"Estuve en la oscuridad y volvi,

he olvidado hasta mi nombre.

La falta de dolor,

la falta de esperanza,

la falta de cosas que decir.

Estoy en mi camino a hundirme

y quisiera llevarte conmigo.

He mirado hacia enfrente y vi un mundo que esta muerto,

supongo que yo también lo estoy..."

-Marilyn Manson "Minute of decay".

-¿Estas listo?

El hombre frente a él le acaricio la mejilla con la yema de sus dedos. Su tacto era frio y áspero, pero al joven le hacia sentir un tipo de calidez que ni siquiera las llamas de la chimenea habrían logrado. Pensó en las palabras que el hombre acababa de decir y aunque todo en él le indicaba que respondiera un rotundo no, el miedo (¿A qué?) lo obligó a asentir con la cabeza.

Lo hace por mi propio bien, pensaba. Jamas me dañaría.

Su mente intentaba convencerlo, pero su cuerpo reaccionaba de manera totalmente distinta. Con cada roce de las manos del hombre mayor sentía mil arcadas. Cerró los ojos con fuerza, tratando de alejar toda la repulsión y asco que le ocasionaba el contacto, trayéndole terribles recuerdos. Las piernas le temblaban y agradeció estar sentado en el inmenso sofá de la sala de consulta.

-Ya...ya no puedo...- dijo con voz ahogada.-...No me gusta esto...

El hombre se detuvo. En ese momento, el chico se dio cuenta que a lo que le temía era a la mirada de decepción que justo ahora el otro le estaba dedicando.

-Eso quiere decir que la terapia no esta funcionando...Te sigues resistiendo- respondió el psicólogo, sonando molesto.

-¡No!- gritó de inmediato- De verdad estoy tratando, pero cada vez que usted me toca...- Las palabras quedaron atrapadas en su boca: "Cada vez que me toca siento como si me clavaran mil agujas, como si me quemaran con ácido".

-Ahora entiendo, yo soy el problema- sentenció el doctor, levantándose del piso y poniéndose su saco. El chico le rehuía la mirada, avergonzado, resistiendo las ganas de decirle que se quedara.

-No es eso a lo que me refiero, usted sabe que lo amo, pero...

-Si me amas como yo a ti, demuéstralo.

Sentía ganas de llorar con cada vez que esa mirada gélida lo taladraba. Aquel hombre era el único que le había mostrado su apoyo y ganas de ayudar en su situación. Había intentado curarlo y sanar sus heridas internas y lo único que le pedía a cambio él no se lo podía dar.

Pero si no se lo daba, ese hombre se iría.

-D-de acuerdo, lo siento- desabrochó su camisa, cerrando los ojos ante lo que estaba a punto de venir.

-Sabia que tomarías la decisión correcta. A veces olvido que eres solo un niño, Bugs...

Despierta.

Él despierta en un lugar oscuro, con el cuerpo adolorido. Le toma unos segundos acostumbrar su vista y entonces se da cuenta de que está acostado en el sillón de la sala de Daffy. Daffy no se encuentra por ningún lado, todas las luces de la casa están apagadas y afuera esta oscuro también. Un pánico momentáneo le sacude el cuerpo, antes de poder pensar que hacer.

Primero que nada, enciende la luz y abre una ventana, ahora puede respirar con normalidad. Se le ocurre de repente donde habrá ido Daffy, esperando que no sea demasiado tarde.

Se cubre con la cobija su cuerpo desnudo, dándose cuenta de que el sueño que tuvo le provocó una erección. Se queda paralizado, dejándose caer en el sillón y odiándose. Por primera vez se alegra de estar totalmente solo, pudiendo llorar a lagrima suelta. Siente asco por sí mismo.

Son la una y cinco de la madrugada.

Un espasmo recorrió cada célula de su cuerpo en un segundo. La adrenalina corría por su sangre, dándole una sensación de poder y dominio que tantas otra veces le había ayudado. La ira lo hacia invencible, era su mejor amiga y arma. Pero de pronto, en medio de todo ese aquelarre de emociones, un fugaz recuerdo se coló.

Era una bicicleta que tenia cuando era niño, ya algo oxidada y con la llanta delantera ponchada. Realmente a él no le importaba mucho y otras veces ya había pensado echarla a la basura, dado que no tenia reparo. Un día Wile, quien en esos tiempos era mas bajo que Daffy y bastante enclenque, la tomó sin permiso. Daffy no le hubiera dado mas vueltas al asunto, de no ser porque Wile la rompió. Claro, la bicicleta ya estaba dañada desde antes, pero Wile no tenia ningún derecho de romper sus cosas. Desde un principio, ni siquiera tenia el derecho de tomar su propiedad.

A Daffy no le importaba la bicicleta. Él mismo le hubiera prendido fuego si hubiera querido. Lo único que le importaba era el hecho de poder decir Es mio. Esa cosa me pertenece y tú la tomaste y la, partiste en dos. Ese día estaba sumamente molesto. Termino golpeando a Wile con un bate y quebrandole dos costillas, dándose cuenta de que el asunto no iba sobre la bicicleta, sino que se trataba de posesión y dominio.

Es mio, no tienes derecho ni a verlo si no me parece.

Por alguna razón, ese recuerdo le parecía importante ahora.

Eran la una y quince de la madrugada.

Ralph bostezó con fuerza. Ni la música estridente o las centelleantes luces de todos colores lograban quitarle el sueño, producto de tantas noches en vela por hacer guardia. Por suerte para él, esa noche seria la ultima que tuviera que hacer de cadenero en la entrada del Chat Noir. Sin embargo, también formaría parte del traslado del local a Nueva York y se preguntaba cual seria el maldito puto momento de su vida en donde por fin podría dormir como dios manda.

Se dio cuenta de que era tiempo de tomarse un pequeño respiro, así que llamó a Taz para que lo supliera mientras Ralph iba a fumarse un cigarro. Había pensado entrar al cabaré y tomar un trago con sus colegas, pero no se podía fumar adentro y ya estaba harto de escuchar a Sylvester hablar sobre el nuevo album de Blondie que Daffy, por alguna razón, le había regalado; optando por dar una vuelta a la manzana.

Encendió su cigarrillo, recargandose en una pared grafiteada. Por lo menos ahí el escándalo sonaba menos.

Habían pasado al menos cinco minutos, cuando Ralph lo vio. Era el chico que había ocasionado un pleito entre su hermano y Duck, fácilmente reconocible debido al tono rubio platinado de su cabello y su piel pálida que refulgía en la oscuridad. Ralph no era un marica como su hermano ni mucho menos, pero podía entender que era lo que hacia tan especial a ese niño como para que todos se volvieran locos. No solo tenia que ver con su apariencia, aunque de hecho (y le costaba reconocerlo) el chico era bien parecido, sino con todo lo que representaba. Caminaba desbordando seguridad en sí mismo y siempre parecía mirar a los demás hacia abajo, con una altanería y cinismo que no cuadraba con su apariencia mas bien frágil y delicada. Sus ojos parecían ocultar un deje de sorna y desprecio por sus semejantes que, mas que resultar chocante, era cautivador. Como una fierecilla a la que había que domar y enseñarle unos cuantos modales, algo que todos ellos: hombres acostumbrados a forzar su voluntad, estaban mas que dispuestos a hacer.

Excepto en ese caso, que se trataba de otro hombre. Se sorprendió al tener esa clase de pensamientos y los desechó de inmediato. ¿Que carajos le estaba pasando?

El chico (diablos, no recordaba su nombre) se detuvo en una esquina y dio vuelta en un callejón. A Ralph le pareció extraño, ya que sabia que ese era el lugar de reunión favorito de una pandilla de delincuentes inofensivos y sobre todo porque el chico no lucia perdido ni nada, sino que caminaba decidido al lugar exacto. La curiosidad lo animó a quedarse a ver que sucedía después, pero no era lo suficientemente fuerte como para acercarse a mirar, así que se quedo parado justo donde estaba.

Pasaron lo que a Ralph le parecieron horas, aunque en realidad seguía siendo temprano. Llevaba fumados ya cinco cigarrillos cuando el chico volvió a aparecer por el callejón, esta vez ligeramente diferente, ya que parte de su ropa estaba torcida, su cabello despeinado y luciendo fatigado, incluso sudoroso. No tardó en imaginarse que había pasado y sintió asco por la clase de depravados que rondaban sus barrios, pero...muy en lo profundo de sí, sintió una punzada de celos hacia los tipos que habían tenido la oportunidad de poseer a ese chico. Lo vio allí, caminando de regreso, luciendo mas vulnerable que antes y deseó entonces tomarlo tal y como los otros lo habían hecho, tratándose solamente de eso, de unas ansias locas de deseo y posesión salidas debido a la arrebatadora belleza del joven. Un tipo de belleza que nunca había visto en una mujer.

Se dio cuenta de lo que estaba pensando y su ultimo cigarrillo se le escapó de la mano. ¿Que mierda acababa de ocurrir? ¿Por qué la visión de ese chico le hacia tener esos pensamientos tan de repente? Se quedo helado, tratando de convencerse que era por el clima frio, que amenazaba con llover. Se fue de allí de inmediato, pensando que ese chico tenia algo raro, que era un anormal y había algo perverso en él. Algo que había estado a punto de contagiarle.

No sabia si sentir pánico o estar enfadado, solo sabia que no quería volver a toparse con ese tipo nunca.

Eran las once cincuenta y cinco de la noche.

No le había tomado mucho localizar el lugar, sabia quienes eran los tipos del callejón que había mencionado Bugs. Esos sujetos ya habían tenido problemas debido a sus hábitos de molestar chicas inocentes en las calles, pero el asunto no había pasado de allí. A Daffy le daba igual lo que hicieran o dejaran de hacerle a otras personas, solo quería que se dieran cuenta del gravisimo error que habían cometido al meterse con el gran Daffy "Duck".

Por suerte para él, al llegar al callejón, lo tipos seguían reunidos. Bebían improvisados cócteles producto de mesclar varias bebidas con otras y compartían las mismas agujas y churros de cannabis para pasar un buen rato con poco dinero. Al ver llegar a Daffy, los que un seguían semi conscientes ahogaron una exclamación de sorpresa y se fueron hasta atrás del grupo, tratando de pasar inadvertidos.

-¿Se divierten?- preguntó Daffy, levantando la voz entre todo el ajetreo. Ellos lo miraron.

El mas avispado de ellos, que Daffy había reconocido como líder, trató de conducir el asunto.

-Hacemos lo que podemos con lo que tenemos...pero si nos ofreces algo del bonito club donde trabajas no te lo vamos a rechazar- contestó, tratando de sonar relajado. Los niveles de marihuana en su cuerpo lo hacían todo mas fácil. Daffy le siguió el juego.

-¡Ah, claro! Puedo invitarles una botella de ron, coñac o whisky, tal vez también unos cuantos gramos de coca de la buena y si les apetece, una bailarina o dos- hizo una pausa, ante las estúpidas miradas que se estaban tragando sus mentiras- o mejor aun, un chico. He odio que eso les gusta mas estos días.

-Uff, si te refieres al de hace un rato, oye camarada, él se nos insinuó- dijo uno con gangosa voz de borracho.

Duck le dedico una mirada furibunda.

-¿En serio? ¿Y también les dijo que lo golpearan y desangraran?

-Hey hombre, no le hicimos nada que el no quisiera- Volvió a tomar la palabra el líder, envalentonado no solo por las drogas, sino por el hecho que ellos lo superaban en numero. - Es mas, no le hicimos nada que el no nos suplicara hacerle.

El grupo rió y el líder agradeció la ovación. Duck apretó los dientes, conteniéndose.

-Pero eso no nos hace maricas si es lo que quieres decir. Es solo que, en momentos de crisis, cualquier hoyo es bueno...y vaya que ese fue muy bueno.

Mas risas. Duck se unió a ellas, sarcástico.

-¿Y por lo menos sabes quien es ese "hoyo", amigo?- preguntó.

-Bahhh, ese chico es una vulgar puta que trabaja en ese barsucho suyo. Se acostaría con cualquier idiota por nada.- dijo otro, menos consciente que los que habían hablado hasta ahora. Esta vez Daffy no pudo ocultar un ligero gruñido de molestia y el líder se dio cuenta de ello.

-Pero, si nos hubiera cobrado algo, habría valido la pena- dijo, ya con la intensión de picar a Daffy.- Es decir, ya trae la experiencia, pudo soportar tres dentro casi sin esfuerzo y su manera de moverse era...

No pudo terminar la frase. Debió haberse dado cuenta de que estaba yendo demasiado lejos al ver la mirada que Duck le estaba dedicando, propia de un lunático peligroso. Los que estaban en mejor estado si se dieron cuenta e intentaron huir disimuladamente, pero el líder, dándoselas de chulo por creer que tenia ventaja, quiso lucirse y ahora pagaba por su estupidez. Duck le soltó un puñetazo en la mandíbula que casi lo levantó del suelo. La mayoría de los presentes echaron a corres, no obstante, hubo unos cuantos que parecían tener ganas de morir, pues se quedaron a pelear. Uno intentó llegar por detrás, pero Duck lo vio por el rabillo del ojo y antes de que pudiera siquiera tocarlo, lo quitó del camino con un codazo justo en medio del rostro. Casi pudo escuchar su nariz romperse.

Sabiendo que no lograrían nada si iban de a uno, los tres que quedaban trataron de atacar todos juntos, pero Daffy tenia un as bajo la manga, sacando una palanca del bolsillo de su rompe vientos, descargando con ella golpes en los lugares justos para que a esos tipos no se les ocurriera volver a meterse con él. Sin embargo, uno no captó el mensaje, ya que a pesar de las magulladuras en su rostro y brazo, aun tenia el valor para intentar golpear a Daffy. Él, ya cansado de esos imbéciles, se limitó a clavar el extremo de la palanca en su cadera. El grito de dolor que el tipo profirió fue suficiente advertencia para los que quedaban, quienes salieron huyendo del callejón.

-¡Estas completamente loco!

Daffy volteo. El líder, a quien había atacado primero, seguía tirado en el piso sujetándose la barbilla.

-¿Eh?

Por un instante, le pareció que las paredes del callejón comenzaban a moverse, de un lado a otro como si fueran de gelatina. La oscuridad del ambiente lo hacia todo tan confuso.

-¿Que dijiste?

-¡Ya me escuchaste!- parecía que le costaba un esfuerzo enorme hablar, debido a lo dañado de su mandíbula. Pero no se callaba...no se callaba...no se callaban...

La cabeza le daba vueltas. Creía escuchar el latido de su propio corazón cada vez mas rápido y fuerte, hasta asemejarse al sonido de un tambor. Pero tenia que esforzarse en mantenerse en sus cinco sentidos, porque el asunto con ese tipo no podía quedar simplemente así.

-¿Tú crees...-comenzó a decir- que a mi me gusta esto? ¿Tú crees que yo disfruto ser esto?

El lider abrió mucho los ojos, arrastrándose como podía lejos de Duck.

-¿Sabes por que lo hago? ¡Es que no hay opción!- su gritó sobresalto al muchacho, quien lo miraba fijamente.

Había comenzado a pensar en él como un muchacho. Hasta ahora se había dado cuenta de que era menor que él.

-¿Que crees que pasaría si yo los dejara hacer lo que se les de la gana con mis cosas? Si yo les diera la mano, ustedes se tomarían el pie. Habria caos y desorden, amigo, y si hay algo que de verdad odio, es el caos y el desorden. ¿Sabes lo que se les hace a los perros cuando se ponen eufóricos y destructivos?

Escuchaba su propia voz como si viniera de muy lejos. Sentía en su interior cosquilleo muy parecido a la risa.

-¿D-de que demonios e-e-estas hablando?- un temblor excesivo recorría el cuerpo de muchacho. No le sorprendería si de un momento a otro comenzara a orinarse en los pantalones.

-¡Hablo de él! ¡El chico al que violaron! Si son los suficientemente bestias como para no poder mantener sus penes en sus pantalones, empezare a tratarlos como bestias.

-P-p-pero nosotros no-no lo...

-Shhh...no me importa. El caso es que tocaron algo que es mio, sin permiso y no contentos con habérselo follado lo maltrataron. Ahora cada vez que yo se la meta no podre evitar pensar en que ustedes invadieron mi espacio. ¿Te parece bien eso?

-¡Pero nosotros no...!

-¡CALLATE!

Le dio una patada en el rostro que lo hizo caer hacia atrás y su cabeza rebotó en el pavimento. A pesar del impacto, el chico seguía consciente, llorando incesante y murmurando cosas ininteligibles.

-Lolamentololmanetololamento

-Si, deberías lamentarlo.

Su rostro congestionado y sus lagrimas que no paraban causaron un extraño impacto en Daffy. Una extraña incomodidad que pronto se transformo en molestia que terminó por mutar a una violenta ira.

¡Cállate, niño! ¡Para de llorar! ¡Tus lagrimas no van a hacer que ella vuelva!

Solo eres un mocoso inútil y estúpido, por eso ella se mató. Eres un fastidio.

Las voces que lo habían estado acosando todos estos años.

Sintió algo húmedo bajar por sus mejillas.

-¡Cállate!- una fuerte pisada en torno al rostro del chico. Una dos, tres cuatro cinco. Muchas pisadas. Escuchaba los gritos repetidos de alguien, pero ese alguien no era nadie mas que él.- ¡Cállate! ¡Cállate! ¡Cállate!

¿A quien le decía que se callara? ¿A si mismo? ¿A las voces? ¿Al chico que ya hacia un rato había parado de llorar?

Porque estaba muerto.

Una masa de sangre se encontraba bajo su piel, pero para ese instante Daffy ya no se sentía lo suficientemente fuerte como para mirar. Sabia lo que había hecho. Sabia desde hacia mucho que solo era cuestión de tiempo para que pasara. Ahora era a él a quien le tocaba temblar.

¿Tu crees que yo disfruto esto? El chico no le había respondido. Si, por supuesto que lo disfruto.

Pero eso no quiere decir que me gusta ser un monstruo.

-¿Daffy?

Sintió la cálida mano de Bugs tocarle el hombro, fue entonces que se dio cuenta de que estaba llorando. El pálido lo miraba con preocupación, sin molestarse en ver lo que había causado. Daffy le agradeció internamente por eso. Se abrazaron. Daffy se aferró a su cuerpo como si no lo hubiera visto en años, oliendo su cabello y su ropa, como si tenerlo cerca fuera una necesidad primaria.

-Esta muerto- dijo Bugs.

Daffy se paralizó.

-Si, lo esta.

-Lo mataste por lo que me hizo.

-No quiero hablar de eso...

-Vamos a casa, entonces.

Tuvo que apoyarse en Bugs todo le camino, se sentía incapaz de caminar por sí mismo. Al llegar a su casa se tumbo en el sillón y se desahogo. Le habría gustado hacerlo como cualquier otra persona, simplemente llorar hasta quedar seco o gritar hasta dejarse sordo, pero esas cosas tan mundanas no funcionaban para él. Tenia una fuerte opresión en el pecho y no podía sacarla, por mas que lo intentara, así que como siempre hacia, solo podía mantenerla controlada.

-Maldita sea...

Se levantó y pateo la mesita de la sala, que fue a quebrarse a la pared de enfrente. Ya no estaba enojado, sin embargo, no sabia manejar sus sentimientos de otra forma. Lanzó, golpeó y pateó todo lo que pudo, hasta que el cansancio le ganó y de nuevo volvió a sentarse de golpe, al fin pudiendo llorar. Bugs solo lo observaba desde el arco de la entrada, con una expresión en su rostro difícil de descifrar.

-¿Quieres que me vaya?- preguntó después de un rato.

-¡No!- dijo casi como una orden.

-Eso creí.

-No te vayas jamas

-Te dije que no lo haría. Nunca.

El chico pálido se sentó a su lado, pasandole el brazo por los hombros.

-Te amo, Daffy.

El nombrado se quitó las manos del cabello y lo miró fijamente. No había ningún rastro de rudeza o furia en su rostro, como era habitual, sino que lucia perdido y desesperanzado como probablemente era su verdadera cara. No le importó mostrársela a Bugs.

Este le dedicaba una cálida sonrisa que parecía decir "Todo va a estar bien", aunque Daffy sabia que no. Nada lo estaba, pero todo parecía menos horrible con su chico a su lado.

Se acercó para besarle, casi con timidez, inseguro en sus pasos y en lo que quería hacer, con la imagen del cadáver aun fresco en su memoria. Oh dios...

Bugs comprendió y fue él quien tomó la iniciativa, empezando con un ligero beso en los labios. Juntó su frente con la de Daffy y se miraron frente a frente, tomó sus mejilla entre sus manos enguantadas y sonrió, tratando de animar al moreno a que también lo hiciera. Este se soltó de su agarre y le rehuyo la mirada, casi sintiendo vergüenza. Bugs lo tomó entonces por los hombros.

-Hey, Daff, mírame-No le hizo caso- Mírame.

Su hermosos ojos eran la muerte misma para Daffy. Podía ver su monstruosidad reflejada en ellos. Eran como pozos profundos, como abismos.

Quería hundirse en ese abismo. Ya no quería seguir luchando contra ello.

Besó a Bugs, perdiéndose en su boca y en todo su ser. Lo necesitaba. Lo besó no solo en los labios, sino también en la frente, las mejillas, los parpados. Odiar ya no le era suficiente, ya no le llenaba ni le hacia sentirse vivo, ya estaba cansado de hacerlo. Bugs era lo único que tenia ahora y a él solo podía amarlo hasta que doliera, sin importan quien o qué fuera.

Había pasado demasiado tiempo viendo el abismo, hasta que el abismo había terminado por verlo también.

Eran las tres en punto de la madrugada.

NOTAS DE AUTOR.

Bien, antes que nada y como siempre, me disculpo por haber tardado siglos en actualizar. No hay tiempo para excusas, pero lo lamento. Tuve que entrar en un estado emo depresivo para poder escribir este fic, aunque creo que al final ha valido la pena. De todos modos, ante cualquier cosa rara que noten, culpen a Marilyn Manson, no a mi :v

Aprovechando este espacio, debo decir unas cuantas cosas: Numero uno. A Daffy realmente no le interesa en absoluto si Bugs fue violado o no, como podria parecer en el capitulo anterior. De hecho, el propio significado de la palabra le es ajeno. Él es el tipo de persona que sobre reacciona con cosas mundanas, pero le son indiferentes las cosas en realidad importantes. Porque ya saben, no esta muy bien de la mente.

Segundo: Las partes de Bugs estan descritas en tiempo presente o en primera persona, porque quiero que se diferencie de las demas narraciones. Son las partes que mas me gusta escribir ademas de las que mas me perturban.

¿Alguien a notado que Bugs se asusta mucho?

Tercero: Ya para disculparme por tardar y para celebrar que el fic ya mero acaba (aun le quedan como cuatro o cinco capitulos, peor aun así), he decidido juntarme con alguien y hacer una dinámica, así que atentos:

Quien sea el primero en comentar el año exacto en el que transcurre el fic, ganara un dibujo de su escena/ personaje favorito. He ido dejando pequeñas pistas a lo largo de los capítulos, pero según recuerdo, nunca he mencionado el año exacto. O bien, si no atinan al año, al menos digan cuales son las edades de Bugs y Daffy en el fic.

Vale, buena suerte y no leemos hasta la proxima.