Disclaimer: Los personajes no me pertenecen.


Broken: XI

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"¿Crees que puedes alejarla de mí? ¿Crees que eres mejor hombre que yo? Pues mira lo que hago, mira cómo te quito todo lo que quieres"

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Hubo una época en que Isabella Swan se consideró una niña feliz. Usualmente, cuando las cosas a su alrededor se sentían feas y tristes solía volver mentalmente a esos momentos en que se sintió una niña amada. Recordaba a un Charlie más joven, menos atareado y sin ese ceño fruncido que le acompañaba cada vez que la miraba. Veía la sonrisa de su padre cuando ella decía algo inteligente y no esa mueca ladeada que le dedicaba cada vez que ella daba una opinión. Pero por sobre todas las cosas pensaba en su madre. De ella solo tenía recuerdos bellos. Su muerte eclipsó los regaños y los castigos a los que Renée la sometía cuando cometía alguna travesura. Para Bella, René Swan era una mujer rodeada de un halo de luz a la que extrañaba con todo su corazón.

Su muerte marcó un antes y un después en la vida de Bella. ¿Fue allí donde su padre dejó de mirarla con cariño? Bella no podía decirlo con certeza. Recordaba que luego del funeral de su madre ambos estuvieron juntos, la lloraron, gritaron y se abrazaron. Charlie le prometió que él siempre estaría allí para ella… pero lentamente las cosas comenzaron a cambiar. Y ella no supo como evitar que su padre se transformase en aquel extraño con el que compartía hoy en día la casa.

Hoy mirar a Charlie no le traía ningún tipo de tranquilidad. Charlie era una figura de autoridad para ella, pero no porque fuese su padre, sino porque era el Jefe de Policía. Su placa pesaba mucho más que el título de papá.

Él se esforzó para que así fuese…

Y pese a la tristeza que significaba para Bella no contar con su padre, para que este caso saliera bien, necesitaba a su padre como policía y no como papá. Si Charlie continuaba viendo la desaparición de Alice desde el punto de vista del papá de la adolescente que dijo ser testigo del secuestro y no como el Jefe de Policía entonces Alice estaba perdida. Porque la policía jamás la buscaría de la forma en que se necesitaba y quizás cuando lo hiciesen sería demasiado tarde.

Era jueves…

Y Bella sentía que el tiempo se les estaba acabando.

—¿Podemos pasar a la tienda antes de irnos a la comisaría? —preguntó Bella— No he comido bien y realmente necesito una dosis de azúcar o me voy a desmayar.

—Está bien—dijo Edward— Tampoco he podido comer bien en la hora de almuerzo— murmuró encendiendo el coche.

Ante el sonido del motor encendiéndose Bella se estremeció y cerró los ojos, sintiendo como su corazón martilleaba frenéticamente en su pecho.

—¿Alguna vez me dirás por qué te asustan tanto los coches? Es como si tuvieses miedo de morir o algo…—

—¿No lo recuerdas? —preguntó Bella con su vista fija en la ventana del copiloto, viendo como rápidamente dejaban atrás el estacionamiento del Instituto y se adentraban a la carretera. —Supongo que no… fue hace mucho tiempo.

—Tuve un accidente…— dijo ella

—Tu mamá, lo recuerdo— dijo Edward— Lo siento, lo había olvidado.

—Da igual, fue hace mucho tiempo.

—Faltaste mucho a la escuela ese año… y estuviste en silla de ruedas, ¿no? Una vez te vi en el hospital cuando mamá nos llevó de visita a Alice y a mí a dejarle el almuerzo a papá…

—Estuve en coma una semana, desperté sin tener movilidad en las piernas y con visibilidad reducida en el ojo izquierdo—dijo acariciando una pequeña cicatriz bajo la capa de cabello. — Pensé que nunca iba a caminar, pero finalmente se trataron de fracturas que pudieron ser tratadas. Mamá en cambio…

—Lo siento.

—Los coches y yo no somos buenos amigos…

—Me siento como un estúpido

—¿Por qué? No has hecho nada.

—Había olvidado eso de ti. ¿Cómo pude olvidarlo? Perdiste a tu mamá.

—Nunca he sido una persona amistosa, ni siquiera cuando era niña. Lo de mamá no cambió eso para mí. De hecho, creo que es lo único que no cambió…

—Aun así. Nunca me pregunté por qué andabas en bicicleta en vez de utilizar un carro. Incluso he bromeado sobre eso. Soy un imbécil.

—Bueno, lo eres.

—Gracias

—Pero todos lo somos. También me siento como una imbécil.

—¿Tú? ¿Por qué?

—Debí hablar de inmediato, pero no pude hacerlo.

—Yo no debí mandarla a comprar de noche… ¿Qué clase de hermano soy?

—No sabías que algo así podía ocurrir…

—Porque nunca le tomé el peso a la diferencia entre Alice y yo. Para mi Alice es solo Alice, mi hermana, pero para el resto del universo Alice es una mujer…

—Y ser una mujer es un pecado.

—Es un peligro. Alice me lo intentó decir muchas veces, pero ciertamente no le tomé el peso hasta ahora. Sentí que exageraba cuando decía que los hombres se tomaban concesiones que ella no les permitía solo porque era una chica. Creí, egocéntricamente, que solo se quejaba para llamar la atención. Pero mira esto. No sé dónde está mi hermana, y lo único que escucho es a gente haciendo comentarios duros que justifican su desaparición, como si de alguna manera Alice se mereciera esto… ¿Cómo puede una persona merecer algo así? —las ultimas palabras de Edward se perdieron en un murmullo bajo. Las lágrimas se asomaban por los ojos del adolescente, que luchaba por contenerlas. Bella lo observó con lástima y preocupación. Edward parecía estar al limite de sus emociones, pero aún así luchaba por mantenerlas bajo control. Para Bella aquello no era sano, pero no sabía como decirle al adolescente lo que pensaba: "Deja de aguantarte las lagrimas y llora, eres humano".

A pesar de que ambos estaban en una especie de tregua, Bella no sabía hasta donde podía llegar su recientemente descubierta camaradería. Sin embargo, sentía que no podía quedarse sin hacer ni decir nada. Así que, reuniendo todo el coraje que pudo, estiró su mano y la posó sobre la mano que Edward tenía sobre la caja de cambios del coche.

El contacto de ambas pieles fue un sentimiento extraño. La mano tibia de Edward contrastaba con la piel fría de ella. Pero no se sentía desagradable. Bella, sintiéndose más valiente que nunca y dispuesta a hacerle notar a Edward que ella estaba allí para él, acarició con la punta de los dedos el dorso de su mano.

Él no se alejó…

—Gracias— murmuró Edward— Gracias por todo.

Bella sonrió.

El resto del viaje hasta el supermercado fue tranquilo. Ambos bajaron del coche sintiéndose acompañados e incluso Edward bromeó cuando Bella estuvo a punto de caer al tropezarse en la entrada del supermercado y ella le respondió la broma con un amistoso golpe en el hombro.

Adentro de la tienda, se mantuvieron juntos y evitaron las miradas curiosas de las dependientas. Caminaron directamente a la zona de bocadillos. Edward tomó dos bolsas de patatas fritas y Bella lo regañó obligándolo a comprar un mix de frutas deshidratadas. El joven rodó los ojos, pero cambió una de las bolsas por el paquete ofrecido por Bella, quien recibió su triunfo con una sonrisa boba en la boca que ocultó girando sobre sus tobillos y encaminándose a la caja registradora.

Bella reconoció a la cajera como una de las chicas Stanley y se relajó. Sabía que Edward y Jessica Stanley eran amigos y presumía que su prima tendría cuidado en su trato. Así fue. Charlotte Stanley mantuvo una sonrisa cálida en su rostro mientras les atendía e incluso les obsequió dos paquetes de chicles que los adolescentes aceptaron con balbuceos torpes. Bella le agradeció el gesto. Quizás se trataba de una acción pequeña, pero después de los horrendos días que estaban viviendo la amabilidad se sentía como un pequeño rayo de luz.

Edward fue el primero en salir de la tienda y enfrentarse al frío clima de Forks. La temperatura había bajado considerablemente en los minutos en que estuvieron dentro de la tienda y el joven se apresuró en subirse el cierre de la chamarra. Bella le siguió imitando sus movimientos y tratando de taparse la cara con la bolsa de comestibles. Dio un vistazo al cielo y maldijo entre dientes cuando diviso las nubes oscuras tan usuales en el paisaje: No tardaba en largarse a llover.

Edward rodeó el coche hasta llegar a los asientos traseros con la intención de echar las bolsas allí. Bella lo siguió, sin embargo, una detención brusca por parte de Edward hizo que Bella chocase con su espalda y perdiese el equilibrio. Alcanzó a recuperarlo antes de darse de bruces contra el resbaladizo suelo y fulminó a Edward con la mirada al ver que él ni siquiera le pedía disculpas.

—Ten más cuidado—dijo ella

—Mira esto—escupió Edward molesto— ¿Quién lo hizo? — gritó al aparcamiento, mirando hacia todos lados.

Bella jadeó al ver como en la parte trasera del volvo plateado en pintura fresca roja se leía: "ALICE ES UNA PUTA".

—Tengo que borrar esto—masculló Edward acercándose al coche. —Tengo que quitarlo…

—¡No!—exclamó ella— Déjame sacarle una fotografía, debemos decirle a papá—dijo mirando las esquinas del supermercado— Tienen camaras, debemos solicitar las cintas.

—¿Por qué hacen estas cosas?— preguntó Edward jalándose el cabello— Ya es difícil…

—Son unos imbéciles—

Fue ella quien fotografió el coche de Edward mientras se veían rodeados por unos cuantos curiosos que estiraban sus cuellos para leer el mensaje. Edward parecía ajeno, perdido en sus pensamientos, con la vista fija en la pintura.

—Alice no merece esto…

—Tranquilo, vamos a quitarlo. Llamaré a papá…

—¿Crees que tengan cámaras?

—Claro que las tienen. Vamos a hablar con Charlotte para que nos ayude. Estoy segura de que fue algún estúpido de la escuela… apuesto mi almuerzo a que el grupo de James tiene algo que ver… vandalizar coches es algo muy de su estilo.

—Si fue él te juro que lo voy a matar.

—Vamos adentro…—pidió Bella enganchando su brazo en el de Edward y arrastrándolo nuevamente rumbo a la tienda…

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Tres horas más tarde, ambos se encontraban en la casa de Edward. Luego de la llamada a la policía y que Charlie enviase a un oficial a la tienda para solicitar la cinta de la grabación, Edward y Bella fueron enviados junto a Esme. Ninguno de los dos estaba de acuerdo con el giro de los acontecimientos, pero en opinión de Charlie era mejor que se mantuvieran en casa de Esme por lo menos hasta que revisaran las grabaciones. Aquello fue apoyado por los Cullen, ambos progenitores estuvieron de acuerdo en que era preferible que los jóvenes estuviesen en casa junto a Esme, en vez de estar deambulando por la carretera. Aunque Edward era un excelente conductor, ninguno de los padres estaba dispuesto a exponerlo a ningún tipo de peligro en las circunstancias en que se encontraban.

Edward no se tomó muy bien las noticias. Su principal objetivo era estar al tanto de la investigación del caso de su hermana. No perderse ni un solo detalle y no permitir que Charlie Swan cometiese errores. Aquello era casi imposible de cumplir al estar encerrado en su casa. ¿Qué podía hacer desde allí?

Nada. Era el inútil hermano con las manos atadas.

Bella pensaba diferente. Ella creía que lo mejor para ambos era quedarse en casa, porque estaba asustada y prefería estar cerca de un adulto que sola con Edward. Esme Platt no era su persona favorita, pero le daba mucha más confianza que cualquier otro adulto de la comisaria, incluyendo su propio padre. Sabía que la madre de Edward no les lastimaría…

Y también creía que era importante que Edward recibiese la contención necesaria por parte de su madre. Cada día era más difícil que el anterior, y ella estaba genuinamente preocupada por él. Lo veía cada vez más irritado y a la defensiva, y presentía que no faltaba mucho para que él explotase. Estaba siendo bombardeado con ataques que lo estaban llevando al límite y ella prefería que Esme pudiese estar allí para calmarlo porque no creía ser la persona indicada para ayudarlo. Pese a que estaban iniciando una especie de camaradería ella no esperaba ser su salvadora, sino su amiga, y ser su amiga incluía el pensar que su madre era una mejor ayuda que ella.

A pesar de que Bella y Esme no hablaron de manera extendida, ésta última le agradeció el haber acompañado a Edward durante todo el altercado. Si bien hasta esa hora no habían tenido noticias sobre el contenido de la cinta de vigilancia, la insistencia de Bella frente al gerente de la tienda fue determinante para que éste facilitara las grabaciones sin una orden directa del tribunal. Orden que habría retrasado la investigación un par de días… Bella aceptó el gesto conciliador de la señora Platt con una sonrisa tensa en el rostro. Fue un gesto un intercambio incómodo y torpe, pero mucho mejor que cualquier otra anterior interacción vivida entre ambas. Con posterioridad a ese intercambio, Esme se disculpó para retirarse unos minutos a su oficina, excusándose con responder llamadas de amigas y familiares que solicitaban tener información de Alice. Fue en ese pequeño vaivén de información que Bella tomó conciencia que la familia Cullen era oriunda de Chicago, y que no tenían una relación muy fuerte con la familia de Carlisle. Esme no dejó escapar muchos detalles, pero por las caras de disgusto de Edward, Bella entendió que había una historia tras ese distanciamiento. Pero no quiso ahondar para ni lucir entrometida, aunque en su fuero interno deseaba poder conocer los trapos sucios de la familia.

Saber que los Cullen eran más que esa idílica imagen de familia moderna le daba una extraña sensación de seguridad y compañía. Sentía que encajaba en ese cuadro roto de relaciones familiares disfuncionales… algo que no había experimentado con anterioridad. Y Edward bajo esa nueva luz oscura le parecía una persona mucho más agradable y llevadera que el compañero de clase con el que apenas se relacionaba.

Esperaba que el sentimiento fuese mutuo y que él también estuviese descubriendo en ella a una persona con matices, y fuese capaz de ver más allá del modelo de alumna perfecta que Bella se había acostumbrado a desempeñar. Sería muy triste si solo ella descubriese un aspecto agradable de Edward mientras que él mantenía su aversión por ella… pero, tampoco le extrañaría. Dolería, sí, pero la desilusión no le era un sentimiento ajeno.

Con ese pensamiento Bella observó a Edward deambular por su casa. Caminaba de lado a lado, como un león enjaulado. Y lucía como uno, con su cabello despeinado apuntando a diversas direcciones, como si hubiese pasado mucho tiempo frente a un ventilador industrial. Empatizaba con él. Debía ser difícil estar en sus zapatos, enfrentarse al hecho de no saber dónde está su melliza. ¿Cómo se sentiría ella en su lugar? No podía imaginarlo ni aunque se esforzase. Era hija única. Lo más cerca que podía llegar era el sentimiento de entumecimiento que la llenó después de la muerte de su mamá. Pero aún así sabía que eran situaciones diferentes. Ella despertó y su madre ya no existía. Ella vio cómo su cajón descendía bajo tierra, Edward no sabía si su hermana estaba viva y en las condiciones en las que se encontraría.

¿Qué sería mejor? ¿Encontrar un cuerpo o seguir en la incertidumbre?

Bella no quería arriesgarse con una respuesta.

—Jessica me ha mandado un mensaje—informó Edward desde su posición junto al ventanal— Su prima vio a una de las chicas Denali detrás de la tienda luego de que nos fuimos, salió corriendo cuando Charlotte le habló. Se subió a una camioneta antes de que pudiese alcanzarla…

—¿Qué?

—Charlotte reconoció la camioneta como la de Tyler. Ella le dijo a Jessica que está seguro que esos dos están metidos en lo de mi auto. Maldita sea.

—¿Tyler? ¿Pero él no era amigo tuyo?

—Tenía un encaprichamiento con Alice… dejó de ser mi amigo cuando ella lo rechazó.

—¿Por qué los hombres son tan básicos?—escupió ella sin pensar— No tiene ningún puto sentido que raye una camioneta por algo así.

—No sabemos si en realidad fueron ellos, pero tengo la sensación de que sí…

—Papá nos dirá cuando revisen las cintas…

—¿Lo hará hoy? A veces creo que a tu padre no le interesa tanto esto como a nosotros.

La acusación era dura y ambos lo sabían. El lado perfeccionista de Bella exigía una respuesta para mantener el honor familiar, pero en el fondo no contaba con las palabras para defender a su padre. Ella también tenía criticas que hacer a su trabajo. No podía decir con exactitud que era lo que le molestaba, pero había una sensación de lentitud y condescendencia que le paraba de punta los pelos de los brazos.

—No sé qué decirte. Creo que sí, es una tarea corta. Solo deben revisar alrededor de veinte minutos de cinta, no es mucho. Aunque todo va a depender de la cantidad de trabajo que tengan hoy en la comisaria supongo…

—Maldita sea, estoy cansado de esta mierda. Me siento inútil—

—Lo entiendo, pero no hay mucho que podamos hacer. ¿Quizás imprimir más carteles de búsqueda? Hoy noté que en la tienda no había ninguno, y tampoco vi hoy en el instituto.

—No sé bien, la policía hizo uno y es el que mamá ha estado enviando a sus conocidos por redes sociales…

—Creo que sería bueno que tú también lo hagas—dijo Bella acercándose a él— Eres popular, tienes una buena red de contactos. Si quieres yo también lo hago, pero… bueno, no sé que tanta ayuda puede ofrecer en ese sentido…

—¿No tienes contactos como parte del comité organizador de los eventos o la mierda esa en la que participas?

—Se llama Consejo Estudiantil, muchas gracias. Y gracias a nosotros puedes salir más temprano los viernes y tu comida no apesta.

—Oh… detente, solo era una broma.

—Me tomo mi trabajo en serio.

—Está bien, lo siento—dijo Edward alzando los brazos en señal de rendición— ¿Puedes hacer que se envíe a todos los estudiantes?

—Si, solo necesito enviarlo desde el correo institucional. Llegará directo a todos las casillas de correo. Tengo que advertirte que no sé qué tan efectivo es ese método. Yo reviso diariamente mi correo institucional pero no sé si el resto lo hace…

—Lo hacemos, no te creas tan especial.

—¿En serio?

—Siempre mandan la cartelera del cine de Port Angels y mandan descuentos para la tienda de dulces—añadió Edward con una sonrisa y encogiéndose de hombros— Ya sabes, cosas que a todos nos importan.

—Eres un capullo.

—Y tu una sabelotodo, pero te estimo.

—Gracias

—De nada

Ambos se observaron con seriedad, intentando mantener el rostro sin expresión por la mayor cantidad de tiempo posible. Era una pelea absurda y silenciosa que ninguno de los dos quería perder. Se midieron segundo a segundo, apretando los músculos de la mandíbula y evitando pestañear. A Bella le tembló la comisura del labio y apretó con fuerza las manos. Pero no perdió, fue Edward quien finalmente se dejó ir y soltó una carcajada que rebotó en las paredes de la casa.

Bella lo siguió con una sonrisa menos ruidosa que la de él, pero igual de contagiosa.

No tenían un motivo claro para la risa, solo se reían, sintiéndose extrañamente vivos mientras eran testigos de como los ojos del otro relucían.


Hola, les comparto un nuevo capitulo y les cuento que sigo en tratamiento. Tendré mas tiempo para escribir y actualizar puesto que estaré en hospitalización domiciliaria y tendré a mano mi computador. Por eso mismo les pido que me recomienden libros y series para entretenerme mientras estoy aquí recluida. Estaré atentas a sus comentarios.

LadyStarlight.95