NOVIO DE RELLENO
CAPITULO 01
Una parte de mi cerebro, probablemente la lógica, parecía estar extraviada por el momento, sabía que debía dejarlo ir e irme, quedarme con un poco de dignidad. En cambio, me aferré a su cintura con más fuerza abrazándolo y presionando mi mejilla contra su pecho. La lógica definitivamente no estaba gobernando mi cerebro en este momento. La desesperación sí. Y aunque sabía que la desesperación no era atractiva, no podía evitarlo.
Él suspiró, soltando un poco de aire, lo que me permitió abrazarlo con más fuerza. ¿No es así como las boas constrictoras matan a su presa?
Ni siquiera este pensamiento me hizo soltarlo.
— Bella, lo siento.
—Entonces no hagas esto. Y si lo tienes que hacer, ¿no puede esperar dos horas?
—El hecho de que hayas dicho eso me hace saber que no puedo.
Lo único que te importa es que tus amigos me vean.
—Eso no es cierto. —Bueno, si era cierto, más o menos. Pero solo por Jessica. Se había infiltrado a nuestro grupo hacía un año y desde entonces intentó poner a mis amigas en mi contra lentamente. Su última jugada había sido decir que estaba mintiendo con respecto a mi novio por los últimos dos meses. Así que, sí, quería que mis amigas vieran que no había estado mintiendo. Que era ella la que estaba intentando separar al grupo.
Era ella la que albergaba un cuarto de maldad. No yo.
Esa no era la única razón por la que quería que Jacob viniera esta noche. En serio me gustaba antes de que hubiese decidido terminar conmigo en el estacionamiento del baile de graduación. Pero ahora que había sacado su carta de idiota, solo necesitaba que entre, pruebe su existencia, tal vez golpee a Jessica en el estómago por mí, y después se vaya. ¿Era mucho pedir? Además, hola, este era mi baile de graduación.
¿Él realmente iba a dejarme entrar sola a mi baile de graduación, donde probablemente sería coronada reina?
—Eso no es lo único que me importa… —Mi voz se quebró aun cuando estaba intentando no mostrar debilidad alguna. Bueno, aparte de pegarme a él como si fuese un calcetín cargado de estática.
—Es lo único que te importa y lo confirmaste esta noche cuando me viste y lo primero que dijiste fue "mis amigas se van a morir". ¿En serio, Bella?
¿Es lo primero que me dices después de no verme en dos semanas?
Mi mente corrió de regreso a hace unos instantes. ¿Eso fue realmente lo que dije o ahora estaba inventando cosas para sentirse mejor? Él en verdad se veía bien. Y sí, quería que mis amigas vieran lo bien que se veía.
¿Podía culparme por eso?
—Y durante todo el camino estuviste planeando cómo debíamos caminar al entrar. Me dijiste exactamente cómo debía mirarte.
—Bueno, soy ligeramente controladora. Sabías eso de mí.
— ¿Ligeramente?
Un auto se detuvo en uno de los lugares vacíos frente a donde estaba exprimiéndole la vida a mi novio… mi exnovio. Una pareja salió del asiento trasero. No los reconocí.
— Bella — Jacob despegó mis manos y dio un paso atrás—. Debo irme. Es un largo viaje de vuelta a casa.
Por lo menos parecía que lo sentía de verdad.
Crucé los brazos, finalmente encontrando un poco de dignidad, aunque demasiado tarde.
—Está bien. Vete.
—De cualquier forma, deberías entrar. Te ves increíble.
— ¿No puedes solo maldecirme y alejarte o algo así? No necesito pensar que eres dulce después de esto. —Él era dulce y pensar que mi desesperación por mantenerlo conmigo iba más allá a lo que pensaran mis amigas, estaba luchando por apoderarse de mis emociones. Alejé ese pensamiento. No quería que él supiera que en realidad me había lastimado.
Él sonrió, con esa sonrisa juguetona y subió su tono de voz.
—No quiero volver a hablarte nunca más. ¡Eres una superficial snob egoísta y mereces entrar ahí por tu cuenta!
¿Por qué eso sonaba tan convincente? Seguí con el juego.
—Te odio. ¡Idiota!
Me mandó un beso y sonrió. Lo vi hasta que se subió al auto y se fue.
Mi sonrisa se desvaneció de mi cara mientras mi estómago se apretaba.
Supongo que asumía que encontraría quien me lleve a casa. Gracias al cielo que todos mis amigos estaban dentro… esperando a que aparezca con el hombre del cual había presumido los últimos dos meses. Gruñí, intentando convertir mi dolor en enojo y me recargué contra la parte trasera de una camioneta. Es entonces cuando capté los ojos de un chico sentado en el asiento del conductor del auto que estaba frente a mí. Me enderecé rápidamente de mi posición de derrota, ni siquiera un extraño podía verme así de débil, y él bajó su mirada.
¿Qué hacía un chico sentado en su auto? Él levantó un libro y comenzó a leer. ¿Estaba leyendo? ¿Estaba sentado en su auto en el estacionamiento del baile de graduación leyendo? Entonces entendí: la pareja que había bajado del asiento trasero. Estaba dejando a alguien. Tal vez una hermana o hermano menor.
Lo examiné mientras leía. No podía ver mucho pero no estaba nada mal. Cabello castaño, piel olivácea. Hasta podía ser alto, su cabeza llegaba por encima del asiento, pero era difícil decir. No era mi tipo en lo absoluto, su cabello era demasiado desaliñado, yendo hacia lo delgado; lentes, pero tenía que servir. Caminé hacia su ventana. Estaba leyendo un libro de geografía o algo sobre el mundo en ochenta días. Toqué la ventana y él miró hacia arriba lentamente. Le tomó un poco más abrir la ventana.
—Hola —dijo.
—Hola.
— ¿Estudias aquí? —Si iba a esta escuela y no lo había visto antes, esto no funcionaría. Porque alguien lo reconocería.
— ¿Qué?
— ¿Qué si vienes a la escuela?
—No. Nos acabamos de mudar, pero estoy terminando el año en mi antigua escuela.
Aún mejor. Eran nuevos en la zona.
— ¿Estás dejando a tu hermano?
—Hermana.
—Perfecto.
Él alzó las cejas.
—Tienes que ser mi cita.
—Eh… —Su boca se abrió pero eso fue lo único que dijo.
— ¿Vives cerca? Porque no puedes entrar en vaqueros y camiseta.
Especialmente una con una cabina telefónica dibujada.
Sus ojos se movieron hacia su camiseta y después de vuelta a mí.
— ¿Una cabina telefónica? ¿En serio?
— ¿Tienes por lo menos un pantalón oscuro y una camisa de botones? ¿Tal vez una corbata? Una corbata verde azulada sería increíble para combinar conmigo, pero ni pienso ilusionarme con eso. —Incliné mi cabeza. Realmente no se veía como mi tipo. Mis amigas lo sabrían—. ¿Y por casualidad no tienes lentes de contacto y algún producto para el cabello?
—Ahora solo voy a cerrar mi ventana.
—No. Por favor. —Puse mi mano en el borde. ¿Había tenido alguna vez antes una noche en la que me había sentido tan desesperada?—. Mi novio acaba de terminar conmigo. Estoy segura que lo viste. Y realmente no quiero entrar sola a mi baile de graduación. Además, mis amigas no creen que él existía en realidad. Larga historia, pero necesito que seas él.
Dos horas. Es todo lo que te pido. Además, de todos modos, estás sentado aquí esperando a tu hermana. —Demonios. Su hermana. ¿Gritaría su nombre a través del gimnasio y arruinaría todo esto para mí? Solo tendríamos que evitarla. O meterla en la mentira. No lo había decidido aún—. Será mucho más divertido que quedarte sentado en el estacionamiento.
Él aún estaba mirándome como su estuviera loca. Me sentía como una loca.
— ¿Quieres que pretenda ser el Capitán América? —Apuntó en dirección a la calle.
Me confundió por un momento, pero después me di cuenta que estaba hablando de Jacob, cuya complexión tendía ir hacia lo musculoso.
—Nunca lo han visto, así que no tienen ni idea de cómo es. Además tu eres… —Hice gestos con las manos hacia él sin terminar la oración.
Intenté pensar en un superhéroe diferente para compararlo pero nada vino a mi mente. No estaba muy versada en los superhéroes. ¿Había alguien que estaba inclinado hacia el lado delgaducho? ¿El hombre araña? Eso no parecía un cumplido.
Él solo se quedó sentado, mirándome, esperando a que termine la oración.
—Puedo pagarte.
Él levantó las cejas.
—Estoy seguro que hay servicios para eso. ¿Tal vez deberías intentar llamando al 01-800-PROSTITUTOS o algo así?
Puse los ojos en blanco pero no pude evitar sonreír.
— ¿Te sabes muy bien el número?
Dejó escapar una sola risa.
—Está bien. Si te sientes mal en cuanto a aceptar dinero, entonces te lo deberé.
— ¿Deberme qué?
—No lo sé… si alguna vez necesitas una cita falsa, estaré ahí para ti.
—No soy exactamente de los que necesita una cita falsa.
—Bueno, está bien. Me alegra que tú puedas tener una cita real cuando lo quieras, pero yo no. Bueno, quiero decir, normalmente puedo, pero obviamente no justo ahora en medio de un estacionamiento vacío.
¿Tendría que sacar algunas lágrimas falsas para conseguirme una cita falsa?
—Está bien.
— ¿Está bien?
—Sí. Vivo a seis cuadras de aquí. Iré a cambiarme a algo más acorde al baile. —Él cerró la ventana mientras murmuraba algo acerca de no creer que se estaba metiendo en esto. Y entonces se fue conduciendo.
Me quedé ahí de pie durante cinco minutos preguntándome si esa había sido solo una forma de escapar de todo esto. Probablemente había enviado un mensaje a su hermana diciéndole que solo lo llame cuando necesitara irse a casa. Y de todos modos, si solo vivía a seis cuadras, ¿por qué estaba esperando en el estacionamiento? ¿No debería haber conducido a casa y esperar ahí?
Saqué mi teléfono y revisé Instagram y Twitter para asegurarme que Jacob no hubiera escrito algo acerca de la ruptura. No había nada. No me sorprendió, Jacob no era de conectarse mucho. Otra razón por la que Jessica pensó que lo había inventado. Envié un texto sobre cómo el baile iba a ser el mejor del mundo y metí mi teléfono de regreso a mi bolso que combinaba con mi vestido a la perfección.
Otros diez minutos pasaron y estaba segura que él no regresaría a estas alturas. Comencé a pensar en todas las excusas que les iba a dar a mis amigos una vez que estuviera dentro. Se enfermó. Tenía que estudiar para sus exámenes universitarios para el lunes… porque estaba en la universidad.
Suspiré. Esto era patético. La verdad. Tenía que decir la verdad. Él terminó conmigo en el estacionamiento. Mis ojos se llenaron de lágrimas con ese pensamiento. Jacob terminó conmigo en el estacionamiento. Metí la pata y lo perdí, y ahora tal vez perdería algo más que a él. ¿Sería esto la última pieza de evidencia que mis amigas necesitaban para creer las cosas que había dicho Jessica? Sabía la mirada que me daría Jessica una vez que dijera la verdad. Sería la mirada "sí-claro-él-no-existe". La mirada que me daba cada vez que mencionaba a Jacob. Era la mirada que siempre me hacía decir más historias. Lo malo es que había dicho tantas que incluso mis otras amigas habían comenzado a cuestionar su existencia.
Nos conocimos en una cafetería en UCLA cuando ambos estábamos ahí por un festival de cine al que involucraba a mi hermano mayor. Sola en la cafetería, Jacob había pensado que era una estudiante de ahí. No lo corregí porque en realidad iba a ser una estudiante ahí el próximo año.
Había recibido mi aceptación temprana esa misma semana, así que me había sentido bastante universitaria. Intercambiamos números de teléfono y nos escribimos por un tiempo. Y lo que había comenzado como una simple atracción se convirtió en algo más. Contaba bromas estúpidas y sabía mucho sobre tantos lugares diferentes de todos sus viajes. Era interesante. Unas semanas después, le aclaré mi edad. Para ese momento, nos gustábamos el uno al otro. El principal problema era que yo vivía a tres horas de UCLA. Así que solo había venido un par de veces en los dos meses que habíamos estado juntos y no había conocido a mis amigas. Y ahora, había terminado.
Enderecé mis hombros y enfrenté las puertas del gimnasio. No necesitaba una cita, real o de otra forma. Mis amigas me querrían a pesar de con quien estaba o no. Incluso mientras lo pensaba, deseé que fuera cierto. No podía perder a mi novio y mis amigas en una sola noche. Las necesitaba en mi vida. Cuando comencé a caminar, unas luces proyectaron mi sombra en el asfalto frente a mí. Me giré en el momento en que las luces de un auto se apagaban.
El chico salió de él.
— ¿Ibas a entrar ahí sin mí después de todas esas súplicas?
