Bueno, este es un One Shot algo más ligados a Digimon: La Revolución Olímpica. Ya que Vulcanusmon apenas ha tenido protagonista en el Fanfic, decidí hacer este OS sobre una idea que me rondaba por la cabeza…


El Encargo

Vulcanusmon y ¿? –lo descubrireis al final del OS-

La forja de Vulcanusmon, situada en un volcán de la costa del continente Server, siempre había sido el centro de la actividad siderúrgica y armamentística del Mundo Digital. -"Y lo continuará siendo."- le gustaba pensar a Vulcanusmon, su orgulloso dueño y miembro de los Olímpicos: los encargados de gobernar el Digi-Mundo en aquellos tiempos.

En su forja, Vulcanusmon tenía montada toda una cadena de montaje, en la que sus eficientes empleados, los Asuramon y los Octomon, trabajaban la mayor partedel día, construyendo toda clase de artefactos, chismes y cachivaches, así como armas: el producto más demandado.

El olímpico no solo se encargaba de revisar el trabajo de sus empleados; sino también de elaborar sus propios proyectos. Sólo unos pocos afortunados podían decir que el mismísimo Vulcanusmon había elaborado para ellos una espada, una pistola, una máquina o cualquier otro pedido que le hubieran hecho; puesto que Vulcanusmon era muy exigente a la hora de aceptar sus encargos. La mayor parte de su tiempo, lo empleaba elaborado ostentosa joyería para su esposa, Venusmon; y sólo aceptaba aquellos pedidos que le llamaran la atención, o bien supusieran un reto para él.

Sin embargo, jamás se encontró con un encargo como aquel…

Se lo había encargado un digimon de lo más extravagante, al que no había visto nunca antes de que éste realizase su pedido. Sin embargo, Vulcanusmon tenía la extraña sensación de haber oido hablar de él.

Había irrumpido en la forja sin previo aviso, cosa que estaba prohibida: a Vulcanusmon no le gustaba que nadie le molestase mientras estaba trabajando. Habia superado la seguridad, y había entrado directo como una bala al despacho del olímpico, sin que ninguno de los Octomons ni los Asuramon pudieran detenerle.

Él olímpico se giro, todavía con el soplete en la mano, y observó al demonio, enfurecido. Era una figura negra y esbelta, atabiada con una chaqueta y unos pantalones negros de cuero ceñidos; por los que se asomaba una afilada cola de serpiente. Su cara estaba tapada casi completamente por una máscara morada; dejando solamente apreciar sus tres ojos verdes, su dentadura perfecta y su cabello rubio, corto y puntiagudo.

-¿Quién eres?- preguntó Vulcanusmon, con desdén. Estaba furioso. Le habá interrumpido mientras acababa los pendientes para su querida Venusmon. Sin embargo, no quería entablar combate dentro de su también querida forja.

-Mi nombre no es importante.- contestó él, con una sonrisa pícara. Se ajustó el pañuelo rojo que llevaba en el brazo, subiendolo hasta la altura del hombro.

Vulcanusmon le miró directamente a los ojos. Los dos ojos frontales del demonio le miraban fijamente a los suyos, mientras que el tercero, que se encontraba un poco más arriba, permanecía cerrado; ausente.

El demonio abrió su tercer ojo de improvisto.

-¿A qué has venido?- preguntó Vulcanusmon. La verdad era que no le interesaba.

-Reparamé esto.- respondió, sacandose del bolsillo de la cazadora sus dos pistolas.- Las necesito para mañana.-

Vulcanusmon las contempló desde dónde se encontraba: sin duda alguna, estaban rotas. Era más, estaban destrozadas. Parecía como si un digimon muy grande las hubiera pisado, y vuelto a pisar hasta destrozarlas.

-Aquí no se hacen reparaciones.- contestó Vulcanusmon. -¿Cómo han acabado así?- preguntó, con algo más de interés.- Están destrozadas… Han debido de sufrir un gran impacto.-

-Una pelea contra un Spinnomon que salió mal.- explicó el demonio, poco orgulloso de lo que estaba diciendo.-¿La vas a arreglar?- preguntó, de nuevo.- Las necesito para mañana.-

-Yo no hago reparaciones.- repitió de nuevo el olímpico.- Sin embargo, eres libre de hacerme cualquier otro pedido…-

-Mi pedido es que las arregles.- insistió el demonio, empleando un tono amenazante.-

Vulcanusmon puso mala cara.

-Haciendo alguna que otra mejora…- añadió finalmente.

-¿Qué clase de mejora quieres?- preguntó Vulcanusmon, curioso.

-Algo simple, cómodo y práctico, pero efectivo.- respondió el demonio, seguro de sí mismo.- Que sea fácil de usar, y que este adaptado al combate: las voy a usar mucho.-

Vulcanusmon contempló el desparpajo del muchacho. El demonio no era más que un jovenzuelo, pero se había atrevido a venir hasta allí, para que le arreglase sus armas.

-Bueno, sí es así, veré lo que puedo hacer.- cedió al final. Sentía cierta lástima por él, aunque no sabía por qué.

-Las recogeré a primera hora de la mañana.- dijo.- No me hagas esperar.- Acto seguido, se marchó. Salió de la forja, se subió en su motocicleta y abandonó la escena, dejando tras el una nube de polvo volcánico.

-"¡De nada, eh!- pensó Vulcanusmon.- "Estos jóvenes de hoy en día…"- Hacía bastante tiempo que él había abandonado la juventud. Podría considerarsele un hombre maduro, a diferencia de su esposa, siempre tan jóven, tan bella, tan viva…

Eso le recordaba que tenía que acabar los pendientes. Se puso manos a la obra: debia terminarlos cuanto antes, y ponerse con este nuevo encargo.

Al cabo de media hora, ya había terminado el regalo de su esposa, y se había puesto con su "pedido especial". Seguía sin saber por qué lo hacía, pero lo iba a hacer de todas formas.

A Vulcanusmon no le gustaba hacer reparaciones, no porque no supiese, sino porque le parecía una perdida de tiempo. Consideraba que era desperdiciar su talento.

Tras una hora de trabajo, ya había separado y aislado ya cada una de las piezas de cada pistola, conservando las que habían permanecido intactas, y tirando aquellas que ya no servían, sustituyendolas por otras nuevas. De esa forma, podría reconstruir las pistolas sin problema. Sin embargo, aún no se había planteado que clase de mejoras podría implantarlas…

Había separado y aislado ya cada una de las piezas de cada pistola, conservando las que habían permanecido intactas, y tirando aquellas que ya no servían, sustituyendolas por otras nuevas. De esa forma, podría reconstruir las pistolas sin problema. Sin embargo, aún no se había planteado que clase de mejoras podría implantarlas…

Vulcanusmon se sentó en la silla que tenía frente al escritorio de su despacho y se puso a pensar. Si el demonio le hubiera especificado para qué quería usar dichas pistolas, podría haber implantado alguna mejora que las ayudase a cumplir su comentido. Pero no le había dicho nada… Y a Vulcanusmon no le gustaba nada ir a ciegas.

Los encargos que le hacían normalmente, eran de digimons poderosos, que tenían claro lo que querían. Le solían dar una lista con su pedido, explicando el por qué lo uqerían, y para qué iba a ser utilizado; así cómo cuanto le iban a pagar por realizarlo. Vulcanusmon no lo realizaba por dinero, aunque una ayudita económica no le venía mal para mantener la forja. Al fin y al cabo, no dejaba de ser un negocio.

Rebuscó entre sus cajones y en sus estanterías hasta que encontró las piezas y los accesorios necesarios: acababa de tener una genial idea, pero iba a llevarle su tiempo acabarla.

Alrededor de medianoche, los Octomons fueron a avisarle de que ya se marchaban. Ya habían acababo sus tareas, y los Asuramon ya hacía rato que se habían marchado.

-¿Le queda mucho, señor Vulcanusmon?- preguntó uno de ellos.

-Un poco.- respondió el olímpico. -Me quedaré aquí por la noche a terminarlo.-

-¿Quiere que avisemos a la señorita Venusmon de que no va a llegar a casa hasta muy tarde?-

-No es necesario.- contestó Vulcanusmon, sin pensarselo dos veces. – La señorita Venusmon está acostumbrada a que yo llegue tarde cuando me quedo trabajando en la forja.- hizo una breve pausa.- Aunque gracias por la oferta.-

Los Octomons se despidieron con un cordial apretón de manos, y se marcharon a su residencia, no muy lejos de la forja, dejando a Vulcanusmon sólo, acabando su encargo…

Con las primeras luces del alba, el demonio irrumpió sin previo aviso en la forja. Ya le había avisado de que vendría pronto, pero Vulcanusmon no se esperaba que apareciera a aquella intempestiva hora.

-¿Las tienes ya?- preguntó el demonio, impaciente. –Las necesito ahora mismo.-

-Me he pasado la noche trabajando, y acabo de terminarlas.- respondió el olímpico. Si el demonio hubiera llegado cinco minutos antes, no las tendría listas.- Espero que el resultado te satisfaga.-

Vulcanusmon sacó las dos pistolas, y las puso encima de la mesa de su despacho. El demonio las cogió y se las acercó a su cara, examinandolas con sus tres ojos.

-He añadido un segundo cañón a cada pistola.- comenzó a explicar el olímpico.- De esta forma, saldrán dos balas de cada pistola en vez de una, cada vez que dispares. He añadido más espacio en la zona de carga, para que se pueda almacenar un mayor número de balas, así como un dispositivo que mejora la rápidez de disparo y la velocidad que adquiere la propia bala. Y además, la propia pistola ahora cuenta con un revestimiento de Chrome Digizoid: no creo que sufran mucho daño, en caso de que vuelvan a recibir un fuerte impacto.- concluyó, orgulloso, Vulcanusmon.- Tal y como pedías, es algo simple, pero cómodo y muy práctico.-

El demonio sonrío, de oreja a oreja.

-Tal y como esperaba, he hecho bien en pedirte este encargo. Me marcho ya.-

Comenzó a caminar, dando la espalda a Vulcanusmon.

-Espera.- le llamó el olímpico.- Ahora que he cumplido tu encargo, ¿no me vas a decir tu nombre?-

El demonio se lo pensó un par de veces antes de responder…

-Mi nombre es… Beelzebumon.- dijo, mientras se marchaba. Salió rapidamente la forja, se montó en su moto, y abandonó el lugar como alma que lleva el diablo; dejando a Vulcanusmon con la palabra en la boca.

Ahora, no estaba muy convencido de haber hecho bien en cumplir el encargo… Había oido aquel nombre antes… Decían cosas terribles sobre él…


Nota:

Bueno, este ha sido el 2º OS. Espero que os haya gustado. Una curiosidad, la pelea Beelzebumon VS Spinomon es por una imagen de Spinomon luchando contra Beelzebumon que circula por la red...

Quizás haga un OS sobre ella…