Capítulo 45: Te Lo Advierto, Niña
La oscuridad del sótano del Castillo del Olvido era sin igual. Los dos incorpóreos, Zexion y Lexaeus, se hallaban discutiendo en sus sombras.
-¿Que le ocurre a Sora? –preguntó el enorme hombre corpulento.
-Los poderes de Naminé están siendo usados para revolver sus memorias mientras hablamos. –habló Zexion, con sus brazos cruzados. -Marluxia podría tener éxito en conseguir su marioneta.
En ése momento, Zexion adoptó una pose más reflexiva, notando los beneficios y lo contraproducente de eso.
-Sora sería un activo muy interesante para la organización…pero las acciones de Marluxia y de Larxene…me dejan inquieto. –expresó el joven de cabellera grisácea.
-Además, también está Axel...quien sabe lo que él esté pensando. –añadió el silencioso y enorme acompañante, mientras se cruzaba de brazos.
-Vexen debería encargarse de esto. Su réplica estará completa dentro de poco.
-Pero Vexen detesta a Marluxia. Piensa en el desastre que haría. –sugirió él.
-Entonces, hay que decirle. ¿No sería mejor que Vexen limpie el desastre, que dejarlo en nuestras manos?
Con un leve gruñido, y aún cruzado de brazos, Lexaeus cerró los ojos y se marchó de ahí, por medio de un portal.
-Te había dicho que espiar es intrusivo. ¿O es que, de nuevo, estás procrastinando? –preguntó Zexion con ambos ojos cerrados a la nada.
-En verdad que eres todo un sabueso. –dijo una voz conocida, mientras que aparecía Xigbar con un portal en aquél cuarto pequeño, de nuevo con su capucha puesta. –Sin duda, no puedo engañar tu nariz.
-Usando tus habilidades de espacio… ¿Qué requieres, Xigbar?
-¿Recuerdas de lo que hablábamos? Sobre la habitación del Reposo y la del Despertar…
-Lo recuerdo. Y sin dudas, estabas siendo molesto en ése entonces. Justo como ahora lo eres.
Una vez más, Xigbar se retiró la capucha, revelando su rostro a su compañero.
-Pero ahora se trata de otra cosa diferente. ¿Recuerdas que también mencioné sobre un puñado de portadores de llave espada que liberaron una grandiosa batalla?
-Sí, lo recuerdo. Y recuerdo que tampoco me concernía, ni me importaba. Así que debí haberlo suprimido. –dijo él de nuevo de forma altanera, en señal de querer hacer a un lado a Xigbar.
-Ah…pero si fue por eso mismo que lo había dicho entonces, y te lo recuerdo ahora: ¿Recuerdas eso que Lord Xemnas te pidió?
Ahora, Zexion se ponía pensativo una vez más, reflexionando en las peticiones de su superior.
-Un libro en blanco. Con las propiedades de poder hacer sobre-escrituras sobre su misma información…
-Similar a lo que Naminé usa para controlar a Sora… ¿no?
-La diferencia es que lo que ella dibuja es la sobre-escritura de sus memorias. El libro que, espero devuelvas, solo permite reescribir información encima de éste, borrando lo anterior. Funciona igual, o peor, que un diario. –añadió el joven intelectual, mientras que se llevaba la mano a la frente. –Un libro que pueda borrar lo de su información anterior y rescribirlo…es peor que un cuaderno cualquiera.
-¡Pero su función es igual a lo que Naminé hace! Ahora… ¿Qué pasaría si ése libro estuviera en su posesión? –dijo él, ahora con una sonrisa.
-Nada. –respondió Zexion. –Sus poderes se limitan a Sora…así que sería lo mismo que si ella escribiera o dibujara en él.
-Ahora, tengo una duda. Hipotéticamente, la historia de sora está escrita en ése libro del que hablábamos. Pero borras el inicio, y lo cambias por completo. ¿Qué pasaría con el resto de su historia?
De nuevo, Zexion puso la mano en su frente, cerrando sus ojos en señal de hartazgo excesivo.
-¡Ya dije que se reescribiría! ¿A qué vas con todo esto?
-Bueno…digamos que experimenté con él. Y ahora, ésa predicción tuya no se está llevando a cabo como lo piensas.
Zexion vio a Xigbar con algo de resentimiento, mientras que se le acercaba.
-"Experimenté" no es parte de tu vocabulario.
A esto, Xigbar puso su mano en la nuca, mientras que esbozaba una sonrisa típica de "¡me atrapaste!".
-Vexen…
-Descuida. Lo tendrás de vuelta para cuando esto termine. –dijo Xigbar con confianza.
-Eso espero. –respondió serio, ahora dándole la espalda. –Ya que, si lo pienso con cuidado…
Xigbar no la veía, pero podía predecir que Zexion sonreía o que, al menos, mostraba interés.
-Que una situación como la que dices ocurra, y que Vexen no se percate de ello, es sumamente llamativo e interesante…
Mientras, una batalla se libraba en una estancia peculiar: De paredes rosas, con una chimenea violeta a la derecha, un reloj del abuelo a su izquierda, y en el centro, una mesa con una silla, además de que al fondo había una puerta con una perilla que se hallaba durmiendo. Todo parecía normal, excepto por el hecho de que toda la habitación era enorme.
-¿Tienes…una idea…de cuánto—pero CUÁNTO—te detesto? –gritaba Angelix, que lanzaba Watergas a diestra y siniestra sin parar.
Liuxus por otro lado, las esquivaba sin tanto complicarse.
-La verdad, es que no. –dijo él, mientras que con cada esquivo, él se acercaba a su rival.
-¡Aléjate YA! –gritó ella, mientras que preparaba una magia con su llave espada.
-Err… ¿Qué tal, umm…no? –hablaba él de nuevo con un tono sarcástico.
-¡Bas…BASTA! –lanzó un alarido fuerte, mientras que con su llave, invocaba un potente Magnega.
Liuxus se vio arrastrado en el potente campo de gravedad, mientras que Angelix se dedicaba a girar y dar tajadas a su contrincante, el cuál giraba sin control entre las dos potentes esferas, provocando el campo magnético.
Cuatro…siete…doce…quince…
Él contaba cada tajada que ella le propinaba con fuerza y furia, hasta que al final, el campo de contención se desvaneció, dejando libre a Liuxus.
-Te dije que mejor te largaras. –dijo Angelix, dando la espalda a su rival.
-¿Acabaste? –dijo él, que atacó por la espalda con un certero Zanzetsuken partiéndola por la mitad.
Ella terminó en el suelo, bocabajo y con una mano firme sobre su llave espada, mientras que volteaba a ver a Liuxus. Su rostro de odio por una vez, cambió a una cara de confusión.
-¿Y…quien rayos eres tú? –dijo ella, intentándose levantar, pero fallando en el intento, al mismo tiempo que se desvanecía.
Ahí mismo, ella dejó de existir…
-Creo que jugué poco contigo. Cualquier juguete me hubiera durado más…hasta una marioneta.
Por un momento, Liuxus dejó de hablar y se centró a poner su mano en su pecho. Algo no andaba bien…
Algo se sentía terriblemente mal. Y más pudo notarlo cuando dijo aquella frase. Sobre todo porque lo dijo con una voz que no le pertenecía…
