NOVIO DE RELLENO
CAPITULO 08
Mis amigos y yo normalmente íbamos a almorzar fuera del campus, de modo que no fue difícil quedarme atrás declarando una prueba de maquillaje. Tampoco fue difícil encontrar en dónde Alice y su novio pasaban el rato con algunos amigos por los portátiles vacíos que técnicamente estaban fuera de los límites durante el almuerzo.
Aferré la nota con mi número de teléfono en mi mano. No quería admitir la cantidad de veces que había escrito mi número para que se viera perfectamente casual, perfectamente deliberado. Nunca antes había hecho eso por un chico. Sólo se añadía a mi frustración por toda esta situación. Simplemente necesitaba hablar con él, averiguar su motivación para lo del baile, sacarlo de mi cabeza, y entonces todo habría terminado. Alice y otra chica estaban jugando gato en el suelo utilizando palos.
—Hola, Alice. Hola, Bree —dije cuando me acerqué. Me había llevado dos anuarios y una hora y media para averiguar el nombre de Bree, pero lo hice. Sin embargo, no pareció impresionado con mis esfuerzos. Solo hizo un gesto de saludo con la manzana a medio comer en su mano. Alice ni siquiera levantó la vista de su juego. Levanté la nota.
—Esperaba que le dieras esto a… —Me detuve, rezando para que cualquiera de los dos, ya sea Alice o Bree me proporcionaran un nombre.
Alice apenas levantó la vista y dijo—: ¿Mi hermano?
—Correcto. ¿Le darías esto a él por mí?
Colocó una X en el tablero en la tierra.
—No.
—Por favor.
—Oh, bueno, ya que preguntas amablemente… no.
Su amiga rio.
—Oh, mira, es Isabella Swan. Le dijiste a nuestro amigo que su banda apestaba y que mejor debería tomar un nuevo pasatiempo. Di un grito ahogado.
—No lo hice.
—Oh, cierto. Tu amiga Jessica lo hizo y tú te reíste. Es lo mismo.
Recordé eso. Era el final de un día muy largo de bandas intentando tocar en la graduación. Ellos fueron la horrible quinta banda consecutiva y mi cabeza me había estado martillando. Jessica, quien se había ofrecido de voluntaria como uno de los jueces y que había hecho un buen trabajo siendo agradable, no pudo contener su comentario más tiempo. Me reí. Todos nos reímos. No debí hacerlo. Esta era probablemente la "gran ofensa" que había cometido, a la que Alice se había referido el día anterior.
—Sí… lamento eso. Tenía dolor de cabeza.
—No te disculpes conmigo. No fue mi sueño el que estabas aplastando. —Ella miró a Bree como si estuviera esperando a que él dijera algo. Tal vez quería que también se enojara conmigo. No lo hizo.
—Claro —dije. La mano, aun sosteniendo mi nota ignorada, cayó a mi lado.
Alice dibujó un tablero nuevo y vacío en el suelo, ignorando algo más que a mi nota. Bree tomó otro mordisco de su manzana y me sonrió, pero luego se encogió de hombros como diciendo: Estás sin suerte.
—Entonces, te veré mañana en clases. —Metí la nota en mis vaqueros y me fui con los sonidos de más risas. Supuse que estaba bien cuando eran ellos los que hacían las burlas.
— ¿Puedo llevar el auto mañana a la escuela?
La mano de mamá se detuvo cuando estaba por sacar un vaso de la alacena.
— ¿Por qué? —Ella agarró el vaso y se giró hacia mí.
—Tengo que hacer algo después de la escuela. —Que puede incluir seguir a alguien a casa como una acosadora espeluznante—. No quiero que Ángela me lleve.
Lo consideró mientras llenaba su vaso con agua de la puerta de la nevera. Ella era una agente de bienes raíces y si tenía un montón de citas establecidas para mañana, esto no funcionaría. Pero normalmente no estaba demasiado ocupada los miércoles. Los miércoles eran cuando las personas necesitaban mirar la duodécima casa que no comprarían o la que ya habían visto doce veces.
—Debería estar bien. Puedo pedir prestado el auto de papá si lo necesito, pero esto no será costumbre, ¿verdad? ¿Ángela y tú no se están peleando o algo así? Papá me dijo lo de Jacob.
El camino de sus pensamientos no tenía sentido para mí. ¿Estaba diciendo que porque me había peleado con Jacob, debo estar peleándome con todos los demás que conocía?
—No, estamos bien. Estamos… igual que siempre hemos estado. —Todo en mi vida era igual a como siempre había sido. Puede que me he sentido excluida, pero todo a mí alrededor era exactamente igual.
—Bien. Odiarías empezar la universidad peleando con tu compañera de cuarto.
—Uh… gracias, mamá.
Ella rio.
—Sabes a qué me refiero.
Sabía lo que quería decir y tenía razón, no quería que eso pasara.
¿Por qué le había mentido a Ángela?
—Sí, tienes razón. Pero no estamos peleando. —Al menos aún no. La vi tomar su agua y pensé en preguntarle cuál pensaba que sería el resultado de mentirles a mis amigas. Tal vez tendría algunas ideas. Pero no pregunté—. Gracias por dejarme usar el auto —dije, y entonces dejé la cocina.
Marqué el número de Ángela mientras caminaba por el pasillo hacia mi habitación. Me recosté en mi cama.
—Hola, Ángela —dije cuando ella contestó.
—Hola.
—Bueno, no voy a necesitar un aventón para ir a la escuela mañana. Usaré el auto de mamá.
— ¿Por qué? —Era una pregunta justa. Habíamos estado viajando juntas a la escuela desde que habíamos obtenido nuestras licencias y mis padres habían tomado la decisión ejecutiva de que no necesitaba mi propio auto. Culpé a mi hermano por los tres accidentes que había tenido antes de cumplir dieciocho. La única vez que no había ido con Ángela era cuando una de las dos estaba enferma.
—Tengo que hacer unos recados para mamá. —Las mentiras eran interminables a estas alturas y era un asco. Yo era un asco.
— ¿Estás enojada conmigo?
—Por supuesto que no.
—Es que, has estado actuando extraño desde el baile de graduación.
Me había sentido extraña desde el baile, como si tal vez por primera vez estuviera realmente evaluando mi vida y descubriendo que tenía muchas fallas. Comenzado con el hecho de que Alice tenía razón: era una cobarde. Tenía miedo a decirles a mis amigos la verdad. ¿Qué pasa si Ángela no quería compartir una habitación conmigo en la universidad? ¿Y si me odia?
—Lo sé, lo siento.
—Está bien. —Ella dio un pequeño suspiro.
Dirigí la conversación hacia un tema más seguro.
— ¿Puedes creer que estamos a punto de graduarnos?
—Lo sé, la secundaria pareció durar una eternidad y ahora está pasando volando.
Retorcí la esquina de mi sábana alrededor de mi dedo una y otra vez, y la escuché hablar sobre lo divertido que iba a ser la universidad. Sí, la búsqueda del Jacob sustituto era la clave. Él me había hecho esto y ahora necesitaba que lo deshiciera.
Todo había ido como estaba previsto hasta ahora. Había sido capaz de encontrar discretamente a Alice fuera de la escuela cuando se metió en el asiento del copiloto de un auto que no pertenecía a su hermano. Bueno, podía serlo, pero él no lo estaba conduciendo. Habíamos dado dos vueltas hacia la derecha y pasado tres semáforos. Él había dicho que vivía solo a seis cuadras de la escuela, así que me imaginé que nos estábamos acercando a su casa. Mis palmas comenzaron a sudar, así que las limpié en mis vaqueros, manteniendo mis ojos en las luces traseras frente a mí. No podía perderlos. La intermitente de su auto se encendió y así lo hizo las mías. Luego giraron hacia un estacionamiento de un 7-Eleven2. Dudé, porque no quería perderlos, pero era un estacionamiento pequeño. Alice seguramente me vería.
Comencé a pasar pero decidí en el último segundo no hacerlo y giré el volante con fuerza, haciendo que los neumáticos chillaran. Me estremecí, segura que habrían escuchado, pero no importaba, ya estaban saliendo del auto y Alice estaba parada ahí esperándome.
Suspiré y me estacioné a su lado.
— ¿Nos estás siguiendo?
— ¿Qué? No. Es día de Slurpee3 a mitad de precio —dije, leyendo el cartel en la ventana—. Siempre vengo aquí los miércoles.
Ella miró por encima del hombro a la puerta y luego de nuevo a mí.
— ¿En serio? Huh. Bueno, simplemente pensábamos que nos estabas siguiendo. Supongo que no. Disfruta tu Slurpee. —Alcanzó la manija.
—Espera. ¿No vas a entrar?
—No.
— ¿Te vas a casa?
—Sí.
Abrió la puerta del auto.
—Bien, nunca vengo aquí los miércoles. Estaba siguiéndote —solté frustrada—. Sólo quiero volver a verlo.
Apoyó la cadera contra la puerta y me dio un lento vistazo.
—Sí, no va a pasar. —Y con eso, ella se metió en el auto y se alejaron.
¿Desde cuándo persigo las cosas? Esto no tenía sentido. Había terminado. No necesitaba encontrarlo para olvidarlo. Se había acabado. Iba a seguir adelante. Con ese pensamiento, un peso inmenso se levantó de mis hombros. Con un Jacob superado, ya sólo quedaba uno.
