— A PLACE FOR ME —
2
Pero las excentricidades continuaban, cada vez se estaban volviendo más presentes. Para finales de verano los otros oseznos ya habían comenzado a notar a Beku, pero solo para mofarse de él y de lo raro que era. Para cuando la familia entera abandonó el Salto del Salmón por el otoño para amontonar suficientes suministros para pasar el invierno hibernando, el pequeño osezno ya estaba demasiado de bajón. Las bromas de Koda, los juegos de su padre y los mimos de madre muchas veces lograron distraerle y volverle a hacer sonreír, pero al final del día seguía manteniendo ese aura de tristeza y mutismo que ya parecía caracterizarlo. Y seguía teniendo pesadillas, cada noche se despertaba llorando y gritando, llamando por su tío. Seguía teniendo el mismo sueño donde se lo llevaban los cazadores una y otra vez, y no importaba cuanto le dijeran que lo que había pasado no era real, en cuanto Koda entraba en su campo de visión, se aferraba fuerte a él y ya no había manera de separarlo del mayor.
Solo notaron un cambio, lo notaron más tranquilo y finalmente pudiendo dormir sin pesadillas, a medida que se acercaban más a la montaña donde las Luces tocaban la Tierra. Ahí había empezado todo, un lugar que llenaba a los dos hermanos de recuerdos y siempre tenían por costumbre pasar por ahí cada año. Kenai y Nita creían, o al menos querían creer, que el problema con su hijo era únicamente temporal, una fase. Todos los oseznos sin excepción le temen a los humanos y su hijo era indudablemente un osezno. Sin embargo, Koda si lo dudaba, dudó que fuera un osezno de verdad desde que nació, pero sonaba tan estúpido incluso en su mente, que prefería no decir nada, Beku se veía como un osezno, así que debía de ser uno a pesar de... bueno, la situación especial de sus raíces familiares, pero viendo como simple espectador la situación actual, sus dudas al respecto se agravaron todavía más y, al final, ya no pudo tener la boca cerrada.
— Oye, Kenai... —le llamó casi de forma inconsciente, sabiendo que iría, Kenai siempre iba a su lado, fuese cual fuese la circunstancia. Era esposo y padre, pero aun le quedaba tiempo para ser un hermano mayor, a veces, solo a veces, algo asfixiante.
— Dime —el oso que en otrora fuera humano se sentó al lado del adolescente a la entrada de la cueva vacía que encontraron por el camino, a bastante poca distancia ya de la Montaña.
Koda prefería fingir que le interesaba más ver las hojas marchitas caer de los arboles que a él a su lado.
— Cuentame otra vez, ¿cómo eligen los humanos su tótem?
Kenai se sintió presa de los recuerdos y sonrió ligeramente sin poderlo evitar. Era ya de noche, Beku dormía, podían sacar ese tema de conversación sin tener peligro.
— No lo elegimos nosotros, son los Grandes Espíritus los que hacen la decisión por nosotros y no nos queda nada más que aceptarlo.
— Según el animal que te toqué —asintió Koda.
— Según el animal que te toqué —confirmó Kenai.
— Pues no lo entiendo —dijo el más joven bruscamente—. ¿Tan soso es ser humano qué os tienen que asignar la identidad de un animal para ser alguien?
No se lo había preguntado hasta ese instante, pero realmente, no tenía sentido. Los conejos, las ardillas, los búhos, los mismos osos... Cada animal nacía perteneciendo a una especie y era así siempre, no necesitaban de ningún tótem como, por ejemplo, para decirle a un conejo que tenía el alma de un mamut. Eso sería loco y descabellado. Por alguna razón es como si negasen su propia raza. Cierto, a su hermano le había tocado un oso y en eso se había convertido, pero sabía bien que él y Nita eran los únicos, los otros humanos no... se transformaban como si hubieran nacido con la vida equivocada.
Excentricidades humanas. Solo eso, pero a veces a Koda le provocaban dolor de cabeza.
La cara de Kenai fue un cuadro en esos instantes, como si le lanzasen por encima agua helada, acto seguido negó fuertemente con la cabeza.
— Eres un oso, no puedes comprenderlo.
"¿Siquiera lo comprendes tú?" —Koda tuvo el buen tino de morderse la lengua antes de preguntar aquello.
— ¿Y por qué tanta curiosidad de repente?
— Creo que Beku es humano —y al fin lo dijo, tan simple como si hablará del tiempo.
— ¿Qué tonterías dices? —Kenai negó con la cabeza— Es un oso, solo miralo.
— Kenai, Beku gusta de caminar a dos patas, monta sobre animales que le sacan tres cabezas, bebe con hojas —dijo lentamente—. ¿No te suena? Son justo el tipo de rarezas que tú hacías cuándo nos conocimos.
— ¿Cómo qué cuando os conocisteis? —Beku no estaba tan dormido como creían, se veía algo adormilado, sí, pero aparte de eso, estaba despierto y había acudido en cuanto escuchó su nombre.
El miedo se instaló en los dos varones mayores.
— Hijo, deberías estar ya dormido...
— ¿Cómo qué cuando os conocisteis? —volvió a repetir el osezno— Sois hermanos...
Nita reaccionó a tiempo, Kenai también en cuanto vio que Koda estaba muy dispuesto a abrir la boca, como siempre, y se la tapó con una pezuña, por supuesto Koda forcejeo contra el agarre, pero a pesar de haber crecido Kenai seguía siendo más fuerte, a la vez que la hembra arrastraba a su cría dentro de la cueva.
— Granujilla, deberías estar ya dormido. Papá y el tío Kenai solo están jugando.
— Sí, jugando a decir tonterías —Kenai miró de reojo al adolescente, quien le desafío frunciendo el ceño— y él va ganando.
— No parece un juego —Beku miró directamente a Koda, buscando que el adolescente fuera sincero.
Bajo el agarre de Kenai, el oso dejo de forcejear y asintió, Beku parecía ya satisfecho con eso y se dejó arrastrar por su madre al interior de la cueva, finalmente su hermano mayor le dejó libre.
— ¿Qué pretendías hacer? —Kenai le regañó en susurros— ¿Decirle?
— Por supuesto que sí —el oso mayor no había escuchado a su hermano tan enojado como en ese momento.
— Koda, ¿cuántas veces tengo que decirte que...?
— Ya sé que no es mi asunto —los ojos de Koda echaban chispas de puro coraje. La obviedad estaba ahí, ¿por qué demonios Kenai no quería verla?—. Nada lo es desde que ellos llegaron.
No pretendía sonar ni de lejos tan rencoroso ni celoso como lo hacía. ¡Pero Demonios! ¿Kenai nunca iba a tomarlo en serio? ¡Pues que se pudriera! Antes de que pudiera llegar a decir más cosas de las que, sabía, se arrepentiría después, enojado dio medía vuelta alejándose de la cueva.
— ¿A dónde piensas qué vas?
— ¡Donde no pueda ver tu asqueroso cabezón!
Kenai estaba por seguirle, pero Nita le paró en el acto.
— No... —su esposa negó con la cabeza.
— Pero Nita, puede perderse, herirse, hay depredadores... —y ahí estaba de nuevo el asfixiante sobre protector hermano mayor.
— Kenai, es un oso, él es el depredador —Nita estaba acostumbrada a ser la voz y la razón de la lógica entre ambos—. Ya no es un cachorro, conoce el camino de regreso, lo hará en cuanto se le pase el coraje.
Kenai le fruncio el ceño.
— Como le pase algo...
— Tomaré toda la responsabilidad —ella asintió con la cabeza—. Regresa dentro, ¿acaso olvidaste cuándo eras adolescente? Si vas detrás de él solo le enojaras más, no quiero que una rabieta se convierta en un problema de verdad.
Kenai no tuvo de otra que darle internamente la razón y mirar suspirando la dirección en la que se había ido Koda negando ligeramente con la cabeza. Entonces se vio a si mismo como humano, alejándose tras tirar su tótem de oso. ¿Cuándo demonios se había convertido en Denahi y Koda en una versión de él? El oso no iba a escucharle, así como él no escuchó a Denahi. Pero su hermano mayor había tenido toda la razón, no por nada era el maldito lobo de la sabiduría.
"¿Qué se supone que haga ahora, Denahi? A veces me queda tan grande ser el mayor"
Conociendole, su hermano se reiría de él todo lo que quería y soltaría una broma tipo "escucha a tu mujer, oso amoroso, si no quieres tener la cabeza fuera de los hombros. Las mujeres son bestias salvajes, hermano, bestias". Sí, hasta podía escuchar su voz diciendo eso.
— ¿El tío Koda y tú estáis peleados? —la vocecilla de su hijo solía llenar su corazón de candor y de ternura, no esta vez.
— No... —no estaba mal mentir si se hacía para proteger a un niño, ¿verdad? ¿Verdad?
— Parecíais enfadados.
— No lo estamos —siguió.
— ¿A dónde fue el tío Koda?
— A celebrar que ganó el juego.
Beku no parecía demasiado convencido.
— Ven —Nita se acostó y arrastró al osezno a su lado.
Este miró a su padre por unos segundos y después se acurrucó al lado de su madre, incómodo de seguir manteniendole a su padre la mirada por alguna razón. Kenai se acostó también, pero se quedó mirando la entrada de la cueva.
Creo que Beku es humano.
Esperaba en serio que estuvieses equivocado, si no las cosas se le iban a complicar.
