One Shot 5: Aspiraciones…
Mushroomon – Drama / Pensamientos Psicóticos…
Mushroomon contempló como el Aliento Congelante de Metalgarurumon impactaba en el ahora cuerpo inerte de Puppetmon, que yacía en el suelo, inmóvil, imperturbable. Pusó una expresión de horror, y decidió ir a ayudarle una vez el elegido y su digimon abandonaran aquel paraje de los dominios del Dark Master, lo cual no se hizo demorar mucho.
La seta se acercó a socorrer a su gobernante y protector. Con sus guantes morados, sostuvo el títere sin vida que una vez había sido su amo. La madera que componía su rostro estaba helada, y había adoptado una tonalidad gris claro, debido a la mezcla entre el marrón oscuro que presentaba orginalmente, y aquel color claro, casi transparente, del hielo que ahora lo envolvía. Sus ropajes estaban intactos. Al menos, por el momento.
Allí arrodillado, Mushroomon no sabía que hacer. Le embargaba un sentimiento de tristeza y agonía que no sabía como manifestar. El roce con el cuerpo del muñeco le producía tal frío que le impedía pensar con claridad. Y se encontraba demasiado nervioso y preocupado por si otro de aquellos malvados humanos se percataba de su presencia y acababa con él.
Tornó la mirada hacia la cara de su líder. Sus facciones seguían igual que siempre, unos ojos grandes y expresivos, y una nariz metálica y afilada que sobresalía de manera desmedida, y que apuntaba al horizonte con un matiz ligeramente acusador. Lo que variaba era su sonrisa. No era la típica sonrisa confiada o divertida que solía lucir. En ella, se veía reflejada miedo. Era la primera vez que apreciaba debilidad en él. Y eso no le gustaba. Aunuqe, dadas las circunstancias, como para no tener miedo.
Oyó un estruendo no muy lejano y decidió incorporarse. Cuando el cuerpo volvió a entrar en contacto con el suelo, se resquebrajó por completo, disolviendose en miles de datos que flotaban y se dispersaban en el aire. Una lágrima recorrió la mejilla del digimon child. Definitivamente, había muerto.
Se alejó del lugar él también, en dirección contraria a la que había ido el elegido que había acabado con Puppetmon. Aquello no podía quedarse así. Para nada. La muerte de su líder no iba a quedar impune. Él los había acogido a él y a su familia en el Bosque Metálico que constituía la Montaña Espiral., y había gobernado el territorio espléndidamente. Incluso lo había invitado a él y a otros habitantes de la zona a jugar con él en su humilde morada. Río: le encantaban los sádicos jueguecitos del Dark Master.
Paseando, llegó a los restos que habían quedado esparcidos por el suelo de la mansión de Puppetmon. Él sabía que el hogar de la marioneta tenía modo de combate, por lo que le había comentado el propio habitante de la misma. Mas nunca la había visto en acción. Y ya nunca lo vería, estaba destrozada.
Miró a su alrededor. A parte de los escombros del hogar del Amo Oscuro, unos cuantos Redvegiemon reptaban por el suelo, tratando de salvar sus vidas y huír a un lugar seguro antes de que se les agotasen las energías: los niños elegidos habían derrotado a la casa, y con ella, a los propios Redvegiemon.
Mushroomon les miró con asco. No eran unos sirvientes leales de Puppetmon. Ellos, y otros muchos, comentaban a las espaldas del gobernante, mostrando su desagrado hacia los métodos que empleaba, así como en la intromisión en su territorio. La seta, siempre que los oía, se ponía de parte de Puppetmon.
-"Desde que ha venido estamos mucho mejor."- afirmaba. El resto siempre le miraban contrariado, y respondían:
-"Tu eres demasiado joven como para ver las cosas con perspectiva."- y entonces Mushroomon se enfadaba e iba a dar un paseo, como había hecho aquella fátidica tarde.
Jamás había entendido el verdadero significado de las palabras de sus compañeros. Él adoraba a Puppetmon, le idolatraba. Quería ser como él cuando creciera. Exactamente igual que él.
Rememorando aquellos momentos, le vino entonces la idea. Su gran idea. Aquella que llevaba planeando tanto tiempo, y que él ahora se veía obligado a realizar. Puppetmon ya no estaba, no existía. Era una pena, era su heroe. Pero no había dejado a nadie su legado. Y él era el candidato más adecuado para heredarlo.
Puso una sonrisa traviesa en el rostro, como Puppetmon solía poner cuando tenía una idea…
Lo tenía claro: él se convertiría en el nuevo Puppetmon. Viajaría, evolucionaría, se haría más fuerte, y alcanzaría aquella grandiosa forma. Al fin y al cabo, estaba dentro de su posible línea evolutiva…
-"Primero me convertiré en Woodmon."- se dijo para sí.- "Luego en Cherrymon… Y…"- entonces su sonrisa desapareció. Para transformarse de Cherrymon en Puppetmon, debía morir, y sus datos no debían ser eliminados correctamente. Debían talarlo, pulirlo, y perder la vida que tenía para convertirse en lo que tanto anhelaba.
Pero no le importaba. Conseguiría alcanzar su forma perfecta, y de ahí, se uniría a algún plan suicida del cual saldría mal parado. Se uniría a un plan tan disparatado que lo causara la muerte… Tal y como hizo Puppetmon al unirse al plan de Piemon.
-"Un plan tan dispàratado que me cause la muerte…"- repetía mentalente, una y otra vez.
Se encontraba todavía en shock, alterado, confuso, desamparado. Pero la adrenalina le recorría todo el cuerpo y le hacía entusiasmarse y venirse arriba. Se imaginaba un futuro grande. Un futuro hermoso… Su vida quedaría plasmada en la historia del Mundo Digital, tal y como una vez lo había hecho el primer Puppetmon.
El movimiento de las placas metalicas que componían el bosque le sacaron de su trance. Reflexionó sobre lo que estaba pasando. El bosque no se movía de la forma habitual. Estaba autodestruyendose, tal y como había pasado con la zona gobernada por Metalseadramon.
Comenzó a correr. Conocía la mejor ruta para escapar de allí. Huiría a la zona gobernada por Machinedramon,y de allí tomaría el barco a otro continente. Empezaría de nuevo, y, entonces, haría todo lo posible por cumplir su cometido.
Su nueva vida había comenzado, y ya tenía un objetivo: sería el nuevo Puppetmon, y aplataría a todo aquel que tratase de impedirselo.
