Sesenta y cuatro paginas después, más de 34k palabras y más de dos meses escribiendo y corrigiendo puedo asegurar una sola cosa: amo profundamente este fic y pretendo terminarlo, me cueste dos años más o diez. Gracias a todas las personas que siempre están ahí cuando los necesito sea con una palabra, caricia o meme enviado. El día en que lo termine les voy a dedicar la historia entera (ya saben quienes son, no se hagan los modositos xd)


Chris cargaba a Chelsea mientras esta dormía aferrada a su cuello volviendo en el transporte público, de vez en cuando suspiraba dramática en sueños para luego removerse en sus brazos y apuntar su rostro hacia otra dirección. El vagón subterráneo estaba repleto por ser las seis treinta en un día laboral, tuvieron suerte al coger el metro apenas bajaron a la estación obteniendo un paso más rápido por tener a la pequeña durmiendo a pierna suelta. Igual no le extrañaba su cansancio ya que hizo lo que cualquier crio a su edad haría: pasarlo en grande al aire libre. Le gustaba verle correr, rememoraba ser un hermano mayor en medio de una plaza cerca de su casa en Nueva York vigilando a Claire jugar con otros niños; volver a esos momentos, en los cuales todavía poseían a sus padres hasta el maldito accidente, le traía una paz indescriptible.

Le causó gracia el estado de los juegos públicos quienes estaban todos escritos por vándalos adolescentes (volvió al tiempo en donde él junto con Forest y Joseph escribían "Santa Claus no existe" siendo hombres ya formados), en el cual Chelsea formó una alianza con otra niña afro descendiente con unas trenzas monísimas turnándose para descender el tobogán. Sentado a unos metros de distancia aprovechó a darse un gustillo fumando un delicioso cigarrillo mentolado. Debía dejarlo por su mismo bien, todos se lo decían, pero creía tener cierto tiempo hasta enfermarse en demasía. A eso de las cinco cincuenta llamó a la niña quien se notaba cansada en un límite sin embargo sus piernas se movían como poseídas por el mismísimo Diablo. Efectuó una rabieta discutiéndole sobre no querer marcharse e incluso atinó a comenzar a llorar, puso la firmeza necesaria igual a cuando Claire hacía lo mismo aunque esta última solía discutirle menos, terminando por alzarla en sus brazos y comenzando la marcha hacia la estación del subterráneo.

En el trayecto de unas manzanas quien tanto defendió su postura sobre "no estar cansada" cayó rendida al sueño con el rostro directo sobre su cuello; el aire exhalado le daba cosquillas gracias a movilizar la chaqueta negra y esta dar contra su piel. «Puedo comprobar sin lugar a dudas que es digna hija de Emily. Discute por cosas obvias hasta obtener lo que quiere. Lástima que el sueño le ganó y a mí me ayudó a evitar dolores de cabeza. »

Se había acostumbrado a cuidar a la niña casi como si fuera padre, Emily tomó servicio activo en la BSAA como agente y recurría a él o Jill para ser niñeros. Sherry pasaba tiempo con su hermana en Newark en donde ellos vivieron hasta crecer cada uno en distinto lugar. Heredaron la casa de sus abuelos al morir el señor Redfield a los ochenta y nueve años un largo tiempo atrás; él viajó mucho gracias a sus esfuerzos por acabar con Umbrella y Claire retornó a su curso universitario después de insistirle, la casa con dos plantas quedó sola hasta la graduación de su hermanita. Hacía ya unos meses que se instaló allí y ambas mujeres podían pasar un tiempo agradable entre ellas contándose confidencias. «Cosa que a mí no me van ni siquiera porque me estuvieran apuntando a la cabeza. Chicos y otras banalidades femeninas quedan a cargo de mi hermana.»

Cuidando una niña de seis le era suficiente, además no conocía a Sherry en un nivel confianzudo como su hermana por ende la convivencia por una semana podría tornarse cuesta arriba. Seis años intentando derribar muchos pilares descriptivos respecto a las personas no bastaban. La adolescente tenía ciertas reservas rozando el límite de lo absurdo contra él.

Igualmente le gustaba tener esa compañía pequeña y con carácter fuerte, era sencilla a la hora de entretenerla en el apartamento alquilado. Chelsea le gustaba mucho dibujar, por lo cual se vio obligado a comprar lápices infantiles en doce colores más una resma en blanco para explayar su arte, lo hacía bastante bien conformándolo en cuerpo de lata pasando a dibujarlo como palito cabezón. No era Da Vinci aún, pero llegaría.

La pequeña Vickers a veces ponía rostro idéntico a su padre cuando se cabreaba o pensaba algo detenidamente, se reía por lo bajo al recordar las anécdotas oficinisticas reflejadas en la pequeñaja. Era versátil a la hora de hacerle la cena aunque a veces le superaba el cariño y acababa comprándole unas papas con forma de caritas si se lo pedía, o un platón de tallarines con salsa y luego un helado de chocolate. Eso sí: jugo de naranja al desayuno y no soportaba tomarlo al cenar. Debía ser manzana o una gaseosa.

Se sentaban a ver la televisión en un sofá viejo y gastado adquirido en una feria de garaje, quedaba profundamente dormida contra su costado izquierdo obligándole a llevarla en brazos hasta la cama. No deseaba reconocerlo pero sentía un cariño sin igual para con Chelsea, conocía a los hijos de sus viejos compañeros pero ella era otra cosa. ¿Podía ser por la propia insistencia auto impuesta buscando llevarse bien con la madre que le generaba eso? Su relación era mucho mejor que cuando terminó 1998 o el principio de 1999. Emily era terrible en ocasiones sin embargo comprendía mejor sus actitudes adultas achacándoselo a una vida bastante complicada. También podría sumar el factor lastima (detestaba pensar así) hacia la niña por no tener el padre quien tanto le esperó.

«Algo será», pensaba siempre al fumarse un cigarrillo en soledad. «Puede ser ese cariño entrañable que emana, no lo sé.» Quizá el deseo de volver a tiempos sencillos con su hermana pequeña y padres, canalizados al intentar apartar a la niña de todo mal exterior; ¿ser padrino influiría? Simplemente no lo sabía.

Un hombre mayor a cincuenta años, con bigote cano y nariz ancha le entregó su asiento al verlo luchar por no caerse con quien pensó era la hija, le agradeció entregándole luego una sonrisa. Chelsea entonces soltó un quejido entre sueños abriendo los ojos apenas unos centímetros, mirándolo con su ceño fruncido y restregándose los ojos; preguntó si ya habían regresado, volvió a cerrarlos y a ganar peso al estar en estado de relajación. Acomodó el cuerpo infantil logrando rodearle mejor con sus brazos musculosos, dejando la mejilla tocar la parte superior del cráneo mientras volvía a divagar.

A veces lamentaba no haber sabido apreciar mejor a la familia (o lo que quedaba) de Brad, no haber estado allí para el primer cumpleaños o cuando hablaban por teléfono en código y lograba discernir a lo lejos una Chelsea infante desarrollando su habla. Todavía se encontraba disconforme con la madre intentando apartar todos los juicios en su contra, hasta se había molestado en cuanto esta le pidió ser el padrino en un bautismo forzado al ser "en memoria de Brad". Ella odiaba esa clase de basura y él no tenía ni el más remoto entusiasmo en ir. Lo hizo porque Barry volvió a cogerle por los huevos mientras hablaban cada uno en un teléfono público, si su mejor amigo lo decía e incluso le amenazaba pues él lo hacía.

Asistió, e intentaba cambiar el curso de las cosas al repetirse a sí mismo que algunas oportunidades a sanar entre ambos adultos podrían no volver a presentarse. Ese día fue una estupenda ocasión sabiendo aprovecharla con ayuda de sus amigos. Descubrió en el fondo sentirse muy afortunado al ser seleccionado "a ojos de Dios" para velar por la seguridad infantil, además la modesta fiesta posterior a la celebración en la iglesia sirvió como método de reencuentro entre los restantes miembros STARS.

Volvió a poner un pie en esa casa de una sola planta, conoció a los tres hermanos Vickers e incluso hasta se emocionó al recordar aquel hombre insoportable. La cereza en el postre fue Chelsea corriendo hacia su encuentro echándole los brazos para ser alzada y Emily diciéndole que estaba bien si le hacía monerías… Hasta cierto punto. Esa noche, luego de la marcha de los invitados más allegados, tuvieron tiempo para hablar así limaban ciertas asperezas. Además las sobras del pastel infantil rosado sabían aún mejor que recién cortada. Emily también pisó el freno disculpándose por sus malos dichos o tratos llamándolo ignorante junto a pésimo hermano. Jill, la muy diablilla, los animó a sellar las disculpas con un abrazo fraternal. Lo ejecutaron más por empuje de Barry quien puso sus manos enormes tras las dos espaldas, mascullando entre dientes "abrácense ya, maldita sea".

Incomodo, pero gratificante.

El resto era historia: al ser Chels ya más grande su madre se encaminó a otro trabajo: esa vez en la nueva organización la cual ayudó a fundar, y él se vio cuidando a una niña buena con tendencias a usar su carisma para obtener beneficios. Le besó la frente, la pequeña ojos ámbar siempre resaltaba el hecho de que su barba en crecimiento pinchaba mucho. Sonrió mientras el traqueteo del subterráneo lo mecía, provocándole somnolencia. Procuró desviar sus esfuerzos a permanecer en vigilia, casi se pasan de la estación a tres calles del pequeño apartamento. Varias personas descendieron en dicha parada por ende maldijo para sus dentros. Al salir al bullicio superficial le sacudió un poco logrando despertarle, retornaron a la vivienda con una niña malhumorada por haber sido cortado su descanso en la tarde.

Al mirar el reloj pulsera mientras aguardaban para cruzar la acera se alegró de haberlo hecho o a la noche tendría una Chelsea correteando incansable en el reducido espacio. La niña Vickers siempre despertaba portando una cara larga, se trataba de una persona difícil en las mañanas con tendencias a solo decir monosílabos hasta terminar el desayuno. Iban bien juntos gracias a la preferencia Redfiliana a despertares tranquilos.

Caminaban de la mano en calma, Chelsea aún tenía su entrecejo arrugado. Tenía hambre, sed y creía necesitar un baño; arrastraba los pies contra la acera soltando aire enojada, quien era el adulto responsable ya se imaginaba teniendo que calmarla por una rabieta en medio del espacio público. Y le daba vergüenza.

—¿Qué deseas cenar? —inquirió intentando entablar un amistoso dialogo—. Podemos pedir pizza napolitana como te gusta, o un buen plato de arroz y carne.

—No sé. No quiero carne ni pizza.

¡Ah! ¡Los niños! Poniendo a prueba la paciencia adulta desde que el tiempo comenzó a correr. Permanecería impertérrito tal cual Barry le entrenó para esas situaciones.

—¿Pollo con puré? Le podemos agregar arvejas si lo quieres.

—Pollo si, puré no. —replicó ejerciendo una fuerza hacia atrás, en protesta por el caminar tan veloz.

«Conserva la calma, amigo. Dale más opciones y menos probabilidades de verte disconforme. Los niños son como las impresoras: huelen las emociones.»

—¿Qué sugieres agregarle entonces? ¿Le agregamos cebolla cruda? ¡Igual a como nos gusta!

—Bueno —sentenció.

Se paró en seco en el bordillo transitado, tras de ellos transcurrían otras personas quienes se vieron incomodadas por la irrupción en el tráfico peatonal normal. Faltaban aproximadamente una cuadra y media, el señor Redfield debía echarse una meada más que nunca gracias a haber comprado una bebida para ambos. Utilizando el mayor tacto posible depositó una rodilla en el suelo frente a ella, cogiéndole ambas manitas suavemente.

¿Claire hizo lo mismo alguna vez? No, ella prefería jugar a las carreras con él a toda costa.

—¿Qué sucede, Chels?

La aludida negó enérgicamente.

—Nada, cárgame —demandó.

—Por ahora vayamos de a pie, ¿sí? Vamos, nos espera "Clifford, el gran perro rojo" en la tele. —Misma respuesta; le quedaban pocas tácticas persuasivas—. Bien, tú ganas esta vez. Pero voy a contarle a mamá cuando regrese.

Sin quererlo tocó una fibra sensible. Arrojó sus brazos directo al cuello intentando ser una niña fuerte para con su madre, en ese momento en destino desconocido para Chelsea; eso le molestaba, le daba cierto temor no verla más tal cual pasaba a otras personas. Ya siendo una renacuaja sentía una presión en su cuerpo al imaginarse un mundo sin su madre, un pesar que ningún niño de seis años debería experimentar en sus vidas. El castaño le alzó oyendo una respiración asociable al llorar. ¿Ahora qué hizo?

—Lo siento: no fue mi intención. No llores, por favor.

—¿Crees que mi mamá va a volver? Siempre dice que papá no volvió a nosotras al quedarse trabajando, ¿y si le sucede lo mismo?

—Oh no, cariño… —palmeó su espalda compresivo. ¿Acaso debía formular una pregunta tan gorda? Se le formó un nudo en la parte superior de la garganta—. Tu mamá si volverá, no es un empleo complicado. Solo fue a una reunión en México junto a especialistas en su trabajo.

«No hay forma en la cual le pueda explicar lo peligroso que es este viaje ni tampoco las implicancias mundiales en el tema. Pobrecilla: vivir en conjunto a una sombra tan fea siendo tan joven…» Emily estaría ya por la zona central de México combatiendo una nueva amenaza en Durango; el pequeño equipo reclutado, donde varios locales asesoraban respecto a la fauna y flora, junto con la rubia estaría en línea de fuego contra abominaciones soltadas por viejos empleados de Umbrella. Contaría con la colaboración de un agente el cual poseía gran estima por parte de Chris, el soldado inglés sin duda alguna propiciaría un apoyo ejemplar aunque a su amiga claramente le molestara.

—¿Estás seguro?

—Segurísimo. Tenle mucha confianza, tu mami es una mujer de palabra inquebrantable.

Caminaron en un silencio tenso hasta llegar al destino. Como pudo cogió las llaves dentro del bolsillo derecho, el encargado lo vio llegar a la entrada ocupado, dejando la enceradora contra un rincón para no molestar y conduciéndose directo a la puerta. Al ingresar le agradeció la ayuda, al saludarlo el hombre observó a la pequeña castaña enterrar el rostro en el cuello masculino, fue hasta su minúscula oficina en el recibidor cogiendo un caramelo sabor fresa de una cesta gastada. Le entregó el mismo en buena fe a la niña quien se mantuvo en silencio mirándolo atenta, Chris le ayudó a agradecer el regalo.

Ya en el ascensor los brazos exhaustos pidieron un respiro e indicó a Chelsea deber bajarla, esta no se mosqueó aunque se aferró a su pierna mientras ascendían al octavo piso. Acarició utilizando la mayor de las dulzuras el cabello, la sensación difícil en el pequeño cuerpo volvió a salir a la luz en forma de lágrimas. Algunos niños sin duda eran insoportables llorando, otros daban una congoja fuerte; Chels le removió el hilo empático. Al abrir la vieja y marcada puerta le permitió ingresar primera, se movió arrastrando los pies enfundados en rosadas zapatillas hasta el sofá. Abrazó un almohadón cilíndrico decorado con borlas en los extremos, al cerrar y echarle un ojo a la heladera aproximó su adulta complexión hasta el lecho.

Se arrodilló a su lado, al mirar los ojitos ámbar supo una cosa: era mejor no hacerle preguntas, esperar a que por su cuenta se viera lista a liberar las presiones o angustias. Sería una norma eterna en ella, esperaba ser una fuente inagotable de confianza a futuro.

—Me da miedo que le pase algo. Siempre ocurre algo a algún amigo en la familia, el trabajo es demasiado peligroso y si se va con papá… ¿Qué ocurrirá conmigo? ¿Quedaré sola?

—Es una persona fuerte e inteligente. Conocí pocas personas capaces de sobrepasarlo todo y más. Tranquila: va a volver sana y salva. —una cuestión en particular quedaba flotando entre los dos.

Chris no deseaba admitirlo sin embargo las órdenes maternas eran explicitas en ese sentido: si algo le pasaba quedaría a cargo suyo, con la ayuda obvia de Jill si así lo requería la situación. El peso en aquel dicho en papel lo asfixiaba al enterarse sobre verla marchar a otro trabajo. ¿Podría cuidar niños ajenos? La cuestión iba más hacia la pequeña que él, si la joven Vickers lograría aceptarlo en su nuevo rol.

—¿Me lo prometes?

—Por supuesto. Tienes mi palabra absoluta de que tu mamá volverá siempre. —acarició la mejilla con suavidad. Ahora tocaba entretenerla buscando alejar a esos demonios lo más lejos posible.

Le dejó pasar un buen rato echada recuperándose, revisando su estado con frecuencia e invitándole a ver la televisión, jugar utilizando algunos juguetes en su casa o dibujar. Al cabo de quince minutos tras el último chequeo se le aproximó a la cocina mientras cortaba la cebolla, pidió un poco de jugo para luego sentarse en un taburete viejo y arañado por el gato del antiguo propietario, observando atenta sus movimientos.

Entonces (una vez cogido la tranquilidad tan buscada) pidió si podía prestarle los viejos mapaches coleccionables del zoo de Raccoon. Chris los envió fuera de la ciudad al entregárselos a su hermana como regalo de cumpleaños atrasado, y al verse cuidando niños Claire los cedió amable para entretener a la castañita. Limpiándose las manos en un viejo trapo, fue a su habitación seguido por su acompañante: los bajó de la cima del armario sacudiendo la enorme caja cubierta por polvo. Chelsea recibió el paquete arrodillándose, leve sonrisa al abrir el paquete.

Cogió un mapache vestido con una capa y antifaz, el cual posaba apoyándose únicamente por su extremidad izquierda idéntico a estar esquivando cualquier proyectil. Lo siguiente fue el clásico animal en jarras portando su enterito azul sonriéndole a los críos. El adulto recordó entonces cuánto costó ese jodido conjunto de seis unidades en el puto zoológico al sentarse un instante sobre la esquina a los pies de la cama, estirando su cuerpo. Fue un robo tener que pagar cuarenta y cinco dólares, no importara cuanto "salvaran" los animales en ese lugar; suerte para él tener una hermana cuidadosa, si hubiera sido por él los hubiera destinado a las prácticas de tiro con sus amigos. A decir verdad lo hicieron malgastando el dinero de Forest, a quien le importó poco perder 45 pavos.

Al rebuscar la figura especial alimentando a un ciervo la niña cogió algo brillante en el fondo, dado vuelta cara hacia el suelo de madera. Intrigada lo cogió y al extraerlo pudo vislumbrar cierta insignia conocida, le mostró el descubrimiento y allí Chris recordó donde demonios le había puesto. «No puedo creer que busqué ese condenado cacharro por dos semanas ininterrumpidas y estaba en la caja con los jodidos mapaches. ¿Por qué guardé eso allí?» Desventuras de un ser desordenado. Le permitió jugar con eso también, pondría el objeto en exposición cualquier otro día si no olvidaba dónde dejaba las cosas.

Retornó a su labor culinaria dejándole pasar el rato alejada del ajetreo insensible del bioterrorismo, prefirió no cambiar al noticiario que le obligaría a amargarse ante tanta mierda. Llamaría a Jill al acabar de trocear las pechugas y saltearlas en una sartén con "la salsa especial" sin picante, creyendo estar muy seguro sobre la seguridad infantil. Emily retornaría si llamaba indicando un código numérico por teléfono al acabar ansiosa por ver a su pequeño solcito de chocolate.

Lo que nadie decía era los sucesos próximos sobre la niña, orquestados desde las sombras más oscuras posibles buscando una venganza contra la madre.


Por suerte el sol se ocultaba cada vez más tarde por la cercanía al solsticio de verano, la ciudad seguía en un movimiento frenético y los coches pretendían mover al que tenían delante presionando el claxon al menos seis veces en una retahíla iracunda. Chelsea inclusive comentó sarcástica contra un conductor empecinado cuan inútil era a esa precisa hora, no vivió casi toda su vida allí como para hablar sin merito alguno. Seguían cogidos del brazo idéntico al salir de la tienda, los pequeños gestos eran el fuerte de Ethan. Y este lo sabía, también conocía el gusto suyo por hacer sentir especial al otro. ¿Por qué no? Ella lo merecía, más si se trataba de momentos posteriores a ver al imbécil toro sin huevos llamado Joe.

«Espero haberlo puesto momentáneamente en su lugar. Seguro en la semana se aparece para golpearme igual a un matón escolar, pero sé defenderme.»

Si no le hubiera pedido algunas lecciones a su adorable mole llamado Blake sería un lelo más, un idiota que siempre detestó el ejercicio y nunca se dignó a practicarlo con regularidad por ser demasiado esfuerzo. Las computadoras fueron sus amigas toda la vida, el deporte su archi rival.

Sentir el calor humano resultaba reconfortante, sumado a los aromas de los jazmines de lluvia despertaba en su interior emociones positivas. ¡Cómo le gustaba la jodida primavera! Pese a las alergias, las lluvias constantes y las abejas, le parecía una bonita estación. Acrecentaba su importancia si podía mejorar su relación con ella. Prefirieron permanecer en silencio: las bocas cerradas les permitían disfrutar la compañía aún mejor. La castaña entonces desvió la vista del público dentro de los automóviles hacia su brazo malo, cogiéndolo con su zurda por la zona donde le amputaron la mano y pasando sus dedos suavemente por la manga. A esta siempre le resultó curioso ver de cerca la herida, las marcas podían decir muchas cosas de las personas; además, ¿no le habían puesto grapas? ¡Esas sí eran formas para unir amputaciones!

—Va a sonar terrible en raro pero me arriesgaré —soltó honesta—: ¿puedo ver?

«Se me ocurren al menos dos chistes verdes en este instante. La casa se los reserva hasta nuevo aviso.»

—¿El brazo? No es tan interesante —respondió, corriendo las telas.

La castaña analizó cada milímetro la línea rosada, piel nueva aún se generaba.

—Siempre te vi desde lejos, la línea se aprecia pero los detalles en la piel no. Marcas de una guerra, un momento feo. Y grapas, muchas grapas.

—Sí, soy una librería portátil —dijo imitando su humor—. ¿Vas por el lado si me hace sentir afortunado tenerla? Lo hago, simboliza una nueva etapa en mi vida. Una cachetada de realidad para mi yo anterior dormido en los laureles.

La joven soltó un suspiro triste.

—Me gustaría tener esa onda positiva al decir lo mismo sobre las mías, pero eso no sucede. Son… —formuló la palabra correcta en su cabeza por unos instantes— difíciles.

—¿Es tan serio? —la joven lo miró transmitiéndole muchas cosas con sus ojos. Allí mismo Ethan se sintió insignificante.

Chelsea soltó un suspiro agotado.

—Me devuelve a cuando era una niñita indefensa corriendo a oscuras entre seres monstruosos, todo con una de porquería que un tipo medio muerto me entregó. A los momentos en donde salir al parque para mi mamá era sinónimo de verme muerta dándole una razón para encerrarme en casa, a verla sola ahuyentando al resto usándome como excusa. Es una mujer melancólica por naturaleza y en ese tiempo parecía haberse zambullido en una eterna tristeza, sumado a un miedo imposible a perderme.

—Vaya —logró articular luego de procesarlo todo—. Retiro si era serio porque lo fue y es.

No evitó soltar una sonrisa al tiempo en donde seguían el camino de gravilla hasta una glorieta de madera blanca con hiedra crecida en sus pilares. Dentro había una pequeña exposición de niños exploradores vendiendo galletas, los reconoció como el grupo en el cual participó Joe hasta ser echado por mala conducta. Sería tiempo destinado a ahorrar para un futuro viaje veraniego entre los pequeños Scouts. Le dio unas palmaditas tranquilizadoras.

—No hombre: está bien preguntar. Tampoco lo sabías, ¿no? Es legal en seis países preguntármelo. Después es pena de muerte.

«No creo cansarme ya de esos comentarios extraños para alivianar la situación. Al menos consiguió hacerme sentir un poco menos desubicado.»

—¿Acaso eso se relaciona a cómo te infectaron?

—Si —contestó sin rodeos—. Está directamente relacionado a eso, y cual agregado digo también a conocer a Parker y haberlo detestado. —Lo observó titubear sobre si preguntar algo más o mantenerse en silencio; se le adelantó procurando zanjar la cuestión—. No pienso hablar ahora de algo tan triste y traumático en medio de una cita, con probabilidad de que alguno termine comprando galletas a esos críos. Es idéntico a preguntarte cómo se sintió estar sin una mano o que te hayan cortado la pierna.

Se adelantó a replicarle.

—Un buen punto, crédito extra en tu próximo examen. Igualmente fue superior a jodido, fue tal el shock que… —una palmada suave le impidió continuar—. ¡Uf! De acuerdo, pero debo finalizar todo esta charla con mis dedos chuecos.

Chels entonces procedió a elevarle el brazo demandando a su acompañante extender su mano. Los escudriñó unos minutos hasta llegar a la glorieta donde los niños, al verlos cerca, les ofrecieron galletas en unas cajas muy monas creadas utilizando materiales reciclados. Se vieron inútiles todos los esfuerzos contra la idea de comprarles, más si un niño sin las dos paletas superiores les sonreía. Al haber adquirido el producto dándoles un extra "por un gran trabajo" en tono cariñoso al grupo, bajaron los escalones dejando atrás a los transeúntes curiosos.

—Son bastante normalitos el quinteto izquierdo. —Ethan le miró como si estuviera loca sin poder evitar sonreír—. ¡Yo al menos los veo así!

—Es un complejo que tengo desde niño. El mayor con el anular forman un pequeño espacio por donde puedo ver a través. Impresionaba mucho a las niñas en los últimos grados del primario con eso.

—Uf, me imagino. Seguro te llamaban algo como Ethan "manos chuecas pero sensuales" Winters, ¿no? Joder.

—No lo niego ni lo afirmo. Todos tenemos un sex appeal distinto. —Miró hacia un costado en un parque infantil con juegos en distintos colores recientemente pintados por las autoridades—. Era eso o colgarme del arco escalador.

—Oh, ¿deportista?

—Intenté hacer algo productivo por mi cuerpo durante doce años de educación primaria y secundaria, casi repruebo ochenta del ciento por ciento.

Chelsea no evitó reírse a carcajadas bien audibles llamando la atención a otras personas, hasta tuvo que detenerse un momento al imaginarse a su acompañante corriendo y comenzando a toser violentamente y quedando tendido en el suelo medio muerto. Otra evocación fue imaginárselo intentando tragarse sus pulmones al acabar un juego de beisbol, en la base número cuatro mientras todo el equipo empacaba para marcharse a sus casas luego de un juego tranquilo. Entonces le rememoró a su madre parloteando sobre el tiempo en donde se enlistó ingenuamente al ejército y toda la desdicha física para alguien quien predominantemente utilizaba el cerebro, no los músculos. Intentaba recobrar el aire soltando entre medio de la tos algunas risitas, Ethan quería ser tragado por la tierra al tiempo donde intentaba no mirar a los lados.

El público lo devolvió a los partidos fallidos del equipo en el secundario. Quería impresionar a una chica sentada en las gradas anotando un triple como todo un profesional, pero al lanzar el balón este rebotó en el arco cayendo en manos contrarias y permitiéndoles la instancia de anotar ellos el tan ansiado triple puntaje. Fue un error que todo el mundo podía cometer, sin embargo sus compañeros sabían lo pésimo que era en dicha actividad, reclamaron la pelota varias veces antes del lanzamiento y posterior a esto reprocharon en malos términos su pésima decisión. Al final evitaron perder contra la escuela del pueblo aledaño, aunque él se quedó con las burlas por su actitud "fuera de lugar" para con su equipo y la chica se rió llamándole perdedor.

Fue allí cuando volcó todo su enfoque en las computadoras; el desastre deportivo no corría en la familia sin embargo no deseaba generar una nueva moda. Y le fue bastante bien proyectando sus esfuerzos en su verdadera pasión, sin olvidar las amistades duraderas que consiguió arreglando desastres.

—¡Guau, compañero! —Enderezó la espalda no sin antes secarse la zona del lagrimal—. Eres increíble, debo reconocerlo.

— Sí, bueno: ¿Tanto por casi haber reprobado en deportes? —intentaba por todos los medios no parecer incomodo aunque sus esfuerzos eran en vano.

Chelsea rectificó su comportamiento al verlo afectado.

—Porque me recuerdas a otro cerebrito sedentario amante de las letras y números como mi mamá. Eso es todo.

Prosiguieron a dar una vuelta más dejando detrás el ser objeto de atención, disfrutando del contacto cordial y romántico en una medida justa. El viento comenzó a soplar un poco más fuerte, pese a ya estar cerca de abril donde el clima suele templarse continuaba el tiempo fresco. La castaña encogió sus hombros un poco al sentir cómo una ráfaga daba de lleno contra su cuerpo, confió demasiado en su atuendo hasta hacía un rato sin embargo ahora que el sol se ocultaba dejó lugar al reproche por no haberse abrigado.

No necesitaba ser muy observador para percatarse el estado de la joven, pasó el brazo por su espalda atrayéndola contra su cuerpo, frotando el costado izquierdo buscando brindar calor.

Entonces fue él quien aprovechó la oportunidad para bromear haciéndole reír por ser tan despistada. Ni siquiera una chaqueta tipo "Claire" le salvaría. El gesto le sentó bien y mientras daban la última vuelta se dijo a sí misma la buena idea al aprovechar la oportunidad. Al fin no se echaba hacia atrás en el último momento gracias a las voces inseguras quienes creían tener la palabra final acerca de lo que podía suceder, en vez de llevar su cuerpo a donde debía reunirse y disfrutar para luego mirar en retrospectiva. La falta de confianza le pasó factura muchas veces haciéndole quedar como una persona fría y o petulante ante otros ojos, esa misma razón le cedió semejante popularidad con quienes compartía el trabajo.

Además otra gente podía no caerle muy bien sus chistes sarcásticos, idéntico sucedía con los comentarios. Ethan al menos aprendió a soportarle; al final intentaba resolver diferencias como dos personas civilizadas sin caer en la venenosa trampa del resentimiento o los rumores falsos. No podía creer algo que como fuente tenía a Rosalie, una mujer bastante complicada y resentida, hablando sobre su amigo en términos privados.

Fue el rubio quien propuso dar como finalizada esa tarde al ver las farolas encenderse debido a la creciente oscuridad, además en la plaza rodeada por altos edificios la gente comenzaba a marcharse. Chelsea sintió un leve pinchazo tristón al acabar una tarde magnifica; todo lo bueno suele terminar bastante pronto. Estuvo al borde de marcharse sola hacia su coche e incluso lo dijo en voz alta, su amigo prefirió no correr riesgos y acompañarle a dicha posición.

Al pasar por la cafetería no encontraron a los dos inútiles sentados, probablemente se hubieran marchado hace ya tiempo cada uno a sus casas. Ambos no podían evitar pensar en la clara asociación directa a ellos sobre esa nueva pareja; Chelsea sentía lastima por su ex novio metiéndose con semejante loca (eso que ella no era exactamente una persona "muy cuerda" según las palabras de Joe), Ethan deseaba comprobar hasta qué punto aguantaría ese gusano apestoso al lado de Rosalie.

Solo un completo tonto saldría con esa mujer, igual cuestión iba a quienes podrían negar las obvias alusiones a lastimarlos a ambos saliendo entre ellos.

¿Se sentía mal? Al contrario: lo dejaba más tranquilo en su búsqueda de conquistar a quien acompañaba. Ya bastante tenían con otras personas desquiciadas intentando matarla o siguiéndolo como para desear perder más tiempo en interferencias molestas. «Por cierto: deberías hablar sobre eso que ocurrió el mismo funesto día, campeón. Si ya nos amenazó a ambos entonces tenemos las mismas chances de correr peligro.» Sin contar con la idea de encauzarla al camino en el cual pedir ayuda. Se tornaba ya cada vez más escabroso continuar una vida fingida de paz y serenidad mientras que en las sombras intentaban cortarte el cuello.

Al alcanzar el destino se despidieron a duras penas, consiguió al menos obtener un abrazo muy cariñoso utilizando una presión extra al termino "abrazo amistoso"; casi se cae de culo al recibir un beso en la mejilla. El contacto trajo consigo sensaciones familiares sumándole corrientes eléctricas en su cuerpo. Sintió el aleteo feliz en las tripas mediante el movimiento de la colonia de mariposas en su interior. Sentimientos positivos más que nada, muy bienvenidos después de tanta mierda. Prometió mensajearle una vez llegada a su casa, aprovechó para hacer uso de su galantería extra al cerrar la puerta del conductor aguardando a la puesta en marcha. Un bocinazo corto para despedirse, se alejó a paso prudente calle arriba hasta virar a la izquierda en una intersección señalizada.

«Una buena tarde, sí señor», pensó mientras marchaba dejando su cabeza en alto, orgulloso. ¿Cómo describir el suave contacto de los labios femeninos y su piel? ¡Ah! La lengua inglesa no inventó una palabra perfecta aún. Uf, si hubiera sucedido en otro sector facial estaría rodeado por paramédicos intentando reanimarlo; ya se imaginaba la cara bobalicona al encontrarse tirado inconsciente en el suelo al borde de un paro cardíaco. Tocó la zona donde aún percibía la sensación física del contacto, seguro quedó algo de labial en su piel. ¿Podría dejar de lavarse esa mejilla?

«Solo hay un paso para comenzar a ser un mugroso, Ethan. No seas así.» Se recordó obligando a su mano izquierda introducirse dentro del bolsillo, cogiendo los pañuelos descartables y pasando delicado en el área pintada. Se puso en marcha hacia donde dejó su transporte cogiendo el móvil y marcando a su buena amiga Ally. Deseaba compartirlo con alguien además de Franklin, la chica de cabello mota y sonrisa sincera sería la indicada. «Además fue quien te pidió que si comenzabas a moverte por el terreno de citas le dijeras, así nos evitamos otro chasco monumental.»

«No vas a pensar en ella, ni lo sueñes amigo. Acabas de tener una tarde hermosa con quien querías, no la arruines.»

Desvió el resto de energía mental enfocada en esa persona a prestarle atención al entorno por si algún pillo deseaba luchar para conseguir su puto móvil. Pulsó sobre el nombre en cuestión, colocándoselo en la oreja oyendo los pitidos. Al otro lado quien siempre contaría con su aprecio incondicional replicó en un ambiente en intenso griterío. «Ah, hijos. A veces no me imagino en una situación así.»

—Adivina qué pasó hoy —saludó luego de oírla llamar a sus tres niños por el completo nombre y apellido—, y de paso: adivina quien está prendido por una mujer.

—Ay, realmente eres especialito, colega. Cuéntamelo todo en lujo de detalles sin obviar lo prendido.

—¡A la orden! —comenzó a relatar todo su plan y posterior cita.


—¡Puta madre! —Gritó la castaña al sentir la corriente eléctrica próxima al orgasmo, los dedos de Dennis eran hermosos para penetrarla—. ¡No te detengas!

El respaldo del sofá estaba presionando justo el área donde el coxis existía, a veces corría el riesgo de caerse hacia atrás por disfrutar demasiado sin embargo el delicioso cuerpo masculino estaba allí expresamente para sostenerla cuantas veces fuera necesario, sea sexual o sentimental. Uñas aferradas en la carne masculina, extremidades inferiores abiertas cual flor solo para él. Fue útil haberlo llamado para charlar un poco en privado, más útil decirle lo estresada que estaba en su vida, tremendo mencionar la necesidad de un poco de masturbación mutua post internación.

El sexo estaba muy sobrevalorado entre ellos, debían volver a las raíces acariciando las zonas erógenas manualmente.

Después de la fantástica tarde en compañía de Winters tuvo una semana por demás desagradable en el trabajo, sin olvidarnos de la carrera universitaria en curso. No le faltaba mucho para acabar pero faltó a las últimas dos clases gracias a desear "descansar" en donde debió esforzar su cabeza al máximo quedando al día en ciertos textos, gracias a la semana entera en donde estuvo internada. No entendía nada al presenciar las asignaturas y eso era en exceso frustrante; cuando uno se encontraba compenetrado en los monólogos docentes explicando temas acordados en el cronograma, era una pasada, de lo contrario era un martirio divino. Así consiguió escuchar en el teléfono a la señora Vickers gritándole lo irresponsable que era y cómo debería darle vergüenza no hacer cosas productivas en el trabajo.

Ese nada también incluía a su carrera en cuestión ya que su propia madrecita la veía como una hippie oportunista fumadora de hierba empedernida. Lo remató en forma más o menos hiriente mencionando a su padre agregando "lo triste que estaría por verle desperdiciar la vida así".

1) No sabía cómo diantres se enteró, y 2) usar a su padre en su contra para hacerle mover el culo era más desagradable que motivacional. Cómo le gritó que "se metiera con sus putos asuntos de mierda y le dejara en paz" consiguiendo básicamente lo que Emily deseaba, colgando frustrada y deseando no haber nacido nunca.

En el trabajo se mostraron bastante poco amables luego de haber conseguido mantener todo a raya, le presentaron el triple de papeleo gracias a una posible amenaza en la zona pacifica sur. ¿Por qué California? El mejor puto estado del mundo después de Alabama tenía problemas, quería arrojar todo e ir a buscar a quienes estaban jodiendo la zona. Todavía se mantenía en alerta amarilla, la BSAA nacional lo trataba con suma precaución; a veces era mejor exagerar que desestimarlo para posteriormente lamentarlo. A ese triple papeleo se le sumó el trabajo ya atrasado, su jefe estaba disconforme aunque decía entender su situación.

Entender no entendía ni mierda porque le llamó esa misma tarde para criticar la tardanza, volvía sobre sus pies al recordar los incidentes recientes, retornaba el camino del reproche constante.

Entonces llamó a Dennis, este se presentó y ambos estaban deshaciendo sus malestares producto del estrés jugando con el sexo del otro. Él ya se llevó una buena felación, sumándole la presencia estelar del uso de garganta profunda; no logró contenerse lo suficiente al recibir los cariños directo en su glande y se vio inundado por la sensación agradable del orgasmo. Pobre Chelsea se llevó una sorpresa bastante cómica; ahora la atención centrada en el cuerpo femenino. Mientras introducía sus dedos veloces aprovechaba su otra extremidad para cogerle un seno sin sostén y con la camisa a medio camino de sus brazos. El tacto cálido en su pezón usando el jodido pulgar rasposo, producto del intenso trabajo entrenando, revolucionó sus sentidos a mil; no pudo evitar soltar un grito, sentía toda su entrepierna derramar lubricación natural en todas direcciones al igual que el acrecentamiento del cosquilleo placentero en su zona erógena.

Su espalda se fue echando hacia atrás al tiempo en el cual intentaba recobrar el oxigeno dando pequeñas bocanadas, estaba al jodido borde del precipicio y sabía consciente cómo saltaría en cuestión de segundos. Subían sus ansias al tiempo en que imploraba por más, su amigo podría estar acalambrándose el brazo pero así lo hizo: todo por hacerle bien, cumplir su trabajo en aquella casa de un solo piso. Chelsea le apuñaló sus uñas coloreadas en bermellón brillante en la espalda, al pobre joven le quedaría unas marcas bastante sospechosas.

Percibió la necesidad al contraerse sus músculos internos, podía sentir sus propias paredes sensibilizarse al máximo frente a la demandante corriente eléctrica. Estalló en un grito, quedó sin aire cerrando sus ojos y luego recobró todos los sentidos respirando entrecortadamente.

Su entrepierna era un jodido rio viscoso y transparente cayendo por sus curvas corporales. ¡Madre santa! ¡Esos eran orgasmos! D resopló alejando un mechón rebelde corriéndose hacia sus ojos, frente humedecida del movimiento continuo pasional. A la castaña le temblaban las piernas al posicionarse sobre sus pies, flotando y sintiendo un cosquilleo delicioso en su entrepierna. Exhaló dramática dirigiéndose en un tambaleo gracioso al baño, le siguió su fiel amigo pasando el dorso izquierdo sobre la frente y removiendo el sudor. Chels quitó la camisa siendo lo único que portaba en ese momento, dejándola reposar dentro del cesto plástico blanco a juego con el váter; abrió la canilla caliente al tempo en que recibía a su colega palmeándole el antebrazo musculoso.

—Buen trabajo, compañero —felicitó, sus ojos poseían un brillo pícaro—. Otra ocasión donde te doy un diploma especial: el taxi boy mejor dotado manualmente.

—Contigo gritando mi nombre me basta —devolvió el gesto cerrando la puerta tras de sí; desvistió la camiseta negra con cuello redondo, bajando la tapa perlada del inodoro depositándola allí, el resto de la piel al desnudo. —. ¿Ahora estás más tranquila y me puedo comer tus bocadillos?

—¿Colaste tus dedos en mi para comerte mis papas fritas? ¡Auch! Podrías haberme mentido un poquito diciendo: "lo hice porque soy tu defensor eterno y te lo merecías al ser la chica más sexy de todo DC".

El ambiente se llenó progresivamente con un vapor cálido, le invitó a pasar tras la cortina plástica bellamente decorada por cuadritos violetas en distintos tamaños. Accionó la perilla central percibiendo el contacto de una apacible agua caliente.

—No, señorita. —Dificultosamente intercambiaron los puestos; Chels cogió el jabón líquido junto a la esponja mientras que el señor Atkins remojaba el cabello bajo la lluvia directa—. Eso lo hice a gusto, las papas son un plus. Siempre tienes porquerías en la alacena para comer y no pienso desaprovechar mi visita aquí yéndome con el estomago vacío. Piensa en este pobre esclavo del sistema de entrenamientos en la BSAA. —señaló su pecho utilizando el pulgar—. El hijo de puta tiene hambre.

La chica soltó una risilla por lo bajo al tiempo donde estrujaba la esponja, limpió su cuerpo a continuación utilizando toda parsimonia, advirtiendo a su cuerpo quien volvía a la normalidad. Solo pedía a Dios (si es que este existía) tener un futuro amante igual o superior a su preciada amistad. Conversaron respecto a las clases en cada uno, Chelsea manifestó sentirse algo agobiada por la pesadez en Estética a la hora de comprender los textos especificados como lectura obligatoria. Dennis hizo lo propio mientras pasaba la esponja por su torso musculado refiriéndose al estudio técnico sobre los distintos tipos de riesgos, todo obligatorio para quienes querían ingresar a las filas en la BSAA. Un soldado mal instruido era un soldado en riesgo. También deseaba seguir los consejos paternos inscribiéndose a medio tiempo en algún curso universitario no muy extenso, estaba algo inquieto por no saber qué hacer.

Juró haberle entendido. Esa clase de dudas siempre existían en los primeros momentos al elegir qué hacer por el resto de tu juventud, sin contar el hecho de dedicarte a eso en tu adultez. Lo tranquilizó recordándole la existencia de programas en el ayuntamiento local al tiempo en que frotaba su espalda impregnándola con el agradable aroma al jabón. Tocó su turno, el muchacho le dio la razón declarando al menos tener un pequeño punto de partida.

—Además puedes estudiar cualquiera sea tu edad. No debería frenarte eso. —Otra vez el baile apretujado al cambiar las posiciones—. Tengo una compañera que dobla mi edad y allí anda: leyendo y resumiendo mejor que cualquier chaval de veinte.

Cerró la cálida, tendió una toalla rosada sin quererlo a su acompañante. Este soltó una broma referenciando a su elección personal secándose el cabello, la joven procedió a lo mismo en su cuerpo utilizando una violeta. Dennis marchó fuera directo al living a coger sus prendas y su amiga al cuarto a colocarse el conjunto de entrecasa. Una vez arreglada fue a la cocina chancleteando sus pantuflas decoradas con pelo falso, lo vio aún en el living abrochándose el vaquero.

Lo prometido era deuda: sacó una bolsa mediana de papas fritas saborizadas depositándolas en la mesa; abrió la cortina decorada con frutas en un cuenco a modo de guarda permitiendo la luminosidad exterior llenar el ambiente. Guardó algunos utensilios dejados a secar en una fuente especial con divisiones en color rojo, su amigo ingresó completamente vestido tendiendo la toalla húmeda.

—Déjalo en la silla blanca. —volteó utilizando la "cara de Emily"—. Bien estirado, por favor.

Bufó fingiendo fastidio haciéndole caso. Dejó pasar a los canes quienes estaban algo nerviosos aún por el griterío acontecido minutos atrás, olfatearon las piernas delgadas femeninas buscando algún rastro herido sin éxito. Entonces se pusieron a jugar entre ellos: Polly-Sue mordiendo el pelaje medio a largo en Dallas y este los mofletes marrones. Rosie los ignoró yendo tras Dennis quien le alzó brindándole un amistoso beso en la cabeza.

—Exijo saber cómo fue ese encuentro en la tarde del sábado pasado —increpó ingresando al ambiente perra en brazos; Chelsea lo miró inclinando la cabeza hacia un lado colocándole la tapa a una cacerola, depositándola en una alacena superior utilizando la punta de sus pies para llegar—. No te salvarás de esto, jovencita.

—Tengo dos cosas para decirte respecto a esa cita: una es lo bien que la pasé, y la segunda es que alguien se metió en el mismo lugar que nosotros e intentó intimidarlo. Le doy un fuerte aplauso de pie por haberlo repelido. Le dijo "piérdete, amigo" y yo sentada al otro lado con ganas de gritar "¡dale en la cabeza!" o filmarlo todo y subirlo a YouTube.

Dejó al can albaricoque en el suelo cerrando la puerta corrediza tras de sí; Dennis se cogió la cabeza húmeda al tiempo en donde deseaba haber estado ahí tan solo para romperle la cara a ese hijo de puta. En ese instante sintió un aprecio creciente hacia quien no se amedrentó por la contextura física como también sus andares de matón. Pesara lo que pesase, midiera lo que midiese, ese tipo era un peligro no solo para los demás sino él mismo.

—Carajo, mierda y que lo jodan. —Tomó asiento sin levantar la silla, esta emitió un chirrido al rozar sus patas con el suelo siendo reprendido por su amiga—. Lo siento, señora V, no me di cuenta. Okey, volvamos a lo importante: ¿se la chupaste?

—¿Qué? —Soltó una carcajada sonora la cual reverberó en la estancia—. ¡No! Recién está intentando moverse hacia mí, no es algo longevo. Además yo a ti no te hice eso la primera vez donde nos conocimos.

—Pues claro que no, a los trece me daba vergüenza este muchachito hermoso. —Dio unas palmaditas a la zona genital—. Ahora es un semental digno de mirar y probar. Mi orgullo, mi bebé más preciado.

—Okey penisaurio rex, demasiado aprecio a solo una parte del cuerpo. ¿Así le hablas a, no sé, tus orejas?

—No, esas están perfectas sin recibir halagos. Deberías hablarle así a tu amiga allí abajo: se lo merece. Es buena conmigo, si pudiera le daría algo más que este trozo… —volteó justo cuando la joven se cubrió el rostro fingiendo vergüenza, meneando la cabeza; abrió el refrigerador y cogió una soda enlatada. Lo miró atento verificando una y otra vez que era dietética—. ¿Desde cuándo esto en tu casa? ¿Acaso la gran Comandante ahora busca cero calorías?

—Tuve antojos tipo embarazo. No podía dormirme la otra noche por las enormes ganas de beberme una. —Dennis le miró generando una expresión incrédula, se encogió de hombros elevando sus brazos buscando disculparse a sí misma—. Mi cuerpo quería joderme, no lo sé.

—¿Acaso yo te embaracé? Joder, mira que me gustaría tener niños en un futuro y si es con mi mejor amiga pues es un plus, pero no ahora. Apenas si gano como para mantenerme a mí mismo y mis constantes citas con Ryan, la cartera todavía no se estira en nivel padre joven.

—Entonces deja de gastar idéntico a si fueras el CEO de Google, D. ¿Me pasas una? —antes de dar siquiera el primer sorbo se la tendió completa—. Eres un encanto. Un encanto el cual no se va a salvar de desembuchar absolutamente todo sobre Ryan.

El rubio tomó otra sentándose frente a quien adoraba más que a su propio gato. La castaña abrió el paquete de frituras que emanó un delicioso aroma a cebolla, ambos no esperaron ni un segundo en coger algunas.

—Nada serio aún. Me gusta mucho pero está en una encrucijada. Ya sabes: qué hacer después, cómo sustentarlo y desear vivir lejos de casa. Sus padres no tienen idea qué inclinaciones sexuales busca ni piensa decírselo, al menos yo le dije que soy bi y si no está seguro podemos dejarlo estar.

—Oh, bebito tierno de mi corazoncito —exclamó mordiéndose el labio inferior ante la perspectiva. Se lo imaginaba arduo el desear un amor con el mismo género y sus padres lo opuesto—. Debe ser muy duro para él estar así. La próxima vez en donde lo veas dale mis recuerdos incondicionales.

—Es un trato. Me pidió contarle la historia sobre cómo le dije a mis padres, le dije que fue muy difícil de aceptar aunque al final se quedaron con la idea de "si te hace feliz a ti, también a nosotros". —Cogió una patata abriendo luego su bebida—. Dice que sus padres son demasiado anticuados y a ojos de su Fe les daría asco tener un hijo gay, si lo descubren teniendo esos "deseos pecaminosos" —gesticuló las comillas al costado de su cabeza— lo repudiarán hasta el día de su muerte.

—Si son tan devotos deberían saber que su dios particular predica amor hacia todo ser, no importa su preferencia sexual. Mientras no haga daño a nadie puede tranquilamente amar a quien se le ocurra. ¿Lo ves? Más razones para no creer en esa basura religiosa, mamá a veces tiene razón.

—Okey, allí debo frenarte —dijo señalándole con el índice izquierdo—. Lo que tiene la señora V es un odio acérrimo a cualquier religión, y eso no es lo mejor. Es exactamente el otro extremo, por ende es igual de malo. —Dio un sorbo largo, el cual generó un eructo incontenible el cual fue expulsado pulcramente colocándose una mano sobre la boca—. Volviendo a lo que nos compete ahora, le dije si en algún momento necesita un lugar donde estar puede venir a mi casa. Mis padres no se mosquearán si les aviso si se queda a cenar o dormir.

Chelsea no evitó hacer un gesto extraño ante tanta ternura, cubriéndose la boca con las manos cerradas y haciendo ruiditos infantiles.

—Siempre tan bueno usted, Don Glúteos Hermosos. Ahora bien: ten cuidado en meterte así, podrían ustedes tener problemas pese a las buenas intenciones. Si esos fanáticos desquiciados lo quieren pueden elevar una queja al trabajo de tu papá o acusarlos de secuestro. Son así: desquiciados hasta la tumba.

—Solo hago lo que mi sentido moral me dice ser correcto. Además papá trabaja en el gobierno, sabe perfectamente por cual testículo coger al tipo y retorcérselo hasta arrancarlo. —Le miró con ojos cargados en franqueza—. Este chico me gusta de veras, Chels. Te juro por todos los espermatozoides en el semen de antes que me gustaría salir como pareja oficial.

—Podrías haberlo jurado con la bola peluda que tienes por gato —recordó, ceja derecha arqueada y labio superior hacia arriba—. Haberte hecho una mamada no significa que hables así. —Lo cortó al verlo intentar acotar algo respecto al acto anterior—. No cuenta haber tragado un poco.

Ahora Dennis reía a carcajadas al recordar no haber podido avisarle del inminente orgasmo. Creía considerarse una víctima ya que la reacción corporal fue idónea al momento. Sin importar si su adorada amiga no era partidaria de esas cosas; lo hecho, hecho estaba.

—¡Oh, la guarrita se puritanizó! ¡Eso es nuevo! —Se llevó un puñado de papas mientras veía a la joven carraspear la garganta pretendiendo cambiar el tópico—. Considéralo una señal del buen trabajo, hermosa amiga mía. Hicimos cosas peores, no te asustes.

—Como sea, D. —si el apartamento en Florida hablara… Seguro aún olía a porro—. ¿Puedo confesarte algo yo también? Ethan me parece un tío muy agradable, lo aprecio mucho y honestamente no podría dejarlo de lado. Pero siento cierto temor a dejar que mis emociones me controlen de nuevo llevándome así otro chasco. —El ojiazul estiró la mano, entrelazándola con la zurda femenina—. Estuvo conmigo en el hospital todos los días, es adorable haciendo pequeños presentes y un galán de cine. ¿Y si eso es una fachada? No aguantaré dos Joe en mi vida.

—Las veces donde lo vi me pareció un tipo sano. Además la forma en la cual cuentas las cosas me deja ver eso mismo, a alguien con muy buen corazón intentando conquistarte. —sus orbes se endurecieron—. No lo dejes ganar a él, Chels. Ya no eres su juguete, eres una mujer independiente con tres años en una carrera. Tú lo vales, mereces mejor.

Apretó tres veces su gran mano mientras le sonreía inclinando la cabeza hacia la derecha. Sinceramente no le faltaba razón bajo ningún término. Sin embargo allí estaba el fantasma complicado. Debería retornar a su hermosa especialista en psicología otra vez, desgraciadamente incumplió el trato sobre volver a verla después de la cita. ¡El jodido trabajo!

Puto empleo el cual aportaba un salario con el cual vivir. Ojalá viviera en un bosque rodeada de ardillas hermosas, pájaros cantarines y mucho verde a dibujar.

—Me parece guapo. Tiene algo especial, más allá de sus obvios atributos tipo nariz. —Dennis entonces formuló la pregunta más importante en la historia de ellos dos como amigos, utilizando su cabeza para asentir en manera corta dándole pie a hablar—. Puede ser, en un caso muy hipotético, que me guste.

Su amigo no podía dejar pasar las señales más obvias tipo generar pequeños movimientos oculares desviando la mirada, rascarse la nuca utilizando la diestra o sus ojos brillosos. Chelsea podría negarlo categóricamente gracias a ser una persona terca, retorcerse intentando desestimar las cosas más obvias, D la conocía en cualquier aspecto imaginable. Esa chica castaña, sonrisa esquiva desde hacía ya unos años, sentía algo más que una simple amistad por el hombre llamado Ethan Winters. Eso mismo le daba buenos augurios al verla encausar su vida en el ámbito romántico sin temor al hijo de puta desagradable, seguido de cerca por aquel par repulsivo cual hienas.

Una deuda pendiente consigo misma sin dudas, no importaba las veces en las cuales restara importancia a los cuestionamientos sobre su soltería; alegar desear concentrarse en la universidad (le iba satisfactorio poniendo empeño en rendir bien las asignaturas) o trabajar para poder adquirir bienes y servicios ya no cuajaba.

Le entregó una sonrisa apacible brindándole fuerza en ese instante colmado de descubrimientos personales. Soltaron el agarre para continuar comiendo, el móvil del muchacho quedó sin batería indicando su estado mediante una notificación de alerta desde el living. Su amiga le prestó el cable con la ficha indicada, dejó el dispositivo recargando las energías al menos en un treinta por ciento.

Prosiguieron hablando en relación del grupo amistoso y sobre las buenas nuevas en torno a Maysie. Había aprobado una asignatura muy complicada anual por lo cual deseaba brindar un relajo necesario invitando a sus amigos a su casa el fin de semana donde sus padres marcharían a un congreso a otra ciudad, eso equivaldría a un descontrol moderado bebiendo alcohol en alta graduación sumando a algún que otro "cigarrillo verde". El de orbes azules platicó la fecha, Chelsea analizó en su calendario mental cuan cerca estaban los exámenes propios en Estética e Historia del Arte Precolombino.

«Es mi adorada mejor amiga/ hermana. Si me dice hasta de salir a desollar gente lo haré sin dudarlo.» Además entraba en el justo periodo de descanso, al siguiente volviendo a crear resúmenes buscando el control total sobre la asignatura correspondiente. Acordaron ir juntos; May aclaró que si deseaban invitar alguien aparte no habría problemas, solo deberían avisarle con antelación para comprar según el numero estipulado de visitantes. D mencionó preguntarle a Ryan qué le parecería acompañarlo "como amigo" e instó a la castaña a hacer lo mismo con Ethan. Así se conocerían entre todos en profundidad y entre Dennis, Andrew y Maysie podrían hacer un análisis en torno al acompañante, pronosticado a futuro (quizá no según la señorita Vickers) como posible pretendiente.

Chels dudó mucho creyendo no ser correcto, además podría querer salir ese mismo fin de semana en el grupo compartido con sus "muchachotes" de Sistemas.

—Solo puedes saberlo si se lo preguntas, genio —protestó habiendo tragado otro puñado salado; Chelsea soltó un suspiro—. No seas tonta: pregúntale. Ya nos conoce y sabe lo bien que peleamos todos juntos. Seguro querrá venir con nosotros a quedarse estancado en una salida con "compañeros de trabajo".

Al decir eso fingió tener un escalofrío arrancándole una risotada a la joven; no todos los colegas laborales eran viles arañas o imbéciles quienes escuchaban los más variados rumores, al menos su buen amigo texano los veía bien. Asintió comprensiva unos minutos después al analizar las palabras.

—Está bien, le diré si desea ir. Conste que si dice no yo al menos lo intenté.

—Nadie va a echarte en cara nada, eso es seguro. —Continuaron platicando un buen rato respecto a los padres en cada familia; Chelsea recalcó el hecho de que su madre estaba loca de remate últimamente—. ¿Volverías a salir con él?

La muchacha ojos ámbar quedó ligeramente sorprendida por la manera a retornar al viejo tópico.

—¿Qué no entramos en el pantanoso mundo de nuestros padres? —este le miró igual a cuando ella deseaba eludir un asunto importante, le señaló con su dedo acusador firme—. No estoy dando vueltas, Dennis. Creí que ese tema se acabó.

—Estos temas entre los dos nunca terminarán, querida. ¡Es como mis deseos de que Jazmín tenga gatitos!

—Tú y esa gata idiota… —se llevó las extremidades a la frente echándose el cabello hacia atrás—. Si, volvería a juntarme si lo propone. Mientras tanto me mantendré al margen. No quiero agobiarlo siendo muy insistente, no es mi estilo.

—¿Es broma? ¡Proponerle salir a tomar algo no es ser agobiante! ¡Es mostrar interés! ¡Imagínate qué pasaría si estuviera igual a ti ahora! ¡Preguntándose si hablarte o no!

—Bájale a la felicidad, D. Mi páncreas tuvo diabetes ante tanta dulzura.

Desestimó sus palabras alzando la zurda y efectuando un movimiento hacia los lados. ¿Realmente debería intervenir a favor suyo? Dennis no quería hacerlo aunque admitía que su lado más diablillo si deseaba. Meneó la cabeza procurando hacerle creer el tema estaba ya zanjado. La entretuvo un momento volviendo al tema de Maysie al tiempo en que alzaba a Sarah, la gata se restregó contra la pierna izquierda ronroneando. Amaba a los gatos tanto como a sus amigos, sin embargo todavía intentaba comprender cómo es que Chels terminó cuidando uno. Desde que tenía memoria de haberse reunido en su casa su madre fue quien imponía la ley, por ende decidía qué mascota ingresaba o no a sus vidas. Perros grandes solamente, cedió un poco unos meses después del segundo intento suicida adoptando a Dallas.

Supuso una mejoría en la transición hasta la sanidad mental pero la mujer intransigente continuaba refiriéndose al perro "esa rata negra". Y esa rata negra durmió abrazada a la mujer, varias fotos secretas lo demostraron así.

La mujer después repitió la historia para complacer a la hija por haber apostado que, si obtenía al menos un ocho en todas las asignaturas, deberían adoptar a una perrita. Emily renegó mucho al enterarse vencida y selló la apuesta visitando el hogar donde estaba Rosie. Los caniches no eran para todo el mundo; muchos poseían la mala fama al ser mascotas súper consentidas y por ende transformándose en auténticos seres insoportables, ladrando ante cualquier cosa, chillando si permanecían mucho tiempo sin sus amos, etc. Esos dos eran una extraña excepción.

Creyó a su amiga seguir un ritmo similar al materno en torno a los gatos, ver las fotos en que la gatita dormía sobre su abdomen le hacían cuestionarse su visión. Bien por ella, claramente; mejor ya que así tendría más motivos para visitarle.

Propuso entonces hablar con quien trabajaba en la veterinaria a modo de prácticas sobre conseguirle una chapa identificadora con el nombre animal. También, a modo convincente, dijo de grabarle el puto emblema de la Hermandad de Acero. Diciendo lo primero no logró convencerla, al mencionar lo segundo vio una súbita iluminación en sus ojos. Daba saltitos en la silla al pensar en lo adorable que se vería el animal.

Confirmación dada fue "a por su móvil", salir de la estancia gritó a su amiga sobre necesitar el suyo para enviar el mensaje ya que "¡todavía no tengo ni treinta por ciento!". La castaña le sorprendió diciéndole si quería coger el suyo, agregando haberlo dejado en la mesita de las llaves contigua a la puerta; tenía un muy buen día a comparación de la última vez en la cual cogió el viejo aparato. Viró sobre sus talones en la sala dirigiendo sus pasos en la dirección correcta, allí estaba el precioso costoso pedazo tecnológico. No estaba ni remotamente familiarizado al reconocimiento facial, al regresar llamó su atención para luego apuntar la pantalla directo a su rostro.

Desbloqueado requirió tener doble autorización para enviar el mensaje prometiendo no inmiscuirse en otras conversaciones. Diabólico el rubio primero fue a quien creyó ser Ethan debido a su nombre particular. Y si no lo era sería demasiado gracioso.

Fingiendo ser su amiga lo mejor que podía escribió diciendo lo bien que se lo pasó juntos e incitándolo a verse otra vez más. Maysie recibió unos mensajes cortos en la manera típica de Dennis y esta informó el precio, pagaría lo que fuera así que aceptó toda la información más rápido que de costumbre. Si al menos así podía mover a su amiga… El texano se alegró al otro lado proponiendo encontrarse nuevamente ese mismo sábado, faltaban apenas tres días con un puñado de horas en medio. Aceptó finalizando la conversación, entregando el teléfono a su respectiva dueña.

Esta no pensó mucho más hasta recibir una notificación proveniente del señor Winters, mientras charlaban inocentes miró para quedarse atónita ante el mensaje diciendo "tengo muchas ganas de verte". Casi se muere de un paro cardíaco, ahogó las palabras y su coloración cutánea se asemejaba al crudo invierno. Leyó entonces la conversación completa sin poder dar crédito a la situación; le arrojó un par de papas en forma violenta a quien tenía frente suyo, encolerizada por la vergüenza sumado al uso inapropiado del dispositivo.

« ¡Cabrón hijo de un camión repleto de putas! ¡Me engañó igual a una niña tonta!»

—¡Voy a arrancarte el jodido bigote roñoso y te lo meteré por el culo, Dennis! —gritó arrojándole la lata. Gruñó apretando los dientes, soltando luego todo el gas de imposible digestión en forma de eructo en tono grave—. ¡Jamás vuelvas a hacer eso! ¡No serás más mi mejor amigo si sigues así!

El muchacho no podía parar de reírse ante la reacción, la amenaza lanzada y el gas. ¡Su amiga resultaba ser el ser más gracioso en la extensión universal!

—¡Ja! Me lo agradecerás en un futuro. Recuerda una sola cosa: hoy por ti, mañana por mí. —rememoró la vieja frase usada íntimamente por adultos mayores. Eso exasperó aún más a su amiga quien gruñó histérica apoyando los codos sobre la mesa y cogiéndose el cabello.

—¡Jamás mandaría un mensaje actuando como si fuera tu! ¡Gusano miserable!

—Solo debes saber una cosa, querida —se acercó conspirador—: le tengo fe. Si lo hago es porque creo en que pueden lograr grandes cosas. Si no estaría haciéndolo comer tierra en el patio de entrenamiento.

—¡Tu le guardas fe a cualquiera!

—Claro que no —objetó meneando el dedo índice derecho—. A muchas personas en tu entorno pasado les miraba mal porque intuía, en cierto sentido, que eran leche pasada. Y no me equivoqué. Este tipo parece ser más bueno que el agua cariño, sin obviar lo atento a ti. No pierdes absolutamente nada en ir a cenar, hasta puedes emocionarte por eso.

—Lo dudo mucho… —aseveró.

Quedaría como una tonta los días venideros al sentir una presión estomacal distinta sumado a un cosquilleo en el corazón emocionante.


Los próximos días al recibir la invitación estuvo rebuscando en cientos de sitios por internet evaluando cuán especial eran destinados a "la primera cita nocturna"; bombardeó a sus colegas más cercanos a mensajes: algunos eran audios donde gritaba "¡tengo una cita, pendejos!", otros fingía voz femenina haciendo comentarios sobre la emoción que eso le generaba. Sus amigos consideraron esos días como "bastante movedizo" en especial con el bombardeo informático en sus móviles; Franklin lo felicitó por privado deseándole tener una agradable velada junto a la chica especial. Agregó desear conocerla algún día (si es que deseaba viajar con él a Taylor) así le echaba su granito de arena hablando del gran partido llamado Ethan. El entusiasmo en general rondaba el setenta y cinco por ciento, siendo los detractores Blake junto a su mujer Ellie, en menor medida Montgomery y Reynald, por muy extraño que pareciese.

El hombretón pelado salido del ejército se mostraba disconforme ante el avance "tan veloz", su mujer lo secundaba preguntándose a sí misma cuáles serían las verdaderas intenciones. No auguraban ningún mal a la compañera femenina, solo deseaban protegerlo ante cualquier desilusión. Ethan solía ser un muchacho con tendencias a volcarse totalmente a la otra parte, y así fue como lo perdieron al encontrar a Mia. No deseaban repetir jamás el asunto, pidieron al menos el perfil en alguna red social así escrutaban a la elegida. Ellie definió al ver algunas fotos demasiado producidas lo vanidosa y egoísta que resultaba al público, quizá prejuzgar le pasaría factura en algún momento.

El muchacho no tenía idea del plan maestro generado por Dennis, solo deseaba el arribo del día estipulado y verla de nuevo. En el trabajo no quiso decir nada sin embargo los cotillas dejaron correr la información sobre haberlos visto juntos el anterior fin de semana; cabreaba un poco tan poca privacidad pero ocurría en cualquier sitio.

En su anterior empleo volaron chismeríos sobre estar engañando a su ex novia, luego al separarse y confirmar la relación junto a ella, llegando finalmente a su boda dos días después de haberse comprometido; podía atribuirlo a que la mayoría no tenía un gramo de vida para preocuparse ya que vivían pendientes de los demás. También porque entre los hombres y mujeres del piso existían dos personas en particular especializadas en espiar y ser cotillas. Así debió reconocerlo frente a todos en el almuerzo, lo mismo sucedió en Washington aguantando los chistes y las miradas largas en Orlando advirtiéndole ser sumamente cauto.

Se tragó la hamburguesa combinada con pepino y lechuga aguantando las ganas de probarlo equivocado, un choque intencional de la pierna de Ed a la suya le dio a entender la necesidad respecto a permanecer en silencio.

¿Para qué demonios contarle esa clase de cosas a Orlando si siempre soltaba comentarios negativos? Lo crispó innecesariamente arruinando la pequeña sonrisa dedicada a la joven al verla pasar bandeja en mano, yendo directo al lugar donde le esperaba su equipo; se vieron poco durante las horas laborales debido al incremento de trabajo como también cuestiones informáticas a resolver. Debió supervisar a otros muchachos en el edificio número tres, regañarlos, volver directo a su oficina al presentarse un imprevisto, todo en un rango de veinte minutos. Los días faltantes se los pasó encerrado, el viernes debió saltearse el almuerzo mascullando furioso debido a imprudencias en el plantel del edificio dos.

« ¿Qué no se supone que cuanto más pequeño el numero edilicio, más importancia lleva? No puede ser el error garrafal en el número dos, ¡es ridículo!». Se fue a dormir ese día sintiendo una jaqueca asquerosa. Se despertó a las tres de la mañana producto de unas enormes ganas de echarse una meada gloriosa.

El tan ansiado día llegó con él durmiendo y su gata entrando en otro celo, la muy hija de puta maullaba gracias a tener otro gato en el piso, quien desesperado estaba al olfatear las hormonas gatunas. Skittles no paraba de restregarse contra toda superficie cercana, orinaba muy fuerte dejando una fragancia desagradable en el ambiente y vomitó una bola de pelo sobre el sofá mientras desayunaba. Lo peor fue la segunda tanda vomitiva dejando restos de comida a medio digerir porque la muy buena se le antojó comer apresurada, el punto más asqueroso llegó al entrar al baño a oscuras y pisar aquel charco rancio.

No llegó a vomitar aunque al almorzar se sintió flojo del estomago. Era la sensación aún palpable en la piel, o la mejor posibilidad: estaba nervioso ante la cita nocturna.

Quedaron en un restaurante en la zona noroeste, una casona vieja pintada de blanco brillante donde servían una res espectacular según una crítica en Google, le pareció lo más agradable al pensar "voy a tener mi cita con quien me he enamorado". Sentía esa vibra: la romanticona. Llamó al menos tres horas antes de las seis a reservar el lugar, mesa para dos eligiendo el rincón más apartado de la puerta. No quería repetir la desagradable intromisión del sábado anterior. Duchado ya, peinó su cabello hacia los costados varias veces arreglando imperfecciones utilizando gel; insultó las entradas familiares al mirarse varias veces al espejo, también lograba volver a ver las fallas en su nariz tal como si tuviese quince años.

Vistió un vaquero azul oscuro, camisa negra abotonada casi hasta el cuello, un suéter de hilo gris cuello redondo, zapatos formales en color suela y planta en negro, estos traían la punta decorada utilizando pequeños agujeros en una capa superior del cuero formando finos patrones. Se miró en el espejo de pie al costado de la cómoda: lucía una formalidad casual, considerándolo apto para una ocasión trascendental. Lavó sus dientes, dejó comida extra a su gata a modo de precaución y papel extra donde estaba la caja de piedras sanitarias. Roció su cuerpo utilizando el perfume favorito fragancia dulce, regalo navideño de su cuñado Harry.

Móvil encima, billetera en el bolsillo delantero, cogió la misma chaqueta usada la ocasión anterior colgada de un perchero negro nuevo, sumando las llaves del coche.

Salió tarareando viejas canciones, oídas en lugares donde visitaba con sus padres para comer al salir de la escuela o en los fines de semana al visitar a sus abuelos; buenos momentos en los cuales no tenía preocupaciones mayores a divertirse junto a sus amigos, aunque en esos "buenos tiempos" no conocía a una joven tan apuesta como Chelsea ni se estaba encaminando a verla. «Tan buenos tiempos no eran.» Dejaría la evaluación del pasado para más tarde, abordó el elevador yendo directo al estacionamiento subterráneo y posterior abordando su vehículo.

Por alguna extraña razón oyó un sonido extraño al arrancar el automóvil, algo no escuchado anteriormente al darle inicio al motor. ¿Qué demonios pitaba así? Bajó la ventanilla solo oyendo el motor en marcha, se le asemejó a un pitido repetido tres veces más hasta perderlo completamente del campo auditivo. Extraño no haberse percatado antes, quizá iba tan hasta las cejas en cosas que no prestó la mínima atención al jodido sonido… « ¿Y si solamente lo hizo ahora? Me es raro no haberlo escuchado antes.»

La verdad era que el dispositivo rastreador fue reemplazado por quien lo colocó, mientras una mujer mayor ingresaba al edificio aprovechó para colarse y reemplazar el mecanismo explosivo. De paso se hizo en mano una copia para abrir la puerta de la entrada, sumando a pasearse las veces requeridas a obtener información visual e informativa sobre quien vivía allí. Loretta observaba atenta las cámaras de seguridad sentada bebiéndose una gaseosa pequeña, el guardia de seguridad en la seccional proveedora inconsciente maniatado y amordazado. La botella del jugo sumado a unas cuantas gotas somníferas lo tendría fuera de combate varias horas, suficiente como para verlo marchar e inmiscuirse en su apartamento.

Si saldría con esa golfa asquerosa debería saber algo, haber dejado algún papel en específico en el apartamento. Requería encontrar una buena razón como para matarla, o si se proponía algo menos drástico dejarle inconsciente tras una golpiza. Iluminado su rostro tras el brillo azulado subió sus piernas enfundadas en un vaquero ceñido a sus delgadas piernas, percibiendo el pitido del dispositivo rastreador en su bolsillo al percibir movimiento. El otro coche ya marchó al punto de encuentro hacía cinco minutos.

¿Habrá estirado la pata un fusible y por eso bipaba? Muy extraño… Revisaría al día siguiente y si no encontraba nada pues entonces enviaría el coche a un taller. Otra posibilidad recaía en él escuchando sonidos inexistentes pero distaba su diagnostico oficial tener esquizofrenia. ¿No ocurrían ocasiones en las cuales percibía ruiditos agudos? Podía ser, todo podía ser.

Las calles estaban tranquilas siendo un sueño al conducir, arribó al lugar veinte minutos después y mirándose el cabello en el espejo retrovisor. Lucía bien, olía bien y ya, sin embargo seguía acicalándose queriendo parecer más perfecto que de costumbre. «Basta, ya hasta desacomodaste un par de cabellos siendo ridículo. Baja ya del coche pelmazo, mueve tus piernas larguísimas hasta el restaurante y goza la jodida velada.» Ni siquiera su hermana mayor pudo haber sido tan crítica… Respiró hondo al salir, alegrándose por haber llevado una chaqueta encima. El día fue templado llegando hasta los veintitrés pero parecía que la noche sería fresca, al ponerse en marcha verificó su celular estar en a dieciséis grados sin viento.

Viró hacia la derecha al alcanzar a la esquina, percibiendo a mitad de la manzana un arreglo de luces blancas colgantes yendo desde unas paredes hasta un enrejado colocado entre el cordón amarillo y el resto de la acera, allí iluminada esperaba paciente la joven más bonita en todo Washington. Luciendo un vestido largo negro saludó a quien recibía nuevos clientes en la entrada invitándolos a leer un menú sobre un pedestal de hierro. Acercó a si misma a mirar, su cabello iba arreglado con dos trenzas saliendo de cada lado y juntándose formando un pequeño moño en el lado posterior, el resto caía sobre su espalda formando en la punta unas sensuales ondas. Sus hombros permanecían cubiertos por un Montgomery beige el cual combinaba con sus botas hasta los tobillos, tacón aguja y plataforma, elevándola unos centímetros más.

« ¿Cómo decía papá al hablar sobre las veces en las cuales salía con mamá al cine o teatro en Austin? ¿Anonadado? Si, esa era la palabra: anonadado. La aplicaré conmigo mismo: Ethan está anonadado por semejante belleza.» Esplendida, sensual, magnifica, "para comérsela", guapa y más. Si algún otro transeúnte allí caminando lo hubiera visto podría decir con seguridad que se olvidó como existir, deslumbrado ante su acompañante. ¿Quién podría hablar mal de ella? ¿Rechazarla? ¿Herirla?

Los últimos metros los aprovechó para contemplarle, conversó al muchacho utilizando una cuota de gracia heredada, lucía pendientes compuestos por una línea plateada acabando en dos gotas imitación de diamante; al oírlo aproximarse volteó en su dirección y no evitó hacerla sonrojar soltando un silbido halagador al tenerle enfrente. Ojos ahumados combinando una sombra gris brillante y labios en color natural. Percató entonces un tajo en la falda sobre la pierna derecha, detalles de encaje en la parte superior.

—Puta madre estás increíble —soltó honesto, la joven soltó una risotada ante semejante cumplido—. Cómo me alegro de habernos visto hoy.

—Ay, no exageres. —intentó restarle importancia empujándolo suave hacia atrás—. Así es como me visto y arreglo para mirar películas en un sofá.

—Entonces quiero hacer una maratón cinéfila contigo.

Fue allí donde Chelsea creyó haber entendido una sutil referencia a la popular frase "Netflix y relajémonos" en la cual habitaba un claro contenido sexual. No rechazaría una propuesta así salvo que viniese de Liam y su pene pequeño o Joe a amotinarse en su jodida casa.

Aceptaron estudiar el menú, de golpe un sexto sentido le indicó que algo se sentía raro en el ambiente… ¿Ochenta dólares un trozo de carne? Ag, eso era, habiendo tenido amplias posibilidades en su vida esa cantidad no simbolizaba ni la mitad gastada en otros lares, sin embargo ahora creció y el dinero le importaba en demasía. Decidieron qué comer, Chelsea manifestó querer "mucho colesterol en las venas" eligiendo lomo acompañado por una crema de champiñones y una porción enorme de papas fritas; Ethan fue algo más casual prefiriendo solomillo de cerdo junto a una ensalada de garbanzos y quizá una combinación entre zanahoria, huevo y queso.

Ofreció su brazo el cual fue aceptado, ingresaron al moderno y tranquilo lugar; música jazz se dejaba oír en el ambiente, perfecta para la ocasión. Las mesas eran de vidrio decoradas con un camino de tela y un juego de velas sobre un espejo circular, varias piedrecillas brillantes acompañaban, sillas mullidas cubiertas en tela blanca adornadas utilizando un listón caramelo. Paredes oscuras, frente a la posicionada hacia el este de la entrada una pecera enorme repleta con seres tropicales nadando en las aguar burbujeantes, el resto adornadas por apliques lumínicos y cuadros abstractos. La castaña no pudo evitar posar sus ojos en las obras durante un buen rato, analizando las composiciones pese a no ser su gota de agua. Encontraron la mesa la cual estaba marcada "reservada", volvió a usar su galantería acomodando la silla una vez se sentara su acompañante.

Ese gesto le agradaba cada vez más haciéndole sentir especial e importante, se quitó el Montgomery descubriendo una espalda desnuda y adornada por tatuajes muy especiales. Uno lo conocía, el otro… Al voltear para depositar el abrigo en el respaldo le vio observando su cuerpo interesado, fue rápido a su lugar algo avergonzado. La castaña entonces se imaginó qué clase de pensamientos podría estar generando su cerebro, la mayoría podrían ser marcados en la descripción "obsesiva". Algunas personas tienen ciertas cuestiones ficticias a modo de vida: Chelsea adoraba tanto la franquicia y la interpretaba igual a un motor el cual brindaba felicidad indecible a su triste vida. No podía imaginar una circunstancia o universo paralelo en donde le gustase otra cosa.

—¿Tengo que explicarte el porqué, verdad? —Soltó de repente al verlo dejar su chaqueta en el respaldo; Ethan movió su cabeza hacia un costado pidiendo una explicación—. Sobre mis tatuajes, digo. Al menos los que nunca viste.

—Es tu videojuego favorito, yo me hice en la paleta izquierda al Mecha Hitler por muy extraño que parezca. Supongo que cada uno desea recordar lo que marcó su vida, ¿no?

—Algo por el estilo. En realidad va más allá. El primer tatuaje hecho jamás fue la insignia de la Hermandad por amor a la franquicia y volver loca a mamá. Junté el dinero usando mi mesada, llevé a mi hermanastra mayor interpretando el papel de la autorización. Casi se muere al enterarse cómo la use y los problemas que tendría con mi mamá si se enteraba, aunque si llevaba a mi hermana Sherry ella le contaría en modo orgulloso. Al final Emily se enteró cuatro meses después, amenazó durante tres pagarme el tratamiento para quitármelo. —El rubio acercó su cuerpo a la mesa apartando el plato brillante un poco más lejos, colocando sus brazos en la superficie a modo de apoyo—. La pobre creyó que gritando e increpándome sobre "ser un dolor de cabeza constante" le estaba afectando a la salud. Al final se calmó.

—¿Puedo decirlo? Tu mamá es demasiado rigurosa en algunas cosas.

—Así la crió quien la cuidó. Uno siempre dice que detestaría parecerse a sus papás aunque terminas repitiendo sus actitudes. No sabe una manera menos desagradable de vivir la vida y tanta "liberalidad" en una hija le sienta como una patada en el estomago. Soy la bendición más traicionera en la historia de las bendiciones.

—¿Puedes creer que es cierto? A veces me avergüenzo al darme cuenta las actitudes que tomé por parte de mi madre.

—Oh, pero eso es muy normal. —A veces ella también se volvía neurótica o tajante. Moverla del casillero en donde quedaba resultaba tortuoso, Parker siempre lo repetía al verse agobiado en una discusión madre-hija—. Reconocerlo es un gran paso.

Sin embargo a ella le costaba, dicho a modo de eufemismo.

—Lo sé, aunque a veces uno termina repitiendo el ciclo una y otra vez sin remedio.

Asintió comprensiva; intercambiaron miradas en silencio, sin quererlo terminó sonriéndole inocente al ver ambos pares oculares encontrar el rumbo hacia el otro. Allí sintió una descarga enorme en su espalda e intentó disimular lo más que pudo el escalofrío generado. Vaya… ¡Esas cosas parecían dormidas bajo un kilometro de piedra y tierra! Probablemente Dennis tuvo razón en tener la jodida idea de mandarle un mensaje así. A veces el efecto mariposa funcionaba muy bien. ¡Pensar que deseó echarse atrás la noche anterior producto de los nervios! ¡Hasta le dio diarrea y acidez!

Cada cual apartó los ojos en distinta dirección: Ethan a la camarera y Chelsea al cuadro en la pared a su lado. Ese era más lindo, tenía estilo…

—¡Carajo! —exclamó emocionada—. ¡No puedo creerlo! ¡Hijos de puta!

Trabajadora y cita quedaron mirando su actitud al coger el móvil, tomándole una fotografía emocionadísima igual a haber visto un unicornio. El rubio entonces carraspeó su garganta quitándola de su nube excitadísima obligándole a generar un pedido. Sacudió la cabeza volviendo al plano pidiendo su elección, luego la pareja estuvo de acuerdo en pedir la cartilla con los vinos. Esa noche pasarían del líquido sin alcohol, merecían darse el gusto y al ver marchar a la mujer debatieron acerca de vinos. La castaña adoraba los blancos, al de orbes verdes le daba exactamente lo mismo. Además de querer darle el gusto deseaba tomarse uno, los días bebiendo cervezas debían ser cortados mediante una variación.

Cartilla en mano examinaron las opciones eligiendo un dulce californiano. Chelsea esperaba no arruinarlo todo pasándose en copas. Encargaron la bebida, la espera transcurrió charlando sobre temas varios.

—No bromeaba al decir que moría en ganas de verte, Chels. Es increíble haber llegado hasta este punto —reconoció emocionado, su amiga se sintió avergonzada—. Fue muy lindo recibir esa propuesta tuya, admito no haber dudado ni un segundo en decir que sí.

—No te orines encima, Eth. Gracias por las palabras bonitas. —se cubrió medio rostro con la nívea servilleta, corriéndola un segundo para observarlo utilizando su ojo derecho y luego ocultándose—. Fue un momento de debilidad y encima estaba en compañía de mi amigo del alma, me invitó a hacerlo.

A veces se le daba bien mentir, ya que si decía la completa verdad corría el riesgo de hacerle sentir mal. No era difícil notar ciertos celos en Ethan respecto a Dennis, al oír sus sentimientos tomando un café determinados patrones en su conducta se hicieron más claros. ¿Cómo se tomaría ella al saber que otra persona le mandó el mensaje ya que quien decía ser el emisor no movió un dedo? No muy bien si podía o quería reconocerlo.

—Pues entonces me alegra mucho su ayuda. —le miró con franqueza hasta ser interrumpido por la bebida arribando; una vez abierto sirvieron en dos copas altas menos de un cuarto, ambos dieron el visto bueno (a Chelsea le encantó dándole un largo trago) viendo luego a la camarera alejarse—. Voy a volver a ser muy franco sobre lo que siento por ti ya habiéndolo dicho antes: me gustas, mucho. ¡Parece una locura! Un año atrás ni siquiera te conocía y ahora estamos aquí los dos.

—Entonces hace un año vivías en paz. ¡Ah! ¡La paz! —Ethan rió—. Al principio eran mensajes en Facebook hablando en código sobre la infección —convino dándole otro sorbo a la copa—. ¿Hace cuanto ya?

—Casi nueve meses.

—¿Enserio? —silbó asombrada—. ¡Casi el desarrollo de un bebé!

—¡Podemos ponerle un tono poético o medico a la relación diciendo que se gestó igual a un feto!

—Oh, eso sonó tan a mi madre… Le gustan las comparaciones directas a la biología, a mi me hacen gracia —rió—. Nueve meses, ni más ni menos. ¿Quién lo diría? Más de una vez me dieron ganas de ahorcarte. No hace falta que respondas a eso, yo reconozco haber sido un incordio. Me pasé, te juzgué e incluso me puse celosa varias veces sin razón. Igual saliste bien parado porque no te rompí una silla plegable como a otras personas, más sobre eso en algún momento.

¡Ah! ¡Qué pasada en alcohol estuvo ese día! La anécdota de la silla contra el mariscal principal del equipo era demasiado graciosa como para una cita romántica, incluyendo vomito, drogas y nachos. Apenas se dio cuenta respecto al lodo en el cual se metió al mencionar sus celos tuvo la mejor táctica: recordar cosas graciosas logrando restarle importancia. La copa quedó vacía luego de tragarse el resto del contenido siendo analizada. Sirvió otra cantidad pequeña cruzando sus piernas bajo la mesa y tamborileando los dedos contra la mesa, rascándose la sien igual a todas las veces en las cuales caía en un sutil estado nervioso.

« ¿Celosita? ¡Ay, pero qué maravilla!» pensó alegre mirando la canasta repleta con tostaditas de pan y ajo, cogiendo un grisín y mojando la punta en queso crema y cilantro.

—Yo igual. Fue duro verte tan cerca de otras personas o incluso siendo atosigada por tu ex. Son cosas difíciles aunque me alegro haber servido ayuda.

—Te contrataré como guardaespaldas para la próxima, podemos usar a Whitney de fondo si pagamos derechos de autor. A ti te hice pasar más cosas en el menor tiempo posible que a mis propios amigos del secundario, imposible no mencionar eso. Los bastardos se sentirán traicionados si les dices, mantén el secreto —cambió el tema veloz, cogiendo una tostadita generando así un antojo enorme a comerse la canastilla completa—. El día de la botella… Madre mía. No me alcanzaría la billetera o la vida para agradecer tu ayuda.

Reflejo inconsciente: pasó la mano por encima de la mesa abriendo la palma, la joven aceptó el gesto sintiendo el calor corporal en manera reconfortante. Le dio un apretón suave posando sus ojos cargados de aprecio e intensa bondad.

—Un Ferrari dorado es mi única petición. —le sonrió.

—Claro: que esté estacionado en frente al Burj Khalifa rodeado por mujeres exóticas, ¿no?

—¡Hablamos el mismo idioma! —Terminado su grisín cogió una tostadita—. Ya, hablando en serio: me sirvió para no estar toda la noche aterrado. Lástima que tu suelo no es tan cómodo y dormir a tus pies fue algo "interesante". —la castaña abrió la boca aunque fue interrumpida—. Sí: me dormí allí. Reconozco haber recibido algunas patadas o mascotas caminando por encima de mí. Tu perro negro me pisó los testículos un par de ocasiones y Rosie me mordisqueaba el cabello. De haber querido iba a por tu gata aunque la vi muy cómoda durmiendo cerca tuyo.

Soltó una carcajada al oír contenido relacionado a sus patadas; Jill también se quejó al cuidarla cuando niña de su actividad nocturna pateándole. La pobre mujer amanecía hecha un ovillo hacia un costado por estar ocupándole toda la cama o mostraba unos días después pequeños hematomas. ¡Nunca lo hizo a propósito sin embargo las evidencias allí estaban! Chris se quejó igual, Sherry siempre se lo refregaba y su madre le vetó de dormir juntas a partir de los nueve porque cuanto más crecía más fuerza adquiría.

—¡Puta madre! —Golpeó suavemente con el puño cerrado la mesa—. ¿Puedes creerlo? ¡Veinte años después y sigo haciendo lo mismo! Lo lamento mucho, si no hubiera estado así de mal te hubiese inflado el jodido colchón hinchable. Andará en alguna caja metido, honestamente hace mucho que no lo veo pero sé que está allí. ¡Lo presiento!

Rieron. Llevaron la comida; a Chelsea se le hizo agua la boca al ver el platón con los bastones dorados y sobre estos unos cristales de cloruro de sodio brillando a la luz. Calculando por los días del mes estaría desesperada antojando cualquier cosa: ese día eran las papas fritas. Lucían hermosas, probablemente sabían excepcional y le importaba muy poco ganar peso... ¿A quién engañaba? Unos días estaría tranquila, luego estaría trepando por las paredes gritándole a quien estuviera al alcance. Chocaron copas suavemente brindando por la velada, pidiendo tener otras más, disfrutando de la mutua compañía.

Ingirieron todo conversando temas varios desde el trabajo hasta llegar al tópico musical. La castaña reconoció tener cierta herencia materna, en menor medida los discos legados por su padre, reconoció haber escuchado mucha música europea a lo largo de veintiún años existiendo en el planeta. Recordó el tiempo en el cual su madre se bañó con música estadounidense allá por los ochenta y posteriormente noventa, contagiándolo todo a quienes convivieron varios años en la misma casa. Los buenos momentos entre ellas los pasaron yendo a ver bandas muy distintas entre sí: desde Green Day hasta Taylor Swift, Sherry siempre se sumaba. Prometió enviarle algunos videos del recital allá por el dos mil doce, recalcando el hecho de que sus pulmones funcionaban al tope de su capacidad y que si los reproducía fuera sin auriculares. Al ya ser más grande le llevó a Inglaterra a ver a Blur por nombrar a quien oía con más frecuencia, la sensación entre ambas fue impagable.

Luego creció, desarrolló su propio pensamiento crítico y su madre se agarraba del cabello protestando ante tanto desafío. Comenzaron a moverse en distintos círculos musicales junto a cuestiones de todo tipo, el contacto tan cercano se fue diluyendo gracias al tiempo en su paso inexorable e indetenible.

Ethan reconoció entonces una cuestión fundamental para él que corría en su familia, pidiéndole por favor que no se riera; al confesar que odiaba la música Country la joven no pudo contener la risa ante semejante contradicción, la ironía resultaba brillante y hasta se ahogó un instante. Una vez calmada el rubio reconoció el odio hacia ese género debido principalmente a que su padre, hermana mayor, madre y abuelos oían mucho. Desde niño le generó una aversión por tanto de lo mismo; le agradecía a Lorna y su fanatismo por Madonna. Posteriormente encontró sobre el dos mil por una radio a quien le dieron un espacio a Coldplay, luego a Keane. Aceptó el hecho de que escuchaba distintos tipos de géneros sin lamentar, le apasionaba descubrir nuevas tonadas y ritmos. La música cambiaba año tras año y eso le hacía feliz.

Entre la charla, la comida y el ambiente romántico se terminaron la primera botella. La de orbes ámbar entonces propuso pedir otra más, el caballero aceptó gustoso ya que ese jodido vino estaba espectacular. Terminaron la cena ya con media botella tomada pidiendo postre, él decantó por un tiramisú, ella por una copa helada con un poco de Whisky, nueces y manjar. Estómagos repletos, accedieron a pagar cada uno su parte correspondiente para luego marcharse a paso tranquilo; en el comercio comenzaban a menguar los clientes y al encontrarse solos en un aparte se reían más fuerte que si estuvieran en otro sector.

El alcohol ayudaba a estar jocosos al hacerse chistes.

Al entregar la cuenta con el dinero justo esperaron el recibo, la castaña fue a retocarse el maquillaje mientras Ethan le daba los últimos sorbos a su copa. ¡Si que la había pasado bien! ¡Años sin una cita y todo aconteció bien! Alegre, romanticón, "embarazado por la carne" y más podría decir. A veces la vida le deparaba cosas distintas a las imaginadas, siempre una vuelta más darías al encontrarte en el inmenso juego de las posibilidades. Imaginó que en ese punto ya casado sumándole a la ecuación un par de niños, en cambio estaba soltero ligando con quien estaba retocando su maquillaje y recuperándose de una horrible ruptura. Si: eso le sentaba fuerte. ¿Acaso armó un plan sobre el cual basar su vida? No, pero así era la norma familiar.

Encontrar a alguien, casarse, tener un par de hijos, vivir cómodamente en una casa de dos pisos aguardando la escuela, posteriormente el secundario y la universidad. Rompió varios moldes familiares desde el año anterior e intentaba sentirse cómodo en su piel, a veces flaqueaba un poco. Olvidar acciones, palabras, entredichos y más le sentaría bien. Entregaron el recibo deseándole buenas noches al tiempo en donde retiraban las copas y servilletas usadas, Chelsea apareció proponiendo salir, siguió su recomendación tendiéndole su mano mala en el proceso. Jugó la mejor carta ese preciso instante, quedó sorprendido al aceptarlo fundiendo así sus delgados dedos. Sintió una profunda calma al empujar la puerta encontrándose de caras con el fresco exterior.

En dirección contraria a la necesaria, dieron un par de pasos hacia la derecha examinando un complejo edilicio en construcción. Las ventanas ya estaban en su sitio, pintadas con cruces blancas para así identificar su existencia a los obreros; restaba colocar el acabado en pintura al recibidor inferior y al resto del lugar. Chelsea lo miró fijo varios minutos oyendo por sobre las palabras a su colega parloteando.

—¿Sabes? —Cortó ensoñadora—. Mi plan de vida era irme a vivir a un edificio. Debido a que soy una pésima vecina quien pone música hasta el tope a cualquier hora, mueve muebles sin que le importe una mierda y demás ahora me doy cuenta lo poco que pensé esa opción. ¿Cómo puedes aguantarlo?

—Ignoro al resto que vive cerca y procuro seguir mi vida haciendo lo que se me plazca. Es sencillo al final del día —replicó acariciando el dorso femenino con el pulgar—. La gente siempre habla, es lo único bueno de sus vidas. Comentar lo que el otro hace, reírse por sus elecciones, creer que son superiores. Básicamente ser mi madre.

—Mi mamá y la tuya se llevarían muy bien, ahora que lo pienso. —cogió un cigarrillo, encendió el mismo usando el mechero zippo que Chris le regaló mucho tiempo atrás—. Siempre queriendo dirigir al resto, ¡puaj! ¡Me enferma!

Le entregó uno sin esperar más que una aceptación, así lo hizo y en vez de tenderle el mechero le encendió ella el cilindro cancerígeno. Al hacerlo ambos ojos se encontraron una vez más, poseedores de un brillo distinto. La castaña sintió una profunda aceleración en todos sus sentidos, asociándolo a varias cosas más que el simple hecho de haber tomado casi una botella. Una corriente eléctrica descendente hacia… ¡Uf!

—¿Quién no hace eso? A veces es por amor, otras ocasiones es simple seguridad. Suelo hacerle eso a quienes me importan, ¿te enfermaría igual? —cuestionó hablando por lo bajo, balanceando el cigarrillo entre sus labios al hablar.

—Contigo es distinto.

—¿Ah si? —Le vio bajar el encendedor—. ¿Te importaría explicarme cómo?

—Pereza post tomar vino. —le sonrió ladinamente, parpadeando lento—. Mis respuestas deberían darte miedo.

—Ya quisieras, lo que menos me das es temor.

—Podría hundirte conmigo en cualquier instante. Soy una bomba de tiempo. Puedo ser el iceberg en tu viaje inaugural.

—Mentira: de tiempo no, sexual sí. —la castaña elevó entonces sus cejas agradecida por semejante cumplido, besando al aire en manera triunfal. Ethan se aproximó más a su cuerpo arrebatando el cilindro de sus labios, ella hizo lo mismo—. Me vuelves loco, ¿en qué idioma debo decírtelo?

—Hablo español, italiano y a veces alemán si te interesa. —Batió sus pestañas—. Todo gracias a mamá y sus extrañas maneras de mantenerme ocupada en los veranos.

—Oh, poliglota ¿eh? ¿Podrías enseñarme cómo decir "más razones para no dejarte ir" en italiano?

Cogió su mano izquierda suavemente, deslizando sus dedos sobre el brazo hasta llegar al hombro dispuesto a ir por su barbilla. Deseaba hacerle saber lo mucho que la quería brindándole un cálido y cariñoso beso, ambos lo merecían en manera abismal. La castaña podía percibir la respiración cerca de su rostro eligiendo alejar el cigarrillo al percibirlo aproximar. ¡Uf! ¡Todas las sensaciones a flor de piel!

—Estoy enferma —pronunció a tan solo centímetro del muchacho—, ¿no deberías pensarlo antes? Podrías terminar mal y yo no quiero hacerle mal al resto.

—Factores o no creo que te elegiré igual aunque tuvieras un puñal en el bolsillo, no hay nada más grato que saberme en el lugar perfecto contigo.

En forma juguetona se alejó sin mirar hacia atrás, clavando sus ojos en los suyos mientras daba una pitada al cigarrillo; Ethan alcanzó su mano al tiempo donde ambos brazos se alejaban, sosteniendo sus dedos firmemente para luego darle un empujón hacia sí mismo, invitándole a quedarse para siempre cerca a él. Le obligó a reírse igual a cuando tenía once años y andaba feliz de la vida por recuperar muchas cosas perdidas las primaveras anteriores. Quizá podría ser honesto al decir todas esas cosas bonitas, puede que estuviera pintando todo rosa obligándola a atarse a otra desabrida relación; ¿con cuál alternativa prefería quedarse? Por una vez en su existencia prefirió oír al positivismo en el área contraria a sus pensamientos.

Aceptó el accionar exhalando el humo hacia un costado al tiempo en donde él pasaba su mano mala hacia atrás, acariciando la espalda enfundada en el abrigo; rodeó su cuello y pegó sus labios a él sin siquiera importarle el resto de la ciudad latente, esperando arrancar nuevamente sus actividades la próximo mañana. Algún día se darían cariño así sin estar bajo los efectos de ningún vino o trago, aunque decidió haber sido una buena idea echarle unas cuantas probaditas a la bebida aligerando así su propio corazón. El musculo desarrolló una dura capa acorde al paso del tiempo, tantos desengaños amorosos vividos y varios sinsabores en otros ámbitos. Intentaba picarla, destruirla, mas la muy obstinada se arraigaba firme. ¿Podría ser ese el principio del fin? ¿Haber encontrado la manera para despedazarla liberándole?

Esperaba que si, rezaba a todos los santos de todas las religiones encontrar la respuesta afirmativa.


Intensa sería la paliza que podría propinarle al imbécil por hacerle perder tiempo hurgando su apartamento, aunque se desquitó sintiendo cierta satisfacción pateando a la asquerosa gata negra que bufaba histérica al verle. ¡Creía haberle dado un buen tiempo junto a ella! Si: claramente odiaba a ese felino y ningún tiempo en proximidad a ese ser vivo fue grato, pero podía considerar algo bueno no haberle arrojado a la calle en el medio de Austin para ser arrollada por un coche o algo. Maldita bolsa de pulgas malagradecida; patearle fue muy tranquilizador. No odiaba a los animales, odiaba lisa y llanamente a toda posesión crédula en manos del tipo Winters porque recordaba cuanto esfuerzo debió "aplicar" a la convivencia, sin contar a deber soportar a todo allegado suyo quienes siempre sospecharon cosas malas respecto a ella.

¿Podía culparlos? La respuesta era negativa. Nunca debieron bajar la guardia dejándole entrar, ahora "por desgracia" no podía dejarlos tranquilos. Ethan empezó algo y el muy sin huevos debería soportar las decisiones. Él se acostó con ella estando ya en pareja junto a una mujer medio pelo, él propuso casamiento obligándole a unirse definitivamente (aunque muy buena tapadera para sus actividades ilícitas según palabras del jefe); él arruinó todo en Luisiana apareciéndose igual a un puto príncipe en una brillante armadura… En realidad lo que más hizo fue salvar a inocentes ya que el proyecto Evelin terminaría arruinando todo el sur estadounidense, pero en la cabeza de Loretta el asunto en completo recaía en otros, no en su propia persona.

Odiaba absolutamente a todo ser vivo posible esa noche, agradecía no tener ni siquiera un amigo al cual confiarle. ¿Para qué? ¿Qué era la amistad, mejor dicho? Una unión invisible entre dos personas con intereses similares quienes alcanzaron intercambiar un par de meses de conversaciones. Nada más; no valían la pena. Cualquier similitud a lo que otros consideraban una amistad simplemente se le antojaba un eufemismo idiota, no sentía ninguna clase de nexo bajo ningún aspecto. Quizá los obligó a diluirse, quizá el tiempo simplemente metió su puta mano en el medio arrancándole la posibilidad de confraternizar. De cualquier forma le importaba un bledo. Al final quienes fueron sus amigos terminaron trabajando en su contra por lo que debió visitarlos y posteriormente ejecutarlos. No derramó ni una lagrima a posteriori ni tampoco sintió vacilación alguna al apuntarles en la nuca.

No valían la pena ya que ser una persona solitaria quien cambia constantemente el nombre dictaba eso. «Ojalá quien haya inventado esa estupidez de "tus amigos son la familia que tú eliges" sufra mucho. Tantas estupideces en el mundo lo afectan a sobremanera.» Tantas estupideces causaron veinte años atrás el desastre en Raccoon el cual originó más deseos entre las compañías farmacéuticas a meter mano en el putrefacto pastel, y gente como ella se vio acompañada por un buen empleo sumado a la posibilidad de liberar frustraciones disparándole a quien se le pusiera en frente.

Lo merecían, la raza humana deseaba ser lo más grande obteniendo solamente lo peor. ¡Ah! ¡Estaba tan enojada! Si tuviera a ese imbécil en cara le dispararía sin mediar una puta palabra, un balazo entre ceja y ceja arrancándole la posibilidad de sobrevivir. Ver la sangre ser escupida por el orificio mientras el cuerpo caía igual a una muñeca de trapo hacia atrás, alcanzando el suelo llenándolo de sangre caliente. Luego, por supuesto, iría por la zorra castaña. A ella le haría la vida imposible durante varios días, le gustaba torturar a la gente, arrancar uñas, romper rodillas o huesos en otros rincones del cuerpo, cortar falanges… Se le daba bien.

Gastó una hora y media de su preciadísimo tiempo revisando cada rincón imaginable, dejando todo en su sitio hasta no dar más de la furia e iniciando un arrebato furioso contra todo mueble. Arrojó todo en cualquier dirección al no encontrar información sustraída, solo asquerosas notas laborales, papelerío viejo y muchísimas fotos familiares. Odiaba a los mocosos a quienes le colocaron el titulo de sobrinos, a las madres y ex cuñadas suyas, a la puta de su ex suegra… ¡A todos! Antes de marcharse propinó otra patada aún más fuerte al animal quien se deslizó por el brillante suelo de madera para luego toser violentamente intentando recobrar el aire, hubiera dado otra más pero le dejó vivir. Ya se moriría con el tiempo, si inocular el cáncer fuera posible le hubiera inyectado algo así sufría hasta el final; Ethan por consiguiente igual.

Ni siquiera ir directo a donde el dispositivo de rastreo marcaba su coche alivió su malestar, los deseos asesinos internos en conflicto directo con las necesidades de su jefe. Si dependiera solo de sus deseos… La única cosa buena posible fue haber confirmado el jodido romance estilo "cuento de hadas" entre ambos, desde la esquina más alejada y binoculares en mano los observó hablarse muy cerca, fumar y posteriormente besarse apasionadamente. Tanto amor heterosexual le asqueaba idéntico a cualquier representación posible de la idea "amor". «El amor nunca resuelve nada, todos nos movemos por intereses internos. Una madre cría a sus hijos así resultan seres productivos para la sociedad, no para verlos felices de la vida casándose y trayendo más problemas al mundo.» Hizo varias fotos mientras se besaban, se volvían a hablar bien cerquita el uno del otro, retornaban al intercambio salivar. ¡Asco!

«¿Se dará cuenta el error al involucrarse en una relación con semejante loca? Seguro el imbécil este desea pegarse un tiro junto al amor de su vida si esta recae y quiere suicidarse. Mmm, me encantaría verlo.»

La próxima ocasión revisaría otra vez la casa de la Vickers esa, llevaría hasta un mazo para aplastar la cabeza de los animales si no encontraba ni un puto indicio o papel. La pobrecita no comprendía la gravedad de sus acciones ni tampoco cómo afectaría al resto, a aquellos a quienes quería. Empezaría por sus padres si no lograba hallar nada, luego los amigos familiares más cercanos, sus propios amigos y posteriormente al resto. Esa Birkin era muy cercana, el hijo del secretario presidencial Atkins aún más. Si se lo proponía generaría un jodido baño de sangre. Y lo generaría si le daban la autorización.

Ingresó al coche sin lograr calmar su rabia, arrojando la cámara al asiento del acompañante y acomodándose la peluca castaño claro con corte hasta la barbilla. Las mangas del jersey térmico bajo el suéter carmesí le hacían hervir los brazos, arremangó violentamente los mismos. Su vaquero negro junto a los borcegos sin tacón se le antojaba insoportable. Lo más cercano a la realidad era simplemente que gracias a la ira todo fuera desagradable, debería darse una buena relajada utilizando alguna droga sintética y durmiendo la mona. O matar vagabundos, cualquiera le fuera mejor a sus necesidades.

Aceleró virando hacia la derecha en dirección a la cariñosa pareja, la furia más extrema retornó a su cuerpo el cual lo transformó en adquirir mayor velocidad, el motor rugiendo, al tiempo en que pasaba al lado suyo sin delatarse. Fue simplemente un coche más avanzando peligroso en las calles, no la posible causa del deceso de Chelsea Vickers.


Intenso fue el beso subsiguiente al primero; le confirmó ser un buen besador para luego ser él quien plantara el acuchón más glorioso sentido en mucho tiempo por alguien no llamado Dennis. « ¡Madre! ¡No sé si será exclusivamente el vino o qué pero estoy cachonda!» No se dio cuenta de haber arrojado su cigarrillo a la acera ni tampoco estar siendo objeto fotográfico a la distancia, solo se percató el requerir aún mayor de su acompañante. Hundió sus dedos en el cabello mientras este abrazaba su zona lumbar haciéndole desear estar sintiendo sus extremidades en las nalgas, la fresca noche de golpe se transformó en el verano mismo en donde al bajar el sol continuaban sintiendo un fuego abrasador. Inclinó su cabeza hacia el costado izquierdo disfrutando el contacto muscular, el canje baboso y el cariño avasallador.

Fue espectacular, hasta podía oír en su cabeza fuegos artificiales imaginarios (corriendo el riesgo de creerse actriz hollywoodense) estallar sobre sus cuerpos iluminándolo todo mediante hermosos colores cálidos. El Cuatro de Julio era un átomo en comparación a la celebración imaginaria. Deseaba, requería, esperaba más de él; ser levantada en el aire así enredar sus piernas alrededor de su estrecha cadera masculina; recibirlo en el lecho después de probar su masculinidad. ¡Jesús se le pasaba muchas cosas en los sesos!

Separarse fue una tortura pero sentó bien; el par anhelaban mucho más aunque todavía no eran nada serio. Ethan no avanzaría más de la cuenta para no incomodar y Chelsea quería, por una vez en su triste vida, no ahogarse en los placeres lujuriosos. Ya bastante tenía consigo misma fumando, bebiendo y drogándose para callar los recuerdos de…

Un coche gris oscuro, brilloso, marca Ford del año dos mil y tantos pasó haciendo rugir el motor. Logró ver dentro muy a duras penas una persona quien parecía tensionado a la hora de agarrar el volante. Seguro al pobre diablo le pasaba algo feo e intentaba por todos los medios llegar a destino. Deseó buena suerte al conductor y poder solucionar sus problemas, se encontraba en un estado estupefacto meciéndose en un mar de codicia sexual. « ¿Eso solo sientes? ¿Deseos de revolcarte con él? ¡Te expresó sus sentimientos más profundos! ¿Así le pagarás?» Dijo una; «Tremenda ingrata resultas, querida. ¿Enserio solo piensas en sexo cuanto te abre el corazón? Das asco.» agregó otra voz; «Hazle un favor y mantente distante. Nada bueno puedes darle.»

Una dolorosa punzada impactó en su pecho al tiempo que daba un paso hacia atrás procurando mantener la cabeza gacha e intentando no mostrar sus ojos húmedos. Fue fantástico sin embargo sus demonios atacaban cuando sentía por fin algo bueno entorno a alguien más. ¿Acaso estaba condenada mentalmente a permanecer sola? ¿Alejar al resto sería lo mejor? Le apetecía un abrazo cariñoso de alguien quien pudiese darle el autoestima suficiente así no se desmoronaba. Su propio guía espiritual blandiendo una filosa espada cortando en dos a esas sombras desagradables, sus constantes perseguidores.

El muchacho no era estúpido e intuyó algo no estaba bien… ¿Seguirían siendo amigos? Vaya, esperaba avanzar. Esta encendió otro cigarrillo procurando evitar delatar sus emociones en ese instante, otra vez se sentía como una tonta. La rueda volvía al punto de salida habiendo hecho lo imposible para no retornar al mismo casillero. Una vez encendido le dio varias caladas nerviosas hasta casi pasar la mitad en apenas segundos, Ethan acabó el suyo disfrutando el sabor sin quitarle los ojos a la joven.

—¿Sucede algo? —inquirió una vez juntado valor. Otros clientes en el restaurante salían y se dirigían en su dirección; los dejó pasar hasta volver a preguntar—. ¿Hice algo mal?

—No, no eres tú. A decir verdad estuviste perfecto. —Le miró ahora sin poder ocultar el drama interno; le temblaba la voz al expresarle su malestar—. Soy yo el problema. Ya me iba del camino pensando cosas, creyendo idioteces hasta que empecé a darme cuenta lo básico de mi pensamiento.

De haber podido se hubiera golpeado el pecho con el puño cerrado intentando aplacar el pinchazo insoportable en el corazón; estaba con él quien jamás vio sus técnicas autodestructivas, sumado a los extraños en la calle. Debía permanecer oculto igual a la ocasión en la que Joe…

—¿Qué pensaste? Dímelo, podría estar pecando igual.

—No eres un juguete sexual, ya hasta me creía capaz de arrastrarte y… ¡Ah, Jesús bendito! —Tironeó un mechón en ademán fuerte—. ¿Lo ves? ¡Soy básica!

Él mismo quería llevarla a su casa, a su cama, demostrarle la clase de hombre que podía ser en ciertos ámbitos. Se contenía a duras penas sin embargo su imaginación corría la maratón de su vida.

—¿Acaso hay algún inconveniente en eso? —Ella lo miró clavándole sus ojos—. No eres básica ni nada por el estilo, eres un ser humano. ¿No es que hay una canción que dice "tu mente se ensucia aún más al llegar a cierta edad"?. No puedo mentirte: yo también lo pensé y lo vengo haciendo desde hace tiempo. —volvió a desviar la vista, le cogió la zurda libre—. Chelsea no sé que más te pasa pero sea lo que sea no me va a hacer daño. Creo que pasé las cosas más increíbles y asesinas en los últimos doce meses, nada de lo que digas, pienses o hagas me lastimará.

—Es que… —se aferró a él utilizando toda la intensidad posible—. Es nuestra historia la que está en juego aquí, y mi historia particular me habla, grita, que mientras me dices estas cosas tan lindas yo no lo siento, creo que hasta podrías estar mintiéndome descarado solo para darme falsas esperanzas. —suspiró derrotada—. No te merezco ni tú te mereces alguien tan mierda como yo.

El dolor transforma a las personas dice el viejo dicho, Ethan pudo verlo en primera persona e incluso experimentar en sus carnes los efectos en terceros. ¿Por qué era tan desconfiada? Sentía que en vez de hacerle mal podría incrementar los deseos de continuar en este mundo, darle la alegría suficiente todos los días hasta morirse; ser la compañera ideal para un muchacho como él, hacerle reír, rabiar, entristecerse… ¡Todo! Le abrazó sin percibir resistencia. Acarició su cabello al acabarse el cigarro arrojándolo lejos, besó su cabeza igual a un padre calmando a los niños luego de una pesadilla.

Un rato después decidieron poner fin al encuentro marchándose cada uno por su lado. Ethan acompañó a la castaña hasta su coche quien le despidió dándole un corto beso prometiendo llamarle al día siguiente; intentando liberar la tensión un instante recordó que aunque no se comunicaran se podrían ver en el trabajo de cualquier manera. Esta soltó una carcajada mientras meneaba la cabeza hacia los lados; esperó hasta verle marchar y regresó a su vehículo.


En el camino encendió otro cigarrillo pensando lo estúpida que fue al soltar esa retahíla emocional innecesaria. A la gente podría no importarle si se sentía miserable o no, si no confiaba en ellos lo suficiente. Le sucedía absolutamente con todos: nadie estaba exento de esa asquerosa inseguridad. Al relajarse utilizando la nicotina volvió en cuentas al deber solicitar un nuevo turno con quien se atendía; consumió el cilindro decidiendo encender otro, debía comprar más al día siguiente en algún almacén cercano o marchar directo a las grandes cadenas.

¿Cuántos fumó esa semana? Bueno, el día anterior fueron casi siete de veinte, el anterior al ayer cinco sumando un total de doce consumidos en dos días. Ese mismo sábado fumó alrededor de tres, convidó uno y se había decantado por otros tres más. Uno más en la plástica caja recordándose a sí misma haberlos comprado el miércoles cuando acabó la caja anterior. «No me están durando ni siquiera un segundo ya, estoy volviéndome igual a lo que me comentó Chris que le sucedía hace mucho tiempo. ¿Acaso no le prometí consumir cada vez menos?» Si, lo hizo. Pero como todas las cosas prometidas al hombre: ya estaba roto, igual al consumo excesivo alcohólico o fumarse más mariguana de la cuenta.

Falta tras falta, promesas incumplidas esparcidas cual vidrio estallado por doquier. ¿Así quería formar una nueva relación? «Estas cosas son mucho más que ponerle empeño. Ya soy fumadora y no tengo precisamente treinta años, bebo igual a un camionero y me drogo como hippie en los sesenta. ¿Llegaré a los treinta?» El círculo autodestructivo siempre podría más si no encontraba la forma en la cual dormir a sus crueles fantasmas; a veces las cosas se salían de control y solo encontraba la forma fácil a salir. Esa clase de pensamientos tan críticos consigo misma eran los causantes de todos los males, decidió al tiempo en donde prefirió saltarse un semáforo llegando en menos tiempo a su residencia, era imperioso el eliminarlos de raíz sin embargo todavía restaba mucho camino a recorrer.

Era joven: las cosas podrían solucionarse en muchos años viviendo una adultez y posterior vejez sin tocar esos vicios… La cuestión radicaba en conseguir enterrarlos para siempre logrando el tan esperado nirvana. Podría, si, el camino no sería recto sino sinuoso y repleto de baches con varias protestas gremiales en el medio y accidentes de todo tipo.

Aparcó en la calzada sobre su jardín apagando el cilindro consumido y dejándolo en el cenicero plástico color negro. Al día siguiente apestaría a rayos el vehículo pero ahora deseaba quitarse el vestido junto a los tacones; no podría decir que se vio libre de la maldición maternal por enamorarse perdidamente de prendas o calzado, lastimaban mucho aunque los atesoraba como lo hacía con las botas regaladas por su hermana o la chaqueta motoquera de Claire. Bajó rápido, pulsó el botón en el juego de llaves y cogió las del hogar ingresando al cálido entorno. Las mascotas comenzaron a ladrar desesperadas ante el retorno pidiendo ingresar, posando sus patas perrunas en el vidrio corredizo al patio; Sarah dormía plácidamente en su sitio favorito del sofá (contra el costado izquierdo visto desde atrás el cual daba hacia el pasillo directo a su habitación) sin percatarse la llegada.

Abrió a los canes acariciándolos y besándolos, yendo disparada a su habitación colocándose la ropa de entrecasa. La camiseta rosada con corazones que usaba para dormir luego de haberse quitado el sostén (¡libertad para sus senos!), una sudadera gris proveniente de la universidad donde Cara se especializó y la cual era usada al sentirse mal anímicamente, ahora la vestía por la cómoda conveniencia. Pantalones florales franela dejando los pies descalzos unos instantes hasta su posterior abrigo. Estiró un poco utilizando los ejercicios aprendidos en las clases de yoga sintiendo tronar su columna, brazos y tobillos. Listo: ahora podría sentarse a jugar un buen rato o perderse con el trabajo universitario a terminar.

Le apetecía una lata tónica por lo cual fue a su refrigerador tranquila, quitando horquillas del cabello desarmando un poco el peinado. Su maquillaje lucía tan bien que le daba pereza limpiarlo en totalidad. «Ah, antes de dormir le diré adiós. Semejante buen juego con las sombras debe ser llevado hasta casi tener el osito a mano.» Lata en mano volvió al living acompañando al cuarteto animal limpiándose sus partes íntimas, encendió la tele buscando algo para ver y posando sus piernas sobre la mesa de café. Sarah le miró al sentir su lomo ser acariciado con rostro de pocos amigos. Los ojos amarillentos casi idénticos a películas de brujas le hizo sonreír; Rosie entonces subió sobre su regazo sin invitación, lamiéndole la barbilla y posteriormente refregando su lomo contra el pecho. ¿Quién quería parecerse al gato?

Debió darle cariñitos a la caniche por igual, sumándose luego Dallas posteriormente Polly-Sue.

Llevaba medio refresco al percibir su bolso vibrar emanando al mismo tiempo la melodía seleccionada, estiró su delgado cuerpo hasta alcanzarlo y coger el dispositivo. Vio el número sintiéndose extrañada ante la prontitud del llamado.

—¿Ya me extrañas tanto? —dijo sonriendo.

El tono nervioso en el caballero le causó estupor.

—Necesito que vengas a mi casa, alguien entró y destrozó todo. —Aguardó unos instantes tragando saliva a duras penas—. Todo está patas para arriba...

Sobresaltada soltó el resto de la gaseosa en la mesa, apartando a los perros e ingresando a su habitación calzándose unas medias térmicas junto con las botas Uggs.

—No toques nada, llama inmediatamente a la policía que serviré de testigo. —Avanzó a la carrera cogiendo el bolso, dos manojos de llaves en su zurda, mirando igual a una amenaza a Dallas quien solía jugar con las cosas depositadas sobre la mesita; el perro se escondió bajo la misma—. Estoy en camino.

—Gracias. —Titubeó unos instantes más al tiempo en el cual la castaña ya estaba en su coche dándole ignición al motor—. Eh, te espero.

Colgó, marchándose de su casa veloz y esperando muy humildemente a que sus mascotas no hicieran desastres en su ausencia. Una meada podría pasar, ahora si se metían con el cesto de basura o la colada estarían en gravísimos problemas.

Arribó al departamento diez minutos después habiendo pasado por alto semáforos importantes o cruces peatonales sin siquiera mirar. Por suerte ese sábado no había un intenso movimiento y se sintió muy agradecida al no verse detenida por un oficial cumpliendo su deber; bajó desesperada haciendo malabares entre el bolso y los dos manojos enormes repletos de llaveros, presionando el portero eléctrico directo en el piso correspondiente y recibiendo el permiso a subir, oyendo el sistema chillar al abrir la cerradura. Los policías no habían arribado al lugar aún pero supuso que sería en cuestión de minutos; abordó el elevador finalmente poniendo orden a sus manos mientras pedía al aparato ir más deprisa.

Recibió el feo pasillo virando hacia la izquierda y al llegar a la puerta golpeó esta misma usando sus nudillos, al verse cara a cara con su amigo lo vio destrozado. Había llorado, de eso no podía caber duda, portaba en la diestra un portátil magullado y sin la tapa posterior donde reposaban los componentes necesarios. Sin pensarlo dos veces lo abrazó con fuerza intentando infundirle el mayor coraje posible ante esa situación, acariciando su espalda formando círculos cariñosos repitiéndole "saldrás de esta en un periquete", su voz atenuada gracias al contacto contra su suéter.

Se adentró mientras el rubio cerraba, posando su frente en la madera respirando lento. Al avanzar hasta la primera sala, el espectáculo fue igual de desolador al visto en su propia casa: los sofá cortados con saña, volteados sobre los asientos; la televisión pantalla plana incrustado contra la mesita de café de vidrio, rota sin remedio; la decoración de las paredes fue arrojada hacia la contraria abriendo pequeñas marcas en el yeso; fotografías familiares en el suelo hechas añicos. La cocina espacio tipo abierto lindera al living tenía las alacenas abiertas par a par, algunas de sus puertas desprendidas arrojadas contra el suelo y el contenido esparcido; platos, vasos, cubiertos, tazas, todo despedazado contra la mesada de antiguo granito negro; no tenía autorización para adentrarse a su habitación aunque percibía un aura similar.

Era Sarajevo representado en un espacio reducido. Percibió un nudo formarse en su garganta ante la impotencia ocasionada. Ethan se unió a ella aún blandiendo el ordenador en su diestra. Ninguno encontró palabras en ese momento, tampoco es que las necesitaran urgente; cogió la extremidad mala suavemente encarándolo e intentando hacerle mirar a los ojos. Negaba en silencio, destrozado.

—Llamé a la policía inmediatamente después de a ti —articuló dejando el dispositivo portátil sobre la isla, separaba el ambiente culinario de la sala recreativa—. Estarán aquí en cualquier momento.

Temía hablar y arruinarlo todo; eso era inmediata referencia a sus propias actividades. Prefirió guardar silencio acariciando su rostro, no aguantó verlo quebrar su semblante volviendo a llorar. Solo había un responsable directo sobre este incidente y creía tener las respuestas, mas no podía aseverar rotunda quién de toda la organización ingresó al apartamento. Si tuviera al perpetrador en sus narices no le quedarían huesos sanos…

Secó sus lágrimas utilizando el pulgar izquierdo, el tacto rasposo con sus mejillas se sentía extraño. «Oh, mi queridísimo Ethan. Lamento todo este absurdo desastre. Tú te mereces tener una mansión carísima, no un apartamento patas para arriba.» Quería besarlo aunque ese no era el momento oportuno; se dignó a acariciarlo sujetando su mano izquierda en el proceso; el portero cantó alegre la llegada del cuerpo policial. Le pidió que se quedara allí mientras ella abría y atendía, lo menos para hacerle el favor. Un par de agentes ingresó al apartamento sujetando sus cinturones negros sorprendidos ante el destrozo ocasionado en un allanamiento ilegal a su morada. Pidieron pasar a la habitación siempre acompañados por alguien externo a las fuerzas de la ley, Ethan fue quien se encaminó a su cuarto el cual estaba (apenas) en mejores condiciones.

Entonces solicitaron refuerzos al departamento de investigación especializado en escenas de crimen a recolectar huellas dactilares, era ya la una y cuarto al oír el llamado desde la recepción exterior. Mientras el nuevo equipo investigaba minucioso recolectando huellas pertenecientes al dueño augurando encontrar otra, el muchacho relataba todos los hechos a un oficial y Chelsea al otro. Ambas historias coincidían hasta que luego se bifurcaban al volver cada uno a su hogar, Ethan contó sus reacciones iniciales al encontrar su vida privada revuelta mientras que la castaña relató sus actividades en la casa desde el cambiarse de ropa hasta recibir el llamado. Anotaron cada detalle en sus tabletas electrónicas, llamando luego a central para así abrir un expediente.

Los casos correspondientes a cada uno encontraban similitudes en el modus operandi aunque todavía no tenían información sobre el perpetrador. Ni tampoco podían relacionarlo en la misma forma en la cual la joven lo hacía. Mantener el secreto le estaba quemando por dentro, y al intercambiar miradas fugaces supo entonces que Ethan ahora relacionaba lo acontecido a ciertos temas. Allí sintió una fuerte presión en el pecho, si deseaba culparla por todo no tendría problema en reconocer su responsabilidad. Al tiempo en donde se recogían muestras de tejido no concordante con las prendas vestidas por el caballero, fotografías en cada rincón posible y seguían registrando a por más indicios, la pareja se alejó unos instantes al pasillo lindero a las habitaciones y baño.

—No pienso achacarte toda la culpa primero y principal a que no entraste en mi apartamento a hacer toda esta mierda —comenzó de brazos cruzados, un poco más tranquilo—, pero esto es igual a lo que te pasó. Por lo poco que me contaste encuentro muchas similitudes.

—Es terrible que se hayan metido contigo si no somos íntimos en algo. Seguro pensaron que te incluí en algo de todo esto y por eso se metieron.

—La pregunta aquí es esta: si aparentemente soy su nuevo foco de atención, ¿cómo concluyeron que te ayudo? A parte de espiar un teléfono o una computadora, ¿qué indicio les dio a creer que yo estoy metido en lo mismo?

—Me paso por tu casa —respondió sintiendo un súbito despertar en su cabeza—, hablamos frecuente y salimos juntos. Todas estas cosas las sabrían si nos siguen permanentemente y creo, muy firme, que lo hacen. Al menos yo me seguiría si quiero averiguar ciertas cuestiones. —Meneó la cabeza—. Todo esto está muy jodido, hombre. Demasiado jodido.

—Me parece que ya es hora de pedir ayuda más profesional, ¿no crees? —Regañó frunciendo el ceño; debió desviar la mirada al sentir la intensidad verdosa sobre su piel—. Revolver una casa es una puta broma al lado de dispararte. Si ya llegaron a ese punto nada los va a parar hasta eliminarte del medio. Tus intenciones son buenas y si hablas con tus padres pidiéndoles ayuda quizá todo se resuelva mucho más rápido. —Estaba al borde de mentirle diciendo que lo había hecho, siendo frenada apenas abrió la boca—. Y no vengas con el cuento de que ya lo hiciste porque es obvio que no ni lo harás aunque te lo pida de rodillas. Sé muy bien las ganas por justicia que tienes en esto y no pienso discutir tus motivaciones ahora, esto está sobrepasando todas tus capacidades.

De haber cedido a sus histerias personales ya se hubiera alejado a otro rincón a fingir estar ayudando al resto, algo le mantenía en posición firme frente a él elevando la barbilla para prestarle atención. ¡Cómo odiaba sentirse una especie de estatua!

»Chelsea yo te adoro más de lo que puedo expresarte, y por eso mismo necesito que pidas ayuda a quien sea. Las cosas no se hacen a solas, mientras más conformen tu equipo mejores serán los resultados. ¿No escuchaste la expresión "dos cerebros piensan mejor que uno"? ¡No quiero perderte!

—Ya sé… ¡Uf! Tu no lo entiendes —articuló procurando que su voz no se quebrara al pensar en la señora V.

—¿No entiendo qué? —Dijo exasperado elevando el tono—. ¿Te da miedo hablarle a tu mamá o algo?

Le observó desviar la vista hacia la izquierda bajando la mirada, su lenguaje corporal le dio a entender dar en el clavo. Suspiró meneando la cabeza y apoyándose contra la pared a su lado. «Si hablo con mamá… ¡Me matará! Robé información sensible de la BSAA usando su puta tarjeta de acceso, me dedico a jugar al detective en mi casa y me juego el pellejo todos los días al salir a la calle. ¿Le quedarán motivos suficientemente fuertes como para no ahorcarme en la plaza? ¿Para seguir considerándome una bendición en vez de una maldición?» Ethan tenía razón mas no podía seguir sus consejos así a la ligera. Eso significaría morir a manos de su madre quien se cabrearía como nunca antes, Emily Whiteland de Vickers no soportaba la estupidez o que su hija robara cosas suyas igual a las veces en donde se llevaba dinero de su cartera.

—Habla con ella. Si es necesario te acompañaré y le pediremos a Parker que interceda.

—¿Bromeas? ¡Parker querrá estrangularme igual que mamá!

—No estrangularía a Parker porque me cae bien, sí los frenaría si me lo dejas como tarea. Es más racional que tu madre y te ama, estará muy cabreado obviamente pero querrá ayudarte.

Chelsea exhaló exasperada intentando calmarse; sentía un temblor general desde los pies hasta el último cabello. Si podía solucionar las cosas mantendría todo en el secreto más guardado que el asesinato de Kennedy o las supuestas conspiraciones para derrocar gobiernos en países extranjeros. Incluir a su madre en la ecuación le dejaba un sabor tan amargo, Emily Vickers se caracterizaba por ser excesivamente intransigente si se lo proponía. Aparentemente eso fue heredado del carácter de quien la cuidó, el tipo ese llamado Alexander a quien, si lo tuviera en frente, estaría haciéndole llorar por cada actitud excesiva impuesta sobre su madre. Rascó con fuerza su rostro dejando líneas rojizas en el mismo, intentaba ordenar la totalidad de pensamientos mientras procuraba lucir tranquila frente a los investigadores.

—Ya veré qué hacer. Ahora hay otras cosas que nos deberían quitar el sueño.

¿Debería enfrentarse a ese carácter si comenzaban a salir oficialmente como pareja? De seguro. Besó su frente cariñosamente dejándole descolocada al tiempo que percibía una presión fuerte en su estomago; adoraba ese tipo de besos tan amorosos, le reafirmaban la mente y el alma. Le recordaba a las múltiples ocasiones en las cuales los adultos le decían cuando niña que todo estaría bien, que los monstruos ya se fueron a su universo. Retornaron a sus puestos mientras un oficial encargado de recolectar huellas informaba tener una en específico, posada en la tapa superior del portátil destrozado. «Un buen principio. Igual si yo fuera a romper algo en casa ajena utilizaría guantes hasta para respirar. No tiene sentido pero me cercioraría de no dejar huellas

El polvo especial marcaba medio registro dactilar, quien lo recolectaba utilizando una cinta especial admitió ser mejor a nada. Podrían intentar obtener una coincidencia en la base nacional de criminales pese a llevarles un poquito más de tiempo. Eso calmó al rubio aunque le dejó inquieto. Tendrían huellas y un posible culpable: ¿deseaba saber quién fue? Los oficiales entonces llamaron a Chelsea hacia un rincón, esta sintió su sexto sentido alerta debido al tono utilizado. El oficial medio calvo y joven miraba hacia el televisor hecho añicos, al aproximarse comenzó a cuestionar si no presentía algo feo entre su caso y el acontecido horas atrás.

«Oh si, esto está que arde. Verá: la cosa es que estoy usando información confidencial como si fuera un librito de cuento para niños por razones personales de venganza y justicia. Me huele a que si a mí me dispararon a Ethan le pueden hacer algo peor, pero no voy a decírselo porque puedo terminar en la cárcel gracias a las nuevas leyes contra el robo informático, sumado al uso indebido de información crítica en casos biológicos. ¿Opina usted que mi culo está prendido fuego?»

Fingió (al menos intentó) no saber nada agregando una treta sobre estar asustada. Estaba aterrada obviamente pero delatarse no sería ideal. El agente entonces habló sobre unir ambos casos ya que una corazonada le decía que podrían estar vinculados, dejándoselo al investigador Moore y su equipo. Al oír ese nombre sintió un escalofrío generado por la proximidad con su familia. Edgar podría ayudarle gracias a ser un viejo conocido de sus padres, precisamente del señor Vickers; investigó sus dos secuestros sumado a otros descalabros en la tranquila vida familiar. Lo apreciaba pero prefería tenerlo lejos. Ese hombre con buen corazón siempre estaba metido en los momentos más trágicos y le traía cierta grima…

Prosiguieron la charla unos minutos más hasta finalizarla, volviendo al lado de su amigo quien veía al equipo especial finalizar sus tareas. Ya eran las dos de la mañana y todo el mundo estaba cansado. Fue un sábado muy emotivo, el domingo comenzaba con el pie izquierdo pese a haber transcurrido feliz al principio del fin de semana. «Si tenemos más citas deben terminar bien si o si, ya es imposible seguir este ritmo de tener acontecimientos feos en medio de una salida romántica. » solo llevaban dos citas… El personal se marchó quince minutos después, dejando a la pareja en un entorno deshecho maliciosamente. ¿Acaso todos los ex siempre resultaban el mismísimo Lucifer?

Ethan erigió el único taburete sano sentándose en él teniendo sus hombros caídos, ojos en blanco, sus manos abrazándose la una a la otra. Verlo así desolado rompió su oscuro corazón, se paró frente suyo acariciando su brazo. «Si alguna vez llego a tener a quien hizo esto juro por Dios que lo va a pagar.» No consiguió cambiarle el humor, decidió al menos preparar una parte de la casa así se recostaba a descansar. Lo menos que podría hacer sería asistirlo en un proceso tan delicado como podía ser acomodarlo todo.

Sin pedir permiso le dejó solo mientras conducía su cuerpo hasta la habitación, oyendo gruñidos felinos bajo la cama y un bufido al aproximarse.

Las camisas (tenía una trillonada) esparcidas sobre el lecho, pantalones de distintos materiales igual; papeles personales del estado texano sumado a cosas médicas privadas en el suelo. Cojines cortados a la mitad, las sabanas descorridas; almohadas en el otro extremo arrojadas en la esquina lindera a la calle; el lumínico par apoyado en las mesitas de noche caídos sobre la superficie y en el suelo. Recordó lo feo que se sintió ver sus pertenencias movidas fuera de su sitio por un extraño, ¿sería el mismo? Probabilidad enorme. Oyó otro bufido al pisar cerca a la cama, agachó su cuerpo mirando por debajo y encontrando a Skittles asustada hasta las orejas, mirándole fijo creyendo ser la misma amenaza anterior.

—Oh, así que allí estas. —alargó la mano intentando hacerle salir del refugio y recibiendo un rasguño; soltó groserías al retirar rápidamente la extremidad y mirar la herida, ni siquiera era profundo pero ardía como mil demonios—. Soy aliado, gata estúpida.

Incorporó irritada quedando sobre sus rodillas juntando ecografías, radiografías, análisis de sangre y recomendaciones psicológicas. Depositó todo en una pila cerca a la antigua cómoda algo dañada en sus esquinas, prosiguió juntando las almohadas colocándolas apartando luego los cojines dañados. Examinó ambos pares creyendo ser sencillo arreglándolos utilizando la fiel aguja junto con un hilo, sabía hacerlo gracias a su abuela Constanza (prefería coser sin dedal, el puto pedazo metálico incomodaba más que proteger) empecinada en obligarla a hablar italiano e inculcarle un "verdadero oficio femenino". Pediría permiso al dueño. Lámparas acomodadas iluminando respetuosamente la estancia en colores cálidos.

Tendió las sabanas luego de haber colgado todas las camisas: ¡ese hombre tenía más cantidad que ella zapatos! Hubo doblado pantalones juntándolos en pilas sin percatarse estar siendo observada desde el umbral. Ethan carraspeó la garganta sobresaltándola, casi se le salen las tripas al oírlo y le lanzó un dedo medio al verlo ingresar a su propia habitación. El muchacho miró por debajo de su cama cogiendo a la felina; temblaba y lloriqueaban sus ojos amarillos.

—Le hicieron daño —murmuró acariciando su cabeza; la de orbes ámbar lo supuso al borde de llorar otra vez—. Está asustada y tiembla al tocarle la barriga.

—De haberme dejado la hubiera cogido antes, los siento —replicó sin apartar sus ojos, terminando la cuarta pila solo de bermudas.

—Lastimaron a mi bebé… —cambió a semblante furioso—. ¿Qué clase de ser repleto de mierda hace cosas como estas? ¡Es una gata indefensa!

«¿Con esas garras? Muy indefensa no es si hablamos en serio. Me debes una mano si consideras que esas no son garras.» Ni siquiera pensó en decir aquello.

—Lo siento mucho, Eth. —posó una mano sobre su hombro izquierdo—. Esto en general es una situación de mierda y hasta tu gata se ve afectada. Demasiado buen tipo eres para recibir este destrato.

El de orbes verdes depositó cuidadosamente a la felina sobre la mullida superficie, esta descendió segundos después dirigiéndose al baño donde estaban sus piedras sanitarias. La pobre se orinó bajo la cama al esconderse y llevaba cierto tiempo allí, tenía hambre junto a una sed desesperante. Chelsea dejó reposar su cabeza pegada al delgado brazo masculino, quien le tomó la diestra entre su zurda dejando sus ojos perdidos recorrer cualquier camino deseado. Estar en silencio fue reparador, solo oían las respiraciones del otro percibiendo una calma tensa teñida al rojo más candente posible.

Bajó sus defensas al sentirse sumida en una pausa serena junto a alguien tan bueno, amistoso y puro. No conocía los detalles del resto de su vida, solo los necesarios siendo poco a poco la revelación en ambos. Le contó cosas muy preciadas en torno a su lazo familiar por ende debería esforzarse un poco más en dejarse conocer; ¿cómo sabía que no lo usaría en su contra? Sabía su condición fundamental, aquella que amenazaba constante idéntico a un monstruo aterrador durante una noche oscura y solitaria. Su infección igual, compartían el pesado secreto heredado de Umbrella. La protegía, velaba por su seguridad constantemente, servía a la par si requería una ayuda respecto a su ex pareja. La quería: él mismo lo dijo. No, mejor aún: le adoraba. ¿Pero no fue Joe quien también se aprovecho?

«¡Jesús, cállate ya!» retó a su dualidad negativa. En la sala de control cerebral las palancas definitivas se vieron averiadas nublándole el juicio igual a una fría noche invernal, todo siendo posible únicamente contando los segundos. Así funcionaban las cosas en su cabeza: por tiempo determinado.

Decidió mentalmente concretar una nueva cita con la doctora posterior a esto para volver a charlar todas sus inseguridades respecto a los hombres; al menos hablaría positivamente sobre Ethan en una situación estresante y lo caballero que era. También agregaría su lado romántico intentando hacer una reaparición triunfal como los mejores artistas hollywoodenses del pasado, al menos los que terminaban poseyendo otra vez la aceptación pública. Agregaría el hecho de ser perfecto en su tabla de valores respecto a qué muchacho podría gustarle para…

En un cambio de perspectiva él dirigió su rostro al femenino uniéndose en un beso cargado de ansiedad, amor y necesidad. ¡Dios estaba en una habitación! ¡Terreno prohibido! Se despertarían los encargados del pensamiento sexual, insistiéndole arrebatarse la ropa así gozar de una velada trágica junto a otra persona igual de rota. Le hablaba una vocecilla lejana diciéndole lo incorrecto que era y cómo se arrepentiría en apenas unas horas: se desconectó deslizando sus delicadas manos por la espalda en manera ascendente y descendente; él pasó sus largos dedos por la nuca hasta depositarlos en la zona lumbar, acabando por pegarla contra sí desesperado; Chelsea sabía bien que esa situación no podía acabar en la forma que deseaba pero anhelaba saber hasta qué limite podrían cruzar.

Sintió la carne ajena unida a su cuerpo, su abdomen respirando irregular al introducir su lengua. Se dejó poseer ante su masculinidad, envolviéndolo utilizando sus brazos y respirando entrecortada hasta que ambos cuerpos cayeron sobre el lecho. Introdujo las extremidades bajo la camisa, se desacomodó un poco al arañarle la tela sintiendo un cosquilleo íntimo. Seguro ya era un río allí abajo y poco le importó: sería más fácil si llegaban a esa instancia.

Ethan codiciaba conocer el cuerpo femenino hasta saciarse una y otra vez, sentir la poderosa presencia llamada Chelsea Vickers inundar su alma; hacerla suya hasta oírla gritar, temblar, volverse loca. La quería a ella, esperó toda su vida por una mujer así sin importarle las imperfecciones. La fuerza mística del deseo amoroso actuaba sobre él sin ofrecer misericordia obligándole a quitarse la sudadera, no encontró resistencia apreciando una ajustada camiseta acorazonada. Bajó su rostro hacia el busto, la marca explicita de unos pezones erectos lo empujó más allá de cualquier limite. Mordió suave el izquierdo, percibió el cuerpo tensarse y su torso elevarse un poco igual a estar pidiendo más. La joven enredó sus dedos en el cabello, estrujándolo al sentir ese cosquilleo asesino en su seno derecho. Temblaba su entrepierna ante el contacto casi sexual.

Acarició sus curvas en la cintura, su ancha cadera; pegó su pelvis a la femenina al tiempo en que ascendía directo a su rostro, pegando sus labios y lengua desesperada. Recorrió su cuello besando la extensión cutánea perfumada utilizando una sensual fragancia, estaba tan caliente que solo pensaba una cosa: si le quedaban los adorables condones en el cajón. Su lado racional le repetía una y otra vez detenerse, mas su lado pecaminoso simplemente calló esas voces obligándole a introducir las manos bajo las prendas y sentir la cálida piel de la cintura. Elevó la camiseta unos centímetros dejando al descubierto el abdomen, cogió un pecho colocándole un pulgar sobre el pezón al tiempo en que movía su dedo en círculos.

Deslizaría aún más lejos si presentaba el consentimiento necesario. Imploraba no obtenerlo tan rápido: debía ser especial su primera vez juntos. Dejarse caer por el deseo animal no era bueno, así comenzó antes y no quería repetir los mismos errores. Chelsea merecía más: más cariño, amor, paciencia, buena vibra.

La joven deseaba arrancarle las prendas a sabiendas lo malo que podía ser; debería proceder con precaución o corría el riesgo de quemarse viva otra vez, romper su frágil corazón en un trillón de pedazos igual que en el pasado. Sin embargo se lo pedía: pedía a Ethan Winters. Apretó las delgadas nalgas inmiscuyéndose en la piel de sus glúteos, gimiendo y tensándose al sentir esas descargas directas a su corazón; desvió sus dedos hacia el frente justo al borde de... Vaya, encontró cada vez más presión allí abajo: queriéndolo separó sus piernas. « ¡Detente compañera! ¡Rescata ese poco de decencia personal para las siguientes citas!» Dijo una; « ¡Al carajo! ¡Que me lleve hasta donde quiere! ¡Hacerme suya!» contestó otra.

Sus manos enormes y venosas le hacían cosquillas al contacto, transmitían pequeñas descargas eléctricas desde los dedos en los pies hasta su cabeza. Se sentía muy bien tener esa clase de tratos.

Soltó un gemido al sentir la separación en su busto, pero él fue hacia otros lados. Se coló entre el feo pantalón de cadera elástica sintiendo las tiras de una tanga de encaje, creía tener a Junior al borde de estallar en su pantalón. Masajeó su glúteo izquierdo, acariciando su pierna, la gastada prenda inferior se bajaba cada vez más; estaba excitada en el sentido de necesitar urgente echarse sobre su cuerpo y montarlo hasta dejar de tener piernas. Ethan no encontraba la forma de mantenerse conforme: ansiaba cada milímetro cutáneo; posó nuevamente su mano sobre las costillas tanteándolas, haciéndole sentir un cosquilleo en dicha zona arrancándole una sonrisa; elevó centímetro a centímetro la tela, descubriendo el pliegue unificador del pecho al torso. Besó su abdomen cuantas veces quiso, sus manos traviesas se deslizaron hacia la zona pélvica rozando el pubis. Bordeó el límite de la insania al sujetar las tiras de la tanga y pensar en bajarlas, deseoso por probar el postre más satisfactorio en toda su vida.

Detuvo súbito la marcha echándose hacia atrás como si algo estuviera mal. Al rubio le costó afianzar su confianza en la decisión sabiendo a Junior espabilado como nunca: definitivamente Chelsea merecía algo superior al sexo calenturiento y su casa no estaba en condiciones para permitirse un encuentro sexual. La primera vez juntos tendría que ser especial para ambos. Casi como la tan llamada "primera vez". Serían quinceañeros retornando en el tiempo al unirse. Debían ir lento.

Se arrodilló frente a ella elevando la vista hasta el blanco techo controlando la respiración; la castaña sintió la razón y supuso que de haberse invertido los roles estuviera haciendo lo mismo. «Vaya, la próxima vez vendré con ropa más sensual que el jodido pantalón pijama. Definitivamente sabe tocar pezones. » Empujó su cuerpo con ayuda de sus manos hacia atrás mirándolo fijo sin poder calmarse. ¿Acaso en la sala la temperatura se elevó? ¡Uf! Bajó su camiseta al tiempo en que se echaba hacia atrás y elevaba los pantalones, el área inferior era un río embravecido a esas alturas… Vistió la sudadera, acomodó un mechón marcado en líneas curvilíneas tras la oreja, carraspeando la garganta y bajando los pies del edredón.

No había ocasión en donde su madre no estuviese gritándole desde lejos "¡Baja los pies!".

—Guau —exclamó por lo bajo mirando al cielo; temía posar sus ojos sobre ella y despertar el toro embravecido otra vez—. Eh, siento haberme pasado así. No voy a decir que no lo disfruté.

—No voy a levantar cargos en tu contra por esto, si ese es tu miedo —aclaró abrazando sus rodillas—. Fue impresionante. Tienes una habilidad para tocar pezones, lo reconozco.

—Dios, si no me hubiera frenado cuando lo hice esto habría terminado mal. —Frotó sus ojos, bajó la cabeza clavando sus ojos verdosos en su acompañante—. Me refiero a que hubiese terminado mal porque me estaba perdiendo y… ¡Uf! Em, me emocioné un poquitín. —cubrió su área genital con las manos.

—Ya, no le des más vueltas ni te tapes. —Apoyó sus palmas en la superficie dándose un envión hacia el borde, poniéndose de pie segundos después—. Que conste que ahora estoy un poco "calurosa".

—No me digas eso, por el amor de Dios —imploró efectuando una cómica mirada de perrito mojado—. Costó lo suficiente no desvestirte y hacer porquerías contigo.

—¿Le dices porquería al sexo? ¿Tienes catorce años? —rió—. Eres un pan de Dios, Ethan. Enserio te mereces el puto cielo. —le besó la punta de la nariz—. ¿Me abres? Prometo volver mañana si me necesitas para ordenar con mi traje de mucama sensual.

—Claro. —Ya de pie no evitó sentir la mirada en ciertas partes íntimas; marcharon hasta la salida sintiéndose atontado al retornar—. Y no lo traigas. Vente vestida como monja de clausura o me estallarán las bolas.

—Bombas de esperma, eso es nuevo para mí. ¡Fantástico! Las prefiero a que me vuelvan a agujerear a balazos. —Su amigo le dirigió una mirada incrédula, sacó su lengua a modo de respuesta—. Supongo que algún día no voy a tolerar esas palabras. —cogió el bolso sobre la isla de la cocina, rodeando la misma y saliendo por la abertura entre el pilar cuadrado y las encimeras de la cocina—. No me importaría mancharme las manos de vez en cuando, ¿sabes?

Allí mismo lo notó nervioso al haberle escuchado pronunciar esa oración. El pequeño Ethan espabiló y no se podía ocultar tras pantalones ajustados. «Que suerte que al ser mujer las cosas se pueden ocultar un poco mejor. Igual mis bragas son océanos ahora.»

—Te veré mañana.

—Es un trato. —caminó hacia el elevador sin oír el ruido de la puerta; volvió al trote encontrándolo allí de pie mirando hacia abajo abatido. Subió sobre las puntas del pie besándolo cálidamente en sus finos labios—. Para que no me extrañes.


Honesto consigo mismo no pudo quitarse esa noche de la cabeza en al menos dos semanas, aunque como buen muchacho intentó ocultarlo todo al día siguiente al deber ordenar. Debió adormecer sus pensamientos al rememorar la gloriosa corrida después de masturbarse pensando en lo que podría haber sucedido, al igual que vació el cesto del baño quien cargaba los pañuelos descartables y el pote de lubricante vacío. La conveniencia de ver su televisión estallada e inservible, deber comprar varios muebles nuevos e informar a quien era dueña del apartamento lo acontecido fue muy buena; del calentón pasó a estar frustrado junto a sentirse inseguro en su propio hogar. Mejoró su situación aún más gracias a sentirse culpable al deber forzar su cuenta bancaria, aunque podía pagar en cuotas en los centros comerciales o esperar unos días más a tener los descuentos promocionales de las tarjetas.

«Dios bendiga a este país impulsando el consumo.» La reacción a tomar por la mujer dueña le resultaba acojonante, una señora adusta arrugada con apariencia a degollar a quien le hiciera algo a su propiedad; al final se lo tomó bastante "bien" al oír que pagaría por los arreglos, estaba bien de salud y el caso se encontraba bajo investigación policial.

Fue una bocanada fresca si podía afirmarlo. Además no fue él quien lo hizo, jamás se le hubiese cruzado por la cabeza hacer algo semejante a un lugar que no era suyo.

Al juntarlo todo en bolsas para basura sintió varias punzadas, pegar con cinta fotografías importantísimas con sus amigos de la infancia "intentando pescar" o en juergas ya diez años viejas. Chelsea preparó café, barrió los cristales, volteó el sofá y cosió los almohadones en buena predisposición; la raya diagonal sentaba extraño, llevó pegatinas en forma de ojos haciendo creer que tuvieron una cirugía a corazón abierto. Rió lo suficiente como para despejarse, el café le fue genial y hasta preparó galletas con las pocas cosas sanas en las alacenas. Restablecieron la cantidad de utensilios perdidos gracias a una oferta del supermercado; la castaña hizo una pequeña escena al insistir en pagar las cosas ya que se sentía íntimamente responsable por lo sucedido, casi se enoja igual a las ocasiones en las cuales sus sobrinos se pasaban en capricho.

Chelsea se cabreó soltando "su responsabilidad" y más retahílas palabreras. Al final le dejó hacerlo ya que veía la situación no ir a ningún lado. «Admito haber encontrado similitudes en su forma de mosquearse a su madre. Es gracioso porque a ella la adoro pero no tolero a la doctora.»

Aconteció el tiempo encontrándose ya a finales de abril deseando entrar de cabeza al mes de mayo. El clima comenzó su transición al caluroso verano en el cual Chelsea se sentía viva. Ese mismo miércoles ya percibían al menos veintiséis grados en una de las prontas semanas calurosas, su cuerpo destemplado por el fresco de días pasados le dejó una leve alergia. Debió quedarse en cama una tarde en la cual iban a salir a pasear por el centro, su amiga se presentó a su apartamento con algunos saquitos de té descongestivo, pañuelos descartables y biscochos dulces. Fue el peor día para encontrarse ya que se sentía fatal, le lloriqueaban los ojos, su nariz estaba bloqueada y las mejillas sonrosadas. Levantó un poco de fiebre haciéndole doler el cuerpo. Su amiga al principio se rió ante sus quejas de "me duele la espalda" y "ay, mi cuerpo", luego pasó al nivel de leve aceptación y acabó diciéndole "te vas a acostar o te asesino en ese taburete de mierda".

Los hombres sintiéndose mal solían ser insoportables y comprobó en primera mano lo irritante en Ethan, tuvo varias experiencias cuidando amigos y familiares. Por suerte su padrastro era de quienes se quedaban en cama calladitos, bebiendo té e interesándose por no joder a nadie.

Se recuperó obsequiándole una hermosa rosa roja una semana después, la tarjeta entregada junto al presente le pedía disculpas al haber sido un incordio. Prometió pedirle mantenerse distante al saberlo enfermo en el futuro, recibiendo un mensaje en respuesta mediante el subtitulo en una foto a su tarjeta: "solo si te mantienes callado y no me haces enojar te visitaré". Al visitar a la joven en un tiempo muerto la vio con la ventana abierta fumando ilegalmente en el interior, en camisa mangas cortas utilizando la falda tubo reglamentaria. Prefirió quedarse sin sus zapatos deslizando los pies desnudos por el suelo de madera. Lo saludó arrojándole una margarita falsa directo al pecho gritando "¡Soy el hada mágica de la primavera!" riéndose a lo grande al verlo confundido. La colocó sobre su oreja mientras daba la última calada y apagaba el cilindro.

Para desconcertarlo aún más le entregó un "regalo primaveral" siendo algo muy importante. La bolsa de madera traducía a las claras haber sido comprado en un negocio de ropa formal masculina e intuyó qué sería. Lo reprendió al mirar dentro levantándose y golpeando su diestra usando una regla, pese a estar abrochados ambos extremos con grapas.

—Solo ábrelo fuera de mi vista —demandó apuntándole ahora a la cabeza—. Y me dirás después. No me obligues a clavarte más grapas en tu cuerpo o hacerte tragar esta regla. Ahora no tengo tiempo, debo repartir más felicidad en forma de polen. ¡A volar, Winters!

Volvió a trabajar sin intercambiar más palabras; al volver a su puesto abrió el regalo comprobando ser una camisa celeste con pequeños lunares azules en la tela, bajo esta una nota pequeña y otro sobre tamaño A4 escrito algo en una caligrafía excelente. Apreció el gesto extrayendo la nota y soltando una risotada ante sus compañeros, quienes pispiaban por el rabillo el nuevo ítem. "Admito que abuso de los chistes sobre cómo usas camisas, pero son para ti. Espero que uses ésta en nuestras futuras citas porque no te imagino vistiendo otra cosa. ¡Maldito seas, Texano en Camisa! Gracias por todo y perdón por tan poco, Chelsea." Sonrió bobalicón apartando la nota hacia un costado, cogiendo el sobre a continuación leyendo "para Ethan" escrito utilizando muchas curvas al escribir. «Que en el futuro escriba "lámeme toda, cielito" usando ésta caligrafía.»

Al extraer el contenido encontró un dibujo digital impreso en una hoja mate proveniente de alguna casa fotográfica de la ciudad, en el mismo se ilustraba él como el propio protagonista de su saga favorita protagonizando una matanza nazi, utilizando la misma chaqueta que "Terror Billy" en las imágenes promocionales y en la caja. Le fascinó el detalle en los cuerpos agujereados por las balas en su rifle junto con la pose fiera de su rostro. ¡Era excelente! En la esquina inferior derecha se veía como si la cámara hubiera sido salpicada por la sangre de los enemigos, en la otra una bota fuera de enfoque.

Quería gritar bien agudo lo hermoso que se veía y la felicidad consigo gracias a semejante gesto. Habrá costado mucho tiempo a la artista y debería recompensárselo.

Se sintió profundamente conmovido; extrajo el otro papel mate del fondo observando una postal algo extraña: su amiga portando un uniforme de oficial del ejército estadounidense, bigote y lentes de sol tipo aviador. Se notaba a las claras haber sido un trabajo regular utilizando Photoshop, más que nada por las inconsistencias en los tonos de la composición general, volviéndola aún más graciosa. No evitó entrar en un ataque de risa intentando no irse en volumen. Sus amigos hacían cosas extraordinarias a la hora de hacer bromas o imágenes graciosas, pero Chelsea les ganó a todos con su pose oficial frunciendo los labios y posando su rostro en tres cuartos de giro. Una flechita de papel pegada en la esquina izquierda indicaba voltear.

Tras la imagen más peculiar jamás vista había escrito otra dedicatoria: "ahora que ya te hice un buen trabajo grafico, conoce al Comandante McBochorno quien es una parte fundamental en nuestra organización. Ya te explicaré todo cuando me acuerde o me den ganas."

«Creo que alcancé un nivel de confianza altísimo para ver esta clase de cosas. Enserio: no me lo esperaba.»

Lo guardaría igual a si fuera un gran tesoro en su billetera. Esperaba no confundirlo entre los billetes y pagar por error utilizando esa "obra de arte". Meneaba la cabeza sonriendo. Recordó deber retirar los taburetes a quien le envió los mismos para repararlos, un simpático anciano poseedor de una tienda de muebles confeccionados por él mismo. A la salida pasaría ya que quedaba en la misma línea al volver, por ende no tendría ninguna excusa para no presentarse. Pasó el almuerzo en donde invitó a la joven a tomar algo fuera en algún local de comidas rápidas recibiendo como respuesta que preferiría ir a un negocio donde vendieran ensaladas; aparentemente fue dos días atrás con su hermana a comer a un Burger King ya que Sherry tuvo un antojo grasoso sumado a no verse en mucho tiempo, habiendo comido una hamburguesa triple y sentirse "medio culpable".

Aceptó la propuesta creyendo ser idóneo marchar juntos a un lugar así, presionándose a sí mismo a ser un futuro cliente en los días más pesados del calor veraniego, una ensaladilla deliciosa con jugo de limón y aceite de oliva podía transformar tu mundo en solo bocados.

Se encontraron en la puerta de la "caja de zapatos" así no tendrían problemas con el desagradable Joe. Le estaba por saludar utilizando un abrazo siendo atraído por el cuello de la camisa directo a sus carnosos labios; no admitiría haberle rodeado el rostro como respuesta, redoblando la apuesta girando su cabeza dejándose llevar en el profundo mar de sensaciones. Soltó una exclamación positiva al finalizar, dándole pie a explicar su peculiar saludo viéndola encoger sus hombros, mencionando que su psicóloga le ordenó escuchar a la voz favorable en el otro costado de su cabeza y esta le decía saludarlo como se debía: besándolo.

Si: las cosas comenzaban a escalar en un ritmo vertiginoso aunque ninguno de los dos planteaba todavía estar en una relación, sería muy agradable tener ese saborcillo indiscutible de la exclusividad aunque debía elaborar mejor el método en el cual proponérselo, sumado a darle un respiro ya que hacía poco tiempo reveló sus sentimientos. Quizá a Chelsea le pareciera algo "violento" formalizar una relación tan rápido y no precisaba ser rechazado. «Mi abuela Sonny siempre decía "todo a su tiempo". Aplicaré ese consejo una vez en mi vida.» Entregó su brazo a la joven mientras volvía del escritorio con su bolso en mano, caminando tranquilamente por los pasillos sin mosquearse ante las miradas que se iban acrecentando al verlos así de unidos.

Caminando dentro del patio central, charlando sobre temas variados del trabajo, se encontraron frente a una amenaza potencial con cabello rubio, gafas de marco negro cuadrado idénticos a los que estaban de moda, traje especial de investigación blanco brilloso. «Parece un jodido Stormtrooper pero más gruñón.»Emily parecía haber visto un fantasma conformado por dos seres humanos adultos sintiendo lindas sensaciones entre ellos, no apartó la vista del enlace típico de películas antiguas. Desvió sus ojos clavándolos asesina en los de su hija, fermentando el enojo más puro. Al llegar a su altura no los dejó continuar parándose firme frente suyo.

—¿Qué se supone que estás haciendo? —recriminó hablando entre dientes.

Le exasperó aún más ver a su hija elevar los hombros restándole importancia. Ethan permaneció al margen mientras deseaba ser neutralizado en millones de pedazos.

—¿Ir a almorzar quizá? Tengo hambre de ensaladas —replicó sin caer en el juego dialectico preferido de Emily—. ¿Quieres que te traiga una galleta al volver? Las de canela están en promoción.

—Ya hablaremos de esto. —señaló usando su dedo acusador en los dos, ida y vuelta.

Siguió su camino atravesándolos bruscamente y caminando apresurada, virando hacia el edificio tres donde requerían su asistencia en la sala de los investigadores secundarios.

La castaña no supo cómo pedirle disculpas ante semejante falta de profesionalidad, él prefirió desestimarlo creyendo que solo lo hacía para joderlo a él más que a su hija. Lo desconocido a su mente eran las claras intenciones maternas por enlazarla con otro hombre cual época medieval, y cómo el señor Winters comenzaba a ser un dolor en el culo al verlo pegado a su hija. Era una piedrita en su zapato y siempre que tenía una se las quitaba muy rápido de encima. Se arrepentía haberlo traído a la misma ciudad.

Comieron apaciblemente disfrutando los ventiladores andantes charlando sobre las ganas de empezar la estación cálida, Chels se mostraba exultante por invadir la casa de Chris que una piscina construida en el patio para los días de calor sofocante, sumando a jugar con Malcom y Alice y ganaba otro favor por entretenerlos mientras los padres hacían de las suyas, o se relajaban yendo al supermercado a llenar las alacenas sin tener un par de mellizos corriendo por los pasillos de cereales gritando "¡quiero esto mamá!". El verano también amenazaba recordándole a Ethan deber volver a Texas a visitar a su familia, volviendo a poner paños fríos entre su intransigente madre respecto a su abuela paterna y ser conejillo de sus sobrinos. Sería interesante para ambos, sin duda alguna.

La joven, al acabar el tazón de porcelana con una deliciosa ensalada César, soltó un chillido al sentir una puntada escalofriante en su hombro gracias a la humedad ambiental y un recuento elevado en viriones. Alertó a algunas personas a su alrededor y al camarero quien retiraba los platos, sujetó con fuerza el hombro intentando generar la presión necesaria así superaba al agudo dolor. Ethan entró en un estado ansioso ante el panorama, Chelsea intentó tranquilizarlo diciéndole que el asunto era más normal de lo que podía creer. Ocurrieron peores dolores en el pasado mientras se recuperaba en kinesiología para volver a caminar, en medio de longevas sesiones hospitalarias testeando distintas drogas.

Trató restarle importancia soltando ingeniosos comentarios, aunque quien tenía frente suyo parecía no estar conforme hasta verla radiante. Debieron marcharse rápidamente al observar el lado izquierdo del rostro tomando instancia flácida sin responder a las órdenes nerviosas. Correspondería inyectarse una dosis especial al llegar a su oficina; el rubio lamentó no haber llevado el coche al verle caminar dificultosamente dirigiendo su mirada hacia abajo, evitando mostrar su rostro al público. Era una vergüenza para la joven denotar su estado de salud a los demás.

Retornó a su puesto sintiendo el pepino y la cebolla al borde ser vomitados sin lograr apartar los acontecimientos. ¿Cómo podía afectar el hemisferio derecho así? Si se dormía el lado izquierdo entonces algo malo sucedía en el derecho. ¿Por qué a él no le pasaba? O peor: ¿podría ocurrirle lo mismo? Sintió temor ante perspectiva de permitir avanzar aquella sintomatología. Chelsea dijo lo normal que podía ser verle colgar un brazo en forma inútil pese volver a la normalidad al día siguiente; bromear frente al resto diciendo "oh, solo está exhausto de sostenerme al escribir"; ocultarse la mayor parte del tiempo evitando miradas.

Lejos de su conocimiento existían varias cepas utilizadas en las personas infectadas: Emily poseía la primera generación funcional en seres vivos, por ende padecía el triple de cosas frente a su hija o el señor Winters; Chelsea conformaba la segunda generación gracias a una colaboración con Joshua quien (teniendo su laboratorio subterráneo terminado y autorizado por el gobierno inglés) encontró varios fallos corregibles en la cadena de ADN, produciendo una estabilidad aún mayor en el portador gracias a una integración biológica entre el sistema inmune y el billón de viriones. En consecuencia padecía una escala mucho menor de síntomas que su madre, aunque si ocurrían podían desencadenar procesos desagradables. Él conformaba la tercera generación mejorada múltiples veces logrando una simbiosis completa con el ser humano teniendo un periodo de descanso (en el cual evitaba el daño neuronal) mucho menor, sumado a una reducción considerable en las manifestaciones físicas gracias a la estabilidad en la unión con la célula huésped y la taza de reproducción.

La biología y la genética se encontraban en una posición muy avanzada en el siglo XXI en consecuencia a los deseos desenfrenados de la anterior centuria. Además se trataba de un magnifico dolor en el culo intentar interpretarlo sin tener conocimiento suficiente.

Llamó varias veces esa noche verificando si todo iba en orden; la muchacha no evitó confesarle haberse quemado una mano en un pequeño accidente domestico preparándose la cena, de no haber sido por su impedimento el suceso nunca se hubiera consumado. Decir se quiso morir era poco. Amenazó con ir a verle si volvía a estar así al día siguiente, consiguiendo un estado anímico negativo hacia él recordándole haber vivido muchas ocasiones así sin que otros lo supieran, Ethan le planteó ser distinta la cosa con él ya que la quería demasiado y si algo malo le sucedía estaría arrepentido de por vida.

—Quemarse con el aceite es una idiotez, ¿no? ¿Y si la próxima es algo igual de grave a la noche de la botella? —argumentó convencido.

—Eres peor reina del drama que yo, Ethan. Si algo me llegara a pasar tú y mis padres serían quienes vengan a rescatarme, ¿sí? No me obligues a meterte mi brazo inmóvil por el culo —replicó fastidiada.

Exceso de preocupación no le traían buenos augurios ni recuerdos volviéndola hostil hacia el otro. Libertad: eso necesitaba. Ni siquiera le confesó no poder moverse ya que el asunto se extendió hasta su pierna izquierda, se sentía aletargada junto a apreciar un incremento en un ahogo progresivo gracias a una disminución en el funcionamiento del pulmón. Ya a esa altura comenzó a sentir miedo a que se le parara el corazón.

Sin llegar a ninguna conclusión satisfactoria prometió visitarlo el domingo (sábado tenía otro compromiso visitando a Connor para llenar de besos su carita) y contarle algunas cosas interesantes sobre su vida que creía meritorio. ¿Podía llamar interesante al hecho de cómo se infectó? Más bien se definía como "el día donde arruinaron su vida". Debía saberlo, interpretarlo y finalmente aceptarlo: era lo justo. Punzaba el bicho temeroso recalcándole la idea de "no confiar tanto en las personas", desoyó su palabrerío haciéndole caso a su terapeuta: Ethan significaba confianza, y debería no juzgarlo más.

Recalcó deber hacerlo así despegaba la vida ya que merecía vivirla, un gran paso a tomar sería formar una nueva relación así como lo fue en su momento aprender a conducir o mantenerse firme al decidir dónde y qué estudiar.

Fiel a su naturaleza amorosa esperó dicho día con ansias. Para su suerte ya tendría todo en orden después de mucho tiempo rearmando y comprando cosas. El momento llegó habiendo comprado sus donas favoritas, conversado sobre qué le apetecería beber, si a las cinco le parecía bien. Una hora antes sintió un nudo en sus tripas achacándolo al nerviosismo. No sabía qué esperar. Las palabras tan serias diciendo "debo contarte algo fuerte, estate preparado" le dejaron intrigado junto a una preocupación honesta. Al arribar presionó varias veces el portero eléctrico, le permitió subir para luego recibir un agradable abrazo luego de permitirle ingresar. «Ay, esperaba un ligero besito…» Vestía ropa de entrecasa haciéndole sentir bien al no haberse quitado la ropa cómoda y gastada, principalmente las sandalias negras de una sola tira ancha combinadas a medias blancas.

Ethan se dispuso a calentar agua en la tetera de acero sobre la hornilla al tiempo que escuchaba a su acompañante parlotear sobre varias cosas. Política, economía, lo mucho que odiaba a los republicanos, el clima, su dolor en la muñeca derecha gracias a un mal movimiento y más. No se cansaba, cazándolo todo en el aire igual a un campeón entendiendo a las mujeres. No por algo vivió varios años rodeado por sus hermanas y sus amigas. Entrometía algún comentario al oír un silencio expectante a su palabra, gratificante era oírla otra vez seguir su monologo. Cogió de la alacena superior la caja con donas, abriendo el empaque de cartón rosado y depositándolo sobre la isla. Chelsea ahogó un grito elevando su mano dispuesta a coger su dona favorita; antes de sentir el pegoteo dulce en sus yemas elevó los ojos deseosos a quien tenía en frente, preguntando sin hablar si podía tomar una. Le autorizó con un rápido asentimiento volviendo a preparar un sabroso té verde.

Sonrió mientras no era observado, esa reacción tan adorable le recordó a sus hermosos sobrinos cuando le tocaba cuidarlos. Al fondo de todo sarcasmo, dolor, roca y más Chelsea era tierna y simpática idéntica a un crio. La castaña se llevó la deliciosa comida a los labios: disfrutándola, saboreándola y evitando babearse como hacía últimamente. ¿Había algo más bochornoso que expulsar gotas de saliva al comer? Si: que tu madre deseara elegirte pareja, o tu carrera sumado al trabajo para sustentar tu vida.

Alabó el estado actual de los muebles. El arreglo hecho por su cuenta resultó magnifico: nada rechinaba, crujía o tambaleaba al abrir las puertas. Ethan se sintió bien al escuchar el cumplido diciendo que se volvió zurumbático intentando mantener algunas cosas en su lugar mientras ajustaba los tornillos, sin olvidar que su destornillador eléctrico era una porquería. Cargado o a media batería ajustaba lo mismo que hacerlo utilizando sus dedos. Volcó el agua en dos tazas blancas de borde irregular asemejándose a una flor.

Tendió el recipiente mientras rebuscaba el azúcar junto al edulcorante, dos cucharas y posa vasos metálicos en donde dejar los calientes saquitos. Prefirió quedarse de pie al haber estado sentado toda la mañana configurando una portátil nueva a un estado aceptable a su gusto. La tele nueva ocupaba mucho espacio en el rincón donde su antecesora se y debió hacer un plano general de la estancia, calcular a donde iría cada mueble. Desplazó un poco la mesa donde se posaría el televisor, los sillones y demás.

Chelsea mezcló el endulzante artificial mirando atenta su tasa, sonriéndole levemente mientras masticaba otro enorme bocado ultra dulce cubierto con chocolate. Se veía a las claras haber hecho un excelso trabajo, se felicitó a sí mismo dándose una palmadita mental. El calor en el recipiente se irradiaba hacia su extremidad buena al tiempo en el cual se cruzaba de brazos, mirándole atento aprendiendo a contemplar su belleza sin maquillaje, vestida con una sudadera gris oscuro hablando sobre una universidad fuera del país, grises pantalones deportivos y zapatillas blancas muy gastadas. Le gustaba si hubo dedicado horas en embellecerse, de entrecasa con una manchita de chocolate en la comisura izquierda, ojerosa y su cabello domado en una coleta.

«Madre, me encanta esta chica.»

La joven deseaba comenzar a hablar contándole todo de sí, ese suceso traumático aún a flor de piel tras haber pasado más de doce años; sentía un nudo en el estomago mas una necesidad imperiosa de domar todo malestar comiendo, se aferró a la taza caliente sin importarle. Ese psicópata cambió rotundamente su existencia, amenazó con sepultar su familia así sin más; la transformó en un monstruo, al tiempo en el cual lo hizo se rió sardónico gracias a su deseo por destrozar a su madre.

Al final se vio victorioso en todo lo propuesto salvo en una cosa: que Chelsea Vickers era difícil de matar. Igual a todos los protagonistas de Hollywood en sus películas cargadas en acción desenfrenada. Lo único que ella traía algo importante: ser una Vickers, quienes siempre eran muy tercos para todo.

—¿Sabes? A veces me siento incomoda por la idea de tenerte tanta confianza —reconoció evitando restar honestidad a sus palabras—. No sé, se me hace raro sentir eso con alguien a quien no conozco de años.

—No venderé tus secretos al FBI o la CIA, si eso te atemoriza.

—Oh no, eso ya los tienen. ¿No te acuerdas del caso ese donde se descubrió como recopilaban nuestros datos? ¿Allá por el 2013? Seguro los cabrones ven mi historial en línea y se asustan, tanto porno en una mujer debería ser ilegal. —Hizo reír al muchacho quien revolvía suavemente su bebida—. Me cuesta abrirme a la gente, Ethan. Es difícil después de haber soportado veinte años en mi cuerpo. Si hiciéramos cambios de roles puedo garantizarte una cosa: te volverías loco al aguantar lo que yo.

—Todos tenemos nuestros momentos difíciles, Chels.

—Sí, bueno. Eso ya lo sé, pero tú tuviste una infancia completamente distinta a la mía. Creciste rodeado por una familia estable que no busca arrancarle los ojos a la otra parte si ocurre una desgracia, no perdiste a tu papá en una ciudad en medio de Misuri porque el tipo tenía un problema al haber... —soltó aire—. Diría que convivir con conservadores amantes de los revólveres es mucho más atractivo que estar bajo constante amenaza al ser una gran ciudad.

—¿Qué tan malo? —Inquirió luego de darle el primer sorbo, habiéndose quemado el labio superior en la toma. Contuvo el aliento.

—Fue… —cogió el mango utilizando la diestra—. Es duro, eso puedo firmártelo aquí y ahora.

—Sea lo que sea quiero y debo escucharlo. Tú lo vales, y si pretendo que me tengas aún más confianza es mi obligación proporcionarte un hombro en el cual llorar y estar allí para ti siempre.

Lo miró dedicándole una triste sonrisa, sus ojos brillaban ante la luz fría de la estancia, su espalda recibía la luz diurna proveniente de un día soleado. Esos ojos removieron las tripas masculinas deseando abrazarle tan fuerte que le sería imposible irse sin él. Un ser tan delicado merecía un trato amoroso, especial; cauto requería ser ya que demasiado ahora podría ser fatal. Se secaría como una flor sin su presencia, debía ser muy listo.

—Gente como yo no merece personas tan lindas como tú. De eso estoy tan segura como que el sol se ocultará hoy.

—No te desmerezcas, eres increíble.

—Basta, o me obligarás a hacer cosas que todavía no quiero hacer. Como llorar a lágrima gorda en tu presencia —admitió tragándose el horrible nudo en la garganta; le costaba respirar.

—Dame tu mejor disparo, corazón —le retó—. Pretendo ser duro igual a un chaleco antibalas.

—Después de que te cuente todo esto sabrás porqué me da tanto miedo la oscuridad. —Dio un ligero sorbo, comprobando haber endulzado a la perfección—.La mitad de mis traumas también, o porqué a veces el mundo es demasiado para mí.


Trató de recordarlo todo hasta haberse despertado en aquel suelo duro y pegajoso, partes enteras parecían idas de su memoria. Se encontraba en el trabajo de su mamá tras un día en la escuela primaria, como Sherry debía juntarse con otros compañeros a terminar un trabajo de geografía debió ir si o si al la central de la BSSA en constante ampliación. No le molestaba ya debido a tener la cercanía de todos los conocidos allí, incluyendo esa semana a Rebecca quien le llevó un precioso recuerdo de Chicago, lugar donde residía y perfeccionaba sus habilidades. Jugaba tranquilamente en el alto edificio habiendo bajado a la cafetería a por unas chucherías, tenía hambre y no había comida en la ordenada oficina de su madre. Prometió volver en menos de diez minutos, si no lo hacía saldría a buscarle sin peros; Emily se tomaba muy a pecho la seguridad de su hija. Antes de virar hacia la derecha le llamó la atención el ruido proveniente de los "gritos guerreros" del nuevo pelotón. Jill se encargaba de su atenta supervisión escribiendo algunas notas en una tabla, observando muy de cerca cada movimiento.

Podría saludarla, ¿no? Al menos dos semanas pasaron de la última vez donde la vio y comieron galletitas juntas. La extrañaba ya que se comportaba muy lindo para con ella llevándole a pasear por el parque o comprándole helado de chocolate. Desvió su recorrido accediendo a sus deseos infantiles de saludarle abrazándole las piernas a la alta castaña.

Salió dando brincos alegres sujetando a Reggie (la jirafa eterna) por su patita delantera; un hermoso día a principio de primavera, el calor le recibió dándole su apetecible abrazo directo al cuerpecito aún vestido por las temperaturas frescas en la mañana. El enorme lugar poseía varios grupos juveniles entrenando; a lo lejos logró ver a quien vivía pegado a su mamá en una clara falta de respeto a su difunto papá. Trataba de no tenerle maña a nadie pero el señor castaño, barbudo y con una contextura física enorme no le dejaba opción. Bajó la mirada al verde césped donde encontró unas florecillas silvestres muy bonitas en color violeta, su favorito, esperando ser un regalo muy apetecible para su objetivo. Jill sentía debilidad por la flora fuera cual fuese, en su inocencia buscaba complacer a quien pudiera así no estaban tristes como su mamá la mayor parte del tiempo.

Empezó por las cuatro allí disponibles, luego otras tres un poco más alejadas en dirección a un conjunto de árboles frondosos en el extremo norte del predio, cogió dos más (más pequeñitas) y luego miró en derredor buscando otro conjunto; bajo un viejo árbol programado en desaparecer yacía una enorme cantidad cercano a donde dejaban de cortar el césped. No percibía nada malo en el ambiente más que el desagradable calor en sus pies gracias a las botas infantiles, aptas para el fresco mañanero y no para una tarde como la que estaban viviendo. Acercó en manera alegre al cumulo percibiendo la brisa caliente moverle los cabellos lacios, una cinta violeta funcionaba a modo de diadema apartándoselo del rostro.

Al coger al menos cinco calculó ser ya suficiente como pequeño presente, quien al voltear dirigiéndose en su búsqueda le vio mirándole fijo; el pelotón se levantaba del suelo habiendo hecho la cuota de abdominales y les correspondían las duchas recientemente inauguradas. La mujer entonces les permitió marchar ultimando algunos detalles en el informe semanal, levantando los ojos a cada rato en su dirección. ¿Serían suficientes en agrado? Seguro que sí: contó catorce. Le saludó como pudo siendo correspondido el gesto; el polen en el ambiente generaba picor en los ojos, nariz y garganta debiendo estornudar un par de veces para apalear la insoportable comezón.

El señor barbudo envió a sus reclutas al mismo destino aproximándose luego a quien tenía en mente; Chelsea sintió una punzada desagradable al verlo charlar junto a Jill obligándole a reducir la marcha. ¿Quién se creía que era? Aceptaba que sus golosinas o los huevos Kinder eran sabrosísimos pero nadie podría… ¿sobornarla? ¿Qué significaba eso? No importaba: no lograría convencerle sobre su inocencia. Demasiada cercanía a su mamá, Sherry parecía adorarlo también dejándole como la única mocosa malcriada en todo DC.

¿El mundo se volvió loco?

Bajó la mirada a su regalo al sentirse observada por ambos. Sus leggins le picaban en las piernas, buena elección al escoger la blusa larga blanca y holgada incorporando mangas cortas. «Quiero que se largue, que nos deje en paz. ¿Es mucho pedir?». Si, no comprendía las buenas razones en el corazón del "señor" Luciani con su madre. Un hombre queriendo continuar la partida de otro sin mosquearse, ¿acaso eso estaba mal? Además Parker deseaba agradarle a la hija ya que ella le agradaba a él, le parecía una niña hermosa, sus mejillas sonrosadas le daban deseos de estrujárselas igual que les hacía a sus hijos. Tan solo le faltaba edad madurativa para comprenderlo. Rascó la mejilla sin percatarse del hombre en traje infiltración detrás suyo, portando una máscara negra con varios respiradores a los costados; los adultos sí lo hicieron alertándose y cogiendo sus pistolas reglamentarias buscando defender a la pequeña.

Chelsea no evitó asustarse al verlos así: gritando y blandiendo armas. No le gustaban las mismas, le daban muy mala espina. Su mamá entonces apareció por la puerta al patio, virando su cabeza en múltiples direcciones buscando a su hija, fuera de sí; la localizó gritándole también echando a la carrera. ¿Qué le pasaba a la gente ese día? Se le ocurrió voltear a comprobar qué sucedía que generase tanto alboroto: algo a su espalda parecía ser perturbador. Una persona vestida raro se aproximaba corriendo teniendo en su diestra un paño blanco, soltó un grito agudo cargado con el terror más puro sin poder echar a correr en alguna dirección gracias a ser presa del pánico. Sintió su ropa interior humedecerse al expulsar un poco de orina mientras se aferraba a Reggie.

Jill le gritó fuera de sí incitándole a correrse, lo mismo su mamá aún recorriendo la distancia, Parker igual. El soldado entonces cubrió su nariz y boca obligándole a inhalar; intentó empujarlo utilizando todas sus fuerzas aunque el soldado se aferró aún más.

—¡Suéltame! —gritó aguda—. ¡Déjame ir!

Poco a poco perdió la capacidad de generar fuerza y acabó nublándose la vista dejándole fuera de combate. Perfecto para ser raptada en un lindo jueves primaveral.

No sabía si era de noche en el exterior, si la estarían buscando o dónde estaría Reggie. Lloró e imploró a sus captores recibirlo de nuevo, le suministraron más somníferos al ver que sus esfuerzos ordenándole permanecer en silencio no servían. Pateó puertas metálicas varias veces, gritó otros tantos pidiendo por su mamá, resultando todo en más gases sedantes. Pero eso transcurrió varios… ¿días? Ya no sabía cuándo dejaron de ordenarle que se callara, le trajeron comida asquerosa en una bandeja sin limpiar, llevaban a ella un especialista en "no sé qué" examinando sus signos vitales y extrayéndole sangre. Oyó gritos un tiempo atrás, gritos parecidos a los de su mamá cuando caía al suelo presa de dolores en su barriga muy fuertes. Esos sonaban más graves, masculinos: ¿habrán sido gritados por sus captores? ¿Murieron? ¿Se marcharon? Tenía miedo de responder a sus preguntas, tan solo deseaba abrazar a su mamá y que la pesadilla acabara.

Quería salir: en la habitación sellada, paredes cubiertas utilizando paneles de acero, un camastro duro y destartalado, suelo de cemento sucio y cubierto en su orina, apestaba a muerte. Se preguntó si habrían limpiado ese lugar alguna vez. Su mamá se habría vuelto loca limpiando dejándolo apto para su hija, utilizando abrasadores productos en sus manos desnudas ya que los guantes le daban una especie de alergia. La luz se fue unas horas antes luego de percibir una sacudida en el suelo, creyó haber estado en presencia de un terremoto sin haber experimentado uno. Un zumbido incesante se calló con el corte, ahora lograba oír los crujidos metálicos, gritos distantes, percibir el miedo en todo su ser.

Sus ojos acostumbraron a la falta lumínica. No tenía exactamente mucho espacio en el cual moverse tampoco, y sus piernecitas se acalambraban al estar sentada mucho tiempo en posición de loto. Cansada, hambrienta y deseosa de irse a casa. Nunca pasó mucho tiempo lejos de su madre ni tampoco deseó estar así, sentía una ansiedad al encontrarse indefensa frente a otros. Picó su garganta estimulando el reflejo de toser, al acabar sintió una maquinaria volver a funcionar en la distancia y devolviendo la luz en una lenta subida tensionaría. El zumbido retornó aunque ahora la puerta, quien permaneció emitiendo una lucecilla roja en la cerradura, brillaba en blanco; el cerrojo se abrió quedando entreabierta.

Una alegría mezclada al miedo se manifestó en su interior, sin embargo sentía ciertos recelos a la hora de acercarse a la puerta. ¿Y si los malos guardias estaban esperándole? Algo habría pasado. «Si no lo compruebas el especialista ese y el hombre malo que habla por el altavoz volverán.» Esa profunda voz, asesina, fría, burlándose ante su desgracia. Dijo que se alegraba de verla allí con él y eso mismo infundió un severo temor.

No había tiempo que perder si deseaba evitar cruzarse a esos individuos: acercó su menudo cuerpo a la abertura pispiando en el espacio entre el frio metal y el umbral. Nadie al otro lado, solo un apestoso pasillo. Aventuró fuera su cabeza corroborando creer estar en la última celda del pasillo: nadie a la vista. Salió pies de plomo procurando no hacer mucho ruido. Las demás celdas también estaban abiertas aunque dentro la gente parecía dormir…

Llegó hasta el final en el cual un arco magnético separaba el sector especial en donde los guardias se reunían en una pequeña sala antes de vigilar a los prisioneros; en este artefacto se emitían láseres que probablemente lastiman; formaban diversas formas geométricas debajo del arco impidiendo pasar un cuerpo sin activarlo. Una consola se encontraba hacia el lado derecho la cual funcionaba usando una tarjeta. ¡Cielos! ¡No tenía una! Un guardia yacía al otro lado del cerco laser y poseía una enganchada a su cinturón. Debía cogerla: agachó pasando su zurda por un pequeño triangulo libre de luz cercano al soldado caído, estirando su extremidad hasta llegar al límite, apenas rozando con la yema mayor.

« ¡Anda! ¡Un poquito más!» Continuar significaría lastimarse el hombro, aún así lo intentó utilizando todas las fuerzas. Logró moverla logrando cogerla luego de varios intentos. Una vez de pie buscó alguna ranura, solo se encontraban allí botones y una especie de rectángulo negro sobresaliente. « ¿Y si apoyo allí mismo? No perderé nada al intentarlo.» Hizo eso logrando romper la barrera laser. Soltó un gritito alegre mientras corría en dirección al próximo puesto antes de que se activara el campo. Al llegar al otro lado se preguntó hacia dónde ir. Ambos extremos se encontraban iluminados hasta llegar a una puerta doble, la cual disponía de vidrios rectangulares en la parte superior y solo traspasaba oscuridad

Algo le impulsó a moverse hacia la izquierda, pensando que la salida estaría más cercana si movía sus pies en aquella dirección. Trotó los metros divisorios entre la abertura y la bifurcación empujando la misma, empleó todas sus fuerzas logrando abrirse paso hacia el siguiente pasillo un poco más amplio. En ese mismo los tubos fluorescentes intentaban encenderse sin éxito, solo emanaban un ligero resplandor. Un par de puertas dobles junto a otro par simple, sangre se encontraba desparramada por el suelo, las paredes no se encontraban mucho mejor. Goteo sanguinolento caía delante de sus narices proveniente de un ducto de ventilación, no se animó a echar un vistazo decidiendo evitar pasar debajo.

Recorrer ese terrible lugar le dejaba una sensación extraña en el estomago así como también deseos de llorar. Habitaciones completamente a oscuras donde apenas si lograba encontrar la salida, ruidos paranormales junto a respiraciones jadeantes distando mucho de ser un ser humano exhausto al correr o hacer ejercicio. ¿Por qué con tan solo seis años merecía pasar semejante calvario? Solo quería jugar, pasarla bien y crecer para ser una mujer importante asemejándose a su mamá o a Jill misma. Contuvo las lagrimas a duras penas a sabiendas de que si comenzaba no pararía… ¿Le estarían buscando? ¿Se preocuparían por ella? ¿Ese corte anterior en el suministro eléctrico significaba algo? «No lo sé y quisiera saberlo. Igual a que quisiera poder ver tras el mostrador en donde atiende mi doctor.»

En una estancia enorme la cual poseía enormes estanterías metálicas, las cuales se encontraban volcadas, sin su contenido o aún conservándolo, encontró a un sujeto echado en el suelo contra unas cajas. Sangraba mucho y se sujetaba el costado izquierdo al tiempo en que su color cutáneo era blanco como la porcelana más fina. Titubeó si debía acercarse o no, el tipo le vio y llamó chistándole un par de veces. Obedeció llevándose consigo una palanqueta por si acaso.

—Tú debes ser la prisionera UB-67 —susurró, una punzada atravesó su extensión obligándole a detenerse—. Me sorprende que alguien hayas logrado salir tan fácil.

—Un señor murió y dejó esta tarjeta —replicó mostrándole el premio—. ¿Qué es este lugar? ¿Dónde estoy?

—No hay tiempo para eso ahora, niña. Tienes que salir de esta habitación y luego del hoyo del demonio que son estas instalaciones. Pasando estas dos próximas hileras de cajas hay una doble puerta cerrada. —señaló elevando la zurda en dirección diagonal, justo a donde las luces no brillaban—. Podrás abrir la mayoría usando esa jodida tarjeta. —metió la mano disponible en un bolsillo del pantalón cogiendo una pequeña linterna negra con un lazo ajustable en su parte posterior—. Está oscuro allí, esos monstruos de mierda están por todos lados. Úsala y asegúrate de permanecer bien callada. No querrás acabar como todos en este maldito lugar.

Reticente aceptó el regalo del caballero; honesta consigo misma podía ser al preferir no querer saber cómo terminaron los otros.

—¿Dónde se encuentra la salida? —consultó mirándolo directo a los ojos. El sujeto se sintió ligeramente presionado ante esa mirada.

—Unos pisos más arriba, dos precisamente. No uses los elevadores: la energía no se restableció completamente en todo el complejo. Ten cuidado en el piso de arriba ya que hay cosas peores o algún otro psicópata todavía vivo respondiendo a las órdenes del jefe.

—¿Sabes algo de mi mamá?

El muchacho de cabellos castaños, redondos ojos oscuros, nariz recta y mentón fuerte le miró creyendo haber escuchado una broma pesada; meneó la cabeza lentamente.

—Solo se tu designación y nombre. El resto no tengo ni puta idea ni tampoco nos dijeron mucho al trasladarte. —una nueva oleada lo atravesó obligándolo a fruncir el entrecejo mientras apretaba fuerte los dientes—. Hazte un favor y lárgate… niña. Sobrevive a este infierno y vuelve a tu casa. Lamento que te hayan traído a este horrible lugar, deberías estar tr… Tranquila jugando con muñecas.

Una contracción involuntaria después y cayó inconsciente ante el sufrimiento causado por un ataque directo contra el hígado. Tendría pocas chances si no recibía atención medica cosa que no pasaría ni porque rezara todas las religiones conocidas. Chelsea retrocedió un paso al verlo caer en un estado adormecido gracias a su cerebro resguardando su integridad del dolor. «Si: debería estar comiendo un helado pero un señor vestido como tú no quiso.» Sin restarle importancia al tipo ese malo que hablaba mediante los altavoces…

Se puso en movimiento después de agradecerle dedicándole un pulgar hacia arriba el "regalo", oyendo la respiración dificultosa proveniente de un ser alto, brazos larguísimos acabando en pinchos, boca vertical ocupando la mayor parte del cráneo y un color grisáceo oscuro desagradable. Emanaba un fuerte olor a podrido el cual revolvía su estomago; servía para marcar su posición. Recorrió los espacios restantes esquivando las criaturas nauseabundas, viendo cuerpos despedazados gracias a sus escalofriantes capacidades; luchó a oscuras por avanzar hasta ver el letrero informando estar en planta baja. Acabó exhausta al terminar el recorrido en las escaleras, siempre mirando a todos lados procurando no encontrarse con algún obstáculo mortal. Le ardía la garganta al haber potado un par de veces un piso más abajo y deseaba ingerir algo más que su propia saliva y ácido estomacal.

Se movía según instinto: al no tener algo concreto a lo cual sujetarse el asunto elevaba su dificultad en un trescientos por ciento. Siempre deseó aprender a defenderse como los mayores llevando armas, seguro sería mil veces más sencillo que andar corriendo portando una linterna. ¿Barry no se volvió muy tajante con su madre sobre enseñarle a defenderse? Oyó que Polly tuvo un altercado, ocasionado al no haber enseñado a sus hijas a utilizar armamento como correspondían, pero su mamá se mostró aún más obstinada en evitarle cualquier acercamiento a una. Era innecesario en una niña de seis años, podría defenderla cuantas veces ocurriera un acontecimiento… Bueno, salvo esa ocasión. Además los niños jugaban, podría dispararle a otro crío por accidente sin darse cuenta y la cosa terminaría con un funeral innecesario al haberse atrevido a introducir un objeto así en la vida de su hija.

Deseaba alejarla del mundo en donde se movía, argumentando que ya bastaba haber perdido a un marido agradeciéndole al caos como para desear perder una hija. Dos perdidas así serían inaguantables.

Izquierda, luego derecha, esquivar criaturas junto a sus aromas particulares, moverse a oscuras temiendo los rincones en los cuales el rayo lumínico no llegaba a esclarecer las sombras. Cualquier movimiento percibido en su rabillo le hacía saltar las alarmas, la omnipotente oscuridad era igual de amenazante que esas criaturas asesinas. Aunque… En los últimos tramos recorridos juraba estar percibiendo pasos humanos, resultaba extraño ya que al voltear con el corazón en un puño no había nadie allí. ¿Estaba loca? ¿Oía fantasmas? ¿Alguien más se encontraba en el sitio? Prosiguió hasta alcanzar un pequeño lugar donde los escritorios primaban, seguramente realizaban trabajos oficinisticos. El techo poseía claraboyas medianas a grandes; el sol se filtraba mágicamente iluminándolo todo. Se sintió tan aliviada que hasta dejó escapar un suspiro dejando correr toda ansiedad traída consigo.

No le daba miedo la oscuridad previo al secuestro, ahora el asunto cambiaría radicalmente al comprender que las sombras siempre serían el lugar ideal en donde los monstruos se esconderían. La gente mala también, cualquier implicación a la maldad echaría en cuenta la oscuridad.

Quedó de pie al lado de un cesto volcado, su contenido esparcido por el suelo junto a varios papeles más; probablemente quienes ocuparon la estancia se fueron en un apuro, decidió, ya que las sillas en su mayoría se encontraban echadas sobre el suelo, algunos monitores caídos en sus escritorios y un descuido generalizado en la ubicación de los muebles. Quedó mirando un envoltorio en particular recordando cuanto le encantaban los Snickers, en especial si traía extra caramelo. Sonrió hasta percibir una risa a su espalda, lejana y macabra.

Volteó aterrada alumbrando con su linterna a todos los rincones posibles, las manos perdieron temperatura y su corazón se aceleró idéntico al traqueteo de un tren en marcha. ¡Cielos! ¡Creía volverse loca!

—¿Hay alguien ahí? —preguntó elevando un poco más el tono, llevándose la zurda al pecho estrujando la blanca tela.

Nada…

Percibió un cambio en el entorno tan palpable como perturbador; de golpe pasó a sentirse observada en una manera poco feliz, extrañando estar rodeada la muerte inminente o infinita soledad. La temperatura pareció descender unos cinco grados en un chasquido de dedos, o quizá significaba que su cuerpo estaba sintiendo las oleadas de pánico profundo jamás experimentadas. Sea lo que fuere no le gustaba un pelo; apreció los deseos desesperados a echarse a llorar.

Desvió los ojos a la izquierda al percibir un movimiento en dicha dirección, encendió automáticamente la linterna alumbrando a los muebles desolados, despoblados. Otro aconteció hacia la derecha, antes de que pudiera siquiera pensar una imponente figura masculina apareció a su lado; la diferencia en centímetros era notable. Diminuta, insignificante, poca cosa. Atinó a mover su cabeza enfrentando al masculino sin éxito, este le cogió por el cuello elevando su cuerpecito varios centímetros en el aire. Pataleó inútilmente sintiendo el preciado aire escaparse de sus pulmones, arañaba las manos enguantadas intentando ser liberada para volver a respirar. Quería gritarle, implorarle si podía soltarla, alcanzar su abdomen utilizando sus pies en manera violenta, nada ocurriría principalmente ya que se estaba quedando dormida.

La vista comenzó a mostrar puntitos negros primero en las zonas más alejadas al centro, luego se colmó en tal manera que creía irse para siempre a una dimensión desconocida. Sus movimientos fueron escaseando en motivación, el cuerpo comenzó a quedarse flácido al perder poco a poco la conciencia… Y la soltó. Le dejó caer al suelo cual muñeca de trapo mientras tosía violentamente, procurando inhalar un poco de oxigeno así nutrir a su cerebro. En el impacto soltó su único ítem ultra necesario, no tenía idea donde podría haber quedado. Su garganta dolía, escocía en manera desagradable. ¿Quién hizo eso? Elevó los ojos a quien retrocedía sin mirar hacia atrás, manteniendo sus ojos diabólicos enfocados en ella.

Esas orbes… No eran humanas. ¿Qué clase de humano tendría ojos así de brillantes? ¿Rojo mezclado con anaranjado? No era normal bajo ningún punto de vista.

Sin perder tiempo procuró juntar todas sus fuerzas y desviarlas hacia las piernas; tambaleó al iniciar el movimiento directo a la salida, sus extremidades parecían gelatina. Tropezó en dos ocasiones al tiempo en que sus oídos percibían la risa macabra tras de sí; el hombre volvió a la carga haciendo gala de su inhumanidad asestándole un golpe directo en el costado izquierdo, el cual primero pareció mudo hasta experimentar un dolor agudo tan desagradable como insoportable.

—Niña tonta, nadie se puede escapar a mi poder —escupió, cogiéndole el cabello y levantando su cabeza obligando a mirarle—. ¿Te crees que eres muy fuerte moviéndote así? ¿Por tu cuenta?

Le dio un tirón hacia arriba obligándola a chillar ante la presión y el dolor, soltándole los mechones achocolatados, su cabeza fue en dirección contraria mientras sus pequeñas manos se aferraban al área adolorida. ¡Odiaba que le tocaran el cabello sin permiso!

—No eres nadie, morirás antes de ver la luz del sol otra vez. —Adecentó las mangas en su saco negro; colocó sus lentes de sol ocultando parte de su identidad—. Y tu mamá será la siguiente —rió en manera lunática, al verle levantar aún más débil y enojada abrió sus brazos como si estuviera esperando un abrazo—. Te diré una cosilla muy sencilla, querida. Te daré una ventaja de cinco minutos antes de despedazarte. ¿Qué tal? —Bajó su tono para la siguiente frase—. El tiempo comienza ahora, cría estúpida.

Ni siquiera se le cruzó por la cabeza contradecirlo. Echó a correr invocando toda la lucidez en su mareada cabeza, fuerza y los ojos debieron espabilarse destinados a darle una guía en su carrera contrarreloj.

Corrió lo que le pareció una eternidad hasta alcanzar una gran estancia central iluminada mediante una estructura en el centro del techo, una vía de entrada a los rayos solares que quisieran colar sus garras doradas. Las luces en la estancia se encontraban a la mitad de su capacidad emitiendo un brillo rojizo ocasionando sombras demasiado terroríficas en su joven cerebro. Se detuvo sin poder cambiar ya su expresión aterrorizada ante aquellos juegos lumínicos; no sabía ya cómo protegerse, tan solo esperaba que ese hombre alto, rubio y con ojos monstruosos hubiese preferido dejarle tranquila a esperar la muerte. Soltó el primer sollozo aferrándose a la linterna como si la vida se le fuera, esta comenzaba a fallar gracias al uso prolongado junto a la multiplicidad de golpes. Su pecho ardía furioso, su corazón parecía salírsele del pecho o por la boca.

Procuraba calmarse dirigiendo sus ojos ámbar tanto a la entrada como a la salida sin saber qué hacer a continuación. En el entorno se apreciaban cajas, grandes estanterías metálicas como también pallets repletos o vacíos, sumando la maquinaria apropiada para subirlos a la altura necesaria. Lloraría lo que hiciera falta: vio demasiadas cosas aterradoras en ese día como para tener severos traumas el resto de su vida; veía a sí misma constantemente en peligro gracias a abominaciones antinaturales al igual que un sujeto alto quien gritaba a los cuatro vientos odiar a su madre. ¿Y ella qué tenía que ver? No causó las fricciones entre ambos ni tampoco tenía idea de quién era ni qué quería con ella, por ende se descontaba automáticamente.

Secó la mejilla derecha utilizando el dorso correspondiente, la porquería en su piel se adhirió al roce ocasionándole un ligero raspón sobre el cutis infantil. Solo podría ocurrir un milagro, uno tan descabellado que ni siquiera en sus mayores sueños pudiese ser posible…

La puerta contraria se abrió mediante una patada certera contra el punto débil, dos figuras empuñando algo escrutaron el lugar barriéndolo utilizando sus linternas. ¡No más! Corrió automáticamente tras una enorme caja al percibir un as posarse sobre su cuerpo; una barreta echada tras la misma al llegar al refugio temporario, la cogió como medida ultima. Deseaba volver a su casa a jugar con Eddie y Maxine, ir a la escuela a aprender, pasarla bien con sus amigos y bailar horas enteras en compañía de Sherry. Oír la música que su padre supo legarle antes de sepultar su destino, memorizarse las letras para luego pasar las hermosas tonadas a otros. ¿Podría hacerlo? Si ese hombre feo le encontraba o las otras dos figuras le cogían la situación cambiaría a una negatividad terrible. « ¡No más! ¡Por favor!»

El par avanzó veloz en su dirección compartiendo opiniones en murmullo apenas audible; se aferró a sus rodillas al tiempo en que cerraba los ojos luchando por controlar su corazón, luchando al mismo tiempo con su respiración ruidosa producto de la mucosa originada. Las lágrimas caían libres e incluso sintió los deseos más fuertes de orinar sin importarle ya sus ropas o el asco a futuro. Se acercaban, sus manitos estrujaban la barreta lo más fuerte que podía intentando acordarse las ocasiones en donde le enseñaron a defenderse utilizando un bate de beisbol. ¿Era lo mismo? Pesaba menos aunque podría dolerle más a quien estuviese en cacería. ¿Se defendería? ¿Haría ese último acto heroico? Ya no sabía ni quién era.

«Dios: solo quiero volver a ver a mi mamá, a decirle cuanto la quiero y lamento haberme desviado al patio. Si no fuera porque se me antojó salir nada de esto hubiese ocurrido. ¡Es toda mi culpa! Señor: te pido por favor volver a mi casa, acompañada por mi familia.»

Contuvo el aliento al sentir los pasos a tan solo centímetros suyo cerrando violentamente sus ojos y dándole pelea a los deseos de vomitar…

—¿Chelsea? —una voz masculina demasiado familiar llamó su nombre; solo una sola persona podía poseer semejante voz grave—. ¿Estás ahí?

Abrió sus ojos tan pronto como la musculosa figura del señor Redfield asomó su cabeza castaña al escondite improvisado; la tensión en sus músculos infantiles se relajó a tal manera en donde sintió escaparse un poco de pipí. Ambos pares oculares se encontraron, soltó inmediatamente la barreta arrojándose a su cuello sin pensárselo dos veces. ¡Se sentía tan bien verlo! Este correspondió el abrazo en manera cálida ahuyentando en absoluto cualquier miedo. Lloraba a moco tendido de alegría: ¡volvería a su casa tan pronto como se pusieran en marcha!

Hundió su rostro en el enorme pecho procurando sentir todo el perfume masculino en sus ropas especiales del equipo. Una mano cariñosa tocó su hombro llamándole la atención, al voltear observó el rostro sonriente de su persona favorita en la vida: Jill. Soltó el cuerpo musculoso hundiéndose en el cariño maternal de la señorita Valentine, quien no evitó soltar toda clase de frases sobre cuanto la extrañó y el terror que sintió al verla desaparecer. La pesadilla estaba llegando a su fin gracias a todas las plegarias en los familiares y amigos cercanos, pronto abordarían un helicóptero directo al hospital en el cual esperaban impacientes a la víctima; luego el lugar más importante en el mundo: su casa.

—Tan preocupada estaba, tan preocupada por ti Chels —reconoció plantándole un sonoro beso en su mejilla sucia—. Me alegro tanto verte bien.

—¿Mamá está aquí? —Inquirió automática—. ¿Está bien?

—Espera por ti en casa —se apresuró el castaño—. Está igual de ansiosa que todos por verte. Va a ser mejor que nos pongamos en contacto con los demás y venga un equipo especial a escoltarte.

Dicho eso se alejó unos centímetros dándoles la espalda a las dos féminas. La mujer entonces le dio otro fuerte abrazo sin importarle cuan sucia o asustada parecía la niña; ¿a quién diablos le importaba el cabello despeinado, la mugre en sus ropas o los raspones? ¡Lo que realmente interesaba allí era haberle encontrado viva! La extrañó demasiado: temió por su vida desde el instante en el cual se perdió de vista e incluso debieron recibir las burlas de Wesker por finalmente haber concretado su promesa. Sin duda alguna se sentía mucho más aliviada al haberle hallado, grato sería darle las buenas nuevas a Emily quien estaba histérica desde ver desaparecer a su hija en un helicóptero negro. No era para menos: el último legado de su esposo se fue sin más en brazos de un sujeto cualquiera quien obedecía al enemigo.

—Jill —le miró consternada—: hay bichos malos más allá. También un señor muy feo, alto y que usa gafas de sol. —Señaló en la dirección de ingreso—.Ten cuidado, son malos y lastiman.

Las alarmas se dispararon en la cabeza de la alta mujer, le asintió con firmeza entregándole un apretón medio a sus hombros y luego le atrajo hacia sí, borrándole el miedo usando sus brazos reconfortantes.

—Estaremos bien, corazón. Nos encargaremos de ellos en un santiamén mientras vuelves con mami, ¿verdad compañero?

Dirigió su mirada a quien indicaba a la otra persona fuera de ingresar con un equipo especial a la sala Omega, detallada en el informe principal. Ambos adultos esperaban que hubiera leído el informe y no repitiera ciertas actitudes torpes. Habló sobre el estado saludable del "sujeto" e insistió sobre sacarla lo antes posible del lugar. Si los reportes eran ciertos la cosa allí era demasiado negra como para permitirle estar siquiera diez minutos más, además del deber evaluar sus constantes vitales sumado al suministro de líquidos y alimentos de alta calidad nutricional. Chris entonces devolvió la mirada a la joven mujer, quien sujetaba la carita infantil entre sus delgadas manos; asintió enérgico acariciando el cabello enredado y sucio.

—Así será. —Miró a su compañera—. Luciani está en camino con el Delta, dos minutos más y nos largaremos dejándoselo a los chicos encargados de limpiar el desastre.

«Ay no, ¿qué hace él aquí?» Le cambió las facciones al escuchar ese nombre en particular. Ambos adultos conocían la aversión "por no ser su papá" que Chelsea sentía hacia Parker. El tipo era genuino con todos, demostraba estar muy interesado en Emily así como en asumir la responsabilidad de compartir la crianza de una niña pequeña complicada. Buenísimo como era merecía formar parte, Chelsea no lo veía así y no importara cuantas veces le repitiera lo mismo ella no cedería ante las palabras rosadas. Jill le obligó a volver la atención sobre ella, observando el malestar expresado mediante un entrecejo arrugado.

—No es hora de ponerte en ese plan, cielo. Está aquí porque le pedimos que lo hiciera. Te llevará al helicóptero y luego con mami, ¿sí? Dale una oportunidad.

Jill se incorporó ayudándole amablemente a hacer lo mismo; cogidas de la mano comenzaron a caminar en dirección a la salida siendo seguidas de cerca por el señor Redfield, quien miraba en todas direcciones sintiendo algo fuera de lugar. Desenfundó el arma para luego hablar en código a su compañera, ésta imitó la acción sin pensárselo dos veces. Justo a tiempo fue ya que alguien malo se presentó al otro lado, riéndose con su voz profunda y seductora.

Chris elevó su arma reglamentaria al tiempo en que Jill utilizó su cuerpo como escudo parándose frente a la niña, instándole a permanecer tras sus piernas sin importar los acontecimientos a suceder. Chelsea aferró sus manos a la zurda trabajada en arduos ejercicios: los mejores debían tener el entrenamiento óptimo. La niña lo miró presa del terror más profundo; el hombre portando sus gafas oscuras imitó el gesto evitando bajar el arma ante su contrincante. Los débiles se enternecían ante una figura infantil sumada a la imponente constitución Redfiliana, él llegaría a ser un dios y como tal no debería contemplar pena ante nadie.

Menos de una roñosa Vickers.

—Tú —escupió el castaño preso de una furia abrasadora—. Hijo de mil millones de putas, ¿secuestrar a una niña? ¿A eso llega tu enfermo cerebro?

—Ay Chris: allí encontramos lo que nos separa. A mí me importan un bledo los críos, por mí que se mueran. Si son de tu ex compañerita mejor.

El lenguaje corporal en su escudo humano cambió a uno tenso, Chelsea pudo notarlo al tiempo en que echaba ojeadas a la situación. «Si no hubieran aparecido esto sería el fin.»

—¿Esa es tu motivación? ¿Hacerle daño a Emily? —fue a la carga la señorita Valentine; el aludido asintió lento, saboreando cada instante de la torpe ira en ambos.

—Se lo merece tanto o más que ustedes. Todos aquellos quienes hayan frustrado mis planes merecen morir o al menos sufrir en vida el equivalente a encontrarse a las puertas de la muerte; nada mejor que arrancarle lo último que le queda de su mugrosa vida junto a su marido. —Su rostro volvió a descender; Chelsea sintió un nudo indescriptible al sentir esos malditos ojos posados en su persona—. Oh niña, tu sí que tuviste suerte hoy. Correr libremente por estas instalaciones después del ataque coordinado sí que fue valiente, lo reconozco. Te quedaste siempre en un frío digno de buenos soldados, supongo que eso salió más de tu madre que padre. Es una pena ver semejante buena fortuna acabarse tan abruptamente.

Jill percibió un pellizco en su piel obligándole a romper con su máxima vital de siempre mantener ambas manos en las armas, acarició su cabeza infundiéndole coraje; Wesker comenzó a dirigirse hacia ellos empuñando en alto su más preciado revolver. Entonces desde la puerta trasera se abrieron paso un grupo de al menos ocho soldados comandados por el señor Parker, quien al enviarle un mensaje por radio a Chris y no recibir respuesta inmediata no dudó en seguir el sentido especial que gritaba "algo está mal". Los soldados se dividieron a cada lado de la puerta en números iguales, el señor Luciani comandaba desde el medio mediante señas en su mano hábil ordenando el avance a discreción sin perder mirada sobre el objetivo.

El sobresalto originado gracias a la apertura tan brusca provocó en la niña un sobresalto alejandose de su escondite hacia un costado, quedando en línea de tiro directo para ser aprovechado por el hijo de puta más grande en la faz de la tierra. Jill no pudo hacer nada ya que fue todo demasiado rápido, ni siquiera Chris quien tenía sus ojos fijos en ese ser despreciable logró discernir sus intenciones. Una risa siniestra obligó a la cría a dirigir sus ojos en la dirección asignada al sonido; sin perder el control accionó el gatillo dos veces dando de lleno en el pulmón izquierdo y otra en el hombro, la bala fue detenida gracias a la clavícula.

El dolor se situó en un nivel superior al mil por ciento sintiendo un estallido rápido el cual acabó convirtiéndose en una quemazón constante; le costaba respirar y al hacerlo sentía un escozor interno al sentir su órgano estar adquiriendo presión positiva, la sangre se agolpaba allí siendo expelida en una tos sin fuerzas y una espuma sanguinolenta se escapaba por el orificio bucal. Parker no lo pensó dos veces y echó a correr en dirección de la niña, la unidad tras él avanzó rápidamente siguiéndolo muy de cerca empuñando sus rifles reglamentarios en alto. Satisfecho consigo mismo saboreando el dolor ajeno volvió sus ojos al viejo colega laboral quien quedó de piedra empuñando su arma; le sonrió a sabiendas el terror ocasionado en todos los presentes.

—Lástima que nuestra pequeña reunión se acabó, Chris —dijo, mostrando su dentadura blanquecina perfecta—. Le enviaré una corona de flores a la madre cuando pueda.

Acto seguido desarrolló una serie de movimientos veloces marchándose del lugar corriendo a una velocidad cercana a las relatadas en historias de ciencia ficción; los ojos castaños aún no se acostumbraban a semejante poder rozando lo sobrenatural, echó a correr torpemente en la última localización en donde percibió un cuerpo masculino. Jill se arrodilló automáticamente al lado del cuerpo pequeño sintiendo una profunda desazón. Todo pareció normal hasta… Diablos: creyó haber efectuado un nuevo trabajo impecable con el extra de devolverle la calma a su inestable amiga, la cual no dormía desde hacía días. Tuvieron la resolución positiva de la situación en sus manos sin embargo esta escapó aún más rápido que el cabrón hijo de puta, seguía impactada al haber comprobado los relatos fantasiosos de su amigo usando sus propios ojos.

Los soldados atravesaron al trío en la persecución desesperada contra el enemigo número uno de la BSSA.

El hombre a quien Chris depositaba toda su confianza intentaba hacer un torniquete sin éxito utilizando trozos de vendas médicas disponibles en su cartuchera trasera, su rostro poseía un rictus preocupado mientras sus manos se manchaban con la sangre caliente infantil. No había ningún tiempo a perder o Chelsea no podría continuar; la castaña depositó una mano sobre su brazo izquierdo ordenándole detenerse y encaminarse a toda prisa al helicóptero sanitario. Tendría una supervivencia mucho mayor de ser asistida inmediatamente por las autoridades médicas. Al haber perdido la mayor parte de los hombres en la persecución de Wesker ella le acompañaría en la desesperada carrera. Sin tiempo a perder se pusieron en marcha.

«Esto es el final —reflexionó procurando no toser, la quemazón aumentaba al mover sus músculos dañados—, al fin de cuentas llegué muy cerca de la línea final… Pero no se puede.» Al menos tuvo el suficiente coraje para no desplomarse en su celda, llorar a moco tendido esperando por un monstruo salido de una mala película a matarla. Moriría bien, o al menos eso creía al ser transportada en anchos brazos masculinos; se sentía cómoda, arrullada mediante las vibraciones en la voz reverberando en su enorme pecho, igual a estar en los brazos de mamá cuando bebé; descansaría sin más problemas cercana a su madre, volvería a encontrarse a su padre luego de tantos años separados. ¿No era eso lo que quería desde que desarrolló su memoria, su raciocinio infantil? Sí, paz al fin. Si quien le donó la mitad de si estaba allí se zambulliría por completo. Ya no quería esperar a ser una ancianita frágil para reunirse con él.

¿Acaso su propia hermana no insistía que entregarse tan abiertamente a la muerte misma sería terrible decisión? Obviamente la respuesta era afirmativa pero la tentación a sumirse en una futura vida idílica en un lugar donde las cosas malas no pueden alcanzarte sonaba fantástico, más si estarías rodeada por tus abuelos y padre. Sentir los brazos masculinos rodearle como cuando bebé en el hospital ya arrasado por un gobierno desesperado, la voz profunda y tranquilizadora hablarle cosas hermosas al tiempo que esperarían por su madre el tiempo necesario. Podría conocer todas las verdades, comprender lo incomprensible para el mortal allí en la Tierra; ver las estrellas y hasta pasearse entre ellas.

Trascendería al siguiente nivel acompañada por los miembros que ya no estaban con ella, ¿eso no sería genial?

Perdió la conciencia en el breve trayecto recorrido a velocidad, volviendo a recuperarla justo antes de ser subida al helicóptero donde los enfermeros y médicos enviados ahogaron sus palabras al ver la indignante situación. ¿Quiénes siempre sufrían en demasía? Los niños. Recostaron su cuerpo sobre una camilla mientras cortaban sus prendas empapadas a la carrera al tiempo en que Jill le daba un beso de despedida en su diestra, bajándose después tratando a duras penas de contener las lágrimas. Parker extrañamente se quedó o le obligaron a quedarse, esa parte no logró discernirla en su totalidad; intravenoso en un lado, sangre compatible a su grupo por el otro, mascarilla de oxigeno con reservorio.

Le costaba mantenerse despierta ya que le entró un sueño desesperante, de esos los cuales siempre acontecían luego de pasarse toda una mañana jugando, corriendo o persiguiendo a las mascotas. El mundo daba vueltas a su alrededor, las caras se mezclaban entre nubarrones negros que comenzaron a inundar su campo visual; Parker aproximó su redondo rostro a la pequeña quien percibía los movimientos del despegue junto al ascenso en la altura. Lo miró directo a los ojos sin saber porqué, ya que no le caía precisamente bien; ¿lloraría? Parecía estar a punto gracias a la acumulación acuosa en su parpado inferior.

—Tengo mucho sueño —murmuró dificultosamente—. ¿Me pondré bien?

—Sí, corazón. Pero no te dejes caer rendida, ¿sí? —dijo procurando no dejar traslucir su temor —. Tu mamá te espera.

Su madre… Cómo la extrañaba. Se quedó dormida sin lograr vencer ese infernal cansancio.


Lloraba desconsolada cubriéndose el rostro utilizando ambas manos, el corazón se le partió en un trillón de pedazos otra vez al intentar calmarla sin éxito. La historia en si daba escalofríos, peor saber que ocurrió cuando tan solo era una niña inocente, sin conocer los acontecimientos del pasado entre su madre y el monstruo ese. ¡Qué terrible! Si pudiera volver el tiempo atrás cogería una pistola y le dispararía a ese hijo de puta por la espalda idéntico a Caracortada, aunque el final sería mucho más feliz para el universo en general. « ¿Cómo es que puede haberle disparado así sin más? ¡Era una niña pequeña! Hay que estar muy enfermo para hacer eso, así sin vacilarlo.» La frase final fue impactante así como las emociones relatadas por la joven.

Ésta tosió un par de veces atragantándose con la saliva, sorbiendo por la nariz mirando hacia el mármol de la isla, temblando ante el recuerdo feroz vuelto a resurgir logrando ponerlo a corriente de al menos una parte de su historia. Se aproximó lento, depositando la taza a medio beber (no logró terminarla al oír sobre aquellas monstruosidades mata personas) a un costado cogiendo luego su mano izquierda con suavidad. Desearía tener sus ojos enfocados en los suyos sin embargo se encontraba distante, enterrando los acontecimientos de antaño en las profundidades del inconsciente. Besó sus dedos varias veces, su cabeza al tiempo en que acariciaba su brazo derecho; se sentía impotente ante su desesperación. «Algún día será más fácil para ella… ¿A quién engaño? Si es un horror pensar en lo que yo viví, lo de ella es exactamente lo mismo o peor.»

—Me hizo pagar los pecados de otros, Ethan. Todo lo que hizo fue tan solo por vengarse de quienes adoro con la vida. No le importaba nada más, ni que yo fuera una niña pequeña indefensa. —Rascó su frente con brusquedad—. Seguro creyó que era buena carne para sus abominaciones, igual que sus subordinados.

—Era un autentico hijo de puta y me alegro que esté muerto —logró hilvanar ejecutando círculos en su dorso utilizando el pulgar—. Un peligro para la humanidad menos.

Intentó replicarle viéndose impedida ante una irrupción de tos tras intentar tragar. Sus manos estaban empapadas hasta el punto en el cual se formaban pequeños cúmulos en las mismas, le dolía el cuello junto a la espalda ante la postura chueca hacia delante intentando protegerse a sí misma del pasado. Igual a las veces en que confiaba en el alcohol o en el tabaco.

—Yo era su objetivo desde que nací, lo aprendí con los años después de haber mancillado a preguntas a todo aquel que se pusiera frente mío —articuló luego de cesar su ataque de tos—. ¿Sabes cuantas veces le di vueltas a esto en terapia? Llevo más de diez años sin poder calmarme. Si no hubiera salido al patio sería una persona común y corriente, si hubiera seguido los consejos de mamá sobre no irme del trayecto pactado ella nunca hubiera cambiado en la forma que es ahora. Maté no solo a una niña humana: maté a mi mamá, a la Emily quien estaba aprendiendo a reír otra vez después de lo de Raccoon. A mi familia paterna, a los amigos de años, ¡a todos!

—No, no vale que te culpes por eso. Tus acciones no podrían haber salido de otra forma porque solo contabas con seis años. —recordó remarcando sus palabras utilizando su índice—. Tus preocupaciones en ese momento diferían mucho y no te contaban tanto del mundo para no asustarte. Solo tenías seis, Chels, jamás vas a ser culpable de nada. Tienes tanta culpabilidad como Wesker inocencia. — ¿tenía una manera eficaz en la cual hablar de Emily sin quedar él como un insensible hijo de puta?—. Era una persona mala y delirante que solo quería hacer sufrir a tu mamá a toda costa, nada lo hubiera detenido. Además ella continua sonriendo día a día, entrega su voluntad absoluta al vivir gracias a ti. Se nota que te quiere a morir y entregaría cualquier cosa por tu seguridad.

—Lo que más me duele es la forma en la que me entregué a morirme —reconoció elevando sus ojos, encontrándose con la verde pureza—: sentía muy presente la idea de que algún día iría y conocería a mi papá donde quiera que esté, pero cuando P me subió al helicóptero sanitario y escuché las palabras del personal supe que sería lo último que oiría jamás. Sabía muy bien que estaba perdida, nadie podría salvarme ni por tener una varita mágica o una lámpara especial. ¡Iba a conocer a quien me dio la vida al fin y yo simplemente abracé la idea igual a como abrazaba a esa asquerosa jirafa!

Prefirió mantenerse callado.

»Ese día me convenció de que todo lo "lindo" del mundo se acaba inevitablemente. Seis años tenía, ¿sabes lo terrible que es para alguien así de joven abrazar la idea con esa profundidad? No hay un día en que no pueda decir que prefiero haber vivido, ni uno solo en toda mi vida, Ethan. Me desperté del puto coma inducido sintiéndome igual a una mierda, no podía mover las piernas porque estuve dos meses en una jodida cama hospitalaria, conectada a un trillón de tubos plásticos haciendo sufrir a quienes yo amaba. Atada, para rematar la situación, ya que me movía tanto que se desconectaban los intravenosos llenándolo todo de sangre infectada. Al intentar abrir los ojos los tenía pegados ya que me pasó igual que a ti: los abrí en medio del proceso mientras gritaba porque ese virus de mierda me hacía quemar el pecho.

»Mi mamá apenas si dormía, se pasaba diez horas de veinticuatro allí dentro esperando a que volviera a llamarle. Sherry perdió clases valiosísimas ya que no deseaba asistir, solo quería quedarse en la habitación conmigo haciéndome escuchar música, albergando la posibilidad de que eso me hiciera reaccionar más rápido. Mis tíos y abuela culpaban a mi mamá sin asco llamándola una desgracia, amenazando con que si despertaba ellos se encargarían mejor de mí; pusieron a mi papá en el medio haciéndole decir cosas que jamás podría haber dicho gritándole lo pésima madre que fue. A una viuda que intentaba rehacer su vida le dijeron eso, ¡mi propia sangre habló así! Solo tía Lisa la apoyaba ciegamente insistiendo en su inocencia; dividí a una familia unida gracias a que busqué un puñado de flores para Jill, ¿qué tal? ¡Más a mi favor para haber deseado morirme!

Intentaba por todos los medios no llorar pero era imposible. Ese dolor tan profundo, latente, carcomiendo su conciencia desde… Chelsea era una caja de sorpresas muy profundas y devastadoras, necesitaba desesperadamente tener a la persona idónea quien pudiese ayudarle a sanar. ¿Él era el indicado? ¿Podría con todo? ¿Estaría a la altura de las circunstancias? ¿Tendría lo que necesitaba tener?

Lo intentaría, juraba por Dios hacer todo en su poder para enterrar esos esqueletos danzantes a su alrededor de una vez y para siempre. Se lo debía por haber depositado la confianza en su persona habiéndole contado una indignante tragedia. Le haría cambiar de parecer sobre sentirse desdichada al haber despertado del sueño inducido por fármacos. Sería una mujer afortunada otra vez, cambiando su perspectiva tan contraria al haber sido concedida la oportunidad a vivir una segunda ocasión. Originaría la felicidad tan requerida en su vida, la cual tantas personas fallaron en procurarle.

Ethan Winters pondría su alma en empeño ante semejante objetivo y no le importaba: lo haría porque le importaba, porque sentía su corazón latir por el de ella. Porque la amaba sobre todas las cosas. Besó su coronilla las veces que le parecieron apropiadas murmurando directo a su oído la inocencia de su persona, lo afortunado que era el mundo de tenerla consigo y cuanto se alegraba de tenerla en su vida.