¿Existía una palabra que pudiera describirlo?
Tal vez "vacío", "desolación", "ira", "odio", "tristeza", "depresión"…
"Deseos suicidas"
No, no. Nada de eso estaba bien dicho. Todas esas palabras solo eran ramas, pequeños fragmentos del problema real. Debía intentar pensar, para al menos poder ponerle un nombre y saber a lo que se enfrentaba, debía pensar… pero la maldita lluvia no lo dejaba concentrarse. Había comenzado a llover hacía una hora y desde entonces el diluvio solo había aumentado. Estaba mirando por la ventana y el aguacero no lo dejaba contemplar más allá de su jardín trasero.
El jardín…
La había encontrado muerta, con su delgado cadáver balanceándose colgada del cuello en la viga del techo. El viento soplaba con fuerza entrando por la ventana, agitando las rojas cortinas detrás de ella. Casi parecía que volaba y que las cortinas eran su capa de heroína. Eso fue lo primero que pensó al verla, un pensamiento infantil que contrastaba con el horror que vino después, cuando se dió cuenta de la verdadera situación.
Soltó un pequeño grito, ahogándose en llanto. Se quedó paralizado sin saber que hacer.
Ahora que era mayor, sabía que debía haber llamado a emergencias o a alguno de los vecinos, tal vez las cosas hubieran salido mejor si hubiese actuado así, pero en ese momento él solo tenía ocho años y su primer impulso fue bajar el cuerpo.
Primero quitó el colchón de la cama para ponerlo debajo de ella y que el cuerpo no impactara contra el piso cuando cortara la cuerda. Daffy trepó por el gran librero hasta estar a casi dos metros del suelo, hizo equilibrio para pararse y se sujetó de la misma viga para evitar caerse. Con un cuchillo fue cortando la cuerda mirando con ojos llenos de lágrimas la expresión de su madre, Hannah, con la negra piel que había sido brillante y en tonos anaranjados cuando estaba viva, ahora grisácea y apagada. Los ojos vacíos y abiertos no miraban a ningún lado y amenazaban con salirse de sus cuencas. No podía llevar mucho tiempo muerta, pues aún no había empezado a desprender olor a putrefacción, en cambio había otro hedor horrible que nada tenía que ver con la descomposición del cuerpo.
Logró bajarla, acomodándola tanto a ella como al colchón de nuevo en la cama. Fue difícil, pero él siempre había sido un niño fuerte. La acostó y la puso como a una princesa en un libro de cuentos, con las manos en el pecho. Peino sus rizos azabache que él no había heredado y le puso flores.
Había dejado de llorar hacía un rato y todo lo había hecho mecánicamente, solo para mantenerse ocupado. Para evitar que su mente reparara en la fría verdad.
Los vidrios estaban empañados.
Ya no recordaba cuanto tiempo había estado allí, sentado en el sofá mirando llover.
Se suponía que estaba pensando en algo importante ¿El qué exactamente? Su propia mente se encontraba tan empañada y opaca como los cristales. Cada vez que sentía que por fin podía ponerle orden a sus pensamientos, estos se le volvían a escapar de las manos como agua. Ni siquiera podía empezar a preocuparse por ello, no estaba muy consiente de nada. Si de pronto se desataba el juicio final y hordas de demonios salieran de la tierra y los cuatro jinetes bajaran del cielo, él no lo habría notado.
Escuchó unos pasos aproximarse y movió la cabeza un poco para poder ver al recién llegado. Era Bugs, saliendo de quien sabe donde ¿De la habitación? ¿Habían hecho el amor?
—Creí que habías salido, viejo. Te levantaste hace horas — dijo con voz que sonaba a que acababa de despertar y dio un bostezo — Vaya día de mierda ¿Eh?
Si, un día de mierda.
Ella no lo quería.
Nunca lo hizo. De hecho, ella lo odiaba. La había escuchado decirlo cuando un día Daffy regreso de la escuela y encontró a su madre platicando a lágrima suelta con la abuela de Porky en la mesa de la cocina. Hannah (ya no quería llamarla mamá) le había dicho que Daffy le había arruinado la vida, que estaban hasta el cuello de deudas, que estaba harta de estar encerrada todos los días en esa maldita casa y solo salir a trabajar, que nunca había querido tener un hijo, que el hijoputa de Demian (suponía que se refería a su padre) se había aprovechado de ella cuando era menor de edad. Daffy no quiso seguir escuchando más y subió a su habitación a oír música en su vieja radio, leer un libro o hacer cualquier cosa que lo distrajera.
Tiempo después, cuando la tuvo muerta y en la cama cual Blanca Nieves, no quiso volver a pensar en esa conversación, pero no pudo evitarlo y terminó saltando de su mente. Esa era la razón. Por eso ella lo había hecho. Por culpa de él. Lo odiaba a él y odiaba su vida y se había suicidado.
Ella… ella… ella era una perra cobarde. Una puta blanda.
Recordaba vagamente el haber gritado por un rato largo al cadáver de su madre toda clase de cosas atroces, todo el coraje que llevaba dentro desde que la había escuchado confesar todo aquello. Luego no pudo más y salió de la casa para empezar a correr.
—Ehhh… ¿hola? Tierra llamando a Daff. Viejo, estás del otro lado del universo —dijo Bugs frente a él agitando sus manos enguantadas. Sonreía, como si no se diera cuenta de lo que estaba pasando internamente Daffy, como si le diera igual. La puta cordura del moreno se estaba viniendo abajo y Bugs actuaba como si nada.
Lo sujetó de la muñeca y lo jaló con fuerza, haciendo que el pálido cayera estrepitosamente al suelo, más por sorpresa que otra cosa.
—¿Qué pasa contigo? — preguntó, un poco más serio, pero sin dejar que le afectara. Aún tenía rastros de felicidad en la expresión y eso, por alguna razón, enervaba a Daffy.
Como si pisotear psicológicamente a su pareja fuera lo único que le pudiera dar consuelo.
Podía hacerlo. Tenía el derecho de hacerlo. Daffy había matado por él, podía hacerle lo que le viniera en gana.
—¿Por qué los mataste? —le cuestionó el moreno y su gruesa voz le salió algo extraña por no haberla usado en un largo tiempo.
Toda la tranquilidad en Bugs se esfumó en un suspiro. Su expresión apenas había variado, pero Daffy lo conocía lo suficiente para darse cuenta hasta de lo más insignificante.
—¿Qué? —dijo Bunny, fingiendo no enterarse de lo que Daffy se refería— ¿Te ocurre algo malo? Estas muy raro hoy ¿Te tomaste las pastillas de…?
Daffy levantó el mueble de madera donde antes había estado la televisión y lo lanzó a los pies de Bugs, en donde se hizo pedazos.
—¡¿Por qué los mataste?! — insistió
Bugs no retrocedió ni se asustó, aunque sus ojos estaban clavados en Daffy esperando su siguiente movimiento.
—¡¿Por qué estás actuando así?!— le gritó también
Vaya, así que ahora actuaba como la víctima.
—Me engañaste… —dijo Daffy en vos baja, apenas audible.
Sin embargo, Bunny lo escuchó, esta vez retrocediendo un paso como gesto involuntario.
—¿De qué hablas?
No iba a decírselo a Bugs. No iba a decirle que Lola, su propia hermana, le había dejado a Daffy un mensaje con Speedy para reunirse con ella después de ir a supervisar la mudanza. No le diría que él accedió y que se reunieron en el bar González, donde ella, llorando, le había confesado lo que en realidad había pasado la noche donde habían atacado a Bugs. Que todo había sido una farsa y que ella había cooperado haciéndole moretones y cortadas a su hermano. Qué lo lamentaba mucho y no sabía lo que Bugs pretendía y que no tenía idea de que las cosas iban a pasar de la manera en que pasaron. Tampoco le diría a Bugs que le dio una fuerte colleja a su hermana dejándole un moretón en la cara que no se le quitaría en varios días. Así de colérico estaba.
Eso había pasado ayer y cuando Daffy llegó a la casa, Bugs ya estaba dormido en la habitación y Daffy durmió en el sofá de la sala. Ahora lo recordaba todo. Se había quedado dormido pensando que había cometido un asesinato por nada, que el chico era inocente, que había sido manipulado una vez más. Se había aferrado a la idea de que el tipo se lo merecía para menguar su culpa y ahora resultaba que no era así. Ya no tenía nada. Había asesinado por culpa de un maldito que no valía la pena.
Había asesinado…
Un mes entero había tenido el cadáver en la cama, en una habitación cuyo aire era irrespirable por la peste. Un mes en el que no había comido gran cosa y había dormido incluso menos. A nadie le importaba , nadie había dio a buscarles…o tal vez si. Daffy ya no se sentía seguro de sí mismo. Había ocasiones en donde creía con fuerza que su madre se levantaría de la cama como si nada y otras en donde le gustaba imaginar que estaba sufriendo horrores en el puto infierno. Había veces en las que la oía llamándolo por su nombre y cuando entraba a la habitación, seguía igual de muerta. Otra veces le gustaba pensar que todo había sido un mal sueño y que las cosas estaban igual, él despertaría y ella lo estaría esperando abajo con el desayuno en la mesa. Ya no sabía cuál de todas esas versiones era la real.
Sin importar que fuera, no podía seguir teniendo el cadáver en la casa. El olor era terrible y varias alimañas comenzaban a plagar la casa atraídas por este, así que sacó una pala del cobertizo y empezó a cavar un hoyo en el jardín trasero. Pero, cuando estaba a punto de terminar, se le ocurrió que no debía detenerse allí.
Podía cavar muchos mas agujeros, para diferentes personas.
De pronto, deseo que todos estuvieran muertos.
—Tú sabes de lo que hablo — dijo aún en voz baja, pero igualmente gutural
Bugs había recuperado un poco de su tranquilidad anterior, como si mil veces prefiriera hablar de eso a que Daffy le preguntará cosas del otro asunto. Como si de alguna modo eso fuera menos terrible. No le daría esa satisfacción.
Tal vez iba a explicarse, tal vez iba a pedir perdón o algo así, pero Daffy nunca lo sabría, porque en el momento en el que el pálido iba a ponerse a hablar, el moreno se acercó y lo sujetó con fuerza por ambas muñecas.
—Te lo preguntaré una vez mas y será la última, ¿Por-qué-los-mataste?
—Me dijiste que eso no te importaba, que no querías saberlo —dijo Bunny con voz neutra— Me dijiste que yo no te debía nada.
Daffy sonrió de lado, un gesto que resultó más escalofriante que tranquilizador.
Se acercó más a Bugs para hablarle al oído.
—Ahora me debes algo
El pálido se le quedó mirando un instante. A pesar de que Daffy lo conocía a la perfección, a veces podía ser tan impredecible como acabó demostrando en ese momento.
Bugs le metió un rodillazo en la entrepierna que hizo que lo soltara y pudiera escapar. Daffy jamás sabría si la intención del pálido era huir o solo buscar algún instrumento con que poder atacarlo, nunca lo sabría porque se recuperó rápido y pudo dar la vuelta para sujetar al pálido por una pierna y hacer que cayera de rodillas. Iniciaron un forcejeo en el suelo.
Ambos eran hombres, era obvio, pero a Daffy a veces se le escapaba ese detalle cuando tenía a Bugs debajo suyo gimiendo o cuando contemplaba su rostro y no veía nada más que pura belleza angelical en sus rasgos finos y piel lechosa. En esos momentos era fácil olvidar que Bugs también tenía testosterona.
Nunca se imaginó que el pálido fuera tan fuerte como estaba demostrando ser al soltarle un par de puñetazos en el ojo y seguirle el ritmo en una pelea. Hizo caer a Daffy hacia atrás, provocando que el sofá se partiera en dos. Era fuerte, pero aún así solo había podido mantener a raya a Daffy por el factor sorpresa y por muy hombre que fuera también, Daffy seguía siendo mejor peleador y el doble de su talla. No le costó mucho volver a dominarlo, ahora en el piso, de nuevo sujetándolo por la muñecas. Ambos estaban sudorosos y fuera de sí.
—Me habrías hecho más daño si no tuvieras esos ridículos guantes puestos siempre —dijo el moreno con sorna y Bugs frunció el ceño, tratando de liberarse.
Sin importar como terminara todo, a Daffy se le antojaron aquellos guantes como un buen trofeo. Además, cualquier cosa que Bugs estuviera ocultando con ellos lo llenaba de curiosidad desde hacía tiempo.
Se sentó en el estómago del pálido, dificultándole la respiración y movilidad y trató de quitarle los guantes a la fuerza, debido a Bugs que tenía los puños cerrados.
—¿Q- que haces? — preguntó el pálido, paralizándose un instante, con los ojos muy abiertos.
—Nunca he entendido para que necesitas esto— dijo Daffy, consiguiendo arrancarle el fino guante blanco de su mano derecha.
—¡No! ¡Espera! Si lo que quieres es una disculpa, yo…yo… ¡Lamento haberte engañado! ¡Lo siento! ¡Solo quería que volviéramos a estar juntos, ¿De acuerdo?! Solo…solo… —dijo con la voz entrecortada y no únicamente por la falta de aire.
Algo no iba bien. Qué Bugs se disculpara, no, que Bugs suplicara solo podía significar algo horrible, pero joder, Daffy lo estaba disfrutando demasiado.
Le quitó ambos guantes y Bugs dejó de moverse.
Fue un tanto decepcionante. Daffy esperaba encontrar cicatrices, como la que el mismo tenía en el cuello, o ya poniéndose creativo, garras o escamas. En cambio, bajo los guantes solo había manos demasiado blancas de largas falanges. Qué aburrido.
Si no cubría nada, entonces ¿Por qué usaba los malditos guan…?
Sus pensamientos se vieron interrumpidos.
Bugs, debajo de él, temblaba incontrolable. Daffy ya no lo sujetaba, pero aún así el seguía teniendo las manos en la misma posición a la altura del pecho. Sus ojos violetas, brillantes por las lágrimas, lo miraban como si no lo conocieran.
Daffy se levantó y le tendió la mano para ayudarlo a levantarse. Seguía lleno de ira y aún tenía ganas de molerlo a golpes, pero de nada serviría si el pálido ya no tenía nada más que hacer o decir. Sin embargo, Bugs rechazó su mano y se paró por cuenta propia. Aún parecía fuera de sí, con mirada ausente y sin ver nada. Daffy lo siguió con la vista hasta la puerta, donde el pálido se quedó parado un segundo antes de decidirse abrirla, pero cada vez que intentaba poner la mano en el picaporte, la retiraba inmediatamente como si tuviera miedo de que este le quemara.
—¿A dónde vas? — le preguntó el moreno con fastidio — Vives aquí ahora, imbécil
—No puedo estar aquí —respondió con voz queda y lejana, sin verlo, aún tratando de tocar el picaporte inútilmente —Necesito otros guantes…
—¡Tú no necesitas nada! ¡Y ya deja de jugar que me pones de los nervios! —estaba a punto de jalarlo otra vez por la muñeca, cuando antes de poder si quiera tocar su brazo, Bugs reaccionó más rápido y le araño la cara. Fue un movimiento instintivo, pero preciso. Sus uñas no eran muy largas, sin embargo Daffy pudo sentir hilos de sangre bajándole por el mentón. Se tocó la mejilla y sus dedos quedaron empapados de líquido rojo.
—P-perdón — dijo el pálido con legítimo horror, pero Daffy no tenía idea si a lo que temía era a él o a la sangre.
—Si, si deberías lamentarlo— dijo antes de pagarle con la misma moneda. Le dio un puñetazo en el estómago que lo derribo y una vez de nuevo en el suelo le metió dos patadas en las costillas.
Se sentía tan jodidamente bien. Empezaba a sentir la excitación recorrer su cuerpo.
—Defiéndete ¿Qué esperas? ¡Defiéndete! Después de todo lo que me has hecho voy a gozar haciendo esto— gritó Daffy con los puños apretados —¿A qué es a lo que le temes? ¿A esto?
Tomó a Bugs con fuerza de una mano, jalando, sin importarle si le hacía más daño debido a las costillas rotas.
—¡Suéltame! —chilló el pálido, horrorizado por el contacto mano con mano. Forcejeaba como un poseso, como si le estuvieran quemando con ácido. Daffy, por su parte, no sintió nada especial, más que la frialdad de la mano de Bugs. Ya no volvería a sentir nada por él.
—Porfavor… —dijo después de lo que pareció un rato largo — ... suéltame
Las lágrimas de desesperación manchaban su rostro y Daffy se habría acercado a saborearlas de no ser porque se le antojaba como un gesto demasiado sádico.
—…te daré lo que quieres…
Fue ahí cuando el moreno le prestó toda su atención.
—¿Lo que quiero? ¿Cómo sabes qué es lo que quiero? — preguntó Daffy, escéptico
Bugs se desabrochó la camisa del pijama con mucha torpeza debido a los temblores y a que lo estaba haciendo con su única mano libre, pero seguramente también con mucho esfuerzo debido al asco que le provocaba tocar cualquier cosa. Cuando terminó con los botones, se bajó la camisa hasta los hombros, ofreciéndose.
—E-esto es lo que quieres ¿No? Tómalo —dijo Bugs, casi con alivio
Daffy no sabía si echarse a reír o sentir pena.
—¿Por qué estás tan seguro de que es eso?
Bunny lo miró directo a los ojos. Todavía quedaba en él restos del Bugs con el que se había agarrado a golpes antes, pero por el momento estaba enterrado, muy muy en el fondo.
—Eso es lo que siempre han querido de mí —respondió entre hipidos — Todos, todo el tiempo, desde que era un niño….
Él agachó la cabeza. Daffy abrió mas los ojos, repasando las palabras dichas en su mente, pero no podía interpretarlas de modo correcto. No podia imaginarlo por cuenta propia a pesar de que ya lo sospechaba.
—¿Y por eso los mataste? — preguntó. Cuando Bugs no respondió, apretó aún más su mano, haciendo que se estremeciera.
—Si…
Daffy no dijo nada. Se quedó expectante, invitándolo a continuar.
—Él… el que era mi padrastro. Laura lo llevó a la casa un día, poco después de que yo cumpliera siete. — Daffy ya sabía quien era Laura, así que no tuvo que preguntar por ello — Era un maldito cerdo y un criminal y ella lo sabía, pero no le importó. Él…él… se acercaba mucho a Lola, la ponía en su regazo y trataba de estar solo con ella a cada oportunidad, pero yo me di cuenta. Sabía lo que quería y… se lo di. Le dije que la dejara en paz, Lola solo tenía cinco años, y él me dijo que si no era ella, tenía que ser yo.
La fuerza con la que lo mantenía tomado de la mano disminuyó y Bugs intentó soltarse de nuevo, sin embargo aún no era suficiente.
—Siete años —continuo el pálido — Estuve viviendo con eso siete años. Ya ni siquiera me importaba, hasta que…un día… él… él no pensó las cosas y-… y lo hizo frente a ellas. Lola y Laura estaban mirando y ya no pude más con eso — hizo una pausa para limpiarse la nariz con la manga— Creí que algo cambiaria si Laura lo veía, que por fin se convertiría en la madre que siempre debió ser. Qué estúpido ¿Verdad? Ella era una simple mujer débil y cobarde.
Aquellas palabras calaron en Daffy hasta lo más hondo de su ser. Una puta cobarde. Una perra blanda.
Todas esas palabras mentiras para sí mismo.
—Después del juicio, nos asignaron un psiquiatra a ambos, antes de que nos pusieran en una casa de acogida, pero…
—¿"Pero"?
Bugs seguía sin mirarle. A Daffy no le importaba.
—El que me asignaron se especializaba en esos casos, pero no por méritos, sino porque sabía que clase de niños eran más vulnerables. Ese maldito doctor era igual a mi padrastro. Ellos…ellos me hicieron pensar por mucho tiempo que así eran las cosas. Qué los hombres que me volteaban a ver solo querían una cosa de mí y que sólo así podía conseguir lo que quería. Es…cierto, de algún modo.
Esta vez Bugs si que lo miró.
—Nos pones a mí y a Wile en el mismo saco que a esos tipos ¿No? — dijo Daffy ofendido.
El pálido no negó ni afirmó nada.
—Es mi culpa también —dijo Bugs — En algún momento traté de llevar una vida normal, tener una novia y tal vez casarme y tener hijos. Hacer una vida estable. Pero eso no salió para nada bien, ni para mí ni para ella. Yo ya estaba tan hundido en la mierda que no podía hacer otra cosa que arrastrarlos a todos conmigo. Supongo que no sé hacer nada más.
Daffy lo pensó en momento, sin ceder aún al agarre. Lo entendía, por mucho que no quisiera sentir empatía por Bugs, entendía a lo que se refería. El abismo y vacío constantes, en donde a falta de cura prefería esparcir la enfermedad.
—¿Cómo se que no estás mintiendo? — terminó preguntando al fin.
Bugs, que mientras había estado hablando había estado débil y en calma, casi en trance, se exaltó.
—¡¿Por qué iba yo a mentir con algo como eso?!
Daffy volvió a sonreír de medio lado, con esa expresión que oscilaba entre la burla y la lástima.
—Por la misma razón por la que no paras de mentir en todo lo demás. Creo que solo tú lo sabes.
Bugs se quedó sin nada que decir y Daffy sintió satisfacción por ello.
—¿Por qué hacerlo? —siguió diciendo el moreno — ¿Por qué esforzarte tanto por mí al grado de fingir un ataque y hacer que te lastimaran a propósito? ¿Qué diablos es lo que quieres?
Bugs suspiró. —Yo solo…quería saber si te importaba. Quería que me protegieras.
—¿Protegerte? Vamos, idiota, no creo que tú, entre todas las personas, necesites protección
—Eso quiere decir que he hecho un muy buen trabajo dando la imagen que quiero dar — Bugs casi sonrió, pero seguía sin poder ponerse del todo cómodo con Daffy sujetando su mano. A cada tanto le echaba un vistazo a sus manos entrelazadas.
—Eso es muy tierno, niño, de verdad que lo es, pero nada justifica lo que has hecho ¡Lo que me hiciste hacer! — exclamó con ira renovada, al escuchar las simplezas cursis del otro. No creía para nada en las palabras de Bugs, pero tampoco quería imaginar que había más motivos oscuros y retorcidos en su cabeza, a los cuales solo una mente desquiciada podía darles forma.
De hecho, parecía que genuinamente Bugs no lo entendía. Qué no era capaz de comprender que las cosas que había hecho estaban mal y si se había disculpado con Daffy, era solo porque creía que lo había molestado y ya, sin detenerse a pensar en todo lo demás, el daño que sus caprichos habían causado.
—Al menos lo logré ¿No? Sí te preocupas por mí, incluso ahora. Seguimos juntos, tal como quería. Creo que ya no pretendo nada más, es…perfecto
Daffy encontraba un poco cómico que Bugs dijera esas cosas de ambos después de haberse peleado a golpes y de que le dejara unas cuantas costillas rotas.
Si ese era su ideal de una relación ¿quién era él para negárselo?
Con la mano que tenía libre, le tomó del cabello e hizo que ambos se miraran. Bugs tenía en la comisura de los labios un hilo de saliva mezclado con sangre. Tal vez estuviera teniendo una hemorragia interna en esos momentos, pero a Daffy le importaba un carajo.
—Te odio — le dijo — Odio en lo que me has convertido, odio lo que tú mismo eres y lo que me haces sentir, pero tienes razón. Ahora mismo solo somos tú y yo ¿Y sabes qué? Me doy cuenta de que estoy actuando como un imbécil al pretender que soy mejor que tú. Igual estoy hundido en la mierda, igual soy un puto monstruo que ha clavado las garras en donde ha podido para salir bien parado, igual he querido arrastrar a todo santo conmigo. No le deseo bien a nadie y ya ni me importa el puto muchacho al que le aplaste el cráneo por ti, ni ninguno de los otros a los que de alguna forma les he arruinado la vida, que no han sido pocos. Ya no tengo control sobre nada, pero aquí y ahora, estoy contigo y tendré que confirmarme con eso. Entonces ¿Qué dices, dulzura? Juntos para siempre, mucho amor y blah blah blah con toda esa mierda ridícula.
El hombre frente a él, de aspecto cansado y enfermizo, lo veía con confusión.
—Así que este es el verdadero Daffy —dijo con voz cuidadosa— Detrás de la masa musculosa e intimidante y mucho más atrás del niño perdido que quería ser mejor, está este… —no supo cómo llamarlo — este… demente hedonista
—Pienso que va más allá de eso, pero ponle el nombre que quieras. Y dime, cielo, ¿Cuál es el verdadero Bugs? Porque si es el chiquillo llorón que le teme a papi, voy a estar muy decepcionado. Este día ha estado lleno de decepciones.
—No te burles de mí — dijo Bugs, con tono de advertencia, pero aún así, débil y quebradizo.
Daffy lo soltó del cabello y tomó su otra mano, ganando un fuerte estremecimiento por parte del otro.
—Daff…
—¿Mmm?
—Suéltame
—¿Por qué? Somos una pareja ¿No? Novios. Los novios se toman de las manos.
Estaba tan cerca de Bugs, de su hermoso rostro, que lo escuchó tragar saliva. Sentía sus finas manos calientes y sudorosas y eso le producía mucho placer.
—No puedo… yo simplemente no puedo…
—Creo que ahora me apetece tomar tu oferta de hace rato —dijo Daffy, sonriendo con lascivia. Por fin soltó sus manos, sabiendo que por la repugnancia que sentía, Bugs no sería capaz de defenderse con ellas. Sólo pudo dejarlas pagadas a la pared, como si tuviera cadenas invisibles, atrapándolo. Ni siquiera era capaz de tocar su propia cuerpo sin rehuir al contacto. Cerró los ojos, a esperar lo que viniera.
—¿Sabes? — comenzó a decir Daffy, sin parecerle suficiente el abuso físico. Quería llevarlo al extremo — Tal vez haya dicho que somos novios y si, lo somos, pero en realidad pienso que no eres nada más que mi puta personal. —Bugs abrió los ojos de golpe —Desde que nos conocimos solo has actuado como una grandísima zorra, así que tiene sentido. Vas por la vida ofreciéndole el culo a todo el mundo y luego vienes y te quejas de que nadie quiere nada más de ti. Supongo que así habrás sido siempre….
Bugs no pudo seguir soportando más insultos. No de esa clase, no de la persona que se los estaba diciendo.
Logró hacer frente a todo su miedo y repulsión al empujar a Daffy con sus manos desnudas. Pudo ser lo suficientemente rápido para alcanzar a agarrar un trozo de los restos del mueble de madera que se había roto y lo empuñó como a un cuchillo.
—No te atrevas a seguir burlándote de mí — dijo con tono susurrante y el arma en alto.
Daffy soltó una pequeña carcajada burlona.
—¿Debo de agradecer que al menos me estás advirtiendo? Porque no creo que a ellos les hayas dado ningún aviso.
Ya no pudo seguir controlándose y era evidente que Daffy tampoco. La delgada línea que separaba el mundo tangible del caos de su cabeza se había roto y le dolía saber que Daff era el causante, que Daff estaba haciendo y diciendo todo lo posible para quebrarlo y lo peor era que no lograba adivinar con qué motivo. Pero tampoco le dio tiempo pararse a reflexionar más porque en ese momento Daffy se parecía tanto a él, a Nicholas hijodeputa Oprienko, que nunca iba a dejar de perseguirlo aun después de muerto. Todos eran iguales a él.
Asestó el primer golpe, tan preciso y limpio como si llevara mucho tiempo esperando hacerlo. La improvisada estaca de madera entró en el pecho de Duck al igual que las astillas se le clavaban en su propia mano. No pudo sentir ese dolor. No pensó en que era lo que estaba haciendo. La sacó y la volvió a clavar. Daffy escupió sangre y esa sangre le manchó las manos.
Una y otra vez, la historia se repetía. Una y otra vez, las manos manchadas de sangre.
De poco a poco, se dio cuenta de la situación, como despertando de un sueño, arrojando la estaca a una esquina de la habitación y quedándose un instante en shock al igual que Daffy.
Sus ojos no daban crédito a lo que había hecho. No…no..no… ¡No!
—¡DAFF!— gritó — Lo lamento, lolamentololamentololamentololamento, perdón yo…yo, yo no quería…no quise….
Retrocedió, con las manos sobre la boca, tratando de tragarse su horror. Daffy aún estaba en pie, sujetándose de la pared para no caer y viendo a Bugs con la mirada más asesina que nadie nunca antes le había dedicado, pero al menos estaba vivo.
El alivio de saber eso fue lo último…
A Daffy comenzaba a nublársele la vista por el mareo provocado por la perdida de sangre, pero aún estaba consiente y con la fuerza suficiente para aproximarse Bugs y apretarle el cuello con ambas manos, pegando su cuerpo a la pared. Lo tenía justo como muchas otras veces lo había soñado. Sus ojos violetas, hermosos y grandes, empezaban a perder brillo al tiempo que Bunny iba perdiendo fuerzas para defenderse y forcejear.
—¿Crees…que… —comenzó a decir el moreno, con las palabras entrecortadas debido a que su propio cuerpo igual estaba cediendo —existe algún…lugar… donde tú y yo…fuimos…felices…juntos?
Bugs, con labios morados que parecían sonreír a pesar de su mueca de aflicción, solo pudo moverlos una última vez para decir "Eso espero".
Daffy no pudo aguantar más y lo soltó, pero ya era demasiado tarde para ambos y el cuerpo esbelto del pálido cayó en su hombro como un muñeco sin vida. Esos ojos violetas que tanto le fascinaban a Daffy ya no tenían nada, pero entonces pensó que siempre habían estado vacíos y no sintió pesar. Cuando ya no fue capaz de cargar ni con su propia alma, se desmayó, yendo a parar al piso, no con Benjamin Oprienko, sino con su Bugs, su Bunny (¿Banney?) sobre él. Abrazados.
Antes de sumirse para siempre en la inconsciencia, pensó en su propia pregunta y en la respuesta de Bugs. Alcanzo a articular para sí mismo y para el silencio un "Yo también". Con el pelo de Bugs sobre el rostro, inhaló su aroma por última vez y murió.
Fin
