Shingeki No Kyojin no me pertenece. Mis respetos a su respectivo creador.

-RivaMika-

SemiAU


Linaje Ackerman


3

—Las piernas van... No, así no.

—¿Así?

—No.

Mikasa comenzaba a impacientarse. Levi, inexpresivo como siempre, se llevó una mano a la frente y masculló unos cuántos improperios. Las cosas hubieran sido más sencillas sí ella no actuara tan renuente de hacer contacto físico con él. Miró por uno de los ventanales de la sala principal. Afuera caía una etérea llovizna.

—Maldita sea, esto no debería ser mi deber.—Por supuesto que no, la mejor persona para cumplir con esas lecciones era una mujer. Pero le habían explicado que la situación con esa joven soldado era delicada cómo para contratar a una institutriz. Resignado, el capitán tuvo que ceder a la molesta idea que se le había ocurrido.

Se sentó en el sofá frente a ella, con soltura y delicadeza y movimientos gráciles, hasta acomodar en un movimiento apenas perceptible sus piernas un poco ladeadas hacia la derecha, en una posición concisa.

Mikasa permaneció perpleja, arqueando ambas cejas cómo el primer atisbo de reacción humana proferida por ella en mucho tiempo. Luchó por contener la risa que quiso escaparse de ella, porque la imagen del contrario era lo más absurdo, extraño y gracioso que había visto.

—Que institutriz tan dedicada.—Exaltó en un comentario claramente burlesco.

—¡Tch!

De inmediato él volvió a sentarse cómo habitualmente hacía, con cierta obstinación en su ser.

—Cómo sea, ya viste cómo es, hazlo.

Mikasa sin nada que decir imitó los movimientos, hasta que tomó esa posición al sentarse, con las piernas ligeramente ladeadas.

—Perfecto. Ahora, cuando tomemos el té, espero verte sentada de esa forma.

Levi tomó la larga regla de madera que utilizaba para moldear la posición de la joven, como ya era costumbre por esos días debido a la completa negación que la azabache conservaba al contacto con él, cómo siempre mientras ella permanecía inerte con la grisácea mirada pérdida en algún punto inexacto. De reojo, el hombre se percataba de todo en ella. Mikasa jamás rechistaba, no conversaba con él, se mantenía siempre al margen de lo que la rodeaba. En el fondo, su comentario de burla para con él lo había sorprendido. No había escuchado muchas palabras de la boca de ella, pero era razonable, tampoco él compartía muchas palabras fuera del protocolo con ella. Apoyó la regla por todo el largo de la espalda femenina, en posición vertical y horizontal, comprobando que estuviera lo más derecha posible. Ella torcía mínimos segundos el gesto cuando apoyaba la regla en su mentón. Para él, era como estar moldeando a una muñeca, inamovible.

—¿Mañana podemos volver a entrenar?

—Como quieras.—Cortó él.

Mikasa se había hecho insistente con ese tema, desde aquella vez que la dominó con relativa facilidad días atrás. A Levi se le ocurrió que seguramente la muchachita no se daría por vencida hasta superarlo en el terreno y la idea se le hizo bastante incitante y un poco molesta.

La tarde pasó. Se vieron sólo en la hora del té, pues el capitán tenía mucho trabajo pendiente según le informó. Mikasa se sentó en un banquillo del jardín (ajena a que fue observada muchas veces esa tarde) a leer uno de los libros que había llamado su atención en la biblioteca; hablaba de aquella ancestral etnia de la que su madre fue parte antes de su muerte. El libro era polvoroso y por el color y olor de sus páginas bastante viejo. Habían unas cuántas imágenes de lugares y estructuras desconocidas y era raro. La joven nunca había visto tan bien retratados los paisajes, cómo si hubieran sido capturados y puestos dentro del libro. El mismo hablaba de un lugar muy lejano a las murallas y de muchas cosas y personas que para Mikasa eran absolutamente extrañas. Pero no tenía más allá de cincuenta páginas, sin embargo cuando Mikasa lo terminó ya era bien entrada la noche. Cuando una de las sirvientas la encontró le informó que el capitán había decidido cenar en su oficina personal, debido a la cantidad de papeles que debía revisar.

Cuando estuvo en cama su mente divagó y divagó imaginándose estar en uno de los tantos lugares hermosos e impresionantes que apreció del libro. Finalmente, concluyó que no podría quedarse dormida y fue escaleras abajo, a buscar un vaso de agua.

Su curiosidad la picó cuando de nuevo volvía al piso superior de la mansión y como noches anteriores la luz de la oficina de Levi permanecía encendida. Decidió, entonces, pasarse por el sitio al menos. Sí el capitán no descansaba bien, no estaría en todas sus luces para enseñarla al día siguiente, aunque verdaderamente a ella eso poco o nada le importaba.

Una de las puertas que encerraban el lugar se encontraba abierta, así que pensó que él no se encontraría allí. Por consiguiente la curiosidad de Mikasa ardió y la motivó a aventurarse a entrar en el sitio iluminado por la luz de la lámpara de aceite. Había papeles por doquier y se quedó de piedra cuándo encima del escritorio por entre los papeles una mata de cabellos negros relucía.

La azabache caminó hasta estar muy cerca. Encontró en el alfeizar de la ventana tras él una manta blanca. No negaba que interiormente esperaba no despertarlo, sólo hizo lo que su impulso pidió. Tomaría la manta y lo cubriría con ella y así cómo había entrado saldría. Dio unos cuántos pasos y entonces el perfil del capitán estuvo al alcance de sus orbes. Lucía sereno como nunca lo había visto, cómo quedaría alguien después de guerrear una dura batalla. El silencio del lugar dejaba inclusive oír su propia respiración en la instancia y tardaría ella en darse cuenta de su estado de aparente hipnosis cuando se hizo a un lado para evitarlo. Rogó que él mismo no haya sentido su aliento.

Finalmente, Mikasa tomó la manta y la arrojó en toda su extensión sobre él. Corrió un poco de la tela para tapar su brazo izquierdo con suavidad, cuando le tomó la muñeca estando desprevenida.

Y Levi abrió los ojos en el acto, acuchillándola con ellos, con hostilidad. Era la mirada de advertencia más cruda y sanguinaria con la que se había topado jamás, pero contrario a cualquier otra ocasión, Mikasa no se puso rígida en su sitio ni nada. Sí él hubiera querido matarla, lo habría hecho. El capitán lo comprendió cuando escrutó esa opacada mirada y el tiempo transcurrió cómo sí la batalla entre los dos fuera telepática o algo por el estilo. Ni ellos lograrían explicarlo; no sabían que buscaban en ese par de pozos, o que buscaban hacer mirándose.

Levi no quiso dejar de verla, ni quiso soltarla, hasta que ella hizo amago de soltarse del agarre. Los ojos del capitán se fueron apagando, al igual que la presión que ejercía en Mikasa y así ella se deslizó fuera y lejos de él con destino hacia su habitación, desconcertada.

El amanecer llegó pronto.

El capitán la esperaba esa mañana en el jardín y la soldado adivinó lo que eso significaba. Ni siquiera le dio un saludo de por medio, caminó decidida hacia su figura y empezó a atosigarlo con patadas y puños cómo sí la cólera la tuviera posesa, dificultándole la defensa cada vez más, hasta que la derribó. Pero no se esperó que ella se pusiera de pie para continuar el combate con más fiereza. Algo en su interior se encendió; la agresividad de ambos, los gritos urgidos, los golpes continuos. Después de un rato parecía una especie de golpes de coreografía, de coordinación, ambos sabían exactamente el movimiento que haría el otro. Levi atribuyó la fiereza de su oponente a lo ocurrido esa noche, pero ignoró ese hecho cuando Mikasa lo sorprendió peleando a un nivel desmedido, peligrando sus defensas.

Lo hizo caer al menos tres veces.

Pero contra todo pronóstico, nunca había tenido una lucha tan interesante. Tan llena de una emoción indescriptible.

Las horas se les escurrieron entre los dedos cómo arena. Y nunca lograron dictar a un ganador, porque una sirvienta aterrada por la violencia de su entrenamiento, los llamó para el desayuno. Se miraron una última vez. Esa fue la forma mutua que confabularon para pactar que no habían terminado.

En el almuerzo las únicas palabras que compartieron fueron para él avisarle que su próxima lección involucraría caminar con los tacones.

Para Mikasa, era simple seguir órdenes, lo más sencillo. Pero se sentía en un limbo, en un anhelo de respuestas por preguntas qué no era capaz de formular, ni siquiera en su propia mente. Tuvo deseos de caminar por el jardín a esas horas y tomar un poco de Sol. Sentía simpatía por las flores bien cuidadas de la mansión y luego de almorzar siempre iba a verlas.

Sintió los ojos acuosos cuando rozó sus dedos con los lirios más cercanos y se esforzó en parpadear múltiples veces, para evitar derramar cualquier gota. No hallaba palabras ni manera alguna de describir lo que la estaba oprimiendo, pero lo más cercano era decir que se sentía en un vaso de agua y que poco a poco se iba ahogando en él, desde hacía tiempo.

Era ajena a los hielos azulados que la contemplaban desde una ventana, dentro de la mansión, sin inmutarse.

Levi permaneció ahí admirándola desde el sitio, ignorando los papeles en sus manos y las tantas notas que se desperdigaban por su alrededor. Estaba estresado por su propio desorden y entre las punzadas a sus sienes, sintió un ligero alivio al observar el cielo ahora nublado, suspiró y se sumió en los colores de las flores del jardín. De nuevo, la encontró a ella ahí, otro día más. Entrecerró sus pequeños ojos rasgados. Se suponía que ella tenía que buscar los tacones de punta en lugar de estar en ese lugar.

—Seguirá lloviendo.—Mikasa levantó la vista para encontrarse a Levi caminando hacia ella—. Te enfermarás.

La azabache se hallaba de cuclillas en aquel momento y él adoptó la misma posición a su lado, observando las flores y viendo una que otra abeja o mariposa volar por ahí. El viento meneaba sus ropas y cabellos regularmente impetuoso. La soldado, como siempre sin mirarlo, centraba el gris de sus iris en una de las rosas medianas entre el montón. El capitán procedió a ponerse de pie y tomar la flor e instó a Mikasa a levantarse.

La muchacha tomó posición para ingresar de nuevo en la mansión cuando la mano de Levi asiéndola de la muñeca lo evitó. Lo miró, sin demostrar nada en su cara, pero el desconcierto era enorme. Y aumentó con creces cuando coló la flor en un lado de su cabello.

—Espero que escojas unos tacones a juego.

Y él fue adelante, sin decir nada más.

Se obligó a salir del aturdimiento que él le causó y se internó con prisa a la mansión. No tardó nada en sentarse como siempre, en el sofá contrario al que un ojeroso Levi ocupaba en la sala principal, con las zapatillas a la mano.

—¡Sir Ackerman, la capitán Han...!

—¡Yo, Rivaille!

En la sala irrumpió ese excéntrico personaje bien conocido por ambos Ackerman, tan enérgica y extrovertida como ella sola. Mikasa se levantó de inmediato, incrédula, de encontrar a su líder de escuadrón en el acto.

—¡Mikasa!—La mujer se abalanzó sobre la inerte soldado para abrazarla con la alegría con la que solía hacerlo, mientras la nombrada no lograba salir de la estupefacción. Empezaba a creer que no volvería a verla.

—Hanji-san...

—Hanji, ¿Qué haces aquí?

—¡Simple!—Encaró al hombre vestido de gabardina a un lado de ellas, sin soltar a la más joven.—Vengo a pedir la mano de Mikasa.

Él la miró con aburrimiento y ella con indiferencia, expresiones frívolas que no diferían mucho entre sí y la diligente se soltó a reír ella sola, con un escalofrío recorriendo su espina dorsal. Recibir esas miradas desdeñosas de ese par ya era suficientemente aterrador por separado, pero sin embargo la alocada capitán no se intimidaba por ello, estaba acostumbrada a ese hielo... más no a sentirlo en conjunto.

—Di de una vez qué coño haces aquí, cuatro ojos de mierda.

Hanji, tratando de aminorar el helado ambiente con su despreocupada actitud, se dirigió a Mikasa con una seriedad cubriendo sus intenciones burlescas.

—¿Y este tipo tan soez es el que te está enseñando a ser una señorita?—Acto seguido suspiró, tomando fuerzas y seriedad absoluta, soltando a la azabache.—Vale, Levi. No vine por una simple visita, debo admitirlo. Aunque quise visitar a Mikasa en muchas ocasiones, la actividad en la legión está bastante complicada... Y la baja temporal de Mikasa sólo ha hecho todo más difícil.

—Ackerman no está en una baja temporal.

—¡Levi, la necesitamos en el campo!

—Demonios, Hanji, esto no depende de mí.

Mikasa los observaba, absorta, asimilando todo con la perplejidad palpable, hasta que su límite fue alcanzado por las palabras de Levi.

—Mikasa Ackerman ya no es una soldado.

—¿Por qué?—Preguntó ella de inmediato. ¿Qué estaba pasando? ¿Qué motivos habían para alejarla de la guerra que se suscitaba allá afuera? ¿Por qué?—. Nadie me ha explicado nada desde que llegué a éste lugar.

—No hay nada qué explicar, perteneces a la nobleza Ackerman. Eso es todo. Ya no eres parte de la legión.—Puntualizó mirando a Hanji tras sus últimas palabras.

—¿Pero tú sí?—Saltó la involucrada en el asunto a la defensiva contra él, quién le respondió con un comentario cortante.

—Deberías agradecer tu posición, mocosa.

—Tienes que verla pelear, Levi, ¡Es tan impresionante, cómo tú!

—¿Te recuerdo qué es mi misión convertir a esta mujer en una dama, Hanji?

Los tres se quedaron en un silencio escrupuloso, pero para la soldado en cuestión todo era por demás increíble, cómo la prueba de que el letargo de ese extraño sueño al que fue sumida no era en lo absoluto un sueño.

—¡No soy ninguna dama!—Exclamó, llegando a su límite.—Crecí en una cabaña en el bosque ¿Y ahora me vienen con todo esto? ¿Qué demonios planean? ¡No soy parte de la nobleza, mi familia jamás lo fue!

—Anteojos, vamos afuera.—Fue todo lo que añadió el capitán yendo hacia la salida de la sala principal, no sin antes darle una última ojeada a la azabache—.Tú te quedas aquí.

La dejaron ahí, con más interrogantes que cualquier respuesta, anonadada en la nada misma. La capitán que sentía un gran aprecio por la que por largos meses fue su más valiosa subordinada, sintió dolor de tener que dejarla en esas circunstancias, sin poder darle respuesta de nada. Dos miembros de su escuadrón la esperaban afuera, con su caballo a cuestas. Ni ella ni Levi se miraron, hasta que no pudo aguantar más sus palabras.

—Tienes que hablar con ella.

No hubo respuesta.

—Merece respuestas.

—Hmp.

—Yo... volveré luego. Hay trabajo por hacer.

Sin más que decir, montó en su caballo partiendo lejos de la ostentosa mansión.

En el fondo a él no le sorprendió encontrar vacía la sala principal una vez regresó.

Mikasa no le habló por tres días.

Lo más complicado en comparación de todo lo sucedido hasta el momento, había sido que Mikasa aprendiera a caminar con los tacones, precisamente porque ni siquiera le dirigía la palabra. Había faltado a varias horas del té y el hecho de que parecía odiarlo no hizo fácil enseñarle a usar tacones...

—Mira, Ackerman.—Habló entre obstinado y en la misma expresión de siempre, pero ensombrecido.—La regla no te va a sostener sí te caes ¿Entiendes?

Pero cómo esperaba la terquedad y orgullo fueron mayores y sí él no lo hubiera previsto la chica se habría ido de bruces al suelo. Para su fortuna, los reflejos del capitán eran de primera y la sujetó de la cintura antes de cualquier incidente. Mikasa reaccionó con la rigidez de cuerpo y el procedió a dejarla de pie. Pero las sensaciones lo hicieron fruncir el ceño. Las manos del él temblaron y un cosquilleo lo azotó en la espina dorsal. Su cuerpo y el de Mikasa permanecieron colisionados por milésimas de segundos y la sensación nada usual se le quedó impresa. Se alejó de ella y ella de él, los dos cómo quién recibe un corrientazo. No hubo más contacto.

Ella sólo atinaba a negar o afirmar con la cabeza en sus encuentros. Aprendió a caminar con los tacones, a sentarse, a hablar, los protocolos al beber el té y dirigirse al resto de las damas. Pasaba la mayor parte del tiempo lo más lejos de él.

Llegaba a ser desesperante.

Tanto que decidió buscarla en su propia habitación más tarde, poco antes de la hora del té de la tarde, pero cuando le abrió la puerta sólo recibió dos dagas disfrazadas bajo esos ojos de acero y un "vete" que él apenas escuchó, porque algo más llamativo captó su atención en ese instante: una rosa de mediano tamaño ya marchita en un pequeño recipiente sobre una de las mesitas junto a la cama.

Y se retiró a esperarla para el té.

—Podemos saldar lo pendiente a primera hora.

Pero ella abandonó la sala cómo sí no lo hubiera escuchado. Estaba seguro que entendió a que se refería, por lo menos.

Pero cuando la esperó al aire libre en el lugar de siempre no hubo ni asomo de Mikasa. Levi, qué no era hombre de esperar, refunfuñó y se largó de la mansión con destino al cuartel.

En los días en que él estuvo ausente, uno de ellos coincidió con el día libre de los muchachos de la base. Sasha, Jean y Connie se presentaron en la mansión con alegría y bullicio, abrazándola. Mikasa permaneció cómo ya era habitual, pero por dentro nada le había hecho tan bien cómo encontrarse con sus ex compañeros.

—¡Increíble, tienes sirvientes y todo!—. Connie estaba sorprendido y hasta sentía envidia de que la chica tuviera tantas personas a su servicio.

—¡Esto es genial, Mikasa!—Jean agregó sin creerse el tamaño del sitio dónde ahora ella residía.

—¡KYAAAAAAAAA, esto es lo máximo! ¡Es maravilloso! ¡Es el paraíso!—Sasha se engullía bocados de carne, panes y todo lo que podía a su paso, de lo que las sirvientas traían en bandejas.—¡Mikasa!—Se arrodilló frente la susodicha, juntando las manos y pegando la frente en la mismas—. ¡Por favor, déjame vivir contigo!

—¡Ay, por favor Sasha! ¿Olvidas qué con quien vive ella?

El miedo se apoderó de los tres en expresiones de horror, recordando al capitán de la legión que los había recibido el día en que escoltaron a la ex soldado.

En otra parte, el causante del terror de los amigos de Mikasa trataba de centrarse en una de las tantas reuniones que saldaban el destino del país. Aburridas, tediosas, de muchas horas pero de bastante importancia. Sí, era relevante que él como nadie pusiera atención, siendo uno de los militares más valiosos en el campo y su propio destino estaba siendo decidido, y ahora le tocaba el turno de hablar al más joven e inexperto de los estrategas, un jovencito rubio con voz aguda, pero aparentemente Levi había abandonado su raciocinio y concentración en la mansión, en una muchacha con aparente carencia emocional, cómo él. Y más específicamente, en su mente seguía reviviendo el momento que sus manos la tocaron y sintió aquel chispazo alucinante. A menos que se tratara de alguna reacción ligada a la estática, no había lógica para eso ¿Cómo era posible sentir semejante cosa en cada centímetro de su columna?

La cháchara de los ahí presentes, sus pensamientos, el linaje, todo estaba logrando que la cabeza le bombeara insoportable. Siempre pensaría que todo lo ocurrido hasta ahora en su vida había sido una de las coincidencias más estrafalarias.

—¿Qué opinas de todo esto, Levi?—Erwin lo había interceptado al terminar la reunión de largas horas.

—Qué no hay certeza de que esa estrategia funcione.

—Es lo que tenemos y lo que se hará. Nadie sabe el resultado.—Puntualizó el comandante, altivo, poniendo todas sus probabilidades en juego con esa conocida frase. Pero regresó a la realidad y volvió a Levi que lucía más pensativo que él mismo.—Te he notado algo desconcentrado hoy, Levi ¿Pasa algo?

Él entreabrió a su boca para responder algo, pero no logró poner en orden las palabras que quiso decir, para evadir más preguntas. Erwin lo leía como un papel cuando quería. Y quizá eso fue un inconveniente por el rumbo que tomó la conversación.

—¿Qué tal van las cosas con Mikasa Ackerman?

Levi se lo pensó.

—Aprende rápido.

—Me lo imaginé, es una prodigio de soldado. Espero que Hanji logre traerla de vuelta a su escuadrón. Haría un aporte tremendo a la hora de actuar y realizar estrategias de ataque.—Erwin sonrió al decirlo y Levi lo miró con la indiferencia de siempre—. Quizás en el futuro logre tomar tu lugar.

Levi recordó la exhaustiva e improvisada lucha cuerpo a cuerpo de días atrás, y la emoción, reflejos y habilidad de Mikasa... el brillo en sus ojos, la fuerza de sus ataques...

—Es muy parecida a ti.

En la mansión los soldados de la legión reían y disfrutaban de la abundancia de alimentos de la que disponía la nobleza Ackerman, todos comentando lo afortunada que había sido la azabache por terminar ahí o de lo increíble que era ese lugar. Mikasa los oía, añadía cortos comentarios y bebía de un té negro tranquilamente. Al beber un sorbo, el sabor de todos los días y el color de la bebida la sumió en el recuerdo de la figura recia del capitán, su desdén, su altivez y su firme decisión de no informarle nada de lo que estaba sucediendo.

Apretó fuerte la taza e hizo a un lado esos pensamientos.

Sasha y Connie se peleaban por el último trozo de pan de la bandeja de plata y Jean se reía de la situación alegando que eran un par de idiotas, cuando las pisadas de unas botas se hicieron audibles en la estancia.

Los tres soldados se congelaron en sus sitios, sin saber qué hacer.

—Necesito hablar con usted, Ackerman.

Ignorándolos olímpicamente, el par de iris azulados buscaron decisivos a los grises. Sasha, Jean y Connie se levantaron nerviosos a realizar su saludo protocolar con la mano empuñada al pecho y se retiraron despidiéndose mullidamente de la joven azabache.

—Los asustas.—Recalcó Mikasa dándole un sorbo a su té, con cara de aburrimiento cotidiana.

Levi cerró los ojos y se meditó sus acciones, pero desde hacía semanas debería haber tomado la decisión de hacerlo. Volvió a abrir sus pequeños ojos que para la mujer frente a él desprendieron un azul aún más intenso y la recorrió un escalofrío. El tacto de Levi le ardió, la dejó vulnerable, cuando él sólo la tomó del brazo y la llevó afuera, a dónde solían entrenar. Él se tumbó y a ella con él; cayeron en la grama y el manto oscuro de la noche lucía eternos luceros y estrellas brillantes por todo lo largo y ancho.

La vista espléndida los dejó atónitos, cómo hipnotizados a cada uno por su lado. Pero Levi regresó a sí mismo y vio a la chica tumbada, cómo sí ahora ella fuera quien lo hipnotizara. Recordó vagamente esos comentarios del chismorreo de la legión y a la vez que admiraba a Mikasa reconoció que debía decir lo que se le pasaba por la mente.

—También escuché de ti.

Mikasa lo encaró, curiosa, creyendo no haber escuchado bien cuando él se atrevió a tutearla.

—De una mujer de acero que era capaz de liquidar marleyanos con solo mirarlos.

Levi no pudo verle más el rostro, ya que ella volvió a observar las estrellas.

—No creí que tuviera tanto en común con ella. Aunque qué lástima, no puedo liquidar marleyanos con sólo mirarlos.

Mikasa escondió tras su bufanda la sonrisa que ese comentario burlón le logró extraer.

—Yo no crecí en esta mansión, Mikasa. Ni fui el primer "Ackerman" en recobrarla.—Ella lo escuchó atentamente y en silencio, especialmente porque cada palabra fue pronunciada con lo que identificó cómo cansancio y desgano.—El primer Ackerman en muchos años en volver a restaurar ésta mierda fue Kenny Ackerman. Mi tío.—Levi se tomó unos instantes para seguir, estirando las manos. Decir ese nombre y apellido juntos no le daba nada de gusto.—Por alguna razón los Ackerman eran perseguidos y no fue hasta que Kenny entabló una amistad con un integrante de la familia real que las persecuciones cesaron. Kenny tuvo en su poder las posesiones que alguna vez le pertenecieron a todos los Ackerman, pero muchas otras quedaron bajo propiedad del estado. La mansión y el armamento era lo que más le interesaba.

»Ningún Ackerman de las últimas diez generaciones hemos gozado de las riquezas que por derecho nos pertenecen. Incluso me atrevo a decir que no hemos tenido una vida digna o siquiera una vida, porque por años éste apellido sólo ha sido la ponzoña de la desgracia y maledicencia. Éramos perseguidos y obligados a huir cómo ratas, cómo escoria para no terminar colgados, en la hoguera, fusilados, despedazados en una fosa cualquiera y todo por rebelarse contra un maldito gobierno corrupto.

»Huir, cambiarse el nombre, terminar en lo bajo de la sociedad o confinados a un sitio remoto dónde las autoridades no pudieran encontrarnos era lo mejor que podíamos hacer, porque a los ojos del mundo éramos lo peor de la escoria, cuando por años fuimos las defensas de élite de esta nación junto a los orientales. Por generaciones defendimos ésto, sin necesidad de confinarnos en las malditas murallas que nos rodean bajo una guerra que parece no tener fin. Nos borraron del mapa, la misma gente que juramos proteger.

»Y por todo esto mi madre me tuvo que criar en la ciudad subterránea, en un cuarto con suerte iluminado por alguna miserable vela, escondido mientras ella debía atender a esos cerdos pervertidos qué no hacían más que decir y hacer porquería. Y con el tiempo se fue haciendo débil, muy débil, su aspecto cambió totalmente y tuve el presentimiento de que tarde o temprano ella no iba a responderme más y así fue.

»El tiempo no parece existir allá abajo, sólo tenía certeza de que cada día que pasaba tenía más frío y el hambre me hacía agonizar. A veces tenía esperanzas de que mi madre se movería y me sacaría de allí, pero finalmente acepté que estaba muerta. No sé cuántos días pasaron cuando Kenny me sacó de ahí... me alimentó... me enseñó un poco de cómo funcionaba la vida y a defenderme en el día a día, al menos para buscar algo que comer y se supone que lo tenía a él como compañero. La mente de un mocoso cree muchas cosas que hoy me doy cuenta que son estúpidas.

»Un día simplemente di con Erwin y con la legión en una persecución. No me creí qué estaba allá abajo para reclutarme, diciendo que tendría una especie de "inmunidad" y pasaron bastantes cosas; de alguna manera terminé encontrando una vida. Era ágil y tenía habilidad con las armas y me necesitaban. Desde que entré en la legión no tardaron en catalogarme cómo el soldado más fuerte de todos y yo no entendía porqué... el porqué yo tenía esa fuerza, el porqué yo sobrevivía mientras todos morían allá afuera, hasta que Kenny volvió a aparecer y me mandó a llamar a ésta mansión. Era el maldito dueño y me contó todo. Ni siquiera sabía que era el hermano de mi madre y mucho menos cuál era mi apellido y su historia hasta ese día. Ahí entendí porque Erwin me había hablado de la inmunidad al reclutarme.

»Maldije muchísimas cosas y no quise saber nada. No volví a saber de Kenny hasta qué murió, fui llamado a la corte:y cómo legítimo heredero del clan Ackerman era el dueño de todas las pertenencias qué quedaron de ese legado. Yo no quería nada, no quería aceptarlas, de no ser porque Erwin me hizo cambiar de parecer y pensar todo con cabeza fría. Me uní a toda esa mierda de la nobleza y acepté todo, pero no por gusto.

No existían palabras para describir cómo se sintió la ex soldado tras oír toda esa historia del capitán, pero ahora entendía muy bien porque jamás había sabido nada de todo el asunto de la nobleza, de porque sus padres ni siquiera fueron considerados para formar parte de ella. Levi permanecía quieto sobre la hierba perdido en las incontables estrellas, indiferente cómo de costumbre, pero con una melancolía invaluable qué también sintió Mikasa cómo la suya propia.

Por primera vez lo vio a él como un ser humano, capaz de sentir, capaz de transmitirle algún sentimiento qué sólo ella tuvo la oportunidad de percibir. No tenía nombre con el cual llamarlo, pero sentía, sentía muchísimo en ese momento y el latir de su propio corazón fue el marca pasos más consistente y crucial de todos e hizo lo que el impulso de cada célula de su cuerpo le exigió.

La sorpresa se apoderó del azabache cuando el cuerpo de Mikasa estuvo sobre el suyo y al mirarla el mundo a su alrededor fue reducido a la nada. Ella tenía las níveas mejillas cubiertas por un manto rojizo, los ojos muy abiertos e inundados en lágrimas que jamás se derramaron, con un brillo qué fue lo que más llamó la atención de Levi. Un brillo que sin saberlo él mismo tenía y ella también contemplaba.

Y así, sus sentimientos se entremezclaron con la brisa nocturna del uno al otro y Mikasa supo con cada parte de su ser cómo ese hombre sufría y no tenía fuerzas para soportarlo; ella tuvo la necesidad de posicionar su cabeza en el pecho de su superior, buscando oír cada latido del corazón que allí dentro se encontraba, dándole el calor de su cuerpo y recibiendo el del masculino.

Ahí estaba otra vez.

Ese extraño chispazo.

La corriente contagiosa qué ambos sintieron a la misma vez, pero en ésta ocasión no hicieron nada para evitarla, ni siquiera cuando se intensificó al momento en que Levi movió sus brazos que hasta entonces habían estado inactivos a los lados de su cuerpo, para acariciar con sus manos las hebras lacias y sedosas de la mujer que tenía encima. Mikasa había cerrado los ojos y una sonrisa sin querer se formó en sus labios, porque había conseguido sentir la calidez del corazón de él y no necesitaba nada más.

Una sensación lo atrajo de nuevo de las estrellas y de la textura del cabello entre sus dedos; aparecieron un par de gotas que se deslizaban lentamente surcando de los bordes de sus ojos hasta descender por los costados de su rostro. Ella no había llorado, pero él sí, o eso creyó porque la única gota que ella derramó fue absorbida por la tela de la camisa que cubría el pecho del capitán.

Lloró, lloró tanto de dolor, lloró como en muchísimo tiempo no hacía; pero también se rió, de tristeza y de felicidad de no saberse sólo en su dolor. Y esa risa entre dulce y amarga fue el último ruido que Mikasa escuchó antes de dormirse sumida en la calidez que la absorbió.

Son tan parecidos.

Por un momento no reconoció las paredes, la cama, el suelo ni ninguno de los objetos que la rodeaba. La habitación volvía a ser desconocida para ella cómo la primera vez que la llevaron ahí; la sensación de que algo le faltaba estaba palpable, pero no sabía con seguridad de qué se trataba. Retiró de su rostro los dejes del sueño, para recordar con lucidez los hechos, iluminada por la claridad del sol que no penetraba totalmente la habitación gracias a las cortinas. De repente, todo vino a ella, cómo un torrente incesante azotando su cabeza, cómo un torbellino sin desenfreno. Se llevó una mano al rostro y cerró ambos párpados. Las cosas seguían siendo confusas y repentinas para ella, lo segundo ahora más que nunca, pero haber obtenido respuestas le dio una paz tremenda.

Al abrir una vez más los ojos, sus pupilas lucieron anonadadas, encontrando lo más ilusorio.

Recordaba haber puesto la flor qué Levi le había puesto en el cabello en agua e inevitablemente el tiempo había consumido su vida más pronto de lo que hubiera querido, entonces ¿Por qué había una flor en el mismo recipiente? Mikasa no terminó de creerse que la persona que cruzó su mente en ese instante habría puesto esa rosa, ahora intensamente escarlata y más grande que la anterior en ese lugar.

La calidez de la noche anterior volvió a ella por un efímero instante.

Cuando ya estuvo bañada y vestida, cómo todas las mañanas fue al comedor. Se extrañó, porque tenía entendido que todos sus desayunos debía de compartirlos con él y la dubitativa quedó flotando en su mirada puesta en la silla del comedor dónde el capitán siempre se sentaba en su superfluo silencio.

Cómo adivinando el rumbo de sus dudas, la sirvienta que le trajo el desayuno le aprontó respuesta sin formulación de palabras.

—Sir Ackerman partió a la base en la madrugada.

Reconoció más velozmente de lo esperado la decepción que le produjo saber aquello. Extraño, porque la indiferencia era lo único que le producía ese tipo tan frívolo. O había pensado que era la frivolidad en vida hasta esa noche bajo las estrellas dónde recibió más razones de las que pidió y entendió muchos detalles.

Sentada bajo uno de los árboles dentro de los terrenos de la mansión Ackerman y apoyando la espalda en la base del tronco, siguió con las orbes el camino hasta el establo, dónde el caballo negro de su tutor no se encontraba. Apretó un poco sus manos. No le costaba deducir que no le vería por días o quizá semanas y en el acto también la exasperó sentirse afligida por la evidencia del hecho. Se perdió en la esponjosidad de los enormes algodones que flotaban en aquel cielo, recordando cada sentimiento sin etiquetas que la embargó. Lo revivió casi a flor de piel y la piel se le erizó en el acto.

Tuvo que abrazarse a sí misma suspirando con los párpados entreabiertos, porque lo reconoció... en su pecho, había estado a gusto cómo nunca.

Obligándose a ser la mujer que era, decidió sumergirse en cuerpo y mente a un intenso entrenamiento, aún cuando llegó el frío de la tarde a pavonearse en la capital eldiana. Las sirvientas le sugirieron entrar para que no pescara un resfriado pero siendo ella hizo caso omiso a las peticiones.

Ingresó en la mansión cuando los rayos del astro luminoso dieron su último vestigio por ese día. Tomaría uno de sus largos baños invocadores de meditaciones banales y dormiría, no quería seguir dándole vueltas a nada más.

Hizo a un lado las frazadas de la cama para acostarse y no darle más vueltas a nada esperanzándose con el reino de los sueños como un engaño hacia ella misma, sólo para ser interrumpida por los firmes toques en la madera de la puerta.

—No voy a cenar esta noche. No insistan.

—¿Por qué no? ¿Harás una huelga de hambre?

Sintió su boca secarse al oír la voz más grave de lo esperado de la "sirvienta" al otro lado y se refregó los ojos cómo sí hubieran sido éstos los que hubieran escuchado en lugar de sus oídos. Dio un brinco y fue apresurada a abrirle, para encarar ese semblante soberbio y desdeñoso de su capitán.

El corazón le latió fuertemente cuando no se encontró con su nula expresividad siempre activa, sí no otro rostro, uno que dudó que fuera del Levi qué ella había conocido hasta ahora dentro de ese enorme sitio. Se encontró con el contorno de los labios finos del hombre curvados en el amago de una clara sonrisa. No mostraba sus dientes, pero le estaba sonriendo, en verdad lo estaba haciendo.

—¿Qué pasa? No es cómo sí estuvieras viendo un fantasma.—Odió su propia cara cualquiera que tuviera ella en ese momento, porque tras decirle eso no volvió a apreciar ese signo emotivo, sí no de nuevo al capitán inexpresivo de siempre.—Oye, creí que querrías ir a dar vuelta, pero sí vas a dormir.

—¡No!—Exclamó espabilándose.—Iré... iré contigo.

—Te espero abajo.—Se dio media vuelta con un aire misterioso circundando su figura—. Y lleva un abrigo, Mikasa. Afuera hace frío.

Tomó el primer vestido, abrigo y zapatillas que estuvieron a su alcance y le dio tres cepilladas a su negruzca cabellera a la mayor velocidad posible, partiendo el mango del cepillo de rodete en el proceso, pero poco le importó. El anhelo por salir era mayor. Necesitaba hablar con él o al menos respirar su mismo aire por un rato y no creer que estaba soñando. Entre el apuro estuvo apunto de dejar olvidada la bufanda escarlata que siempre llevaba en su cuello y la tomó pronto estuvo en su rango de visión.

Levi la esperaba en la entrada principal de la mansión, a los pies de las escaleras, con una sorpresa qué la dejó perpleja.

En la carretera de ida y vuelta hacia la mansión no sólo se encontraba el caballo negro qué era la sombra del capitán, sí no también otro caballo de pelaje café característico del ejército, pero no era cualquier caballo, sí no el caballo que ella montaba en sus días de soldado. Reconocería los nobles ojos del pura sangre en cualquier lado.

—¿Cómo...?

—Tengo mis contactos con un capitán de la legión.

Por supuesto, no era tan sorpresivo después de todo. En ocasiones olvidaba que él se trataba del capitán Levi, del hombre más fuerte de la humanidad y una de la entidades militares más importantes en la legión del emblema de las alas de la libertad. En un parpadeo de él ya ella estaba subida en el animal tomando las riendas. Esperó a que él subiera a su caballo y al hacerlo ya estando a su altura encontró una sonrisa a duras penas perceptible que le dirigía su pupila.

—¿A dónde vamos?

—Sígueme.

Con un sondeo de las cuerdas ambos salieron despedidos en sus caballos lejos de los terrenos Ackerman, el sereno nocturno azotando sus cuerpos y envolviéndolos las penumbras de la noche que se sumaba a Mitras. El carácter siempre altivo de los dos pronto hizo que se llevara a cabo sin intención una competencia por quién llevaba la delantera en el rumbo y el trote. Mikasa no tardó en darse de cuenta de qué Levi no había destinado una ruta, sí no que estaba actuando improvisado.

El camino comenzó a verse ausente de casas y edificaciones, el único ruido era el de viento, los cascos y el relinche de los caballos que se disputaban la delantera. A Mikasa le estaba sentando de maravilla la experiencia, Levi pudo darse cuenta. Hacía más de un mes desde que estaba encerrada entre las paredes de la mansión y el único aire libre que respiraba era el que le ofrecía el jardín trasero. Pocas veces había caminado por la capital de las murallas, así que ese arrebato de libertad fue lo mejor que pudieron darle y Levi se regocijó con ver la felicidad en el semblante de su pupila.

Pronto las nubes aglomeradas dieron paso a una luna brillante que iluminó el camino que ambos transitaban. Todo se volvió pasto y pronto hubieron arboles rodeándolos. Se guiaron por mero instinto, ya al fin abandonando esa carrera sin tregua; cruzando una arboleda, finalmente alcanzaron una pequeña colina dónde pararon el trote para descanso de los caballos. Desde la cima, la luna en su cuarto menguante lucía radiante y los bañaba bajo su luz.

Levi y Mikasa la miraron embelesados, con rostros serenos e impasibles. Permanecieron segundos infinitos. La ex soldado se permitió sentir la brisa y todo el esplendor de la luna sobre ella y a pocos metros de ella, los azulados ojos de Levi la miraron de soslayo, admirando su silueta bajo la luminiscencia.

—Gracias.

—¿Hmp?

—Por haberme contado tu historia. Y por sacarme de ese encierro.

Escrutando cada palabra, el capitán permaneció en silencio, meditándose.

—Imaginé que pensabas que crecí cómo un niño bonito en esa mansión.

Ella rió muy suavemente tras escucharlo. Dio justo en el clavo. Duraron en silencio, escuchando el ruido de los animalillos nocturnos, pensándose cada uno si decir algo o no. Levi no era de pensarse mucho las palabras porque tampoco era de decir muchas, así que optó por perpetuar el silencio. Mikasa sin embargó no pensó lo mismo, para ella era su turno de hablar.

—Mis padres fueron asesinados por criminales cuando era niña.

Silencio...

—Vivíamos en una cabaña internada en un bosque cerca del distrito de Shiganshina. Papá sólo abrió la puerta pensando que era el doctor Jaeger y lo apuñalaron, mamá se lanzó a los captores con unas tijeras tratando de salvarme pero la mataron con un hacha.—Ella se quedó en su estipticidad contemplando aquél satélite natural, con expresión indescifrable.—Jamás había sentido tanta oscuridad cómo la que llegó a mi vida esa noche. Los hombres estaban decidiendo que hacer conmigo... Querían a mi madre por ser puramente asiática y por mi padre yo no lo era, así que no les servía de mucho...

A Mikasa se le fue a apagando la voz de poco a poco, hasta que fue un murmullo tenue. Respiró hondo y dirigió sus orbes a la nada oscura antes de seguir.

»Jamás había conocido una oscuridad tan horrible cómo la de ese día... creí que no volvería a vivir, ni a ver la luz del Sol jamás... Y cuando me estaba resignando a mi miserable destino un niño me salvó, mató a aquellos tipos y me liberó. Y en el instante en que ese niño, el hijo del doctor Jaeger me puso ésta bufanda, supe que tenía otra oportunidad que la vida me había regalado.

»El doctor me llevó a su hogar, él y su familia me recibieron con los brazos abiertos. Pude ser feliz por muchos años creciendo en ese lugar, con el hijo del doctor y otro niño llamado Armin teniendo las aventuras típicas de niños. Aunque yo siempre era la que los salvaba de los aprietos en qué se metían... no me importaba. Tenía un lugar, sentía que era capaz de todo sí tenía a esos dos niños a mi lado.

»Cuando crecimos, el niño que me salvó se unió al ejército contra los deseos de sus padres y Armin y yo lo seguimos ciegamente. Nos unimos a la legión, porque él así lo quiso y juramos ser inseparables, pero el destino no lo había querido así. La mayoría del resto de nuestros amigos cayeron en batalla, hubieron infiltrados marleyanos en nuestra tropa. Armin fue dado de baja luego de casi morir con múltiples enfrentamientos con flancos enemigos contra Marley y... poco a poco nuestra amistad se fue deteriorando.

»El doctor Jaeger resultó ser un ciudadano de Marley y no me enteré hasta el día que su esposa, la mujer que con tanta devoción nos cuidó fue asesinada por traición. El doctor desapareció y el chico que me salvó jamás volvió a ser el mismo, jamás se lo perdonó a su padre. Se volvió hostil y poco a poco se alejó de Armin y de mí... Hice todo lo posible porque se quedara a mi lado, para siempre ¡Porque de lo único qué tenía seguridad era de yo quería estar a su lado! Pero él no lo quiso así y se esfumó.

»No volví a saber de él, fue el más duro golpe que me habían dado en años. Tampoco volví a saber de la vida de Armin y sólo me dediqué al ejército, porque para eso era buena. Ahí me necesitaban, ahí no me iban a abandonar... o eso creí hasta ahora. Manejar armas y asesinar personas del bando enemigo era el único objetivo fijo en mi vida de soldado y literalmente entregué lo que quedaba de mí en ello, pero tal parece la que crueldad de este mundo despiadado sólo tiene planes de dar y arrebatar lo que da.

Su mano rodeada por la del capitán fue lo que recibió una vez terminó de relatarle su historia. Nuevamente estuvo segura de qué la sensación era lo más reconfortante y esta vez la corriente de sentimientos arrebatados que ese tacto desataba en ella era todo lo que necesitaba para sentir que en ese preciso momento, vivía. Y sobre todo, qué no estaba sola.

Todo pasó sin darse cuenta ninguno de los dos exactamente de cómo sucedió, tal y cómo un estallido.

Estallido...

Eso sintieron el capitán y la ex soldado cuando actuaron por sí solos y los irises azulados y grisáceos hicieron un contacto que los congeló en tiempo y espacio, cómo un efímero suspiro. Fue un roce casto, para sentir la textura de los labios y el permiso del otro, pero cómo ya que con ello sólo aumentaron el aluvión de las ansias, terminaron fundiéndose en un beso lleno de un deseo irrefrenable.

Una, y otra vez, lentamente, suave, rápido, con fiereza. Sus bocas buscaban sentir cada centímetro, conocer ese sabor en los labios del contrario, cómo quién encuentra agua en mitad del desierto.

Al carajo.

Ambos soltaron las riendas de sus caballos; Levi levantó el rostro para acceder a la cavidad de la azabache sin desenfreno, tenía que saciarse de ella y de todas esas sensaciones deliberadas que estaba causando estragos en su cuerpo, Mikasa no estaba mucho mejor: inclinando un poco su cabeza, se dejó hacer. Él mordió su labio inferior arrancándole un ahogado jadeo, tomó el rostro con ambas manos y se aseguró de recorrer con su lengua dentro de su boca, batallando en un vaivén desmedido contra la lengua de ella misma, en movimientos que ya resultaban tortuosos para ella.

Despertó en ella terminaciones nerviosas qué no sabía que poseía y se movían por puro instinto y necesidad. Las mejillas de ella se encandilaron, sintió un cosquilleo en su vientre y se le enchinó poco a poco la piel cuando los dedos del capitán acariciaron su cintura. Otro sonido quedo emanó de su garganta y otro más agudo cuando el azabache la tumbó sobre la hierba de aquella colina, cuando los besos tomaron otro rumbo: se deslizó por su mentón, apoyó la cadera de él contra la de ella, y comenzó a morder en un recorrido conciso en cada parte de la piel de su cuello de nieve. Plantó besos, lamió la extensión de ese perfecto cuello y él profirió un gruñido cuando Mikasa se dedicó a apresar entre sus dientes el borde de uno de sus oídos. Terminó jugueteando con la punta de su lengua en esa zona que resultó despertar todos los sentidos del capitán.

Ya tendrían tiempo para recapacitar, ahora, sólo necesitaban jactarse un cuerpo del otro, una alma de la otra...

Hasta que los alertó un ruido.


Bueno, termino con mi espalda jodida pero por fin llego a lo que tanto ansiaba: el verdadero comienzo entre estos dos.

Sí, creo que queda algo claro que Levi y Mikasa al conocerse, se dieron cuenta de que eran parte de lo mismo y quizás sea eso lo que despierta ese chispazo... o no, qué se yo (bah, claro que lo sé yo)

Los OST de Breaking Bad, Stranger Things, Your Name y por supuesto de Shingeki No Kyojin, algunas canciones de Micro tdh y de Trap Nation fueron mi querida inspiración en ésto.

'So ist es immer' es la protagonista del momento en que Mikasa escucha el corazón de Levi. Para mí, fue la canción perfecta para escribir esa escena por de más.

Y bueno, ya estamos llegando al momento cumbre. No sé sí sea bueno o malo pero, éste fic se alargó, por lo que quedan al menos un par de capítulos más.

¡Gracias por llegar hasta aquí, por seguir este fic y por comentar! Creo que los fanfics son un pedacito del espíritu de un/a escritor/a y que llegue a las demás personas que comparten ésta afición me hace inmensamente feliz, mil gracias, saber que personas tan increíbles en el arte de escribir están al pendiente de ésto me hace pegar brincos de alegría XDDDD.

Se despide

MioSiriban.