— A PLACE FOR ME —
5
— ¿Amiga tuya? —le susurró Koda a Kenai. Solo por seguridad, por saber si tenía que correr o no.
— ¡Tanana! —exclamó feliz Kenai al verla y corrió hacía ella pasando del oso más joven.
— Lo tomaré como un sí —dijo y también se acercó—. Hola, soy Koda.
La anciana le sonrió amable.
— Sí, lo sé, de hecho sé de ti desde que eras un cachorro —aseguró.
— ¿Cómo es qué puede hablar con nosotros?
— Koda, ella es Tanana —presentó—. Es en quien confían los Grandes Espíritus dentro de nuestra aldea para entregarnos los tótems. Ellos hablan con ella.
— Y ellos me permiten entenderos ahora.
— ¡Wow! —a Koda le brillaron los ojos.
— Y fue ella quien me envió hasta las luces y... Bueno, así te conocí —añadió Kenai.
— Debo darle las gracias porque tenga un hermano, entonces —Koda sonrió—, aunque es algo raro para mi que alguien sepa mis historias si yo no se las he contado.
La anciana rió.
— Tanana, me alegra verte, ¿pero qué haces por aquí?
— Este año, cuando vine a recoger los nuevos tótems, los Grandes Espíritus me hablaron de él —señaló a Koda.
— ¿De mi? ¿Por qué hablarían de mi? —se interesó Koda— Bueno, soy muy genial y eso, pero no creo que tanto como para llamar la atención de los Espíritus.
Tanana le miró como miraría a alguien inocente que no entiende el mundo que le rodea.
— Creo que es momento.
— ¿De qué? —quiso saber Kenai.
La anciana miró a todas partes y después habló.
— Creo que deberíamos estar todos para hablar de ello. Kenai, ¿dónde dejaste a tu esposa?
Los tres se movieron por el bosque en busca de Nita y Beku y los encontraron esperándolos en la cueva.
— ¡Bienvenidos de vuelta! ¿Lo habéis pasado bi... en? —Nita se tensó en el sitio al ver a la chamana que los acompañaba y Beku pegó un horrible grito y se cobijo detrás de su madre— Kenai, ¿qué significa esto, quién es ella?
— Querida, querida, no hay motivo para temer —dijo Tanana entrando en la cueva y se agachó a la altura de Beku—. Tampoco para ti, pequeño.
El osezno tembló y se alejó más.
— Es humana —dijo el pequeño asustado.
— Eso es cuestionable —comentó Kenai y a falta de un bastonazo, Tanana le dirigió una mirada gélida.
— ¿Es una chamana? —Kenai asintió ante la pregunta de su esposa. Esta le dirigió una mirada a su hijo hecho bolita en una esquina— Beku, cariño, ve a jugar afuera.
El osezno negó fuertemente con la cabeza.
— Humana. Mala.
Kenai y Nita le echaron una mirada a Koda y el adolescente suspiró.
— Vale, entendí, cosas de humanos, yo veré por él —dijo y se acercó a su sobrino—, vamos campeón.
— ¡No, no, humana mala! —Beku se quejó y fue todo un espectáculo ver a Koda pelear con él hasta la salida y sus exclamaciones se perdieron en el viento.
— Lamento su reacción —se disculpó Nita—, es que él no sabe... Nunca supimos como...
— Querida, te veo estupenda —aseguró la anciana cambiando el incómodo tema por otro—. No te veía desde que eras una niña pequeña, no te preocupes, no me ofenderé si no me recuerdas, fue hace muchas primaveras.
Nita parpadeó.
— Tengo muy vagos recuerdos de esa época, es verdad, lo siento.
— Sin preocupaciones, en serio.
— Tanana —interrumpió Kenai—, dijiste que los Espíritus te habían hablado de Koda.
Ella asintió y tomó asiento en una roca de la cueva.
— Kenai, ¿eres consciente de cuanto tiempo llevas siendo oso?
— ¡Pues claro! —aseguró demasiado rápido, pero pronto su expresión se crispo pensante y tuvo que ponerse a contar con las garras— Ahm...
Las dos mujeres presentes rieron.
— Siete —aseguró Tanana—, siete Primaveras. Se termina el otoño y tras vuestra hibernación llegará la octava. Ya es tiempo.
— ¿Tiempo para qué? —se interesó Nita.
— Para que las cosas vuelvan a su cauce, Koda tendrá la edad de un adulto para la próxima primavera, y vosotros tendréis que volver a ser humanos, sobretodo vuestro hijo.
El silencio se hizo espeso en la cueva.
— ¿Humanos de nuevo? —repitió Nita.
— N-no lo entiendo —Kenai se puso nervioso—. Pensé que este cambio sería...
— ¿Permanente? —terminó la anciana por él, negando con la cabeza—. No, lo siento. Los cambios de especie son son permanentes tras la muerte. En vida tienen un propósito y el tuyo está tocando a su fin.
— ¿Cuál propósito? —preguntó Kenai a la defensiva.
— Cuidar de Koda mientras era un cachorro —iluminó Tanana—. Era lo que más deseabas y por ello te transformaron en oso por segunda vez, pero él ya va a cumplir 15 primaveras, no te necesita más.
— No —se negó Kenai en rotundo—. No, los Espíritus no pueden hacernos esto.
— ¡Kenai! —Nita le llamó la atención, pero aun así no fue suficiente.
— No pueden hacernos esto, no pueden esperar que le dejemos solo y sin avisar.
— Kenai, creí haberte enseñado de pequeño —dijo Tanana tranquila—, que todo cambio tiene un propósito, el tuyo ya está por cumplirse.
— ¡No puede esperar que le dejemos solo, somos familia! —exclamó— Y Beku, oh, no, ¿cómo vamos a explicarme esto a él? No...
— Beku... —dijo Tanana—, sí, de hecho vuestro cachorro es un punto aparte, que hace todo más urgente. Decidme, ¿es qué no habéis notado en él nada raro?
— ¿Cómo qué? —se preocupo Nita.
— Como comportamiento humano —aseguró la anciana chamana.
— ¡No, humana mala, humana mala! —Beku seguía chillando y lo único que a Koda se le ocurrió fue lanzarlo al lago menos profundo de agua helada.
Esperaba que Nita no se enterase de eso o a él si que le iba a caer una buena.
El sorprendido osezno gritó y comenzó a patear el agua buscando estabilidad.
— Ow, vamos, si sabes perfectamente como nadar —el oso adolescente rodó los ojos y se hundió por entero en el agua hasta que su sobrino quedó subido a su espalda.
— ¡Me asustaste! —se quejó el pequeño.
— ¿Pero a qué ahora estás más tranquilo?
— ¡No! —chilló Beku y Koda creyó que le explotaban los oídos— ¡La humana mala se te va a llevar!
— Mirame Beku —dijo haciéndolo saltar de su grupa—, estoy aquí, papá y mamá están bien, nadie se me va a llevar.
— ¿Lo prometes? —dijo con los ojos brillantes.
— Por la garrita —le sonrió y el pequeño le recíproco el gesto.
Poco sabía de lo que se le venía encima a los cuatro.
