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Tercer Objetivo: Dango
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Kyoko sonrió de forma dulce mientras servía el té a los jovencitos que la miraban completamente fascinados y no se les podía culpar, la menor de los Sasagawa vestía un bello Kimono estampado de flores de Sakura, sus ojos estaban perfectamente delineados y sus labios lucían exquisitamente rosados. Era una preciosa muñeca oriental que sin proponérselo lograba que tanto chicos y chicas por igual la admiraran y suspiraran por ella.
Ciertamente, Kyoko había nacido para ser admirada.
— Espero sea de su agrado—La joven castaña realizó una cortes reverencia y se alejó de la mesa para dirigirse donde algunas de sus compañeras de clase. Los chicos, por su parte, asintieron y sonrieron cual bobos enamorados.
Kyoko suspiró con cansancio, su turno terminaba dentro de aproximadamente una hora y lo cierto es que no veía la hora de realizar los cambios; los pies le dolían y el kimono comenzaba a picar demasiado. La idea de llevar a cabo un café tradicional había sido emocionante o al menos lo había sido hasta que la obligaron a vestir con aquel Kimono prestado el cual, lamentablemente, no había podido lavar. No solo olía a guardado sino que picaba. Kyoko volvió a suspirar, ya era pasado media día, el festival de la escuela terminaría aproximadamente a las seis de la tarde y la idea de limpiar y volver todas las cosas en su lugar era tan tentadora como la de seguir usando ese kimono por un poco más de cinco horas.
A Kyoko le gustaban mucho las actividades culturales que solía organizar la escuela, sin embargo deseaba volver a su casa lo más pronto posible.
Otro suspiro más escapó de sus labios. El Kimono seguía provocándole picazón.
— ¿Aún no llega tu novio, Kyoko?
Kyoko negó—No y no es mi novio—Contestó con un ligero sonrojo en sus mejillas.
— Aún no, al menos—Intervino otra de sus amigas—Incluso Ryohei ha dado su visto bueno.
El pequeño grupo de chicas rieron y Kyoko hiso un puchero mientras rascaba su cuello.
¡Dios, ese Kimono era insufrible!
— Si continuas rascándote de esa forma harás que tu piel se irrite y se ponga roja—Advirtió una de las chicas—Y no creo que a tu novio le gustes de esa forma
Kyoko frunció el entrecejo de forma sutil—Tsuna-Kun no es del tipo de chico que se preocupe demasiado por el físico—dijo con una ligera chispa de molestia por aquel comentario—Tsuna-Kun y los demás son personas muy amables, ellos jamás ¡jamás! Harían sentir a una personas mal solo por su físico—Exclamó Kyoko con toda la determinación de la que era capaz.
El grupo de chicas la observaron sorprendidas y con las mejillas ligeramente sonrosadas, tristemente, el pequeño monologo de Kyoko había caído en oídos sordos; aquella jovencitas estaban más conmovidas por la adorable estampa que Kyoko era en ese momento con sus grandes ojos vidriosos y las mejillas carmín, que por la sorpresiva determinación que estaba mostrando la menor de los hermanos Sasagawa.
No tienes que sonreír y asentir todo el tiempo, Kyoko, si tienes algo que opinar entonces hazlo. La voz de Hana resonó en los oídos de la pequeña castaña, animándola a decir lo que pensaba, quizás aquel pequeño consejo había sido dado durante un paseo en fin de semana mientras discutían que película sería mejor ver en el cine, sin embargo, también podría aplicarse a muchos otros aspectos de su vida ¿no?
Kyoko asintió con determinación—Ellos son grandes personas y son mis amigos—Exclamó con las manos entrelazadas sobre su pecho y con el ceño fruncido.
Silencio.
Tanto las chicas como otros estudiantes que estaban cerca de ellas observaron a Kyoko con sus rostros volviéndose carmín.
— Awwww—exclamaron al unísono. Kyoko sintió algo removerse de forma desagradable dentro de ella mientras una de sus amigas la abrazaba melosamente.
— Kyoko-Chan, eres la niña más adorable de todo el mundo.
— Con la emoción de conocer por fin al novio de Kyoko se me había olvidado "el gran problema"
— Cierto…
— ¿Problema?—Preguntó Kyoko— ¿Cuál problema?
— ¿Cuál problema?
— ¡Kurokawa! Ella es el gran problema
— Hana-Chan no es ningún…
— Nadie se cree ese papel de "hermana mayor"
— Huele a peligro
—…pero Hana-Chan no…
— No te preocupes, Kyoko-Chan, tu protection squad se hará cargo de todo ¡Déjalo en nuestras manos!
— pero…
— Nosotras te protegeremos—Exclamó la mayor de ellas y las cuatro abrazaron de forma sofocante a Kyoko.
La menor de los Sasagawa dibujó una sonrisa tensa y tragándose sus palabras, asintió.
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— Y yo tengo que ir porque…
— Porque Kyoko-Chan nos ha invitado a todos—Exclamó Tsuna por décima vez en el día.
— ¿A todos?
— ¡A todos!
Hana torció la mueca—Eso sigue sin explicar por qué tengo que ir.
— ¡Hana!
— ¿Qué? No hay ninguna ley o mandamiento que diga que tenga que aceptar cada invitación que me hacen.
— Hana… ¿en serio?
La chica se encogió de hombros—Creí que preferirías pasar tiempo a solas con ella
— Y no lo niego—Murmuró el chico con las mejillas sonrosadas—Pero Kyoko quería que sus amigos fueran al festival de su escuela
— ¿Amigos?
— Si….amigos—Lloriqueó Tsuna
Ella arrugó el entrecejo. La azabache era consciente de la (si le preguntaban a ella) extraña relación de amistad que existía entre Hana y Kyoko en el manga, sin embargo, ella tenía poco interés en mantener dicho canon. Su plan original era mantener a la menor de los Sasagawa como un personaje incidental dentro del drama que era la vida de Tsuna, claro está, que las cosas parecían no querer doblegarse completamente a sus caprichos y el futuro decimo Vongola había terminado encandilado por el aspecto de muñeca que tenía la castaña—Lo único rescatable es que al menos ahora el idiota de Tsuna se muestra verdaderamente interesado en conocer a Kyoko más allá de su cara bonita —Pensó, aunque no precisamente extasiada—Habrá que enfocarse en el pan B—Resignación era lo que restaba; una resignación pensada y planeada perfectamente desde mucho antes de que se dieran los eventos.
¿Ella dar un paso sin seguro de vida? Jamás.
Y hablando de planes de contingencia.
— Cuando hablas de "todos" ¿incluyes también a los hermanos Coletti y a Yamamoto?—Preguntó, robando una poco del obento del castaño.
Tsuna hiso un puchero pero no protesto, debido al trabajo la madre de Hana no tenía tiempo de cocinar y la menor de las Kurokawa era del tipo de persona que si entraba a una cocina causaba algún incendio; así que para evitar cualquier tipo de desastre la chica solía comprar pan de melón y jugo de uva en la tienda escolar, lo cual no era una comida saludable ni en este ni en ningún otro universo. Tsuna odiaba ver a Hana comer esos panes de melón, así que todos los días se encargaba de preparar un bento extra para su amiga, lo cual no evitaba que la chica robara un par de bocados de su almuerzo.
Tsuna siempre escuchaba a otros chicos admirarse de lo poco que las chicas comían pero para ser sinceros, en sus once años de vida él jamás había visto a una chica comer "como pajarito", su madre como la de Hana disfrutaban de la comida y la propia Hana tenía un muy buen apetito, incluso mejor que el de él.
— Si, dudo que Alex-Nii pueda asistir—Dijo él arrebatando el maldito pan de melón de las manos de la chica. Hana gruñó—Yamamoto-Kun y Rose estudian juntos en Shiga así que nos verán en la entrada del colegio de Kyoko-chan y Nii-san.
— Veo que los intentos de Alex por hacer que Rose socialice más están dando frutos
Tsuna soltó una risilla—Algo así—Él jamás admitiría que tuvo que implorar a Rose para que fuera al festival. Él era muy bueno luciendo patético mientras rogaba así que la menor de los Coletti nunca tuvo oportunidad…bueno, eso y que había prometido ayudar el próximo fin de semana en el café sin recibir paga alguna.
Hana arqueó una ceja— ¿Y no te molesta la presencia de Yamamoto?
— ¿Qué?
La chica se encogió de hombros—Uhmm…ya sabes, él es alto, bronceado y guapo
— ¿Qué?
Hana soltó una risilla, Tsuna arrugó el entrecejo sin entender.
— Yamamoto es un chico muy popular entre la población femenina ¿no te preocupa eso?
— A ti te encanta meter el dedo en la llaga ¿verdad?
La chica sonrió ampliamente.
Tsuna bufó—Crees… ¿debería preocuparme?
— No si me regresas mi pan
— Ya has comido suficiente de estas cosas durante la semana
Hana rodó los ojos.
— Afortunada y desafortunadamente para ti, Kyoko es bastante lenta para estos temas y Yamamoto no parecer tener interés en nada más que el baseball—Hana ladeó la cabeza ligeramente en un gesto pensativo—o al menos, eso es lo que él quiere transmitir—Agregó con acidez.
Tsuna mordió su labio inferior—A ti…uhm…tú no…err…
Hana arqueó una ceja.
Sawada tomó aire— ¿Estas celosa?
¡No! idiota eso no era lo que tenías que preguntar.
— ¿Qué?
Idiota. Idiota. Idiota.
— ¿Por qué estaría celosa?—Preguntó Hana claramente confundida. Eso, sin duda, no lo vio venir.
Las mejillas de Sawada se tiñeron de carmín, Hana lo observaba fijamente con sus filosos ojos oscuros y entre más segundos pasaban el chico se sentía más pequeño frente a ella y su rostro se volvía de una tonalidad más rojiza.
— ¡Tú puedes Tsuna!
— ¡A por todas, Tigre!
— ¡Sé amable con él, Kurokawa, es su primera vez!
Un coro de risas rompió con la embarazosa atmosfera que se había creado entre el futuro líder Vongola y su amiga. Tsuna se levantó de golpe de la banca y comenzó a gritarle a sus amigos para que guardaran silencio, ellos, claro está, no podían perder la oportunidad de avergonzar al castaño. Hana rodó los ojos y sin darle mayor importancia aprovechó el descuido de Tsuna para recuperar su pan de melón.
Después de un par de minutos de un vergonzoso intercambio de palabras, los amigos de Tsuna volvieron a su partido de futbol a unos metros dónde ellos estaban comiendo aunque no sin dejar al castaño con un pequeño tic en el ojo y el rostro encendido.
— Idiotas—Murmuró con el corazón amartillando sus oídos.
Las amigas de Hana se encontraban en la ciudad vecina para participar en la competencia regional de Gimnasia, así que Kurokawa había pasado el receso junto a él y sus amigos, no era un hecho extraño, de vez en cuando ambos grupos de amigos se juntaban durante la hora de la comida o en fines de semana. Los amigos de Tsuna creían que las chicas eran muy lindas y las amigas de Hana que ellos eran divertidos, así que nunca había sido un problema convivir con los amigos del otro.
— Entonces…—Dijo Hana, pidiendo que se terminara de explicar, Tsuna sonrió de forma nerviosa.
Tsuna sabía que no había forma de hacer que Hana olvidara su pequeño error, ni muchos menos de encontrar una forma de explicarse a sí mismo sin avergonzarse. Sawada suspiró. El sábado pasado Nana había decidido tomar el té debajo del árbol del jardín, una costumbre que él y su madre habían adoptado a lo largo de los años haciendo de la hora del té un ritual más en la pequeña familia Sawada. Ese día en particular habían platicado sobre los nuevos amigos de Tsuna, más precisamente de Yamamoto y del extraño comportamiento que tenía Hana alrededor de él.
Nana, con una sonrisa divertida había sugerido que la razón de la actitud de Hana se debía a que ella se sentía desplazada ahora que él comenzaba a tener más amigos varones y ahora exista una niña que le gustaba, lo cual para Tsuna era ridículo, Hana no era del tipo persona que se sentiría desplazada por algo como eso, además, ellos habían sido amigos desde los cinco años, Tsuna nunca lo diría abiertamente, pero era virtualmente imposible que él pensará dejar de lado a Hana, ella más que su mejor amiga era su hermana. Pero una vez más, nunca lo diría en voz alta.
— Entre más pronto te expliques más rápido lo superaremos—Dijo Hana pasando sus delgados dedos entre los mechones de cabello de una de sus largas coletas.
Tsuna asintió derrotado y se dejó caer en la banca una vez más—A ti...—Suspiró— ¿Por qué te desagrada Yamamoto-Kun?—Preguntó sin más ceremonia y Hana volvió su mirada de nuevo hacia él.
— ¿Por qué piensas que no me agrada?—Preguntó Hana inclinando su cuerpo ligeramente hacia él junto el fantasma de una sonrisa danzando en sus labios.
Tsuna se mordió el labio inferior y después de un momento respondió—Siempre lo estás mirando—Hana gruñó y Tsuna agitó las manos de forma desesperada—N-no intento decir que sea extraño….bueno, es extraño ¡Pero no quiero decir que signifique otra cosa!—El chico gritó con el rostro rojo y la respiración agitada. Hana soltó una risilla y con un gesto le invitó a continuar.
El castaño tragó saliva—Siempre estas cuestionando lo que dice y hace Yamamto-Kun, nunca de forma directa ¡No! Pero lo haces, dudo que él lo haya notado eres buena para sacar información a la gente sin que se percaten de lo que quieres y es eso ¡Eso! ¿No confías en él? Puedo decir que hay algo que no te gusta de él. Cuando estamos todos juntos te muestras a la defensiva, como esperando algo, como si lo evaluaras ¡SI! ¡Eso es! Estás evaluando a Yamamoto.
Sawada respiró hondo y miró a los ojos a la chica—…quiero decir, hay algo más…algo—Hana arqueó una ceja—no estoy seguro de qué es pero siento que algo de él te molesta—Tsuna negó rápidamente—quizás lo estoy pensando demasiado pero a veces…a veces no te entiendo…bueno, sí, no, digo…—El castaño bufó.
— Creo que aquí hay algo más que solo mi aparente animosidad contra Yamamoto—Advirtió Hana con un tono juguetón y dibujando una sonrisa sincera.
Tsuna se encogió de hombros—Lo hay—Contestó después de un momento sonriendo tímidamente. Hana asintió.
Nozomi-Sensei había estado insistiendo desde el primer día en que Sawada viera más allá de lo evidente*, que dejará de depender de sus ojos y apelara a sus sentidos, objetivo nada fácil considerando lo distraído que él solía ser con su entorno, sin embargo ahí estaba, después de pensarlo varias veces por fin tendría esa charla con Hana; quizás la escuela no era el lugar apropiado ni durante el receso el momento ideal pero el tema ya estaba en la mesa y él no podía retroceder, no quería hacerlo. Mientras Tsuna parecía ordenar sus pensamientos Hana pensaba en cómo enseñar al joven Vongola a usar la paciencia como fiel compañera de su tan famosa intuición.
Tsuna tomó aire y prosiguió.
— ¿Es esto una confesión de amor o algo así?
— ¡Hiiiee!—Exclamó Tsuna, levantándose de golpe. En medio de ambos se había inclinado la pequeña figura de Maya, con los mofletes inflados y arrugando el entrecejo.
— O algo así—Contestó Hana sonriendo de lado. La pequeña niña abrió los ojos de par en par e inmediatamente se sentó en medio de ambos; tanto Tsuna como Hana tuvieron que retirar rápidamente sus bento para que la niña no se sentará sobre ellos.
— Maya… ¿Qué estás haciendo?—Preguntó el chico.
— Escuché que las amigas de Kurokawa-San estaban de gira artística así que he venido a mostrar mi apoyo.
Tanto Hana como Tsuna arquearon una ceja.
— Lo dices como si hubieran fallecido—Advirtió Tsuna sonriendo de forma tensa.
La niña se encogió de hombros—La vida de los famosos suele ser dura y corta.
— ¡Maya!
— ¿Qué? ¡Es cierto!
Hana rodó los ojos aunque sin poder evitar una pequeña sonrisa en el rostro, Tsuna se golpeó la frente con la palma de su mano.
— No deberías decir ese tipo de cosas, es de mal gusto.
— Okay…
—...Maya—Dijo Tsuna mirando a la niña con los ojos entrecerrados—Hana y yo estábamos hablando de algo importante.
— Si no era una confesión entonces no interrumpo nada ¡Adelante! Pueden continuar su charla
— Maya…—Gruñó Tsuna, Hana estaba por terminar de comer su bento. El chico suspiró derrotado al darse cuenta de que no podrían seguir con su plática, se sentó nuevamente y terminó de comer. Maya sonrió ampliamente.
— Estaba pensando—Dijo la niña llamado la atención de los mayores—Que después de la escuela podríamos ir a jugar videojuegos o por un helado ¡Kurokawa podría acompañarnos!—Exclamó rápidamente la niña cuando Tsuna abrió la boca para responder—Así no se sentiría solita.
— Gracias, Maya—Dijo Hana con una sonrisa empalagosa. La niña asintió con una sonrisa sin percatarse de nada.
— Lo siento pero Hana y yo….
— ¡Lo prometiste!
— ¿Qué?
Maya apuntó de forma acusadora al castaño—Prometiste que hoy pasarías el día conmigo
— ¿Cuándo?
— ¡El Miércoles!
— Ha….si—Cuando quería que me dejaras a solas con Kyoko-chan. Pensó Tsuna derrotado
— Así que cumplirás tu promesa ¡Las promesas no se rompen!
— Bueno Maya, veras…—Comenzó a explicar el chico, Maya hiso un puchero mientras lo observaba de forma molesta. El chico se mordió el labio inferior—Si Maya, las promesas no se rompen.
Hana soltó una risilla, Tsuna gruñó y Maya se levantó de golpe de la banca para dar saltitos de alegría.
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El profesor Tomoda había recorrido los terrenos de la escuela al menos unas cinco veces en las últimas dos horas, había regañado a varios grupos de jovencitos que despreocupadamente habían estado jugando futbol dentro de los jardines de la escuela o que (de forma preocupante) se habían reunido en sitios solitarios de la escuela para fumar o ver revistas inapropiadas ¡Incluso había encontrado al menos un par de parejas comportándose de forma indecente! ¡Dios! El profesor Tomoda realmente odiaba los festivales escolares a puertas abiertas, él entendía muy bien el objetivo social de este tipo de eventos pero no podía ignorar los problemas que también causaban, problemas que al final él tenía que arreglar por que los demás maestros eran demasiado relajados y no veían el ataque a la buena moral y disciplina que la primaria Nami-Sur tanto se enorgullecía de profesar pero eso se debía, pensaba el maestro Tomoda, a que la mayoría de la plantilla de profesores eran aún muy jóvenes y veían a su alrededor aún con la inmadurez y deseos de diversión de su juventud.
Él entendía que era normal que algunos padres de familias, hermanos u otros familiares visitaran a los estudiantes durante las jornadas a puertas abiertas para mostrar su apoyo a los chicos en las distintas actividades culturales pero ¿por qué alumnos de grados superiores tenían permitido la entrada a la primaria Nami-sur? En su recorrido había encontrado a varios a alumnos de la secundaria de Namimori, algunas alumnas de Midori y aún más preocupante, alumnos de la escuela Kokuyo ¡Kokuyo! Los alumnos de ese instituto eran siempre presagio de problemas ¿pero que más se podía esperar de delincuentes juveniles como lo eran la gran mayoría de ese Instituto? El hombre apostaba lo que quisieran a que ninguno de esos chicos tenían hermanos pequeños u otros familiares en Nami-sur.
El Profesor Tomoda suspiró con cansancio.
Por mucho tiempo él había intentado convencer a la junta directiva de ser más estrictos con los permisos concedidos a los familiares del alumnado, de esa forma, durante los festivales escolares ellos tendrían control sobre quienes entraban y salían de las instalaciones de la escuela, sin embargo, hasta el momento nadie parecía querer escuchar y con cada generación que pasaba los buenos valores se iban perdiendo debido a que los muy jóvenes alumnos de Nami-sur eran influenciados por sus superiores ajenos a la institución con esas dañinas modas traídas de occidente.
Tomoda masajeó el puente de su nariz y luego observó por unos momentos la puerta del recién creado Comité de disciplina. Suspiró derrotado.
Hacía unos meses atrás había comenzado el rumor de que un grupo de vigilantes se estaba creando dentro de la ciudad, que el jefe era una especie de sicario, un Yakuza retirado e incluso un demonio. La verdad no era tan espectacular. No. De hecho, era espectacular considerando la real identidad del tan rumoreado líder; la forma más adecuada de decirlo era que la verdad no era tan fantasiosa. No era ni un sicario, ni un Yakuza ni mucho menos un demonio, sino un joven con posiblemente muchos problemas en casa y mal manejo de ira el que se estaba haciendo con el control de Namimori.
El anciano maestro arrugó el entrecejo ¿decir que un niño de 12 años era líder de una banda no era más un tema de ficción que algo posible? Completamente fantasioso, espectacular y fantasioso ¡Completamente sacado de un manga!
Tomada tomó aire una última vez y sin más ceremonia golpeó la puerta un par de veces. Inmediatamente un chico que lucía mayor de 12 y peinado con un tupe abrió la puerta con una sonrisa amable.
— Maestro Tomoda—Saludó el chico con una leve reverencia—Pase por favor, lo estábamos esperando.
El hombre mayor arqueó una ceja y entró al salón completamente extrañado por el comentario.
El maestro Tomoda se había imaginado muchas cosa con respecto al nuevo Comité pero sin duda no habría pensado jamás que el pequeño salón estaría tan pulcro y bien equipado ¿Era ese una cafetera express? El anciano observó el aparato por un par de segundos preguntándose dónde habrían conseguido el dinero, hasta dónde él sabía el Comité operaba con ingresos propios, principal razón por la cual el director Ishida había permitido su funcionamiento, así que la escuela no financiaba ni esa cafetera diez veces mejor que el horrible aparato que había en el salón de profesores, ni mucho menos el juego de sala de cuero colocado tan elegantemente en medio de la habitación, el escritorio de roble o la computadora que a simple vista se notaba costosa. El profesor Tomoda sintió un escalofrío recorrerle la espalda al recordar que este era el mismo Comité que estaba cobrando a la mitad de la Ciudad por protección.
— ¿Té?—Preguntó Kusakabe con una sonrisa amable mientras le ofrecía una taza humeante de té rojo y lo invitaba a sentarse en una de las sillas frente al escritorio.
Tomoda sonrió complacido. El té rojo era su preferido—Oh, muchas gracias.
— No tiene por qué agradecer, Profesor Tomoda, es lo menos que el Comité de Disciplina puede hacer por usted.
El anciano amplió su sonrisa.
— Entiendo que este debe ser un día bastante ocupado para usted.
Tomoda bufó.
— Las buenas costumbres de la escuela Nami-Sur se están perdiendo, jovencito, recuerdo que en mis tiempos el solo hecho de pensar en profanar las instalaciones era motivo de vergüenza pero en estos días—El anciano suspiró de forma dramática—…hay chicos jugando en las áreas verdes aun cuando está prohibido, cuando uno va a la biblioteca encuentra revistas inapropiadas entre los libros de filosofía y literatura y hoy ¡Hoy! A unos cuantos días de celebrar el 75° aniversario de la escuela me he encontrado con una pareja de Namimori comportándose de forma cuestionable debajo de las escaleras…
Kusakabe negó de forma reprobatoria—La disciplina es ciertamente algo cuestionable en muchas partes de la ciudad.
— Son esas modas del Occidente—Renegó el anciano y tomó un largo sorbo de su té.
Kusakabe asintió.
— El Director Ishida es un gran hombre y magnifico profesor pero al ser su último año como cabeza de la escuela ha dejado que su nostalgia tome lo mejor de él causando un terrible debilitamiento en la disciplina de Nami-Sur—El profesor dejó su taza con suma delicadeza sobre el escritorio y volvió su mirada hacía Kusakabe—Esta es una época bastante oscura para la Institución, con el cambio de poder en la dirección y con el deceso de uno de nuestros principales benefactores, ahora más que nunca la escuela no puede permitirse perder el rumbo; sus valores y disciplina son las principales características de nuestra amada escuela y deseo ¡No! Estas deben de ser conservadas sin importar que tan grande sea la influencia del mundo moderno en sus estudiantes o incluso en la plantilla de maestros.
Kusakabe volvió asentir, esta vez con un brillo danzando en su mirada—Tomoda-Sensei es alguien que tiene muy claro su objetivo, no es de extrañar que se postulara para ocupar el puesto de Director en la próxima primavera.
El hombre tosió ligeramente—Hay al menos un par de maestros de la nueva plantilla docente quienes considero pueden hacer un gran trabajo como principales cabezas de Nami-Sur algún día, sin embargo, aún son muy jóvenes—El maestro sonrió—pero tampoco soy alguien demasiado humilde así que no temo decir que en este momento soy el único capaz de volver a Nami-Sur a su vieja gloria.
— No lo dudo—Respondió el azabache asintiendo respetuosamente—Y estoy seguro que la junta directiva también lo sabe.
Tomoda tomó otro sorbo de té.
— Hay al menos alguien en la directiva que sé que lo hace. Alguien que aprecia el orden y la disciplina tanto como yo—El anciano sonrió y tomó un último sorbo de su té—Son rumores interesantes los que se escuchan últimamente en la ciudad.
Kusakabe sonrió ligeramente divertido.
— Aunque no me extraña, esa familia no sabe de limites—Tomoda negó con cierta resignación—Y aunque no comparto los métodos tan…directos de Hibari admito que parecen ser…efectivos. Akusuke-San ha informado de un notable descenso en la tasa de criminalidad.
— Tomoda-Sensei parece estar muy bien informado—Dijo Kusakabe mientras servía más té al anciano profesor quien agradeció el gesto con un pequeño asentimiento de cabeza.
— No es mi primer ruedo, Kusakabe-Kun.
El jovencito reprimió una risilla.
— ¿Hago bien en suponer que sabes a qué he venido?—Kusakabe asintió solemne—Bien, nos ahorraremos más charla innecesaria. El director Ishida ha permitido la creación del comité por las raíces de Hibari-Kun, no es extraño, yo hubiera hecho lo mismo, sin embargo en mi caso hubiera exigido tener más conocimiento de sus actividades—Kusakabe ladeó la cabeza de forma inocente—que escogieran Nami-sur como su….principal base de operaciones no me extraña, una vez más, por las raíces de Hibari, esto—Dijo el anciano apuntando a su alrededor—no es un Club Social como el director Ishida quiere creer—Tomoda suspiró—Una vez como director de la escuela les daré tanta libertad como las propias reglas de la escuela lo permitan, no intervendré en sus…actividades extracurriculares y ustedes no permitirán que estas interfieran con el objetivo pedagógico de Nami-sur.
— Interesantes propuestas, Tomoda-Sensei pero ¿Qué es lo que desea que hagamos por usted?
El hombre observó al jovencito por unos segundos y luego sonrió de forma perezosa—Ustedes son el Comité de Disciplina y quiero que empiecen actuar como tal.
Kusakabe sonrió complacido.
— Somos el Comité de Disciplina y lo haremos—Advirtió la mano derecha de Hibari con una respetuosa y pequeña reverencia.
— Perfecto —Acordó el profesor—Espero no tener que repetirme con Hibari-Kun
Kusakabe negó—Yo informaré a Hibari-San de su petición.
Tomoda-Sensei asintió una vez más y tomó un sorbo de té.
— Izuku informa a los demás. STATUS: O— Dijo de pronto Kusakabe causando un pequeño sobresalto en el profesor.
El hombre parpadeó confundido y volvió su mirada hacía el mismo lugar dónde se había dirigido el azabache. A un costado de la puerta; de pie, con la espalda recta y mentón en alto, se encontraba un pequeño niño de cabello corto. Tomoda enarcó una ceja—Izuku Mamoru… … no te había visto ¿Acabas de llegar?
El pequeño castaño sonrió, acostumbrado como estaba a que la gente nunca notara su presencia se limitó a negar con la cabeza.
— Izuku ha estado aquí desde el principio, Tomoda-Sensei—Aclaró Kusakabe de forma amable—Ve—Dijo esta vez al castaño quien asintió y con una respetuosa reverencia salió del salón inmediatamente.
— ¿De verdad ha estado aquí todo el tiempo? Oh, bueno—Dijo y tomó lo que restaba de su té—Estaré esperando buenos resultados y un informe, claro está.
— Por supuesto.
El profesor asintió y se dirigió a la salida.
— ¡Ha! y dile a Hibari-Kun que salude a su Torimitzu-Sama de mi parte.
El azabache asintió—Con mucho gusto, Tomoda-Sensei.
Con un último vistazo a su alrededor el anciano se retiró con paso lento del salón.
— Ha sido mucho más fácil de lo que pensamos, Tomoda-Sensei no es un hombre difícil de entender—Dijo Kusakabe mientras recogía la taza que había usado el profesor y la colocaba dentro de una pequeña gaveta—La vía pacífica ha resultado ser lo manera más inteligente de proceder…
Un leve gruñido se escuchó por la habitación. Kusakabe sonrió divertido.
— La banda de los Murciélagos se reunirá esta tarde en la parte noreste de la Ciudad en la antigua central de tren, así que podrá….ejercitarse como desee—Dijo Kusakabe sirviendo una nueva taza de té, esta vez de flor de girasol, la cual colocó en una bandeja junto a un pequeño plato con un par de Onigiris caseros—Hoy será un día bastante tranquilo.
Kusakabe se dirigió a la mesita de café en el centro del juego de sala dónde colocó la bandeja, con cuidado tomó la taza de té y la ofreció a la figura somnolienta de Hibari Kyoka quien se encontraba recostado en el sillón de cuero. El líder del Comité disciplinario bostezó y con pereza se sentó en el sillón para luego tomar la taza de té.
— Esta ciudad está llena de Herbívoros—Dijo el joven líder tomando un sorbo.
Kusakabe sonrió preguntándose si Hibari estaba afirmando, celebrando o quizás quejándose. Después de tantos años a lado de Hibari Kyoka, lo cierto era que aún había partes de la personalidad del chico que le costaba entender.
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Si le preguntaran directamente, la verdad era que Yamamoto Takeshi no sabía bien que estaba haciendo en aquel lugar. Lo normal era que aquellos días libres del Club de Baseball se dirigiera directamente a casa para ayudar a su padre con el restaurante y si ese no era el caso permanecía más tiempo en las instalaciones de Shiga junto a sus compañeros para jugar partidos rápidos, hoy, sin embargo, había respondido a la invitación de Tsuna…aunque lo correcto sería decir que respondió a la invitación de Sasawaga Kyoko ya que era su escuela la que estaba organizando ese festival. Y no es como si a él le molestara pasar tiempo con ellos, era solo que no entendía como había pasado de saber que ellos existían a ir al cine, pasear juntos los fines de semana e invitarlos a sus partidos en tan pocas semanas. Por su personalidad relajada Takeshi entendía que era bastante normal que la gente se sintiera a gusto a su alrededor, sin embargo y con excepción de Kaito, después de un tiempo se terminaban dando cuenta que él estaba demasiado enfocado en el Baseball y obviamente se cansaban o aburrían de la misma rutina y se alejaban de él tan rápido como habían llegado a su vida.
Eso no era un problema, en serio, él entendía, realmente lo hacía y era por eso que se sentía tan consternado al verse a sí mismo respondiendo a los mensajes de Tsuna y aceptando ir al museo, al zoológico, de picnic o cualquier otra cosa que él normalmente no haría.
Su padre, por otra parte, estaba fascinado con los recientes acontecimientos e insistía cada vez más en que invitara a sus nuevos amigos a comer un fin de semana.
Amigos.
Uhm.
— Juraría que la puntualidad es la principal virtud que enseñan en todas las familias Japonesas—Dijo Kaito cruzándose de brazos.
— Orden y puntualidad son las principales virtudes que enseñan en una familia japonesa—Respondió Rose balanceándose sobre sus puntas.
Kaito frunció el ceño y apretó sus labios hasta dibujar una sola línea, posiblemente para no hacer ningún comentario sobre la clara ascendencia extranjera de Rose.
Y he aquí otro hecho increíble. Kaito y él entablando conversación con Rose Coletti, la chica más popular del Colegio Shiba a pesar de su poca participación en cualquier evento social o cultural; un hecho bastante curioso considerando que ellos no tenían nada en común y lo cierto era que Coletti era igual o incluso menos amante de estar bajo los reflectores como él mismo. La diferencia estaba que él una vez en el "escenario" era capaz de hacer su papel e incluso de disfrutarlo, Rose, por otra parte, parecía querer fulminar a todos con sus grandes ojos borgoña.
— Ma, ma ~ estoy seguro que Tsuna y Hana no deben de tardar—Dijo con una gran sonrisa para restarle importancia al tema. Sus dos acompañantes le observaron y luego bufaron.
Yamamoto soltó una risilla.
— ¡AMIGOS DE TSUNA!
Los tres chicos volvieron su mirada hacía aquella vocecilla. Una pequeña niña se dirigía hacia ellos dando pequeños saltitos, junto a ella se encontraba Tsuna saludando con un gesto de mano y parecía estar un poco avergonzado de que su pequeña amiga estuviera gritando a todo pulmón. Kurokawa Hana, como siempre, se encontraba con su rostro sereno y su patentada sonrisa torcida. Yamamoto a veces solía comparar a la mejor amiga de Tsuna con la mona lisa, había algo inquietante y curioso al mismo tiempo en la sonrisa de Hana, era como si ella supiera algo que los demás no. Algo que no pensaba contar a nadie pero que tampoco tenía problema alguno para restregar en la cara de los demás.
Si también le preguntaran directamente, él no dudaría en decir que encontraba a Kurokawa Hana un poco (¡Solo un poco!) aterradora.
O quizás solo era la forma tan intensa en que ella solía mirarlo, como si tratará de ver dentro de él.
…
…
Aterradora.
— ¡Amigos de Tsuna! ¡Amigos de Tsuna! ¡Amigos de Tsuna! –Canturreó la niña una vez que se encontró frente a ellos.
— ¡Niña rara! ¡Niña rara! ¡Niña rara!—Respondió inmediatamente Kaito. Tanto Tsuna como Hana parecían haberse acostumbrado ya al carácter ligeramente acido del chico así que no se molestaron en reprenderlo, Rose por su parte miró a Kaito con cierta molestia, casi ofendida en nombre de la niña.
La pequeña castaña, sin embargo, pareció no importarle ya que aún mantenía su gran sonrisa.
— Muu, Kai-chan, eso ha sido cruel—Comentó inclinando ligeramente la cabeza en un gesto apenado, Kaito hiso un puchero.
— Lamentamos llegar tarde…tuvimos un pequeño contratiempo—Dijo Tsuna juntando sus manos en forma de disculpa.
— ¡Mi culpa!—Exclamó la niña
— Ya…— Masculló Kaito.
Tsuna soltó una risilla nerviosa—Bueno, será mejor ir a buscar a Kyoko-Chan, aún no es muy tarde así que estoy seguro alcanzaremos a comer varios postres
Hana tosió ligeramente e hiso un leve gesto hacia Maya.
Tsuna volvió su mirada hacia ella de forma interrogante.
Hana miró al cielo. Paciencia, señor, paciencia.
— Chicos, ella es Serenity Maya, la vecina de Tsuna, también estudia en la primaria Namimori—Dijo Hana poniendo una mano sobre el hombro de la niña. Tsuna dibujó una gran "O" con los labios cuando se dio cuenta de lo que Hana le había intentado decir de forma muda—Maya, ellos son Coletti Rose, Hiruma Kaito y Yamamoto Takeshi—Los presentó Hana mientras los señalaba respectivamente con un pequeño movimiento de su mano libre. Maya asintió.
— ¡Mucho gusto!—Exclamó la niña con una gran sonrisa. Los mayores sonrieron, dos de ellos más sinceros que el tercero.
— Habrá que hablar de tus modales—Dijo Hana a Tsuna mientras hacía un gesto con la cabeza para indicar a todos que ya podían entrar a las instalaciones de Nami-Sur.
— Habrá que hablar sobre el hecho que tú no eres mi madre—Masculló Tsuna con los mofletes inflados causando una risilla por parte de Rose y Yamamoto.
Como era de esperarse de un festival a puertas abiertas, la escuela Nami-Sur se encontraba a rebosar de alumnos de distintas instituciones además de otras personas vestidas de civil que cualquiera imaginaría eran familiares de los estudiantes de Nami-Sur. Se podían escuchar risas y platicas entusiasmadas a lo largo de los pasillos ahora decorados con grandes carteles coloridos y otros adornos llamativos que invitaban a los visitantes a pasar y probar la comida o entrar a las diversas atracciones que los estudiantes habían realizado con mucho esfuerzo. Unos pasos atrás Tsuna había creído ver una "casa del terror" y se preguntó si podría invitar a Kyoko en algún momento a entrar, no es que a él le gustaran ese tipo de cosas, sin embargo, sería un buen pretexto para mostrarle a Kyoko que él también podría ser tan varonil como Yamamoto y ¿por qué no? Quizás si algún fantasma o espíritu asustaba a la menor de los Sasagawa él podría tomar su mano y reconfortarla. Tsuna sonrió soñador.
— Alerta, cara de pervertido, alerta—Canturreó Maya causando una risilla cómplice por parte de Rose y Hana. Tsuna arrugó el entrecejo y miró mal a la niña.
— Algo huele bien—Dijo Kaito olfateando el lugar. Yamamoto rio.
— Haz dicho lo mismo desde que entramos—Dijo divertido el moreno, mientras veía toda la comida que traía entre sus brazos Kaito.
— Y no me he equivocado—Contestó el chico de ojos verdes mientras sonreía y daba una gran mordida a su crepa.
— Yo apoyo a Hiruma—Dijo Rose—Algo huele especialmente bien.
— Si Rose dice que algo huele bien entonces yo le creo—Dijo Tsuna con una sonrisa. La chica devolvió el gesto.
— ¡Hey! Yo he dicho eso también—Protestó Akaito.
Los chicos le miraron con gestos incrédulos y al menos un par de cejas se alzaron de forma burlona.
— Lo siento, Hiruma-Kun pero no estoy seguro de confiar en alguien que pidió una crepa de queso crema, tocino y camarones tostados—Respondió Sawada con una risilla.
— Apoyo la noción— Dijo Hana y Maya asintió a la par.
— Ustedes no tienen sentido de la innovación y la aventura.
Yamamato soltó una risilla y los chicos observaron un poco asqueados como el chico daba una mordida a su crepa.
— Creo que ya encontramos el salón de Kyoko—Advirtió Rose haciendo un gesto hacia un salón a unos cuantos pasos dónde estaban ellos. Los chicos volvieron su mirada hacia el lugar que les señalaba la chica y vieron con cierta curiosidad a un grupo de ruidosos chicos en la puerta del salón dónde se leía 5-2 siendo regañados por una chica vestida de kimono azul con estampado de lilas.
— ¡Ya les dije, si no van a consumir nada será mejor que se larguen!—Exclamaba bastante molesta la chica mientras se cruzaba de brazos. El grupo de chicos seguían empujándose entre ellos y diciendo cosas sin sentido, o al menos, pensaba Tsuna, no tenían sentido para él o sus amigos no solo porque todos estaban hablando al mismo tiempo sino porque no tenían conocimientos previos sobre ninguna "flor en lo alto", que era, al parecer, de lo que muchos de ellos estaban hablando. La chica del kimono, por su parte, parecía conocer bien la situación y algo le decía a Tsuna que no era la primera vez que pasaba por algo parecido.
— ¡Oh, mi Dios, Dango!—Exclamó un emocionado Kaito— ¡Hey, tú, chico del tupe! ¿Dónde conseguiste el dango?
— ¡Ka-Chan, espera!—Yamamoto siguió al emocionado Kaito en su persecución por Dango, Maya corrió detrás de ellos mientras reía divertida.
— ¡Oi, Maya!—Exclamó Tsuna viendo a la niña ir detrás de ambos chicos.
— ¿No deberías ir tras ella?—Preguntó Hana cruzándose de brazos. Tsuna observó a la azabache con un puchero—Es tu responsabilidad, no mía.
Tsuna alargó el puchero, Hana bufó y Rose rio.
— ¡Tsuna-Kun, Hana-Chan, Rose-Chan!
— ¡K-Kyoko-Chan!—Exclamó Tsuna con los ojos brillosos y las mejillas sonrosadas. Kyoko lucía realmente preciosa con aquel kimono, pensó Tsuna, y no era el único, los chicos que habían estado amontonados en la entrada del salón abrieron paso a la menor de los Sasagawa mientras la observaban fascinados. La otra chica de kimono azul comenzó a regañarlos de nuevo.
— ¡Me alegra mucho que estén aquí!—Dijo la menor de los Sasagawa con una encantadora sonrisa mientras tomaba una mano de Hana y otra de Rose. Tsuna no pudo evitar sentirse decepcionado por no haber recibido aquel mismo gesto.
— Tsuna dijo que nos invitaría lo que quisiéramos ¿Cómo decir "No" a eso?—Comentó Hana con una sonrisa torcida, Rose sonrió cómplice.
— ¡¿Qué?!—Exclamó el castaño
Kyoko negó un par de veces sin borrar su sonrisa de muñeca—Lo que pidan en nuestro stand corre por mi cuenta.
Los tres chicos miraron a Kyoko sorprendidos.
— No, Kyoko-Chan, Hana estaba bromeando ¿Verdad?—Dijo el castaño rápidamente mientras volvía su mirada hacia la azabache.
— Ya…— Contestó Hana
— Nosotros podemos hacernos cargo de nuestros propios gastos—Dijo Rose con una pequeña sonrisa.
— Ya…
Tsuna miró mal a Hana, Rose sonrió apenada y Kyoko soltó una risilla divertida.
— Mi turno termina en una media hora ¿Les gustaría tomar un café o comer una rebanada de pastel mientras tanto? ¡Luego podríamos ir a recorrer el festival juntos!—Dijo Kyoko notablemente emocionada mientras llevaba sus manos al pecho y sus ojos parecían brillar.
Tsuna se sonrojó notablemente— ¡C-claro, Kyoko-Chan!—Aceptó el chico inmediatamente sonriendo de forma tonta.
Hana rodó los ojos y carraspeó—Rose y yo te esperaremos junto a una café frio o quizás una rebanada de pastel—Kurokawa volvió su mirada hacía Rose quien asintió con una sonrisa—Te alcanzaremos cuando termine el turno de Kyoko—Dijo esta vez a Tsuna.
Tanto Sawada como la pequeña Idol miraron a Hana confundidos.
— Maya… Tsuna, tienes que ir por Maya—Dijo de forma amable Rose. El chico volvió de nuevo su atención a Kurokawa quien realizó un pequeño movimiento de cabeza en dirección dónde la niña había desaparecido junto a los otros dos chicos.
Tsuna bufó—Lo siento, Kyoko-Chan—Sasagawa aún seguía sin comprender—Maya nos ha acompañado y es mi responsabilidad—explicó el chico dejando caer los hombros—Ha salido corriendo detrás de Yamamato-Kun y Hiruma-Kun y….
— ¿Los demás también han venido al festival?—Preguntó Kyoko y los tres chicos asintieron. La castaña soltó un chillido de emoción— ¡Eso es fantástico!—Exclamó la niña—No entiendo mucho pero si es responsabilidad de Tsuna-Kun entonces no se puede hacer nada—Dijo y Tsuna sonrió agradecido— ¿Está bien si luego nos encontramos en el Stand de juegos de mesa? Es fácil de encontrar, se encuentra justo en medio de la explanada y tiene una carpa de colores
Sawada asintió—Nos vemos ahí—Y con una sonrisa dedicada especialmente para Kyoko salió en carrera para encontrar lo más rápido posible a sus tres compañeros.
— Aun no entiendo por qué han traído a Maya—Murmuró Rose a Hana mientras veía toda la escena.
— Era eso a aplicarle la eutanasia y hasta dónde sé aún es ilegal aplicarla en sujetos con buena salud física—Respondió Hana encogiéndose de hombros. Rose soltó una risilla.
— Entonces entremos al salón—Se dirigió Kyoko a las chicas después de despedirse de Tsuna—Los pasteles no son tan deliciosos como en tu cafetería, Rose-Chan pero creo que pueden gustarte.
Ambas chicas asintieron y siguieron a la castaña dentro del salón abriéndose paso entre el molesto y ruidoso grupo de chicos. La chica del Kimono azul seguía gritando a los cuatro vientos, esta vez, con una escoba en mano.
— ¡Dejen de molestar a Kyoko-Chan!
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Yamamoto no sabía si reír a carcajadas o sentirse completamente avergonzado pero como él no era del tipo de personas que se complicaba mucho la vida decidió reír a carcajadas mientras sentía su cara sonrosarse de vergüenza, aunque lo cierto era que la escena frente a él le causaba tanta gracia como los extraños anime que solían pasar temprano los fines de semana. Tampoco es que él tuviera un humor muy fino y muchas veces para el desconcierto de las personas e incluso de él mismo, no importaba cuan infantil fuera algo de alguna manera terminaba por encontrarle el lado divertido y la carcajada patentada de los Yamamoto solía a relucir sin mucho esfuerzo.
Los Yamamoto eran la definición misma de la sonrisa fácil.
— ¡Maldita mocosa, te dije que lo soltaras!
— ¡Yo lo tomé primero!
— Vamos, chicos, son cuatro Dango, estoy seguro que pueden compartirlos—Advirtió Yamamoto con una sonrisa conciliadora.
Maya y Kaito voltearon a verlo con auras negras alrededor, Yamamoto rio de forma nerviosa, al parecer el compartir no era ni siquiera una opción.
El futuro guardián Vongola sabía que Kaito tenía debilidad por la comida, especialmente por los dulces lo cual no era de extrañar que en un festival escolar su principal objetivo fuera comer tanto como pudiera y si los Dangos entraban en el menú, mucho mejor, después de todo, el Dango era el postre favorito de Kaito. Ahora, Maya era una interrogante, ambos acababan de conocer a la niña y Yamamoto no sabría decir si a la pequeña castaña realmente le gustaban tanto los Dangos como a Kaito o solo estaba peleando con el chico por diversión. Takeshi ya no sabía que pensar, ya que si Maya estaba haciendo todo ese escándalo solo como juego entonces las cosas ya se le habían ido de control y claramente ya no sabía cómo detenerse y con cada mordida que ella daba al brazo de Kaito el chico respondía con una jalón en una de sus coletas en un círculo sin fin de gritos y gestos exagerados que llamaban la atención de las personas que pasaban por el lugar y que no podía evitar detenerse y reírse de todo aquel espectáculo.
Yamamoto se talló la parte posterior del cuello preguntándose cómo intervenir sin tener que recurrir a medidas extremas como lo sería comerse él mismo el Dango. Él no era un especial amante de las cosas dulces pero si así esos dos podían dejar de pelear….
— ¡¿Qué está pasando aquí?!
Takeshi observó curioso como los chicos del Stand de Dangos dejaban de reír tan pronto aquel chico de extraño tupe apareció; aquel chico parecía bastante molesto y su tupe se movía de forma graciosa con cada movimiento brusco, esta vez fue Yamamoto quien no pudo evitar reírse. Los chicos del Stand palidecieron.
— ¿Y tú de qué diablos te ríes?—Preguntó el chico del tupe mientras algunos de los presentes (alumnos de la escuela Nami-sur en su mayoría) aprovechaban para huir.
— Lo siento, lo siento—Dijo Yamamoto aún con la risa escapando de sus labios—Pero tu cabello es divertido—Agregó sin pensarlo demasiado.
La cara del chico del tupe se desencajó de forma cómica mientras otras personas comenzaban también a murmurar o a reírse de su peinado.
— ¡¿Divertido?!—Gruñó el chico bastante molesto—Tú… ¿Eres alumno de Shiba, verdad? ¡Je! No me extraña, un comportamiento tan vulgar no podía ser de otro que de alguien de esa escuela—Dijo el chico, casi escupiendo las palabras.
Yamamoto parpadeó un par de veces, procesando las palabras del chico.
— Ma, ma…creo que percibo un poco de hostilidad—Advirtió el chico, sonriendo ampliamente y enderezando la espalda. Si el chico del tupe hubiera sido más habilidoso, habría notado como la mirada del azabache dejaba de lado su brillo infantil para endurecerse de forma peligrosa.
— ¡Ustedes están cometiendo una gran falta a las normas de Nami-sur!—Exclamó molesto el chico
Yamamoto amplió su sonrisa—Uhmm… ¿Es así? ¿Y qué normas serían esas?
Una vena resaltó en la frente del chico del tupe
— ¡Hey! ¿Qué está pasando Nanami?—Preguntó otro chico con el mismo peinado en tupe que venía acompañado de otros tres con el mismo estilo de cabello. Takeshi parpadeó curioso ¿Estaban los tupes de moda?
— Tenemos a unos alborotadores—Respondió el primer chico de tupe que respondía al nombre de Nanami.
— ¿Alborotadores?—Preguntó el chico del tupe número 3
Yamamoto los miró con una chispa de impaciencia pero sonrió—Ma, ma, creo que hay un malentendido—Dijo una risilla—Esto es solo una pelea amistosa entre compañeros por un Dango—Explicó el azabache alzando sus manos en señal de paz.
El grupo de los tupes lo miraron con ceños fruncidos.
Yamamoto amplió peligrosamente su sonrisa.
— Tendrán que venir con nosotros—Vociferó chico del tupe número 2
— ¡Por el Dango!
— ¡Hey, que mier…!
Takeshi Yamamoto no pudo evitar reír a carcajadas mientras veía como una efusiva Maya saltaba sobre chico de tupe número 1 y embarraba sobre sus ojos los Dangos. Un desperdicio de comida, si lo pensabas bien. Kaito, por su lado, haciendo uso de su bien conocida agilidad logró tomar por el tupe a los dos malhumorados muchachos para luego balancearse y con todo su peso lograr derribarlos. El vientre de Yamamoto dolía de tanto reír.
Curiosamente, tanto Maya como Kaito portaban un antifaz de color negro.
— ¡Es hora de irnos!—Exclamó Kaito tomando a Takeshi del brazo, obligándolo a correr en dirección contraria de dónde habían dejado a unos furiosos y avergonzados chicos de tupes. Maya los seguía de cerca cantando, Yamamoto no reconocía la letra en lo absoluto.
— ¿Cuál es el problema?—Preguntó el azabache con una risilla mientras seguía corriendo por las instalaciones de Nami-Sur.
— ¡¿Cuál es el problema?!—Exclamó un tanto molesto Kaito—Esos tipos eran del Comité de disciplina ¡joder! Y no sé tú, pero yo no estoy tan loco como para enfrentarme a Hibari.
— ¡Hibari va a querer mordernos hasta la muerte por esto!—Canturreó una eufórica Maya
— ¡A mí no me va a morder nadie! ¡Maldita sea! ¡Yo me largo!—Exclamó Kaito mientras se dirigía a la salida del Instituto.
— ¿Quién es Hibari?—Preguntó Yamamoto con una media sonrisa
— ¡¿Quién es Hibari?! ¿Es enserio?—Exclamó Kaito. Yamamoto asintió con su típica sonrisa.
Kaito detuvo su carrera inmediatamente y observó al futuro guardián de la lluvia por todo un minuto— ¿Tú realmente no sabes quién es Hibari?—Preguntó incrédulo, arqueando una ceja.
Yamamoto se encogió de hombros—Para nada, es la primera vez que escucho su nombre—Y rio.
— ¡Déjate de reír!—Vociferó Kaito con una vena sobre su frente.
— Hibari Kyoya, líder del Comité de Disciplina, guardián de la nube, era mi favorito—Explicó Maya alzando ambos pulgares hacia Yamamoto.
— ¡Ja! ¡Lo sabía! ¡Sabía que eras un fenómeno!—Advirtió Kaito apuntando a Maya—Kurokawa debe ser igual. Ché. Parece que no fui el único en pensarlo.
Yamamoto parpadeó un par de veces claramente confundido.
— ¡Oh! ¿Tú también has notado a Hana?—Preguntó Maya pero Kaito no respondió, en su lugar tomó a Yamamoto y a ella de los brazos y los arrastró hacia unos arbustos cercanos.
— ¡Maldita sea! ¿Dónde se han metido esos tres?
— ¡Hibari-Sama va a matarnos!
— ¡Silencio! No pasará nada malo, solo tenemos que encontrarlos antes de que Hibari-Sama se enteré.
— No creo que…
— Tenemos que hacerlo, sino lo hacemos nos morderá hasta la muerte.
Los tres chicos de tupe sintieron un escalofrío recórreles la espalda.
— Pero si los atrapamos, podremos presentarlos a Hibari-Sama ¡Imaginen el reconocimiento que podemos tener de él y de Kusakabe-San si detenemos a esos ladrones! Ese maldito niño bonito de Izuku aprenderá cuál es su lugar—Gruñó el chico del tupe número 1
Número 3 asintió efusivamente y número 2 pareció pensarlo un poco antes de también asentir. Inmediatamente comenzaron a correr hacia la única salida disponible del Instituto.
Kaito asomó la cabeza por encima de los arbustos mientras veía alejarse a esos tres inútiles. Resopló molesto mientras salía de su escondite seguido de Yamamoto y Maya. El primero seguía sin saber que estaba pasando y la niña parecía más que feliz con toda la situación.
— Parece que esos tres nos quieren inculpar de algo—Maculló molesto Kaito.
— Oh ¿En serio?—Preguntaron Maya y Yamamoto al mismo tiempo.
Kaito rodó los ojos con impaciencia.
— ¿No deberíamos ir a buscar a Tsuna-Sempai?—Preguntó Maya haciendo un puchero.
— Para nada, ese tipo tiene una suerte horrible y con Hana sirviendo de su verdugo no me extrañaría que terminara frente a Hibari antes de terminar el día.
— Uhmmm, no creo que Hana haga eso, Tsuna-Sempai sigue siendo un debilucho.
— Uh… ¿Es tan malo ese Hibari?—Preguntó Yamamato llevándose una mano detrás del cuello—Quizás podamos hablar con él y explicarle el mal entendido.
Tanto Kaito como Maya observaron a Takeshi como si este se hubiera vuelto loco.
Yamamoto rio ante las intensas miradas de ambos chicos—Ya entendí, ya entendí, Hibari es malas noticias—El chico sonrió ampliamente—Por cierto ¿Por qué los antifaces?
Kaito parpadeó un par de veces, torció la boca y volvió su mirada hacia Maya.
La niña sacó la lengua de forma juguetona— ¡Pensé que podrían ser de ayuda!—Exclamó felizmente y sacó otro antifaz igual de su bolsa de pikachu y se acercó a Yamamoto para colocárselo. El chico no opuso resistencia e incluso se inclinó para facilitar el trabajo de la niña.
Ahora los tres tenían antifaces negros. Yamamoto y Maya rieron sin ningún motivo en particular y Kaito no pudo evitar golpearse la frente con la palma de su mano.
— Ya, ya, todo es diversión hasta que nos encuentre el psicópata de Hibari. Hay que buscar otra salida—Dijo Kaito y tanto Yamamoto y Maya decidieron seguir su juego, el primero porque Kaito era su amigo y Maya porque si había algo que había aprendido de ver tanto Anime era que siempre aquello de lo que huyes es lo primero que encuentras ¡Y vaya que ella quería conocer a Hibari Kyoya! ¿Instinto de supervivencia? La chiquilla tenía poco de eso.
— Esto será divertido—Masculló la niña y Yamamoto soltó una risilla.
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Era mejor que volviera dónde las chicas y fingiera no saber nada de nada. Eso le decía su intuición, eso debería hacer Tsuna. El castaño entrecerró los ojos, llevando a su boca un último dango mientras escuchaba un grupo de chicos con tupe hablar sobre un trio de vándalos—Alborotadores y vulgares ladrones—Había dicho uno de ellos y Tsuna habría dejado pasar el comentario sino fuera porque uno de esos malhechores respondía a la descripción de Maya ¿Y habían dicho algo sobre antifaces? Tsuna gruñó por debajo aun observando con recelo al grupo de chicos con Tupes.
Si, él debería volver sobre sus pasos y olvidarse de Maya y los beisbolistas.
— Cubran todas las entradas. Nadie con la descripción ya dada puede salir de las instalaciones ¡Son órdenes directas de Hibari-Sama!
Tsuna dio un respingo al escuchar aquel nombre.
El grupo de los tupes se dispersó inmediatamente, dirigiéndose a direcciones distintas donde Tsuna imaginaban se encontraban las salidas más próximas de la escuela Nami-Sur. Sawada arrugó el entrecejo ¿Qué habría pasado realmente? Ni Yamamoto-Kun, Hiruma-Kun o Maya eran ladrones, así que debería de haber alguna otra razón por la que el Comité de disciplina los estuviera buscando. Él sabía que el Comité había comenzado a operar en la ciudad a plena luz del día y sin restricción alguna desde hacía ya un par de semanas, al parecer Hibari Kyoya estaba adquiriendo más apoyo por jóvenes que disfrutaban de las peleas y el poder tanto como él o al menos eso era lo que pensaba Tsuna. Eso era mejor que admitir que los ciudadanos de Namimori eran indiferentes a la situación de su ciudad.
— Quizás sea todo lo contrario—Había dicho Hana mientras le ayudaba con los deberes de matemáticas—Últimamente los índices de delincuencia han estado aumentando, incluso han llegado a asaltar dentro de los restaurantes familiares—La azabache se encogió ligeramente de hombros—Si un grupo externo a la policía, de pronto llega y comienza a solucionar los problemas de seguridad en una ciudad pequeña como lo es Namimori ¿De verdad crees que ellos van a detenerlos?—Tsuna había torcido la mueca, la chica continuó—No harán nada contra ese grupo, no hasta que tengan una razón para querer deshacerse de ellos o llegue alguien con más poder.
Sawada volvió a gruñir mientras el recuerdo se desvanecía y pensaba qué hacer a continuación.
Se recargó sobre un pie y luego sobre el otro. Al final, suspiró resignado—No sé cómo pero Hana debe tener la culpa de esto…
Porque la menor de las Kurokawa siempre tenía la culpa de sus desgracias, no era por que tuviera mala estrella como sus amigos solían decir, bueno, quizás era un poco de ambas, aun así ¡La culpa era de Hana!
Tsuna observó a todas las personas que caminaban a su alrededor intentando ubicar a sus amigos, rápidamente se dio cuenta que no era el único, en más de una ocasión logró vislumbrar a miembros del comité haciendo rondas alrededor de los distintos Stands y cada uno de ellos lucía más molesto que el anterior, algo realmente malo debieron hacer esos tres para tener al Comité sobre ellos, Tsuna gruñó y decidió dar un recorrido por las áreas menos transitadas, si Yamamoto—Kun y los demás querían pasar desapercibidos, y suponiendo que no hubieran logrado salir de Nami-Sur antes de que los grupos del Comité se dispersaran, era ahí donde los encontraría. Aunque también debía de ser cuidadoso, de cualquier forma Sawada no deseaba involucrarse ni para bien ni para mal con Hibari y sus secuaces.
El plan que en realidad no era un plan, consistía en encontrar a los chicos, ayudarlos a salir si era necesario y luego volver donde Kyoko-chan.
Oh, Kyoko-chan…
— ¡Y cuando me di la vuelta ya se habían llevado mi bolsa!—Exclamó un hombre calvo, con el rostro rojo y escupiendo las palabras. El miembro del Comité que estaba con él se limitaba anotar todo— ¿Qué clase de festival escolar es este? ¡No pienso dejar que mi hija siga matriculada en una escuela con tan poca seguridad como esta!—La pequeña niña a lado del hombre soltó un chillido. El miembro del Comité asintió y siguió escribiendo en su pequeña libreta.
Más gente comenzó a reunirse alrededor de ellos, intentando saber qué era lo que había pasado y si era verdad que había ladrones en el festival escolar de Nami-Sur. No tardó mucho antes de que otra persona se acercara a ellos y comentará que también a él le habían robado su cartera y luego otra y otra. En menos de cinco minutos ya había ocho personas hablando con el miembro del Comité que se limitaba a escribir.
— Por favor, señores, sé que es una situación molesta pero si no pueden mantener la calma y darnos los detalles del suceso así como una descripción de los objetos que han sido robados, me temo que tardaremos más tiempo en dar una solución—Dijo otro chico bastante delgado que a pesar de estar usando el traje del Comité no tenía tan característico Tupe.
Las personas alrededor de él dieron un saltito en sus lugares.
— ¿Tú también eres del Comité?
— ¿Cuándo llegaste?
— No lo había visto…
Los murmullos molestos se convirtieron ahora en curiosas preguntas sobre el joven miembro del Comité que solo sonrió de forma resignada.
— Izuku-San—Con estos son ya quince reportes de robo—Dijo el otro chico que había estado anotando todo lo que se decía, causando comentarios indignados por parte de las personas alrededor de ellos. El nombrado Izuku sonrió conciliador a la multitud y luego dirigió una mirada severa a su compañero quien enderezó la espalda y palideció al instante.
Tsuna quiso golpearse la frente con la palma de la mano. Las cosas estaban complicándose. No cabía duda que por alguna razón los miembros del Comité pensaban que Yamamoto-Kun y los demás eran los ladrones, lo cual no eran buenas noticias. Sería difícil convencer al Comité de un malentendido ¿Sería malo si regresaba dónde las chicas y les decía que los demás ya habían regresado a casa? Tsuna quería jalarse los castaños cabellos ¿Por qué tenían que pasarle ese tipo de cosas a él? Y decía a él porque estaba seguro de que de alguna forma todos terminarían pensando que había sido su culpa.
Mala estrella sin duda.
cofHanacof
Sawada recorrió su mirada entre la multitud y al ver el rostro preocupado de las personas no pudo evitar volver a ver su propia mochila que guindaba del hombro izquierdo, no tenía nada más que los libros de la escuela, un par de yenes y el llavero en forma de un sonriente Dango que había comprado para Kyoko, el cual y si tenía suerte, podría darle al final de la jornada. Abrió su mochila para, efectivamente, ver el pequeño llavero sobre sus libros. Se sonrojó ¡Ha, si, los chicos! Sawada cerró su mochila y se la colocó correctamente sobre la espalda.
Pestañeó un par de veces.
Hey...
Una figura delgada, se movía cuidadosamente entre la gente, sin llamar la atención, a Tsuna le bastó un par de segundos para darse cuenta de que aquella persona se movía con especial precisión mientras sacaba la cartera de la bolsa azul de una de las mujeres jóvenes que se encontraba en el lugar. Tsuna dio un respingo.
— ¡Hey, tú!—Exclamó Sawada, llamado la atención de algunos presentes.
Un par de ojos grises se fijaron en el futuro líder Vongola.
— ¡Mi cartera!—Gritó de pronto la mujer del bolso azul llamando la atención del Comité y causando que aquella delgada persona saliera corriendo en dirección contraria.
— ¡Quítense que no tengo frenos!
— ¡Cuidado!
La multitud abrió paso mientras algunas personas gritaron al ver de pronto como tres chicos se abalanzaban contra ellos, Tsuna chilló de horror. Yamamoto-Kun y Hiruma-Kun conducían un carrito eléctrico que arrastraba consigo una carretilla de madera en el que Maya se encontraba sentada, el chico más alto reía a carcajadas mientras el más bajo maldecía en voz alta y ordenaba a las personas que se quitaran de su camino.
— ¡Los ladrones!
— ¡Mi cartera!
Tsuna negó rápidamente— ¡No, ellos no fueron!—Exclamó el castaño mientras se jalaba el cabello mientras veía como algunos miembros del Comité perseguían a sus amigos. Tsuna soltó un último chillido antes de abrirse paso entre la gente para ir detrás de Yamamoto-Kun y los demás.
Izukusiguió con la mirada a Sawada Tsuna.
— Haruno-San—Llamó Izuku, el chico enderezó la espalda—Ve e informa a Kusakabe-San, Hirabi-Sama ha estado aburrido el día de hoy—El otro chico del comité miró a Izuku sin entender—Ya se han destruido suficiente cosas el día de hoy—Advirtió el chico con resignación. Haruno asintió y corrió dónde Kusakabe-San.
Izuku miró a su subordinado alejarse antes de suspirar y correr hacia los demás.
Tsuna decidió desviarse del camino en cuanto vio lo difícil que sería seguir el paso del Comité con tanta gente caminando libremente en la explanada. Ahora se encontraba corriendo dentro de los jardines de la escuela siguiendo de reojo a sus amigos, al comité y a la otra persona que al parecer se había encontrada atrapada en aquella locura. Arrugó el entrecejo y saltó hacía la reja que tenía a un costado dónde tomó impulso con las piernas hasta poder trepar al techo de una pequeña bodega, rodó ligeramente y corrió hasta alcanzar el otro extremo dónde esta vez volvió a saltar para acortar camino y encontrarse ahora delante del Comité y detrás de sus amigos.
— ¡Hey!—Exclamó apurando el paso hasta llegar a lado de ellos— ¿Qué diablos creen que están haciendo?
— ¿De dónde saliste?—Gritó Kaito bastante sorprendido de ver a Sawada junto a ellos ¿Era el perdedor Tsuna el que estaba corriendo a la par sin verse en lo absoluto cansado?
— ¡Hey, Tsuna!—Saludó Yamamoto con una gran sonrisa.
— ¡Yo, Tsuna!—Saludó también Maya entre una pila de disfraces.
— ¡¿Qué haces ahí?!—Preguntó Sawada, la niña soltó una risilla mientras se encogía de hombros.
— ¡Me atoré!
— ¡¿Cómo qué te atoraste?!—Exclamó el castaño. Maya y Yamamoto rieron, Kaito soltó una maldición.
— ¿Qué está pasando? ¿Por qué los están siguiendo? ¿Qué le hicieron al Comité? ¿Y de dónde sacaron esos antifaces?
— ¡Estas corriendo! ¿Por qué estas corriendo? ¿Cómo estas corriendo? ¡Tú nunca puedes corres! —Exigió saber Kaito mientras el Comité aún corría detrás de ellos gritándoles que se detuvieran y el resto de las personas se abrían paso rápidamente para no ser arrollados.
— ¡Claro que puedo correr!—Gritó Tsuna ofendido— ¡Tienen que detenerse nos están metiendo en problemas!
— ¡Esto es tu culpa, tu mala suerte nos ha infectado!
— ¡Hey! ¡Yo no tengo mala suerte! ¡Todo, todo es culpa de Hana!—Gritó Tsuna a todo pulmón.
Hana estornudó.
Kurokawa se encontraba en el baño del segundo edificio, junto a un grupo de cuatro chicas, todas amigas de Kyoko y que de forma nada discreta se habían reunido en una esquina para hablar tonterías sobre ella. Hana rodó los ojos mientras se quitaba la blusa mojada para cambiarse con el suéter rosa que la menor de los Sasagawa le había prestado. Unos minutos atrás mientras comía y platicaba de forma animada con Rose una de las chicas que servía el té a una mesa cercana había tirado la bebida sobre ella. Tanto Rose como Kyoko se habían acercado rápidamente a auxiliarle. El Té estaba caliente. Hana había apretado los labios mientras se sacudía el uniforme para quitarle un poco del líquido y no dejar que la ropa tocara la piel de su estómago que ya se encontraba sensible. La chica del kimono rojo se disculpó rápidamente y tomando el brazo de Hana la arrastró junto a otras chicas hacía los baños del edificio. Kyoko había querido seguirles pero la chica que anteriormente había estado gritando fuera del salón la detuvo, así que la menor de los Sasagawa solo había podido lanzarle un suéter rosa para que se cambiara.
Hana chasqueó la lengua.
Ahora se encontraba en los baños de chicas junto a esas chiquillas molestas.
Sin más salió de la cabina y fue recibida inmediatamente por una cubetazo de agua helada. La ceja derecha de Hana mostró un tic.
— Oh, pensé que te habías cambiado—Murmuró una de las chicas al ver que Hana seguía con su uniforme mojado. Las demás, sin embargo, ignoraron el comentario.
— Hey, Kurokawa ¿Qué tal tu día?—Dijo una de ellas con una sonrisa burlona.
Las otras se rieron.
Hana las miró sin inmutarse y caminó hasta uno de los lavabos.
— ¿Nos estas escuchando?—Preguntó otra de ellas con una vena resaltando en su frente.
— ¡No nos ignores, tú, idiota!—Exclamó, haciendo ademán de querer tocar a Hana, quien volvió su atención a ellas con una mirada aburrida. Las chicas gruñeron y comenzaron acercarse a la azabache bastante molestas.
Hana sonrió de forma torcida y se desabrochó la blusa, las chicas inmediatamente se sonrojaron y retrocedieron confundidas.
— ¡¿Qué estás haciendo?!—Preguntó una de ellas completamente roja, cubriéndose los ojos al ver que Kurokawa quedaba solo en corpiño. La azabache no contestó y comenzó a desatar sus coletas.
— Me parece que ustedes querían hablar conmigo sobre Tsuna—Dijo Hana pasando sus dedos entre su larga cabellera, las chicas no contestaron—Nada interesante por lo que pude escuchar. Deberían aprender hablar más bajo.
Las chicas arrugaron el entrecejo aún con las mejillas sonrosadas.
— ¡Queremos que te alejes de él!—Vocifero una de ellas apuntándola.
— ¡Kyoko-Chan ha decidido que él será su novio!—Dijo otra.
Hana arqueó una ceja—Oh ¿En serio?—preguntó ladeando la cabeza de forma inocente.
— ¡Sí!—Exclamó la chica que aún tenía cubierto sus ojos.
— ¿Y qué pasaría si me negara? ¿Me arrojaran agua de nuevo?—Preguntó Kurokawa con una sonrisa torcida.
Las amigas de Kyoko la miraron ofendidas y molestas.
— Si lo que quieren es amenazarme tendrán que hacerlo mejor—Advirtió Hana haciendo un exagerado puchero
La más alta soltó un gruñido y arrojándose contra Hana la azotó contra la pared del baño, una de las chicas se asustó ante la acción al punto que parecía querer llorar. Hana sintió su espalda arder pero no borró la sonrisa de su rostro mientras veía el gesto molesto de la chica que aún la tenía contra la pared.
—Dime, Miko-Chan—Dijo Hana arrastrando el chan— ¿Es el Club Mei tan divertido como dicen?—Preguntó con suavidad.
Los ojos de Miko se abrieron a la par.
— ¿Qué?
Hana acarició la mejilla de la niña que se había quedado de pronto en silencio hasta tomar su mentón de forma suave y hacer que inclinara su rostro hasta que sus ojos se encontraron. Hana soltó una risilla—Tranquila, estoy segura que tus padres entenderán.
Miko dio un salto hacia atrás, como si la Kurokawa quemara.
— ¿M-Miko-Chan?—Murmuró una de las niñas viendo extrañada a su amiga.
Hana suspiró.
— Está bien—Dijo la azabache mirando a cada una de ellas—Hablemos, sé que llegaremos a un acuerdo.
Y sonrió.
Las chicas sintieron un escalofrió recorrerles la espalda mientras veían a Hana sonreírles con amabilidad. Ahí, con el cabello suelto y solo en corpiño del torso hacía arriba, esa chica era aterradora.
Las cuatro tragaron saliva. Todo aquello había sido mala idea.
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Rose torció la mueca mientras recorría con la mirada a toda la gente a su alrededor, ella y Kyoko tenían ya unos diez minutos de estar esperando a Tsuna y los demás, eso sin contar a Hana quien seguía sin aparecer desde que se fue con las amigas de Kyoko a cambiarse al baño. Incidente que seguía molestando a la menor de los Coletti. Ella, como co-propetaria de una café valoraba mucho la disciplina, los buenos modales y la cortesía. Y esas chicas, al contrario de Kyoko, no habían tenido ninguno de esas virtudes.
Incluso Kyoko parecía incomoda con la situación y se veía claramente alterada, se había disculpado con Hana una y otra vez como si ella hubiera sido quien tiro el té sobre la azabache.
En serio ¿Dónde estaba Hana?
Rose bufó y a su lado Kyoko hiso lo mismo llamando la atención de Rose. La pequeña Idol seguía luciendo triste y Coletti no dudaba que en cuanto la mejor amiga de Sawada apareciera seguiría disculpándose.
¡¿Dónde estaban todos?!
Kyoko volvió a suspirar y Rose la miro de reojo sin saber que decir. A ella la pequeña Sawada le parecía tierna y tan delicada que no sabía cómo dirigirse a ella. Con Hana era más fácil, cierto era que Rose y Kurokawa no eran las mejores amigas, sin embargo, la azabache era del tipo de persona que tomaba lo que venía hacía ella sin más reacción que una sonrisa torcida y un comentario ácido y sarcástico. Rose se sentía cómoda con eso, sabía cómo reaccionar a Hana pero Kyoko era una historia distinta, así que no podía simplemente hablar con ella como lo hacía con Kurokawa o de lo contrario terminaría por asustarla.
Rose se mordió el labio inferior y dirigió su atención a la pequeña castaña. Algo tenía que decirle para animarle ¿No?
— ¡Quítense! ¡A un lado!
Coletti empujó a Kyoko del camino mientras veía incrédula y casi en cámara lenta como Yamamoto, Hiruma, Maya y otra persona que no lograba identificar, pasaban entre la gente y a toda velocidad sobre un carro electrico, muy de cerca los seguía Tsuna y detrás venía un grupo de al menos ocho chicos con tupes exagerados. Rose los miró alejarse completamente confundida mientras ayudaba a Kyoko a levantarse.
Ambas chicas se miraron y sin decir nada más comenzaron a correr detrás de sus amigos.
Este era el festival escolar más extraño al que Rose había asistido.
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Las piernas de Tsuna habían comenzado a doler, no tanto por estar corriendo tan rápido como su propio cuerpo le permitiera, sino porque durante aquella carrera mientras intentaba abordar el carrito había trastabillado ligeramente y al parecer se había golpeado con la parte inferior del carrito. Suerte que no había caído. Sawada tomó aire y apuró el paso.
Yamamoto y Akito seguían intentando detener el maldito aparato y al parecer, el futuro guardián de la lluvia por fin había entendido la seriedad del asunto puesto ya había dejado de reír a carcajadas como niño pequeño y había comenzado ayudar a su compañero, Maya por fin había liberado su pie de entre los tablones y se había abrazado a la otra chica de cabello naranja a quien su mala suerte la había puesto en el camino de esos tres y la había hecho terminar con ellos en todo ese drama.
Akito maldijo a toda voz más de una vez.
Él había pensado que salir de Nami-sur sería fácil, momentos antes él y Yamamoto habían concordado que salir junto algunos estudiantes de la Institución quienes parecían estar guardando algunos disfraces sería la mejor de las ideas, así se mezclarían con los demás estudiantes y no llamarían la atención pero no habían contado con la torpeza de Maya quien en menos de un minuto de alguna forma había logrado quedar atorada entre unos tablones dentro de la carreta de madera, eso, juntando la pequeña montaña de disfraces que había dentro no dejaba que los chicos la liberaran tan rápido como hubieran deseado, al final habían sido descubiertos por un par de miembros del Comité de disciplina que hacían sus rondas por el lugar y sin ninguna otra opción tuvieron que echar andar el carrito eléctrico que arrastraba la carreta tan rápido que habían terminado por pasar encima de una mesa plegable dentro del almacén de arte.
Bueno, ahora si podían decir que eran vándalos. Y quizás también ladrones.
Kaito maldijo su mala suerte.
— ¡Detente, detente, detente!—Exclamó a todo pulmón golpeando el volante. El carrito eléctrico había dejado de responder desde hacía ya un rato y se volvía cada vez más difícil hacer que girara hacía donde ellos quería y evitar así arrollar a alguien.
— ¡Ka-chan, esos chicos de tupe parecen aún más molestos!—exclamó Yamamoto junto una risilla causando un tic en el ojo derecho de Kaito.
— ¡Tendremos que saltar!—Vociferó Maya en la parte trasera causando que los mayores dieran un respingo— ¡O pasaremos el resto de nuestra vida aquí arriba y no pienso tener bebés con ninguno de ustedes!—Agregó la chiquilla con exagerado dramatismo.
— ¿Están locos? ¡Yo no pienso saltar!—Exclamó la pasajera extra, Yamamoto volteó a verla curioso, aún no entendía como esa chica había llegado con ellos.
Kaito gruñó— ¡Creo que no tenemos opción, estamos llamando demasiado la atención!—Y Hibari podría llegar en cualquier momento, pensó con horror.
Yamamoto y Maya asintieron.
La otra chica maldijo su mala suerte ¿Cómo diablos había ella llegado a esa situación?
Uno
Dos
…
— ¡Mierda!
Una figura aterrizó justo encima de ellos, tomando de improviso el volante y girándolo de forma brusca hacía la izquierda causando que Kaito perdiera la dirección y que el carrito derrapara para luego volcarse. Los disfraces se esparcieron por todo el lugar el cual curiosamente estaba despejado, sin vista a ningún alumno o visitante, varios miembros del comité rodearon el lugar.
Kaito sintió un fuerte golpe en la espalda baja que le hiso soltar un gruñido, hubiera golpeado también su cabeza pero los diversos trajes le habían servido de colchón. A su costado Maya soltó un quejido o quizás emitió un leve lloriqueo, el chico no estaba seguro. Yamamoto, parecía también bastante choqueado, movía su cabeza una y otra vez como si tratara de sacudir algo por sobre ella. La cuarta integrante solo emitió un leve gemido mientras se incorporaba de forma lenta.
Entre los breves quejidos, el carrito eléctrico que ahora se encontraba bocabajo seguía siendo el más escandaloso con dos de sus llantas aun girando de forma constante.
— ¿Qué ocurrió?—Preguntó Yamamoto. Abriendo y cerrando los ojos con fuerza.
Kaito intentó levantarse pero sintió un fuerte dolor cerca del tobillo— ¡Oh, vamos!—Se quejó el joven Hiruma. Nadie podía tener tan mala suerte, nadie además de Tsuna podía tener tan mala suerte. ¡Vamos! Él no podía tener tan mala suerte.
— Entrar a las áreas verdes es contra las reglas.
Kaito dio un respingo— No—Pensó—Esto no puede ser enserio—Y volvió su atención al recién llegado.
No era Hibari Kyoya.
Gracias a Dios.
En lugar del temible prefecto de Namimori, frente a ellos se encontraba un miembro bastante delgado del Comité, el rasgo más característico de este chico era que no tenía el peinado tipo Tupe que los demás usaban, sino un corte al ras de la cabeza, tipo militar. Kaito se sintió aliviado de no tener que enfrentarse al demonio de Hibari, así que se permitió saludar al desconocido chico del Comité.
— En esta escuela hay muchas reglas ¿No es así?—Comentó Yamamoto, con una sonrisa cansada. Maya seguía botada en el pasto. K.O. total.
El recién llegado arrugó ligeramente el entrecejo.
— Se les ha detenido por una serie de infracciones al código de conducta de Nami-Sur—Dijo el chico del Comité—Será mejor que nos acompañen sin resistirse.
— ¿Nos están deteniendo?—Cuestionó Yamamoto, pestañeando pesadamente y luego soltó una carcajada.
— Espera… ¿Tú saltaste sobre nosotros?—Preguntó esta vez la otra chica.
— Oye ¿Tú quién eres?—Dijo Maya arrastrando las palabras. La niña estaba segura que había perdido 5 de sus siete vidas. Todo el cuerpo le dolía.
El chico del Comité los observó a todos de forma severa—De pie—Ordenó.
— Hey, estoy seguro que podemos hablar esto—Dijo Yamamoto con una risita mientras se levantaba y sacudía sus pantalones, Maya y la otra chica se levantaron, la segunda se llevó la mano a la cadera y realizó un gesto adolorido. Maya quería sus vidas de vuelta.
— He dicho, de pie—Los tres chicos parpadearon con sorpresa. El chico del Comité se encontraba ahora frente Kaito, mirándole con desdén, ningún de ellos se había dado cuenta del momento exacto en que el chico había caminado entre ellos hasta llegar dónde Hiruma. Todas las alarmas en la cabeza de Yamamoto comenzaron a sonar—De pie…
Kaito arrugó el entrecejo. Mentiría si dijera que no se sentía amenazado por el chico frente a él—Me temo que no podré complacerte—Dijo con una sonrisa sardónica, él y su mala costumbre de retar a cualquiera que le diera órdenes.
— Vaya que tienes pelotas—Gruñó otro miembro del Comité con una risilla desalentadora.
— Dale una lección, Izuku—Rio alguien más.
Maya recorrió con la mirada a los seis miembros del Comité que los tenían rodeados, todos parecían divertidos con la situación. La niña volvió su atención hacia el chico rapado y no pudo evitar sentir un escalofrió recorrerle la espalda.
La otra chica también miró a su alrededor evaluando cual sería la mejor forma de tomar su mochila a unos cuantos metros de ella y luego irse sin más problemas innecesarios.
— De. Pie. Ahora—Ordenó con severidad, mientras tomaba del cuello del uniforme a Kaito y lo levantaba de forma ruda. El chico de ojos verdes soltó un quejido.
— Suficiente.
Izuku Mamoru afiló la mirada sobre la mano que sujetaba con fuerza su brazo. Arrugando el entrecejo volvió su mirada hacía el otro infractor.
Yamamoto Takeshi devolvió la mirada molesta con igual o más fuerza—Es suficiente ¿Qué no puedes ver que está lastimado?—Preguntó entre dientes, sujetando su agarre en el brazo del chico del Comité—Suéltalo, ahora—Ordenó Yamamoto.
Izuko dibujó una sonrisa pequeña y enseguida solo se escuchó un repentino chillido por parte de Maya.
Yamamoto sintió un fuerte dolor en el estómago y una repentina falta de aire. Sin más, el azabache golpeó con sus rodillas el suelo y tuvo que parpadear varias veces para enfocar su mirada. A unos metros de él se encontraba Kaito sentando nuevamente sobre el suelo, Maya le observa con preocupación y el chico que respondía al nombre de Izuku caminando hacia él. Ese tipo le había golpeado con tal fuerza que le había hecho retroceder con violencia, Takeshi gruñó.
— Escucha, no quiero problemas contigo y tus boy scouts—Volvió sobre sus pasos mirando a Izuko de forma retadora—Todo es un malentendido así que será mejor que nos dejen ir.
Izuku amplió la sonrisa—Cualquier tipo de malentendido se esclarecerá en el salón del Comité.
— No…—Contestó un molesto Yamamoto.
— Para el Comité de Disciplina no jamás es una opción.
— ¡Izuku-San aquí están los objetos robados!
Todas miradas se dirigieron hacía unos de los miembros del comité que tenían entre sus manos una mochila verde abierta dejando ver su contenido. Diversas carteras y una muda de ropa asomaban dentro. Izuku miró el contenido y suspiró volviendo su mirada hacía Yamamoto.
— Eso no es nuestro—Gruñó el futuro guardián Vongola aunque su mirada no pudo evitar dirigirse hacia la chica de cabello naranja.
Izuku se encogió de hombros—Es de al menos uno de ustedes pero me temo que todos están por pagar por esto.
El chico negó de forma impaciente y se colocó en posición de pelea. Izuku lo miró divertido.
— ¡Hey, detente!
Tanto Yamamoto como Izuku volvieron su atención hacia los otros miembros del Comité quienes en vano habían tratado de tener a la chica de cabellos naranjas que había tomado su mochila verde de regreso y escapado en cuanto vio la oportunidad. El chico que había descubierto los objetos robados se encontraba ahora tirando en el suelo mientras se cubría la nariz con sus manos y lloriqueaba de dolor. Algunas manchas de sangre pintaron el pasto de bajo de él. Izuku gruñó molesto.
— Detente ahí enana—Dijo otro miembro del Comité mientras tomaba de forma brusca a Maya—Tu amiga escapó pero no creas que tú harás lo mismo.
— ¡Suéltame, gorila asqueroso! ¡Yo solo quería ayudar a tu amigo! ¡Malagradecido!
— ¡Suéltala!—Rugió Yamamoto furioso golpeando al tipo del Comité. Enseguida los vellos de su cuello se erizaron.
— ¡Yamamoto, cuidado!—Exclamó Kaito en cuando vio que Izuku se movió hacía Takeshi con clara intención de noquearlo. Hiruma apartó la vista de forma inconsciente esperando escuchar el ruido sordo del cuerpo de su amigo golpear el suelo.
Nunca ocurrió.
— ¡Sempai!—Exclamó Maya con lágrimas en los ojos y Kaito no pudo evitar volver su atención a la escena frente a él.
Cosa más irreal no pudo haber esperado ver. Kaito pensó que quizás se había golpeado la cabeza o algo similar ya que no podía concebir lo que sus ojos veían. Ahí, entre Yamamoto e Izuku se encontraba la escuálida figura de Sawada Tsunayoshi. Tenía que ser él, nadie más portaría esos tenis tan escandalosamente naranjas, así que al ver ahí a esa figura portando una enorme cabeza de León y deteniendo el golpe que iba dirigido a Takeshi, lo cierto es que Kaito no pudo evitar soltar una risa.
¿Dónde diablos había quedado el bueno para nada Tsuna?
Y claro. De entre todos los disfraces esparcidos en el área, Sawada tuvo que tomar la cabeza de León. Vaya ironía.
— Ve—Dijo Tsuna.
Yamamoto parpadeó confundido una par de veces, asimilando aun lo que estaba ocurriendo.
— Ve—Volvió a decir Sawada liberándose del agarre de Izuku, causando que este retrocediera unos pasos. Yamamoto dio un respingo ante la acción del más pequeño y asintió apenas para luego correr dónde aquella chica de cabellos naranjas se había ido.
¿Tsuna sabe pelear? Fue lo único que resonó en la cabeza de Yamamoto durante todo el camino.
Izuko hiso ademán de querer seguir a Yamamoto pero Tsuna inmediatamente se interpuso. El tercero al mando del Comité disciplinario entrecerró los ojos con molestia—Muévete o te haré mover—Dijo el chico y el chico con la cabeza de león se colocó en posición de defensa.
Tsuna tragó en seco mientras su corazón martillaba sus oídos. Decir que estaba asustado era como decir que Hana era solo un poco manipuladora, una completa falacia. El castaño sentía sus piernas como plomo y sabía que era por el terror que sentía, sin embargo la voz de Sonomi-sensei resonaba en su cabeza diciéndole una y otra vez que tomará aire, fijara su centro de gravedad y no quitara la vista del oponente. Esto último estaba siendo difícil de hacer, considerando que la cabeza de León que vestía no le permitía mucho rango de visión.
Sawada hubiera preferido no involucrarse con el Comité de Disciplina, especialmente no con Hibari o su mano derecha Kusakabe Tetsuya, así como tampoco aquel a quien Hana se había referido como el puño izquierdo de Hibari Kyoya, Izuku Mamori. Por las historias que había escuchado ese chico a pesar de su inofensiva apariencia podía resultar igual de violento que su líder si así se lo proponía. Hana por alguna razón había creído necesario presentarle todos los pormenores del Comité y aunque en su momento no había entendido las razones de Kurokawa, lo cierto es que ahora se lo agradecía. Le había permito entender a quien le estaba haciendo frente, lo cual era tan aterrador como de ayuda.
— Como jefe dejas mucho que desear—Dijo Izuku y Tsuna sintió su estómago dar un vuelco—Aunque parece que sabes algunos trucos….curioso—Agregó observando con interés al futuro líder Vongola—Veamos que tienes ahí—Dijo y sin más se lanzó contra Sawada.
Tsuna profirió un chillido bastante vergonzoso el cual esperaba la cabeza de León hubiera amortiguado. Por su parte, Maya y Kaito poca atención prestaron al chillido femenino de Sawada y se limitaron a observar con las mandíbulas desencajadas el cómo Tsuna esquivaba cada uno de los golpes de Izuku. El mundo ya no tenía sentido.
— Ustedes dos no crean que se han librado—Escupió uno de los miembros restantes del Comité mientras se acercaba a ellos, Maya, quien ahora se encontraba con Kaito intentó levantar al chico pero ella no era lo suficientemente fuerte como para tomarlo en brazos y así huir juntos. Al final lo único que pudo hacer fue abrazarse a Hiruma.
Y el cielo se iluminó con variados fuegos artificiales.
Los miembros del Comité observaron confundidos el espectáculo. Los alumnos de último año habían intentado pedir permiso para usar fuegos artificiales al final de la jornada, sin embargo, debido a la intervención del Profesor Tomoda se les había sido denegado. Los chicos de Tupes se miraron entre ellos esperando que alguien explicara lo que pasaba pero todos parecían igual de extrañados.
— ¡Incendio! ¡Hay un incendio!—Una chica vestida en un kimono lila apareció de pronto, su rostro estaba pálido y tenía los ojos llorosos.
Los chicos del Comité se miraron alarmados y corrieron hacia la chica pidiendo que les mostrara el lugar. Si Hibari-sama se enteraba del incendio y había bajas materiales el castigo sería doloroso, así que sin mirar a Maya y Kaito corrieron en dirección contraria, guiados por la chica en kimono.
Los dos chicos suspiraron aliviados.
— De prisa, tenemos que irnos—Tanto Maya como Kaito dieron un brinquito en sus lugares. Rose y Kyoko habían llegado dónde ellos sin que nadie se diera cuenta.
— ¿Cuándo…?—Masculló Kaito
Rose le calló con un gesto—Explicaciones luego, ahora hay que irnos…—Y ella y Kyoko ayudaron a Kaito a levantarse pasando sus brazos por los hombros de cada una, el chico arrugó el entrecejo al sentir un piquete de dolor pero logró ponerse de pie y alejarse con las chicas del lugar. Lo último que vio Kaito antes de perder de vista a Tsuna y a Izuku fue a unas chicas en kimono moverse entre los arbustos.
— ¿Esas son…?—Esta vez fue Kyoko quien le calló. Este era, definitivamente, el festival escolar más raro de todos.
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Tsuna emitió un quejido cuando sintió el puño de Izuku golpear contra su costado. Sawada había reconocido el estilo de su contrincante como boxeo y una parte masoquista de su persona pensó que si presentaba a Izuku con Nii-San quizás podrían convertirse en grandes amigos en tanto a ambos parecía gustarles el mismo deporte. Esta vez fue un golpe justo en medio de la cabeza de León lo que lo sacó de sus pensamientos—¡Presta atención!—Escuchó Tsuna la voz de Sonomi-sensei rugir en su cabeza.
— Tendrás que atacar si de verdad deseas librarte de mí—Dijo Izuku mirándolo con cierta pena.
Tsuna hiso un puchero. Atacaría o al menos eso creía él, si tan solo supiera como encestar un golpe sin romper sus nudillos en el proceso. Lo único que se había limitado hacer era esquivar tanto como le fuera posible los golpes de Izuku con la técnica de pasos que Sonomi-Sensei le había enseñado hacía ya unos días. Vagamente recordaba que el viejo militar le había dicho que la técnica bien aplicada podía servir no solo como defensa sino también como ataque pero aquel recuerdo se difuminaba con el dolor que estaba sintiendo en ese momento mientras intentaba hacer una serie de sentadillas con más de 20 kilos en cada brazo.
Ese hombre era un demonio desconsiderado.
— ¡Ataca!—Vociferó Izuku y Tsuna dio un paso adelante en el momento que el chico se abalanzó contra él. Sus cuerpos quedaron en paralelo, con Tsuna en la parte interna del espacio vital de Izuku y las puntas de sus pies uno frente a otro y fue en ese momento cuando Sawada lo sintió. Era como una especie de energía fluyendo entre ambos, e inconscientemente llevó su pie izquierdo al interior de la pierna de Izuku, movimiento que tomó por sorpresa al chico en el momento exacto en que el castaño lo tomó por el brazo y usando la fuerza de su parte superior lo levantó del suelo y lo arrojó a unos metros.
Izuku pestañeó e inclinando su cuerpo sobre sí mismo fue capaz de dar una vuelta en pleno aire, aterrizando de cuclillas sobre el suelo. Sonrió complacido.
— Curioso—Dijo, ampliando la sonrisa. Tsuna sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
El chico del Comité soltó una risilla y poniéndose de pie se colocó en posición de ataque una vez más—Creo que puedo ir enserio ¿Verdad?
Tsuna negó rápidamente e Izuku se lanzó una vez más contra él.
Y antes de que cualquiera de los pudiera hacer algo más, pequeñas lucecitas comenzaron a tronar entre sus pies, una tras otra, tirando chispas sin ningún orden o tiempo específico. Sawada soltó un chillido y comenzó a dar saltitos bastante graciosos mientras trataba de evitar que las chispas lo tocaran. Izuku observó todo la escena con un sentimiento de vergüenza ajena el cual suprimió tan rápido como apareció y sin prestar más de la debida atención a las chispitas entre sus piernas prosiguió su ataque.
Crack
¡Crack! ¡Crack! ¡Crack!
Las pequeñas chispitas comenzaron a caer ahora por sobre sus cabezas y Sawada comenzó a correr en círculos para quitárselas de encima. Izuku volvió su atención sobre los arboles a su alrededor, entrecerró los ojos y le pareció observa las figuras pequeñas y temblorosas de unas personas en kimono.
— ¿Qué rayos…?—Masculló y una serie de pequeños cohetes de papel cayeron sobre él, los cuales explotaron a los pocos segundos levantando una gruesa capa de humo y un fuerte olor a pólvora. La luz pareció deslumbrarlo por unos segundos, parpadeó rápidamente intentando enfocar pero solo pudo ver imágenes borrosas y unas fugaces siluetas de colores. Izuku tosió ligeramente y más chispitas cayeron sobre él.
Mientras Izuku peleaba por mejorar su visión, Tsuna observó a las chicas en kimono con completa sorpresa y se mostró aún más confundido cuando un par de ellas lo tomaron del brazo y comenzaron arrástralo lejos del chico del Comité. Y quizás el joven Sawada hubiera puesto resistencia ya que no conocía ninguna de esas chicas, sin embargo la escena eran tan extraña que simplemente se dejó llevar.
— Kurokawa quiere que tú y los demás salgan inmediatamente de Nami-Sur—Masculló una de las chicas a su lado— ¡Date prisa!
— ¡Ha! ya…Hana—Pensó Tsuna como si fuera lo más obvio del mundo mientras echaba a correr junto a esas desconocidas.
Pero, en serio ¿Desde cuándo Hana tenía su propio escuadrón suicida de chicas en Kimono?
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Yamamoto derrapó sobre el suelo con un agudo quejido, evitando por poco otro golpe más aunque eso no evito que sintiera el sabor metálico de la sangre en su paladar y arrugó el entrecejo; frente a él la chica de cabellos anaranjados lo miraba con una chispa de fastidio en sus ojos grises. Su rostro, sin embargo, seguía en blanco y eso, de alguna forma, comenzaba a calar en la paciencia de Yamamoto.
Hacía ya unos minutos que habían perdido de vista a los otros miembros del Comité de Disciplina quienes para estar jugando a los chicos rudos de la escuela su condición física dejaba mucho que desear. Al final solo él había dado alcance a la chica quien había intentado escapar saltando la reja del campo de futbol. Sin pensarlo mucho Yamamoto había saltado hasta lograr sujetar con sus brazos la parte baja de la chica causando que se soltara debido al peso combinado de ambos, cayendo así los dos una vez más sobre el suelo y levantando una cortina de polvo. Yamamoto soltó un quejido y volvió a repetir el gesto cuando la chica, bastante molesta de verse atrapada debajo del cuerpo del chico, le propinó un rodillazo en el estómago.
El azabache se alejó de ella en cuanto sintió el impacto aunque no sin tomar antes la mochila con todos los objetos robados. La chica chica le miró impaciente y se abalanzó contra él para recuperar su mochila. Era una especie de danza bastante extraña la que los dos estaban sosteniendo entorno a la mochila la cual iba pasando de mano en mano entre golpes y gruñidos aunque al final siempre terminaba en posesión de Yamamoto. La chica chasqueó la lengua.
— Yamamoto— Dijo la chica llamando la atención del muchacho—Ese chico te llamó Yamamoto—agregó ella y observó al chico de pie a cabeza— ¿Como Yamamoto Takeshi?—Preguntó la chica y el chico parpadeó un par de veces claramente confundido.
— ¿Te conozco?—Preguntó él
La chica soltó una risilla ahogada— ¿Tú eres Yamamoto Takeshi?
El muchacho arrugó el entrecejo.
— Tú no eres Yamamoto Takeshi…
— ¿Qué…?
La chica de cabello naranja le miró de forma altiva—Tú no eres Yamamoto Takeshi—Repitió y el chico sintió escalofríos.
— Repite eso…— Gruñó el chico apretando con todas sus fuerzas la mochila. La chica sonrió de lado.
— Tú no…
—…no deberías estar aquí.
Ambos chicos dieron un respingo y volvieron su atención al recién llegado.
— Kurokawa— Dijo Yamamoto arrastrando las palabras. Su corazón le martillaba los oídos y sus puños aún estaban cerrados con tanta fuerza que sus nudillos se habían vuelto blancos.
La chica se acercó a él y tomó la mochila—Tenemos que volver dónde los demás, Hiruma parece que se lastimó el tobillo y no puede caminar por si solo—Yamamoto parpadeó de forma pesada mientras trataba de tranquilizar su respiración—Tsuna ha mejorado en el apartado físico pero aun así no es lo suficientemente fuerte como para cargar a Hiruma por si solo—Y sin más, Kurokawa lanzó la mochila hacía la chica de cabello naranja.
— ¡Hey! ¿Qué diablos…?—Intentó protestar Yamamoto.
— Hay que irnos ahora, las amigas de Kyoko nos están comprando tiempo pero no creo que puedan distraer por mucho al Comité—Yamamoto hiso ademán de querer seguir su pelea con la otra chica. Hana lo tomó del brazo—Kaito necesita salir de aquí.
Yamamoto observó a la azabache con una chispa de furia en sus ojos. Respiró hondo y soltó el agarre de Hana sobre su brazo de manera brusca.
— Espera… ¿Tú eres Kurokawa Hana?—Preguntó ahora la otra chica, mirando confundida a ambos.
Yamamoto dio un respingo y volvió su mirada hacia la amiga de Sawada.
La azabache sonrió con superioridad—Yo soy Kurokawa Hana—Dijo y comenzó a caminar.
El futuro guardián Vongola observó a ambas chicas. La de cabello naranja parecía extrañamente divertida y le dedicó una mirada extraña antes de volver a trepar la reja y salir del lugar. Yamamoto observó el lugar por dónde aquella persona se había ido por un momento y luego apuró el paso hacía Hana.
— Yo soy Yamamoto Takeshi—Dijo, sin embargo su voz tembló restándole seguridad. Hana detuvo su andar y él hiso lo mismo.
La chica volvió su mirada hacía él y Yamamoto enderezó la espalda como retando a que ella dijera lo contrario—¿Afirmas o preguntas?—Cuestionó Hana y el chico abrió su boca para responder más no pudo emitir ninguna palabra. La chica le dio nuevamente la espalda y comenzó alejarse.
El chico inhaló y exhaló. Una y otra vez.
Él era Yamamoto Takeshi.
Él era Yamamoto.
Él era…
Él…
…
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¡Hola, Fandom de Reborn!
¡Nuevo capitulo! ¡Madre mía! capitulo más largo que he escrito ¿No? Pero considerando que llevo un poquito (¡solo un poquito!) más de un año sin actualizar creo que era justo y necesario. Espero fuera de su agradao y sí, las escenas de pelea no son lo mío. Para nada pero se hace lo que puede.
¡Hasta la proxima! :D
