NOVIO DE RELLENO

CAPITULO 09

Su mensaje del correo de voz terminó seguido de un bip.

Respiré y dije—: Hola Jacob, soy yo. Llámame cuando tengas un minuto libre. —No iba a decirle en un mensaje de voz que no me estaba arrepintiendo de nuestra ruptura.

Presioné el botón de "Finalizar" y lancé el teléfono al asiento del copiloto. Cuando llegué a mi casa, el auto de Ángela estaba estacionado frente a mi casa y ella estaba sentada dentro de él, esperándome.

—Hola —dije mientras ambas salíamos de nuestros autos.

Ella me dio un vaso.

—Un poco tarde, pero aquí está.

Me uní a ella.

— ¿Qué es?

—Una malteada.

Sonreí y le di un pequeño abrazo, sosteniéndola así por un par de segundos antes de dejarla ir.

—Eres la mejor. Vamos adentro.

—No puedo, voy a ir a surfear. ¿Quieres venir?

Reí.

— ¿Vas a preguntarme cada vez que vayas a ir? Es como si te gustara escucharme decir no.

Ella sonrió.

—Es sólo que siento como si te estuvieras perdiendo uno de los verdaderos placeres de la vida.

— ¿Cuál sería? ¿Agua súper congelada, cabello enredado y salado y tener que lavar de mi cuerpo arena por días?

—Bueno, cuando lo pones de ese modo no suena lindo.

—Exactamente.

Ella golpeó ligeramente mi brazo.

—Es divertido. Pacífico.

— ¿Sabes que es divertido y pacífico también? Beber una maleada.

—Di un gran sorbo de la mía.

—Eso es cierto. O comer brownies.

—O pedicura.

—Siestas.

—Música.

—Chicos. —Ambas lo dijimos al mismo tiempo y después reímos.

Bueno, por lo general los chicos lo son, pensé. No mucho últimamente.

—Somos tan parecidas —dijo ella—. Bueno, sin contar lo del surf.

—Sí, vamos, deja pasar eso para que no exista esta brecha entre nosotras.

Mi sonrisa se volvió un poco forzada a medida que pensaba en la única brecha entre nosotras y quién la había puesto ahí.

—Así que, ¿cómo te fue en tu prueba de maquillaje ayer?

— ¿Prueba de maquillaje? —Tardé en recordar un instante o dos que estaba hablando de la excusa que había usado para quedarme atrás en el campus y así hablar con Alice—. Sí, fue bien…

—En realidad eso no parece sonar como si hubiese ido bien. ¿Estás preocupada de estar fallando en algo?

En nuestra amistad. No podía seguir mintiendo. Estaba dirigiéndome hacia una nueva etapa, empezando de cero.

—No estaba tomando una prueba de maquillaje.

—Está bien… ¿qué estabas haciendo?

—Tenía que hablar con alguien en el campus.

— ¿Quién?

—Su nombre es Alice. Simplemente no quería a todo el grupo conmigo. Pasa el tiempo por los baños portátiles.

— ¿Con los drogadictos?

—Estoy bastante segura que no son drogadictos.

—Bueno, actúan como… —Su celular sonó y se detuvo a mitad de frase para revisarlo—. Me están esperando. Debería irme.

— ¿Quién te está esperando?

—Jessica y Kate. ¿Recuerdas que te dije que íbamos a surfear?

—Pensé que ibas a surfear por tu cuenta, pacíficamente.

Ella se rio.

—No, ellas quisieron venir esta vez.

— ¿Jessica surfea?

Ella se encogió de hombros.

—Quiere aprender.

Me llevó todo mi autocontrol para no correr dentro de la casa y ponerme mi traje de baño como si ahora quisiera ir. No iba a cambiar de parecer sólo porque las tres iban a estar ahí sin mí. Y tampoco iba a apresurarme a decirle sobre la graduación ahora mismo. Le diría cuando tuviera un poco más de tiempo.

—Diviértete.

Mientras Ángela se subía al auto le grité—: Gracias por esto. —Y levanté mi vaso de malteada.

—Espero que te traiga paz —dijo con una sonrisa, después se fue.

A la mañana siguiente en la clase de Gobierno mientras me sentaba, Alice se giró inmediatamente en su asiento para verme.

—Cambio de planes. Es hora de pagar tu deuda.

—Eh… ¿qué?

—Le debes a mi hermano un favor y estoy aquí para cobrarlo. ¿Ella quería que yo hiciera algo por su hermano cuando acababa de sacarlo de mi mente?

—No puedo.

—Se lo debes. —Ella sacó algo de su mochila y lo golpeó contra mi escritorio. Era un sobre, la orilla de éste estaba maltratada.

— ¿Qué es? —pregunté sin tocar el sobre.

—No te va a morder.

— ¿Y no lo envenenaste?

—Ábrelo.

Lo tomé y saqué de adentro la única hoja de papel. Una invitación, impresa con un margen dorado.

— ¿Me estás invitando a tu fiesta de cumpleaños?

—Eres toda una comediante esta mañana, ¿cierto?

Leí la invitación.

Estás cordialmente invitado a la fiesta de graduación de Jane Sanders.

Sábado, 7 de mayo a las 7:00 pm.

— ¿Y se supone que debo saber quién es ella?

—La ex de mi hermano.

Mis ojos se abrieron de par en par al ver la dirección incluida en la invitación. Jane vivía a solo veinte minutos de aquí. ¿Alice y su hermano se habían mudado del otro lado de la ciudad a aquí?

Alice continuó.

—La encontré sobre la repisa anoche y después lo escuché llamarla para confirmar su asistencia. Ella lo invitó. Y él va a ir. Está tratando de hundir sus garras en él otra vez, cuando fue ella la que lo dejó. Es horrible, Bella. Peor que tú.

—Gracias.

—Tú solo eres despistada. Ella es malvada intencionalmente.

— ¿Eso debería haberse escuchado mejor?

El timbre sonó y la Sra. Rios se detuvo frente a la clase, sus ojos entrecerrándose al verme. Alice se giró mirando al frente. Mi atención se desvió a la invitación aún en mi escritorio. Cuando la Sra. Rios volteó para escribir algo en el pizarrón me incliné hacia adelante.

—Entonces, no entiendo. ¿Qué es lo que quieres que yo haga al respecto?

La Sra. Rios debe tener un oído súper sónico porque su cabeza giró rápidamente hacia nosotras. Me eché hacia atrás. La mitad de su clase había terminado y podía jurar que Alice estaba solo tratando de volverme loca al no decir ni una palabra. Finalmente me pasó una nota.

Vas a ser su cita para esa fiesta. Su nueva "novia". Se lo debes.

Mi corazón resonó fuertemente en mi pecho. Le había dicho que le debía una cita falsa para la noche del baile de graduación. Él me había tomado la palabra. ¿Por qué me había tomado la palabra?

El día pasó extraordinariamente lento a medida que pensaba sobre el sábado. Esperaba que verlo de nuevo no arruinara mis planes. No, esto era bueno. Como había dicho antes, él respondería a mis preguntas y eso sería todo.

Sentí calor mientras caminaba hacia el auto de Ángela al final del día.

¿Había sentido calor de esta manera durante todo el día? Me quité el suéter y lo amarré a la correa de mi mochila. Cuando miré hacia arriba, Logan Fowler estaba de pie frente a mí, bloqueando mi camino. Su sonrisa fácil y postura confiada me recordó por qué le había dicho a Ángela que lo invitara al baile. Él era definitivamente material de clase A. Le sonreí de regreso.

—Logan.

—Bella. ¿Qué pasó en el baile? Se suponía que serías mi reina.

— ¿Acaso estás restregándome que ganaste y yo no, Logan?

Él soltó una fuerte risa.

—Sólo estaba sorprendido que no lo fueras, eso es todo.

¿Por qué todo el mundo seguía sacando el tema? ¿Acaso querían que me sintiera mal?

—Supongo que tendrás que bailar conmigo en otra ocasión. —Me moví para rodearlo pero él levantó su brazo, deteniéndome.

—Voy a dar una fiesta este fin de semana. Ven.

— ¿Este fin de semana?

—El sábado.

La invitación que Alice había dejado en mi escritorio durante todo el primer período destelló en mi mente. Por supuesto que sería el mismo día.

Ella me mataría si me echaba para atrás ahora.

—No puedo, pero gracias por la invitación. —Empujé su brazo y lo dejé atrás, lanzando una sonrisa sobre mi hombro para hacerle saber que no estaba tratando de ser mala.

—Ya veo cómo eres. Jugando duro para ganar.

Me reí y seguí caminando.

Ángela ya estaba en su auto cuando llegué allí. Me desplomé en el asiento del pasajero.

—Bueno, hola a ti también —dijo Ángela.

—Hola, nena.

—Oh, ahora me hablas dulce. —Encendió el motor—. Así que, echa un vistazo a mi cabello.

Miré su cabello pero no vi nada fuera de lo ordinario. Era largo, negro y brillante como siempre lo era.

—Sí, todavía luce perfecto.

Empujó mi hombro.

—Quiero que notes que aún no hay secuelas del surfeo de ayer. Nada de, ¿cómo decirlo?, agua salada.

—Bueno, eso es porque tienes un hermoso cabello con magia asiática. El mío no sería tan amable.

— ¿Cabello con magia asiática?

—No trates de negarlo. ¿Cómo estuvo ayer? ¿Todos se divirtieron?

—Lo hicimos, pero Jessica y su mamá estaban peleando de nuevo, así que se convirtió en una sesión de terapia.

— ¿Le dijiste que nadie se lleva bien con su mamá?

—Excepto tú.

—No le dijiste eso, ¿verdad? —Como si Jessica necesitara otra razón para odiarme.

—No, no lo hice. Pero sus problemas con su mamá van más allá de la norma y en realidad no había mucho que pudiera decir que la hiciera sentir mejor.

— ¿Qué está pasando? ¿Está bien?

—En realidad, no siento que me corresponda decirte. Tal vez podrías tratar de hablar con ella.

—Ella no quiere hablar conmigo. ¿Y qué te hace creer que sería capaz de ayudar?

—No lo sé. Eres buena con las personas.

—No con ella. —Ángela probablemente sólo estaba tratando de conseguir que Jessica y yo habláramos más. Probablemente también le habría contado a Jessica alguna historia sobre mí, de modo que en teoría me ayudara con ella. Pero Jessica no quería ser mi amiga por lo tanto, no estaba segura de por qué Ángela pensaba que cualquier cosa que yo dijera haría alguna diferencia. Sin embargo, sabía que eso significaba mucho para Ángela, y tal vez realmente ayudaría, así que dije—: Lo intentaré.

—Gracias.

La primera cosa que noté cuando Ángela se detuvo en mi casa fue el auto destartalado de mi hermano estacionado en la acera.

— ¿Emmet está aquí? —Dijo Claire—. Probablemente debería quedarme.

—Gracioso —dije—. Y asqueroso.

—Vamos, sabes que él es lindo. No puedo evitarlo. —Apagó su auto y salió conmigo. Puse los ojos en blanco pero me reí.

Adentro, Emmet tenía un plato lleno de comida como si no hubiera comido en semanas. Tal vez la última buena comida que había tenido fue aquí, hace tres semanas. Tenía una nueva barba en su rostro que le hacía parecer mucho mayor que yo, cuando en realidad sólo teníamos tres años de diferencia.

—Estás en casa —dije innecesariamente.

Su boca estaba llena de comida pero sonrió de todos modos. Incluso añadió un—: Hola, hermanita.

—Hola.

—Hola —dijo Ángela también.

Él tragó.

— ¿Qué pasa? Y sí, estoy en casa por el fin de semana.

—Es apenas jueves.

—No tengo clases los viernes.

Me pregunté si su presencia aquí cambiaría mis planes para el sábado. ¿Mamá querría que tengamos alguna especie de cena familiar esa noche?

Ángela se sentó a la mesa en la silla frente a él.

— ¿Cómo está la UCLA? Estaré allí en cien días con Bella.

Él le dio una mirada divertida.

— ¿Y cuántas horas?

Sus mejillas se pusieron rosas.

—No lo he averiguado.

—Bueno, te va a encantar. Es genial. —Emmet tomó otro bocado de comida y luego se giró hacia mí—. Me encontré con Jacob el otro día.

— ¿Ah, sí? —Mi rostro se paralizó. No quería hablar de Jacob justo ahora, delante de Ángela. Estaba preocupada de que algo pudiera salir.

Cuando le dijera a Ángela la verdad, teníamos que ser sólo ella y yo. Mi hermano no ayudaría.

— ¿Dijo que ustedes están peleados?

— ¿Eso es lo que dijo? ¿Qué estamos peleados? —No estaba segura de lo que eso significaba. ¿Qué él pensaba que podríamos volver? No me había llamado desde que dejé el mensaje el día anterior.

Las cejas de Emmet descendieron.

—Creo que eso es lo que dijo. ¿No están peleados?

—Terminó conmigo.

—La engañó —añadió Ángela.

Mierda.

—Bueno, quiero decir, eso es lo que parecía —dije para suavizar las cosas en caso de que mi hermano le dijera esto a Jacob.

— ¿Qué quieres decir con que eso parecía? —Dijo Ángela, indignada en mi nombre—. Esa otra chica estaba allí. Él básicamente lo admitió.

—Cierto. Pero no vimos nada y realmente no lo he dejado explicarse.

— ¿Vas a perdonarlo? —preguntó Ángela, poniéndose de pie para enfrentarme.

—No. —Era casi imposible expresar dos cosas diferentes al mismo tiempo. No podía dejar que mi hermano volviera a Jacob con la historia del engaño, pero no quería que Claire pensara que estaba regresando con él después de que me "engañó".

—Mm —dijo mi hermano—. No había escuchado ese lado de la historia.

— ¿Qué escuchaste? —pregunté, incapaz de contener mi curiosidad sobre cómo Jacob estaba contando la historia.

—Él sólo dijo que tuvieron una pelea y que había estado tratando de llamarte. Preguntó cómo estabas. Le dije que no había hablado contigo en un tiempo pero que de acuerdo a Twitter estabas… um… ¿cómo lo pusiste? ¿"Relajándote" en casa?

— ¿De verdad le dijiste eso?

—Eso es lo que escribiste en Twitter. ¿Estás de acuerdo con el mundo leyendo eso pero no con Jacob?

—El mundo no lee mi Twitter —murmuré.

— ¿Quieres que averigüe si te está engañando? Tengo conexiones.

—Lo dijo en una especie de voz de jefe-de-la-mafia.

—No —dije, pero Ángela dijo—: Sí —Justo sobre mí.

Él miró entre las dos.

—No —dije de nuevo—. Por favor, no necesito a mi hermano vigilando mi relación.

Se apoyó en la mesa.

—Bella, espero que no estés tratando de pretender que todo está bien si un chico te engañó. Deberías estar molesta por eso.

—Lo estoy. Quiero decir, lo estaría si él realmente lo hubiera hecho.

La boca de Ángela cayó abierta a estas alturas. Emmet negó con la cabeza.

— Ángela, en caso de que no hayas aprendido esto de mi hermana, todo en su mundo es perfecto. Aunque en realidad no lo sea.

Casi había olvidado cómo era Emmet. Le gustaba crear problemas.

Era como si viviera por ello. Conseguía algún placer enfermizo y maníaco con eso.

—Al menos has hablado con los padres sobre esto, ¿no? ¿O con alguien? —Miró a Ángela con esa última frase.

— Ángela estaba allí esa noche. Y sí, mamá y papá saben que terminamos.

—Y estoy seguro que tuviste una verdadera charla honesta sobre eso. Papá te dijo algunas metáforas más que usadas, mamá te dijo que no crearas problemas, y tú sonreíste como si fueran los mejores padres en el mundo.

—Basta. —Quería llevarme bien con mi hermano, pero lo único que él quería era hacerme sentir mal conmigo misma.

— ¿O qué? —Me sonrió.

—Simplemente no lo hagas. Por favor.

Levantó sus manos en señal de rendición.

—Bien, me quedaré fuera de esto.

—Gracias.

Puso su plato en el fregadero.

—Tengo que lavar algo de ropa. Nos pondremos al día después.

—En realidad no estás pensando en regresar con Jacob, ¿verdad?—dijo Ángela, cuando él se fue.

— ¿No?

Ella negó con la cabeza.

—Eso no suena exactamente como una convicción. No dejes que sus ojos azules de ensueño y su perfecta sonrisa te hagan olvidar lo que hizo.

Sentí mi rostro arrugarse en confusión antes de recordar que estaba describiendo a mi cita sustituta. Casi me reí de su descripción. Él tenía ojos azules de ensueño y una sonrisa perfecta. Y era demasiado delgado y tenía el cabello despeinado.

—Cierto. No olvidaré lo que hizo.