Disclaimer: El Anime/Manga de InuYasha y sus personas no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi y yo solo los tomaré prestados para crear historias con el fin de entretener y no de lucrar con ellos.


El capítulo uno fue editado, por alguna extraña razón, al subirlo varias palabras se cambiaron por otras y yo como tonta no lo revise :"v pero ya está resuelto por si gustan leerlo nuevamente XD


Vengeance.

Capítulo 2: Los hijos del Perro Blanco.

Jinenji Harada, el médico de cabecera de Totosai y una de sus asistentes, llegaron solo quince minutos después de que Koga y Miroku llevarán a Sesshomaru a la pequeña zona de descanso que tenían en la cafetería.

En cuanto llegaron, Totosai les dio un breve resumen de la situación antes de entrar a la habitación seguidos por Koga y Miroku muy de cerca, a lo que Jinenji, decidió revisar primero al menor, no solo por ser un niño sino porque no mostraba signos de haber sido herido físicamente, al menos, pero el extraño y profundo sueño en el que se encontraba era ciertamente desconcertante, lo cual podía deberse a algún tipo de droga o compuesto químico, como cloroformo por ejemplo.

Reviso su pulso y era normal, noventa pulsaciones por minuto, aunque no sabia que edad tenía exactamente, le calculó entre seis y ocho años de edad, así que su ritmo cardiaco se considera dentro de lo relativamente normal. Lo que sea que hayan usado para dormirlo claramente estaba saliendo de su sistema rápido, lo cual era un alivio. Solo era cuestión de tiempo para que despertase, así que sin preocuparse más por el menor, procedió a revisar al mayor.

A primera vista no se miraba nada bien, su piel clara estaba más pálida y hasta un poco traslúcida casi como agua en ese momento y sus ropas en la parte del torso parecían estar empapadas con una especie de líquido espeso.

'Sangre.' Pensó Jinenji en automático. Con una señal muda le indico a su asistente que lo ayudará a ponerse los guantes elásticos para después tomar unas tijeras del maletín que llevaba consigo y comenzó a desgarrar sin miramientos la ropa del joven, descubriendo unos vendajes muy apretados y bañados en líquido vital debajo de estas, los cuales le provocaron un sabor amargo en la boca al pensar en lo que había debajo de ellos como para crear semejante escena. Con sumo cuidado los corto y sus ojos se abrieron de par en par al encontrarse con dos heridas de bala en el costado izquierdo, justo debajo de las costillas, acompañadas de enormes hematomas morados que manchaban su piel y que, en compañía de la sangre perdida, le daba un aspecto dramático y brutal a su cuerpo.

Cuando Totosai le dijo que el mayor de los jóvenes había perdido algo de sangre pensó estúpidamente que solo de trataría de una cortada y el desmayo se debía al cansancio por lo que Koga le había comentado minutos atrás sobre su aspecto cansino cuando llego a la cafetería.

Termino de retirar los restos de ropa que quedaban en esa parte y las heridas no dejaban de aparecer, el hombro izquierdo estaba totalmente fuera de su lugar, y Jinenji se preguntó en qué clase de situación estuvo involucrado como para terminar con el cuerpo así. Rápidamente examinó su pulso, cuarenta y cinco pulsaciones por minuto. Su ritmo cardíaco era bajo, pero no tanto como él lo esperaba pese a las heridas que tenía, Jinenji sudo en frío, era un verdadero milagro o la voluntad de vivir de este muchacho era demasiado fuerte como para seguir con vida aún en ese punto con tantas heridas.

– Nao, coloca la línea de suero y aplica la prueba para determinar su grupo sanguíneo[1], necesitamos saber qué tipo es para hacer una transfusión de inmediato.

Ordenó y su menuda asistente obedeció silentemente. Comenzó a sacar los instrumentos necesarios para su labor mientras que Jinenji se dirigía con Totosai.

–Necesito que todos salgan de aquí, ahora. – Les ordenó con voz dura. Lo que menos necesitaba en ese momento eran expectadores, necesitaba su espacio para concentrarse.

– ¿Qué hay del niño? – Cuestionó Koga.

– Llévenlo con ustedes, sería un inconveniente que despertará mientras trato al mayor.

Los primeros en salir fueron Totosai y Miroku sin objeciones, seguidos por Koga y el pequeño niño que aún dormía bien acurrucado en sus brazos.

Una vez que se encontró solo con su asistente y su paciente procedió a comenzar su labor para mantenerlo con vida.

Había pasado poco más de una hora desde que Jinenji los había echado de la zona de descanso, desde entonces no se había cruzado ni una palabra entre ninguno de los presentes, solo el sonido de la tormenta, que no parecía menguar, azotando contra los cristales con un viento tan fuerte que en cualquier otro momento los hubiese asustado, más porque eso significaba que ninguno podría irse a casa, no al menos hasta que cesara un poco pero hoy no, ya que nisiquiera se inmutaban en ello.

Todos miraban hacia algún punto incierto con la mirada perdida, mientras el pequeño seguía durmiendo sobre una de las mesas, bien envuelto en algunas frazadas, Sango y Ayame estaban sentadas justo a su lado, solo por si llegaba a despertar y no se asustará al ver a Koga, Miroku o inclusive a Totosai, ellas sabrían mejor que ellos cómo lidiar con un pequeño niño talvez muy desorientado y tranquilizarlo en vez de alterarlo como lo harían ellos.

Miroku estaba sentado detrás de la barra, Totosai estaba justo frente a él y Koga estaba de pie, recargado en uno de los pilares que sostenía el arco que adornaba por encima de la barra, un pequeño tic en su pie comenzó a molestarle, no sabía si era exactamente por preocupación o curiosidad, talvez una mezcla de ambas, por una parte quería saber si el muchacho estaba bien y por otra quería descubrir que relación tenía con el viejo y porque había llegado ahí con tan brutales heridas.

Así que, sin meditarlo mucho, se empujó a sí mismo a romper el silencio para obtener respuestas.

– ¿Conoces al chico? – Preguntó, yendo directamente al grano cuando recordó lo que Totosai le preguntó al desconocido cuando esté cayó inconsciente.

Al escuchar aquella pregunta, Totosai soltó un suave suspiró, esta vez no podría salirse por las ramas como hacía normalmente cuando no quería dar explicaciones, pero esta vez, sus queridos empleados habían sido testigos de algo que nisiquiera el entendía pero que a juzgar por el panorama y las posibles escenas que se formaban en su cabeza del por qué de toda esta situación, no era algo que pintaba del todo bien.

– No estoy seguro. – Arrugó el entrecejo con desconcierto. – Talvez tenga una idea, pero no puedo afirmar nada.

– ¿Entonces cómo es que él te conoce si tú no lo conoces a él?

El que intervino esta vez fue Miroku, siguiendo la curiosidad de Koga por obtener respuestas.

– Puede ser que sea familiar de un conocido mío pero lo dudo, mi círculo de conocidos es muy estrecho y un joven de esa edad no figura nisiquiera entre los familiares de ellos, aunque…

– ¿Aunque qué? – Inquirieron Koga y Miroku al unisono.

– El color de cabello y ciertos rasgos en su rostro me son familiares.

– Mencionaste a un tal Myoga antes, ¿No será familiar de él? – Dijo Koga.

– Imposible. Nisiquiera se parecen.

– ¿Entonces a quién le acreditas el parecido, Totosai? – Preguntó Miroku.

– A la persona con la que iba a reunirme en Corea mañana.

– Cierto. – Koga recordó las palabras que Sesshomaru dijo cuando él insistió en saber por qué quería ver al anciano. – Él mencionó algo sobre eso antes de que llegarás.

– ¿El qué? – Inquirió Totosai confundido.

" Se suponía que nos reuniríamos en Corea por órdenes de mi padre, pero la reunión se adelantó." – Citó Koga. – Fue una de las pocas cosas que dijo.

Totosai se perdió por un segundo en el mar de sus pensamientos. 'Entonces cabe la posibilidad de que Ishinomori… ¿Tenga un primogénito?...' pensó en automático.

– ¿Qué otras pocas cosas fueron las que dijo? – Cuestionó el viejo.

– Que su nombre es Sesshomaru y que el pequeño – Lo señaló – es su hermano.

Y con eso la cabeza de Totosai no dio para más.

Bien, si Ishinomori tenía no solo un hijo, sino dos, era una situación bastante jodida por dos simples razones. La primera, ¿Cómo demonios fue que nisiquiera él, después de una amistad de treinta años, no se enteró de la existencia de esos dos mocosos hasta ahora?

La segunda, si es verdad que son sus hijos, ¿Por qué ocultó su existencia? Y más importante, ¿Por qué los enviaría a buscarlo a Japón un día antes de la "pequeña reunión" que tienen cada tres o cuatro años, ya sea para hablar de "negocios" o ponerse al día con cualquier información que puedan obtener sobre "La araña"? Simplemente no le cuadraba nada en absoluto, y un amargo sabor se le sembraba en la boca. No quería seguir pensando en las posibles causas para tales acontecimientos, menos al recordar las heridas que tenía el susodicho Sesshomaru en su cuerpo. 'Ojala y no sea lo que estoy pensando, Ishinomori.'

Si decir una palabra más, Totosai se puso de pie y se alejo de Koga y los demás, dejándolos con las mismas preguntas que incluso él tenía. Debía llamar a Myoga y acabar con toda esta confusión de una buena vez, el parco mensaje que envió con las simplonas palabras de »"Un chico estará en tu cafetería hoy en la noche, ayúdalo"« no le decían absolutamente nada. Saco su móvil del bolsillo de su abrigo y tecleo su número que no tenía registrado por seguridad pero que sabía de memoria por la misma razón pero, al escuchar una grabación tras la bocina decir la misma leyenda que cuando llamo a Ishinomori, maldijo por lo bajo y arrojó el aparato contra la pared más cercana en signo de frustración.

¿Qué demonios estaba pasando que todo el mundo desaparecía así sin más?

Ahora tendría que esperar a que el chico despertará para obtener algo de información, bueno, si es que sobrevivía.


Algo parecido a un zumbido hacia eco en sus oídos cada vez más y más lejano mientras recobraba la conciencia. Abrió sus ojos y parpadeó un par de veces antes de enfocar la vista en un punto fijo, hasta que logro distinguir la bombilla en el centro del techo que iluminaba la habitación y se le quedó mirando por algunos minutos, estaba desorientado, no sabía por cuánto tiempo había estado inconsciente y su cuerpo se sentía tan pesado que no se sentía capaz de levantar siquiera un dedo, intento hacer memoria de como había llegado ahí pero no recordaba, pues lo último que le llegaba a la mente era el haber estado sentado en una de las sillas de la cafetería donde se supone que se encontraba Akimura antes de que todo se tornará oscuro.

Suspiró, notando cierta incomodidad en el área del tórax, algo le estaba causando presión en esa área, dirigió su mirada hacia la zona y vio que tenía vendajes que le cubrían desde un poco más arriba de la cintura hasta su brazo izquierdo casi en su totalidad, llegando un poco más abajo del codo. Alguien ya había curado sus heridas.

'Viviré otro día más al parecer.' Pensó con cierta ironía al recordar todo los sucesos que habían ocurrido en los últimos días.

– Todo por un mocoso. – Susurro para sí mismo con burla, recordando súbitamente al "mocoso" que llevaba consigo y por el cual había terminado tan mal herido. – ¡InuYasha! – Gimió con dolor al levantarse tan abruptamente de su sitio para buscar al niño en la habitación pero no estaba por ningún lado.

Intento ponerse de pie, arrojando la manta que lo cubría con su mano derecha pero un pequeño hilo de sangre que bajaba por su brazo lo detuvo y solo entonces se percató de la línea de suero que estaba justo a su lado, la había arrancado de su brazo con un movimiento brusco y nisiquiera lo había sentido. Gruñó por lo bajo, ignorando aquello, no tenía tiempo para preocuparse por eso y se puso de pie como un resorte. Tenía que buscar al niño, no podía perderlo, no a él también.

Tras dar el primer paso, una punzada de dolor se clavó en su costado izquierdo haciéndolo flaquear y tambalearse un poco pero se obligó a mantenerse firme y erguido, no podía permitirse ser débil, no mientras gente peligrosa estuviese buscándolos como perros a un par de huesos, dio un par de pasos más pero justo antes de llegar a la puerta, esta se abrió de par en par repentinamente, dejando ver a una chica de melena negra atada en una coleta alta y ojos marrones.

– ¡Dios! ¡¿Pero tú qué haces de pie?! – Exclamó tan asustada que la bandeja que llevaba en manos casi se le cae al suelo pero con un movimiento rápido lo evitó. – Debes recostarte. – Le dijo más como una orden que como una sugerencia y Sesshomaru la miró duramente.

–¿Dónde está mi hermano? – Cuestionó con voz dura, obligando a la chica a tragar en seco.

–El d-despertó hace un par de horas…

Apenas y fue capaz de articular sin tartamudear tanto. Las piernas le temblaban como gelatina al sentirse presa de aquel par de icebergs ámbar que se veían ciertamente atemorizantes, con ganas de arrasar con todo y todos a su paso si no obtenía las respuestas que quería, la chica se quedó paralizada, con un ligero pero perceptible temblor en todo su cuerpo mientras le sostenía la mirada a Sesshomaru, quien la miró un tanto más duro para obtener una respuesta menos parca a su pregunta.

–Él está en la sala c-con mi amigo Koga y T-Totosai.

Completo antes de cerrar los ojos y apetarlos fuertemente, no podía seguir sosteniendole la mirada, ese chico daba miedo, demasiado para alguien de su edad, era como estar frente a Jason y su motocierra, esa mirada penetrante que dirige atraves de su máscara antes de acercarse y asesinarte, era menos atemorizante que la que tenía encima justo ahora, quería gritar y correr pero simplemente se quedó paralizada, esperando el golpe, por su parte, Sesshomaru relajo los músculos y su semblante no solo por la reacción de la chica, sino también por lo que acababa de decir.

Si Totosai estaba ahí, significaba que estaban a salvó, por el momento al menos. Sesshomaru soltó un imperceptible suspiró lleno de alivio y camino de regreso a la cama con paso lento y algo torpe, aún estaba débil después de todo. El pequeño impulso de adrenalina que lo había empujado a querer salir de la habitación desesperadamente en busca de InuYasha había pasado ya. Después de estar por dos días enteros huyendo, podía permitirse sentir los estragos que tanta persecución, golpizas y noticias que jamás imaginó llegar a saber, hacían mella tanto en su cuerpo como en su mente. Estaba agotado.

Por su parte la chica al sentirse sumergida en un sepulcral silencio, abrió los ojos lentamente y vio como Sesshomaru ya se había alejado de ella para recostarse de nuevo en la cama. Suspiró con cierto alivio y gratitud de que este no reaccionará de tal forma que llegara a agrederla físicamente, mentalmente lo hizo pero no con intención, o eso quizo creer Sango. Después de todo era normal que tuviera una actitud un tanto brusca y a la defensiva, el haber sido herido tan brutalmente un día y al siguiente despertar y encontrarte con una desconocida no era lo más indicado.

–Deberias decirle a Totosai que ya desperté.

Está vez la voz de Sesshomaru tuvo un timbre más suave y un tanto más relajado, lo cual la chica agradecio mentalmente, no era una mala persona, su sexto sentido se lo decía pero eso no quitaba que tuviese un aspecto algo intimidante para ser tan joven.

–Sí. – Masculló parcamente antes de salir de la habitación en busca del nombrado.

Cuando llego a la sala, Koga estaba dándole un Sándwich al pequeño, lo que le hizo recordar que nisiquiera le había dejado la bandeja con la comida que llevaba al muchacho y que aún la llevaba en las manos. Koga la miró extrañado al percatarse de lo mismo mientras que el viejo estaba sumergido totalmente leyendo el periódico.

–Esta despierto.

Totosai inmediatamente clavó su vista en ella, dejando el periódico de lado.

–¿Puedo ir a verlo?

Preguntó el niño con un trozo de sandwich en la boca a medio masticar, abriendo sus pequeños ojos demás con un brillo que no tenían desde que despertó.

–Será mejor que lo dejes descansar. – Le sugirió Totosai mientras se ponía de pie.

–Está bien.

Accedió mientras seguía devorando la comida como si no hubiese probado bocado en días, ese era el cuarto sandwich que Koga le preparaba y él simplemente parecía ser como un pozo sin fondo.

–¿Irás a verlo tú, viejo? – Cuestionó Koga sin apartar la mirada del niño.

–Solo le dejaré la bandeja que Sango olvidó entregarle y darle el medicamento.

–¿Quieres que te ayude con eso?

–No, estaré bien por mi cuenta. Cuando el niño termine de comer que se de un baño y se cambie de ropa.

–Bien.

Con paso lento se dirigió hacia la habitación. Después de que Jinenji los atendiera y que la tormenta menguo, Totosai decidió llevarlos a su modesta casa vacacional a las afueras de Kioto por eso de las seis de la mañana. Sango y Koga se ofrecieron como voluntarios para ayudarlo en cualquier cosa que necesitará, desde cambiar un vendaje hasta servir de apoyo por si la situación se tornaba tensa, lo cual el viejo agradeció mentalmente.

Antes de entrar a la habitación suspiró por lo bajo, tenía que estar preparado para cualquier cosa que el muchacho tuviera para decir, cualquier cosa. Su mente entro en un estado neutral y abrió la puerta con firmeza captando la atención del peliplata que hacia un gran esfuerzo por mantenerse consciente. Ambas miradas se cruzaron y una sensación de familiaridad invadió a Totosai al ver aquel par de ojos ámbar. Se acercó con paso pausado y le tendió la charola con alimentos, sin decir nada, Sesshomaru la tomo sin despegar la vista del viejo, ambos se preguntaban con la mirada quien debería de comenzar a hablar primero, tras unos segundos de total silencio, Totosai fue quien se animó a hablar primero.

–¿Quién se supone que eres tú, muchacho?

Su voz sonó más firme de lo que esperaba pero Sesshomaru nisiquiera reparo en ello, con calma, comenzó a engullir la comida que le había ofrecido, como si estuviera ignorando su pregunta a propósito. Lo miro fijamente por algunos segundos más antes de tomar asiento frente a él en una modesta silla de madera tallada color caoba que yacía justo detrás de un pequeño escritorio ubicado en la pared opuesta a dónde se encontraba la cama y se limitó a esperar.

Cuando el menor despertó, intento preguntarle un par de cosas, desde cual era su nombre, su edad, hasta cual era el motivo de por qué estaban en Japón y por qué lo buscaban precisamente a él pero el chiquillo se salió por las ramas al responder simplemente; "Mi hermano me dijo que no hablará con extraños." cuando ya estaba comiendo sandwiches que un trío de completos extraños le habían ofrecido y sin titubear los tomo. ¡Qué irónico!.

Cuando el peliplata terminó de comer agradeció por los alimentos al anciano quien sólo le respondió con un leve asentimiento de cabeza, se sentía como si hubiese vuelto a la vida, habían pasado más de dos días que no probaba bocado y esos sencillos Sándwiches le supieron a gloria.

–Mi nombre… es Sesshomaru Fujimoto, soy el hijo mayor de Toga Fujimoto. – Soltó con sencillez, mientras lo miraba directamente a los ojos. – Aunque talvez tú conozcas a mi padre como Toga Ishinomori.


Aclaraciones: Sobre lo de la prueba para determinar el grupo sanguíneo es una dónde se puede saber el tipo de sangre que posee una persona en menos de 30 segundos al depositar una pequeña muestra de sangre en una tira de papel con extremidade que contienen anticuerpos para después rociarla con bromocresol. Fue creada por el biólogo Hong Zhang y su equipo para ayudar en los bombardeos de Siria a las personas heridas que necesitaban una transfusión de sangre, ya que normalmente morían no por el grado de las heridas sino por recibir el tipo de sangre equivocado.


Hola a todos, ¿Qué tal han estado? He aquí otro capítulo de mi primer fic, he tardado más en escribirlo porque lo edite como tres veces, comenzando desde el inicio XD pero ya aquí está para las personitas que han estado esperando la continuación.

Quiero agradecer infinitamente a todas las personas que han agregado la historias a sus alertas :3 en especial a CamenJP y ChikaneRin que incluso me regalaron un RW :"D

¡Muchas gracias, chicas! :3

Nos leemos en la siguiente actualización ^^/