Cuando tu libertad se vea afectada por la sociedad, cuando te digan qué programas debes ver, qué cosas debes decir, cómo debes vestir y qué debes aspirar en tu vida.
Pero cuando veas el cielo una vez más.

Cuando quieras decidir por tu cuenta.
Cuando sea momento de decir ya basta.

La Anarquía te abrirá sus alas para ofrecerte Libertad. ~

Lincoln contempló maravillado la fachada del club. Era tal como imaginaba que sería un club de motociclistas, un lugar grisáceo, con un par de hermosas motocicletas estacionadas en la entrada y una música de primera calidad, rock y metal, saliendo de su interior hacia afuera.

El viaje con Bobby no fue muy largo, pero él francamente habría querido poder conducir la moto. La sensación que tuvo cuando el aire comenzó a golpear su rostro era algo que nunca había sentido, una libertad que lo había llevado flotando hacia lugares desconocidos para su imaginación. Debía volver a sentirlo. Debía poder conducir una moto y así sentir la experiencia completa, el gran viaje que Bobby y su padre hacían a lomos de sus corceles de metal.

— Bien, Lincoln, contempla nuestro club. — Le dijo Roberto, tras quitarse el casco. — La primera regla, jamás toques la moto de nadie.

— Wow… ¡Es Genial! — Lincoln respondió al ver a su alrededor. — ¿Y por qué no puedo tocar la moto de alguien más señor Roberto?

— Bueno ¿te gustaría qué alguien más tocará a tu chica? — Roberto preguntó mirando sutilmente a sus espaldas.

— Eh, bueno, realmente no me gustaría. — Lincoln respondió regresando su mirada al presidente de S.A.M.C.R.O.

— ¡Exacto! — Respondió caminando junto a su hijo y Lincoln a las puertas del club, donde un hombre joven y robusto estaba en una de las mesas de afuera. — ¡Mike, ¿qué mierda haces holgazaneando?!

— Hey, son mis horas libres, déjame fumarme un cigarro al menos. — Respondió para mirar al hijo de Roberto y al joven qué venía con ellos. — Eh… Roberto ¿quién es ese chico? — Mike preguntó curioso ante la vista de Lincoln.

— Soy Lincoln, señor. — Dijo él, por alguna razón no quería quedar en vergüenza frente a aquel motero, como si estuviera otra vez en la escuela con los que fueron sus amigos.

— Mike, es un amigo de Bobby. — Dijo Roberto — Desea unirse al club.

— Él no tiene veinte años. — Dijo Mike, y eso avergonzó a Lincoln, cuando lo decía así le daba la impresión de tener once años de nuevo. — Tiene como..., quince años o algo así.

—Tengo dieciocho, señor. — Le respondió Lincoln, y el motero rio un poco.

—Señor..., creo que ya está entrenado para Prospect — Dijo levantándose y se acercó hacia Lincoln, y este no pudo evitar sentirse intimidado. — Dime chico, ¿qué crees que vas a encontrar aquí adentro?

— Eh… Yo… Yo busco...— Lincoln trató de responder, pero la visión de ese hombre lo intimidaba más de lo que él podía imaginar. — Eh… Yo busco Libertad. — Ante esa respuesta Mike levantó ambas cejas.

— Jo-Der. Me agrada que digas eso niño. — Mike respondió riendo. — Je jeh, digo aún tienes cara de niña, pero parece que tienes huevos. Dime ¿te gustan las motocicletas?

— Eh, sí de hecho estuve estudiando algo sobre mecánica y…

— Ahórrate esa basura para después niño, la verdad es que me vale madres lo que sepas de una moto. — Mike respondió sentándose de regreso. — Espero que estés listo para ser Prospect niño, va a ser un viaje algo duro y lleno de mierda de por medio, pero… Sí tienes los huevos necesarios para afrontarlo te daré mi simpatía.

— Eh… ¿Gracias? — Lincoln respondió tragando saliva. Para luego ser rodeado por el brazo de Roberto.

— Escucha Linc, al ser algo menor y querer la vacante de Prospect no te va a hacer automáticamente aceptado por los demás, ¿Quieres Respeto? Gánatelo, solo así te van a ir aceptando. — Dijo tratando de ser suave con el muchacho Loud. — Además… Aún debo procesar tu solicitud en la mesa, por lo que no esperes que te traten como un ser humano… Más bien… Como una perra en sí.

Mientras no fuera nada sexual, podría tolerarlo, si al final le permitían montar una motocicleta.

— Está bien, señor Santiago. — Dijo Lincoln. — No quiero meterlo en problemas con el club.

— Tranquilo, chico. — Respondió Roberto. — Mejor quédate aquí un momento, mientras hablo con la mesa.

— Señor Santiago. — Dijo Lincoln, buscando la forma de no sonar insolente o demandante. — Me gustaría pasar adentro, para ver como es el club.

— ¿Estás seguro? — Preguntó Roberto Serio.

— Eh… Sí, de todas formas, ¿Qué es lo peor qué podría suceder? — Preguntó haciendo que Bobby y Roberto se mirarán con cierta gracia, aunque también con preocupación.

— Créeme muchacho, no quieres saber cuántas respuestas tiene esa pregunta. — Roberto respondió abriendo la puerta del club. — Bueno, pasa y trata de no sentirte tan intimidado. — Dijo accediendo él mismo al club seguido de Bobby y Linc.

El cual al entrar pudo apreciar el lugar, era un bar, un lugar donde él no había estado, salvo esa ocasión cuando su padre lo llevó a hacerse hombre al tomarse unas cervezas.
pero todo estaba decorado y arreglado como un bar a la vieja escuela, sillones, mesas, una mesa de billar ahí en el centro, una barra de bebidas a un lado y por encima de todo varios motociclistas pertenecientes al club se encontraban pasando el rato, ya sea embriagándose, charlando, escuchando música e incluso agarrándose con una de las chicas del club.
Lincoln en ese momento sonrió, podía imaginar que ahí todos eran hermanos y entre todos les gustaba pasar el tiempo así. Incluso si para él no le era lo mejor.

¿Pero quién era él para juzgar en realidad? Estaba entrando a ese mundo más por cuenta propia qué por qué alguien más le hubiera dicho.

Y le Gustaba.

No llevaba ni diez minutos y ya se sentía como en casa. Ese lugar reunía todo lo que disfrutaba: rock and roll, chaquetas de cuero, motos..., alcohol y mujeres. Cuando entro, los Sons se giraron a mirarlo, y eso lo golpeó como la mirada de un dragón. Se sintió bastante más que intimidado. Varios Sons volvieron a lo suyo, pero otros se quedaron mirándolo.

Lincoln no sabía si debía saludarlos, hacerse el rudo o no hacer nada. Miró a Bobby, como rogándole un consejo con sus ojos, y eso le avergonzaba mucho. No quería ser patético.

— Solo trata de mantenerte siempre conmigo Linc. — Bobby susurró mientras los tres se adentraron más en el bar.

— Sí, solo sigue el corriente muchacho. Nadie va a matarte a menos que los obligues. — Esa última sentencia de Roberto hizo que Lincoln tragara saliva pesadamente. — Llamó a reunión, me gustaría hablar sobre un tema con mi mesa ahora. — Llamó mientras los demás Sons que pertenecían a la mesa se levantaban.

— Roberto. ¿Tienes algo qué decirnos con respecto al muchacho qué trajiste? — Uno de los Sons más adultos del lugar preguntó a su presidente.

— Vayan a la mesa ahora Joseph, ahí explicaré todo. — Roberto respondió sin dar más detalle, a lo que los Sons avanzaron a la sala de juntas.

Joseph miró a Lincoln, y este se asustó, pero no porque le intimidara aquel motero, sino porque sintió que lo analizaba y evaluaba como no lo hacían los demás. Aquello lo hacía sentir como una mercancía y eso lo ponía más nervioso aún. Como había pensado antes, aceptaría pasar por cualquier prueba, menos algo que involucrara sexo, pero cuando aquel motero lo miró, sintió que lo valoraba como un jugador evalúa las piezas de su equipo.

Como si viera si podría serle útil en el futuro.

Los demás miembros de la mesa se levantaron y siguieron a su presidente, algunos mirando a Lincoln con definitivo desprecio.

— Eh, disculpa Bobby. — Habló Lincoln, tratando de relajar su nerviosismo — ¿Cuánto crees que tarden?

— No lo sé. — Respondió él, parecía sólo un poco menos preocupado que él — A veces se toman horas para decidir.

— ¿Y eso es bueno o malo? — Lincoln volvió a preguntar con cierta intriga.

— Depende. Pero no te preocupes, espero que no tarden mucho. — Bobby respondió posando una mano sobre el hombro de Lincoln.

— ¿Crees que me acepten Bobby? — Volvió a preguntar sintiendo un extraño sudor frío por su espalda. Algo a lo que su hermano vio con cierta simpatía.

— Si lo hacen o no… Yo deseo que lo hagan de una forma u otro hermano. — Bobby respondió sonriéndole para demostrarle confianza, aunque Lincoln lo que más quería era saber qué ocurría tras esas puertas negras.

Y mientras él miraba, la mesa discutía lo que sucedía.

— Roberto… No creo entender lo que nos dices. — Joseph decía con seriedad. — ¿Me estás diciendo qué quieres unir a ese niño a este club?

— Sí. — Respondió sin más a lo que sus mesas comenzaban a verse los unos a los otros con cierta extrañeza.

— Es un niño Roberto, de seguro ni siquiera le han salido pelos en los huevos. — Respondió otro de los hermanos de la mesa.

— Si, que mejor regrese a su cuna. — Dijo otro hermano, y varios se rieron por su comentario.

— Chicos, no lo entienden bien. — Dijo Roberto. — Él está decidido a ser motero, y si es cierto lo que dice Bobby de él, acabará por volverse uno en el club que sea.

— Creo que estoy entendiendo. — Dijo Joseph. — Quieres que entre a nuestro club en vez de que acabe en los Angels of Death o los Lambs.

La mención del odiado enemigo hizo que un murmullo de rabia corriera por la mesa de reunión.

— Si, algo así. — Respondió Roberto. — Y piensen que no solo puede ser un Lamb, sino uno con rencor extra hacia los Sons.

— Bueno, pues podríamos matarlo en este momento. — Otro de los adultos se levantó empuñando su arma dispuesto a salir por él.

— ¡Siéntate Víctor!— Roberto sermoneó mientras el mencionado se sentaba devuelta.

— Tranquilo, solo bromeaba Roberto. — Respondió burlonamente mientras se sentaba de regreso.

— Sí, pero a veces no sabemos cuándo bromeas o cuando lo dices en serio Vic. — Joseph replicó mientras se apretaba el puente nasal. — Roberto… Entiendo lo que quieres hacer, pero es un jodido niño, ni siquiera tiene la edad necesaria, ¿recuerdas lo que Chibs y Tig nos dijeron cuando quisimos dejar de ser Nomads a establecer una sede en Royal Woods? no podemos meter a un joven de 17, 18 o 19 en estos negocios. ¿Qué crees qué dirían ellos si pusieras esta propuesta en la mesa de Redwood? — Dijo tratando de racionalizar las cosas con su presidente.

— Cierto. — Roberto respondió mirando a su alrededor tratando de buscar algo. — Pero… Ellos no están aquí ahora y no tienen por qué saberlo. ¿Cierto? Cuando ellos vengan lo más probable es que ese muchacho pase todas las pruebas. Por eso siento que deberíamos darle una oportunidad al menos.

— Si ellos después se enteran, te van a dar una paliza. — Replicó Víctor. — ¿De veras te quieres arriesgar por ese puto blanquito de mierda?

— Parece un puto conejito. — Se rio uno de los hermanos.

— Roberto, lo que sugieres es arriesgado. — Dijo Joseph. — Digo que, si aguanta un mes en el club, podemos considerar que sea Prospect.

— No va a durar ni una semana, míralo, tiene miedo de todo. — Dijo otro Son.

— Cierto, puede que sea un puto albino que no sirva para nada. — Roberto respondió mirando a los demás serio. — No serviría de nada ¿verdad? — Los demás se quedaron impresionados por eso que él decía. Pero al mismo tiempo confundidos, pues no entendían sus palabras. — Así como todos nosotros cuando nos unimos por primera vez a S.A.M.C.R.O. Ninguno de nosotros valía nada cuando entramos a este club pidiendo una vacante. O díganme, ¿acaso no le tenían miedo a algo? ¿A ser rechazados, a ser débiles, a no ser lo suficientemente fuertes? ¿Acaso ninguno de ustedes perras chismosas sintió que por un momento no sintieron que podían lograrlo? Por qué si es así, entonces ¿por qué tardaron tanto en ser admitidos por el club? — Todos quedaron en silencio ante las fuertes palabras de Roberto. — Si alguno de ustedes no fue Prospect, no tuvo miedo o tan siquiera no se vio amenazado por no ser lo suficientemente bueno dígalo ahora. — Esa última sentencia hizo que todos alrededor quedarán completamente mudos. — Eso pensé… Ninguno de nosotros estaría aquí si no hubiera sido por nuestra convicción y mucho menos por qué este club nos enseñó a ser fuertes. Y ese muchacho me demostró la misma determinación que yo mostré cuando pedí mi vacante en Nevada. Sí ahora parece que es un niño frágil, pero si está dispuesto a mancharse las manos por mí y por esta mesa, entonces yo no tengo la más mínima duda de que él puede ser el hermano que estábamos necesitando desde hace tiempo. Y si alguien tiene algo que decir al respecto que lo diga AHORA.

Nadie se atrevió a contradecirlo, después de aquel apasionado discurso. Víctor alzó una mano.

— No lo había pensado así, presidente. — Dijo con una seriedad que nadie esperaba. — Cuenta con mi apoyo.

— Y con el mío. — Dijo Joseph, alzando la mano.

Y así, uno a uno, los hermanos votaron a favor. Roberto no pudo evitar sonreír, había visto fuego en los ojos del joven Loud cuando se bajó de la moto, estaba convencido.

Convencido de que sería un gran hijo de la anarquía. — Pero… Tengo un par de condiciones antes de aceptar su vacante. — Joseph dijo mirando de regreso a su presidente. — Mi primera condición es que se consiga él su propio chaleco. La segunda es que se consiga su propia motocicleta, no sé cómo le vaya a hacer, pero debe hacerlo por su propia cuenta. — Y entonces miró serio a su presidente. — Y la última de las condiciones será que no falle en ninguna de sus pruebas de aquí en adelante. Un solo fallo y estará fuera. — Terminó de decir ante la mirada de todos.

— ¿Por qué de todo eso? — Roberto preguntó con seriedad a Joseph.

— Por qué solo así me demostrará su determinación, lealtad y su convicción en convertirse en uno de nuestros hermanos. — Dijo sin más. — Su dedicación y lealtad serán sus entradas al club. Ni más ni menos.

— Creo que es lo justo. — Respondió uno de los Sons. — Digo, si no puede esperar dos años para entrar, creo que debería tener una dificultad extra.

— Tampoco es que sean condiciones tan bestiales. — Dijo Víctor. — Al final va a terminar amando el doble esa moto que se va a conseguir.

— Sí, además no es como si los otros prospectos lo tuvieran fácil. — Se río otro de los Sons de la mesa.

— ¿Qué clase de pruebas tienen en mente para él? — Preguntó otro hermano.

— Habrá qué pensar sobre la marcha. — Joseph respondió.

— No importa… Entonces Lincoln será Prospect. — Roberto replicó mirando a su mesa. — Espero que con esto le demos la oportunidad de entrar a Sons y espero que nadie tenga nada en contra. ¿Cierto? — Preguntó a la mesa la cual todos negaron. entonces ya estaba hecho, Lincoln entraría en su tiempo de pruebas. — Bien, háganlo pasar. — Finalizó con un suspiro mientras uno de los chicos de la mesa se levantaba para llamar al joven Loud.

— ¡Hey Mocoso! Ven aquí. — Dijo llamando la atención del joven albino, qué se levantó con algo de timidez para ir hacia la sala de juntas donde todos lo esperaban.

La manera como lo llamó hizo que Lincoln se sobresaltara, y varios Sons se rieron por ver eso, sin embargo, se recompuso rápido. Le daba vergüenza que sus futuros compañeros de club lo vieran como un niñito miedoso, más que temer por algún ataque de los Sons.

— Ve, Lincoln. — Le dijo Bobby, dándole un golpe de camaradería en su hombro. Por alguna razón eso lo relajó..., un poco.

—Deséame suerte. — Dijo él mientras caminaba hacia allá.

— No necesitas suerte, ya eres un Son en el fondo —le dijo Bobby.

Lincoln sonrió y caminó hacia allá, entre la mirada atenta de los demás hermanos del club, que algún día serían sus propios hermanos.

Cuando traspasó la puerta, se sintió que atravesaba un portal hacia otra realidad, a pesar de que solo era una puerta sencilla.

Y la mirada que la mesa le dirigió lo hizo sentir..., raro. Algunos lo intimidaban, pero no sabía definir qué sentimiento lo estrujaba en ese momento.

— Hemos tomado una decisión. — Roberto comenzó mirando al chico de cabello blanco. — Te dejaremos entrar al club, tu tiempo de pruebas comenzará hoy. — Dijo mirando al chico con una sonrisa a lo que el Joven Loud no supo cómo responder.

— Hey, chico, reacciona — Dijo Víctor, chasqueando los dedos. Como si fuera un encantamiento, él reaccionó, y los miró uno a uno.

— N-no se arrepentirán, voy a dar todo por el club. — Lincoln respondió, y las miradas se hicieron más afiladas.

— Eso está por verse, Loud. — Dijo Joseph — Pero si fallas una sola prueba, estás fuera, sin queja alguna.

Una dificultad extra, pero eso solo lo hacía más atractivo el premio. Ser un motero. Ser un Son of Anarchy.

— Entiendo. — Lincoln respondió asintiendo con la cabeza. — No fallaré ninguna, señor.

— Bien. — Roberto entonces miró a su lado para ver a uno de sus hermanos. — Rick dale los parches de Prospect.

— Eh… ¿No me van a dar un chaleco? — Lincoln preguntó confundido a lo que Víctor río.

— Ja ja, consiguete tu propio chaleco. — Dijo de manera casi despreciativa para mirar a los demás. — Miren a este niño, apenas entra y ya quiere que le regalemos todo. Que no mame ¡Ja ja ja ja! — Ante esas palabras Lincoln se encogió de hombros.

— Escucha Lincoln, para aceptar tu entrada deberás aceptar también las condiciones que mi mesa ha impuesto para que te aceptarán como Prospect— Roberto comentó mientras Joseph lo miraba de frente en su asiento.

— Número 1, tú te consigues tu propio chaleco, ya sea de piel o de mezclilla, no importa en realidad. Número 2, tú te consigues tu propia moto, no sé cómo le hagas, pero no quiero saber qué fue por obra y gracia del dinero de papi y mami. — Entonces se levantó para mirar directamente a los ojos del chico Loud. — Y Número 3, tú respondes por nosotros, tú trabajas para nosotros. No Responderás a nadie más que a nosotros. Si le fallas a nuestro presidente, me fallas a mí, al M.C., o a alguna de las cosas que te pidamos hacer te largas ¿Ha quedado claro?

Lincoln lo miró a los ojos por escasos segundos, pues no dudó ni un minuto en responder:

—Sí, señor, quedó claro. Cumpliré con todas las condiciones, no le fallaré al club.

Conseguir la chaqueta sería relativamente fácil, no era nada que Leni no pudiera hacer. La moto ya era otro asunto, aunque ya se imaginaba que tendría que conseguirla él mismo. Debía buscar trabajo rápidamente, o robarla, lo que surgiera primero. Incluso podría robársela a un rival del club, quizás así podría ganarse más rápido la confianza de los demás miembros.

— Mas te vale que te haya quedado claro, porque si fracasas, o por tu culpa quedamos expuestos, no vamos a ser respetuosos contigo. — Le dijo Rick.

— Bien. — Roberto respondió mientras Rick le daba los parches de Prospect. — Esto… Es tu entrada a Sam Crow. — Dijo dándole sus parches a Lincoln. — Desde ahora tu tiempo de prueba ha empezado Lincoln, no me falles muchacho, he puesto mucha fe en ti, ¿entendido?

Lincoln miró los parches en sus manos con una sonrisa, ya no era una fantasía, ya era un hecho de qué era un Prospect, ahora debía hacer honor a las palabras del presidente qué le había abierto las puertas a ese mundo. Lo miró a los ojos y sonrió ampliamente por aquél regalo.

Ese debía ser uno de los días más felices de su vida, el mejor sería cuando le dieran los parches de miembro oficial. Vaya que celebraría aquel día. Por ahora, apretó los parches de Prospect como si se trataran de los oficiales, y se habría puesto a saltar de la emoción pero recordó a tiempo en donde estaba y con quienes hablaba.

— ¿Cuál es mi primera encomienda, señor? —preguntó Lincoln, mirando a Roberto.

— Que te consigas una chaqueta —dijo Joseph—. Una que haga que no nos dé vergüenza verte en el club.

Definitivamente era trabajo para Leni, su hermana favorita. Aunque no sabía cómo se tomaría aquello de que acababa de entrar a un club de motociclistas. Lincoln deseaba que no se lo tomara mal, después de todo la apreciaba muchísimo.

— Muy bien. Lo haré. — Lincoln respondió con una sonrisa.

This Life Curtis Stigers & The Forest Rangers. ―

Riding through this world… All Alone.
God take your soul. You're on your own.
A Crow flight straight, a perfect line.
On the Devil's Path. Until you die.

Gotta look this life, In The Eye.

Gonna Live this Life.
Until You Die.

The Loud House: Sons Of Anarchy.

Capítulo 3: Represalias.

Lincoln aceleró de regreso al sitio de la reunión, a una velocidad que nunca había alcanzado con la camioneta. Debía llegar lo más pronto posible si quería ayudar a Bobby y a su club.

— ¿Api, adónde vamos? — Preguntó asustada Luz, por la velocidad que llevaba

— Yo..., olvidé algo en casa de tus abuelos. — Inventó él para no asustarla.

Le dolía mentirle, pero no podía decirle que iban a matar Lambs, que iban directo a un tiroteo. Lincoln no se imaginaba poner a su hija en peligro, no se imaginaba llevarla a la zona de fuego. Y mucho menos se imaginaba que ella lo viera matando gente... Pero si no llegaba a asistir a su club sus hermanos morirían.

Las chicas de Luan morirían, todos y cada uno de los niños ricos morirían.

Y aunque ellos no le importaban en lo más mínimo, si club era lo más importante. Por eso aceleró lo más que podía, y pensaba en alguna forma en que Luz no tuviera que verlo como lo que era realmente: un monstruo. Pero no veía como. Mierda, ni siquiera sabía cómo podría protegerla del tiroteo, si eso era posible. Apenas podría esconderla en la camioneta. ¿Y si los Lambs llegaban con armamento pesado? No tendría cómo salvarla.

Debía llegar.

Pero no podía arriesgar a Luz.

Así que su primer pensamiento fue buscar un lugar prácticamente alejado del tiroteo para dejar su camioneta ahí

Por lo que se detuvo en una intersección cerca del estacionamiento, en un punto alejado. Aunque Lincoln podía escuchar los balazos desde su posición. No tenía tiempo que perder, se puso su sudadera con capucha lo más rápido que pudo, alertando un poco a su hija la cual miraba como sacaba un par de cosas de la guantera y se las colocaba, desde la capucha, unos guantes de piel, una bandana de calavera y del asiento trasero de su camioneta sacaba una escopeta, la cual comenzaba a cargar con los cartuchos que había sacado de la guantera. Entonces miró a su hija, la que con cierto temor lo miraba de regreso, él intentaba de transmitirle tranquilidad.

Pero eso estaba muy lejos de lograr, su pequeña estaba asustada de lo que sea que fuera que su padre haría. Lincoln se destapó de nuevo para verla a los ojos.

— Pequeña. Tengo que salir, no mires hacia afuera, no salgas por ningún motivo y no abras la puerta de la camioneta si no soy yo. — Lincoln decía nervioso y ciertamente asustado por lo que iba a suceder y por lo que estaba haciéndole pasar a su hija.

— Api… ¿Qué vas a hacer? — La pequeña preguntaba asustada por la actitud de su padre. En su voz se notaba que temblaba y sus ojos estaban bañados en lágrimas

— Tranquila Nena. — Lincoln respondió abrazando a su hija con la afinidad que solo un padre podría tener por sus hijos. — Tranquila, no tengas miedo, te prometo que volveré. Te lo prometo princesa voy a regresar.

— Quiero ir a casa Api. — Luz respondió abrazando fuertemente a su padre el cual respondió de la misma forma.

— Tranquila… Tranquila pequeña. — Lincoln se separó de ella para tomar a su pequeña del rostro para que lo viera a los ojos. — No tengas miedo, volveré pronto, volveremos a casa pronto, te lo juro. — Finalizó sus palabras dándole un beso en la frente a su hija. Si hubiera tenido una opción más rápida y eficaz, no le habría hecho pasar eso a su niña… Pero el hubiera no existe… Y él no era el padre que ella merecía. — Te amo, te amo en lo más profundo de mi ser pequeña. — Lincoln dijo mientras poco a poco se separaba de su hija para salir de la camioneta. Sí eso era lo último que su hija escuchaba de él, entonces se iría directo al infierno, pero sabiendo que su hija sabía cuánto la quería.

Aquello lo tranquilizaba un poco, pero no demasiado. La pelea debía ser demasiado jodida para que llegara al estacionamiento.

No perdió más tiempo y corrió con la escopeta lista para fulminar a cualquier Lamb que se presentará. Los tiros se hacían más frecuentes y más atronadores a cada paso, pero aún no lograba distinguir ninguna figura humana.

La escopeta se sentía pesada..., si no pudo fulminar a un hombre con una pistola, ¿realmente se creía capaz de poder reventarlo con una escopeta? Por su bien, ahora sí debía poder eliminar alimañas. Por su bien y por el de Luz.

Miró hacia la calle, donde tres camionetas negras estaban estacionadas al frente del estacionamiento y de ahí los Lambs se cubrían de los disparos de sus compañeros, franquearlos sería fácil, rápidamente se volvió a colocar su capucha y su bandana para no ser reconocido tratando de esconder bien su cabello blanco entre las telas.

Miró de nuevo al tiroteo con la respiración agitada, los nervios en la punta de su cuerpo y los ojos clavados en sus objetivos.

No debía pensarlo, solo hacerlo, deslizó el dedo hacia el gatillo de su arma, apuntó hacia los Lambs y ellos también tenían las cabezas cubiertas por máscaras, pasamontañas y bandanas. No parecían humanos realmente, no parecía que fueran personas, solo blancos a los cuales disparar.
Con eso en mente fue suficiente para él, Lincoln apuntó a la cabeza de uno y disparó.
¡Blam! Los proyectiles fueron disparados directo a él con una rapidez invisible para el ojo humano y al mismo tiempo el Lamb caía muerto, Lincoln jaló la corredera para cambiar el cartucho, y apuntar a otro, ¡Blam! Cayó de igual manera quejándose por poco, corrió hacia la camioneta donde uno más se ocultaba solo para golpearlo con la culata de su escopeta, el otro cayó al suelo, rápidamente cambió el cartucho de su escopeta para poner el cañón en la boca de ese pobre infeliz, Lincoln cerró los ojos y disparó. !Sblpatt! Solo escuchó eso, sabía que debajo de él ya no había un ser vivo, solo un cuerpo con la cabeza destrozada en el suelo. No quería mirar o vomitaría ahí mismo. Ni siquiera cuando era joven lograba tolerar el ver a una persona reventada por un tiro de escopeta a tan corta distancia. Ya se imaginaba que estaba salpicado de sangre y sesos, no podía llegar así con Luz o la traumatizaría para siempre, y no quería eso. Tendría que desecharla.

Intentaba ver a sus compañeros, pero si asomaba la cabeza demasiado, sería alcanzado por un tiro, y eso era peor que llegar ensangrentado con Luz.

Maldición, ¿Bobby y los Sons estarían bien? Debian estarlo, ellos eran fuertes, los Lambs eran tan cobardes que necesitaban ataques sorpresa para tener alguna ventaja.

Algunas balas chocaron cerca de donde estaba, posiblemente balas perdidas. Debía moverse rápido.

Lincoln siguió flanqueando desde su posición matando a un par más, y mientras los Lambs iban disminuyendo de número más se daban cuenta de que los estaban flanqueando por lo que decidieron disparar también hacia donde estaba Lincoln el cual apenas pudo esquivar los disparos que iban a su posición

Sons también había notado eso, y Bobby vio al encapuchado que los había estado apoyando. Y pudo reconocer a su hermano encapuchado por la bandana que llevaba, cubriéndose lo más posible. 4 iban por él así que pensó lo más rápido que pudo.

— ¡Cubran a White Devil!— Gritó haciendo que los demás voltearán a ver a Lincoln el cual le iban a dar un tiro a quemarropa.

Lincoln vio como el hombre que casi lo ejecutaba recibe un disparo que le había destrozado el rostro. Y al voltear los Sons ellos comenzaban a tirotear a los Lambs que se habían estado dirigiendo a él.
"Qué Puta Suerte" Pensó mientras comenzaba a Recargar su escopeta.

— ¡Cúbranlo! —gritaba Bobby, disparando para evitar que dañaran a Lincoln. No sabía cómo se había enterado de la embocada ni cómo lo hizo para llegar tan rápido, pero ahí estaba, decidido a ayudarlos, y no pudo llegar en mejor momento.

Como bien todos predecían, los RedHawks apenas servían para algo. de hecho, pelear junto a ellos era como pelear solo, no notaba que el número de Lambs disminuyera con los tiros de los corredores ilegales. Tampoco lograba ver cuántos Lambs había o si estaban llegando más.

Al menos tenían una espina en el costado de los atacantes, Lincoln, quien ya les había aligerado bastante la carga. Ahora tocaba cubrirlo a él.

— ¿Quién es White Devil? — Oyó que preguntaba algún despistado, quería creer que era Tony, el prospecto, a quien había perdido de vista apenas empezó el ataque.

— ¡No seas tonto! — Respondió la inconfundible voz de Víctor. — ¡Sólo cúbrelo!

— ¡Salgan de aquí Robert!— Lincoln gritó disparando de regreso a los Lambs.

— ¡Olvídalo Devil! Ellos quisieron venir a jodernos, ¡Ellos Se Mueren Aquí!.— Bobby gritó como respuesta mientras nuevamente volvían a atacar, Lambs comenzaba a retroceder ante las bajas que estaban sufriendo por Sons.

Lincoln disparaba su escopeta lo más rápido que podía, estaban obligando a los Lambs a Retroceder como cucarachas.

En realidad, estaban masacrando los, Lambs creía que podrían volver a emboscarlos, pero no contaban con que uno de los hermanos de Sons era un demonio qué sabía planear estrategias entre el tiroteo, y si no lo planeaba lo improvisaba de la manera más rápida posible para joder a los rivales de la manera más rápida posible.

Era como volver a los días rojos de su juventud. Nuevamente Lincoln Loud estaba libera, White Devil arrasando con una escopeta todo el costado de los Lambs, sin una gota de piedad, ni tampoco la esperaba. El aire cargaba tanta pólvora que casi podía olerla, y los retumbantes disparos de su escopeta habrían arrojado a más de uno al suelo, pero no a él. Volvía a ser lo que era.

Regresaba Lincoln Loud.

Los Lambs comenzaban a retroceder, intimidados por lo que debía ser una emboscada sencilla y que se estaba volviendo una trampa para ellos mismos. Lentamente, comenzaron a escapar, pero los Sons no los dejarían ir tan fácil. Como leones sedientos de venganza, los moteros siguieron disparando, los perseguían, los buscaban, y el aire se llenó de balas más que antes. Aunque a Bobby le pareció oír el grito de alguien.

Lincoln no se dio cuenta de que una bala le impactó hasta que quiso disparar otra vez y el dolor se lo impidió. Era como si por un momento no lo hubiera sentido, había sido como un empujón. Pero al no poder disparar de nuevo por el dolor su cuerpo se recargó contra la camioneta de los Lambs, dejando caer su escopeta en el proceso.

— ¡Ah mierda! ¡Hijo De Su Puta Madre!— Lincoln por un momento dejó de sentir la adrenalina del momento cuando sintió que algo tenía en el hombro por delante no veía nada, pero el dolor no venía de ahí, venía de su espalda. Atrás pudo ver a uno de Los Lambs apuntándole con su arma en el suelo. Estaba malherido pero estaba dispuesto a matarlo y a llevárselo consigo al infierno.

Hasta que su cerebro salió del otro lado de su cabeza por un disparo efectuado por alguien que le salvaba nuevamente la vida. Lincoln al ver a su lado se dio cuenta de que Richard había matado a su tirador. Pero, eso no impedía que la bala le causará un dolor tremendo en el hombro y parte de la espalda.

— ¿Linc estás bien? — Preguntó mirando como Lincoln caía al suelo al no poder sostenerse más de la camioneta, sí qué le había dado en un punto débil de su cuerpo.

— No realmente...— Lincoln respondió apretándose el hombro con fuerza. — Mierda… Ronn me va a matar...— Dijo quejándose del dolor de su hombro. Para luego ver la sangre en su guante y que poco a poco comenzaba a cubrir toda su sudadera. — No mames, esto duele como la chingada…

Los demás se acercaron a Lincoln para tratar de ayudarlo, más Bobby el cual corrió apartando a los demás para asistir a su hermano.

— ¡Linc! Jesucristo Linc ¿qué pasó?

— Me dieron una. — Dijo él, sujetándose el hombro. — Hijo de su puta madre, esto sí que duele.

— No te muevas más Lincoln. — Dijo Bobby para ver la herida de su hermano, la cual sangraba sin parar. — Dios, esto sí se ve muy mal.

— Mierda..., esta Luz en la camioneta — Dijo Lincoln recordando lo más importante de su vida. — Maldita sea, ¡Ella Está En La Camioneta!

Bobby lo miró asombrado, Lincoln amaba demasiado a su hija para arriesgarla de ese modo, no podía entender qué lo llevó a arriesgarse así. Bueno, si lo sabía, su club, eso lo llevó a casi meter a su hija a una pelea de moteros.

— Está bien Linc, está bien te llevaremos al hospital y…

— ¡No! — Lincoln respondió levantándose. — Salgan de aquí, la policía no tardará en llegar y si ven todo este cagadero los meterán a todos a la cárcel. — Dijo agarrándose el hombro con fuerza para tratar de detener el dolor.

— Hermano, tú lo dijiste, Luz está en la camioneta. ¡Necesitas que te ayude! — Bobby dijo mirando seriamente a su hermano el cual lo agarró con fuerza del chaleco.

— No, ustedes necesitan salir de aquí ahora. Sino todo se irá a la mierda. — Lincoln respondió no solo pensando en sus hermanos, sino en su esposa, en su hija y en todo mientras el tiempo rápidamente se acababa.

— Linc, no puedo hacer eso, no puedo abandonarte. — Bobby dijo desesperado, tratando de ayudar a su hermano mientras todos comenzaban a escuchar las sirenas de policía.

— Entonces no te dejaré opción. — Finalizó dándole un puñetazo en el rostro a Bobby el cual aturdido cayó al suelo solo para ver como Lincoln corría rápidamente, pero tambaleando por la pérdida de sangre a la misma intersección donde había venido.

— ¡Linc! ¡Espera!— Bobby dijo recuperándose del aturdimiento del golpe a lo que los demás comenzaron a preocuparse por las sirenas policiales.

— Bobby. Hay que salir de aquí ahora. — Joseph lo llamó mientras que todos los hermanos del club comenzaban a recoger las armas y a subirse a sus vehículos.

Bobby miró el camino que había tomado Lincoln con una preocupación extrema. Su mejor amigo estaba herido, quizás gravemente, y él no podía hacer nada. Gritaba insultos mientras corría a su moto, aunque consideró seguir a Lincoln.

Pero la policía venía por esa dirección. Lincoln lo notó, y rápidamente se ocultó en un callejón cercano, quitándose la bandana y la sudadera. Tenía que alejarse y tirarlos, aunque no se le ocurría en dónde. Ni siquiera sabía si evadiría a la policía.

Deseaba que Luz se hubiese dormido. Vio un cubo de basura cerca, ahí simplemente arrojó todo ni siquiera se esperó para esconderlo, debía volver a casa o su fin estaría mucho más cerca de lo que él había imaginado. Debía regresar y… Maldición su escopeta, ya no había tiempo para volver. Estaría muerto si no llegaba a casa con su esposa...

Sin lugar a duda ese día había sido una completa mierda.

Al llegar Lincoln por poco se desmayaba, su cuerpo chocó con la camioneta débilmente. Sentía las manos huesudas en su hombro y eso ya era una sentencia, Lincoln comenzó a avanzar apoyándose de la camioneta. Hasta que vio la puerta abriéndose… Y a su pequeña mirándolo con temor que poco a poco derivó en terror al verlo sangrando.

— ¡Api! — Gritó para llamar la atención de su padre el cual le miró de vuelta.

— Pe-Pequeña… E-Es… Esto no es lo que parece...

— ¡Api! ¡Api! ¡Estas herido! — Gritó ella asustada.

— No, Lucecita, estoy bien.

La respuesta más idiota que había inventado nunca. Evidentemente no estaba bien, de hecho, sentía que se iba a desmayar ahí mismo.

— Api. ¿Qué te pasó? — Su hija preguntaba saliendo de la camioneta preocupada por su padre, hasta ese punto ya no sabía si lloraba de miedo, de preocupación o por ver a su padre así.

— Ok, ok no estoy bien. — Lincoln dijo recargándose de la camioneta. — Yo… Maldición… Escucha nena necesito que estés tranquila. — Lincoln le pidió a su hija mientras tomaba su pequeño rostro en su mano disponible. — Tranquila… Necesito… Que estés tranquila.

¿Como ella iba a estar tranquila? Toda su vida quiso alejarla de todo lo que había sido él: armas y mucha violencia. Luego se le ocurría llegar con ella a un lugar donde corría el riesgo de recibir un balazo.

Si que era un buen padre.

Y estaban los dos ahí, con las sirenas cada vez más cerca, y él incapaz de huir.

Lincoln pensó rápido de nuevo y abrazó a su hija para entonces cargarla, las fuerzas le faltaban, pero debía lograr algo creíble.

— Cierra los ojos pequeña. Y tápate los oídos. — Pidió mientras ella asentía únicamente para hacer lo que su padre le había pedido.

Entonces Lincoln juntó sus fuerzas y golpeó el cristal del lado del conductor con su codo para simular que una bala lo había roto. Entonces entró a la camioneta con su hija en brazos para simular que la había protegido de un disparo solo si la policía se detenía a ver a Lincoln y a su pequeña.

Ella lo abrazó con sus pequeñas manos, un abrazo tan dulce e inocente que lo hizo soltar algunas lágrimas. Ella era lo único bueno que había hecho en su vida, ella lo quería a pesar de todos sus errores..., pero era porque no sabía nada de él. para Luz él era su héroe, su padre que la protegía y cuidaba. Ella lo odiaría si supiera que la estaba poniendo en riesgo.

Pero no podía dejar solos a sus hermanos.

— Api, tengo miedo. — Dijo asustada, aferrándose aún más a él.

— Tranquila, Lucecita. Ya vamos a volver a casa, tranquila.

Debió haber dejado que Ronnie Anne fuera a buscarla, se habría ahorrado todo. De cualquier forma, se habría enterado del ataque de los Lambs y habría encontrado una forma de llegar al sitio del tiroteo para ayudar a su club.

Las sirenas se oían tan fuerte que podía jurar que resonaban en su oído.

Solo podía esperar a que las patrullas llegarán y se marcharán al área donde había ocurrido el tiroteo. Solo podía desearlo mientras más sentía que se desangraba.
morir en brazos de su hija… Qué destino tan más apaciguador para su alma… aunque no tanto por su niña. Si él moría así no solo sería un dolor indescriptible por su pequeña, sino por su madre, sus hermanas, su familia.
No sería justo, no era justo, pero aún respiraba, su corazón aun palpitaba, mientras aún tuviera pelea en su interior debía hacer algo…
Y como si su suerte aún no hubiera terminado las patrullas y camionetas de la policía pasaron sin notar la camioneta de Lincoln. El cual vio como todo pasaba frente a sus ojos, todo pasaba como un sueño, todo se veía borroso, todo se veía de manera casi ilusoria.
Pero aún tenía vida, aún podía salvar su vida. Esperó hasta que el último convoy y ambulancia lo pasaba… Y con una gran fuerza de voluntad prendió la Camioneta.

— Vamos a casa. — Dijo mientras cambiaba la palanca de cambio para dar marcha a su hogar, aún podía lograrlo, no podría desangrarse aún debía regresar a casa para que su esposa lo curará. O hiciera algo mínimamente para salvar su agonizante vida.

Quería llegar rápido, pero no quería chocar o volcarse y arriesgar a su querida Luz. Rayos, necesitaba que Ronnie hiciera algo para detener el dolor que sentía. Ella no era idiota, jamás le creería el cuento de la bala perdida.

Pero en ese momento no le importaba. El dolor era inmenso. El llanto de Luz igual. Quería parar alguna de las dos cosas.

Aceleró una vez más, y se preguntó si Clyde estaría entre los policías que acudían a la escena del crimen. Él tampoco le creería nada.

— ¿Api, te sientes bien? — Preguntó su pequeña, con los ojos abiertos como platos. Debía estar cabeceando, somnoliento por la sangre perdida.

— Ya..., ya vamos a llegar. — Lincoln trataba de mantenerse despierto, debía seguir despierto, aún si la pérdida de sangre era demasiada, dios, ¿cómo se había metido en esa situación? Se suponía que su día no podría haber sido peor, pero olvidaba esa regla de la vida que nunca podía recordar bien.

Si va mal… Puede ir peor…, mucho, Mucho, MUCHO Peor.

Llegó a su hogar, con un pie en el freno y otro en la tumba.

Probablemente en las puertas de ese bar con solo dos asientos, uno para él y otro con su última cita, Lincoln solo estaba pensando en las cosas qué le diría, los pecados que había cometido y las historias que habían acontecido en su vida, una que le condenaba más que la otra. Todos los momentos que desde su Primera Maldición lo llevaban a esa Su Última Palabra.
Y al beber del cáliz por última vez la mano de su cita lo llevaría directo a las puertas del Infierno, el cielo no era lugar para un hombre maldito como él.

— Lu-Luz...— Lincoln habló débil y lleno de dolor. — No le digas esto a tu madre…

Lincoln finalmente se desmayó ante la falta de sangre.

El grito de Luz la sacó de su tranquilidad.

De hecho, ya presentía algo, Lincoln y Luz no podían haberse demorado tanto, aunque cabía la posibilidad de que se hubiera quedado hablando con su familia. De todas formas, ella pensaba llamarlo, solo para salir de dudas, cuando sintió la camioneta llegar.

Eso la había aliviado, y se distrajo un momento. Le hacía ilusión pensar en que su esposo se estaba reconciliando al fin con su familia, lo que él tanto quería hacer, pero nada la preparó para el grito de Luz.

— ¡Que pasa, Lucecita! — Grito Ronnie saliendo de la casa de una carrera.

— ¡Api está muy mal! — Gritó ella, jamás la había oído gritar así.

Y nada la preparó para ver a Lincoln desmayado y herido por un balazo.

— ¡Lincoln! — Ronnie gritó para ver la ventana del lado del conductor rota. — Oh Jesucristo, Jesucristo, Jesucristo. — Ella dijo alterada mientras tomaba a su esposo de las mejillas para tratar de despertarlo. — Lincoln, ¡¿Puedes oírme?!— Ronnie trató de tomar su pulso mientras su pequeña miraba aterrada como su madre trataba de hacer reaccionar a su padre, en esos momentos ella no sabía cómo reaccionar más que llorar, mientras que su mamá temblaba y trataba de detener la hemorragia…

Lincoln apenas escuchaba algo, apenas podía mantenerse consciente… No podía hacer nada.

Pero mientras recordaba su vida entera, sus momentos, su niñez, a sus hermanas, a sus amigos, su vida adulta, sus momentos más felices y tristes por igual en un viaje mental en primera persona a lo largo y ancho de su vida, ahí estaba todo. Todo lo que él había vivido frente a sus ojos, proyectado como una película, aunque por un momento pausó, ahí estaba a los 18, despertando de su cama por un graznido de un ave vestida de negro, qué lo llamaba, qué le hablaba a él con un lenguaje desconocido para él y en ese momento en su lecho de muerte, vio a un pequeño cuervo en el marco de su ventana, él lo veía fascinado e intrigado, el cuervo lo vio a los ojos. Y Lincoln pudo apreciar el negro de esos ojos que lo veían directo al alma. El ave abrió las alas y entonces abrió su pico para graznar. Y decirle unas palabras...

— ¡DESPIERTA!—

Despertaba ante aquel grito que no había provenido del cuervo, sino de una voz distinta, una voz femenina qué lo había devuelto a la realidad, al mirar a su alrededor se encontró en el cuarto del hospital, No entendía qué había pasado. ¿Estaba muerto? ¿Estaba en el infierno? No, estaba en el infierno, pero estaba vivo, miró a su lado derecho solo para ver su brazo y hombros vendados y en una reposadera.
Y al otro una enfermera, una enfermera que dormía después de una larga noche de operación que había resultado exitosa. Estaba vivo y eso la había calmado lo suficiente para poder reposar tranquila. Sabiendo que su esposo seguiría con vida, al menos por un tiempo más. Lincoln miró su brazo, no había ningún rastro del dolor que lo afligía el día anterior, pero sabía que regresaría cuando los efectos de la anestesia se pasarán.

Miró a su esposa y no pudo evitar el sentirse culpable. Ella estaba sufriendo mucho, no podía imaginar el terror que pasó la noche anterior cuando vio a su esposo ensangrentado sobre el volante.

Le dolía pensar en eso. Ronnie Anne no merecía pasar por nada de lo que estaba viviendo, y todo era culpa de él. El día había sido tan malo que acabó arruinando también el día de Ronnie Anne y el de Luz.

Su pobre hija..., estaba tan asustada. ¿Qué más podría hacer ella, además de llorar? Ni siquiera debió verlo así en primer lugar.

— Ronn...— Lincoln movió a su esposa tratando de despertarla. — Ronn… Yo...— Lincoln la llamó mientras ella se despertó de golpe, ella vio a Lincoln y sin dudarlo lo abrazó fuertemente.

—Jesucristo...— Ronnie dijo con la voz temblorosa. Lincoln estaba confundido, pero indudablemente feliz de que ella lo abrazara de nuevo, por lo que con su único brazo bueno le correspondió. — Dios mío Linc… Tuve tanto miedo de perderte, tuve tanto, tanto miedo. — Dijo mientras Lincoln sufría por las palabras de su esposa.

— Sí… Perdóname… No quería…

— Está bien, tú la protegiste, protegiste a nuestra niña. Sé qué lo hiciste. — Dijo Ronnie mientras Lincoln escuchaba arrepentido pero confundido, no se atrevía a preguntar qué.

— Sí… Lo hice, No me di cuenta del tiroteo hasta que uno de los disparos rozó el auto…

— Dios, Lincoln. — Dijo ella preocupada. — Esas malditas bestias casi te quitan la vida.

El dolor de tener que mentirle a su esposa usando a su hija como excusa era más grande que el de su herida. Definitivamente ya no podía caer más bajo, como diría su hermana Lori, literalmente había tocado fondo. No merecía el perdón ni la compasión de nadie, mucho menos de su familia.

— Ya, Ronnie, lo importante es que no pasó nada. — Dijo sonriéndole. — Todo está bien.

— Perdiste mucha sangre. — Le contestó ella, a punto de llorar otra vez. — Dios, temí tanto por ti.

— Lo sé, lo sé. — Lincoln respondió tomando una de las mejillas de su esposa. — ¿Como está mi niña...? ¿Dónde está? — Preguntó mirándola a los ojos.

— Está bien Lincoln, ella… Le llamé a Lily para que la cuidara en casa, ella también se vio muy afectada cuando le dije lo que te había sucedido. — Respondió Ronnie acariciando con su pulgar el lomo de la mano de su esposo. — Dios mío Linc… Ni siquiera pude decirle que todo estaría bien, solo la dejé con tu hermana y… Dios, yo, no pude tranquilizarla, estaba llorando como si te hubiera visto morir.

No debió haber preguntado, sólo imaginar a su querida Luz sufrir por su culpa era demasiado duro, imaginarla llorar así era devastador. ¿Y si realmente hubiera muerto frente a su hija? La habría traumatizado de por vida, era sumamente egoísta. Esperaba que Lily pudiera lograr calmarla y subirle el ánimo. Rayos, eso última era imposible.

— Ve a verla, te necesita más que yo. — Dijo él tratando de calmarla. — Dile que ya estoy mejor, que no se asuste.

No sabía cómo iba a poder calmar a Luz. Ella posiblemente seguiría afectada por lo que pasó en lo que queda del año. Tendría que buscarle un terapeuta.

— No quiero dejarte solo, Lincoln. — Dijo ella con tristeza, mirándolo a los ojos, y él realmente no pudo soportarlo. No merecía tanta ternura, tanto amor.

— Hey... Estaré bien… Solo ve con nuestra pequeña Luz… Ella necesita a mamá. — Lincoln respondió juntando su frente con la de su esposa, ya hasta ese punto quería que Ronnie lo odiará, se había puesto a sí mismo y a su hija en peligro, lo último que él merecía era que ella le llorará y le recordará lo mucho que él apestaba como padre.

— Lo sé, lo sé, pero dios… Linc en la operación, en la operación hubo un par de complicaciones. — Ronnie dijo mirando de nuevo a Lincoln. — La bala qué te extrajimos, te había dado en una arteria muy importante de tu brazo, fue un milagro qué hubieras llegado a casa en realidad, si te la hubieran extraído antes, te habrías desangrado en cuestión de minutos. — Ronnie dijo con cierta tristeza. — Dios Linc, perdiste casi la mitad de tu sangre ayer, esa maldita bala casi te hizo desangrar hasta morir...— Comentó mirando de reojo a Lincoln el cual se cubría el rostro con su brazo Libre.

— Rayos...— Lincoln dijo apretando los ojos, nunca en su vida estuvo tan cerca de las puertas de la muerte.

— Sí… Pero, por suerte Lori se ofreció a donarte sangre, ella… Te salvó la vida Linc. — Ronnie comentó sonriendo un poco. — Creo que Lily le llamó para decirle que te habían herido, ella llegó a noche para ver como estabas y… Ante la falta de sangre de tu tipo ella se ofreció a darte la suya.

¿Lori? Debió ser por petición de Bobby, que gran amigo era. Pero rayos, eso solo lo hacía sentir peor. Mas y más gente involucrada, ajena a todo lo que él había hecho y que sin embargo debía pagarlo.

No sabía si quería ver a Lori. La miraría a los ojos y ella de inmediato sabría todos sus secretos, con ese superpoder que tienen las hermanas mayores.

— Lori...— Susurró él. — Si la ves dile que le agradezco por todo. ¿Ella está bien? Por favor dime que lo está.

No podría soportar haber sacrificado a la esposa de Bobby, su hermana mayor, para salvar su mugrosa vida. Él solo tenía alguna importancia con Ronnie Anne y Luz, únicamente porque las protegía.

— Sí, ella está bien. — Ronnie respondió apretando la mano de su esposo en la suya. — Yo… Linc, yo quiero decirte que… Que realmente aprecio mucho a tu hermana por lo que hizo por ti. — Replicó mirando de frente a Lincoln. — De verdad… Ella estuvo aquí conmigo toda la noche, me ayudó a calmarme y a cuidar de ti.

Las palabras de su esposa resonaron en la mente de Lincoln, nuevamente Lori cuidando de él, como cuando eran niños.
Eso lo hizo esbozar una sonrisa, su hermana mayor siempre cuidando sus espaldas… Aunque se sentía algo mal por haberla tratado y haberle dicho cosas horribles en el pasado.
Pero ahí estaba una muestra más de que todas habían cambiado para bien, excepto él.

Incluso Luan era una mejor persona que él, y eso lo hacía sentir muy raro. Se preguntaba cómo habría reaccionado Luan al enterarse del tiroteo y del balazo que había recibido, seguramente se habría enfurecido por haber puesto en riesgo a sus chicas.

Lori..., ella se merecía más de lo que nunca le había dado. Su relación no era la mejor de todas, pero tampoco se llevaban mal.

— Mi familia me ama. — Susurró, más para el mismo que para Ronnie Anne, aunque ella misma lo oyó.

— Todas te amamos, Lincoln. — Dijo mirándolo con el cariño que ella era capaz de sentir.

Y eso lo hizo sentirse aún más miserable. No merecía tanto cariño, para nada, de hecho, empezaba a desear que lo odiaran.

— Ronn… Ve con Luz. — Lincoln pidió por última vez mientras le tomaba de una de sus mejillas. — Necesito que estés con ella, necesita a mamá ahora.

— Pero aún estás delicado Linc, necesito estar contigo. — Ronnie respondió ante el tacto de su marido.

— Ronn. Estoy vivo, eso es lo importante, ¿no? — Lincoln respondió acomodando un beso a su esposa. — No te preocupes por mí, ve a casa y dile a mi pequeña Luz qué… Qué todo estará bien.

Era sumamente improbable que todo saliera bien. Ya veía que su vida acababa con Ronnie Anne marchándose con Luz y el estrellándose con Lucille en alguna carretera.

Su esposa lo miró, indecisa. No la culpaba, él tampoco podría estar tranquilo si ella estuviera en el hospital.

— Volveré pronto. — Respondió Ronnie asintiendo con la cabeza. — Le diré que estas bien.

— Dile que volveré pronto. — Dijo sonriendo otro poco, aunque por dentro estaba devastado.

— Sí. — Ronnie respondió dándole un beso en los labios. — Te amo, Linc.

— Yo también. — Lincoln respondió correspondiéndole de igual manera.

Ronnie se levantó de su silla y se dirigió a la salida del cuarto de hospital. Aunque se detuvo ahí mismo mirando hacia una de las bancas del pasillo.

— Lori, ya despertó. — Dijo llamando la atención de su cuñada, la cual la miró seria.

— ¿Ah, ¿Sí? — Preguntó denotando una actitud tranquila y serena.

— Sí, voy a volver a casa por mi Luz. Cuida mucho de Lincoln mientras regreso. ¿Sí? — Ronnie pidió mientras comenzaba a cargar su bolso.

— Sí. Por supuesto que sí Ronn. — Lori respondió avanzando a su cuñada con tranquilidad

— Bien, gracias Lori. Por todo. — Dijo abrazando a su cuñada con fuerza.

— Por supuesto Ronn. ¿Para qué está la familia?

Buena pregunta, ¿para qué estaba la familia? Se supone que debían cuidarse entre ellos, protegerse y amarse. ¿En qué momento él había comenzado a ser la maldición de su familia? ¿Fue cuando pasó aquello cuando obtuvo todos sus parches...?

No era momento para pensar en eso, mucho menos cuando Lori entró a la habitación, y sus miradas se cruzaron por un segundo que pareció una hora. Y Lincoln sintió que ella podía leer su mente.

— Rayos, Lincoln, literalmente te vez acabado. — Dijo mirándolo. El no pudo evitar reír al oír la palabra favorita de su hermana.

— Si, he estado mejor. — Dijo mirándola, y le parecía sentir la sangre donada recorriendo sus venas. — Lori, gracias por ayudarme. Gracias por donarme tu sangre.

— No fue nada, Lincoln. — Respondía ella sentándose a su lado. — Literalmente eso es lo que hacen los hermanos.

— Sí...— Lincoln respondió acomodándose en su cama mientras que un silencio abrumador inundaba el lugar. Tanto uno como otro no decía nada que continuará la conversación hasta qué Loris suspiró con pesadez.

— Así que, volviste a romper tu promesa. ¿Verdad? — Lori dijo viendo como su hermano le regresaba la mirada con algo de impresión por sus palabras. — Digo, a Ronnie no le está siendo nada fácil aceptar lo que estás volviendo a hacer. Pero yo te conozco Lincoln. Literalmente esa herida de bala no fue por haber pasado casualmente por ahí. — Dijo mientras Lincoln desviaba la mirada.

— Sí…— Lincoln Respondió ladeando la cabeza en su almohada.

— Dios mío hermano, ¿es qué acaso la familia ya no significa nada para ti? — Lori preguntó seria. — Hace… casi 10 años tú estabas metiéndote en todo esto y te dije que éramos tus hermanas, tu familia. Y tú me dijiste qué…

— Qué no éramos nada...— Lincoln respondió arrepentido por recordar eso.

— Así es. ¿Es que acaso lo mismo está ocurriendo con tu esposa y con tu hija? — Lori volvió a preguntar para verlo bien y a detalle.

— De ningún modo. — Dijo molesto Lincoln. — Ellas son lo más importante para mí.

— ¿Y nosotras nunca lo fuimos? — Lo que más lo golpeaba era la falta de odio en la voz de Lori. Era como si ella ya diera por sentado que Lincoln diría que sí, que nunca las había sentido como parte de su familia.

— No es eso, Lori. — Reclamó él.

— Literalmente le estás mintiendo a Ronnie Anne. — dijo ella en respuesta. — Déjame adivinar, ella no sabe que volviste al club.

— No, es… Es complicado Lori. — Lincoln respondió mientras su hermana se acomodaba el flequillo.

— Oh, ¿ahora así es como le llamas a esto? Primero era: eso no te importa, después: que yo era una perra entrometida, después esa frase que me dijiste que: el club era la hermandad que jamás tuviste. Y ahora es complicado. — Lori dijo viendo de reojo a su hermano.

— No es eso. — Lincoln respondió cubriéndose los ojos con su brazo bueno.

— ¿Entonces qué es Lincoln? — Lori volvió a preguntarle con seriedad absoluta. — ¿Es que acaso lo que buscas es abandonar a otra familia para ser libre con el club de nuevo?

— ¡No Maldita sea no!... Solo, no.— Lincoln respondió al borde del enojo. — Yo… Solo extrañaba a mis hermanos, al club, ellos me necesitaban y acudí a su llamado.

Lori al principio no dijo nada. Luego se rio, desconcertado a Lincoln, quien no entendía por qué se reía su hermana.

— Siempre buscas una excusa para preferir el club antes que a tu familia.

— Eso no es cierto— Dijo él ya comenzando a molestarse. — Sólo quiero tener a mi familia y al club separados, como lo hace Bobby.

— Tú no eres como Bobby. — Dijo Lori, de un modo carente de cualquier tono acusatorio pero que Lincoln sintió como una patada en el hígado. Sabía que no era como Bobby, pero Lori no tenía para que tirarle esa acusación a la cara.

— Sí y tú no eres como Ronnie. — Lincoln respondió molesto. — Tú aceptaste lo que Bobby hacía, Ronnie no, ella jamás pudo aceptar mi cercanía con el club. Me obligó a dejar a mis hermanos cuando mi hija nació. — Dijo mientras Lori suspiraba de manera cómica.

— ¿En serio crees que acepté qué Bobby siguiera con esto? No puedes aceptar esto, yo vivo con esto. Yo me acostumbré a su vida, me acostumbré a lo que él se convirtió, yo jamás acepté que él tomará el cargo de su padre en el M.C. Cuando él murió. Yo me casé con el hombre, no con el club. — Lori respondió con furia en su voz. — ¿Crees que para mí es grato soportar sus penas cada vez que llega a casa? ¿Crees qué yo disfruto de su dolor? No… No, y juro que mis niñas y Robbie menos, pero ustedes no entienden qué ser la mujer de un motociclista conlleva contener sus penas todas las noches, al ir a dormir, al despertar, al hacer el amor. ¿Crees qué yo quiero que viva así? Cargando una cruz tan pesada en su espalda. No Lincoln… Pero tú no lo entiendes, ustedes jamás lo entenderán. — Lori finalizó apartando su mirada de su hermano.

— Entonces sí eso es cierto… ¿Porque sigues con él si estás tan cansada de todo ello? — Lincoln preguntó mirando a su hermana.

— Por qué Lincoln… Hay una cosa que se llama amor. Y si de verdad no lo amará ya me habría ido lejos con mis hijos hace tiempo. — Lori respondió con cierta tristeza en su voz. — Lo amo Lincoln… Y siempre lo he amado, pero no puedo obligarlo a dejar el club, por qué sí lo hago decidir entre su club o nosotros. Yo sé que perderé. ¿Pero tú qué vas a saber de eso? Tú no sabes lo qué es ser la segunda opción en tu vida.

Las palabras de Lori resonaron con potencia en la mente de Lincoln. Una segunda opción. Así era como se veía Ronnie Anne, sentía que ella y Luz eran la opción número dos.

Para él jamás lo serían..., aunque no debían hacerlo elegir.

— Ronnie Anne y Luz no son mi segunda opción, yo las amo. — Replicó él siendo atacado momentáneamente por las palabras de su hermana.

— ¿Más que al club? — Preguntó ella mirándolo a los ojos con firmeza y Lincoln ante eso no se atrevió a contestar. No supo qué contestar. — Lo imaginé.

— Intento hacer lo mejor para ellas— Respondió Lincoln sintiendo un agudo dolor en su pecho por las palabras de su hermana.

— ¿Meter a tu hija en un tiroteo era lo mejor para ella, Lincoln?

Lincoln entonces cambió su expresión enojada a una triste al recordar a su niña llorando al verlo en el peor estado que pudo haberlo visto en su corta vida.

— Yo… ¡Yo debía proteger a mis Hermanos Lori! — Lincoln respondió con la voz quebrada. Algo a lo que su hermana no logró inmutar. Ese dolor ya no le parecía nada nuevo para ella no sentía pena por su hermano en realidad, solo lástima.

— ¿Y tus hermanos eran más importantes que tu propia hija? — Lori preguntó seria a lo que Lincoln no pudo responder nada hasta cubrirse los ojos con la palma de su mano.

— Bobby lo es...— Lincoln respondió sacando un suspiro pesado de su hermana. — Son mis hermanos, son mi familia Lori.

— Sí…Pero nosotras somos tu verdadera familia. — Lori dijo soltando una pequeña lágrima de su ojo izquierdo. — A menos que nuevamente me digas que no somos nada… Como antes. — Mencionó con la voz doblándose al recordar ese preciso instante. — Nosotras te amamos hermano. Pero jamás nos apreciaste… Y cuando entraste a ese club te distanciaste hasta que ya no te pudimos reconocer.

— Yo quería ser parte de una hermandad. — Lincoln respondió mirando de nuevo a su hermana. — Yo solo quería pertenecer en un lugar donde me apreciarán. Ellos se volvieron mi familia Lori. Ellos no me trataban diferente solo por no ser mujer. Ellos son mi familia también.

— Yo también lo era. — Lori sentenció mientras se levantaba. — Pero eso no te importó cuando me lastimaste a mí y a las demás…

Estaba lleno de ira cuando había dicho esas cosas tan crueles. No se enorgullecía de eso, se avergonzaba muchísimo, pero aquel día tenía muchos motivos para sentirse furioso con su familia.

Ese día, al igual que ahora mismo, recordaba todas las crueldades que cometieron sus hermanas contra él, comenzando con el estúpido asunto de la mala suerte. Era la rabia la que habló aquel día y molió a golpes a cierta hermana.

No quería pensar eso, no entendía por qué Lori lo estaba presionando tanto.

— Estás siendo injusta— Lincoln replicó a su hermana. — Sí, yo las herí, pero ustedes me hirieron primero. De no ser por eso, tal vez jamás habría acabado en el club.

Sus palabras al fin parecieron hacer reaccionar a Lori. Lo miró con una tristeza extraña.

— ¿Crees que no lo sabemos, Lincoln? — Preguntó Lori. — Nos dimos cuenta ese mismo día, pero luego literalmente no nos dejaste arreglar las cosas.

— Es que no había nada que arreglar Lori. — Los ojos de Lincoln se ensombrecieron. — Yo ya no podía esperar a que las cosas hubieran sido diferentes, simplemente no… Sé que las lastime a todas… Pero ustedes no hubieran cambiado incluso si se los hubiera pedido, debía obligarlas a cambiar. — Dijo sintiendo la mano de su hermana sobre la suya.

— Pero… Aún si nosotras hubiéramos cambiado, aún si nosotras te hubiéramos escuchado y aceptado, tú no lo habrías hecho Lincoln. — Lori respondió mirándole a los ojos. — Pero… Eso no te importó realmente… ¿Verdad? Ni siquiera te importó lo que le pasó a Leni…

— No te atrevas a decir eso. — Lincoln replicó ladeando la cabeza. — No digas eso Lori…

— Pero es cierto Lincoln… Ella también te necesito a ti… Y simplemente te largaste.

Ella no podía decirle nada sobre Leni, absolutamente nada. No podía saber si Lori conocía toda la historia detrás de lo que le ocurrió a Leni, pero no iba a arriesgarse. De todas formas, ya se sentía lo suficientemente acosado.

— Lori, no seas injusta, me preocupé más por ella que tú. Yo no me largué, si me alejé fue porque era lo mejor para Leni.

— Es una rara forma de ayudarla, Lincoln. — Dijo ella. — Sabías lo importante que eras para ella, te necesitaba.

Bien podrían coserlo a balazos y sentiría menos dolor del que está sintiendo ahora. Sus palabras eran crueles, muy crueles y dolorosas.

— Lori, si vas a continuar diciéndome que soy un hermano de mierda, prefiero estar solo.

— Sí, pero yo tampoco fui la hermana perfecta. No fui de lejos eso. — Lori respondió frunciendo el ceño. — Pero aprendí de mis errores, aprendí de todas mis fallas y traté de mejorar día a día, mientras que tú empeorabas día con día. — Regaño mirando de reojo a Lincoln. — Yo sé qué te fallé Lincoln… Pero traté de ayudarte y… Estoy tratando de salvarte ahora.

— ¿Salvarme de qué? — Lincoln preguntó confundido y furioso.

— Trato de salvarte de ese destino qué te has impuesto por mano propia. Quizás no puedo hacer qué Bobby salga de esto. Pero quizás puedo hacer qué tú lo hagas. — Lori se acercó a su hermano para que la viera a los ojos. — Puedes detener todo esto Lincoln, yo sé que puedes. Si no quieres hacerlo por nosotras… Bien sé que no lo hiciste en el pasado y no lo harás ahora… Pero hazlo por tu hija, ella necesita un papá con el cual crecer, un papá que la quiera se preocupe y cuide de ella, no a un motociclista que pone su vida en riesgo… Solo por apoyar a un club lleno de psicópatas.

— ¡No les digas así! ¡Hmm! — Lincoln exclamó sintiendo una fuerte punzada en el hombro. — Mierda…

Lori lo miraba con una expresión neutral de nuevo, aunque parecía querer reírse de él. Lincoln se sintió estúpido, como si volviera a ser un niño de once años con una rabieta de un niño de cinco.

— ¿Tan desgraciado te sientes como para disfrutar tanto la compañía de sujetos así? — preguntó su hermana mayor.

Ellas nunca entenderían que si se juntaban era porque todos sentían la misma necesidad de libertad, que solo podían conseguir sobre sus motocicletas.

— No es por miseria, Lori. — Dijo él. — Es por libertad.

— Claro, libertad. — Dijo ella, entornando sus ojos como si aquello fuera ridículo, pero no lo suficiente como para hacerla reír.

— ¿Nunca has sentido que quieres escapar un momento de un jefe de mierda, una vida llena de problemas y de deudas? Cuando andamos sobre las motos somos libres al fin.

— Entonces, ¿no te sientes libre con Ronnie Anne? — Preguntas duras como rocas, parecía que solo sabía hacer ese tipo de preguntas.

— Es diferente. — Lincoln respondió secamente.

— ¿Ah sí? Por qué literalmente no veo la diferencia. — Lori respondió en un tono igual de seco. — Yo solo veo a mi hermano menor tomando nuevamente la peor decisión de su vida en sus manos y haciendo que su hija y esposa paguen por sus errores.

— Lori...— Lincoln la miró a los ojos con serenidad. — Cierra tu estúpida boca.

Ante esa última palabra Lori rio por lo bajo, aunque aun así no podía negar que le había dolido escuchar nuevamente una maldición que solo su hermano podía decirle justo ahí y justo en ese momento.

Lori se levantó y tomó su bolso, ya estaba cansada de esa charla tan estúpida y sin sentido desde el inicio.

— Bueno… Yo voy por...

— ¿Te largas? — Lincoln preguntó arqueando una ceja.

— Iba a decir qué iba a la cafetería del hospital por un café hermanito. — Lori respondió arrogantemente a lo que Lincoln le hizo fruncir el ceño. — Pero si, solo espero a que llegue tu esposa y me largare de aquí. ¿Quieres que te traiga algo Linky? O me vas a decir que soy una perra entrometida, o algún otro insulto patético.

Lincoln suspiró pesadamente ante esa última sentencia.

— Solo quiero agua, gracias. — Respondió apartando la mirada.

— Muy bien Linky, ahora vuelvo. — Al menos no se veía furiosa, la Lori de su adolescencia lo habría convertido en un pretzel humano sin mayor culpa.

Estando solo, comenzó a reflexionar. Le dolía pensar que tal vez Lori tuviera razón, y estaba poniendo en riesgo a su familia. Pero no lo hacía con esa intención, el club, sus hermanos, habían estado con él en su hora más oscura.

Y Leni..., eso ya era más complicado. Hizo lo que pudo por ella. Y lo que pudo hacer fue alejarse. Ella había sido la única de sus 10 hermanas que lo siguió apoyando, entendiendo y preocupándose por él. Jamás lo hizo sentirse mal, jamás lo cuestionó o dijo que su decisión de haberse unido a Sons había sido la peor.
Ella simplemente estaba feliz de que finalmente su hermano hubiera encontrado su lugar en una hermandad y siempre le deseo el bien.
Ella siempre que él la necesitó estuvo ahí.

Pero cuando el momento de necesidad de ella llegó. Él no pudo seguir a su lado. Simplemente hacer lo mejor que pudo para mantenerla a ella y su secreto a salvo de las demás… Incluso se preguntaba si ella lo había llegado a odiar por no haber estado a su lado todos esos años. Y si lo hacía realmente se lo merecía. En ese momento sería mejor si lo odiara, él era un pésimo hermano, un pésimo ser humano. Leni lo necesitaba más que nunca, deseaba vivir lo que estaba pasando con él, deseaba compartir su experiencia con él. Y simplemente se marchó, se alejó todo lo que pudo, porque era lo mejor para ambos. Si no, los matarían.

Suspiró, no tomaba buenas decisiones, pero él no era un genio como Lisa, y todo lo que decidía lo hacía con el corazón. Pero el daño ya estaba hecho, y aunque lo quisiera no podía cambiar el pasado.
Lamentarse tampoco solucionaría nada, y él mismo lo sabía… Quizás no era una buena persona y mucho menos era un buen padre.

Al menos aún era considerado y eso en su punto de vista era bueno… No lo mejor pero bueno, al fin y al cabo. Solo esperaba que Leni fuera feliz, se lo merecía. Ella era la persona más inocente y pura que había tenido el placer de conocer y vivir durante tantos años… Y como ella hace mucho tiempo, solo le deseaba que estuviera en paz.

Leni merecía realmente algo mejor, una vida tranquila sin tanto dolor ni preocupación. Una vida que jamás tendría si él estaba cerca. Realmente quería acompañarla durante todo lo que pasó, pero no podía..., era demasiado duro, demasiado arriesgado para ambos, ahí sí que jamás habría sido feliz.

Lincoln miró el techo. Leni había sido su hermana más dulce, pero posiblemente fue a la que más duró daño, no como a Lynn, sino un daño más profundo.

Lincoln suspiró con cansancio y desilusión. Sí otra vez tendría un día de mierda por lo menos quería que su mente dejara de joder tanto. Él ya tenía claro qué era una mierda como persona, esposo, hermano, padre y como ser humano… Pero por lo menos quería descansar de todo eso qué le atormentaba.
Por lo menos un poco.

Se talló el rostro con la palma de su mano y se relajó en su cama a espera que Lori le trajera su agua.

En La Comisaría.

Clyde veía la sala de interrogación pensando en lo que había sucedido momentos atrás… No estaba preparado para eso y nadie le había preparado para volver a ver un rostro conocido en ese lugar de nuevo.
Había vivido situaciones similares así en el pasado, pero esta era muy diferente con un sabor igual de amargo…

— Si que es una chica feroz. — Dijo Sullivan, buscando algún archivo en una carpeta. — Es cierto que las chicas moteras son igual de brutas que los hombres.

— El problema es que las ves como si fueran dulces chicas inocentes. — Dijo Clyde. — Y no son nada de eso. En ninguna circunstancia lo son.

— Hablas como si tuvieras experiencia con eso. — Le dijo Sullivan, aburriéndose de buscar en la carpeta. — ¿La habías visto antes? Me da la impresión de que sí.

— No quiero hablar de eso ahora, Sullivan.

— Hm… Bueno. — Sullivan respondió mientras Clyde pensaba en lo que había acontecido en ese cuarto hace tan solo unos momentos. — Rayos… Como les estarán lleno a Jenny y al jefe con eso del tiroteo. Escuché que hubo 7 muertos.

— ¿Aja? — Preguntó mirando a la dirección de Sullivan. — ¿No encontraron nada más?

— Sí, un par de armas tiradas, camionetas. Supongo que fue un altercado entre bandas que no terminó bien. — Respondió Mirando a su compañero. — ¿Por qué? ¿Esa chica mencionó algo de eso?

— No… Pero, bueno eso no importa. — Clyde respondió pensando en Lincoln, esperaba que por lo menos no hubiera sido una de las víctimas del tiroteo. — Solo espero que no haya habido bajas civiles. Esa sería la gota que colmaría el vaso.

— Sí, pero mira el lado Positivo. Tenemos a una de las Angels of Death aquí. Y no se irá a menos que alguien pague su fianza. — Sullivan replicó para volver a buscando nuevamente en los documentos lo que necesitaban. — Maldición, no encuentro ese estúpido archivo… ¿Quién es el que acomoda las cosas en este lugar?

— Supongo que fue Wally, ya sabes, por lo del caso de Angels of Death y Sons. — Clyde replicó mirando a Sullivan.

— Sí, pero qué mínimo avise donde deja estas cosas...

Clyde no sabía por qué aún su comisaría usaba registros en papel, siendo que la mayoría de las comisarías del país ya tenían archiveros digitales para sus casos.

— Llama a Wally y pregúntale. — Dijo Clyde, ya aburrido de verlo buscar inútilmente.

— Se va a reír de mí. — Respondió Sullivan. — Creo que ya lo voy a hallar.

Clyde no dijo nada y permitió que su compañero siguiera en su búsqueda infructuosa. Tenía sus propios problemas en qué pensar.

Un tiroteo con siete víctimas no era lo peor que había visto, pero no dejaba de ser grave.

— ¡Bingo! — Exclamó al sacar un portafolios de los archivos. — Angels of Death y Sons of Anarchy. — Puso en la mesa para comenzar a leer los reportes.

— ¿Ya los encontraste? — Clyde preguntó para ver a su compañero.

— Y sip. Mira todo esto, pareciera que los han estado siguiendo durante un tiempo. — Comentó mientras veía uno de los reportes. — Wow, ¿Sabías esto?

— ¿El qué? — Clyde preguntó a acercarse a la mesa donde estaban los papeles.

— Qué Sons ha sido uno de los clubes que más problemas les ha dado a varios estados como California y Nevada. — Sullivan dijo leyendo. — Parece ser que se les han investigado por tráfico de armas y violencia entre bandas, mientras que Angels of Death parece algo más local, como un club que comenzó por los rechazados por Sons y que ellos comenzaron una sede aquí en Michigan.

Eso lo explicaba todo. Un grupo de rechazados de un club criminal formaban su propio club criminal y en venganza realizaban toda clase de atentados contra estos, siempre que pudieran. Pero aquel grupo, los Sons, los veían como una amenaza secundaria, no tan odiados como los Lambs. Los Angels estaban lejos de ser los némesis que soñaban ser y tal vez eso aumentaba el resentimiento.

Hasta para ser enemigos eran rechazados.

— ¿Algo reciente? — preguntó Clyde a su compañero.

— Un asesinato triple hace unos meses.

— Hmmm...— Clyde murmuró mientras veía los reportes. — ¿Crees que tenga que ver con lo que ocurrió con los golpes que intentaron hacerles hace unos meses?

— No lo sé, pero la historia de Sons of Anarchy es muy interesante. — Sullivan mencionó mientras leía el resto del archivo. — Oye ¿no tenemos más reportes de Redwood sobre Sons?

— Uh, no estoy seguro. El último reporte que recibimos de otro pueblo fue hace casi 13 años. Ya sabes el caso de Jackson Teller. — Clyde mencionó mientras se rascaba la Nuca.

— Huh… ¿Podrías buscarlos por favor Clyde?

Él suspiró, no le agradaba la idea de entrar a los archivos y buscar durante horas para hallar un mísero archivo. En otras ciudades le bastaba con teclear en un computador, elemento que se veía bastante arcaico en su comisaría.

— ¿Algún otro caso, aprovechando que estaré dos horas ahí?

— No, solo ese. — Dijo Sullivan mientras abría un paquete de donas. — Si que será un largo día.

— Para mí lo será. — Murmuró Clyde, comenzando a revisar los registros.

Clyde dijo mientras pasaba junto a la sala de Interrogación, donde sintió una mirada. Al ver a sus espaldas la vio ahí sentada entre la penumbra. Regresándole la mirada con una sonrisa.

Le causaba cierto repelús verla ahí, y más pensando lo que ella había hecho para ser parte del Club de Angels of Death. Otra de las personas que él había conocido de chico y qué había tomado el rumbo de una forajida en la vida. Esperaba que su mejor amigo hubiera sido el único que hubiera tomado ese camino… Sólo él… No más, pero el destino era caprichoso. No sabía si los Loud tenían una tendencia a caer al lado oscuro, si Lincoln fue como una ficha de dominó y su corrupción significó también la de sus hermanas, o si simplemente eran graves coincidencias, el punto era que le dolía verlos así. Envidiaba el amor que se tenían, el cariño y la protección de una familia grande donde sabes que siempre podrás contar con alguien. Él nunca tuvo eso y lo deseaba mucho, Lincoln no sabía lo que tenía.

Y al parecer, aún no sabe apreciar lo que tiene.

— ¿Ya me puedo largar de aquí? — Preguntó la chica dentro de la sala de interrogación. — Llevo aquí desde la noche. Pasada. — Dijo con un cierto tono de furia, pero con un toque de gracia. Como si estuviera queriendo jugar con la mente de quien la miraba por el cristal tintado. — ¿Clyde, estás ahí? Vamos ayúdame a salir de aquí, ¿no recuerdas los buenos tiempos que pasamos? Eras el mejor amigo de Lincoln, casi su hermano, lo que quiere decir que yo sería tu hermana. No dejes que tu hermana se pudra en este lugar solo déjame salir.

Clyde en ese punto no sabía si podía verlo desde ahí o sí sólo estaba tratando de pegarle a la suerte de ver al policía detrás del vidrio.

Quizás era la segunda pues ella en realidad no podría ver a quién estaba fuera del cristal.

— Oh vamos déjenme salir, solo fue un pequeño exceso de velocidad, hacen carreras en las noches y nunca he visto que los encierren como a mí. — Volvió a decir tratando de ver más allá de la negrura del cristal. — ¡Hey! ¿¡Me Están Escuchando!?... ¡Pues Vallanse A La Mierda Igual!

Jamás habría pensado que ella terminaría así.

No había pasado mucho tiempo con ella cuando era joven, pero siempre le pareció que era bastante más razonable que Lincoln. Cuán equivocado estuvo. Pensó que ella saldría de su estereotipo y solo lo empeoró.

Era como si él fuera un agujero negro que arrastró a sus hermanas hacia decisiones terribles. Como si su maldad fuera un virus que las fue contagiando de una en una.

—¡Hijos De Puta! — Gritaba ella. — ¡Ya déjenme salir! ¿Qué mierda se creen? ¡Sé que hay alguien oyéndole! ¡Responde, puto!

Por alguna razón, Clyde tuvo que contener la risa. ¿Qué habría dicho esa misma hermana si él le hubiese contado que acabaría así? Probablemente se hubiera reído y le habría dicho que estaba loco. Apenas había hablado con ella y le había caído bien, tal era su carisma.

Y pensar eso borro toda risa de su rostro.

Clyde entonces entró a la sala de interrogación solo para que lo viera de frente.

— Ah ahí estás, pensé que me dejarías aquí sola y abandonada.

— Sí… Tampoco es muy grato para mí que estés aquí. — Dijo de manera vacía tratando de esquivarle la mirada.

— Entonces déjame salir de aquí. Vamos Clyde somos como hermanos… No puedes hacerle esto a una hermana tuya, eso no sería de Dios. — Dijo tratando de convencerle inútilmente.

— No vas a salir. — Dijo secamente. — Te vas a sentar ahí, con toda la paciencia que tengas, y vas a esperar hasta que decidamos qué hacer contigo.

— Clyde, siempre me caíste bien. — Dijo ella. — Y estoy convencida de que serías mejor pareja de Lori que Bobby. Por favor, hermano, no me dejes aquí.

— Soy la ley, no hago distinciones-— Clyde respondió secamente.

— Pero si te diera unos buenos billetes o una mamada, ahí sí que cambiarías de opinión. — Re rio ella. — Todos los policías son iguales.

— Yo no lo soy. — Dijo imperturbable.

— ¿Se supone que eres el policía malo? — Bromeó ella. — ¿O el bueno?

— Escucha, yo sé que tú no quieres estar aquí y no tenías por qué estarlo. Pero debes entender que tu club junto al de Sons y Lambs han comenzado una guerra callejera que se ha vuelto ya un peligro para los habitantes de este pueblo. — Clyde dijo con toda seriedad. — El jefe de policía pronto no tolerará esto y va a encerrar a cada uno de ustedes sin una orden de arresto. Necesito que cooperes conmigo, solo quizás pueda poner una orden de protección de testigos en ti para asegurarte que esto no pasará a mayores. — Trató de convencerla haciendo qué ella lo mirará por unos momentos, para luego explotar a carcajadas.

— ¡Ja ja ja!... Oh dios mío, ¿de verdad te crees esa toda esa mierda de protección a testigos? Y yo pensando qué Dusty era un imbécil. — Ella se recargó en su silla mientras le miraba con cierta burla y malicia. — La protección de testigos es pura mierda Clyde. Y aún si te dijera algo sobre la explosión de aquel día ya te lo he dicho todo. No tengo ni la más mínima puta idea de lo que sucedió. — Mencionó En el mismo tono, pero ahora con un toque de molestia en su voz. — Ahora déjame salir, ya les he dicho todo lo que sé. Tengo una hija a la que no he visto ayer y esta mañana, y debe estar esperando ansiosa a mamá. — Pidió tratando de convencer nuevamente a Clyde.

— Pues… Debiste pensar en ella antes de Unirte a este mundo de violencia sin sentido y muerte ¿sabes? — Respondió sin inmutarse.

— No vengas a dártelas de consejero, Clyde. — Dijo ella secamente. — Que seas policía no te vuelve automáticamente una mejor persona, realmente te vuelve peor. ¿Vas a dejar que mi pobre hija pase todo el día sola?

Habría dicho que su padre podría encargarse, pero Clyde hace tiempo sabía que esos niños jamás tenían padre. De cualquier forma, ella tenía razón, no podía dejarla sola..., y podría chantajearla con eso.

— Si tanto te preocupa tu hija, puedo llamar a Servicios Sociales. — Dijo él. — Pasarán a buscarla y cuidarán de ella el resto de su infancia. — Era muy raro que le devolvieran un niño a una mujer con semejantes antecedentes. Madres menos criminales los perdían para siempre.

— Jodete. — Respondió en un tono lleno de odio por el policía que estaba frente a ella. — Tú qué llamas a esos servicios de mierda y yo qué te pinches mató a ti y a toda tu puta familia. Pinche negro pendejo. — Al parecer no había hecho nada más qué hacer enojar. Por lo que Clyde suspiró.

Escuchaba peores insultos y amenazas en las rejas de la prisión, pero ese insulto le había dolido un poco por parte de aquella chica.

Escuchaba peores insultos y amenazas en las rejas de la prisión, pero ese insulto le había dolido un poco por parte de aquella chica. No tanto por lo dicho, sino por quién lo decía. Jamás esperó verla así, y eso le añadía bastante tristeza.

Se marchó sin decir nada, volviéndola a dejar en la total soledad. Había perdido tiempo y aún tenía que hallar los archivos que Sullivan le había pedido. Era mejor ponerse a trabajar de inmediato.

Mientras tanto en el Club…

Bobby veía la mesa de Sons con atención, lo que había pasado la noche anterior había dejado un ligero dolor en la mente de Todos.
Más en Bobby pues no pudo ayudar a su mejor amigo, el que veía aún en sus recuerdos alejándose de él herido y tambaleando por la gran pérdida de sangre.

Estaban preparados para la emboscada, pues no hubo ninguna baja del lado de Sons… Pero aun así habían sido golpeados levemente por sus enemigos jurados.

Si Lincoln no hubiera llegado en ese preciso momento para flanquearlos lo más probable es que habrían tenido no solo una, sino varias bajas y ellos se habrían reducido a retroceder como los Lambs.

Y mientras Bobby Penaba miró como las puertas de la sala de juntas se abría de par en par para dejar entrar a Joseph y Mark. Los cuales venían a hablar con él.

— Bobby. Ya hemos checado y guardado todo. Hemos puesto las armas en el almacén y la hemos cerrado bajo llave, si la policía viene a investigarnos solo encontrará las que tenemos en la reserva de aquí. Así no nos conectarán con las que se perdieron en la emboscada. — Mark puso mientras ambos se sentaban en la mesa.

— Sí, Sí las armas que se encuentren en el área no nos conectan a nosotros aún tendremos asegurados los negocios. — Joseph dijo sentándose al lado de su presidente el cual asintió con la cabeza.

— ¿Como están los demás? — Preguntó analizando la situación en su cabeza.

— Bueno, están furiosos. — Dijo Joseph. — Quieren vengarse por la emboscada, piensan que ese ataque nos dejó en vergüenza frente a los RedHaws.

— Yo pienso que los RedHawks quedaron en vergüenza. — Dijo Mark. — No mataron ni a uno! Apestan aún más de lo que ya apestaban.

— ¿Como supieron de la venta de armas? — Dijo Bobby. —Nos acorralaron demasiado bien para haberlo improvisado todo.
De no ser por Lincoln, tal vez todos habían muerto.

— ¿Otra Rata? — Mark pregunto mirando a ambos.

— No lo creo… Para qué la rata nos hubiera delatado debía saber lo del trato en la mesa — Bobby Respondió con seriedad. —Además debió dar el aviso mucho antes. Sino Lambs no nos habría encontrado tan fácilmente.

— No sé, Richard pudo haberle contado a su hermano de la transacción. — Dijo Joseph.

— No creo que Richard lo sabía. — Dijo Mark. — Quizás la rata es de los RedHawks.

— Es cierto— Dijo Bobby. — Eso es lo más probable, Richard no sabía sobre la venta.

— Entonces los Red Hawks son más idiotas de lo que pensábamos. — Dijo Joseph

— Pero… Si los Hawks nos hubieran delatado con Lambs… ¿Por qué ellos no se pusieron en nuestra contra cuando el tiroteo inició? — Bobby se preguntó encontrando algo que no cuadraba en aquella teoría. — Fácilmente pudieron habernos reducido de número por la cercanía que teníamos en esos instantes, pero aun así no nos traicionaron. Y aunque su puntería fuera una mierda no creo que de cerca hubieran fallado tantos tiros.

— Bueno. Eso es cierto en cierto punto. — Joseph respondió recargándose en su respectiva silla.

— Sea como sea o tenemos a un topo, o ellos los tenían, o de verdad nos estuvieron vigilando mientras hacíamos nuestros movimientos con las armas. — Respondió Mark mirando a sus presidentes. — Algo debió haber sido para qué Lambs volviera a intentar tendernos una emboscada.

Ante esa última palabra la mesa quedó completamente en silencio mientras las opciones de quién pudo haberlos traicionado o vigilado todo ese tiempo se acababan… Aunque Joseph tuvo una idea un tanto retorcida al respecto.

— Ahora que recuerdo… Lincoln desapareció de la fiesta poco después de haber terminado la transacción. — Comentó mirando nuevamente a sus compañeros.

— No, no, no.— Replicó Bobby. — La lealtad de Lincoln no se puede poner en duda.

— Es cierto, hablamos de Lincoln. — Dijo Mark. — Es el mejor de nosotros, ¿por qué lo haría?

— Bueno, quizás desea controlar el club. — Dijo Joseph. — En esa emboscada habría muerto el presidente, quizás todos los dirigentes, y él habría podido tomar el mando del club sin problemas.

— El jamás haría eso. — Dijo Bobby con una seriedad que congelaba el ambiente. — Además, si él quería eso, ¿por qué volvió a ayudarnos?

— Quizás para parecer el héroe frente a todos. — Joseph piso haciendo que Bobby colocará sus manos en la mesa de manera agresiva.

— Cállate. — Bobby respondió con cierta furia en su voz. — Lincoln se sacrificó por nosotros y por poco sacrificaba la vida de su hija para apoyarnos, así que no quiero escuchar esa mierda de nuevo de ti. — Preguntó mirando a su VP el cual, ante esa mirada, no pudo inmutarse, pero sí sentirse intimidado por segundos.

— Solo decía, como tú V.P no puedo creer que todos los sucesos del día anterior hayan sido casualidad. — Joseph respondió sin parecer inmutado por la furia de su presidente.

— Pues aun así no te voy a permitir poner en duda la lealtad de Lincoln. — Bobby respondió sentándose de nuevo en su silla. — Todo lo que él ha hecho hasta este punto ha sido por su familia y por el club. Y no voy a permitir que nadie ponga en duda su lealtad, ni siquiera tú. ¿Entendiste?

— Yo tampoco voy a tolerar que nadie hable mal de Lincoln. — Dijo Mark, en un tono bastante seco. — Él es el mejor Son qué hemos llegado a tener, quien diga algo malo de él me está ofendiendo a mí.

— Ya, calma. — Dijo Joseph, sin asustarse. — Solo había que explorar, realmente no lo creía.

— No hay que perder la cabeza. — Dijo Bobby. — Ya tuvimos una rata, pero eso no nos puede hacer desconfiar de todos nuestros hermanos.

— Soy de la opinión de que debemos tomar precauciones. — Dijo Joseph, sin inmutarse.

— ¿Y qué sugieres? — Bobby le preguntó tratando de olvidar ese mal momento de hace momentos.

— Digo qué deberíamos empezar a ver a quienes les confiamos nuestra información y quienes nos escuchan y siguen, no solo con nuestra mesa, sino en las calles. — Joseph respondió acomodándose nuevamente en su silla. — Solo digo, que debemos ser más cuidadosos. Ya hemos sido emboscados por Lambs antes, y ha sido por descuidos o por qué alguien reveló algo que no debía. Solo tratemos qué nuestros negocios queden dentro del club.

— Eso tiene sentido. — Mark respondió mirando al centro de la mesa. — ¿Tú qué opinas Bobby?

El mencionado no hizo más que pensar en aquella idea, no parecía mala idea, pero en realidad confiaba en cada uno de sus hermanos. Y qué ninguno le traicionaría, mucho menos Lincoln, que era ya su hermano del alma.
El único hombre al que le había confiado su vida incondicionalmente y viceversa.

— Yo pienso que debemos confiar en todos nuestros hermanos. — Dijo finalmente. — Pero por todo lo que pasó ahora, podemos probar lo que pides. Que nuestros negocios más delicados no salgan de esta sala.

— Si, creo que es lo mejor, al menos por ahora. — Dijo Joseph, reclinándose en su silla. — Si todo marcha bien, comprobarás que es una buena medida.

— Eso espero, pero nada de desconfiar de nuestros hermanos. — Recalcó Bobby. — ¿Entendido?

— Bien. — Joseph respondió asintiendo con la cabeza.

— Muy bien. — Mark replicó para levantarse de su asiento. — Iré a hablar con los chicos, veré si podemos organizar un ataque a Los Lambs después. — Finalizó saliendo de la sala de juntas dejando a Bobby y a Joseph solos.

— Sí… Haz eso. — Dijo Bobby para entonces enfocar su mirada en Joseph. — Espero que con lo que hablamos no tengas más dudas de la lealtad de Lincoln. Él jamás me dio a mí o a mi padre una razón para dudar y no quiero que empieces tú ahora. — Bobby dijo con seriedad ante su V.P. el cual asintió con la cabeza.

— Sí… Disculpa por eso Bobby. No volverá a pasar. — Respondió serio, aunque aún con ideas en la mente…

— Bien...— Bobby último levantándose de su asiento para dirigirse a la salida de la sala… Aunque aún tenía algo qué preguntar. — Jo… No tuve oportunidad de preguntarte esto antes… Pero… ¿Cómo supiste que Johnny era la rata? — Preguntó para voltear a ver a su compañero.

— Ya te lo he dicho Bobby, yo como V.P y como miembro de varios años en el M.C. No puedo creer en coincidencias. — Respondió para voltear a ver a su presidente. — He visto este tipo de situaciones miles de veces, y de la experiencia sé que cuando algo va mal no es casualidad, tú también deberías saber eso Bobby. En el puesto en el qué estás, no puedes darte el lujo de creer en coincidencias.

Tenía razón, pero tampoco lo hacía sentir mejor, seguía pensando que debían confiar plenamente en sus hermanos del club. Así su padre le había enseñado, así lo había asumido en toda su formación y presidencia. Pero las cosas estaban muy delicadas y debía tomar precauciones, en eso tenía razón Joseph.

— Puede haber una rata. — Dijo Bobby. — Pero te aseguro que no es Lincoln.

Ante esa última palabra Bobby salió de la sala de juntas, sin más nada qué decir o declarar.
Su hermano era un hombre al que le había confiado todo.
Incluso la vida de su hermana.
Lincoln jamás había puesto su lealtad en duda en el M.C. Y jamás hubo razón para ello.

Pero aun así se preguntaba… ¿Cómo estaría su hermano?

Mientras Tanto en el Hospital…

Lincoln miraba la puerta de su habitación en silencio y con paciencia mientras esperaba a Lori que le trajera su agua.
Se había demorado ya un poco, pero intentaba pensar qué se había detenido por alguna estúpida razón de ella.

Y en algún punto lo prefería así, no podría soportar más regaños de su parte.

Sus pensamientos eran un cúmulo de contradicciones. Por un lado, sentía que era cierto, que él era una mierda de persona y no merecía nada de su familia salvo el desprecio. Pero luego se llenaba de ira y sentía que su familia era sumamente injusta con él, después de todo fue su familia quien lo hirió primero, y de varias formas. El simplemente se había alejado porque era lo mejor que podía hacer, no era su culpa que las demás tuvieran el mismo comportamiento autodestructivo que él.

Pero mientras más pensaba en su familia y él. Más se preguntaba si en algún punto de su vida él había empezado con esa espiral de autodestrucción y muerte,
Como por ejemplo Luan, cuya carrera de comediante de quebró y distorsionó hasta que su primer debut en una pantalla fue en las computadoras de adultos y adolescentes calientes que dieron clic en su primer video sucio.

O Lori quién aún casada con el hombre que amaba debía soportar su dolor y sus penas todos los días…
Y de las demás apenas sabía algo, hacía años que no las veía formalmente… Al menos Lily se veía bien, por lo menos ella seguía siendo una jovencita con un futuro brillante. Si no lo arruinaba tomando una mala decisión como él o sus hermanas.

Entonces la puerta de la habitación se abrió haciendo suspirar a Lincoln.

— Ya era hora de que volvieras Lori, creí que te habías perdi… ¿do? — Lincoln miró a su hermana, pero no era quién esperaba ver en esos mismos momentos.

Se veía mucho mejor de lo que recordaba, aunque eso no decía mucho pues la última vez que la vio fue hace tiempo y no estaba precisamente bien. Apenas sí había cambiado, y no sabía si debía alegrarse o entristecerse por eso: podría decir que seguía siendo la misma que hace tantos años atrás.

Ese era el problema.

— Hola, Lynn...— Dijo Lincoln, y decir ese golpe fue como un puñetazo en sus riñones.

— Hola Lincoln...— Ella respondió entrando al cuarto con cierta incomodidad y con un regalo en sus manos. — Supe… Supe que estabas hospitalizado y quise venir a ver como estabas. — Dijo para sentarse al lado de su hermano. — Te traje algo, ya sabes para qué te mejores. — Mientras colocaba la cesta de fruta que tenía un globo con el dibujo de un chango que decía: "Mejórate Pronto"

— Oh… Gracias Lynn. — Lincoln respondió mirando su regalo de parte de su hermana.

No sabía qué decir. No se había alejado de Lynn en buenos términos, en realidad, el momento en que se alejó de ella fue el momento en que se alejó de toda su familia. Verla de nuevo, en esa circunstancia, lo hacía sentir muy confundido.

— Oí que te dispararon por proteger a tu hija. Eso fue muy valiente.

Ella se veía tan incómodo como se sentía él. Lincoln pensó que tal vez Lynn en realidad preferiría estar en cualquier otro lugar, excepto ahí, y una parte del pensaba lo mismo.

Era irónico, justo había pensado en los momentos que le hicieron preferir al club antes que, a su familia, y en momentos clave de esa decisión estuvo Lynn.

— Sí… No quiero hablar de eso. — Lincoln respondió desviando la mirada.

— Entiendo. — Lynn respondió asintiendo con la cabeza. — Ahhh… No voy a estar evadiendo esto toda la conversación, Lori me llamó en la mañana, creo que les avisó a todas qué te habían disparado por proteger a Luz y pues… No sé creí que sería una buena idea venir a verte.

— Oh, pues gracias Lynn, es un buen detalle de tu parte. — Lincoln respondió haciendo una mueca entre una sonrisa y disgusto.

— Sí. Además, creí que venir y darte ánimos sería lo ideal, no sé. Hace mucho que no te veía y pensé en visitarte en algún punto, creo que tu herida me dio la excusa perfecta para ello. — Lynn comentó sonriendo de la misma manera qué Lincoln.

Ninguno quería conversar esto, era incómodo para ambos, sobre todo para él. Lynn debía tener únicamente recuerdos nefastos de él, quizás lo culpaba por la vida que llevaba. Debía agradecer que al menos podía trabajar en algo que le gustara, aunque no fuera la gran cosa, a diferencia de él. Jamás disfruto cortar madera.

— Bueno, muchas gracias, Lynn. Eres la segunda en llegar. — Realmente no esperaba siquiera que llegara. Si Lori les avisó a todas, habría imaginado que Lana o Luna habrían llegado primero. Rayos, hasta Luan o Lucy.

— Saliste en las noticias. — Dijo ella. — Bueno, no dijeron tu nombre. Pero sí que un padre fue herido al proteger a su hija.

— Huh, sí ya sabes...— Lincoln respondió tallándose los ojos. — Uno hace lo qué puede para proteger a su familia.

— Ajam...— Lynn respondió con cierta gracia. — Al menos es bueno saber que protegiste a tu hija, no podría imaginarme lo que hubiera pasado si la hubieran lastimado a ella. Aunque se me hace algo curioso que pasarás cerca de ahí en medio el tiroteo.

— Ay no empieces tú también. — Lincoln respondió apartando la mirada.

— Es que no entiendo qué hacías ahí. ¿En serio no escuchaste los disparos? ¿O es que tu camioneta es como un cuarto de sonido apagado?

— Mi camioneta es un cacharro. — Dijo él. — Deberías oír el ruido que hace al funcionar. No me di cuenta de los tiros hasta que ya era muy tarde.

— Entiendo, tú debes conocer mejor que yo el ruido de los balazos. — Dijo ella, cruzándose de brazos.

— ¿Es una indirecta, Lynn? — Preguntó molesto. Si cada hermana iba a comenzar a repasar su vida de mierda, con todos sus errores, prefería no tener que ver a ninguna. Pero Lori ya las había llamado. Tendría que soportar muchas charlas así..., o tal vez ninguna más. No sabía cuál opción era peor.

— Para nada, sabes que no hablo con indirectas. — Respondió ella, con algo de molestia en su voz.

— No, jamás. — Lincoln replicó con sarcasmo en el mismo tono. — Escucha, lo último que quiero es que este día empeore. Así qué sí viniste de buena fe entonces te sugiero que te vallas, y gracias por tu regalo.

— Oh no aquí me voy a quedar, tú no me mandas Lincoln. — Lynn dijo dándole la contraría. — Yo si quiero me quedo o me voy, además tengo un par de cosas que decirte.

— Sí son más regaños entonces Lárgate, no necesito de tu compañía o pena por mí. — Lincoln dijo en un tono seco mientras se acomodaba en su cama para darle la espalda.

— Lincoln, al final nunca aprendiste que, si alguien te regaña, es porque te quiere. — Rio ella un poco, pero se oyó como una risa amarga. — Creí que Luz al fin te enseñaría eso.

Sí, todas coincidían en que eran una familia y se amaban. El problema es que el comenzó a sentirse apartado de toda la familia. A veces sentía que era el único con sentido común en la Casa Loud, y que todas sus hermanas vivían demasiado encerradas en burbujas. Quizás cuando él se fue, sus burbujas se rompieron y eso las llevó a sus destinos y empleos de mierda.

Cuando la vida no podía ser más cabrona, hallaba un modo.

— Sí, lo entendí perfectamente. — Lincoln respondió hundiendo más su mirada abajo. — Pero ustedes no son mis madres, aunque siempre querían controlarme. — Dijo con cierto rastro de enfado. — No entiendo como ustedes pretendían enseñarme afecto, comprensión y respeto cuando ustedes fueron quienes me llevaron tantas veces al límite.

Lynn ante esas palabras quedó muda. Aunque más que nada era por no saber qué responderle a su hermano.

— Eso, no es… Tú… ¡Eres un hipócrita! Después del daño que me hiciste no tienes derecho a decirme eso imbécil-— Lynn respondió resentida.

— La hipócrita eres tú, ¿creías que por ser mujer no podría responderte como merecías? Pues se te olvidó qué tú no era ni por lejos una puta señorita. Y mucho menos tenías el derecho de por qué joderme a mí.

Lynn tardó en hallar cómo contestar a eso.

— Esta bien, no era la más femenina, y no lo soy ahora, pero éramos hermanos. Si no te hubieran detenido, me habrías golpeado hasta matarme. ¿Tanto me odias, Lincoln? La mitad de todos esos golpes sobraban.

En realidad, no se había puesto a contarlos. Solo se dejó llevar, y expresó con sus puños lo que no podía expresar con palabras. Sólo desató casi diez años de tener que callar por ser el más débil, el único varón.

El único con sentido común.

— Lo mismo puedo decirte a ti, Lynn. — Respondió mordaz.

— Lincoln, yo sé que te traté mal en el pasado. Y sí tuve que vivir con esas secuelas durante mucho tiempo. — Lynn racionalizaba mientras veía a su hermano. — Pero jamás hice nada para hacerte sentir mal, yo solo… Yo solo creí que así sería la mejor manera de. No lo sé, quizás que algún día pudiéramos jugar o hacer deportes juntos. — Dijo esperando qué esas palabras por lo menos suavizaran a su hermano, pero lejos de hacer eso solo le causó más enojo.

— Tú sabes qué eso no es verdad Lynn. — Lincoln respondió volviendo a dirigirle la mirada. — A ti jamás te importó lastimarme, todo lo hacías para probarte que eras fuerte, qué sí yo caía cualquiera que viniera a ti caería igual. Pero cuando me puse a tu altura, cuando finalmente te di la cara, y cuando te sometí en el suelo, ahí si me tuviste miedo. Por qué sabías qué desde ese punto yo ya no respondería sin quedarme de brazos cruzados. — Lincoln dijo con la actitud más seria y gris qué había mostrado muchas veces en el pasado. — No me enorgullezco de lo que te hice. Pero cómo disfruté hacerlo en su momento.

— Lincoln… Pero yo...— Lynn llamó en un tono bajo.

— ¿Al menos no crees qué te lo merecías? ¿Por lo menos un poco? Pasé años aguantándote toda tu mierda, incluso cuando nuestras hermanas no hacían nada para evitarlo. Pero cuando finalmente yo te hice frente, yo fui el malo, ¿No? — Lincoln volvió a decir fríamente como el hielo.

— ¿Y esa fue suficiente excusa para dañarme de esa forma? — Lynn preguntó con los ojos envueltos en lágrimas.

— No… Pero como Joseph me dijo una vez… Es mejor ser temido que respetado

— ¿Y qué tal ser amado? — Preguntó Lynn. — Si querías que toda la familia te temiera, lo lograste ese día. No te diste cuenta, pero hasta Lola pasó a tenerte miedo.

Dicho así sonaba muy feo, pero si se habían sentido muy aliviado después de ese día. Al fin se sentía libre, ligero, como si darle aquella paliza a Lynn fuera la puerta hacia una nueva vida donde podría hacer lo que quisiera..., y eso hizo.

— Hice lo que al final tú quisiste que hiciera. — Dijo Lincoln. — Sé sincera, Lynn, ¿cómo esperabas que iba a terminar reaccionando después de todos tus abusos? ¿Acaso pensabas que aquel día ibas a poder someterme a golpes?

— No lo sé, por lo menos creía que te aferraras a un código moral. a una solución menos agresiva… No sé creí que serías mucho mejor que yo. Pero creo que me equivoqué. — Lynn respondió mirándolo con pena. — Dejaste que ese club se llevará lo mejor de ti.

Ambos se quedaron en silencio por unos momentos.

"¿Lo mejor de Mí?" Lincoln se preguntó mentalmente ante esa sentencia. ¿y qué se suponía que era lo mejor de él? ¿Ser sumiso? ¿Ser débil? ¿Ser el tapete de las demás? Entonces si eso era, se alegraba tanto de que el club lo hubiera transformado.

— Te estás poniendo muy dramática, Lynn. — Dijo Lincoln, riendo un poco. — El club me hizo fuerte, lo suficientemente fuerte como para permitirme cambiar las cosas. — suspiró de un modo ineludible. — En algún momento debían percatarse de su locura.

— Aún no te das cuenta de todo lo que te quitó ese club. — Dijo ella, con bastante molestia en su voz.

— Digamos que le estoy muy agradecido al club por impedir que siguiera siendo un trapo desechable para ustedes. — Dijo el serio. — Pero veamos, ¿qué crees tú que me arrebató el club?

— ¿En serio eres tan ciego para verlo? — Lynn lo miró a los ojos con seriedad y cierta tristeza implicada. — ¿Qué clase de buen hombre abandona a su familia cuando más lo necesitaban? ¿Qué clase de persona lástima a otras por su disfrute psicópata? ¿Qué clase de buen hermano escoge el temor sus hermanas más que su amor? ¿Y qué clase de buen padre mete a su propia hija a un tiroteo? — Lincoln ante esas palabras quedó en un silencio abrumador. — Ese club te arrebató eso, la oportunidad de ser el mejor hombre, de ser el mejor hermano, la mejor persona de nuestra familia… Pero en lugar de eso dejaste que ellos tomarán todo eso y te convirtieran en…— Lynn se detuvo antes de decir esa palabra, aunque no lo quisiera le dolía decirlo. Le dolía tan siquiera pensar en lo que su hermano se había convertido.

— ¿En qué? Termina esa oración. — Lincoln pidió mientras veía a su hermana cerrar los ojos con pena y dolor por lo que él le pedía hacerlo. — Termina. Esa. Oración. — Lincoln dijo tajantemente a su hermana.

— En un monstruo…

Un monstruo. No era la primera vez que le decían eso, pero si fue la primera vez que le dolió. Y no podía creer que fuera por boca de Lynn. Su hermana más dura lo veía como un monstruo, no podía imaginar cómo lo veían las demás.

Una parte de él hirvió de rabia. Otra parte de él se deprimió. Una tercera se asustó con el pensamiento de que tal vez aquello, ver a su único hermano convertido en un monstruo, las convenció de tirar sus vidas a la basura.

No podía ser su culpa...

— Y bueno, aquí estás visitando a un monstruo. —Respondió Lincoln. — Uno que tú ayudaste a crear.

— Sí… Quizás yo ayudé a que tu empeoraras… Pero yo no vine a ver a un monstruo. Yo vine a ver a mi hermano. — Lynn dijo para intentar volverlo a ver. — Entiendo… Que en otras circunstancias nuestra charla hubiera terminado con insultos, golpes y demás… Pero, la verdad es que vine hasta aquí solo para poder decirte las cosas como eran Lincoln, tal vez… Tal vez es hora de decirte… Que todo lo que hice lo hice simplemente porque creía que así tu y yo nos acercaremos más como hermanos… Como tú lo hiciste con Leni.

— Leni es una cosa muy aparte Lynn. — Lincoln respondió sintiendo un vuelco enorme en el corazón ante la mención de su hermana. — Ella… Era diferente, con ella todo era mucho más fácil que con ustedes

— ¿Ah sí? ¿Y por qué cuando ella nos necesitó a todos tú te fuiste? — Preguntó haciendo que Lincoln negará con la cabeza.

— No, yo no la abandoné Lynn, hubo una razón por la cual me fui. — Lincoln respondió con la voz en un tono que se le doblaba.

— ¿Ah no? ¿Y dónde estabas cuando ella más te necesito?

Todas iban a sacarle en cara eso, ya debería saberlo y comenzar a acostumbrarse, pero literalmente ellas no entendían. Lo peor es que tampoco podía explicarles, porque solo lo empeoraría todo. Lo mejor era seguir presentándose como el monstruo, tal vez así lo dejarían en paz. Aunque nunca dejarían de tirarle a la cara el alejarse de Leni.

— Ella no me necesitaba ahí. — Dijo Lincoln. — ¿En que ayudaba un monstruo? ¿Querías que ella viviera siempre nerviosa? ¿Siempre aterrada? Escogí no hacerle daño, y es algo que ninguna de ustedes entiende.

— Me cuesta entenderlo, Lincoln. — Confesó Lynn. — Creí que eso te iba a alejar del club. Que volverías a ser el hermano atento que siempre fuiste.

— Pues parece que se equivocaron respecto a mí...— Lincoln respondió con un evidente nudo en la garganta. — Yo no soy un buen hombre y no soy un buen hermano.

— Sí tienes razón. No lo eres. — Lynn respondió con los ojos húmedos. — Ella estuvo ahí cuando más la necesitaste, nosotras vimos cómo mientras todas te temíamos y odiábamos ella se quedó a tu lado, ella jamás te negó un hombro para llorar, unos brazos que te contuvieran o palabras para seguir siendo mejor persona. Y cuando ella te necesito ¿tú qué hiciste?

— Era lo mejor para ella...— Lincoln respondió cubriéndose los ojos.

— Mentira… Tú te dices eso a ti mismo únicamente para aceptar qué la abandonaste. — Lynn respondió con la voz quebrada. — Eres un maldito cerdo egoísta Lincoln…

Al fin Lynn tanteaba un terreno conocido, el de los insultos. Aquello lo hizo sentirse más calmado, por alguna razón.

— Y tú eres una perra de mierda, Lynn. — Dijo con una tranquilidad insólita. — ¿Ya ves? volvimos a lo de siempre. Supongo que es tradición familiar.

— Trato de arreglar las cosas contigo, e insistes en mandarlo todo a la mierda. — Se quejó ella, molesta.

— Mejor di al salir que si alguien me recriminara otra vez lo imbécil que soy, que mejor no entre.

— ¡Eres Un...! — Lynn quería seguir argumentando, pero hasta ese punto ella ya solo estaba cansada y esa discusión era más que nada inútil, lo único que estaba logrando era enojarse más. Y de todas formas si ese era o no el objetivo de su hermano no importaba realmente. — ¿Sabes qué? Olvídalo, solo quería saber cómo estabas y ya. — Dijo para simplemente levantarse de su silla.

— Sí, lárgate. No te necesito. — Lincoln dijo tomando la cesta con su brazo bueno. — ¡Y llévate tus mierdas a otro lado! — Dijo para lanzarle las cosas.

Lynn solo vio como las frutas caían al suelo junto con lo demás. Algo qué la hizo mirar con rabia a su hermano.

— En realidad yo no compré nada de esto. — Dijo desde el pasillo. — ¡Aún después de todo lo qué le hiciste, ella se sigue preocupando por ti Lincoln! ¡Solo me pidió traerlas para ti malagradecido pedazo de mierda!

Aquello fue peor que el balazo. Si hubiera podido, habría ido a recoger las frutas a toda prisa, pero en lugar de eso, solo pudo mirarlas en el suelo, con una cara de estupefacción que Lynn notó con claridad.

Realmente era un malagradecido pedazo de mierda.

—Dile..., dile que muchas gracias. — Susurró él. —Y que lo siento.

—Deberías decírselo tú, además de imbécil, cobarde. — Murmuró Lynn, marchándose sin recoger el regalo de Leni.

Lincoln se sintió terrible, como si toda la rabia se hubiera convertido en tristeza.

Leni todavía se preocupaba por él.

Se quedó pensando en ella, en ella y solo en ella… Lincoln desde el día anterior volvía a enfocar sus pensamientos en su hermana rubia. Dios mío, ¿dónde comenzar si quiera?
Quizás desde los comienzos de su vida en el club.
Quizás desde que ella se volvió su soporte emocional… O quizás cuando la única persona que seguía creyendo que él era un buen hombre siguió siendo ella.

— ¿Lincoln? — Lori preguntó al entrar y ver las cosas en el suelo. —¿Qué fue lo qué pasó? ¿Por qué Lynn salió así de aquí?

— Porque soy una mierda, por eso— Respondió él. — Un pésimo hermano.

— No me digas que discutieron. — Dijo ella golpeándose la frente.

— No pasaría nada si ustedes no se empeñarán en tratar de hacerme sentir como un imbécil. — Dijo Lincoln. — ¿Ahora voy a tener que soportar charlas con cada una? ¿Hasta Lily me recriminara haber sido una mierda?

— Ella lo haría. — Dijo Lori molesta. — Pero Lily no te odia, al igual que todas, cree que podemos recuperar al verdadero Lincoln.

— ¿Y quién es ese? ¿El Lincoln sumiso? ¿El chivo expiatorio? ¿El putito que se dejaba golpear y controlar por las demás? — Preguntó Lincoln fastidiado de la idea del viejo Lincoln Loud.

— A nuestro hermano Lincoln...— Lori respondió sin darle vueltas al asunto. Haciendo que el mismo se callará. — Pero… Supongo que decirlo es mucho más difícil que hacerlo, ¿no Lincoln? — Dijo mientras colocaba su bolso en una silla para empezar a recoger las cosas. — Dios mío, espero qué no se hayan magullado mucho las frutas, luego por eso se echan a perder tan rápido. — Comentó Lori al ver una pequeña tarjetita en el suelo. — Oye Lincoln, ¿ya leíste esto?

— No en realidad...— Respondió mirando la tarjeta en manos de Lori.

— Hmm Ok. — Respondió dejándosela a un lado. Mientras Lincoln la tomaba con su brazo bueno… El Mismo Puño y tipo de letra que solo su segunda hermana mayor podía tener.

— Ay Rayos...— Lincoln se quejó al nuevamente sentir esa punzada de dolor en el pecho.

— ¿Que dice? — Se atrevió a preguntar Lori.

— Es personal. — Dijo Lincoln con más brusquedad de la que quería, y ella lo notó.

— ¿Lincoln, aún aprecias a Leni? — Para su sorpresa, la voz de Lori estaba muy calmada, como si ya no tuviera ánimos para enojarse.

— Si, aún la aprecio. — Respondió, y esa frase se quedaba corta para expresar lo que sentía por Leni.

Ella debía ser una de las pocas hermanas en las que aún pensaba, y se preocupaba por él. Tal vez igual se preocupaba por Lily, pero con Leni había mucha más historia.

Lincoln miró a Lori por unos instantes mientras recogía todo y lo ponía en la cesta, quería abrirla y ver qué contenía esa pequeña nota… Quería saber qué cosas tendría que decirle ella, qué palabras serían las que expresarían su dolor, cosas horribles le diría Leni por tanto tiempo de ausencia y abandono.

Pero pensó, quizás eso solo le amargaría más el día de lo que ya.
No tenía el valor para leer, pero esa curiosidad tan humana era igual de poderosa que una locomotora, Lincoln no quería saber si ella al final lo había terminado Odiando como muchas de sus hermanas… No podría soportarlo y mucho menos ese día.

Pero, aun así, no sería pecado echar un pequeño vistazo. Con algo de esfuerzo y usando sus dedos para abrirla tan solo quiso ver qué podría haber dentro de esa pequeña tarjeta de "Mejórate"

"Linky, sé qué no es mucho.

Pero supe lo qué pasó y pensé qué este pequeño, pequeño regalo te ayudaría a no sentirte tan mal.

Espero que sirva, de verdad no sé si te gustan las frutas o las verduras, sigo pensando que te gustaban las frutas, discúlpame si no es así.
Sabes qué mi cabecita olvida algunas cosas.

De cualquier forma, te deseo una pronta recuperación.

Y qué me dio gusto volver a verte, aunque haya sido por poco tiempo-

Lincoln se detuvo ahí mismo antes de terminar con la nota, no quería leer más no por qué no quisiera, sino porque en aquellas palabras no se reflejaba ni odio, ni dolor y mucho menos tristeza. Solo era Leni siendo la misma persona que lo había apoyado sin dudarlo y mucho menos sin negarle un segundo a él, justo a él. Casi no conseguía soportarlo. Mil veces habría preferido que ella lo insultara a que le escribiera esa carta tan dulce, tan personal, tan propio de ella. No podía imaginar que existiera alguien más dulce o amable que Leni.

— ¿Lincoln, te sientes bien? — Preguntó Lori, al verlo tan apesadumbrado.

— Si, Lori, tranquila. — Respondió él. — Es sólo que..., ya sabes cómo es Leni, el inicio de su carta me emocionó y por favor no vengas con que la abandoné.

— Iba a decirlo, pero… Creo que no te ayudaría en realidad. — Lori respondió colocando la cesta nuevamente en la mesa de Lincoln. — Ay hermano… ¿Qué voy a hacer contigo? Créeme que estoy tratando de. No sé… Encontrar ese punto medio entre amor y odio qué te tenía hace mucho tiempo, pero en realidad no sé si al hacer eso vuelvas a ser el mismo de antes. Y quizás no logre nada en realidad. — Dijo cubriéndose el rostro con la palma de su mano.

Mientras que Lincoln guardaba la nota de Leni Bajo su almohada.

— Es que no sé qué quieran de mí Lori… Quizás en el pasado yo jamás habría imaginado lastimarlas a ninguna de ustedes. Pero, incluso si pudiéramos arreglar aquí y ahora todos los asuntos pendientes, sé que no arreglaría absolutamente nada, el daño que nos hicimos mutuamente no puede ser reparado, ya no es tan fácil. — Dijo desviándole la mirada a su hermana.

Tenía razón, había pasado demasiado tiempo y se habían acumulado muchas cosas. Lo de Lynn fue apenas el inicio: decepciono a todas, incluso a aquellas que jamás pensaba lastimar, ni quería hacerlo. Al menos Leni y Lily parecían estar en paz con el..., al menos no lo atacaban como Lori y Lynn. Y por un momento quiso volver a verlas a todas, desde Lily hasta Lori, sin perder a ninguna, incluso a Lisa y a Luan.

Aunque fuera para ver diez formas de ser insultado.

— Sabes, me niego a creer que tengamos que conformarnos con eso. — Dijo Lori. — Creo que podemos volver a ser hermanos, Lincoln. Aún no tocas fondo. Aún podemos volver a ser lo que éramos antes, pero sin lo que te hacía daño.

— Quizás...— Lincoln respondió mirando a Lori de Regreso. — Pero, no abandonaré el Club, podemos volver a ser familia, empezar de cero y todo eso. Pero me quedo en el club. — Dijo ultimando su única condición.

— No… Es qué en serio no puedo entenderlo. — Lori dijo Moviendo la cabeza negando esa respuesta. — ¿Después de todo lo que hemos hablado y dicho aún quieres seguir en el club? ¿Por qué? ¿Por qué te aferras tanto a él?, solo te ha traído dolor y desgracia a nuestra familia. ¿Por qué continuar?

— ¿Quieres saber la cruda verdad? ¿O te dejo en la dulce ignorancia? — Lincoln Respondió interrogándola ahora a ella.

— Supongo que escojo la ignorancia, pues si oigo la verdad aterradora, seguro acabaré insultándote como Lynn. — Respondió Lori acomodándose en su asiento con decepción.

Por alguna razón eso lo hizo reír. Lori jamás sería capaz de aceptar la labor de Bobby en el club, mucho menos iba a entenderlo a él. Si de verdad esperaba reconstruir su relación con él, ya debía saber que no podría separarlo del club.

Lori ya tenía más de treinta, ya debería saber que es imposible cambiar una persona pues mientras más lo intenta, más acaba siendo igual a como era antes. Él era un vivo ejemplo de eso.

— No puedo imaginarte como Lynn. — Dijo él, riendo otro poco.

— Hm, ¿Por qué lo dices? — Lori preguntó curiosa ante esa reacción de su hermano.

— Bueno, por qué ella era mucho más agresiva que tú en ocasiones, ¿Te acuerdas de cómo le encantaba humillarnos en los juegos de mesa? — Lincoln preguntó haciendo sonreír a su hermana por aquella anécdota.

— Jeh, sí, o cuando el día de los inocentes llegaba y la casa Literalmente se volvía una trampa de Bromas pesadas. — Lori comentó haciendo reír a Lincoln igual.

Lincoln suspiró, y recuerdos de su infancia golpearon su memoria. Jamás iba a olvidar aquella navidad que pasó junto al señor Quejón y sus hermanas. Si, una parte de él quería recuperar esa vida.

— Si que éramos locos cuando niños. — Dijo Lincoln, ya más animado.

— Quiero recuperar a la familia. — Dijo Lori. — A todas ellas. Quizás juntos podremos salir adelante.

— Lo dices como si la mayoría estuviera mal. — En realidad lo estaban, algunas incluso peor.

— Linc, yo sé qué podemos lograrlo, hace unos años una muchacha me hizo una pregunta qué cierto jovencito me hizo cuando parecía que no tendríamos salida. — Lori puso una mano en la de Lincoln haciendo que este la tomará suavemente. — ¿Recuerdas cual era esa pregunta?

— Sí… Lo recuerdo. — Lincoln respondió asintiendo con la cabeza.

— Dímela por favor. Quiero escucharla nuevamente de ti. — Lori le pidió a su hermano mientras lo veía, casi como una visión de una vida pasado, de un niño pequeño, solo y asustado. Y su hermana mayor ahí estaba, para consolarlo y abrazarlo y recordarle qué por muy mal que estuvieran las cosas, él jamás estaría solo.

— ¿Podremos reunirlas a todas nuevamente Lori? — Lincoln respondió con aquella pregunta qué hace tanto tiempo se había hecho y qué nuevamente se presentaba ahí.

— Sí hermanito, vamos a reunirlas a todas nuevamente. — Lori respondió sonriendo.

— ¿Incluso a mí?

— Sobre todo a ti, Lincoln. — Respondió ella sonriéndole.

Quería creer que eso sería posible en algún momento. Que al fin podrían volver a ser la familia ruidosa que eran en el pasado, totalmente imperfecta pero unida cuándo era necesario. La familia que pasó juntos tantas aventuras.

Pero era muy difícil, si no imposible. Cada uno había tomado su camino, algunos literalmente habían saltado a un pozo del que no podrían salir, él mismo era ejemplo de aquello.

— Apenas sé qué ha sido de nuestras hermanas— Dijo él. — Por favor dime que no están tan jodidas como yo.

— Bueno, la mayoría se ha conseguido un trabajo honrado y han seguido con sus sueños… Mientras que otras… Bueno, es complicado Linc. — Lori dijo rascándose la nuca.

— Sí… Me di cuenta con Luan...— Lincoln dijo desviando la mirada solo para recordar lo qué había sucedido el día anterior.

— Sí, y ella no es la única que se ha desviado tan descomunalmente de su camino. — Lori comentó recargándose en la silla.

Aquello lo alarmó. Lo de Luan era muy grave, pero no esperaba que otra hermana se hundiera tanto en el abismo. No podía imaginar que tantas hubieran abandonado sus sueños, y que todo fuera culpa de él.

No, no era culpa de él. jamás podría serlo..., o sí? Leni había soportado todo de modo aparentemente bien, por lo que podía leer en su nota, al menos su personalidad seguía siendo la misma. Por un momento, en su cabeza se cruzó la imagen de Lana siendo una señorita elegante. Aquello generó tal impresión que tuvo que agitar la cabeza, aunque era mejor que acabara así, en vez de dedicarse al crimen como él, o al comercio de carácter sexual.

Agitó nuevamente la cabeza, no quería pensar en nada de eso.

— Joder, ¿Lori, ¿cuántas de nuestras hermanas están así? — Preguntó él, con más miedo del que quería en su voz.

— ¿Quieres saber la cruda verdad? ¿O te dejo en la dulce ignorancia? — Lori le cuestionó irónicamente mientras Lincoln soltaba un ligero suspiro ante aquella frase.

— Toche...— Dijo Lincoln ante esas mismas palabras qué él había dicho anteriormente.

— Solo te diré… Qué quizás sea mejor que ambos pongamos de nuestra parte para recuperarlas en su debido tiempo. — Lori comentó mirando de reojo a su hermano. — Yo sé qué sabrás qué decirles a ellas, tú ya has estado en ese lugar antes, sé qué podrás hacerlo ahora hermano. De cualquier forma, mi hermano Lincoln sabrá cómo hablar con ellas.

— Por ellas, voy a hacer todo lo necesario. — Dijo él. — no quiero que cometan errores peores que los míos.

— Lincoln, sé que no has dejado de preocuparte de la mayoría de nosotras. — Dijo Lori. — Vamos a poder tenerlas a todas. Y podremos ayudar a las que tienen problemas graves. Por alguna razón, tú sacas lo mejor de nosotras.

Los pensamientos que tuvo antes regresaron a él. quizás era cierto que fue el único cuerdo en una familia de locos. Quizás sus hermanas lo necesitaban a él porque sólo él podía impulsarlas a seguir sus sueños.

No quería pensar eso, pues lo hacía sentirse culpable. Una voz en su cerebro surgía, y gritaba dentro de su cabeza:

— De haber estado ahí, ninguna habría arruinado su vida.

— No digas eso Linc. — Lori respondió tomándolo de la mano. — Qué la vida de nuestras hermanas haya tomado un rumbo diferente del que se suponía no fue tu culpa… Aunque hubiera sido de mucha ayuda que estuvieras ahí cuando pasó lo de Luan. — Mencionó Lori en un tono algo triste.

— Oh… Créeme que sí lo hice, nos encargamos del hijo de perra qué había sido su novio y qué puso ese video en la red. — Lincoln dijo recordando como ese pobre putito rogaba por su vida en ese callejón donde él y su banda lo masacraron. — Aunque… No pude evitar qué ella continuará haciendo eso…

— Bueno… Arruinaron su carrera de comediante así, y su vida social se iría abajo cuando la recordarán en ese video, creo que la opción más inteligente para no perder su fama...Fue seguir haciendo videos de ese tipo hermano, ya sabes, dios da y dios quita. — Lori asintió con la cabeza ante esa frase.

— Si, puede que tengas razón. Al menos, no pasa por apuros económicos. — Al decir eso, recordó que había pedido a Richard a cambio de sus chicas, y eso lo hizo sentirse furioso, pero consigo mismo. De muy buena forma la estaba ayudando si en cierto modo fomentaba su modo de vida.

— Lo que le pasó a Luan nadie podía preverlo. — Respondió Lori. — En realidad, nada se vio venir. — Ni siquiera su entrada al club de Sons of Anarchy. Eso había sido un giro de tuerca total en la casa Loud.

— Igual pienso que pude haber hecho algo más por ella. — Dijo Lincoln.

— ¿Y qué podrías haber hecho exactamente hermano? Es internet, una vez que algo entra ya no sale. — Lori interrogó mirando a su hermano el cual suspiró de impotencia ante aquella autorrealización.

— Sí… También está eso...— Dijo en voz baja, mientras Lori hacía una mueca imperceptible al asentir.

— Solo, solo no pienses mucho en ello, créeme, no es muy sano ponerte a pensar siempre lo que pudiste haber hecho por alguien y no pudiste hacer en su momento. — Lori le dijo mientras se acercaba a su hermano. — Créeme que… Cada vez que me puse a pensar en todas las cosas que pude haber hecho para evitar tantas situaciones contigo… Solo me llevaban a la misma conclusión yo ya no podía hacer nada para evitarlo. Ese momento ya había pasado.

El suspiró de un modo tan pesado que habría causado la envidia de Lucy.

— Tienes razón, ahora tenemos que pensar qué podemos hacer para solucionar esto. — Dijo Lincoln. — Cómo ir recuperando a nuestra familia.

— Bastará que tus vayas a verlas. — Dijo Lori. — Aunque no me creas, todas te quieren. Incluso Lynn, en el fondo.

Él estaba seguro de que Leni aún lo quería, y eso lo hacía sentirse muy raro. Casi deseaba que ella lo odiara por lo que hizo.

— Eso no me lo creo.

— Pues debes hacerlo hermanito, aunque no quieras creerlo, es cierto. — Lori volvió a decir sonriéndole a su hermano. — Pero no te preocupes, yo sé qué por dentro todas te siguen queriendo como antes, no te preocupes por eso hermano.

— Es que sí me preocupa Lori...— Lincoln respondió recostando su cabeza en el hombro de su hermana. — No sé cómo volver a hacer qué ellas me quieran de la misma forma que antes.

— Bueno, eso es más cuestión tuya qué de ellas, debes volver a ganarte su cariño hermano. — Lori respondió acariciando el cabello blanco de Lincoln. — Además, ese muchacho también debe comenzar a tener cercanía contigo Linc. Estoy segura qué tú y Lothric se llevarían muy bien.

Esas palabras tuvieron el mismo efecto a que si Lori hubiera golpeado directamente sus heridas, con toda la saña del mundo. No, incluso esas palabras eran más dolorosas.

— Lothric..., ¿qué es de ese chico? ¿Por qué dices que nos lleváramos bien?

— Él te admira, Lincoln. — Dijo ella. — No sé cómo paso, pero de alguna forma sabe quién eres y te respeta.

Eso era aún peor. Si había tratado de no verlo durante tanto tiempo, fue precisamente para evitar que se convirtiera en algo parecido a él.

— No… No lo creo Lori. — Lincoln respondió agitando la cabeza. — Creo que lo mejor es que me aleje de él lo más posible.

— ¿Porqué? Lincoln él te admira, debes darle una oportunidad para conocerlo, es un buen muchacho. — Lori dijo confundida de la reacción de su hermano.

— Por eso mismo, no quiero estropearlo. No quiero… No quiero qué por qué me admire haga algo de lo que se arrepienta. — Lincoln respondió con un nudo en la garganta.

— ¿De qué hablas hermano? Ay no, ya sé a dónde vas. — Lori dijo con un rastro de molestia. — ¿Entonces me vas a decir que en estos 13 años ni siquiera tuviste la necesidad de conocerlo al menos?

— No me malinterpretes, Lori, por favor no lo hagas —dijo él.

— ¿Qué no debo malinterpretar, Lincoln? — Preguntó ella. — ¿Qué nunca quisiste conocer al hijo de Leni?

Ella no podría haber estado más equivocada. Lo único que quiso era ir a verlo..., pero no podía hacerlo. Porque si se encontraban, podría desatarse todo, podría acabar en la muerte de los tres, nadie lo perdonaría. Si se fue lejos de ambos, únicamente era para protegerlos, porque sólo estarían seguros lejos de él. Incluso era recomendable que no se volvieran a ver nunca.

Pero eso Lori jamás lo entendería. Ella, al igual que sus hermanas, lo veían como el sujeto que escapó después de casi matar a Lynn y ni siquiera regresó cuando Leni tuvo un bebé.

Esa visión que tenían de él era un exceso de simplificación.

— Lori, dime, ¿qué pasaría si Lothric, que me admira tanto como dices, al conocerme decide ser como yo? —pregunta él.

— No creo que eso pasé Lincoln, Lothric es un muchacho muy gentil y dulce. — Lori dijo con una sonrisa. — En serio hermano, debes conocerlo, él… No creo que haga algo de lo que se arrepienta al conocerte.

— Lori, es qué no lo sé. — Lincoln dijo con cierto rastro de abstinencia en su voz.

— Lincoln, dale una oportunidad a ese muchacho. — Lori pidió mientras miraba a su hermano a los ojos. — No creo que lo estropees.

— ¿Estás completamente segura? — Lincoln preguntó viendo a su hermana nuevamente a los ojos.

— Lincoln, ya no crees más excusas para no verlo, por favor hermano. — Lori respondió con cierta molestia en su voz.

El suspiró, y pensó en alguna excusa tan buena que fuese imposible de despreciar. Pero ya estaba harto de discutir y prefería dejarlas pasar

— Esta bien, iré a conocerlo.

— Lincoln, es por unir a la familia. — Dijo ella. — Él también es parte de nuestra familia. —

Lori no tenía idea de lo acertadas que eran sus palabras.

— Si..., un miembro de la familia. — Susurró él, para sí mismo. Pero Lori lo oía.

— Lincoln, el no tuvo la culpa de lo que pasó. — Dijo ella. — No tuvo la culpa de que ese Don Juan abandonará a Leni.

Lincoln mantuvo su mirada fija en el centro de la habitación mientras pensaba, sin duda alguna esperaba algún día hablar y conocer a ese muchacho.
Pero en su mente prefería mejor no hacerlo jamás, no por qué no quisiera sino por qué dentro de él había un dilema sobre lo que era mejor para él y el muchacho.

Durante todos esos años de ausencia Lothric tuvo a una madre que lo quiso como su sol, unos abuelos que lo cuidaron bien y qué se preocuparon por él.
Unas tías que lo trataban como uno más de la familia… Pero lo único que siempre le faltó fue su padre.
Lincoln no pudo evitar sentirse triste por las razones correctas e incorrectas. Más que nada por el cómo se había dado el suceso de su concepción. Esperaba que por lo menos ese muchacho no lo supiera…

Pobre muchacho… Tan joven y ya había tenido que vivir todo este tiempo sin una figura paterna, que lo guiará por el camino para volverse un hombre.
Eso era lo que más le dolía a Lincoln. No haber estado ahí para ver a su muchacho crecer.

— Lori… Dime una cosa… ¿Lothric es un buen chico? ¿Ha tenido todo? ¿Lo han cuidado bien? — Lincoln preguntó con un rastro de melancolía en su voz.

— Claro que es un buen muchacho— Respondió Lori. — No le falta nada, lo criamos de la mejor forma que podemos. Y claro que tiene todo lo que necesita.

Ella no se imaginaba cuánto tranquilizaba saber eso a Lincoln. No había estado al pendiente de Lothric, pero eso no quería decir que no pensara en él: de hecho, siempre pensaba en él, y en cómo podría ayudarlo. Huir fue la única forma que se le ocurrió. Miraba a Luz y pensaba que tal vez se habrían llevado bien, pero sabía que aquello era imposible. De hecho, toda su familia debía estar lo más lejos posible de Lothric.

— No quiero corromper todo eso. — Dijo él. — Pero iré a verlo. Impediré que termine como yo.

— No creo que lo corrompas Linc, solo... Muéstrale un camino diferente. Él te necesita Linc, sí, papá hizo lo posible para educarlo como a su hijo, pero… Aun así, todas aún creemos que Lothric necesitaba de otro hombre para aprender a madurar. — Lori comentó pensando en su sobrino.

— Sí… Veré qué puedo hacer Lori. — Lincoln respondió suspirando pesadamente, había días en los que él se imaginaba así mismo enseñándole a Lothric a montar una moto, a serle leal al club, a ser un Son como él había sido, pero ahora ya no podía imaginarse siquiera verlo montado en una moto. Su camino estaría tan manchado y tan torcido como el de él. No podía desearle eso a su muchacho. La cruz que cargaría sobre su espalda terminaría aplastándolo como muchos antes que él.

— Linc, dime una cosa. ¿De verdad, verdad te alejaste de Leni y Lothric por qué tu vida se había vuelto tan violenta? ¿O hay algo más de por medio? — Lori preguntó mirando a los ojos a su hermano. — Necesito que me digas qué tanto supiste del embarazo de Len.

—Sé tanto como ustedes — Dijo Lincoln. — Que un idiota la embarazó y escapó. Traté de hallarlo desde entonces.

Era mentira, pero Lori no podía saber toda la verdad, iba a ser peor para todos. Realmente en esa ocasión debía permanecer en la ignorancia, en la oscuridad más profunda que pudiera, porque no iba a contarle la verdad.

— Lincoln, me ocultas algo. — Dijo ella con seriedad.

Sí, le ocultaba varias cosas, pero siempre era para protegerlas, sobre todo a Leni. Había secretos mortales, secretos que una vez revelados podían destruir el mundo, o al menos, provocar la autodestrucción de la familia Loud.

—Lori, te estoy diciendo la verdad...

— ¡No me mientas! — Exclamó ella, molesta — Vamos, Lincoln, si quieres que confíe en ti, tienes que ser sincero y decirme todo lo que sabes.

Tenía que inventar algo, y rápido.

— Muy bien, ¿quieres la verdad?, te diré la verdad. Pero si te la digo probablemente no puedas soportarla. — El hombre de cabello blanco se acomodó en su cama mientras qué pensaba en la versión retorcida de lo qué había sucedido esa noche. — La noche en la que me dieron mis parches, volví a casa estaba emocionado pues… Obtener el respeto y la aceptación de mi club había sido lo más grande de mi vida. — Lincoln comentó recordando esa escena en su mente. — Entonces los vi en el poche, a ella y a un tipo y se dirigieron a la habitación de ustedes dos. Yo había llegado para hablar con Len. Ya sabes para qué me ayudará a poner los parches en mi chamarra, pero cuando iba a seguirlos me percaté de las intenciones de ese chico. —

Lori ante eso se quedó callada, mientras tragaba saliva pesadamente por imaginarse lo que su hermano le estaba relatando.

— Me asomé por la puerta y ahí estaba, no parecía tener ni 20 años, era un chico que… Innegablemente se había enamorado de ella y ahí mismo estaban haciendo el amor. Pero en mi mente yo creí que algo más estaba pasando, qué ese maldito estaba abusando de ella y su confianza, por lo inocente que ella siempre fue, mientras hacía aquello. No sé por qué, solamente me entró rabia al recordar lo qué había sucedido con Luan… Así que salí de nuevo, para esperarlo a que saliera entre las sombras, y cuando salió de casa lo seguí hasta su hogar. Y ahí mismo lo maté con mis propias manos. — Lincoln dijo sacando un jadeo de sorpresa por el lado de su hermana Lori. — Pero… Tarde me di cuenta de que él no había hecho nada malo, solo le había hecho el amor a nuestra hermana, supongo que era un chico bueno ¿sabes? Pude verlo pues cuando robé su cartera vi una identificación de donador de órganos, y al ver en su espalda vi había donado un riñón, tenía estudios en medicina y psicología… No pensé antes de hacerlo y solo lo maté, y sabía qué pondrían esto en mi contra, así que llamé a Little Rocky para qué me ayudará a ocultar el cuerpo. — Entonces miró a los ojos de su hermana. — No quise volver después de esa noche pues sabía que ella jamás me lo perdonaría, poco después me enteré de qué… De qué ella había quedado embarazada… Y qué yo había sido quién había asesinado al papá de su bebé...— Lincoln tragó saliva al ver el rostro de estupefacción en Lori. — No me atreví a acercarme a ella o a su bebé… Pues no podría verlos a los ojos después de eso, no podía ver a los ojos de Lothric sabiendo que yo había asesinado a su padre. Lo siento…

Lori permaneció en silencio desde que él acabó su historia. No sabía qué decir, y Lincoln la entendía. Fue la historia más dura que pudo contar, aunque posiblemente aquello haría que su hermana Lori volviera a temerlo y depreciarlo. No importaba, de cualquier forma, lograba su objetivo de que no siguiera haciendo preguntas. Aunque..., tuvo que ser de lo más extremo para aquello. No se sentía orgulloso de mentirle.

Nunca lo había estado. Nada de lo que había hecho en su vida lo enorgullecía, y mentir a su hermana con algo tan delicado, no iba a ser lo peor.

— Lincoln... — Susurró ella después de un rato infinito.

— Lo sé. — Dijo él. — Al final sí tenías razón. Soy un monstruo.

— ¿Y Ahora qué va a pasar? — Lori preguntó nerviosa. — Ahora qué me has dicho todo esto… ¿Qué va a pasar? ¿Vas a amenazarme con matarme? ¿Vas a matar a una de mis niñas o a Robbie? — Lori preguntaba con notable miedo en su voz.

— No… ¿Por qué habría de hacerlo? — Lincoln preguntó de vuelta confundido de las palabras de su hermana.

— No, no te hagas el tonto conmigo Lincoln. — Lori dijo con cierta tristeza en su voz. — Sé lo que les hacen a los soplones en el club, y con lo que me has dicho… Yo podría ir a la policía y decirles qué mataste al padre de tu sobrino… Dios mío hermano, ¿cómo pudiste? — Lori nuevamente preguntó con la voz llorosa.

— Por qué soy un maldito… Pero aun así sé que no le dirás nada de esto a la policía. — Lincoln dijo en tono bajo.

— ¿Y cómo estás tan seguro? — Lori volvió a preguntar mirando a su hermano.

— Por qué si no, Bobby ya estaría tras las rejas y tú ya estarías muerta. — Lincoln respondió secamente. — Sabes lo que hacemos, en lo que nos hemos convertido y en las cosas que nos hemos metido, no puedes decir nada porque sabes que el club es mucho más fuerte. Sí, he matado a muchos hombres, muchos qué merecían morir otros que no… Pero aun así Lori, lo que te he dicho aquí y ahora no sale jamás, y sabes que tendrás que guardarlo hasta el día de tu muerte. No sé qué debas de hacer para mantenerlo en secreto, no sé si tendrás que suprimir o borrarlo de tus recuerdos. Pero lo que te he dicho no puede salir de aquí nunca, ni con la familia, ni con nuestras hermanas. Y si dices algo yo lo voy a saber. —

Dijo de manera tranquila haciendo que su hermana se cubrirá la boca por el dolor que estaba experimentando en esos momentos No podía creer que su hermano se hubiera permitido descender tanto, caer tan y tan bajo hasta ese punto.
Era cierto. Sí él le decía la verdad no podría soportarlo, y aunque hubiera sido una mentira sucia no quitaba el hecho de que Lincoln había hecho algo horrible. Ago. imperdonable.

— No quería contarte, Lori. Ya ves por qué. Hay cosas que son demasiado terribles, y no me siento orgulloso, me siento terrible por haber hecho eso.

Debía fingir, pero le estaba resultando muy fácil. La culpa por abandonarla se confundía muy bien con la culpa por haberle arrebatado a Leni su novio.

— Ella nunca nos habló así de su novio. — Dijo Lori. — Apenas nos habla de él..., creíamos que había escapado.

— Sí, pobre Leni... — Susurró Lincoln, con una tristeza que era real—. A ella le destrozaría saber esto. ¿Entiendes porque jamás quise ir a verlos? ¿Entiendes por qué no quería contar nada?

Estaba seguro de que esa mentira se volvería en su contra muy pronto, pero hasta entonces, era la mejor excusa que tenía. Aunque..., esa mentira seguramente se pagaría con la anulación del plan de reunir a todas sus hermanas.
Lori jamás podría trabajar con él luego de oír aquello.

— Lo entiendo… Dios mío hermano...— Lori se limpió los ojos mientras pensaba. — Te prometo… Que no diré nada de lo que me dijiste. Pero por favor, no lastimes a mis hijos. — Pidió tristemente a su hermano el cual en respuesta le tomó de la mano para intentar calmarla fallidamente.

— Lori… Yo jamás sería capaz de hacerle daño a la familia así... — Lincoln respondió en un intento de calmar a Lori.

— Pero eso no te detuvo con Lynn… ¿Como puedes asegurarme de que no lo harás? — Lori preguntó nuevamente casi suplicándole a su hermano de no hacerle daño a la familia.

— Por qué… De un padre a una madre. Créeme que lastimar al hijo de otra persona es inconcebible para mí… Sí, puse en peligro a mi hija… Pero yo te juro que jamás habría hecho nada para herirla jamás. — Lincoln dijo mirándola a los ojos. — Mírame Lori… Mírame a los ojos, y sabrás qué no te miento. Yo jamás haría algo para lastimar nuevamente a mi familia de esa forma. Ya no más. Antes era joven, violento, impulsivo… Ahora soy solo un padre preocupado por su hija y su familia…

Ella lo miró por un largo rato a los ojos. Iba a decir algo, pero se contuvo, y reflexionó otro poco.

— Te creo, Lincoln. — Dijo Lori. — Al menos en eso me dices la verdad.

— Créeme que lo que más odio es tener que mentir. — Respondió él resintiendo sus palabras con mucho peso en su ser.

— Tienes que hacerlo muy seguido, por lo que veo. — Dijo ella.

— Si, pero ya te dije que no lo disfruto.

— Rayos, Lincoln, ahora comprendo todo— Dijo ella, aún sin salir del shock. — Por eso te alejaste tanto de Leni.

— De haber una manera de cambiar el pasado, lo cambiaría. — Dijo él. Y la desazón que lo invadió al decir eso fue muy real. — Pero no puedo hacerlo… Y saber qué ese chico me admira… Por ser lo que soy, por ser un asesino, me hace querer alejarlo de mi para siempre, No podría mirarlo a los ojos sin sentirme tan culpable de haberle arrebatado a su padre. — Lincoln resintió sus últimas palabras con una punzada de dolor extra por qué en muchos sentidos sí, le había negado el padre que tanto quería y admiraba.

Lori suspiró pesadamente una vez más, apenas podía entenderlo plenamente pero aun así le costaba Por un momento quiso salir de ahí con toda la prisa. Pero por momentos había recuperado a su hermano y abandonarlo ahí y ahora ya no parecía una opción qué ella debía tomar.

— Yo… Yo creo que aún no es tarde. — Lori respondió, tomándole fuertemente de la mano. — Yo sé que puedes redimirte… Yo sé que tú puedes, sí, eso no borrará las manchas de tu pasado, pero Lily cree en ti, Leni también, no puedo permitir que todo esto se valla a la basura. Yo sé qué podrás lograrlo hermano. Y también sé qué podrás encontrar tu redención con Lothric. Aún no es tarde… Pero necesito tener tu palabra… ¿Puedo creer en ti Lincoln?

Si Lori fuese inteligente, jamás habría dicho eso. La respuesta estaba más clara que el agua, jamás podría confiar en él, él era de todo, menos confiable. Su lealtad iba primero con el club, eso podía torcer cualquier intento de relacionarse con sus hermanas.

Sin embargo..., quería hacer el intento de acercarse a sus hermanas, extrañaba a su familia. Incluso a la pesada de Luan, quería volver a verlas a todas.

— Sí, Lori. Puedes creer en mí, ya no voy a hacer nada que pueda dañar a la familia. — Dijo él, y casi puede sentir que la a alegría estalla en Lori, para luego apagarse con la misma intensidad que cuando surgió.

— Lincoln, yo quiero sacarte de ese pozo, quiero que volvamos a ser una familia, y la familia jamás estaría completa sin ti.

— Lo sé… Lo sé...— Lincoln respondió asintiendo con la cabeza entendiendo plenamente la situación en la que se había metido.
Quería volver con su familia, pero también debía serle leal a su club.

A veces la vida lo colocaba en situaciones desesperadas, con situaciones igual de desesperadas.

En el Club…

Los chicos se preparaban para salir de caza, esta vez no habría cuartel y esta vez el mensaje estaría claro, si se metían con Sons. Se estaban metiendo con la misma muerte. Bobby solo miraba el centro de la mesa mientras que los demás se preparaban para el asalto con pistolas, escopetas, rifles de asalto chalecos a pruebas de balas.

Cada parte del asalto había sido planeada meticulosamente por Bobby.
Un paso en falso y no solo la policía sino los Lambs de otros estados del país saldrían a buscarlos.

— Todos nos estamos preparando para salir Bobby. Solo esperamos a tus instrucciones. — Mark comentó entrando a la sala de juntas.

— Sí...— Respondió pensando bien en lo que iban a hacer.

— ¿Ocurre algo? — Mark preguntó mirando con extrañeza a su presidente.

— Estaría más tranquilo si Lincoln estuviera ayudándonos en esto. — Dijo Bobby, mirando a Mark a los ojos. Y él lo entendía.

El ataque que estaban a punto de lanzar era muy complicado, y estaban obligados a que saliera bien, porque un error y sería una muerte segura para ellos, o un contraataque que seguramente acabaría en una muerte segura.

Lincoln, si no era el mejor, sí era increíblemente bueno. Era la clase de compañero que necesitaban en momentos así.

— Sabes que a todos nos gustaría contar con Lincoln. — Dijo Mark. — Y sé que, si se llega a enterar de esto, es capaz de llegar en silla de ruedas a ayudarnos. Pero no le vamos a decir, y vamos a tener que arreglárnoslas sin él

— Sí… Ya se arriesgó por nosotros, es hora de honrar su sacrificio. — Bobby respondió para quitarse su chaleco y ponerse uno anti balas. — Recuerda, debemos ser precavidos. Un paso en falso y no solo el club, sino todos nuestros hermanos estarán en riesgo, tanto con la policía como con Lambs. Debemos ser rápidos, silenciosos y letales. Fallar hoy no es una opción.

— Oye, solo una pregunta Bobby. — Mark se acercó a su presidente para susurrar. — ¿El plan también consistirá en explotar nuevamente algo?

— No, ya tenemos mucha atención de nuestro lado como llamarla más, simplemente dejemos un mensaje más sutil, ¿de acuerdo? — Respondió dándole una palmada en el hombro a su Sargento en Armas.

— Entendido. — Ambos cerraron el pacto asintiendo, para salir de la sala de juntas, donde los demás ya estaban preparados para salir.

Los Sons que participarían en el ataque saludaron con ánimo a sus líderes. Bobby sintió un extraño ánimo cuando subió a su motocicleta. Fue como si recién comprendiera la magnitud de lo que iba a hacer, y se sintió abrumado por las circunstancias, como si lo golpeara un maremoto. Por un momento, le pareció que se mareaba, que se caería de su moto.

Pero fue precisamente el tacto de los volantes de su amada moto lo que impidió que cayera, y a la vez le infundió una confianza que por un momento se tambaleó.

Se giró y pudo ver a su club, parecían una auténtica tormenta que caería sobre sus enemigos y los arrollarían.

Bobby entonces miró a Richard a su lado Mirando la motocicleta de su hermano arrodillado al imaginarlo junto a él en ese momento.
el presidente de Sam Crow le puso una mano en el hombro y lo miró de reojo.

— Tú no lo mataste Richard. — Bobby dijo llamando la atención del antes proclamado. — Los verdaderos asesinos de tu hermano están ahí afuera, aquellos que lo volvieron una rata están ahí, queriendo tomar nuestro territorio. Sé qué está perdida te ha devastado. Pero usa esa ira, ese rencor, esa furia para destruir a nuestros enemigos. — Bobby pidió haciendo qué Richard asintieron.

— Sí… Tienes razón...— Respondió asintiendo con la cabeza.

— Hay que vengar a nuestros hermanos caídos Richard. Hay que hacer que todos los Lambs se reúnan con Mr. Mayhem. — Bobby pidió mientras Richard se levantaba.

— Sí… Los destruiré a todos por lo que le hicieron a Johnny. — Richard respondió, no con tristeza o furia, sino con determinación en matar a todos los Lambs que se cruzaran entre él y su camino de venganza por su hermano menor.

— Richard, tienes que vengar a tu hermano, pero a la vez debes conservar la cabeza fría. — Dijo Bobby—. No quiero perder a otro hermano, no dejes que te asesinen.

Ya había sido suficiente con perder a los Sons que cayeron en las emboscadas y a un Prospect bastante prometedor. No podían perder más moteros, cada camarada era irremplazable y más en un momento de tanto conflicto como ese.

— No te preocupes, Bobby — Dijo él. — voy a sobrevivir, por Johnny —dijo Richard, con una determinación tal que parecía capaz de destrozar montañas.

El presidente asintió, y entonces los Sons encendieron sus motocicletas, auténticos corceles de acero, que dejaron salir bocanadas de humo, como si también quisieran ser parte de la acción y estuvieran ansiosos por partir. Bobby miró a sus camaradas antes de partir, y casi podía ver a Lincoln, como un caballero sobre Lucille, listo para exterminar a todos los Lambs que su munición permitiera.

Midnight Ride the Midnight Riders. ―

Los motociclistas comenzaron a avanzar por la carretera luciendo sus motos, quienes rugían como Leones, fieros y listos para la gran cacería.

Mientras las camionetas los seguían, dispuestos a darle caza a los corderos de Satan.

Los Hijos de la parca estaban listos para matarlos a todos y enviarlos a todos al infierno.

donde todos ellos debían estar, desafiar al diablo era una cosa, pero desafiar a la muerte era imperdonable., se viera por donde se viera.
Y todos los que se atrevieran a enfrentarlos tendrían una cita con la misma.
esta vez no habría tregua, esta vez no habría cuartel.
Lambs pagaría todos los platos rotos, desde el primero hasta el último.

El primer bar dominado por los Corderos fue acribillado sin piedad por Sons. Apenas y pudieron reaccionar ante las ráfagas de balas que provinieron de los vehículos.

Uno a uno como piezas de Dominó fueron siendo asesinados por las balas inmisericordes de los enviados de la misma muerte encarnada. Habían arrasado con todos los moteros del Bar completamente, y ahora irán por los demás.
Sin perder tiempo, veloces como el viento, fueron pasando los Sons de bar en bar, de almacén en almacén, fusilando a los Lambs sin ningún remordimiento. No se pide piedad, ni se da, y así los Sons fueron recorriendo Royal Woods como una marabunta de hormigas cazadoras, como un único halcón cazando a su presa.
Y su presa eran los Lambs.
Atrás quedaban los cuerpos tirados sobre el piso cubierto de sangre, y las paredes repletas de marcas de balas.

Sin cuartel, sin prisioneros, sin piedad.
Eso era lo que ellos merecían por haberse enfrentado a Sons en primer Lugar.

Por todos los hermanos que habían asesinado, por todo el daño que les habían hecho, por las armas que les habían robado y los tratos que habían arruinado.

Todo cargado con odio a aquel club que tanto los había opacado. Y ahora la venganza era tan deliciosa qué a Víctor se le había hecho un hoyuelo en las mejillas por toda la sangre de corderos que estaban derramando.

Y en las puertas de cada uno de los establecimientos que habían sido dominados eran marcados con el Símbolo de los Ángeles de la Muerte.

Las alas pintadas con sangre.

El pavimento, las paredes y todo lo que rodeaba los cuerpos estaba salpicado de sangre.

¿Piedad? La piedad era para los inocentes. Ellos no merecían ni una pizca de piedad.

Ellos solo merecían morir entre la tierra y el fango.
Como viles cucarachas iban a ser exterminados, uno a uno. En algunos puntos ofrecían más resistencia, eso lo esperaban y algunos hasta lo deseaban, pues querían algo de acción.

Los Sons contaban con la sorpresa, y con superioridad en número. Habían planificado cuidadosamente la ruta, de modo que cruzaran la mayor parte del condado en el menor tiempo posible. También consideraban no permitir que otros Lambs se enteraran, no podían dejar sobrevivientes, ni podían dejar a nadie escapar.

De ser una venganza justa se convirtió rápidamente en una matanza, mientras menos balas quedaban más difíciles se volvía.

Pero al mismo tiempo, más y más divertido. Sin las balas solo quedaba masacrarlos con lo que tuvieran a la mano.
Navajas, Cuchillos, Botellas, Bates, Tuberías. E incluso a puño Limpio era más satisfactorio que simplemente acomodarse con solo balas.
Y mientras la tasa de muertos subía desproporcionadamente el mensaje ya era mucho más claro que el agua de un río.

Ya no tolerarían más a los Lambs, y si tan solo se atrevían a emboscarlos una vez más, a amenazarlos o a tratar de tan siquiera meter una de sus sucias manos en sus negocios.
Las Represalias serían Monstruosas.

Y ahí y en ese preciso instante, limitarse en hacerle daño a los Lambs no era una opción.
Debían sufrir.

Era en los enfrentamientos cara a cara donde Víctor sobresalía y generaba terror entre los Lambs.

Allá donde todos preferían usar cuchillos, cadenas o las propias armas sin carga como garrotes, él iba repartiendo golpes a puño limpio, y cada puñetazo reventaba un rostro. Con dos, la sangre volaba como erupcionada por un volcán. Al tercer golpe podía verse el hueso bajo la carne.

Los Lambs trataban de retroceder cuando veían aquello, y preferían ir a morir a manos de otros Sons, que ser demolidos a golpes por Víctor. Como corderos hacia el matadero.

Esos ya eran los momentos más complicados del ataque. Combatiendo tan cerca, cualquiera podría ser alcanzado por una cuchillada anónima en el cuello. Pero no era la primera vez que ellos se enfrentaban así. De hecho, esa era la forma en la que casi todos prefería pelear.

Querían poder oler la sangre.

Era de esas noches en el que la Luna se teñía de rojo, un rojo carmesí, manchada con la sangre de los corderos descarriados que osaron ofender a la muerte encarnada en motociclistas que llevaban su rostro tatuado eternamente en su espalda.

Mientras tanto en la Comisaría…

Clyde miraba la hora con cierta expresión intranquila, los policías que habían estado en el área del tiroteo habían regresado con más evidencia forense y balas qué una morgue.
Sin duda lo que había sucedido en aquel estacionamiento había sido la cosa más común en el pueblo.
Una riña entre bandas que acabó con 12 muertos, 4 heridos y entre ellos un niño rico que pertenecía a una familia bien posicionada en Royal Woods.

— Maldición y yo que pensaba que las pandillas de New York eran Violentas. — Jenny comentó examinando y estudiando los reportes del altercado. — Y pensaba que al cambiarme de estado a un pueblo más pequeño tendría un trabajo más tranquilo… Si como no…

— Hubo un tiempo donde Royal Woods era tranquilo — Dijo Clyde, recordando los días de la niñez en donde aún no se distanciaba de Lincoln. — Todo cambió cuando llegaron esas malditas bandas de moteros.

— ¿De cuántos años atrás estás hablando, Clyde? — Se rio Sullivan. — Si había pandillas antes de los Sons, estaban bien dormidas. Cuando llegaron ellos, estalló todo.

— Clásico. — Dijo Jenny. — Tenían un territorio seguro aquí en Royal Woods, pero de pronto llegan los Sons y deben defenderlo con todo lo que tienen, o llegan otros grupos tratando de vengarse de los moteros.

— En una de esa, surgieron imitando a los Sons. — Dijo Sullivan. — En mi juventud, también me interesó esa onda de las motos y todo, supongo que varios jóvenes quisieron fundar su propio club y luego se enfrentaron.

— Eso suena como un exceso de simplificación. — Le contestó Jenny.

— Sí, y no sabía eso de ti Sully. — Clyde mencionó sentándose al lado de su compañero.

— Sí… Era un chico impulsivo, tonto y fácilmente influenciable. Por eso mi padre me obligó a ir a la escuela policial. — Sullivan respondió riéndose de sus propias memorias. — Je jeh, sino ahorita estaría en una moto y tú me estarías persiguiendo, ¿no crees Clyde?

— Sí… Aunque no me agrada del todo esa idea Sully. — Clyde respondió dirigiendo sus pensamientos hacia Lincoln, el cual si bien no era como Sullivan sí había caído en ese camino. Cuando se volvieron a encontrar ya había sido muy tarde.

— Y bueno, ¿Ya pensaron qué hacer con la chica? — Jenny preguntó mirando a la dirección de las celdas.

— No podemos mantenerla aquí siempre… Y no cometió un crimen tan grande como para encerrarla en la cárcel de mujeres...— Sullivan pensó mientras Clyde también reflexionaba aquello. — Digo un pequeño exceso de velocidad en mis tiempos solo te daban una multa y la pagabas cuando quisieras. O cuando te quitaban el auto.

Jenny no pudo evitar reír un poco ante el comentario de Sullivan, pero la risa duró bastante poco cuando un nuevo insulto de la prisionera retumbó por el pasillo. Sí que era capaz de hacerse oír.

— ¿Están seguros de que estaba totalmente limpia? ¿Nada, ni hierba? — Preguntó Clyde. Alguna sustancia así les daría una buena excusa para dejarla encerrada más tiempo.

— Si la tenía, se deshizo de ella antes de que la atrapáramos. — Dijo Sullivan — A menos que se la haya tragado, en ese caso ya lo sabríamos.

— Vamos a tener que soltarla — Dijo Jenny. — Incluso sería capaz de quejarse o demandarnos por brutalidad policial.

— Vamos, no puede demandar a la policía. — Dijo Sullivan. — ¿O sí puede?

— Hay que interrogarla una vez más, para salir de dudas. — Respondió Clyde. — Pero hay que preguntarle con mucho cuidado.

— Bueno hazlo tú, parece que la conoces bien amigo. — Sullivan dijo dándole un leve empujón a su compañero. Algo qué le hizo tener un cierto sentimiento de tristeza de su lado por lo qué había ocurrido ahí mismo.

— Sí, supongo qué así es Sully. — Clyde respondió apretándose el tabique de la nariz cansado. — Pero aun así no creo que sea una buena idea, digo, no me gustaría que se volviera aún más loca. — Comentó recordando el cómo la conversación entre los dos se había cortado tan abruptamente.

— Yo puedo hacerlo si no te sientes bien entrando ahí. — Jenny respondió tomando las llaves del interrogatorio.

— Esta bien, Jenny. — Dijo Clyde. — Solo no pierdas la paciencia con ella. Recuerda que no debes darle ninguna facilidad a su abogado.

— ¿Crees que tenga abogado? — Se rio Sullivan. — Me sorprende que tenga casa.

— No te confíes. — Le dijo Clyde. — Pueden tener muchos trucos.

— Eso ya lo sé, Clyde. — Se rio el policía. — Me halaga un poco que me veas tan joven y pienses que soy un novato, pero por desgracia no lo soy. Se que tenemos que tomar precauciones con esta clase de sujetos.

— Voy a interrogarla. — Anunció Jenny, caminando hacia la sala de interrogatorios.

Ambos policías se quedaron solos pensando en lo que había sucedido hace momentos. Más Clyde el cual estaba pensativo por lo que había sucedido momentos antes en la sala de interrogatorios. Qué cosas tan extrañas sucedían en la vida, primero su mejor amigo se había unido a Sons y ahora una de sus hermanas se había unido a Angels of Death.
¿Cuantas más? ¿Cuantas más se unirían a ese círculo de muerte y autodestrucción qué significaba ser parte de un club de criminales?

No quería pensarlo, pero le daba mucha tristeza saber qué Royal Woods ese pueblo tan pacífico y tranquilo donde había pasado la mayoría de su infancia, Ahora era un campo de batalla donde los clubes de motociclistas se mataban los unos a los otros solo para destruir la paz que alguna vez hubo en el pueblo.

— Ah, por cierto, Clyde. — Sullivan le hablo para mostrarle la carpeta que había llegado del caso de Jackson Teller en Redwood. — Gracias por el informe, me ha ayudado mucho con la investigación de Sons.

— Ah… Sí, no es nada Sully. — Clyde respondió sin ánimos.

Mientras que Jenny entraba a la sala de interrogación solo para ver a la chica sentada en la silla con el rostro enfocado en una expresión de enojo puro por el tiempo qué había estado ahí.

— Oye Perra. ¿Ya me van a dejar salir de aquí o qué chingados? — Preguntó con obvio disgusto y odio en sus palabras. — Llevo todo el puto día en este lugar y ya me estoy empezando a emputar.

La mujer estaba furiosa, y Jenny sabía que no faltaba nada para que ella perdiera la cabeza y tratara de escapar. Debía mantenerse alerta.

— Mejor te sientas y me respondes lo que te vaya a preguntar. — Dijo Jenny, mirándola con seriedad. — Y mejor que seas sincera, Loud.

— ¿No podría venir Clyde? — Preguntó ella, riendo de un modo burlesco. — Con él me siento más en confianza.

— Clyde tiene cosas más importantes que hacer. — Dijo Jenny. — Si respondes rápido, vas a poder irte pronto a ver a tu hija.

— Si quieres que no te mande a la mierda. — Respondió ella, cambiando su rostro a uno marcado por la ira. — Es mejor que no vuelvas a mencionarla a ella. En ningún puto momento.

Jenny sabía que mujeres así eran peligrosas por lo impredecibles que eran. No sabía en qué momento podría hacer algo tan estúpido como intentar atacar.

— Ok, esto será rápido. Solo respóndeme y quizás ya te podemos dejar ir a casa. — Mencionó Jenny sentándose frente a la mujer quien la veía con los ojos de una fiera dispuesta a atacar y defender si se le ocurría hablar nuevamente de su pequeña. — ¿Sabes algo sobre lo qué ocurrió el 12 de marzo a las 1:30 pm?

— Les he dicho qué no, no tengo ni la más mínima puta idea de lo qué pasó ahí. — La prisionera respondió harta de qué le preguntarán sobre esa explosión que ella y su club no tenían ni idea.

— ¿De verdad no sabes lo qué pasó? Cuando revisamos un bar que también había sido atacado encontramos el símbolo de tu club pintado en una de las paredes, por eso me gustaría saber si…

— No, no y no. Llevo todo el día escuchando esa mierda y de verdad no sé lo que ocurrió esa noche, ya les dije que ese mensaje no lo pusimos nosotros, debió ser alguna pandilla qué quiso incriminarnos por ese asalto. — Volvió a responder fastidiada. — Ya les he dicho que esa noche estaba en mi club, haciendo todo menos matando a nadie. Ya déjame ir maldita sea.

— De todas formas, ustedes son los primeros en enterarse de las cosas que pasan en su propio club. — Dijo Jenny, entrecruzando sus dedos. — Estás segura de que no oíste nada en el club ese día.

— No escuché nada, y si hubiera escuchado algo sobre esa explosión, no te contestaría nada, maldita perra.

Lo mismo que habían conseguido los demás. Jenny podría pensar que realmente no sabía nada. La Loud se paseaba de un lado a otro como un animal en una jaula, y estaba llegando al límite. No iban a poder sacar nada más que golpes e insultos de ella si finalmente perdía la cabeza. Aunque, por otro lado, eso les daría la excusa perfecta para retenerla un tiempo más.

— Escucha, chica, si quieres salir pronto, será mejor que nos des algo que sea útil. — Dijo Jenny de un modo deliberadamente insolente.

— ¡Solo me excedí en el puto límite! — Gritó ella. — ¡Ya déjenme salir, hijos de puta!

— Ya te vamos a soltar, pero necesitamos que cooperes con nosotros. — Jenny respondió tratando de mantener la calma y la cordura en ese lugar, pero realmente parecía que solo quería una excusa para tenerla más tiempo encerrada. — Solo dime, ¿de verdad no escuchaste o viste algo en tu club el día anterior de la explosión?

— ¡No Maldita Sea No! Podrían tenerme encerrada toda mi vida aquí y aun así no sabría nada, esa noche no supe de la explosión ni ninguna otra de las mierdas que sucedieron esa noche. — Respondió nuevamente Molesta mientras Jenny suspiraba por no llegar a nada con ella, y en un punto realmente creía que era inocente.

— Bien...— Jenny se levantó con la llave de las esposas en sus manos. — Te haré esto fácil desde este punto, aquí tengo las llaves de las esposas, y ahí está la puerta de Salida, pero si quieres que te las quite entonces deberás decirme solo una cosa. ¿Entre tu club y los Lambs of Satan hay una rivalidad tan destructiva como para querer hacerles esa clase de daño, tanto a propiedad como a sus integrantes?

La Loud miró a Jenny con un rostro que parecía de completa sorpresa, y luego, para gran sorpresa de la policía, comenzó a reír. Se rio tan fuerte que parecía capaz de romper los vidrios del lugar.

— ¿Eso están buscando? Si que son imbéciles. — Dijo riendo — Están muy perdidos, creo que se nota que jamás salen a la puta calle.

— Bueno, tal vez tú podrías ayudarnos a entender esto mejor. — Respondió Jenny, cruzándose de brazos.

La Loud siguió riendo, hasta que finalmente pudo calmarse.

— A ver, ¿quieren saber quién odiaría tanto a los Lambs como para hacerles todo ese daño? — Pregunto riendo. — Pues adivina, el club que sería capaz de matar hasta el último Lamb del mundo no es precisamente el de los Angels of Death.

Lo que decía ella fue tan certero que Jenny sintió que la respuesta estaba justo frente a ellos, todo el tiempo.

— Sons of Anarchy.

— Así es, no han hecho más qué perder el tiempo conmigo. ¿Por qué no van a interrogarlos a ellos? — Respondió poniendo ambas muñecas frente a la policía. — Ya déjame ir, ya te he dicho todo lo que sé. Ahora cumple con tu parte.

Jenny no pudo hacer más que mirar a las manos qué pedían que la liberarán. Si eso era cierto, si la rivalidad que se había convertido en odio había avanzado de esa forma, entonces eso significaba que habían desviado la atención…
Entonces…

— Maldición. — Jenny entonces miró a un lado de la habitación con preocupación. — Bien. — Jenny respondió ayudándole a quitarse las esposas. — Te recomiendo que vallas directo a casa y a ningún otro lado, si te veo nuevamente en las calles estarás aquí encerrada hasta el próximo mes, ¿entendido?

— Tranquila, no quiero volver a verle la puta cara a ninguno de ustedes. Dile a Clyde que es un hijo de puta. — Lo más probable es que estuviera sobre una moto esa misma tarde, pero ya no le importaba.

Debían rearmar todo lo que habían hecho, estaban siguiendo un rastro vacío. Aunque ahora le parecía tremendamente obvio, solamente los Sons odiaban tanto a los Lambs, los Angels of Death sólo le harían algo así a los Sons.

Todo se veía tan claro, que se sintió estúpida por no considerarlo antes.

— Solo vete sin hacer escándalo. — Dijo Jenny, decididamente molesta.

La Loud iba a decir algo, pero lo consideró y se marchó, caminando rápidamente. Estaba harta de ese lugar y quería volver a casa. Jenny no la iba a detener más tiempo. También estaba harta de ella.

— Sí, sí, sí como digas. — Respondió de la misma forma saliendo a prisa de la comisaría sin prestarle atención a nadie, los policías miraron a la mujer saliendo de la comisaría sin prestarle atención a nadie ni a nada.

Ya en el estacionamiento se encontró con una cara familiar, a la cual no dudo en ir a abrazar.

— Oh Ash. Qué bien qué estás aquí. — La chica fue a abrazar a otra chica con el mismo chaleco con los parches de Angels of Death.

— Sí, supe qué te trajeron aquí y quise esperar a qué te liberarán, era eso o pagar tu fianza, no me habría molestado en realidad hacerlo ¿sabes? — Respondió la motocicleta abrazándola de regreso. — Ahhh qué bien qué saliste L. Por poco creí que tendría que entrar ahí a sacarte je jeh

— ¿Como esta mi hija? — La mujer preguntó tomando a su compañera de las mejillas.

— Está bien, yo y Fran la estuvimos cuidando todo el día, no te preocupes nena. — Respondió acariciando una de las mejillas a su amante.

— Ah… Gracias Ash. — Respondió dándole un beso en los labios a su compañera.

— Cuando quieras linda. — Respondió juntando su frente con la de su novia.

Ella aprovechó para abrazarla y le dio otro beso, realmente necesitaba eso después de aquel encierro de mierda. También necesitaba una buena noche con Ash para olvidar la rabia.

Pero ahora le preocupaba ver a su hija. Le había dicho que no tardaba y llegaba casi después de un día. Esperaba que entendiera, debía ser así, su hija lo entendía todo.

— Vámonos, quiero ver a mi hija. Pero primero pasemos en alguna tienda. Le llevaré un chocolate. — Ash se rio al oír eso, y ella al principio se molestó, pero luego volvió a reír. No podía enojarse con ella.

Mientras tanto dos oficiales salían por la puerta delantera para ver como ambas motociclistas se encaminaba a su destino.

— ¿Crees que sea buena idea soltarla? — Jenny le preguntó a Clyde desde las puertas de la comisaría, mientras ambos veían como las dos chicas subían a la moto de la que había estado todo el día en la comisaría.

— No… Pero aun así no podemos tenerla encerrada sin una orden de arresto por un crimen mayor. — Respondió mientras veía como ambas se iban. — De todas formas, dile a Wally que la vigile por hoy, si hay un problema será a la primera que interroguemos.

— ¿Crees en serio qué Sons está detrás de todo esto? — Volvió a preguntar mirando a su compañero a su lado.

— Si eso es lo sabremos en poco tiempo. — Respondió sin muchos ánimos. — Maldita Sea Lincoln… Espero que no estés implicado en esto. — Susurro llamando la atención de su compañera.

— ¿Qué dices? — Jenny preguntó a Clyde el cual quedó mudo por instantes. — Oí que dijiste un nombre. — Dijo ella. — Lincoln, ¿qué pasó con ese sujeto, Clyde?

Hablaba como si exigiera una rápida respuesta. Clyde no tenía muchas ganas de explicarle su vida a su compañera, en realidad, no quería contarle su historia a nadie, nunca.

— Jenny, no preguntes, por favor. — Pidió Clyde.

— Esta bien, pero creo que puedo imaginarme quién es. — Respondió ella.

No, ella jamás podría imaginar nada sobre Lincoln. Él había sido su mejor amigo, prácticamente su hermano, pero aquel maldito club se lo había arrebatado.

Jenny jamás tendría ni la más mínima idea.

Mientras tanto en el Hospital.

Lincoln seguía hablando con su hermana mayor sobre miles y miles de pensamientos que habían tenido durante todo ese tiempo. Desde los pecados de Lincoln, los errores de Lori y como sus familias habían influido en todo el transcurso de sus vidas.

— ¿Sabes hermano? La primera vez que tuve un bebé… Tenía miedo de no ser lo suficientemente fuerte para cuidarlo mientras Bobby trataba de mantener su club a flote… No supe cómo hacerlo durante esos meses, pero, de alguna forma entendí qué ser la esposa del presidente de un M.C como Sons requería muchos sacrificios, uno de ellos era qué debía tener la fuerza para ser madre y para ser el pilar donde mis hijos y esposo se sostendrían. — Lori comentó mirando a su hermano.

— Sí… Yo pasé por algo similar con mi Luz… Digo no fue, lo que esperaba, yo creí que jamás tendría hijos en realidad, pensé que viviría mi vida en la carretera, sin preocupaciones más que sobre mis hermanos, mi club y los intereses de mi presidente. Y cuando Ronn llegó a mí con la noticia de que sería padre… Todo dio un giro brusco de 360 grados. — Lincoln respondió al pensar en lo que su hermana le había dicho

El nacimiento de Luz fue un punto de inflexión en su vida. Su amada hija literalmente lo había hecho replantearse lo que él consideraba como su vida. Ella lo hizo cambiar, literalmente. Ella había hecho que al menos intentara ser un mejor hombre. Si falló en eso, fue únicamente por responsabilidad de él.
Ser padre había sido lo más cercano a una oportunidad para redimirse.
— ¿Tus hijos te han dicho si quieren unirse al club? — Preguntó él de pronto. Esa debía ser la mayor pesadilla de Lori.

Ella entonces suspiró pesadamente.

— Mentiría si te dijera que Robbie no le gustaría unirse al club. — Lori respondió en un suspiro. — Ya sabes. Por alguna razón se le metió a la cabeza qué ser igual a Bobby… Le traería respeto y demás en su escuela, ya sabes cómo son los niños, cuando se les mete una idea a la cabeza es mucho más difícil sacarla. — Lori respondió mirando de reojo a su hermano el cual se quedó callado por unos momentos imaginando a su sobrino… Y a Lothric siguiendo los mismos pasos que él y Bobby.

— ¿Y qué le has dicho sobre eso? — Lincoln volvió a interrogar con muchas más dudas sobre su espalda como angustias.

— Pues… Dios mío Lincoln, yo no quiero que Robbie siga ese camino, pero sé que habrá un momento en su vida en el que, aunque yo quiera no podré controlarlo, y el camino que tome será completamente su decisión. Aunque me gustaría convencerlo ahora qué puedo en hacer que siga por el camino del bien hermano. — Lori respondió con algo de tristeza en su voz.

Lincoln suspiró con pesadez. No quería que ninguno siguiera sus pasos, y esperaba que Bobby no lo alentara. no quería juzgar a Bobby, era su hermano, pero a Lincoln personalmente se le destruiría el mundo si Luz decía un día que iba a unirse a los Sons.

— Yo no quiero que él, ni tampoco Lothric, arruinen su vida como yo — Dijo Lincoln, mirando al techo.

— No podemos evitar que tomen sus decisiones. — Respondió Lori. — Quien sabe, tal vez mientras más les prohibamos que se unan al club, más querrán hacerlo.

— Pero arruinarán sus vidas. — Dijo él, casi con desesperación. — No quiero que se transformen en mí.

— Tal vez, si te acercas a ellos, podrías evitar que se unan al club. — Dijo Lori.

— O quizás eso los anime más a unirse.

— No digas eso hermano, tú puedes darles una vista diferente a lo qué es el club. Tú puedes mostrarles la fealdad de todo eso. — Lori respondió mirando de vuelta a su hermano.

— Es que ese es el problema Lori, en Sons he hecho cosas horribles… Pero también he tenido el placer de conocer a amigos y hermanos por los que yo daría mi vida, sí, Sons tiene sus cosas malas… Pero. — Lincoln tragó saliva de manera pesada. — Si tengo que serte sincero… Sons fue el primer lugar donde finalmente me sentí aceptado, en libertad. Conviviendo con otros hombres que también habían sido escupidos por la vida. Y el manejar una moto… Ese sentimiento tan liberador, tan personal y tan profundo, es algo que simplemente no puedo describir con palabras, es algo que debes vivir para entenderlo en toda su expresión. En realidad… Es mucho más complejo que solo decir que es simplemente manejar una moto. Es como si… Como si sobre una moto el tiempo dejará de avanzar, como si parte de ti se perdiera en el viento. De un momento a otro dejarás de ser solo un hombre y la moto dejará de ser una máquina, como si por un momento dejarás que la velocidad, el viento y la luz del sol o la luna se volvieran uno.

Y cuando menos te lo imaginas te vuelves uno con todo, como si finalmente fueras libre de todo y mágicamente todos los problemas desaparecieran.

Como si en un punto creyeras que puedes volar, sin restricciones, sin anclas a una vida establecida. Solo eres tú y la moto, y la carretera hasta donde pueda llegar la vista.

Creerás que estoy loco… Pero cuando estoy sobre Lucille, pareciera que todos los problemas y miedos desaparecen al girar el acelerador, siento mucha paz en mi interior. Siento que… En esos momentos ninguna Ley o barrera puede detenerme. Qué puedo escapar de todo, aunque sea por un poco.

Lori lo escuchó con atención, y Lincoln deseó que ella al fin pudiera entender por qué les apasionaba tanto aquel club.

Y en cierta forma, ella lo entendía..., y lo envidiaba. A veces, el nivel de estrés que la alcanzaba era tan alto que apenas podía mantenerse en calma, y apenas el amor de Bobby lograba reducir su tensión.

Poder sentirse así de libre..., lo envidiaba. Ella no tenía ninguna válvula de escape para sus problemas, y realmente le quedaba claro por qué a su esposo y a su hermano los atrajo tanto aquella vida.

— Lo puedo imaginar, tú y Bobby no dejan hablar del club como si cada miembro fuera su mejor amigo. — Lejos de decirlo con rabia, lo dijo con algo de risa. — Mentiría si dijera que no quiera que tengan tantos amigos..., pero el riesgo es demasiado alto.

No quería que un día la llamaran para decirle que su hijo estaba muerto, con veinte balas en el cuerpo. No, a veces despertaba en la noche sufriendo pesadillas así, y no conseguía volver a dormir. Lincoln parecía entenderla.

— Entiendo tus temores, Lori. Y es por eso mismo que no quiero que Lothric entre al club.

— Sí. — Lori se limpió los ojos mientras aún pensaba en lo que su hermano le había dicho. — Bueno… Solo espero que sepas qué hacer cuando el momento llegue hermano. — Lori respondió sonriéndole tranquilamente a Lincoln.

— Lo intentaré Lori. — Lincoln respondió asintiendo con la cabeza.

Ante ese momento ambos quedaron en silencio… Hasta que la puerta de la habitación se abrió y de ahí entró Ronnie.

— Linc. Ya estoy aquí. — Ronnie avisó abriendo más la puerta para entrar. Aunque con otra personita a sus espaldas. Una qué tímida se ocultaba a espaldas de su mamá. — Está bien amor, no pasa nada, papá está bien. — Ronnie dijo suavemente, acariciando la cabecita de su hija para que también tuviera el valor de entrar y ver a su padre.

— ¿Api...? — Preguntó la pequeña asomándose detrás de su madre para ver a su papá.

El corazón de Lincoln fue un montón de emociones contradictorias y explosivas. Quería gritar de emoción, llorar de felicidad, hundirse en la tristeza, todo al ver a su hija, la pequeña que amaba tanto y que puso fuertemente en riesgo.

Debía agradecer que a Luz no le llegó ninguna bala perdida. Ahí realmente no habría sabido qué hacer.

— Lucecita..., mi niña. —dijo con la boca seca, y se dio cuenta que no le faltaba mucho para llorar. — Ven, acércate.

Más que acercarse, la pequeña corrió junto a él, y se abrazó a su brazo, hundió su cara y lloró. Lincoln sentía que las heridas se abrían, pero con el triple de dolor. Con la mano libre, acarició su cabello, intentando calmarla.

— Lucecita, estoy bien, por favor no llores.

No era necesario que ella dijera algo para que él supiera que ella había tenido un día muy largo. Y no sólo largo, sino un día muy triste. Consecuencia de una mala noche en la que por poco perdía a su padre. Y lo sabía por la forma en la que lo abrazaba, sollozaba, temblaba, y se aferraba con sus manos a su papá.

Ella lo quería mucho, demasiado, a decir verdad. ¿Qué hija no amaba a su padre? Quizás alguna que nunca lo había conocido o que su padre la maltrataba.

Pero Lincoln no pudo evitar amarla tanto desde la primera vez que la sostuvo en sus brazos, cuando la vio por primera vez, cuando se dio cuenta de su pequeño mechoncito de pelo blanco y cuando una de sus pequeñas manitas se aferró a uno de sus dedos. Lincoln se sentía tan culpable de haberla hecho sufrir ese día… Pero al mismo tiempo tan afortunado de volverla a tener en sus brazos… O bueno, en su único brazo bueno.

— Perdón Lucecita… Te asusté mucho, perdona a tu tonto, tonto padre. — Lincoln dijo colocándole un beso en la frente a su hija.

— No te mueras Api… Te quiero mucho. — La niña pidió entre sollozos mientras Lincoln la juntaba más a él.

— No llores, Luz, no voy a morir. — Al menos, no aún. Por ella seguiría sobreviviendo, se aferraría a la existencia con todas sus fuerzas.

— Api, lo siento mucho. — Susurró ella, confundiendo bastante a Lincoln, a Ronnie y a Lori.

— ¿Por qué dices eso, Lucecita? — Preguntó él, mirándola con todo el cariño que efectivamente sentía.

— Es que te dispararon por ir a buscarme. — Susurró ella, y Lincoln se sintió muy culpable. Le indicó suavemente que levantara la cabeza para poder mirarla a los ojos.

— No pienses eso, nada de lo que pasó fue tu culpa, ¿quedó claro? —dijo él, sin dejar de mirarla. — No quiero que te culpes, porque nada de lo que pasó fue tu culpa.

Todo fue culpa de él, como siempre. Y su hija no debía sentirse mal por los errores que cometía él.

— Ok Api...— La pequeña respondió asintiendo con la cabeza, de verdad en su pequeña mente pensaba que ella tenía la culpa porque él la hubiera ido a buscar.

Pero Lincoln sabía que el único culpable n toda esa historia era él por haberla puesto en peligro, por haberle mentido, por haberle hecho pasar uno de los primeros peores momentos de su corta vida.

— No te sientas mal nena, nada de esto fue tu culpa, ven acá. — Lincoln dijo para volver a abrazarla. — Te amo tanto… Tanto, tanto, no sabría qué hacer si algo te pasara a ti bebé...— Lincoln comentó para entonces sentí que alguien se sentaba a su lado.

— Ambas nos preocupamos mucho por ti Linc. — Ronnie dijo tomando una de las mejillas de su esposo. — Te amamos tanto Linc… Nosotras no sabríamos qué hacer sin ti…

— Y yo las amo a las dos. — Lincoln respondió sintiendo los brazos de su esposa uniéndose a aquel momento entre familia.

Él podía mentir mucho. Hace ya tiempo que no era sincero con su familia, recientemente estaba engañando a su esposa, ojalá la engañara con otra mujer, pero lo hacía con algo mucho más doloroso para ella. El club que ella tanto odiaba.

Pero jamás mentía cuando decía que las amaba. A Ronnie, a Luz, ambas eran lo mejor de su vida, por eso mismo le dolía tanto que se preocuparan por él y se culparan de los errores que cometía.

Debía comenzar a hacer las cosas bien de una vez. No podía arruinarle la vida a su familia, debía tomar precauciones. Ser más listo, volver a ser un hombre con un plan y dejar de improvisar. Eso solo arriesgaba a quienes más quería.

Pero llevaba mucho tiempo fuera de práctica. Tampoco era como si sus antiguos planes funcionaran bien, la mayoría acababan en desastre.

— Bueno… Supongo que ya es hora de que me valla. — Lori dijo al presenciar aquella escena. — Espero… Que te recuperes pronto Lincoln. — Lori dijo posando una mano sobre la de su hermano. — Nos vemos Ronn. Cuida mucho a mi hermano.

— No Lori, gracias a ti. Gracias por cuidar de Lincoln. — Ronnie respondió abrazando a su cuñada. — Y gracias por tu regalo Lori. Es un lindo detalle. — Mencionó al ver la cesta en el mueble junto a la cama.

— Oh no, yo no lo traje querida. — Lori respondió para verla a los ojos. — Digamos… Que entre familia nos preocupamos de los nuestros. — Lori comentó para entonces posar su mano en la cabeza de su sobrina. — Nos vemos luego pequeña Luz. —

— S-Sí Tía… Nos vemos. — Dijo la pequeña aún sin apartarse de su padre, solo sintió que su tía le colocaba un pequeño beso en el cabello.

— Cuídenla mucho, es muy preciada para sus abuelos. — Lori comentó a ambos padres.

— Ten por seguro que la cuidaré. — Dijo él, aferrando a Luz como podía. — Ella también es muy valiosa para mí, no dejaré que nada le pase. —

Comenzaría a protegerla mejor, ella no sólo era la luz de su vida, sino que la luz de muchas personas más, sus familiares, sus padres. Toda su familia amaba a Luz, era imposible no hacerlo. Su ella había heredado todo lo bueno de ambos padres.

— Saluda a Bobby y a toda la familia de mi parte. — Dijo Lincoln, y notó una ligera tensión en Ronnie Anne cuando nombró a su hermano.

— Por Supuesto. — Lori respondió tomando sus cosas, aunque por poco se le olvidaba otra muy importante. — Ah es cierto. — Dijo Lori sacando la botella de agua que Lincoln le había pedido desde hace horas. — Aquí está tu agua Hermanito. — Lori dijo casi de modo burlón. Por lo que Lincoln frunció un poco el ceño.

— Gracias Lori, qué eficiente...— Dijo con cierto rastro de molestia en su voz, haciendo que Lori sonriera de manera casi irónica.

— No hay por dónde Linky. — Respondió su hermana sarcásticamente antes de salir por la puerta cerrándola en el acto.

Lincoln suspiró y se cubrió el rostro con la palma de su mano.

— Ah… Qué día…

Si había pensado que hablar con Luan fue tenso y difícil, hablar con Lori y Lynn fue inmensamente complicado. Había inventado de lleno en una mentira horrible para que Lori no descubriera una verdad muchísimo más terrible. Encarar a Lynn fue como una mirada al pasado, reevaluar el punto de quiebre desde el punto de vista de Lynn. No cambiaba mucho, aún pensaba que ella merecía esos golpes.

Solo lamentaba haber mentido y amenazado a Lori. No tenía gran cercanía con ella, pero no merecía sufrir así.

Y encima ahora se había comprometido a acercarse a Lothric. La situación sólo empeoraba más y más.

— Linc, ¿cómo te sientes? — Ronnie preguntó mirando a su esposo esperando a que todo hubiera ido bien ese día.

— Bueno… Me duele el brazo, pero no tanto como anoche, y todo el día estuve hablando con Lori… Supongo que bien, digo. Sigo vivo. — Lincoln bromeó diciendo que Ronnie riera ligeramente por aquel comentario. — ¿Y cómo estás tú?

— Bueno, fue un día largo en realidad. — Ronnie comentó acomodándose en la cama junto a su marido y su hija. — Estuve… Tratando de tranquilizarla junto con Lily todo el día. — Ronnie comentó acariciando la cabeza de su hija. — Ella me ayudó mucho hoy Linc… Espero que puedas volver a conectarte nuevamente con ellas, tus hermanas me ayudaron mucho hoy.

— ¿Ah sí? — Él preguntó mirando a su esposa. — ¿Quién más estuvo contigo hoy Ronn? Además de Lily.

¿Quién podría ser? Lola, Lisa y Lucy no podían ser buenas con los niños, no imaginaba que tuvieran esa paciencia. Aunque nunca sabía cómo podrían cambiar en tanto tiempo.

Luna era bastante apasionada pero también podía ser muy atenta. Lo mismo de Lana, con ellas si podía creer que fueran las tías favoritas de Luz. Pero tampoco eran buenas para las labores de la casa, y en el caso de Lana debía haber cambiado mucho.

Lynn y Lori no podían ser por razones claras.

Sin embargo, quedaba una opción, quizás la más evidente, y que por eso no quería considerar...

— Fue Leni. — Dijo Ronnie Anne. El destino sí que disfrutaba patearlo mientras estaba en el piso. — Ella, jet… Ella estuvo conmigo y Lily todo el día, llegó en la tarde para ayudarme con algunas cosas en la casa. Además, también de ayudarnos a mantener tranquila a Luz. — Ronnie comentó con una sonrisa mientras apartaba un mechón de pelo del rostro de Lincoln. — Ella… Ella la quiere mucho ¿sabes? Jeh hasta un punto creí que ella la trataba como si fuera suya.

Lincoln escuchó con atención mientras su mirada se enfocaba a un punto sin importancia de su cuarto. Una vez más ahí estaba, esa culpa, esa pena, todo eso qué lo había estado atormentando todo el día.

— Y… Y ella… ¿Ella estuvo con ustedes? — Preguntó para recibir un asentimiento por parte de su esposa. — Y… ¿Y Lothric también estuvo ahí? — Volvió a preguntar con un fuerte nudo en la garganta.

— No, según Leni dijo que él estaba ocupado, pero qué nos mandaba saludos. ¿Sabías qué Leni lo ingresó a una escuela de arte? — Ronnie replicó interrogando a Lincoln el cual nuevamente sentía una punzada de dolor en el pecho.

— No… No lo sabía. — Dijo desviando la mirada.

— Pues sí, me dijo que lo inscribió hace un año, que tiene un estilo impecable. — Ronnie comentó mientras sacaba su celular. — De hecho, ella me mostró un par de sus dibujos. Dice qué se está volviendo un buen artista. — Comentó para mostrarle un dibujo hecho a mano sobre el pueblo. — ¿Qué te parece? ¿No crees qué es genial?

— Si, es muy genial. — Dijo riendo un poco, pero era una risa triste. — Me gustaría ver sus dibujos.

Tal vez de ese modo Lothric se mantendría alejado de él. La vida bohemia de un artista era muchísimo mejor que acabar como él, un homicida con una gran habilidad para mentirle a su familia. Si lograban meterle una pasión mayor por el dibujo, tal vez podrían quitarle cualquier interés por unirse a los Sons.
Quién sabe, tal vez Lothric acabaría por cumplir el sueño que tenía de ser dibujante de cómics, antes de que la vida le valiera menos que un centavo.

— ¿Que dices, Luz? ¿Te gustaría conocer a tu primo Lothric? — Preguntó Lincoln.

— Sí Api. — La pequeña Respondió abrazando a su papá fuertemente. — Me gustaría conocer a Lorian. — Lincoln miró a su hija confundida.

— No, no Luz su nombre es Lothric. — Lincoln Respondió corrigiendo mirando con curiosidad a su hija.

— Oh perdón. — Luz Respondió acurrucado su cabeza en el pecho de su padre. — Sí me gustaba conocer a mi hermano. Papá.

Aquello hizo que las alarmas estallaran en Lincoln. Su corazón latió tan rápido que hasta la máquina encargada de registrar sus latidos comenzó a resonar, alarmando notablemente a Ronnie Anne.

— Lincoln, ¿q-qué te pasa? — Preguntó ella asustada.

— N-nada, Ronnie. —tartamudeó él, aunque sentía la boca muy seca. — ¿Hermano?

¡Hermano! ¡Así lo había llamado! Tenía que mantener la calma, o tal vez Ronnie sospecharía. Aunque ella no lo estaba atacando, así que no se estaba tomando en serio lo que Luz decía.
Pero Lincoln no podía quitarse de la cabeza el por qué precisamente Luz quiso llamar a Lothric "hermano".

— Sí. Tía Leni me dijo que Lothric podría ser como mi hermano. — Luz Respondió asintiendo con su cabecita. — La verdad es que siempre quise tener un hermanito o hermanita mayor. — Luz reveló a ambos padres. Mientras que Ronnie lo veía como algo adorable Lincoln lo veía con preocupación. ¿Que más le había dicho Leni sobre Lothric? ¿Que más le había dicho sobre aquel muchacho?

— Luz… Tú…— Lincoln quería preguntarle algo más, pero con su esposa presente no podía hacer esa pregunta qué que hacerle con tanta desesperación. En lugar de eso tuvo que hacer una pregunta muy diferente, pero en esencia igual. — ¿Te gustaría tener una hermana menor?

— Sí Api. Me encantaría. — La niña Respondió con emoción mientras volvía a abrazarlo con aún más fuerza.

Leni era muy dulce, pero habría cometido un terrible error, literalmente el peor de su vida, si le dijo algo más a Luz. Tenía que confiar en que no era así, que Leni en realidad no le contó nada y era Luz quien exageraba un poco. Pero confiar en los demás era delicado, era muy fácil perder el control cuando una parte importante del plan estaba en manos de otra persona. Aunque le resultara difícil, tendría que ir a hablar con Leni...

— Ya oíste, Ronnie, Luz quiere una hermanita. — Dijo él, haciendo que ella se sonrojara. Por alguna razón, eso hizo que se riera, y se tranquilizó en parte.

— Lincoln..., eso debemos hablarlo —respondió ella, y él tuvo que reír un poco más para relajarse del todo.

— Api, ¿de dónde vienen los hermanitos? —preguntó inocentemente Luz. Y su tranquilidad fue completa, aunque solo fuese por unos segundos.

— Echo… Bueno… Verás Luz yo eh… No sé cómo hacer esto. — Lincoln dijo con algo de pena a su esposa. La cual río por lo bajo.

— Solo digamos que… Papi y Mami solo reciben la bendición de tener hijitos. — Ronnie le dijo a su hija de la forma más tranquila que pudo. — O mami se da cuenta y le dice a papi qué la bendición llegó.

— Jeh qué curioso. — Lincoln comentó recordando el momento en el qué su esposa llegó a él con la noticia de Luz. — Es exactamente lo que pasó esa vez. — Dijo tomando de la mano de su esposa.

— Yo fui una bendición? — Preguntó inocentemente Luz.

— Fuiste la mayor bendición en mi vida. — Dijo Lincoln, quería abrazarla, pero no podía hacerlo. Ya cuando se recuperará, no pararía de darle abrazos.

Y decir que era su bendición, es decir muy poco. Ella era una de las cosas más importantes para él, su hija preciosa, literalmente la luz de su vida.

Ella fue como un faro que lo guio hacia el sendero correcto. Aún no entendía como había vuelto a desviarse, pero definitivamente no era culpa de ella.

Poco después…

Luz y Ronnie se encontraban profundamente dormidas, Ronnie al lado de Lincoln y su hija abrazando a su padre. Mientras que él… Solo pensaba, pensaba en su familia, en su hija, en su esposa, en lo que había hecho y lo qué estaba haciendo.
ella no se merecía esto, se merecían algo mejor, mucho más de lo que Lincoln en toda su estupidez pudo haberles dado al haber regresado al Club… No quería eso para ellas, no quería que sufrieran y se culparan por sus errores. Ellas no se merecían ese trato de su parte, merecían más que un esposo o padre qué había puesto su vida y la vida de su hija en riesgo. No podía imaginarse lo que ellas habían tenido qué pasa y no quería hacerlo, con tantas cosas en la mente, tantos sentimientos y cada recuerdo de ese día y anteriores.

De su familia, sus hermanas, Leni… Todo tenía algo que ver con él, pues él había sido quién desde un inicio había jodido todo… Y al pensar en Leni Lincoln recordó la tarjetita qué Leni le había escrito, la sacó de debajo de su almohada con esfuerzo y nuevamente se puso a leer.

"Linky, sé qué no es mucho.

Pero supe lo qué pasó y pensé qué este pequeño, pequeño regalo te ayudaría a no sentirte tan mal.

Espero que sirva, de verdad no sé si te gustan las frutas o las verduras, sigo pensando que te gustaban las frutas, discúlpame si no es así.
Sabes qué mi cabecita olvida algunas cosas.

De cualquier forma, te deseo una pronta recuperación.

Y qué me dio gusto volver a verte, aunque haya sido por poco tiempo.

Te extrañe tanto Linky, tanto, tanto.

Quiero volver a hablar contigo, charlar como antes. Seguir en contacto.

Realmente te extraño, quiero volver a escuchar tu voz una vez más.

Volver a charlar como antes, y que finalmente puedas conocer a nuestro hijo.

Lothric es lo más bello que pudiste darme, gracias por eso Linky. Espero que algún día puedas conocerlo. Espero que puedas conocerlo por qué él ahora sabe mucho de ti. No pude evitar decirle algunas cosas, perdóname. Pero ya no pude ocultarle más quien había sido su papá.

Pero solo queda esperar, yo te esperaré por siempre.

Solo si tu vienes a mí.

Te Amo.

Leni~"

Lothric lo sabía todo.

No sabía cómo reaccionar a eso. Tenía la esperanza de que él podría vivir toda una vida imaginando al padre perfecto, uno construido con sus sueños y le sirviera de inspiración. No contaba con la sinceridad de Leni, la única que no se sentiría avergonzada de decirle a Lothric que su padre fue un Son of Anarchy y luego tuvo su propia familia. La única que no lo culparía por nada.

Eso era grave. Si él lo sabía, podría hacer cualquier cosa. Tal vez ir a contarle todo a Ronnie Anne, nunca se sabía. Tal vez contarle todo a sus hermanas, y en ambas situaciones estaba condenado.

Ahora no tenía idea de cómo comenzar a acercarse a Lothric. No tenía qué podría decirle, ni a él, ni a Leni. Sintió que el universo entero comenzaba a girar. Pero no era por mareo. No.

Era por temor. Temor y mucha duda.

¿Ahora qué era lo que debía hacer?

¿Qué era lo que el destino quería obligar a hacer esta vez?

The Loud House: Sons Of Anarchy.

George: 56

Sullivan: 41

Josh: 33

Clyde: 32

Jenny: 29

Wally: 27

Aquí Otro capítulo de Loud House Sons of Anarchy.
Agradecimientos especiales a
J. Nagera, Chiara Polairix Edelstein y PenguinArrow Por comentar, darle a favoritos y seguirme en esta historia.

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Les agradezco tanto a todas sus visitas, comentarios y Favs. De verdad chicos y chicas, los amo a todos, no haría esto sin toda la ayuda y soporte que me dan, aprecio bastante sus aportes por lo que en el siguiente capítulo de Homecoming haré un anuncio especial para todos ustedes. De verdad.

Chicos, chicas gracias a todos. Aquí los verdaderos artistas son ustedes. Sin ustedes yo seguiría publicando historias sin constancia ni relevancia. Muchas gracias.

De su Amigable Vecino.

El Sorprendente Eddy Araña.

Y un agradecimiento Enorme a Osvaldo Sandoval, mi codirector y escritor en esta historia. Hermano gracias por todo.

SAM CROW Forever and Ever.

Let the Freedom Ride Alway's.

(English Version Soon… Or Dunno ask me if you want a English Version Guys and Gals.)

Síganme en Deviant, No subo mucho, pero… Últimamente estaré subiendo Ilustraciones de LH Sons y Homecoming… ¡It's Something!

ArrobaObscurum-Draco