~En El Capítulo Anterior~
—Kunihiro, ¿estás bien? — Preguntó Mei al ver lo pálido del chico.
—Ah… s-s-sí. — Respondió avergonzado.
Ambos entraron y comenzaron a buscar los libros que les ayudarían con el trabajo.
~Happier~
En el salón de Mei, sus compañeras seguían murmurando cosas e inventando historias.
— ¿De verdad crees eso? — Le era difícil pensar en esa posibilidad, con lo penoso que era Horikawa, le era difícil creer que el pelinegro pudiese siquiera aceptarse a sí mismo que gustaba de alguien.
—Es obvio. — Afirmó como si de una verdad absoluta se tratase. —Se sonroja muchísimo con ella.
—Se sonroja con todo el mundo. — Derribó el argumento otra de las chicas.
—Es verdad. — Afirmaron las demás.
~En El Juzgado~
En espera de su turno estaban Hachisuka y su marido, el pelilila no dejaba de arrugar y alisar su saco, los nervios habían comenzado a devorarlo desde que habían llegado. Nagasone lo miraba y le abrazaba para tratar de calmarlo, él también estaba nervioso pero debía ser el que se viera más tranquilo o de lo contrario Hachisuka se volvería un manojo de nervios.
Pese a no ser el momento más adecuado, Nagasone recordó el cómo había llegado a la vida de Hachisuka.
~Flashback~
Había pasado ya un año desde que Shokudaikiri había comenzado hacerse cargo de sus tres sobrinos, poco a poco Mei y Hachisuka comenzaban a tener más confianza con él, Urashima por su parte parecía haberse acoplado más rápido, aunque de vez en cuando lloraba por la ausencia de sus padres. Shokudaikiri hacía de excelente padre, les ayudaba con las tareas, iba por ellos a la escuela, en los festivales siempre iba, pero como era de esperarse, el trabajo pronto comenzaría a cortarle tiempo, había logrado mantener el tiempo para los festivales, pero para las tardes era donde su agenda estaba hasta el cuello, no podía y tampoco quería dejar solos a los chicos, por ello comenzó a buscar a una niñera, en un principio Hachisuka se había oponidio rotundamente.
—Tío, puedo hacerme cargo de los niños. — Afirmó a sus doce años.
—Hachisuka, tú también debes concentrarte en tus estudios. — Explicó, mientras seguía buscando información sobre servicios de niñeras.
—Puedo hacerme cargo de mis deberes y de los niños, no soy un niño pequeño. — Argumentó.
—No digo que lo seas, pero entiende, la idea de dejarlos solos toda la tarde me abruma. — Dijo con clara preocupación. —Además, Mei ha estado enfermando mucho últimamente, habiendo una niñera, sería más fácil acudir al médico. — El argumento de su tío era válido, su hermano había empezado a enfermar de manera constante, fiebres y demás, justo como su difunta madre y aquello le aterraba, era cierto que tenían un chófer, y que él podía llevarles al hospital, pero irremediablemente necesitan de su tío, ya que era el único tutor a cargo, para todo lo que Mei pudiese requerir, tomando en cuenta aquello, Hachisuka dejó de insistir. —Tranquilo, tampoco pienso meter a un extraño en la casa. — Afirmó tomando de los hombros al pelilila.
Así pasaron unos días, y no parecía haber respuesta, muchas de las niñeras se rehusaban a cuidar a cuatro niños, otras no parecían de fiar, etc, Shokudaikiri estaba comenzando a desanimarse, hasta que un día llamaron a su puerta.
—Señor, Mitsutada. — Llamó el chofer. —Le buscan en la puerta.
— ¿Quien? — Se le hacia raro, ya que no recordaba tener una visita aquel día.
—Es un joven de apariencia busca pleito. — Comentó con honestidad.
Al oír aquello, Shokudaikiri decidió salir a ver de quien se trataba, no conocía a nadie con esas pintas, y no era que él fuese un clasista o algo por el estilo, pero se le hacía tremendamente raro que alguien con pintas de "busca pleito" llamase a su puerta. Llegó hasta la reja y a distancia pudo verlo, se trataba de un joven cuya apariencia era ligeramente robusta, tenía la mitad del cabello teñido de anaranjado, su piel era de un tono bronceado y parecía ser de esos chicos que se distraiga con facilidad, Shokudaikiri se acercó a la reja y abrió.
— ¿Disculpe? — Dijo llamando la atención del joven.
Este volteó. —Ah, hola, ¿es usted el señor Shokudaikiri Mitsutada? — Preguntó con calma total.
—Así es.
—Supe que estaba buscando ayuda para cuidar de unos niños. — Shokudaikiri miró con detenimiento al joven. —Quería saber si aun esta disponible la vacante.
—Por favor, pasa. — Se echó a un lado, permitiéndole al joven ingresar, cerró y le indicó al joven que le siguiera, llegar así hasta su despacho. —Por lo que veo eres un estudiante. — Comentó al ver la vestimenta del joven.
—Ah… era. — Soltó como si nada.
— ¿A qué te refieres?
—Que justamente hoy deje la escuela.
— ¿Y tus padres están de acuerdo? — Preguntó de forma incrédula.
—Por supuesto que no. — Respondió tranquilamente. —Desde la tumba, dudo que pueda opinar algo. — Comentó con toda la paz del mundo.
Aquello hizo que Shokudaikiri se sintiese un poco mal por el chico. — ¿Cómo es que…? — No sabía plantear la pregunta y aquello le apenaba.
—Me emancipe desde los quince años, y mi padre falleció hace ocho meses. — Pese a lo duro del acontecimiento, parecía que el chico estaba en total calma.
— ¿Qué hay de tu madre? — Cuestionó al notar que el chico sólo había mencionado a su padre.
—Mi madre nos dejó cuando tenía seis años, desde entonces no tengo ni idea de que es de ella y tampoco es que me importe. — Dijo con honestidad. —Digo, no es como que deba preocuparme por alguien a quien nunca le importe, ¿verdad?
Shokudaikiri soltó un suspiro. —Difiero un poco de tu forma de pensar, pero tampoco voy a juzgarte por ello, por otro lado me temo que debo insistir en que pienses bien con respecto a asistir a la escuela. — El mundo cada vez se volvía más competitivo y el estudio era lo único que medio aseguraba un "trabajo con paga decente". El chico no dijo nada, pero fue precisamente su silencio lo que le indicó a Shokudaikiri que no quería realmente dejar sus estudios. —Escucha… — Hasta ese momento se percató que desconocía el nombre del joven que estaba sentado delante de él.
—Nagasone, mi nombre es Nagasone.
—Nagasone, ¿qué?
Nagasone suspiró. —Minamoto, Nagasone Minamoto.
Al despacho entró uno de los sobrinos de Shokudaikiri. — ¡Tío! — Llamó con algo de preocupación.
— ¿Hachisuka? — Llamó a su sobrino.
— ¡Mei está ardiendo nuevamente!
Sin decir o pedir más explicaciones, Shokudaikiri salió del despacho rumbo a la habitación de Mei, tan pronto como la vio la tomó en brazos, comprobando así que su temperatura era terriblemente anormal, la tapó y salió de la habitación.
—Tío…
—Quédate en casa con Shima y Yagen. — Dijo llevando a la menor a su auto. —Nagasone, ¿te importaría cuidar de ellos?
El chico había ido por el trabajo, pero la situación se había vuelto de cierta forma caótica, tardó un poco en reaccionar. —No se preocupe.
Sin decir nada más, se subió al auto e indicó que abrieran la reja para llevar a Mei al médico.
— ¡Tío, espe…! — Hachisuka quería acompañar a su tío, pero fue sujetado del brazo. — ¡Suéltame! — Gritó mirando con desprecio a Nagasone.
—No pierdas los estribos. — Dijo como si nada.
— ¡Cierra la maldita boca! — Escupió tratando de liberarse, lo cual era en vano, Nagasone era más fuerte que él.
Por su parte el Minamoto ni siquiera estaba batallando para retenerlo, y en lugar de preocuparse por ello se dedicó a examinar al chico frente a él.
Sino le hubiese oído hablar, fácilmente podría decir que Hachisuka era una chica, sus facciones eran finas, su cuerpo también era bastante delgado y sus hebras lilas estaban a la altura de sus hombros, un pequeño mechón se posaba en su rostro. Un llanto alertó a ambos adolescentes.
— ¡Shima! — Llamó Hachisuka, soltándose del agarre del moreno y corriendo hasta la habitación de su hermano.
Nagasone no supo que hacer, más que ir tras el otro, encontrándose en el camino con un pelinegro de siete años.
—Tranquilo. — Le dijo a Hachisuka. —Shima se asustó por que vio al tío salir deprisa con Mei. — Se notaba que pese a ser muy joven era bastante maduro. El menor notó la presencia del moreno y no tuvo reparo alguno en preguntar. — ¿Quien eres? — No era que el niño fuese un mal educado, sólo que aquel joven le era completamente desconocido.
—Soy Nagasone Minamoto. — Dijo sin malinterpretar la pregunta del menor.
— ¿Qué edad tienes? — Volvió a cuestionar.
—Dieciséis. — Volvió a responder con total calma.
— ¿Qué haces aquí?
Nagasone miró al menor y respondió sin demora. —Vine por el empleo de niñero… Ahora que lo pienso… suena raro. — Rió mentalmente, a sus dieciséis años no era como que supiera mucho sobre el cuidado de otros, pero debía encontrar un trabajo y aquello le parecía muy viable.
—Ya veo. — Respondió de lo más tranquilo.
Mientras Hachisuka abrazaba y consolaba a Urashima. —Tranquilo, el tío Mitsutada volverá pronto con Mei. — Repetía acariciando la cabeza del otro. El pequeño Urashima sorbía por la nariz a la vez que se abrazaba a Hachisuka, este finalmente le cargó en brazos.
—Que yo sepa, mi tío aún no contrataba a nadie. — Comentó Hachisuka.
Nagasone soltó un suspiro. —Vine hoy para ver eso, y surgió la emergencia. — Explicó mirando como el pelilila le mataba con la mirada.
El silencio se apoderó del lugar. hasta que sonó un pequeño estómago.
— ¿Urashima? — Preguntó Hachisuka, Urashima se sonrojo y oculto su rostro.
Nagasone rió ante el tierno gesto del rubio. — ¿Quieren lasaña? — Preguntó, acaparando así la atención de los tres.
— ¿Sabes hacer lasaña? — Preguntó Yagen.
—Por supuesto.
Yagen ni siquiera lo dudo y arrastró a Nagasone hasta la cocina. Hachisuka les siguió sólo por su extrema desconfianza en aquel que decía llamarse Nagasone. Con su hermanito en brazos, llegó hasta el umbral de la puerta, mirando con atención como Nagasone se hacía cargo de la comida.
Para cuando Shokudaikiri regresó con Mei, ya había oscurecido, llegó y bajó del auto con la pequeña en brazos, se adentró y vio todo en orden, camino hasta la sala de estar, pues de esta provenían ruidos, al llegar notó que Yagen, Hachisuka y Urashima estaban acostados en los sofás, cubiertos con una manta, y recogiendo algunas cosas estaba Nagasone.
—Perdona. — La voz de Shokudaikiri le hizo voltear al umbral.
—No pasa nada. — Comentó con tranquilidad. —Quién da más batalla es él. — Dijo señalando a Hachisuka.
Aquello le generó asombro a Shokudaikir, pues Hachisuka no era un chico rebelde en lo más mínimo. Le pidió a Nagasone que le esperara en su despacho y este así lo hizo, dejando que Shokudaikiri llevará a Mei hasta su cuarto y le acostarse, no demoró mucho en regresar a su despacho para hablar con el chico.
—Nuevamente, pido disculpas por la situación. — Se disculpó nuevamente.
—No hay porque, por cierto, ¿cómo está? — Preguntó por Mei.
Shokudaikiri soltó un suspiró. —Ni los médicos saben el motivo de las constantes fiebres, pero afortunadamente han podido controlar y bajarle está, de todas las que ha tenido, esta ha sido la más violenta. Nagasone no dijo nada, no sabía bien el historial médico de la pequeña, no podía abrir la boca de forma desprevenida. —Por tu uniforme, diría que eres estudiante de la perra "Kaizen". — Nagasone asintió, aunque como ya había dicho, aquel día había sido su último. —Escucha, he de admitir que me fui con un gran pendiente, peor realmente eres un chico capaz.
— ¿Eso significa que tengo el trabajo? — Preguntó complacido.
—Con una condición. — Dijo Shokudaikiri, levantado su dedo índice.
— ¿Cuál? — Iba a escucharlo, si era una condición sencilla lo tomaría, sino… ¡al demonio!
—No vas a dejar la preparatoria. — Más que condición fue una sentencia.
—Pero…
—Después de la escuela vendrás acá, como puedes ver este despacho también es una biblioteca, puedes usar los libros para que lleves a cabo tus tareas. — No sabía como responder a eso. —También está la computadora, puedes usarla de ser necesario. — Nagasone se asombro, ¿quién podía dar tantas facilidades?
Analizó las cosas, la paga era buena, le estaban dando flexibilidad e incluso herramientas para sus estudios, debía cuidar de cuatro niños, una pequeña cuya salud era frágil, otro que parecía ser más sensato, un nene que ya iba al preescolar y un chico que se "valía" por sí mismo, quién era precisamente el "rebelde". Con un leve suspiro, aceptó.
—Vine. — Dijo Shokudaikiri. —En ese caso, sólo debo mencionar algunos datos, asumo que los chicos ya se presentaron. — Nagasone negó, fue Yagen quien le interrogó, pero él en ningún momento preguntó algo, más que la comida y que querían hacer para pasar el tiempo. Shokudaikiri suspiró y le hizo señas para que lo siguiera, se dirigieron a la sala de estar, ahí permanecían los otros tres, aún dormidos. —El mayor es Hachisuka, tiene trece años, asiste a la secundaría y siempre está al pendiente de los menores, él. — Dijo señalando a Yagen. —Es Yagen, tiene la misma edad de Mei, siete años, está en primaria, pero es, más maduro incluso que tu y yo juntos.
—Si me percate de ello. — Comentó con honestidad.
—El pequeño es Urashima, es el hermano menor de Hachisuka y Mei. — Al oír aquello Nagasone volteó a ver a Shokudaikiri, ¿por qué había dicho "es hermano de Hachisuka y Mei?, ¿acaso no eran todos hijos suyos?, y como si Shokudaikiri le hubiese leído la mente, respondió. —Los cuatro son mis sobrinos, Yagen es hijo de mi hermano, mientras que los otros tres son hijos de mi hermana, para todo caso, quedaron huérfanos y yo soy quien se hace cargo de ellos. — Nagasone respiró profundo, había hecho bien en no hacer comentarios imprudentes en la tarde, mientras cuidaba de los tres. Shokudaikiri comenzó a caminar y Nagasone volvió a seguirlo, se detuvieron hasta la habitación de Mei, abriendo la puerta con demasiada cautela. —Mei ha estado enfermando mucho, y como pudiste observar, en varias ocasiones nos ha dado buenos sustos, los paramédicos ya estaban enterados, así que.. si mientras estás aquí ves que se pone mal, basta con que llames a una ambulancia y des mi nombre, ellos vendrán de inmediato. — Nagasone asintió.
~En EL Juzgado~
—Nagasone
— ¡Nagasone!
— ¡Perdona! — Dijo saliendo de sus memorias.
—Ya nos toca. — El mayor asintió y se levantó de su asiento junto a su marido, para ingresar a la sala en donde el juez finalmente les daría la respuesta.
~En Otra Casa~
— ¿Estás seguro de esto, Yamabushi? — La simple idea de cometer un error le atormentaba más.
—No hay dudas en ello, Yamanbagiri, créeme. — Dijo con una sonrisa en su rostro, sonrisa que pese a siempre haber estado ahí, jamás se había sentido tan viva como en esos momentos.
