Las dos agentes estuvieron todo el día planificando como iban a realizar el asalto a la venta del 038. Más o menos lo tenían esquematizado y sabían que tenia que hacer cada una, pero no tenían claro como operar al final.

- Lucia Von Bardas debe ser arrestada. – decía Hill – No podemos matarla, va ser juzgada y condenada.

- Tu misma lo dijiste, por su culpa, varios de tus compañeros murieron sin que tu pudieses hacer nada. Os traicionó, a ti y a la agencia. Se merece morir.

- No sé cómo lo haríais en la Sala Roja, pero aquí yo doy las órdenes. Y si digo que no la vamos a matar es que no.

- Nadie tiene porque saberlo. Si alguien pregunta, fue en defensa propia. – le explicó Natasha.

- Por ultima vez, no. – le ordeno Maria subiendo el tono de voz.

- Si no quieres apretar el gatillo. Yo lo hare.

- ¿Sabes? Una parte de mi decía que podías cambiar, pero tenía razón. Siempre serás una asesina.

- No tienes ni idea por lo que he pasado desde niña. – le dijo la pelirroja mientras le señalaba con el dedo – No tienes derecho a juzgarme por lo que tuve que hacer.

- Sin embargo, te gustaba matar, ¿verdad? Podías haber escapado. Una persona como tú, con tus recursos, podía huir sin peligro de que la persiguiesen.

La pelirroja no supo responder a eso pero, en ese momento, Natasha no supo porque, pero besó a Maria en los labios agresivamente. Solo fue un instante, sin embargo, fue suficiente para enfadar todavía más a Hill.

- ¿Qué te crees que haces? – dijo Maria justo antes de volverse a besar.

- Para de besarme. – le decía Natasha.

- Empezaste tú. Y cállate de una vez. – le ordenó Hill. Entre tanto, empujó a Natasha contra la cama.

- Oblígame. – le susurró Natasha al oído.

Volvieron a besarse fuertemente y Maria le quitó el jersey. Hill se dio cuenta que su compañera no lleva sujetador.

- ¿Sin sujetador?

- No me gusta sentirme atrapada.

La pelirroja comenzó a gemir en el momento que Hill acercó sus labios a los pechos de Natasha. Maria seguía besando los pechos de su compañera, mientras sus manos se movían por la figura de Natasha. Unos instantes después, Natasha se recostó y le arrancó la camisa a Maria, dejando a la vista un sujetador de color negro. Natasha apretó los pechos de la otra agente, a lo que respondió con otro gemido. Maria se quitó el sujetador mientras la pelirroja le besaba el abdomen. Natasha subía con los besos hasta que llegar a su objetivo. Maria había sido delicada, pero Natasha no. Quería que disfrutase, quería que gritase. Y así fue, Maria gritó de placer, pero necesitaba más. Levantó la cabeza de Natasha y se besaron apasionadamente. El roce de sus pechos causó que las dos agentes se excitaran más. No les importaba nada, ni la misión, ni el hotel de mala muerte en el que estaban, ambas espías eran presas de la lujuria. Sin que Hill se lo esperase, Natasha se movió provocando que intercambiaran posiciones. Maria se echó en la cama mientras Natasha le quitaba el pantalón y la ropa interior.

La pelirroja pasó suavemente sus manos por los muslos de Maria, intercalando algún beso. Maria gimió como protesta, quería que Natasha empezase a follarla, pero la pelirroja no se lo iba poner tan fácil. Así que, terminó de desvestirse y dejo que su compañera disfrutase de las vistas. Maria se mordió un labio pensando en lo que iba pasar y, en ese momento, notó un dedo de Natasha dentro de ella. Unos segundos después, la pelirroja añadió otro dedo y su lengua. Hill soltó un orgasmo que se oyó en todo el hotel y tanto estimulo provocó que su cuerpo se contrajera y estirase involuntariamente. Ese movimiento le gustó a Natasha porque significaba que lo estaba haciendo bien. Sin embargo, la pelirroja se paró.

- ¿Por qué te paras? Sigue. – le preguntó Hill – Soy tu superior y si digo que hagas algo, lo haces.

Natasha no respondió, solo sonrió de forma burlona e introdujo de nuevo sus dedos, pero esta vez en la boca de Maria. Le pilló con la guardia baja, pero durante poco tiempo. Se le hizo raro saborearse a sí misma en los dedos de otra persona, sin embargo, lo disfrutó. Pero Natasha no se iba a quedar ahí, mientras su mano derecha estaba siendo masajeada por la lengua de Maria, la mano izquierda retomó la labor de la otra. Hill estaba en éxtasis, orgasmo tras orgasmo, se sentía de maravilla pensando en lo que más tarde se dispondría a hacerle a Natasha. La pelirroja retiró su mano derecha y se besaron de nuevo. Mientras se besaban, Natasha podía sentir los gemidos de su amante cuando movía los dedos que aun estaban dentro de ella. Apartaron sus labios y Natasha quitó la mano que tenia ocupada. Sin embargo, antes de que Maria tuviese su momento, la pelirroja saboreó sus propios dedos. Cuando terminó, sonrió de forma pícara a Maria y esta respondió intercambiando posiciones.

Había perdido el control durante unos minutos y quería recuperarlo. Sus labios volvieron a chocar agresivamente y sus lenguas peleaban para ser la más dominante del beso. Mientras, las manos de la pelirroja se movían suavemente por la espalda tonificada de Hill. Maria ganó la lucha y, sin que Natasha lo esperase, Hill le separó las piernas, dejando a la vista el objetivo principal de Maria. La pelirroja soltó un orgasmo cuando su amante comenzó a introducir su lengua dentro de ella. Con la misma agresividad con la que había besado los labios faciales de Natasha, Maria besó sus otros labios. De la misma forma que Hill había gritado y disfrutado antes, ahora quería devolverle el favor a la pelirroja. Mientras, Natasha seguía gimiendo, pidiendo más y que fuese más rápida. Para ello, le puso una mano sobre la cabeza de Maria.

Ninguna de las dos quería acabar todavía, así que Hill acompañó con dedos de su mano derecha a su lengua en el disfrute de la pelirroja. Entre tanto, la mano izquierda se dirigió a los pechos de Natasha. Los masajeó, hasta que decidió apretar uno de ellos. Esto provocó que Natasha moviese su cabeza hacia atrás. Ahora Natasha era la que estaba en éxtasis. Hill sabía que tenía el control y necesitaba aprovechar esa ventaja. Cada orgasmo y gemido de Natasha era una melodía que provocaba que Maria se excitase todavía más. Unos minutos después, Hill terminó y volvieron a besarse profundamente. Sin embargo, mientras se besaban, a ambas espías se les ocurrió la misma idea. Cada una, sintió como dos dedos de su compañera se introducían dentro de ellas. Los orgasmos quedaban solapados con el beso, pero finalmente, liberaron el último orgasmo. Justo después, Maria se tumbó junto a Natasha. Las dos espías cogieron aire, al fin y al cabo, había sido una dura sesión de "entrenamiento".

- ¿Qué ha acaba de pasar? – preguntó Maria sorprendida.

- Creó que liberamos tensiones y relajarnos. – respondió Natasha – Ha estado bien.

- Nunca había hecho algo así.

- ¿Primera vez con una mujer?

- Primera vez en una misión. – dijo Hill mientras Natasha le devolvió una media sonrisa.

- Solo hemos echado un polvo. No sido tan grave. A veces hay que desatarse y relajarse, sea donde sea.

- Tienes razón, pero creo que ya nos hemos relajado bastante. Tenemos una misión que realizar.