Capítulo 43: Desinterés


Al cruzar aquella luz, Liuxus había vuelto a aquella sala blanca y solitaria. La misma decoración, y tamaño, a excepción que al fondo de ésta, habían al final unas escaleras, y una figura en gabardina negra, siendo de nuevo el conocido rostro que Liuxus ya había visto antes.

-Sin dudas, lo haces bien. Y yo, Vexen, te lo agradezco. –dijo él, sonriendo.
-¿Qué es éste lugar? –preguntó él con enfado.
-El Castillo del Olvido. Donde los recuerdos de tu corazón se materializan en ilusiones. –respondió el sujeto. –Ahora mismo, acabas de vencer a una de éstas ilusiones.
-¿Recuerdos, dices? Pero si no había nadie en ése castillo…aparte de aquella figura.
-Ah… ¿Es que no te das cuenta? –dijo Vexen, apuntándole a él con desafío y una sonrisa torcida. –Tú acabas de cortar uno de los lazos que posees con alguien. Y eso, es uno de los pasos requeridos para que tú completes tu tarea. Un paso hacia adelante para "hallar" lo que requieres.
-¿Hallar? ¿De qué rayos hablas? –preguntó Liuxus con enfado.
-Aquí, hallar es perder, y perder es hallar. Tal vez, borrando aquellas ilusiones, hallaras lo que olvidaste.
-Dices que si me deshago de aquellas ilusiones que se me pongan enfrente, sabré porqué vine yo aquí…
-¡Jaja! ¡Vaya, no por algo se te asignó el número "IV"! –dijo Vexen, a carcajadas.
-¡Suficiente! –gritó él, a la par de ir a la carga contra él.
-Oh, pero si solo es el comienzo…

A la par de dar ésa última frase, él desapareció con un portal detrás, y se esfumó entre despliegues de sombras y oscuridad.

De nuevo, Liuxus se hallaba solo en aquél lugar.
Sin poder darse una idea de con quien trata, decidió ir hacia adelante, y subir las escaleras hacia la siguiente planta.
Ya en ésta, de nuevo le dio la bienvenida una puerta que era exactamente igual a la que había cruzado antes.

-Supongo que el diseño de todos los pisos es similar. –dijo él, mientras que se acercaba a ésta, y comenzaba su travesía al siguiente recuerdo…

Y fue así que él no dudó en seguir al siguiente escenario, que cruzó la puerta y apareció en un mundo diferente.
Ésta vez, era un mundo oscuro, y diferente a lo que había visto antes. Se trataba de un castillo en penumbra, el cual tenía unas pocas luces prendidas. Pero lo llamativo fue ver a la figura que él buscaba, más cerca de lo que pensaba. Se podía ver ésa figura encapuchada por una ventana, en una habitación de la torre del ala oeste de aquél castillo.

-Bien. No perdamos tiempo. –se dijo a sí mismo, mientras entraba al castillo.

No era para nada difícil perderse. Al entrar, corrió por la escalera central hacia la derecha, para después llegar a una sala en forma de "L", llena de armaduras y de alfombrados y paredes rojizas. Siguiendo éste camino, corrió a una escalinata que se hallaba a su derecha, para seguir de frente hasta el siguiente cuarto: otra formación en "L", con una escalinata más corta, y un pasillo que daba a ésa habitación.
Entrando, notó que se trataba de una habitación oscura, con todos sus muebles destrozados y que, alguna vez, habían sido muebles lujosos. Pero lo que le llamó la atención fue la figura que se hallaba al fondo de ésta habitación. Se hallaba tocando el violín, dando a oír una melodía suave. Tranquila, pero con tintes de tristeza y sombras. Como si tratase de comunicar las cargas de una persona…

-Ahora te toca a ti. –dijo Liuxus, mientras invocaba su llave espada.
-Pelearemos en otro lugar. –respondió su contrincante, el cual dejó caer el violín que portaba, para luego cámbialo por la llave espada.
-No irás a ningún la-

Pero no se hizo esperar. El contrincante interrumpió a Liuxus en su oración, lanzándose al ataque contra él. Instantáneamente, propinó trece tajadas con aquella misma llave espada que su contrincante anterior había usado. Trece tajadas envueltas en una energía cortante, pulsante y potente de color rosado, y a la par liberaba pétalos en el aire.
Con poca oportunidad de respuesta, Liuxus cayó al suelo con un rodilla en el suelo, y apoyándose con su llave espada.

-Te veré en el salón de baile. –dijo el enemigo, mientras que salía caminando de ahí.

Habían pasado minutos en los que Liuxus estaba solamente jadeando. No podía creer que ahora pelearía contra alguien, en vez de solo atacarlo y someterlo. Las cosas se pondrían más interesantes…
Después de reponer un poco sus fuerzas, salió de aquella habitación para volver por todo el camino hasta la escalinata del recibidor del castillo. Ahí, bajando y a mano izquierda, se hallaba una puerta grande y con luz iluminando sus paredes. Ése era el campo de batalla.
Liuxus entró de nuevo, desafiante y ahora más cauto, mientras que su rival se tornaba hacia él, justo con una llave espada igual a la de su rival en Bastión Hueco.

-¿Disfrutarás de ésta danza? –dijo él, mientras que revelaba su rostro, siendo Cyxnel en ésta ocasión.
-Mejor cállate y empieza. –replicó Liuxus, haciendo que Cyxnel riera a carcajadas, mientras que se ponía en posición de combate.

Encajando la llave en el suelo, muchas raíces espinadas salieron del suelo, buscando atacar a Liuxus todas al mismo tiempo.
Él logro esquivarlas con una vuelta de carro, y lanzarle una Firaga a su rival.
La recibió de lleno, y le lanzó una mirada de enojo por aquel golpe. Salió al ataque contra él, solo para chocar su llave contra la de Liuxus.

-Ansiaba esto desde hace mucho. –dijo su rival con una sonrisa eufórica.
-¿Qué barriera el suelo contigo? –preguntó Liuxus en señal de respuesta.

Pero Cyxnel dio una patada a una de las piernas de Liuxus, haciendo que perdiera su bloqueo, permitiendo a Cyxnel darle uno de sus ataques preferidos: trece tajadas con su arma, envueltos en energía rosada, pétalos y tallos espinosos. Cada que daba una tajada del Florecer de Guadaña, liberaba una explosión de pétalos, al mismo tiempo que Liuxus daba gritos de dolor.
Al terminar, él sostenía uno de los pétalos con su mano izquierda, mientras que lo admiraba con gusto.

-La juventud y la belleza…atados en un lazo que-
-Cierra la boca. –dijo una voz detrás de él.

Espantado, Cyxnel abrió sus ojos de par en par, intentando voltear a ver detrás de él. Pero fue muy tarde, ya que con una tajada certera, lo atravesó por la mitad, haciendo que soltara aquél pétalo que sostenía, y comenzara a tartamudear…

-Entonces…así será esto…
-Desaparece ya. Que tengo prisa. –decía Liuxus con hartazgo.
-Vaya…sé que nunca nos caímos bien, pero ¿portarte así conmigo?
-¿De qué rayos hablas? –preguntó ahora con poco interés.

Pero Cyxnel se limitó a reír adolorido, mientras que desaparecía de aquél lugar.
Al final, Liuxus había regresado a aquél estado solitario. Ni una sola alma cerca. Solo la brillante luz que salía de la puerta al final del salón de baile, que daba al jardín de rosas. Lento pero decidido, se acercó a la puerta una vez más, para volver a despertar en aquella sala blanca…