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Segundo Objetivo: Escurridizo Takeshi.
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Eran las nueve de la mañana del primer domingo del mes.
Normalmente Tsuna no solía salir de su casa los Domingos para así dedicarse al ocio y al extraño y reconfortante placer que encontraba en los diversos programas de cocina que solían pasar por la televisión, quizás a muchas personas les pareciera un tanto extraño que un niño de once años disfrutara más de ver los canales de cocina que los de deportes pero para Tsuna era normal, después de todo había sido—prácticamente—criado por una madre soltera. Bueno, que su madre en realidad seguía casada pero después de casi cuatros años de que su padre no apareciera por la casa, él ya estaba pensando en la posibilidad de que su madre pidiera el divorcio y continuará su vida ¿Y por qué no? Incluso podría volver a enamorarse y tener más hijos.
Tsuna no era de las hombres que pensaban que las mujeres solo podían sentirse realizadas si estaban llenas de hijos, pero él había visto la mirada melancólica de su madre dirigirse hacia aquellas familias conformadas por padre, madre y dos o tres hijos, así que él sabía que su madre anhelaba que alguna vez su esposo se quedará en casa por más de un par de semanas y de esa forma ser la familia feliz que (quizás) ella siempre había querido tener desde niña. Ahora que lo pensaba, la última vez que vio a su padre fue cuando él acababa de cumplir ocho años, Hana y él seguían en clases de Karate y su madre parecía tan llena de vida pero entonces su padre se marchó y él comenzó a ayudar a su madre cada vez más en los quehaceres del hogar, especialmente en la cocina, a veces era él quien le pedía a su madre preparar algún postre juntos o intentar una receta nueva, todo para que su madre se distrajera y no pensará en la ausencia de su padre.
Nana nunca se negó y con una brillante sonrisa ambos pasaban las tardes de los domingos preparando postres y deliciosos platillos a los cuales ambos devoraban en el jardín trasero mientras platicaban de la escuela, del futuro o de las cosas que había hecho Nana durante su juventud ¿Sabían que ella había sido maestra de Danza durante la preparatoria? ¿O que trabajó brevemente en la estación de policía de Namimori? Fue durante ese tiempo que Tsuna aprendió a disfrutar de la cocina, de preparar comidas deliciosas que luego harían feliz a su madre o a Hana quien de vez en vez se unía a ellos para almorzar. Cocinar era, de alguna forma, reconfortante.
Ciertamente tener una familia más grande no estaría mal, pensaba Tsuna casi diariamente, él quizás podría ser un buen hermano mayor, además su madre siempre quiso una niña a la cual poder enseñarle, aunque ya le había enseñado a él a cocinar así como otras cosas que no se supone se le enseñen a los primogénitos varones, como, por ejemplo, bordado (aunque ese era un secreto que ni Hana sabía o al menos eso esperaba él) y además la menor de las Kurokawa solía acompañar a Nana al mercado o a la peluquería, incluso tenían cierto día del mes donde ambas se iban a comer pasteles, a ver una película y platicar o hacer cosas que las mujeres hacían.
Y era ahí, cuando Tsuna veía a su madre proseguir con su vida, que no podía evitar preguntarse ¿Su madre amaría todavía a su padre?
— Estas demasiado serio para tu primera cita—Dijo Hana quien caminaba a su lado.
— Para mí mala suerte no es una cita—Explicó él con un ligero puchero—Nii-San vendrá con nosotros.
— Ooh, entonces es por eso que insististe tanto en que los acompañara—Dijo la chica más como una afirmación que una pregunta—Pobre de Tsuna-Kun
— No me llames así…es extraño—Dijo él encogiéndose de hombros y las mejillas sonrosadas.
— Como quieras, Tsuna-Kun—El chico gruñó y Hana soltó una risilla.
Ambos estaban caminando por el centro de la ciudad, había mucha más gente de lo que solía haber en días de semana y el aroma a dulces y comida era incluso más fuerte. Hacía un mes aproximadamente que en ese mismo lugar Tsuna había conocido a Ryohei Sasagawa un chico mayor que él y que estaba comenzando a practicar boxeo, Tsuna lo había visto un par de veces en su vecindario corriendo muy temprano por la mañana más nunca le había dirigido la palabra, al menos no hasta que él mismo comenzó a salir a correr cada mañana antes de ir a la escuela por órdenes de Sonomi-Sensei (Quien, por cierto, era otro demonio parecido a Hana).
El viejo soldado le había dado a Tsuna unas pesas que debía ponerse en los tobillos y muñecas cuando saliera a correr, al principio fue duro para él correr con esas cosas puestas y había llegado a pensar en muchas ocasiones que lo mejor era renunciar y esperar en su casa mientras se rascaba la panza, a que Hiabri Kyoya mantuviera segura Namimori y así él no tuviera que preocuparse por otro grupo de maleantes en su vida, sin embargo, luego veía el brazo vendado de Hana y entonces él recordaba ese mismo sentimiento que lo invadió cuando fue a pedir a Sonomi-Sensei que lo tomará como su discípulo.
Así que días tras días desde hacía unos cuatro meses Tsuna había estado aprendiendo el arte del combate, cosa que había decidido guardar en secreto de su madre y, de hecho, había pensado hacer lo mismo con Hana pero guardarle un secreto a Hana era como pedir que nevara en el desierto.
Improbable.
— Deberías ir quitando esa cara de amargado o podrías asustar a Kyoko.
— No tengo cara de amargado—Masculló él pero se dio un par de suaves golpes en la mejilla para luego sonreír de forma un tanto forzado, Hana rio.
La primera presentación entre el castaño y Sasagawa había sido abrumadora, si Tsuna pensaba que su vecina Maya era una caja llena de energía, Sasagawa era entonces una bomba de energía pura amenazando con estallar en cualquier momento. El rubio se había presentado como "su nuevo amigo" argumentando que ellos, al ser deportistas, debían tener una relación de fraternidad, al principio Tsuna no había entendido pero luego, conforme fueron pasado los días y Sasagawa se unía a él cada mañana para correr, entendió que de ahora en adelante no podría evitar que el rubio lo buscará para pedirle que entrenaran juntos ¡AL EXTREMO!
…Al menos gracias a eso él había podido conocer a la adorable Kyoko, la hermana menor de Sasagawa, quien se había convertido en el primer gran amor de Tsuna.
— Oh, Dios…esa cara de idiota no, por favor.
Tsuna volvió del mundo de sus fantasías y volteó a ver a Hana de forma molesta—Deja de decir eso…
— Entonces tú deja de poner esa cara, en serio…Kyoko pensará que eres un maldito pervertido…que lo eres pero al menos trata que ella no se entere, no tan pronto.
Tsuna gruñó—No soy un pervertido.
— Ya…y esas revistas en el espacio detrás de tu librero son de cocina…
— ¿Cómo…? ¿Por qué tú…? ¡Deja de revisar mis cosas!—Exclamó Tsuna con la cara roja de vergüenza.
Hana hiso un gesto con la mano restando importancia a los reclamos del chico los cuales parecían no tener fin. Entre sus molestos berridos le pareció escuchar que Tsuna se quejaba de cosas que habían hecho cuando ambos tenían siete años ¡Vaya que el chico era rencoroso! ¿Acaso no había escuchado que el olvido era parte del perdón? Exagerado que era… vender limonadas tampoco había sido tan malo.
— ¡…Y ahora mi madre quiere abrir su propio restaurante!—Exclamó de pronto Tsuna y ella no pudo evitar volver a poner atención al chico. "Atención" que le había quitado desde la parte de: "Y ese enorme niño me golpeó porque tú no dejaste que se llevará la limonada sin pagar"
Hana miró sorprendida a Tsuna— ¿Tu madre quiere abrir su propio negocio?
— Oh, vamos, no me digas que no estabas enterada ¡Estoy seguro que es cosa tuya! Algo le has dicho a tu madre que luego ella le comentó a la mía y ahora estoy a un paso de atender el restaurant Sawada.
— ¿Restaurant Sawada? Que poca imaginación…
— ¡Hana!
— Deja de gritarme—Exclamó la chica con el ceño fruncido causando que Tsuna se sobresaltara y se alejara un paso de ella.
— ¿De verdad no sabías?—Preguntó el chico acercándose a Hana lentamente.
— Me halagas al pensar que tengo la capacidad de controlar todas las cosas a tu alrededor, Tsuna—Dijo Hana llevando un mechón de cabello detrás de su oreja—Pero aunque no lo creas lo que sea que platiquen o planeen nuestras madres esta fuera de mi control.
—Ya veo…—Tsuna observó a la chica con el ceño fruncido—Estas aceptando que tu controlas una parte de mi vida…
— Creí que era obvio.
— ¡Hana!
— ¡Que dejes de gritarme! ¡Dios! Pareces un mono chillando y causando alboroto…
— ¿Los monos chillan?
Hana suspiró y volteó a ver al chico aún con el ceño fruncido— No te preocupes porque tu madre o yo tengamos cierta influencia en tus actos, nosotras no somos tan malas—Tsuna bufó y Hana sonrió de forma enigmática—Algún día llegará alguien más y terminará de revolcarte en tu propia miseria.
— ¡¿Qué?!
Hana rio de forma divertida mientras el chico exigía saber el porqué de ese apocalíptico comentario.
— ¡Hana-chan! ¡Tsuna-Kun!
Ambos chicos volvieron su mirada al frente donde se encontraba a unos metros de distancia los hermanos Sasagawa. Las mejillas de Tsuna se volvieron rojas al instante mientras Hana solo atinó a rodar los ojos, ella había jurado que no permitiría que el chico desarrollara ningún enamoramiento en Kyoko y no es porque la menor de los Sasagawa le desagradara, sin embargo, Hana no creía que fuera la chica correcta para estar al lado de Tsuna-futuro líder Vongola pero hay cosas que ella no podía controlar y al parecer el amor de Sawada por la idol era una de ellas. Hana suspiró. Bueno, si Kyoko iba a estar irremediablemente en el camino de Tsuna ella se encargaría que no fuera tan ingenua y tan poco útil como lo fue en su versión canon. Una de las cosas que había odiado del manga era la poca participación femenina…quizás ella pudiera cambiar eso.
— Buenos días, Kyoko…Ryohei—Dijo Hana con una media sonrisa y una ligera inclinación de cabeza, Tsuna no dijo nada pero sonrió como bobalicón a la menor de los hermanos.
— ¿He? Hana-Chan ¿Por qué llevas puesto el uniforme de gimnasia?
— Aun cuando no voy a ser parte de los Regionales sigo siendo la capitana del equipo—Hana se encogió de hombros—Hoy hay practicas así que tengo que estar presente—Y se llevó un mechón de cabello detrás de la oreja.
Tsuna la miró de forma seria y apretó los puños, la razón por la que Hana no formaría parte en las competencias a nivel regional era porque aún no se encontraba completamente curada de la lesión de su muñeca causada por aquellos matones. Él sabía cuánto ella había trabajado para ese evento y el que no pudiera participar lo creía realmente injusto. Era en momentos como este cuando Tsuna recordaba por qué se estaba sometiendo al entrenamiento espartano de Sonomi-Sensei.
— ¡KUROKAWA ES EXTREMA!
—Cuando Hana-Chan termine con los entrenamientos podría alcanzarnos en el cine y…
— No lo creo, las chicas del equipo quieren ir a comer a un restaurant de sushi, cosa que en teoría no deberían ya que estamos a poco de las Regionales—Hana sonrió de forma maliciosa—Pero son ellas las que harán el ridículo sino pueden hacer bien las rutinas así que por mi está bien.
— ¡Hana!—Chilló Tsuna viéndola con horror—Tú eres la capitana se supone que deberías animarlas no decir esas cosas
—Nah, es Kira quien está registrada como la líder del grupo, no yo, así que no tengo responsabilidad alguna… al menos no de forma oficial y el sushi es demasiado bueno—Y sonrió de forma deslumbrante.
Hana era el mal puro, eso pensó Tsuna mientras Kyoko le daba algunas recomendaciones a la azabache sobre restaurantes de Sushi y Ryohei lanzaba golpes de boxeo al aire.
— Bueno, yo los dejo, diviértanse—Hana dibujó una media sonrisa y con un guiño de ojo al joven Sawada siguió su camino.
Tsuna la observó hasta que la chica se volvió no más que un punto azul a la distancia, tenía el ceño ligeramente fruncido y un brillo preocupado en los ojos. Hana y él raramente hablaban sobre los problemas de la chica y eso, aunque nunca lo había expresado abiertamente, molestaba a Tsuna. Hana lo conocía mejor que nadie, incluso mejor que él mismo y, sin embargo, Sawada sentía que no conocía realmente a Hana, la sentía casi como una extraña en algunas ocasiones y eso molestaba al castaño. Hana era su mejor amiga pero la verdad es que él no sabía que decir o que hacer para darle ánimos… le resultaba difícil leer sus acciones o sus propias palabras y eso estaba mal ¿Verdad? Si ellos eran mejores amigos ¿No debían poder entenderse solo con miradas y esas cosas? Ella podía leerlo a él como libro abierto pero para él Hana era difícil de desentrañar.
— Hana-Chan es una chica fuerte—Comentó de pronto Kyoko con un tono amable y una sonrisa dulce—Estoy segura que el próximo año la veremos con una medalla de oro
Tsuna sonrió y asintió—Y nosotros estaremos ahí para darle ánimos.
— ¡AL EXTREMO!—Exclamó Ryohei y ambos, Tsuna y Kyoko rieron de acuerdo.
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Hana apretó el puente de su nariz y gruñó levemente molesta mientras su otro celular marcaba una cancioncilla de espera—Maldita sea L—Masculló entre dientes. Había tenido que esperar a que sus compañeras del Club comenzaran las rutinas que se harían en el torneo para así poder estar sola y realizar esa llamada. Su ansiedad había llegado ya a niveles desproporcionados, muy poco natural en ella quien normalmente esperaría a la noche para, en la intimidad de su cuarto, comunicarse con aquella chica que se hacía llamar L. Su perezosa hacker personal.
— ¿Sabes qué hora es?—Se escuchó de pronto del otro lado de la línea, Hana frunció el ceño.
— Tarde—Replicó Hana—Esperó tengas lo que te he pedido—La voz del otro lado masculló algo inentendible.
—Lo tengo, lo tengo—Estornudó—Esperó realmente que sepas lo que haces… estas interfiriendo con la red de información de una de las organizaciones más grandes del submundo.
— Estamos—La otra voz gruñó—pero si eres tan buena como dices ser… entonces no hay nada de qué preocuparse.
— Apelando a mi vanidad, chica lista
Hana sonrió.
— Te enviaré la información más tarde—Hana asintió— ¿Ya has podido encontrar a Yamamoto?
Kurokawa bufó—Es más fácil lograr que Tsuna haga la tarea de matemáticas—La chica del otro lado rio—No entiendo como es qué nunca puedo atraparlo—La risa de la otra chica aumentó.
— Bueno, bueno, quizás realmente aún no es tiempo.
— Ya es tiempo—Replicó Hana—todo esta listo.
— Eso es lo que tú quieres creer, Kurokawa-Sama pero tú no eres Akira Amano. Solo tienes que aceptar que Kami-Sama no quiere más cambios.
— Tonterías, Simba está listo para conocer al Samurái.
— Quizás Yamamoto no esté listo para conocer a Tsuna.
Hana torció los labios—Ya veremos. En todo caso me preocupa más ahora lo que está pasando con Gantz, no me gustaría perderme de ningún capitulo y luego no poder planear mi horario de forma correcta.
La chica del otro lado de la línea sonrió mientras buscaba algo en su computadora. "Gantz" era el código entre ellas para referirse al "Vongola", así como lo era "Simba" cuando Hana estaba en algún lugar público y necesitaba mencionar a Tsuna. ¿El samurái? Bueno, eso era evidente.
— Oh, parece que Kurokawa-Sama está muy ocupada.
— Lo estaré si mis predicciones para el próximo capítulo resultan ser correctas por eso necesito de esos Spoilers lo antes posible, no me gusta trabajar a ciegas.
— Lo sé, lo sé. Aunque para tú alivio Gantz no parece que vaya a cambiar su horario ni mucho menos intervenir en la programación del pequeño León.
— Aun así no debemos ignorar lo que digan los Spoiler.
— Eres demasiado controladora
— Solo soy precavida—Hana suspiró con pesadez—Han ocurrido cambios importantes en la historia así que yo solo…solo quiero asegurarme que…
— ¡Todo por el bien del pequeño Simba! Lo sé, lo sé… tendrás toda la información sin retraso alguno, descuida.
— Perfecto, me comunicaré contigo más tarde.
— Como sea…
— Oh, y L…
— ¿Qué?
— Gracias.
Hana sonrió y colgó antes de que su interlocutor pudiera responderle algo. A unos metros delante de ella su equipo le hacían animados gestos para que se acercara a ellas, quizás en espera de algún consejo, quien sabe, así que respiró de forma profunda y dibujando su mejor sonrisa adolescente se dirigió donde ellas con paso firme. Sus cartas estaban echadas ahora solo tenía que esperar.
Si tenía suerte tendría una temporada más para su héroe dejará de ser un completo inútil. ¡Madre mía! Y algunos decían que escribir un fanfic era fácil.
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Tsuna tragó en seco mientras su cara se tornaba completamente roja, Kyoko, quien estaba sentada frente a él luciendo excesivamente adorable, permanecía concentrada en el menú de postres que desplegaba frente a sus ojos una enorme variedad de deliciosos y coloridos dulces los cuales suplicaban, sin duda alguna, ser devorados. Obviamente, Tsuna no era rival para semejantes manjares de inmensas calorías pero eso no evitaría que el castaño se emocionara ante el hecho de estar a solas con la menor de los Sasagawa ¡Dios no lo odiaba tanto como él creía! El jovencito sonrió de la forma más estúpida y enamorada que podía. El primero era sinónimo de lo segundo, claro está.
— Este lugar es realmente increíble, Tsuna-Kun—Dijo de pronto la chica sacando a Sawada de sus extraños pensamientos que consistían en una boda temprana y una casa llena de hijos.
Kyoko sonrió ampliamente y admiró el lugar con notable fascinación, el lugar no era demasiado grande pero sí bastante acogedor y tenía aquel aroma a café recién hecho que te invitaba a relajarte y pasar horas disfrutando de los pequeños pastelillos que decoraban las vitrinas, la música también era agradable, Kyoko no supo distinguir que melodía era pero creía que hacía perfecta combinación con el ambiente del lugar cuyos colores predominantes eran el blanco, café y un vino más parecido al marrón. La menor de los Sasagawa se relamió los labios al percibir el aroma del té de canela que en ese momento una mesera se disponía a servir en la mesa más cercana a ellos, ese era su té favorito y por el aroma que desprendía se notaba que había sido preparado a la perfección. Kyoko no pudo evitar sentirse entusiasmada, ella, claro está, no debería de comer demasiados dulces y pasteles o terminaría por subir demasiado de peso sin embargo todo en ese lugar incitaba a ser probado, Kyoko pensó que el nombre que ostentaba el lugar era bastante adecuado: "Seduzione, Tentazione e Addizione" se leía no solo en las servilletas de color vino o en la carta del menú, sino también en la entrada del café, si ella no se equivocaba la traducción más adecuada sería: "Seducción, tentación y adicción". El lugar ciertamente llamaba mucho la atención con aquel nombre extranjero.
— ¿Cómo encontraste este lugar, Tsuna-kun?—Preguntó ella, con los ojos brillantes e inclinando su cuerpo ligeramente hacía el chico.
— ¿He? Bueno… Mi mamá y Hana suelen venir aquí una vez al mes así que tengo muy buenas referencias.
— ¿Una vez al mes?
Tsuna asintió—Dicen que una mujer debe tener al menos un día de total felicidad después de 29 días de martirio. La verdad no sé qué significa eso pero parece importante, además, suelen llevarme algún postre esos días y puedo asegurar que son deliciosos.
Kyoko sonrió de forma amplia— ¿En serio? ¿Hana-Chan y la mamá de Tsuna-Kun vienen aquí una vez al mes?—Tsuna volvió asentir sin entender porque Kyoko estaba de pronto tan emocionada como si acabará de enterarse de algo que cambiaría su vida para siempre— ¡Eso es genial Tsuna-kun! ¡Que emoción!
Tsuna la miró extrañado ¡Vaya que las mujeres eran extrañas cuando se trataba de postres! Y aunque él no entendía nada no pudo evitar pensar que Kyoko se veía incluso más bonita ahora que estaba emocionada por…lo que sea que le causará tal emoción. Sawada sonrió con las mejillas rojas deseando que ese momento no se acabará.
El plan original había sido ir todos juntos a un pequeño mercadillo ambulante que se montaba en la plaza principal de la ciudad cada Domingo, sin embargo, por cuestiones de remodelación (o algo así le había informado el policía al que pidieron información) éste se había trasladado a otra zona de Namimori la cual quedaba bastante alejada de su ruta original y del Cine donde planeaban ver una película. Así que Tsuna, al no querer arruinar su No-cita con Kyoko sugirió, después casi una hora de recorrer las tiendas de una plaza cercana, el ir al café de los hermanos Coletti, quienes eran bastante conocidos por sus deliciosos postres y por el hecho de ser el único negocio atendido por extranjeros en toda el área. Tsuna conocía a los hermanos personalmente, su madre y Hana, como ya le había dicho a Kyoko, eran clientes leales desde hacía ya unos tres años así que considerando el carácter desenfadado de su madre y la usual necesidad de Hana por saber todo lo que pasaba a su alrededor no era de extrañar que ambas mujeres terminaran por entablar cierta relación de cortesía más allá del trato cliente-vendedor con los Coletti. Y Tsuna admitía que ellos eran personas bastante agradables, él a veces solía ir con su madre y Hana a comer pasteles, aunque no tantas como se pensaría al considerar la calidad de los dulces, después de todo el hecho de ir a comer postres con tu madre y tu mejor amiga era un tanto vergonzoso para cualquier chico.
Pero esta vez era diferente, esta vez estaba con la adorable Kyoko. Solos, los dos. Era una fortuna que Nii-san decidiera de pronto que un programa de box que se estaba dando por las televisiones colocadas en las estanterías de un local cercano era más importante que cualquier otra cosa. Kyoko, al ver que su hermano no estaba dispuesto a apartarse pronto del lugar, le había hecho prometer que en cuento su programa terminara los alcanzaría en el café, Tsuna dudaba seriamente que el hermano mayor de la chica hubiera escuchado algo.
Sawada suspiró soñador.
— ¡Vaya! Pero qué bonita pareja tenemos aquí.
— ¡Hiiie! ¡A-Alex!
Kyoko observó curiosa la reacción de Tsuna y luego dirigió su atención al joven que se había acercado a ellos con una gran sonrisa en el rostro.
— Buenos días, pequeño Tsuna, veo que estas creciendo esplendorosamente—Dijo el chico y guiñó el ojo de forma cómplice. La cara de Tsuna se volvió incluso más roja si eso era posible.
—N-no…no es eso, no—Sawada estaba tartamudeando, suerte que Hana no estaba presente o terminaría con una buena reprimenda—Ella es una amiga…mi amiga Sasagawa Kyoko—Respondió el chico inmediatamente, aunque la palabra "amiga" no era algo que le agradara mucho a Tsuna tampoco quería que Kyoko pensará cosas extrañas y se alejará de él por considerarle una especie de pervertido o algo peor…
El chico mayor rio—Ya veo, bueno, es un gusto conocer a otra amiga de Tsuna, mi nombre es Alex Coletti un placer.
— El placer es mío, Coletti-San—Respondió Kyoko levantándose de su asiento para hacer una pequeña reverencia. El chico, que era mucho más grande que ellos, sonrió de forma amable. Kyoko observó fascinada los grandes ojos borgoña del chico y se preguntó cuál sería país de nacimiento.
— La verdad me siento un poco aliviado, por un momento pensé que Tsuna le estaba siendo infiel a la pequeña Hana.
— ¿QUE?
Alex rio mientras daba pequeñas palmadas en la espalda del castaño.
— Ya te dije que Hana es mi mejor amiga ¡Solo eso!
El mayor parecía incluso más divertido con los intentos de Tsuna por explicar su relación con la chica Kurokawa.
Kyoko, por su parte, sonrió de forma dulce y pensó que era agradable ver que Tsuna tuviera tantos amigos que bromeaban con él y con los cuales podía reír abiertamente. Él era un buen chico y merecía estar rodeado de personas maravillosas. Kyoko pensó, no sin sentir una punzada de envidia, en lo grandioso que sería poder tener tantos amigos como los tenía Tsuna, ya que, si bien ella era considerada la chica más popular de su escuela, no consideraba que ella tuviera muchos amigos, de hecho, fácilmente podía contarlos con los dedos y le sobrarían, es por eso que ella quería llegar a ser una gran amiga de Tsuna y de Hana ¿Era eso egoísta?
— Deja al pobre chico en paz, Alex ¿Qué no ves que esta por quedarse sin aire?
— R-Rose—Tsuna de pronto se sintió aliviado.
Kyoko observó a la chica que acababa de llegar y se había único a la charla. Era muy parecida al chico de nombre Alex, aunque sus ojos eran un poco más claro ¿Serían familia?
— Además es de mala educación hablar de las exnovias frente las actuales—Agregó la chica de nombre Rose poniendo brazos en jarra mientras dibujaba una sonrisa de satisfacción.
— ¡HIIIEEEE!—Tsuna comenzó a negar una y otra vez mientras miraba a Kyoko apenado.
Alex soltó una carcajada que llamó la atención de los otros clientes—Cierto, cierto, perdóname Tsuna.
Kyoko, por su lado, paseaba su mirada entre los presentes no muy segura si debía o no decir algo. Así que solo sonrió aunque sin evitar sentirse un poco incomoda.
— Tu nombre es Kyoko ¿No es así?—La castaña asintió—Bienvenida a "Seduzione, Tentazione e Addizione"—Dijo la chica con un perfecto acento Italiano—Siempre nos alegra el tener nuevos clientes.
— ¿Nuevos clientes?—Ambos chicos asintieron— ¿Ustedes son los dueños?—Preguntó Kyoko mientras su mente procesaba el hecho de que ambos jovencitos estaban vestidos con elegantes trajes negros propios del staff de un café, color que si bien era clásico entre los meseros parecía resaltar por el cabello chocolate y los ojos borgoña de los hermanos.
— Dueños y anfitriones—Respondió Alex con cierto orgullo.
— ¡Eso es increíble! Ustedes son tan jóvenes…
Alex sonrió de forma melancólica—Nuestros padres fallecieron hace unos años así que…
—Deberías dejar de parlotear y volver a tu puesto, hay clientes esperando—Advirtió Rose dando un codazo a Alex mientras hacia un ligero gesto con la cabeza, el chico asintió con la sonrisa torcida y con otro guiño se despidió de Tsuna y Kyoko para regresar a su puesto detrás de la caja.
— Rose—Dijo Tsuna con voz baja—Kyoko-Chan no…
— Olvídalo—Respondió la chica y relajando el entrecejo, dibujó una deslumbrante sonrisa— ¿Ya decidieron que van a tomar?
— ¡Ha, si!—Respondió Kyoko dando un pequeño brinquito en su asiento y entre tartamudeos y el sentimiento de vergüenza danzando en la boca de su estómago pidió un té de canela y un pastelillo de jalea dulce.
— Enseguida se los traigo—Dijo Rose—Te van a encantar—y con una sonrisa dedicada a Kyoko se dirigió a donde Alex.
— Si…—Respondió Kyoko con voz baja.
— Kyoko-Chan… no te pongas triste, tu no sabías nada así que…
— Lo sé… es solo que debe ser un tema difícil de hablar y yo removí esos sentimientos—La chica volvió su mirada donde Rose estaba atendiendo a otros clientes.
Hana le había dicho en alguna ocasión que debía de ser más consciente de su entorno ya que muchas veces podía actuar o decir cosas que podían afectar de manera desagradable a otras personas. Kyoko hasta el momento pensaba que sonreír y ser amable era más que suficiente para tener una buena relación con los demás sin embargo como Hana bien le había dicho, la cortesía no era suficiente, el tener tacto y saber leer el ambiente también era necesario. Kyoko suspiró. Era realmente admirable que ambos hermanos se apoyaron mutuamente para salir adelante, Alex, siendo el mayor con quizás veinte años de edad era ciertamente quien tenía la mayor parte de las responsabilidades sobre su hombro, sin embargo, el ver a Rose, quien tendría la misma edad que Tsuna y ella, esforzarse tanto por ser de ayuda como mesera en el café era admirable, Kyoko no estaba segura de tener la fuerza suficiente para seguir adelante si algo malo le sucediera a sus padres.
— Ellos son realmente geniales—Dijo la chica con una sonrisa, Tsuna asintió aliviado al ver que la mirada de Kyoko volvía a recuperar su brillo.
— Así es, por eso hay que asegurarnos de hacerles saber cuan deliciosos son sus postres y…bueno…podríamos venir en alguna otra ocasión si tú quieres—Dijo el chico con las mejillas sonrosadas.
— ¡Si! Estoy segura de que a Nii-san también le encantarán, después de todo son los postres que Hana-Chan y la madre de Tsuna-Kun tanto disfrutan.
— N-no… yo a lo que me refería…es decir… tú y yo…
— ¡La próxima vez hay que venir todos juntos!—Exclamó Kyoko animada.
— Pero yo…yo…—Tsuna suspiró—Si, Kyoko-Chan, la próxima vez vendremos juntos.
— ¡Sí!—Respondió Kyoko mirando a ambos hermanos que reían entre ellos. Ella trabajaría duro para ser mejor persona. Así sería.
Por su parte, Tsuna lloraba internamente.
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— ¡Oh! He escuchado muy buenos comentarios de este lugar.
—Yo también, mi hermano viene aquí con sus amigos casi todos los viernes después de clase.
— Mi hermana también, pero solo porque el chico que le gusta es el hijo del dueño ¿Tú ya habías venido aquí antes, Hana-Chan?
Hana, quien miraba el local frente a ellas con especial interés negó con un pequeño gesto—No, una amiga me recomendó mucho este lugar. Ustedes decidieron que me invitarían a comer sushi así que pensé que un lugar barato pero delicioso era lo mínimo que podía buscar, espero que todas esas recomendaciones sean ciertas.
— Lo serán, o de lo contrario mi hermano no se gastaría gran parte de su dinero aquí.
— Lo de comer Sushi es parte de nuestra tradición después de cada competencia pero…-Dijo otra de las chicas, mientras sus ojos se dirigían irremediablemente a la mano vendada de Hana. El torneo sería dentro de un mes y el equipo de Gimnasia estaría fuera todo un fin de semana por los eventos, Hana, aunque también era parte del equipo, la capitana en realidad, no asistiría ya que su nombre no estaba dentro de la lista de participantes. Ninguna de los miembros, incluyendo a la entrenadora le agradaba dejar a Hana fuera pero era una de las reglas. Todas sentían injusto que siendo Hana una de las mejores no fuera capaz de demostrar su habilidad por culpa de la lesión causada por aquellos matones.
— Dejen de hablar y mejor entremos, tengo demasiada hambre—Dijo Hana cuando se dio cuenta que todas la miraban con pena. La verdad se ha dicha, el no participar en el torneo era algo que no le molestaba de sobremanera, en esos momentos tenía cosas más importantes en la cabeza que ganar un bonito premio.
Las jovencitas asintieron regresando a su actitud animada y entraron al local el cual no tenía tanta clienta como pensaban que tendría. Hana, inmediatamente se dirigió a la barra, cosa que extrañó a más de una ya que pensaban que Hana preferiría tener un poco más de privacidad y escoger una mesa aparte, más nadie dijo nada y siguieron ansiosas a su capitana.
— Oh, muy buenos días, señoritas—Las saludó un hombre detrás de la barra de sushi quien tenía una gran sonrisa y un aura amable.
— Buenos días, Oji-San—Respondieron todas con ánimos renovados. El hombre amplió la sonrisa.
— ¡Que niñas más alegres! Pero de alguna forma me hacen sentir más viejo de lo que soy—Las niñas rieron ante el comentario— Bueno ¿Qué les gustaría probar?
— Es la primera vez que comeremos aquí ¿Alguna recomendación?—Intervino Hana antes de que alguien hiciera algún comentario. El hombre la miró con una sonrisa en la cara sin evitar pensar que ella tenía un brillo bastante granuja danzando en su oscura mirada.
Tsuyoshi Yamamoto era tal y como Hana lo había idealizado, un hombre amable quien, a pesar de tener una apariencia bastante promedio y desenfadada, poseía también un aura atractiva que hacía que no dejaras de observarlo una vez que estabas cerca de él. Ciertamente era muy parecido al Yamamoto Takeshi que Amano presentó para el Arco del Futuro.
— ¿Es así? Entonces creo que les haré el especial del día, es barato y delicioso—El hombre sonrió con orgullo y comenzó a preparar todo después de que las chicas aceptaran entusiasmadas.
Hana observó con interés cada movimiento del mayor de los Yamamoto, ella ya sabía que aquel hombre era muy habilidoso, sin embargo, verlo en vivo era verdaderamente un espectáculo, incluso, los otros clientes que estaban disfrutando de sus respectivas comidas habían hecho una pausa a sus conversaciones para fijar la mirada en Yamamoto-San. Hana Sonrió ¿Quién diría que ver como se hacía sushi sería tan interesante?
— Es por eso que Hana-Chan quiso sentarse en la Barra ¡Ver como hacen todo de cerca es impresionante!—Exclamó una de ellas removiéndose inquieta en su asiento.
— Wow ¡Oji-San es realmente impresionante!
El hombre rio—Oh, muchas gracias, pequeña, es bueno saber que aún no pierdo el don de impresionar a mis clientes.
El grupo de chicas rio.
Inmediatamente Yamamoto-San sirvió a cada una un plato y colocó el Sushi frente a ellas para que se sirvieran a su gusto, así, entre risas y comentarios graciosos comenzaron a comer. Hana recorrió el lugar con la mirada, no era un local especialmente grande y era bastante sobrio para ser un restaurant familiar, según la información que había recibido de L sobre la familia Yamamoto, la madre del futuro guardián de la lluvia había fallecido debido a un tumor cerebral cuando éste tenía solo nueve años, debió ser difícil, pensó Hana, sin embargo la relación entre Takeshi y su padre siempre había parecido agradable y sana, era por eso que ella no entendía el como la idea del suicidio se había cruzado en la mente del chico ¿O habría sido solo la forma que tuvo Amano para darle drama al encuentro entre Tsuna y su guardián? Hana esperaba que hubiera sido eso.
— ¡Esto es delicioso! Cuando ganemos las Regionales hay que regresar aquí a festejar.
— ¡Secundo la noción!—Respondió la más pequeña de todas mientras disfrutaba del sabor del sushi en su boca.
— Oh ¿Van a ir a un torneo?—Preguntó Yamamoto-San quien volvía a su puesto detrás de la barra después de ir atender una mesa.
— ¡Si! Es dentro de un mes, no deberíamos estar comiendo esto pero ¡ES DELICIOSO!
Yamamoto-San rio.
— Usted debe estar siempre muy ocupado, muchas personas me recomendaron venir aquí ¿Cómo hace para atender a tanta gente usted solo?—Preguntó Hana, desde que habían comenzado a comer mucha más gente había llegado así que la pregunta no estaría fuera de lugar.
Las demás chicas solo observaron a Hana atentas, era raro que ella usara un tono tan inocente para decir o preguntar algo y normalmente cuando lo hacía era porque esperaba obtener algo. Hana era una buena chica pero podía ser un poco controladora.
— Mi hijo me ayuda muchas veces así que no es un problema—Dijo Yamamoto con orgullo—Él no se encuentra en este momento ya que tenía una exhibición de Beisbol para el festival de su escuela pero ya debería estar en camino.
— ¿Beisbol?—Preguntó otra de las chicas con interés—Eso es extraño, normalmente los chicos de nuestra edad están más interesados en el Karate o el futbol.
— Eso es cierto, me pregunto por qué—Dijo el hombre dibujando una amplia sonrisa mientras las chicas hacían comentarios variados sobre la extraña obsesión que tenían algunos chicos con el futbol.
Hana tomó un sorbo de su bebida y asintió mentalmente. Yamamoto Takeshi, por lo que había dicho su padre, llegaría en cualquier momento, esta vez logaría verlo cara a cara, durante todo un mes había ideado uno tras otro plan para hacer que él y Tsuna se encontraran pero siempre, cuando parecía que las cosas estaban yendo por buen camino algo pasaba y sus planes reventaban cual burbujas de jabón. Cansada de eso había decidido presentarse personalmente con Yamamoto pero eso tampoco había funcionado, tampoco importaba si recorría los sitios que, en teoría, el chico frecuentaba ya que ella nunca lograba dar con él, una vez incluso había pedido sushi a domicilio ya que sabía que era Yamamoto quien hacia las entregas pero su sorpresa fue evidente cuando quien apareció por su casa no había sido él sino otro chico de cabello cobrizo.
Hana sonrió. Esta vez, sin embargo, no había duda, ella lograría encontrarse con Yamamoto y después….bueno, después tenía que usar la triste historia de "No puedo ir a las regionales así que vengo a desquitar mis penas con sushi" para volverse una cara conocida. Sonaba como a un plan tonto y poco inteligente, pero considerando que no iban a la misma escuela eso era lo más adecuado para comenzar una relación, incluso si esta era solo superficial. Al menos, por ahora.
Se llevó otro sushi a la boca y se dispuso a esperar.
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— ¡SAWADA!
Tsuna dio un exagerado brinco en su asiento mientras dirigía su mirada a la entrada del café. Lo que vio se describiría fácilmente como un Sasagawa Ryohei doblemente emocionado, Tsuna casi podía ver fuego salir de su mirada. Eso, definitivamente, era mal presagio.
— Nii-san ¿Por qué tardaste tanto? ¡Tsuna-Kun y yo ya ordenamos!—Exclamó Kyoko en cuanto vio a su hermano entrar con paso decidido, sin embargo Ryohei parecía ignorarla, o quizás simplemente no la escuchó, el rubio jovencito tenía la mirada fija en Sawada y no parecía importarle nada más. Tsuna lo miró nervioso.
— Lo he encontrado, Sawada—Dijo Ryohei tomando por los hombros al castaño con más fuerza de la que usaba normalmente.
— ¿Qué fue exactamente lo que encontraste, Nii-san?—Preguntó Tsuna con un escalofrío en la espalda, algo le decía que lo estaba por escuchar no le iba a gustar.
— He encontrado nuestro santuario ¡AL EXTREMO!—Exclamó Ryohei levantando el puño hacía el cielo. Kyoko y Tsuna lo miraron confundido— ¡Vamos, no hay que perder tiempo!—Y así como entró al café salió de ahí pero esta vez arrastrando a Tsuna con él.
— Nii-San ¡Espera! ¿A dónde vas? ¡Tsuna-Kun! —Exclamó Kyoko mientras veía ambos chicos salir a toda prisa del café. La menor de los Sasagawa miró avergonzada a Rose quien en ese precisamente instante acababa de llegar con los postres que ella y Tsuna habían pedido.
— ¡Hiiie! Espera, Ryohei-Nii ¿A dónde me llevas?—Exclamó Tsuna mientras daba tras pies debido a la fuerza y prisa con la que el rubio lo iba arrastrando por la calle.
— A la escuela de boxeo—Dijo Ryohei alzando una y otra vez su puño al cielo.
— ¡Oh! A la escuela… ¡¿A la escuela de Boxeo?!
— Si, un sabio-anciano-monje del boxeo me dio esto—Dijo el rubio dándole a Sawada un volante amarillo que anunciaba un centro de Boxeo—De nada sirve un enorme potencial si no se pule de la manera adecuada ¡Hay que sentar las bases, AL EXTREMO!
— Nii-san, quien te dio esto no fue un sabio-anciano-monje del boxeo sino un repartidor de volantes ¡Y yo no quiero entrar a ninguna escuela de Boxeo!
— ¡Entremos juntos a la escuela de Boxeo!
— ¡Ya dije que no!
— ¡AL EXTREMO!
— ¡Que no!
— ¡Nii-san, Tsuna-Kun, espérenme!—Gritó Kyoko mientras intentaba dar alcancé ambos chicos quienes estaban por llegar a la esquina, había tenido que pagar los postres y bebidas que Sawada y ella no habían podido ni siquiera probar así que esperaba que su hermano tuviera una muy buena explicación sobre su comportamiento ya que debido a eso se había quedado prácticamente sin dinero, era una fortuna que Tsuna y ella hubieran comprado los boletos de cine con anticipación. Kyoko terminó de guardar su cartera en su bolsa la cual estaba mal acomodada sobre su hombro debido a las prisas que tenía y aunque sabía no era su culpa se sentía mal por lo que había sido prácticamente un desprecio a los hermanos Coletti. Kyoko suspiró.
— ¡Dame eso niña!
— ¡Kyoko-Chan!—Exclamó Tsuna a todo pulmón cuando vio con horror como un sujeto no solo había arrebatado el bolso a la chica sino que la había empujado con fuerza causando que la castaña golpeara violentamente contra la pared de uno de los locales. Tsuna sin ser consiente había logrado soltarse del fuerte agarre de Ryohei quien al percatase segundos después de lo que había ocurrido se lanzó a correr detrás del ladrón mientras Tsuna se encargaba de auxiliar a Kyoko.
— ¡Detengan a ese tipo! ¡AL EXTREMO!
El tipo miró de reojo al rubio que lo seguía a muy poca distancia, apretó los dientes y aumentó la velocidad. Sabía muy bien que el bolso de esa niña no debía de tener nada demasiado valioso, sin embargo, conseguir dinero en la ciudad se había vuelto bastante complicado desde que ese maldito grupo vigilante se había comenzado a formar bajo el mando de alguien llamado Hibari Kyoya, quien, según los rumores, era un hombre experimentado y curtido en batalla que controlaba a sus hombres con fuerza bruta. Eso decían los rumores, claro está, nadie había visto al supuesto Hibari hasta el momento, o al menos no había nadie que después de enfrentarse a él pudiera dar un testimonio coherente sin gritar cual nena por el miedo. Así que cuando se prestaba una oportunidad, por más pequeña que fuera había que aprovecharla, aun si eso significaba robar el cursi bolso rosa de una niña de primaria. Como quitarle un dulce a un bebé. Esa frase nunca había sido tan cierta.
— ¡Detente, Al EXTREMO!
Vaya que ese enano era persistente, pensó el maleante dirigiéndose a toda prisa hacia el parque donde se estaba llevando a cabo un pequeño festival de alguna escuela, por lo que habría suficiente gente como para despistar a ese niño y así perderlo de vista. Todo era tan fácil que daba risa. Ahogó una risilla y comenzó correr entre la multitud, poco a poco la voz del rubio se hacía cada vez más lejana y el maleante se sentía más seguro.
— ¡Cuidado!
— ¡Hey!—Exclamó el maleante perdiendo brevemente el equilibrio cuando esquivó una pelota que pasó justo a su lado. Chasqueó la lengua y apretó su agarre en la bolsa rosada entre sus manos— ¡Pero que mier…!—Otra pelota golpeó justo entre sus piernas causando que cayera al suelo, gruñó ante el dolor.
— ¡Te encontré!
El maleante apretó los dientes al ver como el niño rubio que lo seguía estaba a unos metros de él, se levantó rápidamente e intento tomar a bolsa rosa que con la caída había salido volando a unos pasos de él, sin embargo, cuando intentó tomar de nuevo el bolso otra pelota aterrizó demasiado cerca, a nada de golpear su mano. El maleante maldijo y decidió que no valía la pena ser arrestado así que sin pensarlo mucho salió corriendo dejando la bolsa detrás.
No pasó mucho tiempo antes de que el maleante se perdiera entre la multitud.
— Ja ja ja, eso fue increíble ¡Excelente puntería como siempre!—Exclamó un pequeño niño de cabello castaño mientras daba saltitos de emoción.
— Ese tipo no supo que fue lo pasó—Dijo otro niño de grandes ojos verdes entre risas y gestos exagerados.
Un coro de risitas se escuchó entre muchos comentarios divertidos, era un grupo de varios niños que platicaban animosamente y refiriéndose con mucho emoción sobre uno de ellos en particular.
— Esto no parece ser algo que use un hombre adulto—Dijo uno de los niños que parecía ser el más calmado aunque tenía una amplia sonrisa en el rostro.
— Sí, es cierto, es demasiado rosa…—Rio otro mientras observaba la pequeña bolsa que el más alto tenía entre sus manos.
— ¡Hey!
Los niños volvieron la mirada hacia un chico un par de años más grande que ellos que se acercaba dando largadas zancadas.
— ¿Es tuyo?—Preguntó el chico que tenía la bolsa rosa entre sus manos, otros niños rieron ante el hecho.
— ¡Esa es la bolsa de Kyoko, la consiguieron, AL EXTREMO!—Asintió Ryohei con energía.
El más alto de ellos amplió la sonrisa mientras devolvía la bolsa a Ryohei.
— ¡Nii-san!
— ¿He? ¡Kyoko, Sawada!—Exclamó el rubio agitando el brazo para llamar la atención de los dos castaños que lo estaban buscando entre la multitud.
— Nii-san ¿Estas bien?—Preguntó inmediatamente Kyoko, Ryohei asintió y ella no pudo evitar suspirar aliviada— ¿He? ¡Recuperaste mi bolsa!
— No fui yo, fueron ellos—Dijo Ryohei haciendo un gesto hacia los chicos que los saludaban con sonrisas y gestos de forma cortes.
— Muchas gracias por su ayuda—Dijeron Kyoko y Tsuna al mismo tiempo, haciendo una ligera reverencia.
—No tienen que agradecernos, fue Yamamoto quien lo hiso todo.
— Así es, cuando escuchó que alguien pedía que detuvieran a ese sujeto con mala pinta, Yamamoto saltó a su encuentro y comenzó a batear en su dirección ¡Fue genial!
— ¿Batear?—Preguntó Tsuna observando con mayor atención a los chicos. Todos ellos estaban vestidos con el mismo uniforme pero solo el que llamaban Yamamoto tenía entre sus manos un bat— ¡Ustedes juegan Béisbol!—Exclamó el castaño, sintiéndose estúpido al siguiente segundo cuando todos comenzaron a reír por lo obvio del comentario.
— ¡ESO ES EXTREMO!
— ¿Yamamoto-Kun, verdad?—Preguntó Kyoko y el chico asintió con una sonrisa—Muchas gracias por ayudar a mi Nii-san—Agregó haciendo una reverencia.
— Ma, ma ~ no hay nada que agradecer—Dijo Yamamoto llevándose la mano al cuello.
— Ooooh, ella es muy mona, Yamamoto, deberías pedirle una cita—Dijo uno de los chicos del equipo de beisbol mirando embelesado a Kyoko.
— ¡Hiiie!
— ¡Oh! ¿Ella es tu novia?—Preguntó el mismo chico a Tsuna quien se había puesto alerta ante el comentario.
Sawada negó varias veces y Yamamoto rio divertido.
— No te preocupes, Kaito solo estaba bromeando.
El chico de nombre Kaito negó, Tsuna volvió a chillar cual niña mientras los hermanos Sasagawa miraban a todos sin entender muy bien de que iba todo. El grupo de niños del equipo de Béisbol comenzaron a reír.
— ¡Yamamoto es realmente EXTREMO! Debería de unirse a la escuela de Boxeo—Dijo Ryohei con una seriedad tal que resultaba cómico.
— He…Nii-san, deja de decir esas cosas—Dijo Tsuna haciendo un gesto para que Yamamoto y los demás no lo tomarán tan enserio, si esos chicos eran parecidos a sus amigos, el solo decir algo como unirse a otro deporte que no era el que ellos practicaban podía ser equivalente a un insulto.
— ¿Box?—Preguntó uno de los chicos torciendo la mueca. Tsuna se tensó ante las reacciones parecidas que hicieron los demás miembros.
Yamamoto rio—El Box parece genial pero en este momento estoy en el equipo de Béisbol—El moreno se encogió de hombros.
— Es cierto, además Yamamoto es nuestra estrella ¡No se los daremos!—Exclamó Kaito arrugando el entrecejo mientras se ponía delante de Yamamoto intentando cubrirlo de las miradas con su cuerpo, cosa en vano ya que Yamamoto era mucho más alto que él.
— Podría hacer ambas ¡AL EXTREMO!
— ¡Nii-san!—Exclamaron al mismo tiempo Tsuna y Kyoko.
Yamamoto quien parecía divertido con la situación soltó una risotada.
— No, no, A Yamamoto solo le gusta el Béisbol—Intervino otro seguido de otro más.
Entre cada intervención alguien decía un comentario gracioso y se deshacían en risas. Tsuna pensó que la situación era bastante curiosa, después de casi sufrir un paro cardiaco al ver como Kyoko era lanzada tan bruscamente por ese maleante ahora se encontraba disfrutando de un momento agradable con un grupo de chicos que si bien nunca había visto antes le parecían realmente agradables. El castaño observó el rostro de cada uno de los presentes, debían tener su misma edad y sin embargo todos parecían realmente motivados con el deporte, no tan "Al extremo" como el propio Ryohei pero era increíble el esfuerzo que parecían dedicarle al beisbol, ellos lucían felices. Quizás era por eso que Hana le insistía tanto en que se inscribiera en algún club extra-escolar. Tsuna sonrió y, mientras pensaba que el estar en entrenamiento con Sonomi-Sensei era casi como un Club (donde solo él era miembro) sus ojos se encontraron con los de Yamamato quien al darse cuenta sonrió de forma amplia, Tsuna devolvió el gesto, sin embargo, una vocecilla en alguna parte de su cabeza le dijo que Yamamoto no estaba bien.
Tsuna borró la sonrisa de su rostro y apretó los puños ¿Por qué?
Yamamoto, quien había permanecido observando al castaño se dio cuenta del cambio de gestos en el chico, lo observó con curiosidad y un extraño sentimiento comenzó a danzar en la boca de su estómago ¿Por qué?
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En otro lado de la ciudad, Hana recibió un mensaje que se leía: "Felicidades, Kurokawa-Sama". La azabache levantó una ceja un tanto confundía mientras daba a la opción "Ver imagen" e inmediatamente una línea se dibujó entre sus cejas. En una de las 3 fotos que había recibido junto al mensaje y las cuales no eran precisamente de la mejor calidad, se veía a un grupo de chicos platicando en algún parque de la ciudad, se veían animados y relajados entre ellos pero lo que llamó la atención de Hana fue que justo en el centro de ese grupo, frente a frente, se encontraban Tsuna y Yamamato Takeshi. Hana torció la mueca.
— ¿Ocurre algo malo, pequeña?—Preguntó Tsuyoshi Yamamoto a Hana con una pequeña sonrisa ladina.
Hana negó con una sonrisa igual—Nada importante, Oji-San—Respondió—Solo que no me gustan que me roben las primicias.
El Yamamoto mayor no entendió a qué se refería la chica pero aceptó la explicación junto a una risilla, le parecía divertido que una niña de la edad de su propio hijo se comportara de esa forma tan misteriosa, en aquella media hora que tenía de estar hablando con ella era evidente para él que la niña lo estaba, de algún forma, estudiando. Lo cual resultaba gracioso de pensar. Quizás, decía una parte de su cerebro, la pequeña azabache era una de las admiradoras de su adorado Takeshi ya que si bien ella no preguntaba una y otra vez por él, las únicas ocasiones en la que lo hiso había sido bastante directa, demasiado, se dijo Tsuyoshi, demasiado para alguien que no conocía a Takaeshi.
Yamamoto-San la miró con cariño, Kurokawa Hana era una niña linda, sin embargo era demasiado "ruda" para su hijo. Aunque quizás esa no fuera la palabra adecuada y, hasta donde sabía, Takeshi no estaba interesada aún en las niñas.
— No se preocupe, Oji-San—Dijo una de las chicas, la más pequeña del equipo de Gimnasia—Hana-Chan suele decir ese tipo de cosas divertidas.
— Hana-Chan a veces me da miedo—Dijo otra haciendo exageradas muecas de terror causando la risa de las demás.
Hana dibujó una sonrisa de lado mientras se llevaba un rollito de Sushi a la boca. Los recientes acontecimientos, pensó Hana, bien podían ser muy buenos o muy malos. Ella realmente no se había planteado la idea de que Tsuna y Yamamoto fueran a encontrarse antes de la línea original del manga, al menos no, sin necesidad de que ella interviniera y la idea, se ha dicha, era un tanto problemática, considerando que Vongola aún no planeaba hacer ningún movimiento en la vida de Sawada Tsunayoshi y no tendría por qué darse esos encuentros antes de tiempo, pero Hana no era idiota, claro sabía que muchas cosas de la historia original estaban por cambiar pero que algo tan pequeño como el (aparente) feliz encuentro entre ese par ocurriera sin que ella se enterará (interviniera) no la hacía feliz. Hana suspiró y pidió otra porción de sushi. Ese Yamamoto Takeshi se había estado escapando de su radar desde que ella decidió que era momento de hacerlo parte de la vida de Tsuna, no importaba cuanto ella tratará de reunirlos en un mismo lugar, Yamamoto simplemente parecía resistirse a seguir todo lo que ella había planeado. De forma inconsciente Yamamoto Takeshi se estaba rebelando a ella, lo cual era divertido, frustrante pero divertido, especialmente porque hoy, justo cuando ella ideó primero conocer personalmente a Yamamoto y luego presentárselo a Tsuna, resultaba que estos dos….Hana arrugó el entrecejo.
Oh, ella no estaba nada feliz con este acontecimiento.
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¡Hola, Fandom de Reborn!
He aquí un capitulo bastante largo pero tenía tantas cosas en la cabeza que no sabía cuales escribir y cuales no pero debo decir que el resultado me ha gustado y espero que a ustedes tambien.
Esta vez hemos introducido otros OC´s y espero que sus respectivos "dueños" esten felices con el resultado de no ser así sientanse libres de mandar consejos o alcaraciones con respecto a las personalidades de sus PJ. No teman que no muerdo ¡Lo juro! XD
