Disclaimer: Los personajes pertenecen a S. Meyer, la historia es de mi autoría.
Importante: Leer nota al final.
** Este capítulo fue beteado por Mary de Cullen, muchas gracias por el trabajo y el apoyo en la historia.
Broken: V
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"Ya no estaré solo… en poco tiempo seré muy feliz, no puedo esperar a que llegue ese día…"
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"¿Por qué haces esto?", pensó Bella, rememorando la conversación, la respuesta de Edward fue confusa, pero aun así logró su objetivo: Bella subió a su coche. El viaje fue tenso. Edward encendió la radio y sintonizó la frecuencia policial, quería estar al tanto de todo lo que ocurriese, cualquier noticia que pudiese centrarse en la desaparición de Alice. Bella no habló y Edward lo agradeció silenciosamente, no quería platicar con ella. De hecho, si fuese completamente honesto, tampoco quería verla. Ellos no eran amigos, nunca han sido más que simples compañeros de clase a pesar de que se conocían desde el kínder. Bella le parecía una mujer inteligente y académicamente brillante, pero con un ego inflado y sin habilidades sociales. Alice pensaba igual. A ninguno de los dos le agradaba y en más de una ocasión la habían imitado cuando estaban en casa, burlándose de sus intervenciones en clases…
Era extraño ver que ella estaba sentada en el asiento del copiloto, nunca imaginó verla allí. Edward pensaba en Bella como alguien de la escuela, una figura que solo existía en la sala de clases, pero ahora estaba allí, junto a él, luciendo tan incomoda como él se sentía. Ella parecía consciente de estar fuera de su elemento; miraba nerviosamente a su alrededor, y se mantenía firmemente sujeta al cinturón de seguridad como si temiese salir volando.
No quería reconocerlo, pero sus reacciones le intrigaban.
Edward aceleró el coche y Bella jadeó.
—¿Qué ocurre? —inquirió él viendo el movimiento de la joven.
—Ve más despacio— pidió ella entre dientes— Vamos a chocar.
¿Chocar? El adolescente se sintió ofendido, él era un excelente conductor. Desde que obtuvo el permiso para conducir no ha tenido ni una sola multa y jamás ha participado en un choque, pero por la cara que llevaba Bella parecía que él fuese un niño de cinco años al volante. Pensó en bajar la velocidad, pero luego recordó que se trataba de Bella Swan y él no tenía porqué facilitarle la vida así que mantuvo el pie en el acelerador. La joven cerró los ojos y comenzó a respirar entrecortado.
—Baja la velocidad… por favor— pidió Bella manteniendo los ojos cerrados— Por favor…
Fue algo en su expresión torturada o en su tono de voz lo que hizo que Edward quitase el pie del acelerador y redujese considerablemente la velocidad. Edward fue testigo del cambio en las facciones de Bella: la joven se mostró evidentemente más tranquila que segundos atrás, como si el paseo en la montaña rusa hubiese llegado a su fin y ella lo supiese. Edward sintió el impulso de preguntarle por qué reaccionaba así, pero se contuvo, no quería saber cosas de ella. Tenía que recordar que la única razón por la que estaban compartiendo aquel viaje era porque había un loco suelto.
Cuando Edward divisó la casa de los Swan se sintió aliviado. Estacionó frente a la puerta y esperó a que Bella bajase del coche. Pero ella no lo hizo. Edward enarcó una ceja y la observó intrigado, esperando que hiciese un movimiento, pero ella parecía estar paralizada en el asiento.
—¿Vas a bajar o no? — preguntó él con cierta molestia—
—¿Quieres pasar? — soltó ella de improvisto. Edward quedó en shock, debido a la impresión que le produjeron esas palabras. — Mira, odio decirte esto, pero la verdad es que estoy aterrada. No quiero estar sola en casa, Charlie trabaja todo el maldito día y me prohibió aparecer por la comisaría a menos que él me llamase—habló atropelladamente, sin respirar— Entiendo que tengas cosas que hacer, pero de verdad no quiero estar sola.
El auto se sumió en un silencio incómodo.
—Di algo— pidió ella.
—No— respondió Edward— Lo siento, pero no puedo.
—Uh… ¿Si te lo pido por favor?
—No. Iré a la comisaria, estaré allá. Mira, no quiero que me veas como tu niñera porque no lo soy. No somos amigos y no lo seremos. No malentiendas esto, solo me ofrecí a traerte porque creo que es imprudente y arriesgado que andes sola, pero estarás en tu casa…
—No estoy segura en mi casa, lo sabes. —dijo Bella con nerviosismo.
—Mi hermana está allá afuera, no me voy a quedar aquí jugando a la casita contigo.
—¡Estoy asustada! — dijo ella perdiendo la calma— Maldita sea, tengo miedo. No quiero estar aquí sola.
—¡No es mi maldita responsabilidad! ¿Por qué debería ayudarte cuando tú no ayudaste a mi hermana? Creo que eres jodidamente descarada.
Bella no respondió y Edward cerró los ojos, reprochándose por el arranque. De pronto sintió la puerta del copiloto abrirse, abrió los ojos y vio a Bella bajarse del coche.
—¡Para la próxima déjame en la calle! — gritó — ¡De todas formas debí haber sido yo quien desapareciera, a mí nadie me habría extrañado! – y sintió como cerraba la puerta del coche con más fuerza de la necesaria.
La vio subir los peldaños que la llevaban hasta la puerta de su casa y con movimientos bruscos sacó la llave que estaba oculta en una maseta. Edward la vio forcejear con la cerradura y entrar a casa, cerrando la puerta con un fuerte golpe.
—Gracias por el viaje— murmuró Edward sarcásticamente— Perra.
Edward encendió el coche y partió rumbo a la comisaria, el único lugar donde realmente quería estar. A diferencia de Bella que huyó de la escuela para evitar golpes y ataques, Edward huyó porque no pudo soportar las miradas de lástima y las palabras de consuelo. Entendía que sus compañeros quisieran demostrar su apoyo, pero en un momento sintió que todas esas muestras de cariño eran dichas como si Alice estuviese muerta. Como si no hubiese ninguna oportunidad de que su alocada hermana pudiese estar dando saltos y chillidos a su alrededor otra vez. Aquello le aterró y molestó en partes iguales y decidió marcharse. Fue allí, en medio de sus intentos de deshacerse de las gentiles palabras de consuelo que escuchó lo que ocurrió entre Bella y Rosalie.
No le gustó y se sintió hipócrita por ello. No estaba de acuerdo con que Rosalie se aprovechase de Bella y la atacase, pero él mismo había pensado diferentes maneras de hacerle pagar su falta de auxilio hacia su hermana.
Era un farsante.
Para cuando Edward estuvo frente a la comisaría, aún no lograba ordenar sus pensamientos en cuanto a lo que sentía por Rosalie y sus compañeros de escuela. Le molestaba que ellos tomasen su dolor y lo transformasen en algo que pudiesen usar para su beneficio. Edward conocía a Rosalie y sabía que odiaba a Bella desde mucho antes del incidente con Alice. Para él, era claro que Rosalie había aprovechado la ocasión para cobrarle a Bella años de rencores. Aquello le fastidiaba. Alice no era una carta de juego que Rosalie pudiese utilizar para vengarse por la envidia que le producía el que Isabella Swan le quitase todos los años el primer lugar como "mejor promedio".
—Tu padre y madre están en la sala de siempre— dijo Margaret Phil, la amable secretaria del Jefe Swan. Edward la saludó con una pequeña seña que ella devolvió con una sonrisa bajo sus lentes gruesos y oscuros— Adelante.
Edward avanzó por el lugar, sintiendo la vista de un par de curiosos sobre él. Vio que en una de las sillas se encontraba Boyle Martins, el borracho más conocido de Forks. Edward lo evitó con prudencia y finalmente entró a la sala donde se encontraba su familia.
Ver a Carlisle y Esme juntos en una habitación le pareció extraño. Si bien el divorcio de sus padres finalizó durante el año anterior, habían estado separados desde antes que Alice y él entrasen a la secundaria. Carlisle vivía en Port Ángeles desde entonces. Fuera del pueblo, pero no lo suficientemente lejos como para perder de vista a sus hijos…, lo cual disgustaba a Esme, que desde un inicio había ordenado a Carlisle marcharse lo más lejos posible.
—Cariño— saludó Esme levantándose de la silla y acercándose a su hijo. Edward aceptó el abrazo y beso de su madre en silencio— ¿Qué haces aquí? Deberías estar en la escuela.
—Hm, fue difícil—respondió él rascándose la cabeza— Muchos comentarios…
—Entiendo— musitó Esme— Mi teléfono no para de sonar con tantos mensajes. Incluso me han hablado compañeros de la escuela a quienes les perdí el rastro hace años…
—¿Y te disgusta la atención? —preguntó Carlisle en tono burlesco— Estás cambiada.
Edward contuvo la respiración, aquel comentario era una señal clara de que la tregua entre ambos estaba tambaleando. Edward miró a su madre suplicante, esperando que no respondiera, que dejara pasar el desafortunado comentario por el bien de todos, pero eso no sucedió…
—¿Lo dices tú? ¿No has intentado ya follarte a la secretaria del Jefe Swan o tienes como requisito que sea tu secretaria? —
Edward se dejó caer en la silla mirando a sus padres lanzarse dagas por los ojos, los miró a ambos con enojo. ¿Cómo era posible que incluso en esas circunstancias se comportasen de forma tan infantil? Extrañó a Alice más que nunca. Solo con ella a su lado podía sobrevivir a los constantes ataques verbales entre Carlisle y Esme, sin ella se sentía inseguro, sin saber qué hacer. ¿Tenía que tomar un lado? ¿El lado de quién? Ambos fueron infieles, ambos se traicionaron una y otra vez. Edward lo sabía: Carlisle mantuvo relaciones con todas sus secretarias y unas cuantas enfermeras. Esme en venganza se acostó con el director del hospital donde trabajaba Carlisle y con su hermano. Edward no podía ver al tío Aro desde que lo supo. ¿Y ahora qué? Estaban divorciados, no había necesidad de ser tan beligerantes, mucho menos con Alice desaparecida.
Edward pensó que la desaparición de su hermana sería un motivo lo suficientemente fuerte como para que ambos dejasen de lado sus diferencias y trabajasen en común, pero al parecer estaba equivocado: Sus padres estaban frente a frente, lanzándose comentarios mordaces y cada vez más subidos de tono. Edward intentó bloquearlos, pero no pudo.
—¿Dónde estabas cuando Alice desapareció? — cuestionó Carlisle— Estaban solos en la casa y Edward te llamó una y otra vez al teléfono, pero no contestaste. ¿Dónde estabas mientras a tu hija la secuestraban? —
El silencio fue abrumador.
Edward maldijo entre dientes al ver como el rostro de su madre se contorsionaba de dolor. Miró a su padre con reproche, no pudiendo entender cómo lanzaba comentarios de ese calibre.
No era culpa de Esme por no estar en casa…
No era su culpa por haber enviado a Alice a comprar cerveza de jengibre.
¿De quién era la culpa?
—Es culpa de Bella Swan— masculló Edward— Es culpa de ella y no de mamá—
Edward escupió esas palabras con odio y vio a sus padres meditando lo dicho, ambos abandonaron sus poses combativas y se relajaron. Edward respiró aliviado, pero ese alivió no le quitó el sabor amargado de las palabras pronunciadas y el sentimiento incómodo de que, en el fondo, él no estaba de acuerdo con culpar a Bella Swan.
Jodida vida.
¡Hola! Me gustaron muchos los reviews que dejaron la semana pasada. En este capítulo podemos ver un poco más de la familia Cullen y de Edward mismo, espero que estén disfrutando la lectura y me dejen sus comentarios. Les adelanto que el próximo capítulo es uno de los que más disfruté escribir y les aconsejo llevar la cuenta de los días que han pasado desde que Alice desapareció.
Alice desapareció un domingo y Bella declaró el martes...
¡Quiero leer sus opiniones! Nos vemos pronto, infinitas gracias a Mary de Cullen por revisar el capítulo y la buena disposición. ¡Hasta la próxima!
LadyStarlight.95
