Al principio no pasó nada, pero después, sintió que una gran fuerza lo arrastraba y de pronto se encontró en Hogwarts, específicamente, en el gran comedor, estaba casi vacío, pero reconocía algunos rostros, y de entre todas esas personas, lo vio, se quedó helado, quería moverse, abrazarlo decirle cuanto lo extrañaba, pero su cuerpo no le respondía, y mientras, él a lo lejos sonreía y bromeaba con los que tenía alrededor, cuando al fin pudo reaccionar y estaba dispuesto a acercarse, se vio a sí mismo, más joven, más alegre, y se asustó, no sabía que hacer, así que decidió esconderse detrás de una columna y observar, todos parecían despedirse, ya era casi la hora de dormir, vio a los alumnos dirigirse a los dormitorios, pero en un instante, su otro yo y él se desviaron del camino, los vio alejarse, sabía a donde iban, les dio un poco de ventaja y luego los siguió, llegó hasta la puerta de la cocina, o la que el sabía que era la puerta, no quiso entrar por miedo a ser descubierto y espero afuera, escondido, después de un rato los vio salir, con mucha comida, y riendo, hacía demasiado tiempo que no escuchaba esa risa, sintió caer una lágrima en su mejilla, la limpió rápidamente y fue tras ellos, no sabía que más hacer, no podía ir a los dormitorios, pero al menos podría verlos entrar, en eso estaba pensando cuando vio que la profesora McGonagall se acercaba, se escondió de nuevo y vio como su contraparte más joven tomaba la comida y lo dejaba a él frente al cuadro de la señora gorda, vio como hablaba con la profesora y luego como ella se alejaba con una mirada suspicaz, sabía que no había creído sea cual fuera la mentira que él le había dicho, pero como no había prueba de alguna travesura hecha, así que lo dejó ir, no era la primera vez, parecía que McGonagall les tenía cierta simpatía de vez en cuando y la aprovechaban.
Mientras la profesora se alejaba, volteó a verlo y se dio cuenta de que estaba solo, era su oportunidad, no sabía si tendría otra y era lo que tanto había esperado, sin pensarlo dos veces camino hacia él, estaba a punto de entrar al cuadro, camino más rápido, lo quiso tomar del hombro, y su mano lo traspasó, se quedó atónito, no entendía que estaba pasando, lo vio alejarse, no quería que se fuera y sin importarle nada gritó:
-¡Fred! - pero el no volteó, siguió su camino y entró al dormitorio, George quiso hacer lo mismo pero no pudo, la señora gorda parecía ignorarlo, y en su desesperación no notó que algunos alumnos rezagados iban subiendo las escaleras, no le dio tiempo a esconderse, estaba a punto de decirles que algo pasaba con el cuadro, cuando ellos lo atravesaron, y entraron sin problemas al dormitorio, y se dio cuenta, él era como un fantasma, nadie podía verlo, o escucharlo, solo era un espectador, se quedó parado sin saber que hacer, cuando sintió que algo lo jalaba con fuerza, cerró los ojos y cuando los abrió, se dio cuenta que estaba en su habitación otra vez, volteó a los lados un poco confundido y luego se recargo en la pared mientras veía El Pensadero, definitivamente quería usarlo otra vez.
