparentemente si razón Bugs le había besado en el hospital, frente a una niña dormida y una mujer muerta. La situación le pareció tan surrealista, que Wile no puedo hacer nada para evitarlo, dejándose hacer y quedándose paralizado. Después el mas joven se fue, con una sonrisa de suficiencia en su labios, pavoneándose por los pasillos del hospital.

No sabia si detestarlo aun mas por eso. No sabia que pensar o que sentir, porque todas las opciones le parecían malas, incorrectas. Así que optó por olvidarlo, pero cada vez que lograba sacárselo de la mente aunque sea un poco, lo asaltaba el recuerdo de esos dulces labios rosados sobre los suyos. Trayéndole a la memoria las veces en las que fueron mas allá de simples besos, sintiendo la calidez de su esbelto cuerpo, su estrechez y los melodiosos sonidos que salían de su boca.

Ya no quería seguir pensando en él de esa manera.

Entonces, de improvisto y sacándolo de su ensoñación, escuchó la ronca voz de Daffy a su lado.

-¡Eh! Un vaso de ginebra pero ya. Tengo la garganta seca.

-Enseguida, señor.- dijo el bartender.

Daffy se recargó en la barra, esperando sin sentarse. No había notado su presencia; en lugar de eso, lucía distraído. Tamborileaba los dedos sobre la madera y miraba a los empleados trabajar, sin verlos realmente.

Lo había notado extraño desde el día anterior, en el pequeño instante en el que se había presentado en la habitación del hospital con ellos. Había llegado detrás de Syl y Bugs y se había mantenido cerca de

la puerta en todo momento. Se veía incomodo, nervioso y -Wile creyó- asustado. Le había asombrado verlo así, porque ni en sus peores días Daffy había parecido asustado por nada. Todo problema lo enfrentaba con ira, rudeza y fuerza bruta como para, de repente, parecer un chiquillo perdido. Antes de que Wille se diera cuenta, se había marchado del hospital. No le había dado importancia al asunto hasta ahora.

-Que raro verte por aquí- dijo, captando su atención.

Daffy volteó hacia él, enarcando una de sus pobladas cejas oscuras.

-Lo mismo va para ti. Creí que no te gustaba este sitio.- El cantinero dejó la bebida en la barra y Daffy la tomó.- A menos que hayas venido por...

Era inevitable que terminaran tocando el tema, pero era lo mejor. Debía advertirle.

-No- se apresuró a decir- no vine por él, si es lo que quieres decir. Nunca más.

-El rechazo duele, ¿Eh?- dijo el moreno con crueldad. Wille no sabia si se estaba burlando o lo decía en serio.

-No sé que te haya contado, pero puedo asegurarte que son puras mentiras, como todo lo que sale de su boca.

-¿Otra vez con eso?- preguntó exasperado.

-Mira, Duck, entiendo que lo que él te diga tenga mas valor para ti porque es tú...novio. Pero te conozco desde que eramos niños y tú a mi, así que espero que al menos me escuches aunque decidas no creerme.- dijo Wile con firmeza. Su acento medio ingles ayudaba a imprimirle veracidad a sus palabras.

Daffy hizo un gesto como de sentirse atacado, pero no lo miró o dijo algo, señal de que podía proceder.

Wille suspiró con pesadez, rascándose la nuca y pensando en lo que diría.

-Oye...sé lo que puedas estar sintiendo con respecto a él. Sé que puede parecer que te comprende, que te escucha y hasta te hacer sentir bien de alguna manera, pero todo nos es mas que una farsa. Él no es así y nunca lo será... Todo lo que hace es para manipularte y mantenerte controlado.

El moreno seguía sin decir nada, con la mirada baja.

-Al principio todo parece irreal, demasiado hermoso para ser cierto ¿No? Te parece que es perfecto, que no eres digno de él, que te has sacado la lotería con el simple hecho de que se haya fijado en ti.- Daffy lo vio de reojo.

-Entonces, ¿Ustedes si tuvieron algo?- preguntó el moreno con seriedad.

-No me sorprendería que te haya dicho lo contrario.- Wille se acomodó en el banco. Tanto él como Daffy estaban completamente ajenos al jolgorio de su alrededor- Dime algo, ¿Te habló sobre su pasado?

-Algo así

-Supongo que te contó algo sobre un asesinato.

Esta vez Daffy ya tenia toda su atención puesta sobre Wille. Apenas comenzaba a reaccionar realmente.

-¿Y qué si lo hizo?- dijo con su habitual brusquedad, pero esta vez ni él mismo se lo creyó.

-Ya te lo dije, Bugs solo miente. Compruébalo tú mismo, no es difícil de buscar. Investiga el asesinato de la familia Oprienko y quien fue el principal sospechoso.

-¿Oprienko?

Wille se encogió de hombros, no le diría mas de lo necesario. Duck se quedo quieto un segundo, considerando todo lo que le había hablado, hasta que negó con la cabeza.

-Hablas pura mierda

-Tal vez, pero solo quiero que comprendas en lo que te estas metiendo. El peligro que representa.- Se sentía como un estúpido hablándole de un potencial peligro al único chico del barrio que había tenido los cojones suficientes para ir a Vietnam y regresar entero. Aun así, sabia que estaba haciendo lo correcto.

-¡¿Crees que no lo se?!- soltó Daffy de pronto.

Ya lo había pensado. Contrario a lo que se pudiera suponer (o a lo que Sylvester dijera), Daffy no era ningún idiota. Probablemente ya se había dado cuenta de lo trastornado que estaba su pareja, pero...

-Entonces, ¿Por qué sigues con él?

El moreno evitó su mirada y vaciló su respuesta, mientras Wille lo esperaba paciente. Le parecía extraño que todavía no se hubiera puesto agresivo o al menos hubiera gritado.

-Mas importante aun- comenzó Coyote, al ver que Daffy no pensaba decir algo- Hemos sido amigos de toda la vida, no dejemos eso de lado por culpa de una puta. Lo prometimos de niños.

-Eso era si se trataba de una mujer, lo que no es el caso- Para su sorpresa, Daffy ladeo una sonrisa- Pero te tomo la palabra, dejaremos esto de lado. No hablemos de mas de esto. En cambio, tengo algo que decirles a la banda.

-¿Que cosa?

-Necesito que estemos todos. Es sobre un negocio.

Wille no pudo evitar esbozar también una sonrisa.

-Vale, yo me encargo de reunirlos donde siempre.

Parecía que ahí terminaría la conversación. Daffy sacó un billete de su pantalón y lo dejó en la barra como propina para el bar-tender. Iba a dar un ultimo trago a su vaso para irse, siendo detenido en medio del movimiento por Wille.

-Pero lo digo en serio, ¿Por qué sigues con él?

Creía que se molestaría, que esta vez si que lo sacaría de sus cabales y gritaría y armaría un alboroto, pero no pudo evitar preguntar. Necesitaba saberlo. Sin embargo, en contra de cualquier suposición, Daff Dodgers siguió tan impasible como al principio.

Incluso parecía un poco sombrío.

Su respuesta fue algo que Wille no se esperaba. Ya sea porque estaba muy fuera de contexto o porque no entendía que era lo que en verdad quería decir:

-Es que él mantiene alejadas a las voces.

Aun después de que Daffy saliera a la calle por la puerta principal, Wille se quedo confundido, pensado que lo que su amigo le había dicho era el tipo de cosa que era mas propia que Bugs dijera.


Ese era su secreto mejor guardado, algo que ni siquiera Lola sabia, porque al igual que muchas otras cosas, no lo recordaba y él se había vuelto un maestro en el arte de disimularlo. Sin embargo, por mucho que tratara de ocultarlo, en momentos así, donde se encontraba completamente solo, era cuando se hacia mas presente. Sin importar cuantos años hubieran pasado, seguía teniéndole terror a los lugares pequeños y cerrados.

Llevaba al menos tres horas en la bañera, desde que su hermana se marchara en la mañana. Solía bañarse con la puerta y la ventana abiertas y por eso lo hacia cuando ella no estaba. Ya hacia un buen rato desde que el agua se había enfriado. No le importaba.

A veces él deseaba ser como Lola y simplemente olvidar. Crearse una vida nueva en su imaginación para colgarse de ella y vivir con normalidad, pero no podía. Recordaba todo con una claridad casi obsesiva, cada escabroso detalle, cada temible palabra, cada repugnante sensación. Y también sabia que era porque le había tocado la peor parte. Era el varón, el hermano mayor y por eso se habían ensañado más con él.

Se abrazó a si mismo. No llevaba puestos los guantes de tela blancos de siempre, sino unos delgados de latex que Lola tenia a montones por su trabajo. Se quedaban pegados en su piel por la humedad y era desagradable.

Al inicio, antes de que todo se volviera mucho mas violento, escandaloso e insoportable, ellos se limitaban a dejarlo encerrado en la alacena bajo las escaleras cuando se les antojaba que necesitaba un castigo. Eran horas y horas de interminable oscuridad, soledad y hambre. Ahí solo escuchaba su propio llanto y su única compañía eran las alimañas que por ahí rondaban, a las que odiaba y les temía.

Desde ahí había aprendido a refugiarse en su mente. Se dejaba sumergir en sus pensamientos y pasar las horas como en un trance de imaginación infantil. Pero conforme pasaba el tiempo y los castigos comenzaban a ser mas duros y dolorosos, lo que antes eran recuerdos de programas de tv o anhelos normales de un niño como juguetes o dulces, iban transformándose lentamente en cosas insanas y poco agradables. Ya ni siquiera en su cabeza estaba a salvo de cosas horribles que daban miedo. Cada vez sentía que iba haciéndose mas viejo y comprendiendo mejor las cosas del mundo real. Ya no temía a los fantasmas bajo las escaleras, sino a morir de hambre o contraer una enfermedad por el polvo o la humedad de las vigas. Ya estaba consciente de las cosas que realmente podían hacerle daño.

En las noches, cuando lo dejaban salir, no podía dormir bien, los pensamientos horribles lo acosaban y a veces mojaba la cama, lo que empeoraba los castigos.

En la escuela las cosas no mejoraban, pues los otros se burlaban constantemente de Lola y él por su mala higiene, ropa desgastada y apariencia escuálida. En ese tiempo él era muy bajo para su edad.

Su falta de sueño y alimentación lo ponían irritable, por lo que siempre estaba metido en problemas por lastimar a otros niños. Eso le acarreaba aun mas problemas en casa y todo se volvía un circulo vicioso.

Lo peor y lo que en serio comenzaba a asustarlo, era lo ajeno que se sentía respecto a otras personas. No sabia si era efecto del encierro, pero ya no lograba comprender nada de que era pertenecer a un grupo y socializar. Era como ver a la gente a través de un vidrio empañado, sin distinguir sus caras y verlos a todos como manchas que vagamente recordaban a seres humanos. Ya nadie tenia identidad para él. En el patio, a la hora del receso, se concentraba en captar algo de sus conversaciones, pero todo lo que oía eran meros murmullos que sonaban muy lejanos. No podía sentirse parte de ellos, porque no los entendía y ellos tampoco querían entenderlo a él, optando por humillarlo y ridiculizarlo.

Los odiaba. Los odiaba y deseaba que se murieran. Que se retorcieran con dolor en el suelo.

Pero aun entre toda la mierda, había un rayo de luz que le traía esperanza. Lola. Su hermanita menor.

Era ella a quien mandaban a abrir la puerta de la alacena cuando acababa su castigo, quien le guardaba un poco de comida a escondidas, quien le ayudaba a lavar y cambiar las sabanas mojadas cuando tenia un accidente, quien estaba con él tanto en la escuela como en la casa, quien soportaba a su lado todas las injusticias cometidas por sus padres.

Ella era la única que seguía pareciendo una persona. Si los demás eran meras manchas borrosas, a Lola la veía con claridad, dibujada con lineas suaves. La única que tenia color. Su verdadero contacto con el mundo real que evitaba que cayera por completo en una espiral descendiente de locura y rabia. Debía mantenerla a salvo y protegerla con su vida.

Incluso si eso significaba sacrificar la de otros...

Abrió los ojos. Aun tenia sus piernas abrazadas a su pecho, así que se soltó y estiró. Era tan alto que tenia que sacar los pies de la bañera para acomodarse mejor. Podía ver su pálida figura debajo del agua.

Eso había sido varios años antes, ahora ya no estaba seguro de que Lola fuera la única que existía para él en su mundo. Alguien mas se había colado. Un intruso impredecible.

Daffy...

Su delicado cuello aun tenia rastros de las huellas de los dedos de Daffy. Estaba feliz con ellas y no quería que se borraran. Se tocó con una mano enguantada la zona. Daffy le había marcado como su pertenencia con una brutalidad muy propia de él.

Pensó en su ahora llamado novio. En Daffy, quien nunca contestaba sus preguntas; en Daffy, quien ignoraba todo lo que decía la mayor parte del tiempo, que no aceptaba un no por respuesta, que continuamente le insultaba, que hacia lo que quería cuando lo quería y no le importaba lo que él pensara, que le follaba con rudeza, que no permitía que otros se le acercaran, que había intentado estrangularlo. Daffy, quien abiertamente lo odiaba, pero por alguna razón, quería que Bugs permaneciera a su lado.

De niño nunca hubiera imaginado algo así. Tener a alguien que fuera la fuerza mayor, su protector, alguien de quien poder depender. En ese tiempo Bugs cuidaba de Lola, pero ¿Quien lo cuidaba a él?

Estaba loco por Daffy, al punto en que rondaba sus pensamiento constantemente. Se había convertido en su parámetro; al lado de Daffy, nadie era lo suficientemente bueno. Solo él daba el ancho, solo él estaba a la altura. Solo era él, único e irrepetible. Su extremo opuesto, pero al mismo tiempo iguales.

Eran tal para cual.

Y si de algo podía estar seguro, era de que nunca lo dejaría ir...


NOTA DE AUTOR:

Creo que este capitulo quedo mas largo de lo esperado, y aun así tuve que dividirlo en dos partes. Por favor, esperen el siguiente capitulo. Trataré de no tardar en publicarlo.

A pesar de que Helter Skelter es una historia que me gusta mucho, no deja de ser algo que hago por diversión y relajación; es ésta en la que realmente me esfuerzo y la que adoro escribir, así que me hace muy feliz si la están disfrutando tanto como yo al crearla, por mas se pueda poner aburrida o confusa de repente. En ese caso, cualquier critica es bienvenida. Yo sé que mi estilo no es el mejor.

También aprovecho para agradecer a las personitas que se tomaron la molestia de comentarme en capítulos anteriores. A algunas ya les respondí directamente, pero a las que no puedo lo hago aquí.

Muchas gracias por leerme.