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Cuarto Objetivo: Identidad

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Ashriel despertó un domingo por la mañana sintiéndose completamente agotada a pesar de haberse acostado temprano la noche anterior. Sus extremidades parecían entumecidas y tenían un extraño sabor jabonoso en la boca que por un momento amenazó con hacerle devolver el estómago. Gruñó mientras se estiraba sobre sí misma y como ese día no tenía nada mejor que hacer además de ver pasar las horas, estiró su mano en busca de su colcha la cual siempre amanecía del otro lado de la cama como un amante molesto por haber olvidado el aniversario. Ashriel arrugó el entrecejo y lo primero que notó además de la completa falta de su cobertor y de sus pies fríos, fue el dolor ubicado en la espalda baja ocasionado por dormir toda la noche en un lugar duro e inadecuado como lo es, claramente, el suelo.

— ¿Qué diablos…?—Como si de un resorte se tratara, la joven se levantó de golpe solo para confirmar que, ciertamente, no estaba en su cama sino en el frio y pegajoso suelo. Alguien no había hecho aseo.

Lo segundo que notó fue que ese no era su cuarto.

No había ninguna luz en la habitación además de los escasos rayos de sol que se filtraban por las cortinas. Había un extraño olor agrio y hasta dónde sus ojos podían enfocar no había muebles además de un closet que ella sabía no tenía, al menos no en esa parte de la habitación. Un sentimiento extraño comenzó hacer mella en ella mientras su respiración se volvía cada vez más agitada. Con paso lento se dirigió a la ventana, tomó la cortina con su mano y retrocedió al sentir la tela contra su piel; era muy fina y rígida, además de estar llena de polvo, era como si no hubiera sido cambiada y lavada en mucho tiempo. Inhaló profundamente y en un solo movimiento corrió la cortina.

El piso bajo sus pies pareció moverse por un momento.

La visión de un gran árbol en medio de un descuidado jardín la saludó de forma desalentadora. Soltó una risa nerviosa y volvió su mirada a la habitación. Lo que vio no fue menos desconcertante. Efectivamente el único mueble era un closet viejo y sin puertas el cual parecía que con el más mínimo movimiento terminaría por caer, las paredes del cuarto estaban pintadas de un color rosa opaco y estaban manchadas de un extraño color verde, además de tener varios grafitis a los cuales no les encontraba sentido. Tragó saliva y se dirigió a la puerta a la cual observó por un tiempo, muchas cosas pasaron por su cabeza, cada escenario peor que el anterior, negó rápidamente y decidió que lo mejor era tratar de salir por la ventana.

Tres intentos después y el marco de madera no cedió, la ventana nunca abrió. Había sido clavada desde afuera, pensó que romper el vidrió sería una opción así que se acercó donde el closet para buscar algo que pudiera ayudarla. Abrió el primer cajón y sin más aviso que un leve crujido el closet se desmoronó frente a ella en una pila de madera; de un salto se colocó en posición de ataque y volvió su atención a la puerta en espera que alguien entrara. Tuvieron que pasar dos minutos antes de permitirse dejar caer la pose aunque no de relajarse. Tomó el trozo de madera más grande que encontró y se acercó a la puerta, esta vez las dudas parecieron escabullirse en lo profundo de su mente y la abrió sin más ceremonia.

El olor a orina la invadió e inconscientemente dirigió la mirada a sus pies esperando no encontrar nada asqueroso bajo ellos, por suerte, además de tierra y bolsas vacías de supermercado o de comida chatarra no había nada que la asqueara más de lo que ya estaba. Recorrió con la mirada todo el lugar, las ventanas no tenían ni protección ni mucho menos vidrios, las amarillentas telas que servían de cortina revoloteaban libremente. No había muebles solo basura y un montón de cables sueltos en las esquinas y en medio de la sala dónde, quizás, en algún momento hubiera una lámpara.

Cuidando de no hacer ruido revisó cada una de las habitaciones restantes en búsqueda de cualquier peligro potencial, al paso de los minutos llegó a la conclusión de que ella era la única persona en el lugar lo cual no la hacía sentir mejor ya que no explicaba como de estar cómodamente en su departamento había despertado en una casa visiblemente abandonada. Ella no parecía tener ningún rasguño, su pijama se encontraba limpia y aún con un leve rastró a naranja, de ser un secuestro o un ajuste de cuentas dudaba que la hubieran dejado sola o que para esos momentos no tuviera al menos un ojo morado o rasguños en su cuerpo.

Todo estaba en incómodamente tranquilo.

Bufó y se dirigió a la salida de aquel lugar con pasos largos. El miedo y el desconcierto habían pasado dejando solo molestia.

Una vez más se quedó de piedra, en esta ocasión estando en el umbral de la puerta mientras observaba el pintoresco vecindario que asomaba entre la maleza que había crecido durante los años de abandono en el patio delantero de aquel lugar. Ashriel parpadeó un par de veces y se abrió paso intentando no pisar las ramas, vidrios rotos u otras cosas que se encontraban en el lugar. Un grupo de niños pasaron sobre sus bicicletas dejando tras ellos un coro de risas, en la casa de enfrente había un hombre haciendo Yoga junto a otras tres personas en el jardín. La chica sintió un tic debajo de su ojo.

— Oye ¿Tú quién eres?—Un pequeño niño de grandes ojos café le miraba curioso, el helado en su mano derritiéndose sobre sus igualmente pequeños dedos. Ella sonrió de forma amable y le revolvió el cabello.

Koshiro-chan le dio la inesperada noticia de que se había vuelto loca. No había otra forma de explicar el cómo había llegado a parar a la ciudad de Namimori, una ciudad que no solo no era dónde ella residía, sino también que se encontraba en un país extranjero y que, para colmo de todo, solo existía dentro de un manga que había comenzado a leer hacía poco.

Un manga. Un maldito manga. Katekyō Hitman Reborn era el nombre de la más reciente pestaña colocada en su buscador. Aún no había terminado de leerlo y aunque le gustaba mucho el arte no podía decir que entrara en su Top diez.

Pero ahí estaba. En pijamas y en una casa abandonada en la ciudad de Namimori. Respiró hondo tratando de no volverse más loca de lo que al parecer ya estaba.

— ¿Vives aquí? ¿Eres una bruja? Mi hermano dice que aquí vive una bruja y es por eso que mamá no quiere que entremos ¿Puedes volar?

Ella sonrió y asintió. El pequeño no podía ocultar su emoción— ¿Puedes cumplir un deseo? ¡Yo tengo un deseo! Hay un niño malo que molesta a mi hermano ¿Puedes convertirlo en rana? No quiero que mi hermano llore otra vez…

— Claro, pero necesito que me ayudes primero ¿De acuerdo?

El niño asintió con determinación.

Menos de una hora después el pequeño Koshiro le había conseguido ropa deportiva de su madre, unos tenis demasiados rosas para su gusto y una gorra con un símbolo demasiado parecido al de Ash en la primera temporada de Pokemon.

Objetos bastante útiles a cambio de algo tan fácil como asustar a un niño malcriado y sus amigos. Quizás no lo hubiera convertido en rana como Koshiro pidió pero Ashriel le había advertido las consecuencias que habría si seguía molestando a niños más pequeños que él de tal forma que lo único que aquella pandilla de chiquillos pudo hacer fue asentir entre balbuceos.

Como bono extra logró obtener una mochila verde cuando aquellos niños salieron corriendo aterrorizados. Adentro había un celular que lucía demasiado costoso para ser de un chiquillo de no más de 8 años, además de un poco de efectivo que no podría comprar más que un refresco y quizás unas papas.

Con sus nuevas posesiones pidió a Koshiro que le dejara hacer uso de su Wifi y así ubicarse en la ciudad además de investigar sobre los personajes principales de Reborn. Primero buscó a Hibari en la red y aunque obtuvo muchos resultados ninguno mostró nada particular sobre el guardián de la Nube, sin embargo encontró un artículo de hacía ya varios meses que hablaba sobre la fundación de Namimori y destacaba antiguas familias feudales a lo largo de la región, entre ellas mencionaba al Clan Hibari y a su actual líder, Hibari Torimitzu más no hacía mención sobre el prefecto de Nami-chu.

Sobre Tsuna, Sasawaga y Gokudera no encontró nada. Y en cuanto Yamamoto, había logrado encontrar dos artículos del periódico escolar de Shiba sobre partidos de béisbol que había sido ganados debido a la gran actuación del guardián de la lluvia. Según el periódico Yamamoto Takeshi tenía once años.

Un escalofrío recorrió su espalda.

Quizás había sufrido de alguna sobredosis ¿o quizás tomado demasiado alcohol? Ashriel bufó. Ella no consumía ningún tipo de drogas o bebidas alcohólicas, ella las odiaba, así que volvía a su teoría inicial. Ella se había vuelto loca.

O estaba soñando. Si, mejor pensar positivamente.

Una vez que se ubicó en el mapa se despidió del niño y hecho andar al centro de la ciudad. Si aquello era un sueño entonces era el sueño más vivido que jamás había tenido. Todo era demasiado perfecto, demasiados colores, detalles, olores y ruidos. Ella sabía que no tenía la creatividad suficiente para imaginarse todo eso y terminaba preguntándose qué tipo de locura tenía que tener para pensar que estaba de pronto dentro de un manga.

Por al menos tres días se dedicó a recorrer la pequeña ciudad, aprendiendo todas sus calles y atajos, incluso se tomó el tiempo para buscar las hogares de Sawada y de sus amigos pero pronto se aburrió de observarlos, la vida de niños de primaria no era tan emocionante como los comics y mangas te hacían creer. Aunque nunca pudo llegar a ver a Yamamoto o a Haru, quizás ellos tuvieran mejores historias que contar, igual ahora tenía cosas más importantes que hacer.

Suspiró y ajustando la mochila al hombro se acercó donde un grupo de personas que estaban observando un programa de televisión a través del aparador de cristal de una tienda. Recorrió con su mirada las personas más expuestas y sin que nadie diera cuenta de sus acciones, logró tomar efectivo y un par de carteras de algunos de ellos. Permaneció en aquel lugar fingiendo ver el programa por unos minutos y luego se alejó sin mirar atrás.

Acomodó la gorra sobre su cabeza y comenzó a caminar entre las partes más transitadas del centro. No era difícil pasar desapercibida ni mucho menos conseguir lo que quería, no era la primera vez que tenía que "tomar prestado" para poder sobrevivir por si misma aunque eso no hacía las cosas más fácil para ella. No es que sufriera de remordimientos, más bien la idea tener que volver a construirse una nueva identidad y un hogar le molestaba, la última vez había tardado un par de años para conseguir una casa propia, un nombre y una vida dónde sus demonios parecían acurrucarse perezosamente sin dar batallas innecesarias.

Pero ahora estaba ahí de nuevo, mendigando favores, robando y sin nada que pudiera llamar propio.

Y aunque era más fácil tomar cosas de la casa de Koshiro-Chan ya queel niño seguía encantado con ella, los padres del pequeño estaban comenzando a notar que algunas cosas faltaban o que la comida se terminaba más rápido por lo que al final de la segunda semana Ashriel decidió salir una última vez a "prestar" por los alrededores antes de dedicarse a buscar un empleo. Suponía que era lo mejor, teniendo en cuenta que algunos miembros del Comité de disciplina se encontraban en alerta por los diversos robos que habían ocurrido últimamente en las partes más concurridas de Namimori y aunque era bastante fácil despistarlos no deseaba por nada del mundo encontrarse con Hibari. El guardián de la Nube era como un perro de Tíndalo, una vez que sabía de tu existencia ya no había forma de deshacerte de él.

¡Y todo hubiera marchado de acuerdo al plan sino hubiera sido por culpa de esos chicos en el festival de Nami-Sur!

El Karma había comenzado a pisarle los talones, no había otra explicación aunque quizás no estaba siendo del todo justa. Si ella no hubiera decidido que ir a "prestar cosas" a la escuela del mismísimo Hibari era una buena idea entonces no habría tenido que pasar por aquel mal rato al enfrentarse con los miembros del comité ¡En serio! ¿Qué se había dicho sobre Hibari y los perros de Tíndalo? ¡Mala idea! ¡Mala, mala, mala idea! Ashriel aún sentía las ganas de estrellar la cara contra la pared ¿pero en que estaba pensando? ¡Ha, si! Algo sobre aprovechar la multitud reunida en las instalaciones de Nami-Sur para obtener ingresos suficientes hasta su primera paga en un trabajo honrado.

No había valido la pena, de verdad que no.

Ya debería saber que las escuelas no eran precisamente un símbolo de buena suerte para ella.

Ahora el comité no solo estaba más alerta que nunca sino que estaban buscando en específico a los cinco ladrones del festival. Ashirel no sabía que había pasado entre aquellos cuatros chicos y el Comité pero no debió de ser nada agradable considerando la saña que tenían los chicos de Tupe contra los que Ashriel sabía eran Sawada Tsunayoshi y su pandilla. Una pandilla bastante peculiar, ella no recordaba a ninguno de esos chicos en el manga y podía jurar que Tsuna había sido prácticamente un Hikikomori hasta antes de la llegada de Reborn ¿Qué mierda estaba pasando entonces? Después de lograr salir de Nami-Sur había decidido investigar un poco más sobre Sawada. Había cosas que simplemente no concordaban con lo que ella recordaba de la historia.

Además, Yamamoto Takeshi y Kurokawa Hana se habían vuelto de pronto un enigma mucho más desconcertante que aquellos amigos desconocidos de Tsuna o el hecho de que el propio castaño fuera de pronto del tipo de persona que se levantaba a las cinco de la mañana a correr alrededor de la ciudad.

¡Todo estaba de cabeza!

— Si tuviéramos más plantas Ash no se dormiría durante el trabajo.

Ashriel rodó los ojos — No estoy durmiendo, estoy pensando—Dijo, mirando con una chispa de fastidio a su compañera de trabajo—Y no sé cómo un montón de plantas podrían evitar que alguien se durmiera.

La chica a su lado se llevó una cuchara de polvo de chocolate a la boca—Las plantas son generadores de vida y oxigeno—Tomó otra cucharada—Y el oxígeno ayuda al cerebro a concentrarse mejor.

— Lo acabas de inventar ¿No es así?—Preguntó Ashriel, la chica se llevó más polvo de chocolate la boca mientras se encogía de hombros.

— Tiene sentido para mí—Dijo con la boca llena.

— Cheri, deja de comerte el chocolate, Ash las clientas de la mesa cuatro están listos para pedir.

Ambas chicas asintieron. Cheri se tomó un par de minutos para tomar un vaso grande de agua y limpiar sus dientes del resto de chocolate mientras Alex Coletti la regañaba una vez más por comerse el chocolate que utilizaban para preparar los frapes.

Había sido una verdadera suerte que la cafetería Seduzione, Tentazione e Addizione estuviera contratando, no era la primera vez que Ashriel trabaja en algún café así que tenía la experiencia y paciencia necesaria para pasar su día tratando con cualquier clase de clientes sin importar cuan fastidiosos fueran. Y lo mismo iba para los compañeros de trabajo. Cheri no parecía ser una mala persona pero esa aura somnoliento y de eterno cansancio la desesperaban, Ash simplemente no podía soportar a una persona que parecía la versión humana de un perezoso, con sus movimientos lentos, casi letárgicos, juntando su palidez enfermiza resaltada por el pálido color violeta de su cabello, Cheri era, a los ojos de Ashriel un somnífero viviente.

De reojo pudo observar a Cheri robar otra cucharada de chocolate. Bufó.

— ¿Puedo tomar sus órdenes?—Preguntó a las clientes quienes le sonrieron de forma amable.

— A mí me encantaría un pastel de nuez y un té de durazno—Dijo la más risueña de las dos.

— Para mí un pastel de moka con un americano, por favor.

Ashriel asintió con una sonrisa antes de alejarse con las órdenes. Las mujeres siguieron entretenidas con su plática de la cual pudo escuchar algunos detalles los cuales causaron que su curiosidad empezara hacer mella en ella, incluso mientras preparaba el pedido no pudo evitar poner su atención a las voces femeninas que llenaban el sito. Ellas eran los únicos clientes por el momento, así que no era difícil captar su plática.

— No olvides servirles natilla de cerezo, Nana-San y Hinata-San son clientes frecuentes, así que será una buena muestra de agradecimiento—Dijo Alex con una gran sonrisa. Orgulloso, como siempre, de cada uno de los postres preparados por él y su hermana pequeña.

La joven asintió y volvió donde las mujeres.

En la mesa cuatro la pequeña mujer castaña rio risueña bajo la atenta mirada gris de Ashriel mientras hablaba emocionada sobre tapices de colores y uniformes a juego con la mujer de nombre Hinata. Demasiadas coincidencias para dejarlas pasar, pensó Ash mientras servía los postres y aunque la risa de Nana Sawada era cálida y contagiosa, Ashriel no pudo evitar sentir un nudo en el estómago. Encontrar a la madre del futuro decimo Vongola en su lugar de trabajo era otra señal de mala suerte, podía apostarlo. En realidad, cualquier cosa relacionado con Tsuna era mal presagio.

Ashriel solo pudo suspirar ante su mal Karma.

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Tsuna estaba muerto. Acababa de morir. Su alma estaba abandonando dramáticamente su cuerpo mortal para, al fin, tener la paz y tranquilidad que tanto ansiaba. Lágrimas resbalaron por sus mejillas, una sonrisa se dibujó en su rostro, sus extremidades se relajaron por completo, música celestial inundo sus oídos. El viento de media tarde golpeó su rostro de lleno trayendo consigo el aroma a té recién hecho. Aspiró hondo.

Grave error.

— ¡Deja de soñar!

El aire pareció escaparse de pronto de su pecho llevándose consigo todo y sus pulmones. Ya no había tranquilidad ni música celestial, solo dolor y cansancio. Sus oídos martillaban, amenazando con explotar; sus extremidades estaban entumidas y las sentía diez veces más pesadas de lo usual. A lo lejos podía escuchar una voz regañándole, algo sobre tener una pésima postura y ser una vergüenza para los hombres, una parte de él encontraba todo el asunto gracioso (debía ser su parte masoquista) mientras la otra estaba tan aterrada (o quizás agotada) que ya no respondía a ningún estímulo, ni siquiera a los ligeros puntapiés que recibía en su costado.

— ¡Ché! ¡Shion arrójale otra cubeta de agua! … … ¡Qué sean dos!

El pequeño Sawada soltó un chillido muy poco masculino mientras se retorcía en el suelo al contacto con el agua fría. Risas se escucharon a su alrededor.

— Creo que a Tsuna-Chan no le vendría mal un descanso

— ¿Descanso? Lo que este niño necesita es un entrenamiento más duro o no durará ni dos minutos allá fuera.

— Pensé que lo había hecho bien contra ese chico del Comité.

— El Comité ¡Ché! Pandilla de vagos—El hombre dio una gran bocanada a su puro y prosiguió—Tsunayoshi tuvo suerte, eso es todo ¡Ya escuchaste, mocoso, levante!

Tsuna permaneció en el suelo.

Shion soltó una risilla—El té y emparedados están ya listos, un breve refrigerio no hará daño a nadie.

— Ché…

— Vamos, Tsuna-Chan, ayúdame a traer los bocadillos—Dijo el monje con una amable sonrisa. El jovencito no espero escuchar nada más y salió corriendo detrás del anciano soltando otro chillido al sentir la mirada de Sonomi-Sensei clavada en su espalda.

Shion no pudo evitar reír ante la reacción del niño—Tranquilo, Tsuna-Chan, Sonomi es un descarado y puede parecer duro e inaccesible pero lo cierto es que es justo como un corderito—Tsuna miró al monje como si a este le hubiera crecido de pronto una segunda cabeza. Shion amplió la sonrisa—Lo creas o no, ese viejo gruñón te ha tomado cariño, todo este entrenamiento es la única forma que él conoce para manifestar su amor y preocupación.

— Entonces… ¿entre más duro el entrenamiento más cariño me tiene?—Preguntó el niño frunciendo el entrecejo.

El monje asintió de forma amable—Si, es una forma de decirlo.

Tsuna negó rápidamente—Prefiero que no me tenga cariño ¡En serio! La gente dice que nadie puede vivir sin amor ¡pero el oxígeno es más importante!

Shion rio.

Sawada Tsunayoshi era un niño bastante dulce y amable, tanto así que la simple idea de que estuviera entrenándose bajo la tutela de Sonomi era preocupante para varios miembros del templo, Shion no podía decir que él se sintiera especialmente tranquilo de ver al pequeño Tsuna bajo las rigurosas y crueles maneras de Sonomi, sin embargo, tal y como había comentado al niño, él sabía que aquel viejo soldado tenía un buen corazón y que sentía especial empatía por los niños, además, había algo en los ojos de Sawada Tsunayoshi, algo que hacía creer a Shion que podría derrumbar los muros que Sonomi había creado durante todos sus años al pie de guerra; era una especie de determinación, de inocencia que parecía envolver las cosas a su alrededor. En algunas ocasiones Shion podía jurar ver un brillo naranja asomar por aquella castaña mirada, un brillo particular que había visto en muy pocas ocasiones en hombres y mujeres destinados a realizar grandes hazañas. Alguna vez los ojos de Sonomi habían resplandecido de la misma forma, cuando ambos eran tan solo unos niños y el mundo parecía benévolo pero el tiempo había transcurrido sin misericordia y ambos habían tomado caminos diferentes con sus bellos recuerdos y sus dolorosos momentos. Pero Sonomi parecía haber vivido diez vidas en una y había envejecido de esa forma, alejándose de sus hijos los cuales no parecían perdonarle su ausencia, intentando reconciliar a los muertos dentro de sus recuerdos y tratando de perdonarse por la sangre en sus manos. Su hermano simplemente parecía haber dejado de vivir y se había dedicado a ver el tiempo pasar esperando a que la muerte llegará irremediablemente por él. Por eso, cuando el pequeño Tsuna llegó al templo a pedir que Sonomi lo tomara como discípulo Shion no pudo más que agradecer a Dios y servir de intermediario.

Sonomi necesitaba motivación, una nueva misión para salir de ese abismo en el que él mismo se había lanzado y Tsuna-Chan parecía ser la persona correcta para ayudarlo, después de todo, un buen maestro transmite siempre sus enseñanzas a un buen discípulo y un buen discípulo siempre nutre a un buen maestro.

Y aquel fuego que resplandecía en la mirada de Sawada Tsunayoshi cada que pensaba en proteger a su familia era solo una de las tantas señales que lo mostraban como alguien digno de ser enseñado.

Además, la relación maestro-discípulo que comenzaba a forjarse entre Sonomi y Tsuna-Chan no tardaría en transformarse en algo más. Tsuna-Chan aunque lo negaba estaba ansioso por una figura paterna en su vida y aunque Sonomi tenía demasiados demonios luchando en su interior no tardaría demasiado en ver al niño como un bálsamo para sus heridas y quizás lograra amarlo como el hijo que años atrás había perdido por culpa de sus miedos.

O al menos eso es lo que el monje deseaba.

Y es que Shion era egoísta, él lo sabía, por que debería rezar y actuar en nombre de sus sobrinos pero el tiempo pasaba y su hermano se consumía.

— Vamos, llevemos esto antes de que Sonomi decida venir por nosotros.

Tsuna asintió con una sonrisa.

— Vendrás el fin de semana, notifica a tu madre y a tu noviecita que aquí se te darán los alimentos para que no vengan a traerte bento. No necesitas distracciones—Fue lo primero que dijo Sonomi en cuanto los tuvo en su campo de visión.

— ¡¿Qué?! ¡¿Por qué?!—Chilló Tsuna aunque no tardó más de un par de segundos en recomponerse de su estupor y ayudar a servir la mesa.

— Porque eres un niño idiota que le gusta meterse con bravucones—Dijo Sonomi frunciendo el ceño mientras su discípulo le servía té—Y antes prefiero ser despellejado vivo a que mi discípulo pierda ante uno de los peones del Clan Hibari. Tú no puedes ser vencido por ellos ¿me has entendido?

— Uhmm…

— Si lo haces no tendrás que preocuparte de mí maldiciendo a tu descendencia por que no tendrás.

Tsuna tragó en seco—M-mi mamá cree que entreno en un dojo en la ciudad así que no tiene por qué venir al templo y Hana nunca ha sido una distracción.

— No quiero a tu novia aquí

— ¡Que no es mi novia! Y además no entiendo por qué tengo que entrenar más de lo que ya lo hago, no planeo volver a interferir con el comité ¡Eso fue un error! ¡Un error!—Exclamó el niño para luego dar una violenta mordida a su emparedado causando que una lechuga aterrizara sobre su regazo.

— ¿No habías dicho que los chicos del comité estaban búscate a ti y a tus amigos?—Preguntó Shion mientras el niño retiraba el pedazo de lechuga de su pantalón y lo volvía a colocar en el sándwich.

Tsuna hiso un puchero—Algo así, todos teníamos mascaras así que no parecen reconocernos y además, con excepción de Maya, las demás chicas no se involucraron en la pelea así que no creo que ellas tengan algún problema en el futuro—Dijo tomando un sorbo de té.

— Si ese mocoso Hibari Kyoya es igual que Torimitzu-Baka entonces no me extrañaría que pronto lo tengas en la puerta de tu casa para retarte—Dijo Sonomi mientras encendía otro puro.

— Hibari ni siquiera sabe que existo así que no creo que eso pase y no entiendo por qué de pronto estás tan interesado en enseñarme técnicas de pelea ¿qué no habías dicho que primero tenía que adquirir resistencia, reconstruir mi cuerpo y más cosas raras de esas?

Sonomi gruñó—Ché, eso lo dije por que no tienes ningún talento para las artes marciales.

— ¡Hey!—Chilló Tsuna— ¿Entonces qué hago perdiendo mi tiempo en esto?—Lloriqueó causando una risilla por parte de Shion.

— ¡Yo que sé! Igual el dinero extra me sirve de algo—Dijo el militar encogiéndose de hombros.

Tsuna alargó su puchero—Vaya robo…entonces… ¿conoces a la familia Hibari desde hace mucho? Desde el altercado con el comité has estado maldiciendo contra ellos ¿Cómo conoces al jefe del Clan?

Sonomi tomó un largo sorbo de té bajo la atenta mirada de Tsuna y Shion.

— Un compañero ¡eso es lo que necesitas!—Exclamó Sonomi ignorando completamente el comentario del niño.

Tsuna parpadeó confundido— ¿Qué?

— Alguien sin talento como tú necesita ser arrojado al abismo para aprender a sobrevivir—El hombre acarició de forma pensativa su mentón y luego sonrió de forma amplia—Si…creo que un compañero de prácticas es la única forma que tenemos para que ese torpe cuerpo tuyo recuerde las técnicas.

Sawada sintió un escalofrió recórrele la espalda—Vas a… vas… ¿vas a practicar conmigo?—Preguntó con cierto temor. Hasta el momento el viejo militar se había dedicado a trazar un régimen de entrenamiento enfocado a moldear sus músculos y brindarle resistencia, o eso es lo que le habían explicado. La única técnica que le habían enseñado había sido la técnica de pasos y no fue sino hasta que se enfrentó contra aquel chico del comité que había logrado entenderla y sobre todo, realizarla.

Sonomi soltó una carcajada—Niño, te llevo once vidas de ventajas, el infierno se enfriaría antes que pudieras durar siquiera dos minutos contra mí—Tomó otro largo sorbo de té y agregó—Olvida lo de venir el fin de semana….

Tsuna suspiró aliviado.

— Te quedarás en el templo desde el viernes por la tarde y regresaras a tu casa el Lunes.

— ¡Hiiiieeee!

— Oh, eso sería magnífico, sé que los demás monjes estarán felices de tenerte además le harás compañía a la pequeña Angel.

— ¿Quién?—Preguntó Sawada sorbiendo por la nariz.

— Mi sobrina—Respondió Shion una sonrisa melancólica.

— ¿Sobrina?—Preguntó Tsuna volviendo su mirada hacia Sonomi-Sensei

— La mocosa de mi hija—Respondió Sonomi sirviéndose más té—Será una buena compañera de práctica—Dijo sin más.

Tsuna asintió. No parecía que Sonomi-Sensei deseará hablar más sobre su familia así que Sawada decidió no insistir. A un costado Shion-San le sonrió agradecido.

No transcurrió mucho tiempo antes de que terminarán de comer y Sonomi-Sensei lo arrastrara una vez más a su espartano entrenamiento dónde le mostraba las posturas básicas del jujitsu y con cada error que cometía era golpeado por cacahuates que para ser tan pequeños dolían demasiado. Quizás era porque el viejo militar sabía el punto exacto dónde golpearlo o por qué Sonomi-Sensei era del tipo de hombre que podía hacer de cualquier cosa un arma mortal; Tsuna había escuchado muchas veces en películas ese comentario sobre poder matar a un hombre con el pulgar y a veces se preguntaba qué tanto de cierto había en esa leyenda y si Sonomi-Sensei podía matar a alguien con un dedo o peor a aún, con pequeños e insignificantes cacahuates.

Aunque era mucho mejor que ser golpeado por el bastón de madera que el hombre solía usar como apoyo ¿en serio Sonomo-Sensei necesitaba ese bastón? Tsuna tenía la firme creencia que el hombre lo había comprado con el único propósito de maltratarlo. Si, estaba seguro de ello, por que no recordaba que el anciano tuviera ese objeto del mal la primera vez que llegó al templo a pedir que lo tomara como su discípulo, de hecho, el hombre había estado haciendo unos ejercicios de equilibrio sobre una serie de angostos troncos de madera.

¡Alguien que podía mantener el equilibrio con solo el dedo gordo del pie no necesitaba usar un bastón!

— ¡Deja de soñar!—Exclamó Sonomi lanzándole un cacahuate justo en la frente con tal fuerza que lo tiró de espaldas.

Tsuna no se levantó, Sonomi gruñó.

— Shion ¡Trae otra cubeta de agua! Carajo….pero que niño más delicado.

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Kusakabe Tetsuya no sabía qué hacer y estaba a poco de entrar en pánico aunque, por supuesto, eso era algo que los demás no tenían que saber, incluyendo al propio Kyoya. Especialmente él. Suspiró. Tetsuya sabía que esto era una prueba no solo para Kyoya-San sino para él también, Torimitzu-Sama no lo había dicho como tal pero no se tenía que ser especialmente listo para saber que detrás de las palabras amables y alentadoras de la cabeza del Clan Hibari estaba la muda advertencia de relevarle de su cargo si llegaba a fallar. Eso era, claro está, impensable. La familia Kusakabe había servido al Clan Hibari casi desde que estos se asentaron en la pequeña ciudad de Namimori y cada uno de los primogénitos Kusakabe había sido el miembros más leal así como ocupado también el lugar de mano derecha de los diferentes sucesores del Clan desde entonces. El propio padre de Tetsuya era la actual mano derecha de Torimitzu-Sama y eso por si solo era ya una gran responsabilidad para el joven Kusakabe quien veía en sus mayores su futuro reflejado.

Ren Kusakabe había dicho a su hijo en más de una ocasión que no era necesario seguir los pasos de sus antecesores, si así lo deseaba podía ocupar sus talentos en otras áreas, Tetsuya era bueno con los niños pequeños y Dios sabía que tenía la paciencia suficiente para tratar con chicos problemáticos, Kyoya-San, por ejemplo, era realmente inteligente sin embargo no solo era perezoso sino que además le era completamente indiferente cualquier otra cosa que no satisficiera sus propios intereses. Sin embargo, de alguna u otra forma, Tetsuya siempre lograba que Kyoya-San terminara con los suficientes deberes escolares para no tener ningún problema, aunque para ser sinceros, aun si el joven Hibari nunca realizara los trabajos escolares los maestros de Nami-Sur jamás pensarían siquiera en reprenderlo. El Clan Hibari era una de las familias más antiguas y poderosas de la región, además de ser el principal benefactor de Nami-Sur lo que volvía a Hibari Kyoya en alguien intocable dentro de la institución.

Quizás la única persona que se atrevería a reclamar a Kyoya-San su falta de interés académico sería Tomoda-Sensei y solo porque él había sido antiguo profesor de Torimitzu-Sama y la actual cabeza del Clan le guardaba cierta simpatía.

Ni siquiera Kyoya-San se arriesgaría a faltar al respeto a las personas que gozaban de la estima de Hibari Torimitzu.

Kusakabe se removió ligeramente en su lugar.

La relación que existía entre Kyoya-San y Torimitzu-Sama era, por decirlo de alguna forma, bastante curiosa. Nadie dentro de la familia dudaba del amor que había entre la cabeza de la familia y su único hijo, sin embargo, era también evidente que existía una extraña competencia entre ambos, más por el lado del joven Hibari que del actual líder. La sombra de Hibari Torimitzu era muy larga y poderosa, tener su abrumadora presencia sobre tu espalda no debía ser precisamente fácil de sobrellevar, especialmente para alguien como Kyoya-San que odiaba sentirse controlado.

Y, para ser sinceros, esa era precisamente la razón por la que ahora todos ellos se encontraban en una tensa situación.

Tetsuya no dudaba ni por un momento que Kyoya-San saldría vencedor al final del día, pero también estaba completamente seguro que la joven alondra dejaría a su paso un camino de cuerpos y muchas pérdidas estructurales. El joven Kusakabe dudada que Tormitzu-Sama fuera a decir algo por que su hijo se hiciera cargo de la lacra de la ciudad, por algo había mandado a la Doctora Ayane de regreso a Namimori, sin embargo, Kyoya-San tenía poco interés en los asuntos económicos o políticos y nunca se molestaba por contener la destrucción a su paso, justo como hace dos meses atrás, cuando en uno de esos días en los que se encontraba aburrido Hibari terminó por destruir un edificio en la zona norte de la ciudad mientras se encargaba de un grupo de gamberros. Lou-Sama había tenido que intervenir, no solo para hacerse cargo de la remuneración económica hacia los dueños del edificio, sino que también se había encargado de contener el malestar público con una cena entre las principales familias acaudaladas de la ciudad quienes creían que el Clan Hibari se estaba volviendo cada vez más inestable siendo las violentas reacciones de Kyoya-San el síntoma más evidente.

Y si bien Lou-Sama había logrado aplacar momentáneamente las quejas de las familias subordinadas, no pudo evitar la confrontación entre Torimitzu-Sama y Kyoya-San quienes se culpaban mutuamente por el debilitamiento en la salud de Lou-Sama. La segunda cabeza de la familia se mantuvo en reposo por casi dos semanas y sin su constante y dulce intervención la casa principal del Clan Hibari se mantuvo al pie de guerra.

Tetsuya aspiró hondo. Una vez más Lou-Sama se mantenía firme en sus responsabilidades como segundo líder del Clan a pesar de su frágil salud y quizás esa era la razón por la que Kyoya-San había estado más dispuesto a escuchar los consejos de su joven mano derecha en lugar de lanzarse directo al campo de batalla, después de todo, cualquier cosa que afectara la salud de Lou-Sama en los próximos meses en ausencia de Torimitzu-Sama sería completa responsabilidad de Kyoya y si había algo que ambos, Torimitzu y Kyoka estaban de acuerdo, era que cualquier persona o circunstancia que amenazara la tranquilidad del segundo líder tenía que, sin excepción, desaparecer.

Y ese era el problema. Tetsuya notaba con mayor preocupación como Kyoya se volvía más brutal y eficiente no solo en sus enfrentamientos con las otras bandas locales sino también con los civiles, el joven Kusakabe se temía a que el joven líder del Clan hibari hubiera llegado a la conclusión de que entre más rápido acabara con la escoria más pronto retomaría el control de la ciudad y menos oportunidades dejaría a la segunda cabeza del Clan para actuar. Así era con el joven Hibari, todo o nada, sin importarle con cuánta gente inocente tuviera que pavimentar su cruzada.

Kusakabe comenzaba a sospechar que pronto Kyoya dejaría de escucharle y tendría que preparase para el caos y si eso pasaba, Lou-Sama intervendría y entonces Torimitzu-Sama sabría que ambos, Tetsuya y Kyoya habrían fracasado.

— Los fondos se han mantenido estables—Explicó Izuku de forma solemne—aunque aún hay quienes se niegan a contribuir a la causa.

Hibari-San observó a su joven subordinado con el rostro impasible. Cualquiera diría que no le interesaba en lo absoluto lo que su tercero a mando estaba reportando, Kusakabe sabía, sin embargo, que la pequeña chispa de molestia danzando en la gris mirada de su líder exigía saber por qué aquella situación no estaba ya resuelta.

— Hemos tenido contratiempos en el centro…

— Se ha optado por fortalecer nuestra influencia en el lado Sur de tal forma que, aun cuando avancemos al centro y luego al norte, ninguno de los grupos vencidos tenga las mínimas oportunidades para restablecerse al formar centros de mandos autónomos que respondan con la misma eficiencia que Hibari-San—Intervino inmediatamente Kusakabe. Ya era bastante malo que Kyoya estuviera cada vez más ansioso por la falta de ejercicio (por no decir peleas), pero sería verdaderamente problemático si se enteraba que el consejo de comerciantes del centro de Namimori se había negado a pagar por "derecho de existencia" al Comité Disciplinario alegando que la época feudal de la ciudad había terminado hacía ya mucho tiempo atrás, además de que el Clan Hibari jamás había tenido poder en esa parte de la Ciudad y no se le concedería ahora.

La negativa del Consejo de comerciantes no era tan sorpresiva como se esperaría considerando la fama de Kyoya, después de todo, ninguno de los antiguos líderes había jamás intentado romper el juramento de no Intervención que había realizado Hibari Yue, ultimo señor feudal.

Kusakabe Tetsuya rogaba en vano a que Kyoya no deseará ser el primero en romper con dicho juramento, después de todo, en el frágil terreno que se asentaba el clan en estos momentos, el ir y aterrorizar civiles era una línea que no se debería cruzar. Eso, sin contar que los rumores sobre un grupo de rebeldes que habían atacado durante el festival de Nami-Sur estaban tomando cada vez más fuerza dentro de los miembros del comité. Desacuerdo a Izuku aquel grupo de infractores no había sido más que ladrones que desearon probar su suerte, sin embargo, el simple hecho de poder escapar de las garras del monstruo que era Izuku Mamoru no solo era sorprendente sino que alimentaba los rumores de una "rebelión".

Los miembros del comité veían demasiada televisión para poder crear semejante patraña. Aun así, era mejor si Kyoya no se enteraba, Tetsuya prefería tenerlo en la casa principal refunfuñando y dedicando miradas asesinas al personal por la falta de acción que causando destrozos a su paso en búsqueda de un inexistente y digno oponente.

Si Izuku guardaba silencio se podría ganar un poco de tiempo y solucionar el asunto del Consejo de Comerciante sin un derramamiento innecesario de sangre.

— Los herbívoros deben ser mordidos hasta la muerte—Fue la sentencia final de Kyoya antes de tomar un sorbo de té.

Un escalofrió recorrió la espalda de Kusakabe mientras Izuku realizaba una reverencia y aseguraba cumplir sin falta las órdenes del joven Hibari; Tetsuya sirvió una última taza de té a Kyoya antes de retirarse del salón y comenzar a buscar a Izuku quien, con suerte, no habría abandonado los terrenos de la casa principal.

— Kusakabe-San parece un poco tenso

El aludido dio un ligero respingo y volvió su vista uno de los jardines de la casa donde, entre las sombras de uno de los árboles se encontraba sentado cómodamente Izuku Mamoru. Tetsuya le observó por unos segundos antes de dar un gran suspiro, Izuki sonrió de forma discreta.

— Yo me haré cargo del Consejo de Comerciantes—Advirtió Tetsuya.

— ¿Es así?—Replicó el joven de ojos grises—La intervención de Kusakabe-San no parece rendir frutos hasta el momento.

Tetsuya torció la mueca—Intento llegar a un acuerdo.

— El Clan Hibari no negocia.

La mano derecha de Hibari arrugó el entrecejo y observó de forma cortante al joven frente a él. Era evidente la tensión entre ellos así como las contradicciones en la forma en que ambos lidiaban con el propio Kyoya. Mientras Izuku disfrutaba de complacer los deseos más destructivos de su joven líder, Tetsuya siempre buscaba llegar a soluciones menos violentas y tratar de templar el carácter de Hibari. Había un dicho entre el Clan que recitaba que la mano izquierda jamás debe de saber lo que hace la derecha y viceversa, pero Kusakabe no estaba dispuesto a obviar las acciones peligrosamente destructivas de uno de los miembros del clan, no importaba que ese miembro fuera el tan temido demonio rojo, Izuko Mamoru, puño izquierdo de Hibari Kyoya.

— Yo me haré cargo del Consejo de Comerciantes—Repitió Kusakabe en tono severo. A pesar de lo respectivos títulos, Tetsuya seguía estando un escalón por encima en la jerarquía así que tomaría ventaja de ello.

Izuko sonrió cual Cheshire, ampliando la sonrisa hasta dejar al descubierto su perfecta dentadura. Kusakabe sintió un escalofrió recorrerle la espalda.

— Que así sea, Kusakabe-San…que así sea hasta que usted mismo tenga que dejarlo en claro—Izuko se relamió los labios—El Clan Hibari no negocia.

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