NOVIO DE RELLENO

CAPITULO 05

Mis padres me esperaban, como de costumbre, cuando Ángela y su cita me dejaron en casa. Trataron de conseguir que saliera con ellos después del baile, pero no tenía ganas. Pensaron que era porque no gané como reina del baile. Tal vez en parte lo era. O el hecho de que Jessica hubiese pasado de malhumorada a feliz con el anuncio. Eso podría haber afectado a mi estado de ánimo porque no quería sentirme de esta manera por un chico estúpido.

Mi mamá se estiró desde su lugar en el sofá para mirar detrás de mí.

Me tomó un momento darme cuenta que buscaba a Jacob.

—No está aquí —murmuré.

Mi padre se puso de pie y bostezó. Había llegado a casa. Ahora podía ir a la cama.

—Podría haberte acompañado al menos hasta la puerta —dijo mientras me daba un abrazo y besaba la parte superior de mi cabeza.

Realmente no quería rememorar la noche a pesar de que sabía que mis padres estarían felices si les decía que Jacob y yo habíamos terminado.

—Estoy cansada. Gracias por esperar. —Abracé a mi mamá y luego desaparecí en mi dormitorio. Abrí la cremallera de mi vestido de fiesta y lo dejé caer al suelo, sin importarme lo suficiente para colgarlo con cuidado. En realidad no era un recuerdo que deseaba revivir.

Me puse mi pijama y luego me dirigí al baño para llevar a cabo mis otros rituales nocturnos de lavarme la cara y cepillarme los dientes. Cuando volví a mi habitación y vi mi vestido, unos ojos azules aparecieron en mi mente. Me sorprendió que ese fuera el recuerdo que mi mente decidiera darme con el vestido. De todos modos, ¿por qué aceptó ser mi cita falsa? Dijo que no fue mi sonrisa pero se interrumpió antes de responder lo que realmente era. La curiosidad ardía en mi pecho. ¿Tal vez pensaba que era linda? Me veía muy bien en ese vestido.

Lo recogí suavemente y lo puse sobre mi silla de escritorio. De todos modos, ¿por qué analizaba sus motivos? No importaba. Mi cerebro se sentía cansado. Necesitaba dormir.

Pero mi cerebro no se apagó. Siguió analizando. Pensé en el baile y cómo la mitad de la escuela fue testigo de la ruptura falsa de Jacob.

Todos estarían hablando de ello mañana. No necesitaba que nadie sintiera lástima por mí. ¿Cómo podría suavizarlo un poco? Fui a Twitter.

Supongo que estoy soltera otra vez. ¿Quién me hace una fiesta?

Ya está. Ahora todo el mundo sabría que estaba perfectamente bien. Porque lo estaba. Perfectamente bien. Me quedé mirando la pantalla, una urgencia de eliminar ese tweet se elevó en mi pecho. Dormir.

Sólo necesitaba dormir. Todo estaría mejor en la mañana. Excepto que no lo estuvo. Mi mente había elegido llenar la noche con sueños de un chico sin nombre y sus misteriosos motivos. Un chico que, aunque quisiera hablarle otra vez, sólo era accesible a través de una chica que odiaba mis entrañas. Nunca me ayudaría a ponerme en contacto con su hermano. De cualquier forma, probablemente no quería hablar conmigo, incluso si la única razón por la que quería hablar con él era para satisfacer mi curiosidad.

Bajé para ver a mi padre en la mesa de la cocina con su cuaderno de dibujo. Sabía que no debía interrumpirlo mientras revisitaba un sueño abandonado. Una vez quiso ser un animador de Disney. Al parecer, esa es una meta casi imposible. Un sueño ni siquiera cerca de donde había terminado como contador, sentado en un escritorio, sólo usando el lado izquierdo de su cerebro. Su lápiz se deslizaba sobre el papel con una facilidad que no mostraba en ningún otro aspecto de su vida. Era muy bueno.

Los cuencos se encontraban en el armario detrás de su silla, así que opté por un plátano y comencé a llevarlo a mi habitación cuando me detuvo con un—: Buenos días, Bella.

—Hola, papá. ¿Mamá está en el supermercado?

Él asintió. Nuestra casa se sentía como un reloj funcionando a la perfección. Todos cambiábamos en el momento adecuado, decíamos las cosas correctas y manteníamos el mismo ritmo día tras día sin desviarnos nunca. Era agradable tener esa rutina. Sentirse aferrado a algo. Seguro.

—Siéntate y cuéntame acerca del baile de anoche.

—Está bien, estás en medio de algo.

Hizo un gesto con la mano en su cuaderno de dibujo, el estado de relajación en el que se encontraba momentos antes fue reemplazado cuando se enderezó por completo.

—Estoy muy lejos del medio. Más como más allá del fin.

Me senté en la silla frente a él, sabiendo que no se rendiría hasta que le diera un resumen. Y, además, era el momento para decirle lo que estuvo esperando para oír durante dos meses.

—Jacob rompió conmigo.

Sus ojos se abrieron como platos, luego se tornaron felices, para después lucir simpáticos, todo en menos de un segundo.

— ¿En el baile?

Me encogí de hombros.

—No es gran cosa.

— ¿Necesitas que conduzca a la UCLA y le dé una paliza?

Levanté las cejas.

—Tienes razón, es demasiado grande para mí. Haré que tu hermano lo haga.

Le di la risa que buscaba y luego tomé un bocado de mi plátano, sabiendo que incluso si mi padre hablaba en serio en este momento, Emmet jamás golpearía a nadie por mí. No éramos lo suficientemente cercanos para eso.

Mi papá cruzó las manos sobre la mesa.

—Levanta la barbilla. Hay otros peces en el mar. Es un gran océano.

A veces tenemos que atrapar y soltar unos cuantos antes de encontrar el que vale la pena. Sólo sigue nadando.

—No creo que la última metáfora se aplique aquí.

—Empecé con metáforas acuáticas. Sólo la seguí.

Sonreí, luego me levanté y tiré la cáscara de plátano.

—Todo lo que pido es que esperes hasta que esté fuera de casa antes de que tú y mamá hagan una fiesta por esto.

Asintió demasiado serio cuando salí de la habitación. Ya está. Eso no fue tan malo. Ahora podía marcar de mi lista hablar con mis padres acerca de la ruptura.

Pasé el resto del día en un estado de aturdimiento, respondiendo los tweets acerca de mi estado recientemente soltera y qué fiestas habrían este fin de semana en la que podía celebrar. Jacob no respondió al tweet acerca de estar soltera. Probablemente me dejaría de seguir pronto.

Me pregunté si lo debía dejar de seguir primero. No lo hice. Esa noche dormí largo y tendido, agradecida de que no hubiera sueños que intentaran recordarme el baile.

La escuela sería una buena distracción, pensé cuando entraba a la ducha a la mañana siguiente. No estaba segura de cuánto tiempo estuve bajo el agua y era posible que me hubiera acondicionado el cabello dos veces. Elegí un conjunto con cuidado, sabiendo que estaría en el otro extremo de una gran cantidad de miradas hoy, y me paré frente al espejo para arreglarme.

Para cuando miré mi teléfono, me di cuenta que había pasado demasiado tiempo perfeccionando mi aspecto. Tendría que saltarme el desayuno. En mi camino a través de la cocina agarré una barra de granola.

—Voy tarde, mamá —grité cuando todo su cuerpo se volvió para seguir mi camino a través de la cocina. Sus grandes ojos demostraban que estaba sorprendida de que no comiera el desayuno con ella como normalmente hacía—. Te veré a las cinco. Tenemos una reunión después de la escuela.

—De acuerdo. Te quiero.

—Yo a ti. —Dejé que la puerta se cerrara detrás de mí y arrojé mi mochila en el piso del asiento del pasajero antes de subir al auto después de eso.

—Guau, te ves bien.

—Gracias.

Ángela señaló a mi porche donde mi madre se despedía de nosotras.

Sonreí y devolví el saludo.

—Juro que tu familia debería estar en alguna cartelera de Familia. Perfecta o algo así. ¿Qué se siente tener los mejores padres del mundo?

—Son bastante geniales. Siempre parecen hacer todo por el libro.

— ¿Qué libro es ese?

—No lo sé: ¿Qué Decirle a tus Hijos 101? —Tomé una respiración profunda y abrí mi barra de granola.

— ¿No desayunaste?

—No hay tiempo.

Ángela salió de mi camino de entrada.

— ¿Estás bien? No oí de ti en todo este fin de semana. Pensé que querías salir ayer por la noche.

Me encogí de hombros.

—No, tenía tarea que terminar.

—Lamento que no hayas ganado.

— ¿Ganar qué?

—Como reina del baile.

Solté una pequeña risa.

— ¿Crees que el hecho de que no quisiera salir tuvo que ver con no ganar como reina del baile?

—No sé, eso o Jacob. Nunca te he visto triste por un hombre antes.

Empecé a negar que quedarme en casa el fin de semana tuvo que ver con Jacob, pero de una manera extraña lo hacía. O por lo menos con la persona que ocupó su lugar. Había abarcado mis pensamientos y me hizo imposible concentrarme. ¿Por qué sucedía eso cuando apenas lo conocía? Tal vez porque me había salvado la otra noche sin conocerme en absoluto. Y quería saber por qué.

—Tienes razón. Tiene que ver con él.

— ¿Es porque él básicamente rompió contigo primero por engañarte?

— ¿Qué?

—Siempre eres quien rompe las relaciones. Él te ganó esta vez.

—Yo…

Golpeó mi brazo juguetonamente.

—No lo niegues.

Jacob. Rompió conmigo. Esa tensión en mi pecho estaba de vuelta ante el pensamiento. No, había terminado con eso. Me dejó en el estacionamiento en el baile. Ya no podía hacerme sentir mal.

Ángela agarró mi mano.

—Lo siento. No quise restarle importancia. Lo que hizo fue estúpido.

Debes estar molesta. Tendría que llevarte a tomar un batido de leche o algo así. —Me apretó la mano—. Pero no puedes dejar que un chico arruine tu imagen cuidadosamente elaborada. Contrólate y luego lloraremos en privado.

—Tienes razón. No queremos eso. — ¿Era así como la había consolado después de Peter el año pasado?—. ¿Se divirtieron el sábado por la noche después de dejar el baile? ¿Qué terminaron haciendo?

—Fuimos al parque y pasamos el rato. Tyler se balanceó en los columpios.

—Eso suena divertido.

—Fue divertido. Casi arruinó su esmoquin.

Sonreí.

—Entonces, ¿Tyler? ¿Sientes como si ahora lo conocieras mejor?

Parecía agradable.

Se encogió de hombros.

—No lo sé. Es un sólido B, pero todavía creo que tengo una oportunidad con Logan. Es un material seguro de calidad A. ¿No crees?

Logan. Recordé vagamente decirle hace un mes, cuando nadie le había pedido ir al baile que Logan era alguien a quien debía aspirar. Era una estrella en el equipo de fútbol, además le iba bien en la escuela. Pero entonces Tyler le había preguntado y pareció gustarle, así que pensé que se había olvidado de Logan. Aparentemente no.

—Logan tuvo su oportunidad. Creo que si pasaste un buen raro con Tyler deberías ir a por ello.

—No es que importe. Nos vamos a la universidad pronto. —Se mordió el labio, conteniendo una sonrisa—. Entonces vamos a tener nuestra selección de chicos universitarios. Hombres universitarios. Unos que son mucho mejor que Jacob.

—Cierto. —Terminé mi barra de granola y empujé la envoltura en mi mochila.

—Oh, hablando de eso, mi mamá nos compró un felpudo.

— ¿Para nuestro dormitorio?

—Sí, traté de decirle que nuestro dormitorio se encontraba dentro de un edificio y que no era como un apartamento, pero insistió.

— ¿Cómo es?

—Escucha esto. Dice: "No soy un felpudo". —Gimió asqueada.

Me reí.

— ¿Crees que está tratando de enviar un mensaje a nuestros futuros visitantes o simplemente tratando de ser graciosa?

—No creo que entienda el doble sentido. Creo que piensa que el felpudo está diciendo que no es un felpudo y lo encuentra divertido.

—Tu mamá es divertida.

—Mi mamá es molesta.

—Entre nuestros dos grupos de padres, no vamos a tener que comprar nada para nuestro dormitorio.

Ella sonrió y levantó el puño para que lo chocara.

—Ciento tres días, hasta que seamos oficialmente compañeras de cuarto.

—No puedo esperar.

Nos detuvimos en el estacionamiento de la escuela. Enseguida vi a Kate y Jessica caminar hacia nosotras desde donde acababan de salir del auto. Me preparé. Jessica había tenido todo el fin de semana para analizar el baile. Seguramente ya había ideado algo incriminatorio.