Bueno mis lectores (?) he aquí el tercer One Shot que he escrito para esta collección.
Mi mayor Error...
"Si alguna vez hube cometido algún error, sin duda fue aquel…
Sé que he de explicarme, aunque no es sencillo. Digamos que a mí, como ente maligno que soy, siempre me ha gustado corromper a los digimons. Me complace enseñarles lo relativa que es la moral, y me produce verdadeo placer ver como abandonan los que antes eran sus principios. En general, me gusta desafiar al Dios que me creó y que desde entonces me castiga. Y ésta es la mejor forma de hacerlo.
Había probado con toda clase de digimons sagrado, aunque las caídas que más me deleitaban siempre habían sido, y siempre seran las de los ángeles, los más allegados a nuestro señor Yggrassil.
Se puede decir que llevaba muchos siglos haciéndolo, y que, desde entonces, las fuerzas de la oscuridad habían aumentado sin ningún problema: ninguna de las especies que habían experimentado mis poderes se había resistido, ni tampoco se había vuelto en contra mía. Por, no directamente. Algunos iban por libre, como Barbamon, mi primera gran creación; pero ese viejo chocho que sólo piensa en el dinero no era una amenaza para mí. Al menos, no por el momento…
Sin embargo, ese afán que afloraba en mí, por seguir corrompiendo a figuras inocentes, y la curiosidad que siempre me embargaba, me llevaron a experimentar con un digimon con el que nunca me había planteado corromper: un Cupimon. La verdad era que, jamás he tomado en estima a los digimons de niveles tan bajos. Sé que todos, incluso yo, nos hemos encontrado alguna vez en esta deplorable clase de etapas, sin embargo, una vez que uno evoluciona, no quiere retornar a esa fase de inocencia y debilidad; ¿no tengo razón?.
Finalmente, una serie de circunstancias ajenas a mi control, me empujaron a realizar este experimento. Tras una serie de revuelos en la corte de los ángeles, esa "instituación" a la que tanto detesto, ascendió al poder de Heaven's Zone un Slashangemon. El recien nombrado monarca, impuso un régimen de hierro, para evitar que el control de su reino se le fuera de las manos. Sus firmes y régias medidas se tradujeron en falta de libertades rápidamente. Algunos miembros del pueblo no tardaron en irritarse; pero ninguno se atrevía a revelarse por medio a las represalias…
Ahí fue cuando yo entré en acción. No pude resistirme al ver aquel rostro inocente, de ojos verdes, revoloteando alrededor de Slashangemon, suplicandole piedad…"
-Flash Back-:
-¿Qué haces aquí?- preguntó Slashangemon con tono serio, enfadado. No sabía cómo aquel Cupimon había podido superar la seguridad del recinto y colarse en su despacho.
-He venido aquí, para pedirte por favor que ayudes a los más necesitados. Muchos digimons, con las nuevas políticas, están pasando hambre. Y algunos están siendo acosados por los guardias de la zona.-
-La policia política hace lo que tiene que hacer. Si me otorgaron este puesto, es, sin duda alguna, para preservar la paz, y evitar que más ángeles se rebelen contra el órden establecido.-
Cupimon asintió levemente. Era cierto que desde hacía algunos años, las protestas había arreciado, y muchos de ellos, o habían sido encerrados preventivamente, para evitar que las fuerzas del mal los corrompieran; o bien los poderes malignos se habían apoderado de ellos antes de que la corte de los ángeles pudiera hacer algo al respecto.
-Sin embargo.- protestó el benjamín.- eso no te dá derecho a establecer una dictadura.-
-¿Quién ha hablado de dictadura aquí?- Slashangemon comenzó a enfurecerse. –Lárgate, no tienes nada que hacer aquí.-
Cupimon entonces se dio cuenta de que no podía hacernada al respecto, y se dispuso a abandonar el despacho, una voz atravesó su pensamiento…
-"Sabes que él es malvado. Seguro que además ha sido la causa de todos los disturbios pasados… Debes detenerle…"- le decía la voz. Era una voz masculina, mas no muy grave. Su tono sereno, no parecía provenir de muy lejos. El digimon bebé miró alternativamente a un lado y a otro, en busca de aquel que lo llamaba. Más en aquella sala sólo se encontraban él y Slashangemon…
-"Yo sé cómo hacerlo…"- prosiguió la intrigante voz.- "Sé cómo tú puedes mejorar las cosas…"-
-"¿Mejorar las cosas?"- se preguntó Cupimon. – "¿Acaso eso es posible?"-
-"¿No habías ido por eso aquí?"- la respuesta de la voz fue precisa, contundente, y cargada de confianza. No cabía duda alguna: estaba en lo cierto.
-"¿Qué pretendes que haga?"- preguntó por fín Cupimon.
-"Derrótale."-
Cupimon no respondió. Lo que se le exigía era simplemente imposible. Ningún digimon en su etapa bebé puede derrotar a otro en su etapa ultra. A la voz se le había ido completamente el jucio, y al propio Cupimon también, por escucharla.
-¿Es qué no te has ido ya?- preguntó Slashangemon, al contemplar que el pequeño ángel aún no había abandonado la estancia. Se levantó, dispuesto a echarle.
Los pasos de Slashangemon eran lentos, o al menos eso le parecía a Cupimon. Eran lentos y pesados, e iban acompasados pon el chirriante sonido que poducía el roce de las diferentes piezas de la armadura del ángel.
Cupimon entrecerró los ojos, desesperado.
-"Haré lo que quieras."- le indicó a la voz.
-"Eso es todo lo que deseaba oir."- soltó una carcajada. Fue corta, y seca. No tenía tiempo que perder.
Una luz negra invadó el cuerpecillo de Cupimon. Slashangemon creyó que le estaba atacando, y ante aquella osadía decidió arremeter contra él con su espada.
Sin embargo, la luz se hizo más intensa, y la falta de visibilidad le obligó a detenerse momentáneamente. Cuando la luz se desvaneció, pudo observar como ahora otro digimon ocupaba el lugar de Cupimon. Había adoptado la apariencia de un niño pequeño, de cabello rubio claro y alborotado. Su cuerpecillo, cubierto por una sobria túnica blanca, presentaba unas enigmáticas marcas moradas, que conformaban arcáicos símbolos que hacía más de un milenio que no se veían. Sus cinco pares de alas, uno de los cuales coronaba su cabeza, resplandecían más que las de cualquier ángel que Slashangemon jamás hubiera visto; y los portaba cuatro anillos sagrados que portaban, reflejaban el poder que debía poseer pese a estar en una etapa no muy avanzada.
-¿Quién eres?- preguntó Slashangemon. No estaba asustado: él no sentía aquella clase de emociones. Por el contrario, estaba sorprendido. Jamás había visto semejante criatura.
-Soy Lucemon…- dijo el recién evolucionado Cupimon, con aire sombrío.-
-Pues Lucemon, márchate. Suficiente has hecho ya…-
Sin embargo, Slashangemon no llegó a terminar la frase. Lucemon, arremetió contra el ángel de hierro, obligándole a abandonar el despacho. No tenía ni idea de lo que estaba haciendo: sólo seguía su instinto.
Slashangemon, hecho una furia, tampoco pudo controlarse, y con un golpe certero, arrastró a Lucemon hasta que el ángel chocó con el marco de la puerta principal. Unos Shakkoumon que se encargaban de custodiar la puerta, contemplaron la escena, confundidos. Desconocían el hecho de que alguien hubiera pasado al interior del palacio.
-Abrid las puertas.- les indicó Slashangemon, mientras trataba de golpear de nuevo a Lucemon, sin resultado.
Los Shakkoumon obedecieron, pese a no comprender lo que ocurría.
Slashangemon consiguió por fin asestar un sablazo contra Lucemon, y llevar la batalla fuera del palacio. La batalla continuaría en el aire.
Lucemon se alzó por el cielo con sus brillantes alas, y concentró toda la energía que pudo en sus manos. Entonces, lanzó una tanda de meteoros contra su adversario.
Slashangemon consiguió evitar el primero, pero no el segundo ni el tercero. Se sorprendió por la potencia del ataque: pese a que su rival era de nivel principiante, sin duda, tenía un poder comparable a un digimon de cuerpo perfeccionado.
Lucemon, aprovechando la confusión del momento, volvió a contentrar la energía en sus manos, pero esta vez, para conformar una espada luminosa. Se posicionó sobre Slashangemon, blandiendo su espada, y asestó un sablazo con ella. Slashangemon logró detenerlo con sus propias espadas sin ningún problema.
El ángel de hierro se dispuso a golpear con sus propias espadas al recién evolucionado Cupimon. Con el primer movimiento que realizó, logró que Lucemon peridera la concentración, y la espada desapareciera; y el segundo, un golpe directo en las alas de Lucemon, provocó que el niño descendiera de los cielos bruscamente.
Chocó contra el suelo, y trató de levantarse, más no pudo: la espada de Slashangemon había impactado de lleno en sus alas, hiriendolas de gravedad.
-Maldición…- murmuró, con la cara apoyada en el suelo enladrillado en el que se encontraba tendido.
El gobernante de Heaven's Zone descendió grácilmente, y se posicionó frente a Lucemon.
-Tras esta osadía, te prohibo que vuelvas a pisar Heaven's Zone.- anunció el monarca. Acto seguido, agarró a Lucemon por su túnica, y lo elevó.
Lucemon no era consciente de lo que ocurría en aquel momento. Lo único que rondaba en su mente era la idea del destierro. Había luchado por sus ideales, y eso era la que había obtenido. Sin duda, aquello no iba a quedar así…
Slashangemon caminó hasta el borde de la esfera que constituía Heaven's zone. Justo hasta la frontera invisible que separaba aquel paraiso terrenal de la nada…
-Que tengas una buena caída, Lucemon.- dijo, mientras estiraba el brazo, y soltaba a Lucemon hacia el vacío…
Fin del Flashback
"La verdad es que fue un experimento divertido. Me sorprendí enormemente al comprobar que el jóven Cupimon todavía conservaba una forma angelical cuando mis poderes actuaron sobre él. Normalmente, se produce un cambio radical cuando un digimon se sume en las tinieblas. Por una vez, pensé que había fallado, más sabía que era imposible.
También fue gratificante ser el espectador de aquella lucha. Pese a que sabía que Lucemon iba a morir de todas formas, aguantó bastante más de lo que yo esperaba. Además, el final de la batalla fue impactante: esa vena sádica de Slashangemon es simplemente magnífica. Una pena que estuviera demasiado lejos de mi alcance, y que no pudiera corromperlo.
Lo curioso, y la causa de todas mis desgracias, es que Lucemon cayó tres veces. Me explicaré: primero cayó bajo mi influjo, luego cayo del cielo y bueno… Digamos que, pese a que pensé que esta segunda caída lo mataría, no fue así. Lo único que hizo fue conducime a la desgracia. Que Barbamon lo recogiera y cayera en sus garras fue un infortunio menor, una casualidad que condujo a una serie de catastróficas desdichas, que por poco suponen mi fin.
Durante todos estos siglos he hecho todo lo que ha estado en mi mano por acabar con ese ser que yo mismo había creado: una amenaza real contra mi poder y contra todo lo que representaba. Mis primeros intentos, fallidos, infructuosos, sólo lo hicieron más fuerte. Sin embargo, ahora que he conseguido acabar con él de una vez por todas, sus seis compañeros vienen a por mí. Planean traerlo de vuelta a este mundo. Y para ello, tienen que acabar conmigo. Se dirigen hacia aquí, en este mismo instante.
Sin embargo, yo no voy a permitirselo. Suficiente esfuerzo me ha costado eliminarle como para que ahora vayan a revivirlo. Y además, intentan acabar conmigo; yo que los he creado a todos y a cada uno de ellos… ¡Qué osadía!
Y lo peor de todo es que se piensan que pueden conseguirlo…
Sin duda, mi mayor error fue crearte Lucemon; crearte y no saber detenerte a tiempo…
He de prepararme para la batalla. Si estás leyendo esta carta, es que, o bien te he invitado a mi castillo, o he perecido en esta batalla contra mis demonios. Con todo esto quiero advertirte, amable lector. Mantén a tus amigos cerca, algún día los necesitaras. Una pena que yo tuviera ninguno. Pero sobretodo, mantén a tus enemigos más cerca aún. Nunca sabes cuando pueden traicionarte de nuevo.
Se despide, atentamente:
Grandracmon"
Grandracmon escondió la carta que había escrito entre dos ladrillos que había sueltos en la pared de su despacho. Sabía que sus enemigos no tardarían en llegr, y debería estar listo para cualquier cosa.
FIN
Hasta aquí mi tercer OS. Espero que les haya gustado y que dejen sus comentarios.
