Una mujer blanca de la tercera edad, tal vez de unos cincuenta años, lo observaba con desconfianza desde afuera de la cabina.

A Daffy le parecía una chorrada tener que ir hasta el centro de la ciudad, a los altos, para poder usar un maldito teléfono. En el West Side todos los públicos se encontraban rotos, fuera de servicio o ya de plano arrancados del suelo y ademas no conocía a nadie que tuviera teléfono propio en su casa. Por eso había tenido que tomar el subterráneo hasta allí, esperar hasta que la cabina se desocupara y gritar por casi veinte minutos por el auricular para tratar de explicarle al pelmazo del otro lado de la linea (Que por cierto, solo entendía el ingles a medias. Putos indocumentados) lo que quería y como lo quería. No tenia porqué soportar el que una vieja le mirara mal desde atrás del cristal, como si en cualquier momento Daffy pudiera sacar un arma o algo por el estilo.

Colgó con fuerza, todavía irritado pero satisfecho de tener una cosa menos por hacer; sin embargo, aun debía informar a la banda del negocio y debía darse prisa. Salió de la cabina, acomodándose la gruesa chaqueta que llevaba debido al frio. Nadie de los que estaban en la fila se atrevió a recriminarle el haberse tardado tanto al teléfono, como sí habían hecho con otros que a lo mucho habían tardado cinco minutos, limitándose a rehuirle la mirada. La vieja que lo había estado mirando mal había abierto la boca para decir algo pero la cerró de inmediato.

Dilo, pensó Daffy, solo hazlo. Regresate al ghetto. ¿Es lo que querías decir, no? Hazlo, que vengo de humor para tirarte los dientes o al menos los que te quedan.

La mujer entró a su turno en el teléfono, sin decir una sola palabra.

Caminado hasta la estación, se topó con la biblioteca Benedict Arnold . En realidad no era obligatorio que pasara por ahí para tomar el subterraneo, pero una fuerza invisible, el recuerdo intacto del camino, lo había conducido allí de manera casi mecánica.

Cuando era niño creía que la biblioteca era sumamente enorme e imponente, como una gran fortaleza o un castillo, sin embargo, ahora de adulto le parecía un edificio cualquiera que había logrado mantener algo de dignidad después de haber pasado todos los cambios que habían afectado al país en los 60's y 70's. Seguía igual que antes, como una larga estructura cuadrada, pintada de un color naranja que había empalidecido con el tiempo. Las escaleras de la entrada seguían tan grises como siempre, aunque a los últimos peldaños les faltaban pedazos y se estaban agrietando. Tanto las paredes como las escaleras estaban repletas de graffitis con toda clase de insultos y nombres como Hardy, Rex y PJ. Debía averiguar quienes era para darles una lección por ser unos cretinos.

Tenia muy presente aún lo que había hablado hacia un par de horas con Wile y al ver la biblioteca allí frente a él quería comprobar que era lo que le había querido decir, aunque en el fondo sentía que lo sabia o al menos tenia indicios de lo que era. No estaba seguro de querer confirmar todas las conjeturas que había formado en su cabeza y la misma fuerza extraña que lo había atraído hasta la biblioteca, le negaba el paso a ésta.

Aun no era el momento.

Pasó de largo, susurrando algo para sí mismo, como un mantra que de algún modo pudiera ayudarle a alejar la curiosidad.

Seguramente ya estaban todos reunidos en el bar.

Él caminaba por la calle, recitando obsesivo su nueva "palabra mágica".

«...Oprienko, Oprienko, Oprienko, Oprienko...»


Jodida idiota subnormal.

-¿En serio? Vaya...- una risa relajada y corta,a juego con su sonrisa somnolienta de galán rockabilly.- Eso suena muy divertido.

No me entero una mierda de lo que estas diciendo. Haz el favor de irte.

Los ojos de la chica se ponen notoriamente brillantes al escuchar una respuesta afirmativa que la anima a seguir hablando. Es menuda, de rasgos redondeados e infantiles que la harían parecer una niña de instituto de no ser por su cuerpo generoso y bien formado de mujer. Ella habla entusiasmada, haciendo gestos exagerados con las manos, jugueteando con su cabello cada cierto tiempo e intentando parecer mas aniñada para resultar mas dulce y atractiva a los ojos del guapo chico que asiente a sus palabras y camina junto a a ella, llevando las bolsas de la compra. Es la cuarta vez en la semana que la chica intenta entablar una conversación con él e intentar conseguir que la invite a algún lado a través de indirectas.

Ella no sabe que él la encuentra repulsiva.

Ella jamas se enterara de que Bugs piensa que comparada con Lola, esa chica no es mas que una estúpida muy fea.

Él ni siquiera sabe su nombre. Recuerda vagamente que su nombre acaba en -ina y entonces piensa que Daffy tenia una novia llamada Tina y entonces él odia a la chica aun más a pesar de que sabe que no es su culpa. Comienza a pensar en si Daffy se fijaría en una chica así, tan poca cosa y también piensa que, a pesar de saber de la existencia de Tina, no tiene idea de quien es o como luce.

Sonríe con calidez y sigue asintiendo. La chica en ningún momento aparta su mirada embobada de él.

Haz el favor de irte. Haz el favor de ir a tu apartamento del noveno piso y tirarte por la ventana.

Llegan a la puerta de su propio apartamento. Él busca las llaves en su pantalón, mientras ella continua hablando y hablando con una voz que lo irrita y lo pone tan nervioso que planea poner a Wagner o a Bach a todo volumen para limpiar sus oídos.

Hoy habrá pollo con salsa de tomatillo para la cena, se pregunta si a Lola le gustara. De todos modos, en caso de que no le guste, él dejara cocinado algo aparte que Lola pueda disfrutar. Hoy ha visto por televisión una receta con hígado de ternera.

De pronto él recuerda que quiere ir a ver a Daffy antes de trabajar.

-Entonces, ¿Que dices?- La chica tiene un mechón de pelo rojo enrollado en un dedo, a la espera de su respuesta. Las llaves ya están puestas en el picaporte.

Su pelo es rojo, rizado y cortado hasta los hombros. No rubio, liso y largo hasta la cintura o negro, corto y en picos. No. Su cabello es rojo. La encuentra aun mas repugnante.

Pero se da cuenta de que la chica tiene ojos verdes, de un tono muy parecido al de Daffy.

-Lo lamento, Gina, no puedo.- Logra sonar como si de verdad lo lamentara- En donde trabajo están a punto de cerrar y estaré muy atareado estas semanas.

-Oh- Al contrario que él, ella si esta afligida- Bueno, tal vez otro día, quizás.

Asiente antes de que ella se vaya y luego se mete a toda prisa a su apartamento como si fuera el único lugar seguro en la tierra y probablemente lo sea. .

Debe darse prisa si quiere tener tiempo para pasar por casa de Daffy antes de trabajar. Mucho antes de que la chica lo importunara con su presencia, había ido a las tiendas del centro para comprar un bonito vestido Dolce & Gabbana con unos zapatos Gucci y guantes de Portolano que planea usar para su presentación de esta noche. Quiere que Daffy se los vea puestos antes que nadie y le de su opinión, pero después piensa que tal vez Daffy también este de luto por la muerte de la anciana y que como siempre, le diga que le importa una mierda lo que se ponga.

No entiende por qué a todos les afecto tanto la muerte de esa vieja.

Ese día, en el hospital, todos estaban tristes, incluso Lola estaba llorando y él se molesto por ello. Bugs en ese momento solo podía pensar que estar allí era anti-higieno sin las debidas precauciones (cubre bocas, nada les costaba a los enfermeros darles unos jodidos cubre bocas) y que había un olor extraño que reinaba en el aire, como de algo descomponiéndose. Era asqueroso.

Probablemente Daffy pensó lo mismo, porque se fue sin decir nada.

No podía decir si a Daff también le había afectado, porque no lo había visto desde esa vez, pero Lola si que se había afligido. Esa mañana al irse a trabajar lucia triste y no le dijo una sola palabra, mientras lo observaba detenidamente cuando creía que él no se daba cuenta.

Le da una patada al estante que se encuentra junto a la puerta de entrada, provocando que el florero que está encima caiga al suelo y se haga añicos. Va a dejarlo así para que Lola lo vea.

Después de preparar la cena va a darse un baño de nuevo antes de ir donde Daffy.

Tras haber pasado gran parte de la mañana en la bañera, mucho tiempo limpiando el apartamento y otro tanto fuera haciendo las compras, cae en cuenta de que ese día se ha olvidado de dormir otra vez.


El trago que le habían dado como cortesía en el Cabaré solo había incrementado sus ganas de seguir bebiendo. Nunca había sido muy dado al alcohol, tomándose unas cuantas copas -o botellas- de vez en cuando, pero últimamente su organismo se lo pedía como una necesidad. Lo mismo sucedía con las drogas. Solía usar alucinógenos un par de veces al mes y hierba para calmar sus nervios, sin embargo últimamente había estado abusando de distintos tipos de sustancias, todo por culpa de Bugs, quien era su peor adicción y a la que mas le costaría desprenderse.

El pequeño cartel que anunciaba al Bar González estaba frente a él, invitándole a pasar. Coyote había cumplido y había reunido a los miembros principales de la banda, justo como solía hacerlo cada vez que Daffy necesitaba anunciar algo. Escuchaba sus murmullos a través de la puerta, al igual que la radio encendida tocando cualquier canción de hip hop, sin animarse a pasar.

Sabia que ahí estarían Porky y Sylvester y, después de lo ocurrido el día anterior, no quería volver a verlos tan pronto. Esa era una de las pocas veces en la que se reconocía a si mismo que la había cagado. Si bien el haber visto a la abuela de Porky a punto de morir le había afectado de un modo que jamas habría creído, no debió dejar que eso los perjudicara a ellos también o peor aun, que se enteraran. ¿Que era lo que le había dicho a Syl? "Me dan asco los muertos" Era verdad. La puta y horrenda verdad. Pero no era solo asco lo que un cadáver le provocaba, sino mas bien miedo. Terror puro, del que helaba los huesos y lo dejaba rígido. No le tenia miedo a la muerte, mucho menos a la suya -a la cual había visto de cerca varias veces- sencillamente le tenia repulsión y horror a la gente muerta.

Sobre todo si se trataba de mujeres.

Y ahora ese era un secreto que Sylvester ya sabia; tal vez lo había interpretado de manera errónea, pero lo sabia y Daffy sentía que había perdido el control sobre ello. Podía permitirse perder el control sobre muchas cosas, entre ellas sus emociones y sus impulsos, pero de verdad detestaba perderlo sobre cosas tan personales como ese secreto. Era insoportable el solo pensarlo.

Puso su mano en el picaporte. No podía seguir atrasandolo, la mudanza del cabaré de Pepe comenzaría en una semana y habría bastante por hacer, incluyendo el funeral.

Entró con brusquedad, haciendo que la puerta se azotara contra la pared. Todo murmullo fue callado y todas las caras se voltearon para verlo, todas excepto la de Sylvester, quien instintivamente bajó la mirada. Ademas de él, ahí también se encontraban Porky, Wile, Speedy, Ralph, Taz y algunos otros cuyo nombre no era digno de ser recordado, meros peones.

-Buenas tardes, jefe- dijo Speedy, rompiendo el silencio- ¿Lo de siempre?

Viendo las tintineantes botellas detrás del mexicano, su necesidad de alcohol se hizo mas fuerte.

-Esas cosas no se preguntan- respondió, cerrando de un portazo- Jack Daniel's, la botella entera.

-¿Y bien?- preguntó Ralph, mientras Daffy era atendido- Wile dijo que nos tenias un trabajo.

El ambiente no era relajado, escandaloso y de bromas, como siempre, sino que era notorio que todos estaban de luto. De hecho, nadie había pedido ni siquiera un trago.

-Es cierto. Me han pedido que nos encarguemos de algo. Es un asunto de traslado.

-¿Drogas?

-No, Taz, drogas no. Mas bien una mudanza. Le Chat Noir se va a Nueva York en una semana.- dijo Daffy.

-Sobre eso, jefe...-comenzó Speedy, inseguro.- Pepe llamó antes de que llegaran. La fecha se pospone hasta dentro de dos semanas.

-¿Te dijo por qué?

-Dijo algo de un espectáculo de despedida y algo de agradecer y no se qué del apoyo de no se quien y algo de la ciudad...

-Que cursi- dijo Sylvester rodando los ojos.

-Eso nos dará mas tiempo- Daffy destapó la botella- Los que les ha tocado ser guardias ahí, sabrán el alto valor de los cachivaches del lugar. Sillas de marfil, vasos de vidrio soplado y pieles de algún animal extinto... Como sea, tenemos que encargarnos que todo llegué a Nueva York intacto y sin faltantes. Será sencillo, tengo algunos contactos que nos facilitaran el traslado en avión sin tantas tonterías de papeleos, así solo nos toca el empaque y el desempaque.

-Espero que nos paguen bien. Si me gustara cargar cosas y llevarlas en un camión a través de la ciudad, me habría metido de repartidor de gas con mi papá- dijo Syl encendiendo un cigarrillo.

-Dalo por hecho, es pan comido. Y ni se te ocurra encender esa mierda, sabes que lo detesto.

Sylvester desistió de su intento por prenderlo, guardándose el mechero en la bolsa de la chaqueta y quedándose con el cigarrillo apagado en los labios

-Los que vayan a ir a Nueva York vayan preparando su saco de dormir y su cepillo de dientes. Tendrán que estar allá antes que el avión con las cosas y como también ayudaran a ensamblar el nuevo local, no se cuantos días tarden.- anunció Daffy.

-Vaya una mierda. Ahora ademas de ser los guaruras de ese lugar, también somos sus monos mayordomos. ¿No puede poner Pepe a sus trabajadores a pintar y acomodar el nuevo lugar?- dijo alguien del fondo.

-Nosotros somos los trabajadores de Pepe, idiota- replicó Ralph, irritado- O dejaremos de serlo cuando el traslado termine. ¿Quien se encargara de la seguridad allá?

-Supongo que los empresarios que le ofrecieron el nuevo lugar también le darán un servicio de protección "profesional". Pueden considerar esto como nuestro ultimo trabajo para Le Chat Noir y para Monsieur Le Pew- dijo Daffy exagerando el acento francés.- A menos claro que alguno quiera quedarse en Nueva York. Les juro que nos los extrañare.

Nadie menciono nada, haciendo como si se lo pensaran. En realidad no podría culparlos si alguno decidía abandonar la ciudad, como tantos otros habían estado haciendo.

-Yo tengo un primo que es dueño de un piso cerca de una estación del subterráneo- dijo Speedy- Les será mas fácil moverse por Nueva York.

-Debí suponerlo, no hay un rincón de Estados Unidos donde no pululen los González- bromeo Daffy- Vale, pues no dudes en llamarlo.

Speedy asintió y Daffy dio la reunión por terminada. Los demás volvieron a sus asuntos, cualesquiera que estos fueran. Él también quería hacerlo, simplemente largarse de allí, pero todavía debía encargarse de algo.

-Porky...

El nombrado volteo desde la mesa donde estaba sentado, bajando los naipes que acababa de tomar. Daffy le hizo una seña de que se acercara y así lo hizo.

-¿S-s-si?

No parecía especialmente molesto o incomodo, como claramente Sylvester si estaba, pero había algo en él que hacia que Daffy quisiera dar un paso atrás. Su propia culpa, probablemente. Aún en todos sus años de callejero salvajismo, jamas había cometido el error de lastimar físicamente a su mano derecha y tal vez Porky pensaba lo mismo, ya que lucia mas desorientado que otra cosa.

El moreno se llevó una mano a la nuca, mirando el techo. Realmente pocas veces había tenido que hacer algo así y no estaba seguro de como empezar.

-Mira, respecto a lo de ayer...yo...-Su rosado amigo lo observaba con las cejas levantadas- Oye, no me sentía nada bien, con toda la presión de...y-y pude haber hecho cosas estúpidas...

Su voz sonaba profunda, hasta arrepentida y a pesar del titubeo, seguía pareciendo tan arrogante como de costumbre. Era buena señal.

-C-c-creo que entiendo- le cortó Porky antes de que terminara de hablar- Si-si-si estas tratando d-d-de disculparte, lo a-a-acepto. En realidad n-n-no fue nada.

Se sintió aliviado por un instante. Lo ultimo que le faltaba era que la persona que le era mas leal lo odiara, aun si fuera por razones validas.

-Pero- continuó- te no-no-noté muy extraño. ¿Q-q-que pasó? ¿E-e-estabas alcoho-ho-holizado o algo así?

No podía decir lo mucho que le chocaba el que Porky fuera así con él. No lo odiaba, ni le molestaba, solo le parecía chocante el que el gordito siguiera preocupándose por él aun tras tener un funeral en puerta. Aun después de alejarlo aunque sea un rato de la familia que le quedaba y debía estar consolando. Porky debía estar con su hija ahora y no escuchando excusas baratas de un tipo que no sabia controlarse.

-No, yo no estaba...- Se calló un momento por el recuerdo fugaz que le llegó a la mente.

Si, una hora antes de ir al hospital había estado esnifando coca con Bugs en su casa, sin embargo, sabia que esa no era la razón de su repentino ataque de irrealidad, ya que "eso" solía suceder sin necesidad de recurrir a estupefacientes -antes, cuando le pasaba con mas frecuencia-. Esa era la principal razón por la que no solía drogarse ni emborracharse cuando era más joven, ya que si los ataques solían ser horribles de por sí, creía que podían ponerse peor con ayuda de narcóticos.

-Mira, no importa- dijo al fin- solo...perdóname.

-De a-a-acuerdo- Su amigo volteo sin ver un punto fijo, hasta volver a míralo fijamente- ¿Se-se-seguro que e-e-estas bien?

¿A que se refería con eso?

Daffy asintió sin mucho animo. Porky suspiró, luciendo decepcionado. Se acomodó la boina que llevaba en la cabeza y caminó hasta la puerta.

-¿A donde vas?-preguntó

-Vo-vo-voy por Priscilla. Ha pasado c-c-con Lola todo el día. Dios sabe que ne-ne-necesita una figura materna mas que nunca.

El ruido de la puerta al cerrarse tras Porky fue callado por la radio, que ya no tocaba rap, sino que había sido cambiada a un reporte del clima local que anunciaba fuertes lluvias toda la semana.

De pronto, Daffy dio un golpe en la barra, tan fuerte que uno de los vasos que estaba sobre ésta dio un brinco.

-¡Maldita sea!- gritó

-¿Que diablos te pasa?- preguntó Taz.

-Voy a tener que volver a ir a la ciudad para llamar al servicio de transporte y decirles que se recorre la fecha. ¡Que te jodan, Pepe!


Mientras está forzando la cerradura de la puerta trasera de la casa de Daffy, recuerda con orgullo por un instante que fue el mismo Daffy quien le enseñó a hacerlo.

La cocina está hecha una mugre como es usual, lo que nunca ha dejado de parecerle extraño, puesto que Daffy nunca cocina o tiene comida en casa. Entonces no tiene idea de cuantos años llevan los mismos trastes en el fregadero o las manchas de grasa frente a la estufa y le parece repugnante, pero no tanto como un ratón que se ha quedado pegado en una trampa para ratones y chilla mientras se retuerce tratando de escapar.

Los chillidos le parecen atronadores y se queda paralizado del miedo por un segundo. Odia a los animales.

De la bolsa negra de plástico que lleva en la mano saca una zapatilla negra de tacón aguja Manolo Blahnik y se la pone (las Gucci dejaron de gustarle en el momento en que se percató que no combinaban con el vestido que pretendía usar). Después utiliza el tacón para pisar al ratón, que solo atina a chillar mas fuerte ante su destino; se oye un crujido y el ratón ya no hace ruido. Piensa que ha sido demasiado generoso en matarlo. La sangre se riega en hilillos por el suelo, pero ante el mal estado del resto de la cocina, solo parece una manchas mas. Nada en lo que fijarse.

Tras guardar la zapatilla de nuevo en la bolsa, sigue buscando a Daffy por la casa, esta vez sin reparar en el desastre que ésta es, pues le marea pensar en ello. Repite su nombre en voz alta varias veces, pero al parecer Daffy no está...a menos que se encuentre en el segundo piso.

Daffy nunca sube allí y a Bugs le bastó una sola amenaza de su parte para jamas hacerlo, sin embargo, la curiosidad de saber el porqué no lo deja sigue en él. ¿Es que le ocultaba algo? Sube el primer peldaño de la escalera. No debes. Luego otro y luego otro, hasta que está a medio camino. Él dijo que no lo hicieras. Las amenazas de muerte por parte de Daffy son una constante en su relación, pero la vez que le dijo que lo mataría si se atrevía a subir había sonado lo suficientemente convincente. ¿Por qué tengo que hacerle caso?

Antes de darse cuenta, ya está en el segundo piso. Un pasillo se extiende frente a él, con dos puertas en cada pared y al final una ventana. Sin pensarlo mucho, abre la primer puerta de la derecha.

Parece la habitación normal de un niño, solo que llena de polvo.

Tirado, en medio del piso, hay un libro abierto bocabajo.


Por ese día le había bastado con ir al centro de la ciudad. Iría otro día para volver a llamar al jodido servicio de camiones y cambiar la fecha. Debió imaginar que Pepe no se iría de Detroit solo así, sin una estrafalaria despedida llena de luces, purpurina y espectáculo digno de Las Vegas y una semana no seria suficiente para organizarlo, pero al menos le daba a él mas tiempo de planificación también.

Entró a su casa, sentándose pesadamente en su roído sofá y acomodando su bajo sobre sus piernas, pero antes de ponerse a tocar, de inmediato supo que algo andaba mal cuando escuchó pasos que venían de arriba. Sudor frio le bajó por la frente y tragó saliva con fuerza, sin embargo, un pinchazo de sentido común le dijo que no era nada de lo que estaba pensando. Se levantó, dándose cuenta también de que la puerta trasera estaba abierta.

Se sintió fastidiado al mismo tiempo que la adrenalina y excitación se hacían presentes. Eso era exactamente lo que había estado buscando durante todo el día y probablemente desde hacia un buen tiempo, pero el que llegara justo cuando iba a sentarse a relajarse era una cabronada. Tomó un bate de metal que tenia oculto tras el refrigerador.

Oyó mas pasos. La perspectiva de tener que ir al segundo piso no le agradaba nada, sin embargo, no iba a permitir que un idiota, quien quiera que fuese, se metiera y le robara así como así. De modo que tendría que hacerlo rápido y sin pararse a pensar demasiado.

Subió las escaleras, en total silencio y llenándose de coraje en el proceso, agradecido de haber tomado una botella completa de whisky minutos antes.

Los sonidos del ladrón venían del que antes solía ser la habitación de su madre y eso lo lleno mas de furia y nerviosismo. Se las pagarían caro.

Abrió la puerta con lentitud, aferrándose al bate como si su vida dependiera de ello, pero no por temor al ladrón.

–¡¿Pero que mierda estas haciendo aquí?!– gritó al ver que el intruso no era otro que Bugs. Este volteó alarmado por el grito, soltando lo que tenia en las manos.

–Casi me matas del susto– dijo, llevándose la mano al pecho. Colgando de su brazo tenia una bolsa negra.

–¡Voy a hacer algo peor que matarte si no te largas ahora mismo!- El pálido se estremeció un poco, pero no retrocedió o le apartó la mirada.

–Mira, sé que dijiste que no subiera jamas, pero es que yo...-comenzó a explicarse. Daffy no lo escuchaba, mas atentó al libro que había caído al piso.

El libro, el que le había regalado Melissa en su decimoctavo cumpleaños, una cursi novela rosa de Danielle Steel que odiaba, pero había releído mas que ningún otro libro en su vida. La ultima cosa que Mel le dio antes de que la mataran.

Apretó el puño con fuerza, hasta enterrarse las uñas en la palma y casi hacerse sangrar. Soltó el bate, que hizo un ruido sordo y distorsionado al caer.

– Vete.

–No fue mi intención...

–Lárgate de mi casa. No te quiero volver a ver nunca.

–¡¿Que?! Estas exagerando, oye, lo lamento.-

-¡Que te vayas!- le tomó del brazo, sin importarle las marcadas diferencias físicas entre ambos- ¡Largo! ¡No te vuelvas a aparecerte por aquí! ¡Vete, vete, vete, vete! ¡LARGATE! ¡NO TE QUIERO VER NUNCA!

Por primera vez en todo el tiempo que llevaba de conocerlo, Bugs Banney parecía desconcertado y legítimamente afectado por sus palabras, como si por primera vez de verdad entendiera lo que le estaba diciendo; pero tan pronto como un gesto de espanto se había dibujado en su hermosa cara, trató de borrarlo y recuperar su relajada actitud de siempre, costándole un esfuerzo enorme. Si Daffy no hubiera estado tan enojado, hasta habría sentido satisfacción por ello.

–N- no...- se limitó a decir, soltándose de su agarre.

–¿No?– repitió el moreno.

–No me voy a ir, Daff– dijo con seriedad.

Todo aquello se sentía como un espantoso deja-vu. Una situación muy similar que había ocurrido un par de años antes. Sin embargo, en donde Bugs estaba parado ahora, con firmeza, queriendo quedarse, había estado una mujer que no había dado su brazo a torcer ante su decisión de irse. Que dulce era la ironía.

De hecho, plantado allí frente a Daffy, él lucia mucho como ella.

Tina.

-¿Por qué no?- preguntó, haciendo uso de todo el auto control que le quedaba.

-Quiero estar contigo. Jamas me apartare de ti- respondió el pálido. Aunque eran palabras que pudieron haber sonado reconfortantes, lo había dicho en un tono que mas bien sonaba como una advertencia. Daffy no lo notó en ese momento.

Todo era tan extraño. Tina era la única que había sido lo suficientemente inteligente para irse a tiempo, pero él no consideraba que Bugs fuera un idiota, así que no entendía su aferro quedarse.

«–Tina, anda, no bromees.

No es una broma, Daffy, perdoname. Tengo que marcharme, mi autobús parte en una hora. Lamento que esto no haya funcionado.»

Puta mentirosa.

«– Por favor, quédate conmigo. Puedo hacer que funcione.

No. Te amo, pero no puedo vivir así y tú tampoco deberías»

Él nunca fue responsable por la vida que le tocó.

«– ¿A que te refieres?

Es... es este lugar, Daffy. Eres tú, son ellos ¡Muchos ya han muerto! Yo...no quiero esto. »

Ella fue muy lista al tomar esa decisión.

«– P-pero, Tina...

Perdóname, por favor, perdóname. Aun te amo muchísimo, pero voy a irme, lo quieras o no.

¡Pues bien! ¡Largo! !Toma tus mierdas y vete de mi vida!¡LARGATE! ¡NO TE QUIERO VER NUNCA!»

Gracias a eso Tina continuaba viva.

–Luces mucho como ella, si no te vas ahora voy a lastimarte seriamente

–No me importa- La determinación del pálido era feroz, pero él seguía siendo un chico escuálido con apenas carne en los huesos que se quebraría con facilidad.

Estaban en la habitación de su madre, con el libro que Melissa le había dado tirado en el suelo y el recuerdo de cuando Tina se había marchado fresco en su memoria. Todo era un puta pesadilla.

–¡Mierda!- lo tomó por la sudadera, abriendo la puerta de closet y empujándolo allí. La bolsa negra que tenia cayó y se escuchó el quebrar de algo de vidrio.

-¡Daff, ¿Que diablos haces?!- fue lo ultimo que alcanzó a decir antes de que Daffy cerrara la puerta del closet con seguro, dejándolo encerrado allí.

Bugs no quería irse, pero si continuaba ahí parado con la misma expresión que Melissa solía poner cada vez que Daffy regresaba lastimado de alguna pelea, este no iba a poder contenerse en descargar toda su rabia y frustración contra él. ¿Por qué carajo lo notaba tan parecido a ellas justo ahora?

-¡Doc, esto no es divertido! ¡Anda, déjame salir!- gritaba Bugs desde dentro del closet, golpeando la puerta con todas sus fuerzas- !Lamento mucho haberte desobedecido! !No debí entrar aquí! !Vamos, déjame salir! !¿Daffy?! ¡DEJAME SALIR!

Los golpes y gritos se extendieron hasta por media hora, hasta que cesaron. Daffy se sentó en el suelo, recargándose en el borde de la polvorienta cama, con el libro de Mel fuertemente aferrado. Se pasó la mano por el sudoroso cabello. El fuerte olor del aroma del perfume de Bugs se extendió por todo el cuarto; era lo que se había roto en la bolsa negra.

Todo era tan raro. Todo era un infierno, una maldita pesadilla.

Una locura.

Abandonad toda la esperanza cuando entréis aquí.