¡Hola a todas/os! Aquí os traigo otro capítulo. Sé que he tardado un poco en actualizar, pero esta semana estaba hasta arriba de trabajo. Espero que podáis perdonarme. Antes de que empecéis a leer, quiero aclarar que me refiero al fútbol que se juega en Europa y Latinoamérica, no en Estados Unidos (lo que allí llaman soccer).

Ahora, os dejo que disfrutéis del capítulo.

Descargo la responsabilidad: no soy dueña de nada. Tan solo de mi imaginación, que es la que ha creado esta historia.

TARDES DE FÚTBOL

James pateó el balón con fuerza y fue directo hacia la cara de Bruce, que estaba de portero. Se agachó rápidamente antes de que le golpease.

"¡Tío!", gritó Bruce, indignado. Bruce era uno de los mejores amigos de James. De mediana altura, pelo castaño claro y ojos oscuros, con gafas. Solía vestir siempre con polo, vaqueros y zapatillas. Le encantaba todo lo que tenía que ver con la fantasía y los mundos medievales de ficción. Un friki en toda regla.

Chuck, su otro mejor amigo, se reía a su lado. Chuck era un poco más alto que Bruce. Moreno y de ojos verdes. Un skater clásico. Siempre iba con su preciado monopatín a todas partes, aunque no lo usara. Lo que más le gustaba a James de él es que era un crack de la tecnología.

Era miércoles por la tarde y, como todas las semanas, se habían quedado después de clase a jugar un rato al fútbol. Los padres de James eran muy estrictos con sus salidas, pero había conseguido convencerles. Al menos podía pasar un par de horas más con sus amigos todas las semanas.

"Me llegas a dar en la cara, y me rompes la nariz", se quejó Bruce.

"Lo siento, tío", se disculpó James, "a veces me cuesta controlar mi fuerza".

Chuck se rió. "Imagínate que te hubiera dado", dijo, "no todos los días puedes decir que un 'super soldado' te ha roto la nariz de un balonazo".

James puso los ojos en blanco. "Para empezar, no soy un 'super soldado'", dijo. Cogió el balón que Bruce le había lanzado, y se lo pasó a Chuck. "Eso se lo dejo a mi padre".

Hacía un par de años que les había contado que sus padres eran dos de los superhéroes más famosos del mundo, y su respuesta fue digna de ver. Y ahora, cada vez que tenían oportunidad, lo nombraban. A veces temía que se les escapara en un lugar público donde alguien pudiera escucharlo.

Chuck cogió el balón y lo lanzó hacia la portería, donde Bruce lo paró con facilidad. James se sentó en uno de los bancos, cogió su botella de agua y bebió. Estaban en el parque que había al lado del Instituto. Eran casi las cinco de la tarde, y no había nadie allí. Sólo un hombre sacando a su perro, y apenas les prestó atención porque llevaba el móvil en la mano.

Chuck y Bruce se intercambiaron los puestos, y James se volvió a unir a ellos. Le quitó el balón a Bruce con facilidad, y chutó a la portería, marcando gol.

"Se te dan bien los deportes", dijo Chuck, cogiendo el balón, "¿por qué no te apuntas a alguno en el Instituto?", preguntó.

"Porque no sería justo", respondió James. Chuck le lanzó el balón y él lo paró con el pie. Se lo pasó a Bruce y éste lanzó a portería. "Tengo mayores cualidades que el resto gracias al suero, y sería como hacer trampas".

"Pues a mí me encantaría verte patearle el culo a Flanagan", dijo Bruce. Tommy Flanagan era el típico matón de instituto: grande y con cara de neandertal. Era el Quarterback del equipo de fútbol, salía con la jefa de las animadoras y le encantaba meterse con aquellos que no eran como él, es decir, con casi todos en el Instituto. Además, tenía predilección por hacerle la vida imposible a ellos tres, y ya estaban hartos.

"Ya...", dijo James, "a mí también me gustaría, pero si mis padres se enteran, me matan".

"¿Pensaba que tu padre no aguantaba a los matones?", preguntó Chuck.

"Y no los aguanta", respondió James. Volvió a patear el balón, pero no entró en la portería. "Pero quiere mantenerme 'a salvo'", dijo, "y si destaco demasiado en algún deporte, la gente puede sospechar".

"Pues si mi hijo sufriera abusos, yo le incitaría a defenderse", dijo Bruce.

"Ya", dijo Chuck, "pero con eso estás incitando a la violencia".

Bruce rodó los ojos y James se rió. "Chuck tiene razón", dijo James, "las cosas hay que intentar solucionarlas hablando". Bruce lo miró. "Eso es lo que dice siempre mi padre", dijo, encogiéndose de hombros.

"¡Pero si tu padre se dedica a darse de puñetazos con los malos!", dijo, indignado, Bruce.

James se rió. "Tienes razón", dijo.

Volvieron a cambiarse de posición, esta vez James de portero. Cuando se cansaron, se sentaron en el banco a reponer fuerzas. James miró hacia el otro lado del parque, y vio allí parado un coche negro que conocía muy bien. El inconfundible Happy se apeó y rodeó el coche. Caminó hacia los tres chicos, y cuando llegó, dijo, "buenas tardes".

Chuck y Bruce le saludaron con un "hola", y James con la cabeza.

"Ya son las cinco y cuarto", dijo Happy. "Si no llegamos antes de las seis a la base, me meto en problemas".

James resopló y dijo, "venga, déjame hasta y media". Le puso ojos de cachorro, pero Happy no era tan fácil de convencer y negó con la cabeza.

"Tus padres son muy estrictos, ya lo sabes", dijo, seriamente.

James se levantó. "Sí, ya lo sé", dijo, con tono enfadado. Cogió sus cosas y dijo, en tono burlón, "la próxima vez, podrías venir acompañado de May".

Happy, extrañado, preguntó, "¿por qué?"

"Porque con ella eres más blandito y más fácil de convencer", respondió James, con una sonrisa pícara.

Happy le dio una colleja. James no se lo esperaba y dijo, "¡au!", mientras se frotaba la nuca y Chuck y Bruce se reían.

"Hasta mañana", dijo James, despidiéndose de sus amigos. Happy les hizo un gesto con la mano.

"Hasta mañana, tío", dijo Bruce.

"Sí, hasta mañana", dijo Chuck, "y pórtate bien con el pobre Happy", añadió, con tono burlón.

Cuando llegaron al coche, James se montó en la parte trasera y Happy en el asiento del conductor. Condujo hasta la base, donde llegaron a las seis menos cuarto pasadas. Happy lo acompañó hasta el salón, donde estaban sus padres y su 'tía' Wanda. Les saludó con un "hola" y subió a ducharse. Cuando terminó, volvió a bajar y su padre le dijo que la cena estaría a las siete.

Salió al jardín, cogió una pelota de fútbol y la lanzó contra una de las paredes una y otra vez, mientras pensaba en lo mucho que le gustaría formar parte de uno de los equipos del Instituto.

¡Otro capítulo! Quiero agradecer mucho los comentarios que he recibido. No estaba muy segura de si este Fic tendría éxito o no jeje. Sé que el capítulo es un poco 'soso', pero os prometo que tengo otros más intensos e interesantes. Comentad si os ha gustado o no, y prometo que pronto subiré otro. ¡Un beso!