Capítulo 44: Un Mundo Ideal
De nuevo, aquella sala blanca y las mismas escaleras. Todo era igual. Incluyendo la puerta dorada que se hallase en el piso superior.
-Entonces, esto será igual de repetitivo…
Pero al tiempo de que volteaba a las escaleras, algo le recorrió la espalda. Un escalofrío pasó por su cuerpo, mientras recordaba lo que le había pasado a su antes compañero. Sobre todo, lo que había dicho:
-Vaya…sé que nunca nos caímos bien, pero ¿portarte así conmigo?
Ése recuerdo no abandonaría su cabeza…algo andaba mal.
Pero no tenía tiempo para seguir indagando en el pasado. Había una puerta delante de él, y tenía un trabajo que hacer…
Mientras, Vexen se hallaba en el cuarto del ordenador ya antes mencionado. Él miraba el libro con cautela, analizando cada detalle mostrado en pantalla.
De la nada, aparece un portal oscuro detrás de él. Vexen no se sorprende, solo torna sus ojos y cabeza hacia la derecha, sin mirar del todo hacia atrás.
-Ahora tú vienes aquí. ¿No tienes tu propia misión?
Al descubrirse la capucha, no se trataba de otra persona más que Xigbar, quien sonreía de forma desafiante y carismática, como suele hacerlo.
-Relájate. Éste es en parte un poco de tiempo muerto entre mi misión y volver al castillo.
-Explícate. Tu presencia aquí es…
-¿Inesperada? ¿Acaso planeaban algo a mis espaldas? –dijo él con otra de sus sonrisas, mientras que veía a Vexen con su ojo izquierdo, y él se giraba hacía Xigbar.
-¿Terminaste? Tengo muchas cosas que realizar, además de-
-¿Terminar experimentos? –respondió con una pregunta de nuevo, con aquél tono que sugería ya saber más de la cuenta. –Ése proyecto tuyo le llama mucho la atención a nuestro superior. Pero yo vengo por otra cosa. Y sabes de qué te hablo.
Vexen volteó a ver aquél libro que se hallaba dentro de la computadora, desplegando sus hojas de forma incontrolable ahora.
-Y por lo que veo, se pone interesante.
-Tú me sugeriste éste método. –dijo Vexen. –Pero, tengo que preguntar… ¿Por qué no usar una réplica digital del chico? ¿Por qué alterar la memoria y la imagen? No le veo mucho sentido.
-Oh, pero si tiene sentido. Solo te diré que, en parte, ayudará a tu proyecto a llegar a una nueva fase. –respondió ahora con una voz más seca, pero sugerente. Algo sabía él que no quería mencionarlo de golpe. –En fin. Me retiro por un momento.
-¿Tan breve era la visita? –cuestionó el científico.
-Como si lo fuera. Tengo a alguien más a quien ver. –dijo Xigbar, dándole un último vistazo a su compañero por su hombro derecho, mientras que desaparecía en el mismo portal que él había invocado.
Por otro lado, Liuxus ya había cruzado la puerta dorada del tercer piso. Ahora, se hallaba en un paisaje repleto de arena hasta donde los ojos le daban oportunidad de ver…Pero al seguir observando a su alrededor, notó en la lejanía una edificación curiosa. Alta, de copa dorada, blanca en sus paredes, y rodeado de muros de arenisca. Se trataba de la ciudad de Agrabah.
De nuevo, se vio obligado a recorrer cada una de las callejuelas de aquella tremenda ciudad, buscando la figura misteriosa que le daría paso al siguiente piso. Pero de nuevo, la tarea no le fue fácil.
Recorrió los mercados, algunas casas, y no logró nada. Fue cuando llegó a la entrada del palacio, cuando vio a su blanco. Un sujeto de capucha negra.
-Pensé que era una tarea difícil, pero por lo que veo, no es TAN difícil.
A la par de decir esto Liuxus, su blanco se descubrió el rostro. Labios femeninos, cabellera rizada, ojos verdes…el siguiente blanco a destruir era Dyxen.
-Tienes que zafarte de esto. –dijo ella, mientras que llamaba la misma arma que los demás contrincantes. Una llave espada.
-Lo haré, tan pronto logre derrotarte. –dijo Liuxus con seriedad y enojo. –Las ilusiones son ilusiones a final de cuentas. No lastiman.
-Ah, ¿no?... ¡Firaja! –respondió Dyxen con una bola de fuego mediana, la cual impactó contra Liuxus y su llave, haciendo un bloqueo exitoso.
-¿Eso es tod-
Pero el ataque de ella no había terminado, invocando otras dos Firagas. Una más potente que la anterior, de forma sucesiva, hasta haber invocado ocho, y haberlas lanzado contra Liuxus. Todas y cada una golpearon al portador de Luz Estelar, el cual terminó arrodillado y cansado.
-Re…repito. –dijo entre jadeos. -¿Eso…es todo?
Pero ella se movió rápidamente y sin titubear. Sostenía la llave espada de forma inversa con ambas manos, a la par de regresarla al derecho, para dar tajadas mortales y pesadas hacia Liuxus.
-Se nota que te hice un mal, para atacarme así…
Liuxus se quitó a ella de encima, para después propinar el mismo combo que había aplicado hace varios mundos atrás. Tajadas, golpes, lanzamientos y energía disparada hacia ella. Fue lo mismo que había hecho, pero ahora, tendría un resultado distinto.
-Y bien…se acab—
Una explosión de energía detrás de él lo hizo voltear súbitamente. Detrás, Dyxen ahora estaba rodeada por un aura luminosa, y sus ojos miraban con enojo a su rival, para pronto después desaparecer. Envuelta en llamas, apareció frente a él. Dio una tajada certera contra él, para luego desaparecer detrás, y reaparecer arriba. Dio un ataque en picada contra él, y cada que le golpeaba, desaparecía y reaparecía en el aire. Así, un total de doce veces hasta dejar de aparecer y soltar un manojo de energía explosivo que dejó a Liuxus tirado en el suelo.
-Y pensar que el más grande traidor se hallaba entre nosotros.
Pero Liuxus se puso de pie una vez más, girando un poco su cabeza para poder hacer sonar su cuello, mientras exhalaba de forma tranquila.
-Bien, bien. Mi turno.
Se abalanzó contra ella, haciendo que ambas llaves de nuevo chocaran y aplicasen palanca uno contra el otro. Pero lo que Dyxen no previó fue que Liuxus soltó su llave, hizo una maniobra para quedar detrás de ella, y lanzar con éxito una Blizzaja Oscura, haciendo que varios estallidos de hielo le impactaran, mandándola a volar unos metros hacia adelante. Con esto, Liuxus tomó de nuevo su llave, saltó hacia ella, y con una tajada certera logró darle un golpe de gracia, acabándola de forma eficaz.
Ella, aterrizó de forma ágil al suelo, y se levantó sin mostrar dolor o cansancio. Nada de eso: solo la rodeó una aura curiosa, que parecía llevársela a otra dimensión, además de ser rodeada por ésas extrañas "cenizas"…
-Debí haber escuchado a la maestra… -dijo ella, con una risa tranquila.
-¿Maestra? –preguntó Liuxus con algo de curiosidad.
Ella siguió riendo, ahora de forma más sonora y alegre.
-Supongo que merezco esto por seguir mi corazón. –dijo ella, con un rostro tranquilo. –Pero aun así…no me arrepiento.
Al final de esto, ella se desvaneció finalmente, dejando a Liuxus solo en aquél campo de batalla.
-Y de nuevo…volví a la soledad.
