— A PLACE FOR ME —
1
Fue en un día de verano que Koda obtuvo la primera señal de que algo estaba mal con el pequeño Beku. El osezno no podía ser más diferente de él, cierto era que no estaban realmente emparentados, pero esas diferencias enervaban al oso adolescente. Beku era tranquilo, demasiado, realmente, para un osezno, nunca parecía tener demasiado que decir y no tenía verdaderos amigos. Con su pelaje claro, muchas veces no notabas que estaba ahí, y se mantenía tan quieto que podría pasar por una piedra o un árbol más. Eso preocupaba a sus padres, pero él parecía estar bien con ello, en cuanto a Koda... Bueno, Koda era alguien aparte, con su extrema labia y sus ganas de vivir, captaba siempre la atención de su sobrino.
Aunque no se diese cuenta, Beku le tenía en un pedestal, y es que su joven tío hacía que fuese fácil todo lo que a él le parecía tan difícil. Aquella tarde se arrimaba al pelaje de su tío, sus padres sin estar cerca, sin tener nada mejor que hacer que quedarse como una estatua avergonzada al lado del joven que conversaba animadamente al lado de su amigo Bucky, sin hacerle mucho caso al osezno que parecía estar adormilandose a su lado. A Koda le tocaba cuidarle, sin embargo ocuparse de Beku nunca era un trabajo muy difícil en comparación a ocuparse de él, Koda podía ser un adolescente muy problemático cuando se lo proponía. Más de una vez había hecho a Kenai y a Nita llevarse las pezuñas a la cabeza, sobretodo después de que Beku naciese y el irracional monstruo de los celos se instalase, de nuevo, dentro de él. Pero eso no evitó que fuera el que más se derritió cuando el osezno elevó al aire su primera palabra. "Oda, Oda" había balbuceado, en un intento por pronunciar el nombre de su tío. Koda había estado tan encantado que el ego no se le bajó por una semana entera y presumía al osezno bebé ante todo animal que se encontrase por delante. Tras eso se había propuesto ser un tío realmente sobre protector, y así se descubrió una nueva cara de él.
— ¿No sería divertido andar a dos patas? —nada más el osezno dijo eso, los dos osos se le quedaron mirando como si de repente le hubiesen salido dos cabezas.
— ¿Andar a dos patas? —preguntó Koda.
— Claro, así, mira.
Beku se irgio sobre sus patas traseras, por un momento casi pierde el equilibrio y se cae de espaldas, pero Koda reaccionó rápido y le sirvió de soporte.
— ¡Es divertido! —aseguró el osezno.
— Vas a caerte —no que para los osos fuese raro erguirse para ciertas cosas, pero no podían mantener el equilibrio por tanto tiempo y caminar a dos patas, al menos nunca lo habían intentado.
— Que no, mira —cabezota como su padre, Beku no se dejo amedrentar por casi caerse y volvió a las andadas, siendo capaz de andar más de cinco pasos de aquella manera, con su tío muy cerca de él— ¡Ves como puedo!
A Koda no le quedó de otra que reírse y asentir.
— Lo haces muy bien —le animó.
Y eso le sentó muy bien al osezno, eran pocas las veces en las que conseguía captar totalmente la atención del mayor y eso le subió la moral.
— ¡Por sobre los troncos! —eso sí alarmó al adolescente, antes de que pudiera detenerlo, el osezno ya estaba subido a un árbol caído cuya distancia del suelo era bastante considerable.
— ¡Beku, no! —Koda le sirvió de almohada en cuanto perdió el equilibrio y resbaló al suelo. A él no le pasó nada pero Koda llevó un buen golpe en la cabeza.
— ¡Para otra vez me saldrá! —aseguró el osezno riendo encima de él.
— Seguro... —aseguró su tío, aunque algo enojado por el golpe.
— ¡Hey, osos! —exclamaron dos voces realmente conocidas.
— ¡Hey! —Beku corrió hasta la compañía de los hermanos alces mientras que Koda se erguía como podía, sobandose la cabeza dolorida.
— Menudo golpetazo —se quejó—, veo una luz, abuelitaaa, ¿eres tú?
Pero no era su abuelita, en cambio si era Bucky, riéndose "disimuladamente" de él. Bucky era un oso de muy raro de ver pelaje negro y de complexión bastante fuerte, incluso para ser un oso, era casi el doble de Koda, cualquier cazador que le viese correría despavorido en la dirección contraria sin pensárselo dos veces.
— ¿Qué? —Koda le miró con el ceño fruncido.
Su amigo continuaba riéndose sin pena.
— No te haces una idea de lo mucho que me recuerdas a Kenai ahora mismo —aseguró.
Koda fingió un puchero.
— No me digas eso, que me deprimo, ¡yo no soy tan feo! —comenzó a reír— Ni tengo su cabezón, ¡él si lo tiene! —señaló a Beku— Por eso puede tumbarme el maldito.
— Supongo que eso de "caminar a dos patas" —hizo comillas con sus garras—, también lo sacó de Kenai.
— Sí, es muy propio de humanos —asintió.
— ¿Él ya sabe...?
— No —Koda negó con la cabeza—. Y la verdad eso ya empieza a mosquearme.
— Supongo que es difícil para ellos decirle.
— Para mi no lo seria.
— Koda... —le regañó ligeramente su amigo.
— Lo sé, lo sé, ya sé que no es mi asunto —negó con la cabeza—. ¡Pero me enoja! Si por ellos fuera, le mentirían toda la vida.
— Eso no puedes saberlo, puede que esperen al momento indicado.
— ¿Y cuándo va a ser eso?
Bucky se encogió en el sitio como quitándole importancia.
— No sé, no nací humano, no puedo pensar como ellos.
Su amigo suspiró impotente y vio hacía su sobrino y los dos alces.
— ¿Crees realmente qué seria mucha diferencia? —preguntó perdido en sus pensamientos— Cambiar de especie, digo.
Entre especies, la amistad era de lo más natural, aun con sus diferencias. Pero los hombres eran algo totalmente fuera de la ecuación, como si perteneciesen a otro mundo. Eran bestias que Beku había aprendido a temer tanto como el resto de osos, aun para la incomodidad de sus padres, pero claro, los cazadores no tenían forma de saber...
— Me aterra pensar en una vida fuera de mi cuerpo —contestó Bucky, medio en broma, medio en serio—. No, ahora en serio, ya tengo una vida hecha como oso, ¿por qué querría cambiar?
Miró a Koda escéptico.
— ¿O acaso eres tú el que quiere cambiar?
El otro oso se apresuro a negar con la cabeza.
— ¡No, nada de eso! —aseguró, tal vez demasiado alto— Pero a veces pienso en Beku y me pregunto como puede ser posible que exista. Un oso hijo de humanos. Y pienso en Kenai y en Nita, como lo dejaron todo atrás...
Bucky ya podía ver por donde iban los tiros.
— No es tu culpa, Koda —aseguró—. No empieces con esos dramas de tu cabeza, tú nunca los obligaste a estar contigo, o a ser osos, lo decidieron por si mismos y son muy felices así.
Koda asintió lentamente.
— Tal vez tengas razón.
— Siempre la tengo —aseguró Bucky, haciendo una mueca, queriendo rebajar la tensión que sabía que su amigo llevaba dentro.
Koda le golpeó ligeramente mientras reía.
— Fantasma.
— ¡Tío Koda, mira! —exclamó Beku.
— Por todos los pescados —dijo Bucky y a Koda casi le dio miedo mirar, pero en cuanto lo hizo comenzó a reír tan a mandíbula batiente que se vio obligado a parar para poder respirar, pero no lo conseguía—. Tu sobrino está loco.
Koda hasta había comenzado a llorar de la risa y se vio obligado a apoyarse en él para no caer al suelo de nuevo. El osezno estaba dando todo un espectáculo montado sobre Rutt, quien trataba de quitárselo de encima, pero el osezno estaba firmemente agarrado a su cuello, así que no había manera.
— ¿Qué se supone qué está haciendo?
— Montar en alce —respondió Koda, por fin dejando de reír y quitándose las lágrimas de los ojos con las pezuñas—. No me mires a mi, porque yo tampoco lo entiendo, son excentricidades humanas. ¡Beku, ya deja al tío Rutt tranquilo! Veras la bronca cuando tu madre se enteré de esto... ¡A quien engaño, es demasiado gracioso!
— Suerte que es un osezno pequeño.
— Mala suerte que yo ya no lo soy, si no te aseguro que le imitaría.
Bucky le miró raro.
— ¿Qué? —Koda se puso a la defensiva— Es más divertido de lo que parece, ¿te conté la historia de cuándo monte en mamut con Kenai?
— Las suficientes —aseguró Bucky, no deseando oírla de nuevo.
Está vez fue Koda el es que se encogió de hombros.
— Bueno, Beku, ahora en serio, ya basta —le obligó a bajar— Lo siento...
Pero la máscara de Don responsable no le duró mucho, porque de nuevo comenzó a reírse en la cara del alce, menos mal que eran amigos desde hace años.
— Eres una niñera horrible, ¿lo sabías? —aun así Rutt también rió con él y decidieron olvidar el asunto.
Eran solo excentricidades humanas. Excentricidades que Beku no debería tener, siendo que nació oso y sus padres poco a poco y sin darse cuenta habían olvidado por completo esas costumbres. Pero no eran nada, no significaban nada, era solo un niño siendo un niño, su comportamiento no levantaba sospechas.
De momento.
