Disclaimer: Los personajes pertenecen a S. Meyer, la historia es de mi autoría.

Importante: Leer nota al final de página.

*Este capítulo fue beteado por Mary de Cullen, ¡muchas gracias!


Broken:IV

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"Me gusta Alice Cullen porque es pequeña y me recuerda a una hadita del bosque. Me gusta Ángela Weber porque canta en el coro de la iglesia y me sonríe cuando entrego la ofrenda. Me gusta Jessica Stanley porque su risa me hace sonreír. Pero quien más me gusta es Isabella Swan, porque es solitaria como yo"

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Por primera vez en años deseó quedarse en casa y no ir a la escuela. Las cosas habían cambiado abruptamente de la noche a la mañana y ella no estaba lista para afrontarlo. El Instituto siempre fue un lugar en que ella se sintió cómoda. No era popular, no tenía amigos, pero la respetaban, era alguien. Tenía las mejores calificaciones y sus profesores la adoraban, su futuro era prometedor y ella lo sabía. Ese augurio, esa brillantez intelectual le sirvió como una capa para enfrentarse a su fracaso social. Caminaba tranquila, hablaba cuando se le pedía y observaba en silencio como el resto interactuaba. Le gustaba observar…

Pero la escuela ya no era un lugar seguro. No existía nada que la protegiese de las miradas recriminadoras y las palabras duras. Estaba expuesta, y no sabía cómo protegerse. Aún así, era preferible soportar la furia social a quedarse en casa, con miedo a que en cualquier momento alguien llegase a buscarla.

Solo por eso se obligó a salir.

Intentó pasar lo más desapercibida posible, pero fue difícil, sino imposible. Todos la miraban era como si le hubiesen arrojado pintura fluorescente sobre su ropa. Los ojos recriminadores no la abandonaban, la seguían a todos lados. Los susurros y comentarios fueron en aumento y para cuando finalmente llegó a su casillero, los murmullos se habían transformado en ataques verbales directos.

La culpaban.

Bella quiso llorar, pero no les iba a dar el gusto de que la vieran hacerlo.

¿Cómo pudo ser su culpa? Ella intentó ayudarla, pero Alice la insultó. Ella no secuestró a Alice. ¿Por qué no podían entenderlo? No se merecía esto. Lamentablemente era la única que pensaba eso.

Rosalie Hale fue la primera que cruzó la barrera de ataque verbal a físico. Bella estaba intentando esconderse en su casillero, ocultando su rostro con la puerta de metal, de pronto sintió un empujón por el costado que le hizo perder el equilibrio y golpearse duramente con el borde de la puerta. Estuvo a punto de caer, sin embargo, logró sostenerse. Se tocó la cara titubeando y sintió un líquido caliente.

Sangre…

Se estremeció y nuevamente se tambaleó. Rosalie aprovechó su debilidad y con un movimiento de pies la hizo perder el escaso equilibrio y caer al suelo. Bella se quedó allí, sin moverse.

—Perra— escupió Rosalie con odio, hizo ademán de darle una patada y Bella automáticamente se cubrió el rostro, pero el golpe nunca llegó. Lo que si llegó fue el sonido de la risa de Rosalie— Eres patética… me das asco.

Bella cerró los ojos y contó hasta diez, rogando para que Rosalie se aburriese y la dejase en paz.

—Cobarde— dijo Rosalie alejándose junto a su grupo de amigas.

Bella abrió los ojos y dejó escapar el aire al verla caminar lejos de ella. A su alrededor se reunieron varios curiosos y un par de ellos enfocaban impunemente sus teléfonos celulares sobre ella, sin pudor alguno. ¿En qué momento se transformó en un animal de zoológico? Se levantó con cuidado, evitando tocar o mirar sus manos. Odiaba el contacto de la sangre, pero no podía darse el lujo de dejarse caer nuevamente. Nadie la ayudaría y no podía mostrar debilidad, por lo que terminó abriéndose paso a través de la muchedumbre con pequeños empujones.

Algunos aprovecharon de empujarla y de darle codazos, otros más cobardes le tiraron el cabello. Pero ella no se detuvo, siguió avanzando por el corredor hasta alejarse completamente de sus verdugos.

No podía quedarse aquí. Oficialmente no existía un lugar seguro para ella. ¿Qué podía hacer? No le quedaba más remedio que volver a casa, aunque el solo imaginarse estar en aquel lugar sola le angustiaba enormemente. Dios, su vida era un desastre…

Evitó la enfermería y caminó directamente al baño de mujeres.

Verse al espejo fue doloroso. No reconoció a la chica que estaba frente a ella. Era su cara, sus ojos, pero no se parecía a ella. Una línea de sangre recorría el lado derecho de su rostro, tenía los ojos enrojecidos y las ojeras marcadas. Abrió el grifo de agua y con movimientos bruscos se limpió la cara. No quería ver la sangre sobre su piel. Odiaba ese líquido viscoso…

El corte en su frente no era muy grande y la sangre había coagulado. Se secó el rostro con las mangas de su sudadera y cerró al grifo. Se examinó en el espejo con espíritu crítico: Seguía estando horrenda, pero por lo menos no tenía sangre sobre su piel. Daba gracias por ello.

Las clases debieron haber comenzado mientras ella estaba dentro del baño, porque en los pasillos de la escuela no vio a nadie. Aquello le alivió. No estaba segura de poder soportar que la atacaran nuevamente. Caminó a paso rápido por el lugar, sintiendo como su corazón latía frenéticamente con el miedo de encontrarse con Rosalie o alguien más. Se sintió aliviada cuando llegó a los estacionamientos, estaba casi afuera del lugar…

Pero al llegar a donde guardan las bicicletas se dio cuenta que llegar a casa no sería tan fácil. Su bicicleta roja, aquella que fue de su madre, estaba tirada con las ruedas desinfladas y los rayos doblados.

—Mierda— gimió acortando la distancia contra la figura de fierros torcidos— No, no, no… ¡Mierda!

Cerró los ojos, intentando alejar las lágrimas, pero fue imposible. Ver a su eterna compañera destruida la destruyó. Era una de las pocas cosas que tenía de su madre y la habían arruinado. Lloró en silencio acariciando con la yema de sus dedos los fierros. ¿Qué haría ahora? Estaba atrapada… el autobús no servía para llegar a su casa, la única opción que le quedaba era caminar.

Había recorrido en varias ocasiones los seis kilómetros que la separaban de su hogar, no era una distancia excesivamente larga para ella, que estaba más que acostumbrada a deambular por la zona, pero hoy las cosas eran diferentes. Forks se veía más gris, más solitario. El peligro estaba allí, oculto tras el sonido del viento golpeando los árboles. Ella lo sentía… y no podía evitar sentir que caminaba directo a la boca del lobo.

Con un suspiro resignado se echó a andar rumbo a casa.

—Deberías estar en clases—

El sonido hizo que Bella saltase y se pusiese en posición de defensa: Ella era hija del Jefe de Policía después de todo, sabía cómo defenderse si quería hacerlo. Lo cual tenía como mensaje oculto que ella no quiso defenderse del ataque de Rosalie, porque en el fondo se sentía culpable…

—Soy yo, tranquila—

Edward Cullen estaba allí, otra vez.

—¿Qué haces aquí? — cuestionó ella un tanto confundida— Deberías estar en clases— repitió con cierta burla.

Edward sonrió de lado.

—Escuché que te habían dado una paliza y quería sumarme, pero veo que ya terminó.

Bella no supo si era bromeando o no, así que guardó silencio.

—Era una broma— dijo Edward, como si leyese sus pensamientos— Asumí que ibas a huir a tu casa, ¿No? Eres una cobarde de tomo y lomo.

—¿Prefieres que esté aquí para que Rosalie terminé por romperme la nariz? Olvídalo. Puede que a ustedes no les importe mi integridad, pero a mí sí. Soy importante para mí—dijo Bella sintiendo una repentina furia— Me voy a casa, adiós.

—¿Caminando? ¿Estás loca? — inquirió Edward con irritación— ¿Acaso no escuchaste lo que dijo tu papá en la radio? ¡Es peligroso!

—Rompieron mi bicicleta— dijo ella— No tengo otra opción. ¿Crees que me emociona saber que estoy a merced de cualquier rarito de mierda? No, no me gusta, pero es lo que hay.

—Te llevaré en mi coche— sostuvo Edward.

—¿Por qué haces esto? Ayer dejaste claro que me odias, ¿Por qué estás aquí otra vez? —

El silencio se posó entre ambos. Se observaban con el ceño fruncido e interrogantes en los ojos, Bella sintiéndose nerviosa y confundida, y un tanto asustada por la imagen que Edward representaba para ella y él sintiendo una profunda irritación por la joven.

—¿Crees que estás en posición de interrogarme?

—Responde la pregunta, Edward.

—Te lo dije ayer, maldita sea.

—¿Me estás cuidando porque no quieres que el loco psicópata que se llevó a tu hermana me lleve a mí? —

—Exacto.

—Pero me odias… - dijo, más para si misma que para su acompañante.

—Lo hago.

—Está bien… puedo vivir con ello— dijo Bella y se encogió de hombros— ¿Dónde está tu coche? —

Edward sonrió.

—Ven, por acá. Lo único que te voy a pedir es que por favor no le cuentes nada de esto a nadie, no quiero que empiecen a hablar estupideces…—

—Oh vamos, aunque quisiera hacerlo, ¿A quién se lo contaría? Te recuerdo, soy yo, Isabella Swan, estoy sola, vámonos— dijo Bella mientras caminaba hacia el volvo plateado estacionado al fondo—

—Estás demente…— murmuró entre dientes el cobrizo.

¿Lo estaba? Bella no lo sabía. Quizás sí, o quizás no. Quién sabe… la soledad puede jugar con la mente de las personas, de eso último estaba completamente segura.


Hola, espero que estén teniendo una buena semana y hayan disfrutado de la lectura. ¿Qué opinan de este capitulo? ¿Creen que Edward se siente culpable y por eso ayuda a Bella? ¡Voy a estar esperando sus reviews para saber qué piensan!

Muchas gracias a todas quienes comentan, me encanta saber si la historia les está gustando y tambien a Mary de Cullen por la ayuda ofrecida. ¡Nos vemos!

LadyStarlight.95