VII


— No puedo creer que estés aquí en el espacio.

Pidge corrió hacia él en cuanto terminaron de luchar contra el pirata espacial que había seguido a Matt por error en un vano intento de tomar las recompensas de sus cabezas, tomándolo con apremio mientras sentía el suave cosquilleo de su cabello sobre su rostro. Su abrazo duró largos minutos en silencio mientras trataba de dilucidar qué es lo que había pasado y como luego de un año, pudo tener a Matt entre sus brazos.

Su hermano pequeño, el bromista malcriado que nunca podía quedarse callado estaba junto a ella en el lugar menos esperado de todos, en una base secreta de un planeta olvidado por los galras. La había encontrado en todo el universo como había prometido, antes de partir a Cerberos junto a su padre.

— Oh Katie, pensaba que habías muerto. — Un fuerte apretón en su cuello hizo el intento de quitar esas ideas de su cabeza. — No sabía si podría encontrarte antes de que fuera demasiado tarde…

— Está bien Matthew, estoy aquí. — Sonrió con dulzura mientras él se alejaba para limpiarse las lagrimas del rostro. — ¿Cómo me encontraste?

— Pues no fue nada fácil, pero te lo explicaré mientras nos dirigimos al castillo, creo que han pasado muchos quintantes desde que salí y deben estar necesitándome, ¿te parece?

— ¿Cuál castillo? — Preguntó sorprendida, Matt colocó sus manos en una pose que le hizo recordar a sus habituales estupideces de nerd. —

— ¿No has oído hablar de Voltron?

— ¿No son los rebeldes que han estado combatiendo al imperio galra durante unos meses? — Preguntó confundida, recordaba muchas veces haber bloqueado las señales de su nave en el espacio por petición de otros rebeldes, con tal de que los centinelas no los encontrasen por casualidad. —

— ¡Exacto! ¡Pues tu hermano es uno de los paladines!

— ¿¡Qué!? ¿¡Mi pequeño hermano ha estado luchando contra esos gatos alienígenas!?

— Y además visité una realidad alternativa. — Pidge casi cayó sobre la silla al escuchar aquellas palabras, Matt solo rio mientras ambos se dirigían hacia la salida del cuartel en cuanto recuperó la compostura. Algo en su corazón se apretó en preocupación, y envidia. —

— Eso es sorprendente… Y yo que decía que eran ridículamente brutos infiltrándose en las computadoras enemigas.

— Bueno, nunca fui tan bueno como tú, Pidge.

— Considerando toda esta guerra Matt, lo has hecho más que perfecto. — Una suave sensación de orgullo se infló en su pecho. —

— Gracias.

Detuvieron los propulsores una vez se encontraron en la superficie del planeta. Donde el león verde los esperaba con algo de curiosidad. Pidge se acercó con cautela mientras su hermano saltaba hacia todos lados contándole lo increíble que era pilotear aquella máquina de tecnología avanzada.

Pidge no podía estar más abrumada ante lo que le decía en tan pocos segundos, pero logró entender la mayoría gracias a su conocimiento y cercanía con ciertos conceptos desde su tiempo en el espacio. Estaba realmente orgullosa de todo lo que había conseguido su hermano.

— Aquí. — Matt abrió la cámara de pilotaje para que su hermana viese con mas cercanía el funcionamiento del león verde. — ¿No es increíble?

— Mas de lo que hubiera imaginado Matt… ¡Los alteanos tienen una tecnología tan elegante y sofisticada que me dan ganas de llorar! — Rio ante la emoción de Pidge, en pocos segundos, se acercó a los controles y encendió los propulsores. —

— Bien chica, volvamos al castillo.

El león rugió en aceptación y comenzaron su camino de vuelta. Mientras tanto, Matt hacia lo posible por darle un resumen detallado de todo lo que había vivido hasta ahora después de la desaparición de Cerberos.

En como Iverson había estado feliz de recibirlo en la guarnición sin saber que estaba pirateando las computadoras durante la noche, para conocer más sobre el suceso que los llevó a perder el contacto con la nave. Como había caído en una cueva junto a un grupo de compañeros que investigaban algo extraño en las cercanías, para encontrarse con el león azul.

Su primera imagen del castillo de los leones. Y como se había enamorado perdidamente de Allura en cuanto la vio.

— Ella es hermosa e inteligente, Pidge. Como la princesa de un cuento de hadas, solo que ella puede patearte el trasero antes de que te des cuenta.

— Dime que no te golpeó por tus estúpidos coqueteos con referencias. — Inquirió preocupada. —

— ¡Por supuesto que no! ¡A Lance lo golpeo!

— Bueno eso me alivia un poco de todas las experiencias cercanas a la muerte que has tenido hasta ahora. — Rieron ante la situación, luego de un momento en un silencio cómodo, Pidge preguntó preocupada. — ¿Y mamá?

— Ella no sabe nada. Yo… Me siento mal por dejarla sola, ¿sabes? Todos nosotros estamos varados en una guerra intergaláctica, y ella debe pensar que estamos muertos. — Frunció el ceño ante la idea. — Bueno… Al menos sus hijos no lo están.

— Papá no está muerto, Matt.

— ¿Cómo lo sabes? — Cuando levantó la vista, pudo ver que Pidge sostenía un código entre sus manos. — ¿Y eso?

— Desde que me ayudaron a escapar de la prisión, he estado buscando a papá en todas las bases galra existentes. Hasta hace una semana, conseguí dar con su paradero. — El rostro de Matt se iluminó en esperanza, hasta que Pidge colocó su mano en su hombro con una expresión fría. — Lamentablemente, está en el proyecto de construcción de tecnología avanzada, por lo que los cambian cada quince días.

— Entonces…

— Seguramente ya no debe estar ahí, pero tenemos la certeza que no morirá hasta que sea útil para el imperio. — Pidge sonrió con confianza, de esas sonrisas que Matt siempre le hacían pensar que todo estaría bien. — Tenemos esperanza, así que no te preocupes.

Una vez estuvieron cerca del castillo, Matt se percató que la señal no provenía del espacio, estaban asentados en un planeta aliado, posiblemente sustentándose para los próximos movimientos. Por lo que se apresuró rápidamente a bajar junto a ellos, luego de un par de doboshes, Allura confirmó su ingreso al castillo.

— ¿Estás lista? — Pidge sonrió melancólicamente. —

— Claro.

Matt fue el primero en salir del león, rápidamente siendo recibidos por todos sus amigos, en cuanto Pidge se mostró ante todos, muchos quedaron sorprendidos ante la similitud.

— Está más que claro que ella es tu hermana mayor, Matt. — Él sonrió ante el comentario de Hunk mientras le daba la mano con cortesía. — Espero que te gusten las galletas que preparé, tienen una textura algo chiclosa al principio, pero están bien. — Pidge rio ante su amabilidad. Seguidamente fue empujado por Lance para ser tomada con un poco más de fuerza que Hunk. —

— Hey chica, sé que toda esta guerra intergaláctica debe dejar agotadas a las damas, no dudes en usarme como tu hombro de lágrimas cuando quieras.

— ¡Aléjate Lance! — Matt no dudó en teclearlo para alejar su toque de su hermana mayor. —

— ¡Hey solo estaba tratando de ser amable!

— ¿¡A quien crees que estas engañando, pedazo de imbécil!?¡Ella es mi hermana! — Mordió el brazo de Lance una vez intentó liberarse de su agarre, haciéndolo gritar. —

— ¡Allura!

— No cuenten conmigo. — Se acercó con indiferencia hacia Pidge, dejando que arreglaran sus problemas por si solos. — Matt me ha contado mucho sobre ti, es un honor tenerte en nuestra nave, Katie. — Ella rio divertida, se notaba que era un grupo lo suficientemente unido para mantenerse cuerdo en una guerra. Lo que le hizo feliz de tenerlos cerca de Matt. —

— El honor es todo mío, Allura. Pero no tienes que llamarme Katie, suena algo… Demasiado formal. — La princesa abrió los ojos sorprendida, sin esperarse que fuera alguien tan abierta con ellos con todo lo que les había contado Matt, por lo que aceptó con gusto. —

— Entonces, ¿Cómo quieres que te llamemos?

— Pidge.

Antes de que ella hablara, se escuchó una suave voz por lo lejos que la conmocionó en las entradas del castillo, todos dirigieron su mirada hacia el hombre que había dicho su apodo familiar abiertamente. Katie quedó congelada al verlo, recordando claramente el informe de defunción que le habían colocado en el cuartel principal. Había sido una mentira, un fraude que ella se había creído al tratar de encontrarlo antes que su padre, y había derrochado tantas lagrimas que en un momento casi se quedó sin ánimos de seguir luchando.

Ahora estaba ahí, con esa sonrisa que ya ni siquiera recordaba bien como la última vez que lo vio, el estrés de perderlo le había dañado severamente.

Mientras caminaba hacia él, ahora podía entender por qué la historia de Matt de cómo encontró el león azul no le cuadraba correctamente, fue él quien había llegado a la tierra a advertirles sobre los galras.

Rio levemente cuando al fin pudo caminar para encontrarlo, maldito sea su hermano que se lo había ocultado a propósito con tal de sorprenderla.

Sin poder evitarlo, en cuanto se acercaron lo suficiente para poder tocarse, un fuerte abrazo los llevó a ambos a liberar el aire que habían retenido. Su olor golpeó de lleno sus sentidos, lo había extrañado tanto que pensó que moriría de felicidad en ese momento.

— Pensé que estabas muerto, Keith. Pensé que habías muerto en la arena de batalla… — Gimoteó, siendo abrazada con tanta fuerza que por un momento sintió que se fusionaría contra él. Keith suspiró por lo bajo, retrocediendo para mirarla por unos segundos. Su cabello se encontraba más largo de lo que recordaba, y una fina cicatriz decorada su rostro. —

— Fui salvado sin siquiera darme cuenta, de haberlo sabido antes, te habría llevado conmigo. — Pidge rio acariciando su mejilla. —

— Lo sé.

— ¿Alguien puede sentir el aura romántica entre ellos? ¿O soy solo yo?

— ¡Hunk! — Lance gruñó. Voltearon para darse cuenta que todos los estaban mirando con sorpresa, menos Matt, quien solo parecía un tanto consternado de ver a su hermana con el paladín negro. —

— Pues no sabía que Keith y la hermana de Matt eran algo, ¿por qué no nos dijiste? — Matt solo movió los hombros desinteresado. —

— No lo sabía, solo lo supuse cuando Keith me hablaba de Pidge mientras estaban prisioneros.

— Lamento no habértelo dicho antes… — Respondió Keith preocupado, pero él solo sonrió mientras se unía a su abrazo. —

— Le salvaste la vida, creo que eres la mejor opción que mi hermana pudo elegir.

— ¡Pues entonces son muchas razones para celebrar! ¿Qué les parece que abra una botella de nunvil para esta ocasión?

— ¡Es una excelente idea Coran!

Allura dio un paso adelante para reunir a todo el equipo dentro de la nave, siendo seguida por Lance y Hunk que trataban de convencer a Coran de no volver a servirles el asqueroso licor, aludiendo que podría enfermar a Pidge, luego de unos segundos y un ligero beso hacia su hermana, Matt los acompañó.

Mientras tanto, Keith y Pidge caminaron unidos de la mano con fuerza, sin permitir que la guerra los volviese a separar de nuevo.