Disclaimer: Los personajes pertenecen a S. Meyer y la historia es mía.
Importante: Leer nota al final de la página.
IX
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"Tengo a una chica aquí conmigo. Te estaba buscando a ti, pero la encontré a ella. No eres tú, mi cielo, pero me ayuda a no extrañarte demasiado"
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La primera vez que Carlisle lo golpeó tenía seis años. Edward lo recordaba bien, estaba practicando en su piano cuando escuchó los gritos de su padre. Carlisle alzaba la voz la mayor parte del tiempo, así que Edward no le tomó atención y continuó presionando las teclas, hasta que las voces se hicieron más y más fuertes. Fue entonces que Edward vio a su padre entrar a la habitación con una correa en mano, los ojos enrojecidos por el alcohol.
—¿Papá?
—¿Por qué tomaste mis cosas? Te dije que no jugaras con mis papeles. Ensuciaste un expediente entero y ahora tendré problemas en el hospital— dijo él con voz dura, avanzando hacia Edward.
—No hice nada—murmuró el niño sintiendo como su estómago se apretaba.
Y era cierto, él no se acercaba al despacho de su papá. Odiaba ese lugar. La única que siempre se metía era Alice…
Alice, quien un rato antes le había dicho que estaba jugando a la secretaria…
—Fue Alice—dijo Edward recordando a su hermana corriendo con el bolso de su papá— Fue Alice, yo la vi con tu mochila…— Edward esperó que su padre retrocediera, pero sus palabras parecieron enfurecerlo aún más. Tembló sobre su piano y sintió un líquido caliente correr por entremedio de sus piernas.
—Cobarde y maricón— dijo Carlisle levantando su brazo y azotando la espalda de Edward con la correa— Culpas a tu hermana para salvarte de la golpiza…—otro correazo más.
—Papá—lloró Edward— Por favor, para.
—Nunca traiciones a tu hermana, ella es lo más importante, ¿entiendes? —
—Si, perdón…—lloró encogiéndose.
El actual Edward, un joven de diecisiete años pensó en aquella primera vez y las otras siguientes que vinieron antes que sus padres se divorciasen. Para él fue un alivio cuando finalmente lo vio marcharse de casa, aunque nunca lo dijo porque sabía que Alice lo adoraba y porque él también lo quería. Para él, Carlisle Cullen tenía dos caras, una cara era el papá a quien adoraba y el otro era el sujeto enfurecido que aparecía cada vez que bebía. No había pensado en el maltrato que vivió cuando era pequeño hasta la noche anterior cuando su pesadilla volvió a repetirse, esta vez, frente a un público indeseado.
Isabella Swan.
No sabía cómo enfrentarse a ella ni cómo sentirse frente al hecho de que Bella lo defendió cuando su padre estaba matándolo. Nunca pensó que ella pudiese hacer una cosa así. Bella era una caja de sorpresas y él no estaba seguro de querer seguir conociéndola. Mientras más la observaba, menos tranquilo se sentía. Pero tampoco podía ignorarla. Estaban unidos en esta mierda, por lo menos hasta que encontrasen a Alice.
Edward no pensó jamás que alguien más aparte de su mamá y Alice fuese a enterarse de lo que hacía Carlisle Cullen cuando perdía el control, ni mucho menos que sería Bella Swan la persona que viese todo aquello. ¿Qué pasaba si ella lo contaba a otras personas? Él no quería que lo viesen como una víctima ni que empezasen a tratarlo diferente simplemente porque su padre perdía el control de vez en cuando. No, él quería seguir siendo Edward Cullen, amado, tranquilo, con una vida común y corriente.
Tendría que asegurarse que ella no dijese nada…
Pero ¿Cómo haría eso? Bella no parecía ser de esas personas que se dejasen presionar por el resto. Ella marcaba su propio rumbo y hacía las cosas a su ritmo…
Edward se removió nervioso en el asiento mientras la maestra Williams hablaba del próximo baile escolar. Levantó la cabeza para buscar a Bella con la mirada, ella estaba sentada en el asiento delantero, junto a Angela Weber. Parecía estar concentrada en las palabras de la maestra.
—¿Las chicas invitamos? — preguntó Jessica Stanley con entusiasmo.
—Bueno, así debería ser: las chicas hacen las invitaciones y los chicos se dejan querer— dijo la maestra Williams.
—Creo que es un concepto muy primitivo—dijo Bella levantando la mano— En primer lugar, no somos una escuela par, hay más chicas que chicos. En segundo lugar, ¿No puedes invitar a otra chica? ¿Y qué pasa si el chico que invitas quiere ir con otro chico?
—No te di permiso para hablar, Isabella— dijo la maestra Williams con molestia en la voz. Edward vio como Bella se tensaba en su asiento— Y el concepto de este baile es así. Chicas invitan a chicos, no puede haber chicas invitando a chicas o chicos con chicos, arruinan el concepto.
—Eso no tiene sentido. La esclavitud era así y la modificamos— añadió con impaciencia.
—No estamos discutiendo la esclavitud, estamos hablando de un baile escolar y si crees que nadie aceptará tu invitación pues entonces deberías ser más simpática con tus compañeros.
Las risas no tardaron en escucharse y Edward vio como Bella se estiraba como si le hubiesen clavado un puñal en el trasero. Edward miró a la maestra Williams con enojo: El comentario a Swan fue inapropiado. La maestra se giró hacia Jessica con aires de suficiencia, contenta por la humillación provocada.
—El suicidio ha aumentado un 25% en el país durante los últimos años—respondió Bella en voz tranquila— Dentro de los adolescentes, las personas pertenecientes a la comunidad LBGTI son quienes han presentado una mayor tendencia al suicidio. Cuando se han realizado entrevistas a adolescentes que han realizado intentos fallidos de suicidio han dicho que no encontraban comprensión en su entorno y que eran víctimas de acoso escolar. El acoso escolar es una materia que se toma muy en serio en el estado de Washington, profesora. Y estoy segura de que el distrito escolar no estaría para nada contenta si llegan a escuchar sus comentarios. Además, le recuerdo que todas las decisiones que se toman entorno al baile pasan por el Comité Escolar, Comité del cual formo parte, sin embargo, no recuerdo que usted esté invitada.
El rostro de la maestra Williams se desfiguró y el silencio que siguió a las palabras de Bella fue seguido con una serie de murmullos. Edward odio la sonrisa que se formó en sus labios y la manera en que deseó ponerse de pie y aplaudirle a Isabella por su respuesta. Dios, la chica era un genio.
—¿Me estás amenazando? — inquirió la maestra Williams inclinándose sobre el puesto de Bella— No estás en posición de amenazarme. Eres solo una mocosa con aires de grandeza. ¿Crees que tus compañeros te apoyarían? Por favor. Sé que una de tus compañeras te dio una paliza ayer, sé que muchas otras compañeras te quieren golpear… ¿Quieres ir al consejo escolar? Perfecto, veamos cómo te va.
Edward apretó los puños al ver como la cara furiosa de la maestra se inclinaba más y más hacia Bella y como ella permanecía estoica y no hacía nada por alejarse. Miró nerviosamente a su alrededor para ver si alguien hacia algo, pero todos estaban expectantes y anhelantes, como si de verdad quisiesen que la maestra fuese más allá de los ataques verbales.
—Creo que Bella tiene razón.
El murmullo comenzó otra vez y los ojos viajaron hacia el final del salón para ver quién era el imbécil que estaba apoyando al cerebrito de la clase.
—Edward Cullen— murmuró la maestra alejándose de Bella y mirando con sorpresa al chico de cabello broncíneo— ¿Estás de acuerdo con Swan?
—Sí—dijo Edward apretando los puños y recordando las mejillas llorosas de Alice cuando le dijo que le gustaban las chicas— Usted dice que es un baile escolar, pero no es solo eso, es el mensaje que está detrás lo que está mal. Al decir que las chicas deben invitar a los chicos, están diciendo que si no son heterosexuales entonces no encajan aquí. Y si no encajan en su escuela… ¿Entonces dónde?
El murmullo estalló y Edward pudo escuchar diversos comentarios. Algunos creían que él tenía razón —No Bella, porque ella estaba loca—, otros creían que era una estupidez discutir por eso, las cosas funcionaban de esa manera y si no les gustaba podrían hacer su propio baile. Pero Edward no prestó atención a los comentarios, sino que miró al par de ojos chocolates que lo observaban desde el otro lado de la habitación. Y el movimiento de labios que la dueña de esos ojos hizo: "Gracias".
Edward asintió discretamente y el contacto visual terminó. La maestra los hizo callar a todos y luego volvió su atención a Bella.
—Dado que ambos están tan interesados en el tema me van a traer una composición de veinte páginas sobre esto. Trabajarán juntos, lo quiero mañana a primera hora en mi escritorio. Pueden retirarse— y sin agregar nada más, la maestra abandonó el salón, con el sonido de sus tacos resonando fuertemente por el pasillo.
Los comentarios no tardaron en llegar y Edward fue rápidamente rodeado por su grupo de amigos.
—¡Tendrás que trabajar con Swan! —dijo Jessica con irritación— Pobre de ti.
—¿Por qué le seguiste la corriente? Ahora estás metido en un problema—dijo Mike Newton rodeando a Jessica por la cadera.
—Yo creo que estuvo bien—dijo Lauren Mallory— Los hubiese apoyado, pero tengo el promedio muy bajo y artes es la única clase que lo hace subir…—murmuró avergonzada— Ustedes tienen las mejores calificaciones así que pueden darse ese lujo.
—No creo que fuese un lujo—dijo Jessica— Están sentenciados a muerte. No puedo creer que Swan haya dicho algo así en clases. Ella es siempre tan… —hizo una pausa como si estuviese buscando la palabra indicada.
—Aburrida—dijo Newton.
—Irritante—añadió Lauren.
—Correcta—dijo Jessica— Siempre da opiniones muy apegadas a las normas… es extraño escucharla hablar así. Y a ti también Ed, digo, pensé que la odiabas y que estabas enojado con ella por lo de Alice…
Sus amigos lo miraron esperando una respuesta y Edward alzó la vista queriendo encontrarse con Bella, pero ella había abandonado el salón.
—Lo estoy… pero… no sé, es complicado— dijo levantándose y recogiendo sus cosas—
—¿Sabes que puedes contar con nosotras, cierto? — dijo Jessica deshaciéndose de Mike y enrollando su brazo en el de Edward— Para cualquier cosa.
—No cualquier cosa— dijo Mike en el oído de Edward con tono burlesco— Hay cosas que solo hace conmigo— añadió y Edward rodó los ojos— Ay, era una broma Jess—dijo Mike sobándose el estómago donde Jessica depositó un puñetazo— Solo quería aligerar el ambiente…
—Lo único que aligeras es mi amor por ti—dijo Jessica con el ceño fruncido arrastrando a Edward hacia la puerta del salón— No sé porque sigo contigo, debería salir con Edward.
—¡Oye! — reclamó Mike a sus espaldas— ¡Soy más divertido que Edward! Te recuerdo que una vez salieron y los dos dijeron que fue una pésima decisión porque se aburrieron.
—Mmm, pero eso fue hace tiempo. Edward ahora está muy divertido—dijo Jessica bromeando y provocando una pequeña sonrisa en Edward. Él no era estúpido, sabía que sus amigos estaban haciendo todo eso para distraerlo y lo agradeció.
Eran buenos chicos. A pesar de que su amistad no fue instantánea y que tuvieron que pasar largos años para que las bromas de Mike le parecieran divertidas para él era un consuelo tenerlos. No tener amigos en el instituto debía ser algo muy horrendo y solitario, se preguntaba cómo se sentía Bella y si alguien estaba dispuesto a animarla. Él lo dudaba. Nunca fue una persona muy querida, pero con lo de Alice su popularidad descendió hasta vincularse con la mierda directa. Ni James, el drogadicto, era tan repudiado como Bella. El encuentro con la maestra Williams confirmaba sus pensamientos. Edward estaba seguro de que la maestra aprovechó el hecho de que se trataba de Bella Swan para esparcir su discurso homofóbico y vulnerador. La manera en que trató a Swan no estuvo bien y si Bella fuese cualquier otra alumna habría recibido el apoyo inmediato de sus compañeros. Pero se trataba de ella…
Y ella no merecía ayuda…
—¿Vamos a la cafetería? — preguntó Lauren — Tengo hambre.
—Dijiste que estabas a dieta— dijo Mike— ¿La abandonaste?
—Ni siquiera pude empezarla
Sus amigos rieron.
Edward caminó en silencio con ellos intentando ignorar las miradas que el resto de los estudiantes le lanzaba. Podía ignorar los gestos que hacían al verlo, la forma en que sus labios se estiraban antes de girarse a la persona más próxima y señalarlo "sutilmente", pero no podía ignorar los comentarios que llegaban a sus oídos.
Era una escuela pequeña y los sucesos de uno afectaban y se propagaban rápidamente de boca en boca, el secuestro de Alice era lo más comentado en todos los niveles y todos parecían tener algo que decir. Era jueves, Alice desapareció la noche del domingo y aún no existía noticia alguna sobre ella. Los peritos analizaron su coche, pero no encontraron rastros biológicos de otra persona que no fuese Alice y él, que a veces viajaba con ella. Parecía que la tierra se la hubiese tragado y los rumores estaban creciendo como llamas en pastizal seco.
—Yo creo que está embarazada y la familia la mandó a un hogar de madres adolescentes, aparecerá en un par de meses después de dar al bebé en adopción.
Edward se detuvo y miró a la chica que dijo eso. Era una de las Denali, no sabía cuál, porque eran tres hermanas, un par de gemelas —Irina y Kate— y la mayor de ellas, Tanya. Edward nunca pudo diferenciarlas.
La chica detuvo su animada charla de inmediato y observó a Edward con verdadero pavor.
—Alice no estaba embarazada—dijo Edward intentando mantener la calma— Deja de hablar estupideces.
—Lo siento—dijo la chica Denali— Es solo que es extraña su forma de desaparecer, ¿no crees? Digo, la única que la vio fue la Swan, y todos sabemos que ella no es un testigo muy fiable…
—Cállate, clon malvado—dijo Jessica— Dios, tu hermana absorbió todo tu cerebro.
Los ojos azules de la chica Denali brillaron con ira e hizo ademán de lanzarse contra Jessica, pero Mike no lo permitió. Recibió el golpe de la rubia y empujó a Jessica fuera de escena.
—¡No le pegues a mi novio! — chilló Jessica intentando jalarla del pelo.
—¡Puta sucia! —gritó la chica Denali— ¡Defiéndete sola!
—Córrete Mike, déjame sacarle esas extensiones.
—¡Es mi pelo natural!
—¡Basta! ¡Tengo hambre! — dijo Lauren tomando a Jessica del brazo y jalándola hacia su lado— Por favor, solo vamos a comer.
—Escucha a tu amiga, la cerdita Peggy— añadió con saña la chica Denali.
—No estoy gorda—dijo Lauren— Y aunque lo estuviese, no es tu maldito asunto. Deja de opinar tanta mierda Kate y metete en tus asuntos.
—¿Kate? — preguntó Mike— Pensé que era Tanya…
—¡Soy Irina!
—Ah
—Vámonos—dijo Edward comenzando a sentir un dolor de cabeza— No vale la pena.
—Pues lo mismo digo—dijo Irina… o quien quiera que fuese.
Para cuando llegaron a la cafetería, Edward lamentaba haber obedecido a su madre. El día estaba siendo un completo desastre y no parecía que fuese a mejorar. Se sentía incómodo y hastiado. Las duras palabras de la chica Denali no abandonaban su mente… ¿Cuántas personas pensaban como ella? ¿Cómo podían decir cosas tan crueles? Alice fue secuestrada y allí estaban sus compañeras, listas para crucificarla y levantar rumores inverosímiles.
Edward hizo la fila del almuerzo siguiendo a sus amigos, sumido en sus lúgubres pensamientos. Jessica intentó hacerlo participar, pero al ver el gesto taciturno y solemne de Edward abandonó su tarea. Se sentaron en la misma mesa de siempre y fue allí, cuando Edward vio la silla vacía junto a la de Lauren que la realidad lo golpeó: Alice no estaba.
Alice estaba afuera, retenida por algún enfermo. ¿Estaba con vida? Edward rogaba porque así fuera. Dios, tenían que encontrarla. Visualizó el rostro sonriente de su hermana, su cabello oscuro, su melena corta, el piercing en su oreja…
"¡Abran paso, llegó Alice Cullen!", pudo escuchar en su mente su voz cantarina que tanto le irritaba. Edward soltó el tenedor y bajó la vista hacia la bandeja.
—¿Estás bien? —preguntó Mike— Te ves como la mierda.
Ni siquiera intentó responderle, tomó una bocanada de aire y levantó la vista. Dejó escapar el aire lentamente y repitió el movimiento. No estaba funcionando. Tenía ganas de vomitar y de llorar… y como si no tuviese ya suficiente sintió como las miradas de los estudiantes se apartaban de sus almuerzos y se enfocaban en él. Edward quiso gritarles que lo dejasen en paz, que no era un monstruo en exhibición, pero no hizo nada más que sujetar su bandeja de almuerzo por los bordes.
Tenía que largarse de ahí antes de perder la cordura y estallar frente a todos. Edward creía que podía oír sus pensamientos, eran claros para él, querían ver un espectáculo para tener algo que comentar…
Quería golpearlos.
Su teléfono vibró y Edward quitó la vista de sus compañeros. Leyó la pantalla y se sorprendió al ver que era un mensaje de Isabella Swan.
"IS: Cálmate, no te metas en líos".
Edward la buscó con la mirada con rapidez. Si ella sabía eso es porque estaba aquí. La vio sentada al otro lado de la cafetería, jugando con una manzana.
"EC: No sabes las cosas que están diciendo. Estoy furioso.", escribió.
"IS: Lo sé".
Edward mantuvo la mirada en su teléfono, pensando en el escueto pero significativo mensaje. Sí, Isabella Swan sabía por lo que estaba pasando, la desaparición de Alice no solo había trastocado su vida sino también la de ella.
"IS: Larguémonos de aquí, estoy harta".
"EC: No podemos salir antes de la escuela".
"IS: Biblioteca, duh".
Edward la observó. Bella le brindó una mirada significativa antes de levantarse y caminar fuera de la cafetería.
¿Debía seguirla? ¿Debía aceptar su ofrecimiento y esconderse juntos en la biblioteca…? ¿Qué pensarían sus amigos si sabían que estaba pasando el tiempo con Isabella Swan de manera voluntaria?
Aquel pensamiento le irritó.
¿Por qué se estaba preocupando por eso? Lo que el resto dijese no importaba, ellos no sabían, ellos no sabían lo que estaba pasando… y ella sí, ella lo entendía mucho más que el resto. Ni siquiera Jessica podía entender la magnitud de lo que Edward estaba viviendo…
Bella Swan, sí.
Hola, espero que hayan tenido una buena semana. Les dejo el capitulo de esta semana esperando que disfruten la lectura. También les cuento que tengo cuenta en twitter por si quieren comentar o cualquier cosa: cumbi4nena. Voy a estar atenta a sus comentarios, ¿Que piensan de la historia? Saludos y nos vemos.
LadyStarlight.95
