Buenas y lindas noches tengan todos, ya vengo con la segunda parte de este mini fic, espero que les guste, ya que aquí conocerán lo que sucedió entre Juvia y Gray durante su trabajo juntos.
¿Vieron ya el último capítulo del anime? Estoy que lloro, la próxima semana se viene el capítulo más triste de Gray y Juvia, aunque algunos ya lo vimos en el manga y sabemos lo que sucederá, yo todavía sé que voy a llorar cuando lo vea :c
Este capítulo, por cierto, contiene algunas referencias al capítulo 499 del manga y/o 30 del anime (que sale la próxima semana). Antes de que lean, les quiero contar dos cosas, lo primero es que estoy trabajando en un long fic de esta hermosa pareja, porque los amo, lo segundo es que este fanfic posiblemente tenga una continuación, aunque será NaLu.
Disclaimer: Fairy Tail le pertenece a Hiro Mashima.
Advertencia: Historia ubicada después de la última saga del manga, suponiendo que la de los 100 años no ha ocurrido o ya terminó.
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Capítulo 2
Todos en Fairy Tail estaban sentados, sumidos en sus pensamientos. Después de que Juvia y Gray habían salido corriendo, había comenzado a llover muy fuerte en la ciudad, todos se sentían extrañamente tristes.
—No puedo creerlo todavía –finalmente, fue Lucy quién habló, soltando un suspiro.
—Sí, yo tampoco –esta vez fue Natsu, se veía demasiado serio, tanto que la maga de espíritus celestiales le observó con intriga. ¿Acaso estaría decepcionado por la actitud de Gray? ¿O es que estaba preocupado por Juvia? Después de todo, era algo bastante normal en Natsu, él siempre se preocupaba por todos en el gremio—. ¡Ah, no puedo creer que ese idiota de Gray vaya a ser padre antes que yo! –exclamó el Dragon Slayer, revolviéndose el cabello con ambas manos, frustrado.
—¡Eres un tarado! –exclamó la rubia, dándole un golpe en la cabeza que le dejó un tremendo chichón.
—¿P-por qué me pegas? –se quejaba el chico, con lágrimas colgando de sus ojos, pues el golpe de Lucy le había dolido bastante.
—En realidad, Natsu –la voz de Lisanna le llamó la atención—. Ya eres el padre adoptivo de Happy, ¿no es así?
—¡Oh! –Natsu se levantó de su asiento, sorprendido—. ¡Es cierto, Lisanna! –exclamó, procediendo a reírse como un maniático—. ¡Estúpido Gray, ni siquiera lo intenté y ya te he vencido! Muajajaja.
Una gotita de sudor apareció en las frentes tanto de Lucy, como de Happy.
Por otro lado, Erza Scarlet se encontraba también absorta en sus pensamientos. Tenía la cara muy roja, imaginando lo que habían estado haciendo Gray y Juvia para concebir a ese bebé.
—Esos dos hicieron esto y aquello… –murmuraba, con humito saliendo de sus oídos.
Lucy suspiró.
—Cielos con ustedes.
En la barra, Mirajane observaba con preocupación hacia la entrada del gremio, mientras la lluvia caía incansablemente, el maestro se encontraba a su lado, en su silla, mientras un distraído Mest (también por la noticia) sostenía su silla.
—Es bastante inesperado lo que pasó, ¿no, maestro? –comentó la albina, a lo que el maestro simplemente asintió con la cabeza.
—Bueno, ambos ya son adultos, sólo esperemos que puedan solucionar sus problemas –comentó con la expresión sabia de un hombre mayor—. Por otro lado, me agrada mucho la idea de que haya más pequeños en el gremio, la nueva generación de Fairy Tail ya está llegando.
—Espero que Gray sí asuma su responsabilidad y acepte a su bebé.
—Gray es un hombre –se le escuchó decir a Elfman, quién se acercaba a donde estaban su hermana y el maestro—. Seguro que lo hará.
—Obviamente es un poco lento –comentó el mago que podía teletransportarse y modificar la memoria—. Pero dudo que evada su responsabilidad, sabemos cómo es Gray.
Un poco alejado de ellos, Gajeel acababa de romper una cuchara con su mano, estaba furioso.
—Mataré a ese bastardo en cuanto vuelva a entrar por esa puerta –aseguró.
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Hace dos meses atrás…
Aquel día parecía mucho más iluminado que de costumbre, Natsu estaba emocionado porque él, Happy y Lucy irían juntos a un trabajo y ya tenía casi todo listo, por ende, no dejaba de exclamar que estaba encendido.
Gray se acercó al tablón de anuncios, pero ninguna de las misiones disponibles parecía llamarle la atención. Estaba a punto de preguntarle a Natsu si podía acompañarlos, pero entonces, la voz de Mira lo sacó de sus pensamientos.
—Oh, Gray, qué bueno que te veo, tengo una misión que podría ser perfecta para ti –le comentó la albina, enseñándole el aviso con la descripción y la cantidad de dinero que se ofrecía, parecía una suma bastante prometedora—. Hace unos días llegó, trata sobre una banda de ladrones que utilizan magia de fuego.
Gray cogió el aviso entre sus manos, echándole un ojo.
—Fuego, ¿eh? Suena interesante –comentó, mientras evaluaba la posibilidad de ir con alguien más, pues parecía que la banda era un tanto numerosa, según lo que ahí decía. Echó un vistazo rápido al gremio.
Natsu acababa de irse con Lucy y Happy, mientras que Erza había salido de misión con Wendy y Charle. No había nadie más que él pensara que podía serle útil en aquel trabajo, hasta que de pronto, sus ojos se posaron sobre la maga de agua. Ella estaba conversando animadamente con Gajeel y con Levy, la cual lucía su bonito vientre de embarazada. Juvia se veía muy bonita aquel día, con su vestido azul oscuro, su sombrero apto para la nieve y sus brillantes y hermosos ojos azules.
Gray solía permanecer un poco apartado de ella, pero lo cierto era que, después de todo lo que habían pasado juntos, él ya no podía negar sus sentimientos por la maga de agua. Le gustaba mucho, la quería, aunque fuera un poco difícil admitirlo, aunque estando frente a ella le costara comportarse cariñoso, realmente quería a Juvia.
Pero ese no era el momento de pensar en algo así, sino más bien, es que Juvia era perfecta para ayudarlo, tenía las habilidades que necesitaba y, además, si tenía suerte, quizá podría hablar un poco con ella sobre su relación personal. No lo dudó más y se acercó a la Loxar.
—Juvia –le llamó. La chica enseguida volteó a verle, sonriendo. Gray desvió la mirada, ligeramente sonrojado—. ¿Te gustaría ir a un trabajo conmigo?
La chica le miró sorprendida al principio, pero al cabo de unos segundos, sus ojos se iluminaron y asintió con la cabeza, emocionada.
—¡Juvia irá encantada! –decía risueña, dejando volar enseguida su imaginación—. Juvia y Gray-sama a solas, ah… Juvia está tan feliz.
Gray tan sólo sonrió, la verdad era que ya se había acostumbrado a las fantasías locas de la chica, en cierto modo, le parecía algo adorable. Era difícil no sentirse bien consigo mismo cuando había una persona que le profesaba tan fervientemente su amor. Incluso si al principio le era incómodo, con el tiempo, ella se había vuelto una parte importante de su vida, alguien sin quién ya no podía imaginar sus días.
—Ve a prepararte y nos vemos en la estación de trenes en dos horas –dijo el Fullbuster, dirigiéndose hacia la salida del gremio.
Juvia asintió radiante, corriendo a prepararse para su "viaje de amor" junto a su adorado Gray.
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El trabajo estaba previsto para durar un mes aproximadamente. La banda de ladrones no utilizaba magia especialmente poderosa, pero eran muy numerosos y poseían sucursales por varias ciudades del país. La idea era desbaratar la banda completamente, sin dejar ni una sola sucursal operativa, para ello, debían ir a todas las ciudades donde ese gremio oscuro operaba. El principal problema, era que no todas sus ubicaciones eran conocidas, tendrían que probar suerte más de una vez, a ver si los encontraban.
La primera ciudad a la que se dirigieron fue Hargeon, pues quiénes habían ordenado el trabajo se encontraban ahí; era nada más y nada menos que el alcalde de Hargeon y su concejal. Después de afinar algunos detalles sobre en qué consistía el trabajo, Gray y Juvia se dirigieron a la posada en donde pasarían la noche, pues se les había hecho algo tarde y pensaban descansar, antes de comenzar la búsqueda de los bandidos al día siguiente.
Gray se acercó al mostrador para pedir dos habitaciones, necesitaba darse un baño cuanto antes y comer algo, también quería dormir.
—Dos habitaciones, por favor –dijo el alquimista de hielo, dirigiéndose al encargado; un hombre de estatura baja y ojos rasgados, que parecía que temblaba en todo momento y traía un extraño peinado que simulaba dos orejas puntiagudas de gato.
—Sólo nos queda una habitación-neko* –respondió el sujeto, provocando que Gray alzara una ceja.
—¿Neko? –cuestionó el chico, pero olvidó rápidamente la muletilla del encargado al darse cuenta de algo—. ¿Qué? ¿Sólo una? No podemos tomarla, además no hay otras posadas en la ciudad.
—Es todo lo que podemos ofrecer-neko.
Una venita se marcó en la frente de Gray, furioso. ¿Cómo era posible que no hubiera otro lugar donde dormir en una ciudad tan grande como Hargeon?
—Gray-sama… tomemos la habitación –escuchó la voz de Juvia. Ella estaba con la mirada gacha, seguramente, imaginando cosas pervertidas. A Gray no le quedó otra opción más que tomar el cuarto, pues no había otro lugar donde ambos pudieran dormir y obviamente no pasarían la noche en medio de la calle.
Cuando entraron, se dieron cuenta de que era una habitación relativamente cómoda, tenía una cama, un sofá y un baño con ducha. Había una lacrima visión para que no se aburrieran y la ventana dejaba una bonita vista de la ciudad.
—Juvia, toma la cama –le dijo Gray al entrar, notando que la maga de agua negaba enseguida con la cabeza.
—No, no, Gray-sama, Juvia dormirá en el sillón –le respondió la peli azul con cierto entusiasmo, pues quería hacer lo posible por mantener a su adorado lo más cómodo. El chico no tardó en negarse.
—Claro que no, yo soy un hombre y puedo dormir donde sea, tú usa la cama –insistió. Se jaló la camisa y en un dos por tres, ya estaba sólo en ropa interior. Se echó sobre el sillón y cerró los ojos. Juvia estaba sonrojada, pero él no la había visto.
La maga de agua se puso su pijama en el baño, antes de ir hacia la cama y recostarse. Cuando volvió, vio a Gray con los ojos cerrados, pensó que se había dormido, así que antes de descansar, se atrevió a admirar su hermoso rostro, pues para ella, él era perfecto.
—Oh, Gray-sama… –murmuró la chica, sonriendo ligeramente—. Juvia lo ama demasiado, Gray-sama. Juvia es muy feliz de pasar tiempo con usted.
Después de decir aquello, se metió a la cama y se quedó dormida en cosa de minutos, entonces Gray abrió los ojos, pues sólo fingía que dormía. Observó un momento a Juvia, debía admitir lo hermosa que se veía cuando estaba así de tranquila.
—Eres un poco linda –murmuró con voz tenue. Volvió a recostarse, quedándose dormido casi enseguida.
Cuando abrió sus ojos, se encontraba solo en medio de un espacio totalmente oscuro. Comenzó a caminar, confundido, sin saber hacia dónde iba.
—¡Juvia! –llamaba a la chica una y otra vez, sin obtener resultado alguno—. ¡Juvia, responde! –insistía.
De pronto, una luz frente a él se encendió, dejando ver su propia imagen y la de Juvia, era aquel momento cuando ambos habían sido obligados a luchar y, sin querer dañarse el uno al otro, habían decidido lastimarse a sí mismos. Gray se vio gritándole al cuerpo inconsciente de la maga de agua que por favor no se sacrificara por él, que abriera sus ojos y que, si lo hacía, él pensaba tomarse más en serio sus sentimientos.
Mientras observaba la escena, sintió un fuerte dolor en el pecho, algo que, más bien, era angustia, miedo, frustración. Había pasado tiempo desde aquello y se daba cuenta de que, después de todo, seguía siendo un cobarde para afrontar sus sentimientos.
Abrió sus ojos de golpe, sólo para darse cuenta de que había tenido una horrible pesadilla. Aunque ese evento ya estaba en el pasado, todavía le dolía, todavía podía sentir el miedo que en ese momento lo invadió, cuando creyó que ya nunca volvería a ver a Juvia.
—Sólo fue un sueño… –murmuró, sentándose sobre el sofá mientras se revolvía el cabello negro—. Por suerte ella está aquí a mi la… do… –se puso blanco al darse cuenta de que no había nadie en la cama, ni siquiera se fijó que ya era de día.
Se levantó tan rápido que por poco se tropezó, sin saber qué hacer, estaba desesperado, así que corrió hacia la primera puerta que vio, abriéndola de golpe.
—¡Juvia! –exclamó.
Había entrado al baño, en donde Juvia justamente estaba dejando caer su sostén al piso; estaba desnuda. Gray se quedó de piedra, mientras Juvia sólo le miraba desconcertada.
Uno… dos… tres…
—¡Kyaaa, Gray-sama!
El grito se oyó en toda la posada, momentos antes de que una de las paredes saliera volando producto de un ataque de magia acuática, junto con el mago de hielo, que había terminado en ropa interior, en la calle, inconsciente.
Típico de Fairy Tail.
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Juvia y Gray caminaban por una especie de sendero en medio de un bosque, ninguno de los dos decía nada, había un silencio sumamente incómodo entre la pareja, hasta que fue roto por el mismísimo Fullbuster.
—Lo que pasó en la posada… yo lo siento…
—No, Gray-sama, Juvia lo siente –la chica bajó la mirada, avergonzada por haber atacado a su amado—. Juvia estaba sorprendida y lo atacó sin pensar –sus ojos se llenaron de lágrimas, antes de ponerse a llorar de manera dramática—. ¡Juvia es una mala persona, no merece a Gray-sama! ¡Juvia debería morir! –exclamaba, llorando en un rincón como una niña regañada.
A Gray le corrió una gotita de sudor frío por la frente.
—No digas eso, Juvia, sólo fue un accidente –decía intentando calmarla. En ese momento, un extraño ruido lo puso en alerta. Se acercó a la maga de agua y le hizo un gesto con su dedo índice para que guardara silencio.
La chica también pudo percibirlo, alguien les observaba y eso hizo que dejara su berrinche de lado, tan sólo para estar alerta por si eran atacados. Antes de que alguno de los dos dijera una nueva palabra, una bola de fuego de entre los arbustos se dirigió hacia los magos.
Gray la repelió rápidamente con una creación rápida de hielo.
—Juvia –murmuró.
—Sí, Gray-sama –la chica se puso de pie y lanzó su ataque hacia la dirección de donde la bola de fuego había venido—. ¡Water slicer!
Los arbustos se cortaron, dejando ver al sujeto que los había atacado. El tipo estaba en el suelo, asustado al ver cómo la magia de la chica había hecho pedazos las hojas y ramas que lo escondían, si no se movía a tiempo, hubiera terminado igual. Se levantó rápido y pretendió correr.
—¿A dónde crees que vas? –le dijo Gray, juntando sus manos para realizar un ataque—. Ice maker: Lance –varias lanzas de hielo se formaron y se abalanzaron contra el hombre, que cayó al suelo rápidamente, derrotado—. Bah, no eres nada fuerte –murmuró el mago de hielo.
Después de interrogar a ese hombre, fueron capaces de encontrar el refugio de los ladrones de la banda de los "Fireball". Desbarataron todo su escondite y así lo hicieron con todos los demás que fueron encontrando. Aquellos sujetos eran débiles y poco hábiles, aunque parecían ser bastante buenos estrategas, por algo eran tan temidos.
Al cabo de casi tres semanas, Gray y Juvia habían acabado con todos los escondites a lo largo de la región, llevando a todos los integrantes de "Fireball" ante la justicia. Como modo de agradecimiento, el alcalde de Hargeon organizó una pequeña fiesta para ambos, de la cual no dudaron en participar. Gray no solía beber, pero aquella vez, sólo para que Juvia no se embriagara, él se bebió todos sus tragos.
Ya era de noche cuando el mago de hielo se encontraba en el balcón de la posada de Hargeon, mirando la luna. La fiesta ya había acabado y ambos habían regresado a su posada, les había pasado exactamente lo mismo que la primera noche; sólo había un cuarto disponible para los dos. Gray se había embriagado mientras intentaba proteger a Juvia, por eso estaba tomando aire, para bajar un poco el efecto molesto del alcohol.
—Mañana me dolerá la cabeza… –murmuró con fastidio.
En ese momento, Juvia se le acercó. Llevaba puesto un bonito vestido veraniego de color celeste, más claro que su cabello. Gray no sabía si era el alcohol o qué, pero no podía dejar de verla.
—Gray-sama, Juvia ha traído esto –la chica le ofreció un vaso de agua, de ese modo, él lograría sentirse un poco mejor—. ¿Hay algo que pueda hacer por usted?
—Estaré bien, tranquila –le respondió él, bebiéndose toda el agua, para luego apoyar sus brazos contra la baranda y continuar mirando hacia el cielo nocturno. La maga de agua lo imitó, parándose a su lado. Gray era tan apuesto, tanto que, con sólo mirarlo, ella se sentía en el cielo. Gray estaba muy consciente de ello y, en ese instante, sonrió al darse cuenta de que Juvia no le apartaba la mirada—. ¿Tan guapo soy?
—¿Eh? –la maga de agua se sonrojó ante aquella pregunta. ¿Desde cuándo su Gray-sama era así de directo?
Gray negó con la cabeza, era linda cuando estaba nerviosa, más de lo normal.
—He estado pensando –comenzó a hablar él—. Han pasado muchas cosas desde lo de Alvarez, ¿no?
Juvia asintió con la cabeza, aquellos momentos eran algunos de los que menos gustaba de recordar, no soportaba el sufrimiento y desesperación de su amado.
—Gray-sama, Juvia recuerda, Juvia sabe que Gray-sama también.
—Sí… –él la miró en ese momento, entonces sus ojos bajaron por toda la figura de la peli azul, hasta detenerse sobre el costado de su vientre—. Hace unas semanas… cuando entré al baño por accidente, noté que ya no tienes la cicatriz.
La chica volvió a sonrojarse, pues recordó que Gray la había visto desnuda. También se sentía avergonzada por haberlo atacado, pero es que, emocionalmente no estaba preparada para algo así.
—Juvia le pidió a Wendy-san que la quitara –su rostro se puso casi completamente rojo, mientras trataba de no mirar al mago de hielo a la cara—. G-Gray-sama dijo… dijo que el cuerpo de Juvia le pertenece, así que…
Gray también se sonrojó, era cierto que había dicho eso, ahora que lo pensaba, aquella había sido una declaración indirecta, pero después de eso no habían avanzado nada, seguían como siempre y era frustrante. Él sabía cuánto Juvia lo amaba, pero él era tan indeciso.
—Lo es, es mío… eres mía –tomó a la chica por el mentón, haciendo que le mirara, justo antes de besarla. Lo más seguro era que el alcohol le estuviera inhibiendo la vergüenza en ese momento, quizá el día de mañana iba a arrepentirse y a avergonzarse de lo que ahora estaba haciendo, pero en ese instante no quería más que besarla, abrazarla y, quizá hacer otras cosas.
Juvia sentía que su corazón se le saldría del pecho. Tenía los ojos cerrados con fuerza y todo su cuerpo temblaba, No sabía qué hacer, estaba por desmayarse, pero no, no podía, quería estar con su amado, lo anhelaba más que nada.
—G-Gray-sama… –apenas pudo susurrar cuando él separó sus labios para poder tomar un poco de aire.
—¿Mh? –cuestionó el Fullbuster, abrazándola, mientras sus labios se rozaban entre sí.
Esto era todo lo que Juvia siempre había deseado, estar así junto a Gray, poder besarlo, abrazarlo, que él le demostrara aunque sea un poquito de amor.
—Juvia le pertenece, Gray-sama –dijo al fin—. Juvia es toda suya.
Gray no le dijo nada, no quería hablar más, sabía que cualquier tontería podía salir de sus labios y podría arruinarlo todo, así que lo único que hizo fue empujar a la Loxar hacia el interior de la habitación. Siendo un experto en desnudarse, ella ni siquiera se percató cuando el mago ya estaba sin camisa y sin pantalones, se dio cuenta cuando sus manos tocaron el torso musculoso y bien trabajado del pelinegro.
Sin esperar mucho, él la recostó en la cama. Era una cama de tamaño medio, se suponía que para que sólo una persona durmiera, pero ambos cabían perfectamente, mientras él estaba encima de ella. Gray comenzó a besar el cuello de Juvia, no sabía por qué, pero a pesar de ser un hombre que podía controlar el hielo, en ese momento se sentía más sofocado que nunca, se sentía como un volcán a punto de estallar. Todo su cuerpo se sentía hirviendo, estaba hirviendo por hacer suya a Juvia.
—Mh, Gray-sama… Juvia lo ama… –la chica jadeaba al sentir los besos y las caricias que él le daba. Sus manos eran grandes, fuertes y cálidas, recorrían su cuerpo con gran delicadeza y gentileza, no cabía duda de que Gray era un caballero.
—Juvia… –se detuvo un poco para poder mirarla, ella estaba sonrojada, agitada, con el cabello revuelto y los ojos brillantes. Gray supo en ese instante que no aguantaría ni un segundo más sin estar con Juvia y lo sintió en su entrepierna, que molestaba bastante. Estaba sumamente excitado con la imagen de esa hermosa mujer y no dudó en desnudarla.
Ya no hubo marcha atrás y entre besos y caricias, Gray le hizo el amor a Juvia y Juvia le hizo el amor a Gray con toda su pasión. Había sido la primera vez de ambos, los dos inexpertos, pero llenos de fuego en ese momento. Se quedaron dormidos mientras se abrazaban, desnudos, compartiendo el calor del otro.
Pero al día siguiente, cuando Juvia despertó, Gray no estaba. Al mirar a su costado, pudo ver una nota que había sido dejada sobre la mesa de noche de la habitación.
"Juvia, lo siento, pero surgió algo y tuve que irme antes. Por favor, cobra la recompensa por mí y nos vemos en el gremio. Gray"
¿Él se había ido sin siquiera cobrar por el trabajo que habían hecho? Juvia observó entonces la habitación, sus ropas estaban ordenadas sobre una silla, había sido Gray, seguramente. Se puso completamente roja al recordar todo lo que había pasado anoche. Ella también había bebido un poco y se había dejado llevar, pero había sido hermoso, había sido perfecto todo, desde la forma en que su amado la besaba hasta la manera en que la hizo suya. Nunca creyó que un mago de hielo pudiese ser tan apasionado.
—J-Juvia debería estar cobrando la recompensa para volver al gremio –se dijo a sí misma, cubriéndose el rostro que le ardía con ambas manos.
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Hoy…
Gray corría por las calles de la ciudad de Magnolia en busca de Juvia, sabía que la había cagado en el gremio cuando se comportó así, ¿pero que podía hacer? Había sido tomado por sorpresa, estaba nervioso y asustado. Después de haber hecho que Juvia se alejara de él y casi no haberla visto en todo un mes, que ella llegara diciendo que estaba embarazada lo había dejado sin ideas en el cerebro. Su corazón parecía que iba a salírsele por la boca, mientras procesaba aún la noticia.
—Maldita sea, ¿dónde te has metido? –se preguntaba.
Estaba lloviendo cada vez más fuerte, era obvio que se trataba del poder de la maga de agua. Las personas se refugiaban en sus casas, pero él sólo corría de un lado a otro, buscándola. No sabía qué iba a decirle cuando la encontrara, tan sólo quería verla por el momento, quizá abrazarla, hacer que dejara de estar triste.
Pasando cerca del río que cruzaba la ciudad, bajo el puente, finalmente Gray logró divisar el cabello azul de Juvia y su sombrero peculiar. Ella estaba sentada en posición fetal, llorando, parecía tan triste que él se sintió como un bastardo al saber que todo era su culpa.
—Juvia –la llamó, parándose a su lado. Ella no lo miró, sólo continuó llorando—. Juvia, por favor… –volvió a llamarla.
La chica alzó lentamente la cabeza, dejando que Gray viera sus ojos azules empapados en lágrimas y sus mejillas rojas de tanto llorar, aquello se sintió como una punzada en su pecho.
—D-deja de llorar –le dijo, pero en lugar de que eso arreglara algo, Juvia sólo lloró más fuerte. Dolía tanto verla así por su culpa, ¿pero qué demonios debía hacer para calmarla?
Maldición.
Continuara…
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¿Les gustó? En el próximo capítulo ya se acaba, lo siento TT espero que no se queden con gusto a poco, de todos modos, pronto les regalaré una historia aún más bonita en la que estoy poniendo todo mi amor.
Gracias por leer, I love U.
