Disclaimer: El Anime/Manga de InuYasha y sus personas no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi y yo solo los tomaré prestados para crear historias con el fin de entretener y no de lucrar con ellos.
Vengeance.
Capitulo 4: Aceptación.
Había pasado ya una semana desde la visita de Myoga y las cosas no fueron como Totosai pensó que irían.
–No sé cómo demonios acepte que se quedarán aquí. – Refunfuñó.
Cuando Myoga llegó, Totosai sintió que un enorme peso sería removido de sus hombros, ya que al hablar con él, Sesshomaru obtendría las respuestas que tanto ansiaba y a su vez, InuYasha y él, serían re ubicados en un lugar con mejor seguridad, lejos de la boca del lobo, pero no fue así, en cuanto Totosai llevo la conversación a Sesshomaru para que llevará sus preguntas inquisitoras a Myoga, este ignoro de forma olímpica ese hecho y en su lugar, pidió mantenerse bajo el resguardo de Totosai ahí mismo, en Tokio, porque según su alegato, no estarían más seguros en otro lugar que no fuera ahí, y aunque ambos ancianos y el mismo Koga, que estuvo presente también en la conversación, dicernian de que Sesshomaru estuviera totalmente en sus cabales como para decir semejante barbaridad, no tuvieron más que aceptar a regañadientes.
–Si tú queja es por el dinero, no soy un inútil, anciano. Puedo trabajar.
–¿Y acaso crees que yo iba a mantenerlos, mocoso? Yo me encargaré de sus colegiaturas solamente.
Sesshomaru lo miro extrañado. Iba a enviarlos al colegio. ¿Enserio?
–Si van a quedarse aquí, tenemos que establecer reglas. Número uno; tú debes trabajar para alimentar a tu hermano y alimentarte a ti. – Espetó mientras se levantaba del sofá. – número dos; como técnicamente, no, literalmente nos obligaste a Myoga y a mi a creer que el hecho de quedarse en Tokyo que sacarlos del país era una brillante idea –se burló al enfatizar la palabra "brillante" – irán al colegio, quieran o no.
–Debes estar de broma.
–¿Acaso me estoy riendo, Sesshomaru?
Sesshomaru no era estúpido, aún siendo un mocoso adolescente, su cerebro pensaba más rápido de lo que creía.
La idea de quedarse en Tokyo era clara para Sesshomaru y Totosai lo sabía a la perfección.
Venganza.
Esa ridícula palabra de ocho letras, podía conducirlo a una infinidad de desastres que podría implicar hasta su propia muerte, pero si eso era lo que el mocoso quería, Totosai ya no podía hacer nada al respecto. Estaba socegado por el dolor y el odio. Aunque tampoco quería preocuparse demás, puesto que aún solo era un adolescente, y sus emociones pasarían tarde o temprano.
–No pero, ¿no sería mejor que primero me enseñarás a usar un arma? – bromeó
O talvez no.
–Número tres – continuó él tratando de ignorar las inmensas ganas de soltarle un golpe y explicarle por las malas que en lo que quería meterse, no era tan fácil como su pequeña y estúpida mente dolida creía. – vas a aprender auto defensa. – Sesshomaru esbozo una sonrisa. – borra esa estúpida sonrisa de tu rostro. No vas a aprender para tu cometido – espetó levemente furioso – sino porque no planeo poner guardaespaldas para ti, sería demasiado obvio para alguien de tu edad y más con tu inútil arrogancia.
Sesshomaru afiló la mirada. Ese viejo estaba insultandolo demasiado. Nisiquiera su padre se había atrevido a tanto debido a que ya conocía su carácter de pocos amigos de su hijo mayor pero por esta vez, lo pasaría por alto.
Lo que el viejo ofrecía podría ser el primer paso para comenzar su plan, y de ninguna forma podría desaprovecharlo.
–El que si tendrá guardaespaldas será InuYasha. Él es demasiado vulnerable.
–¿Y quién será su guardaespaldas? – Inquirió con curiosidad.
–Eso lo sabrás después, primero, debemos hacer algo con ese cabello tuyo, es demasiado llamativo y característico para tus enemigos.
Sesshomaru por un momento pareció no haber entendido, cuando de repente, las dos chicas que vio en la cafeteria justo antes de desmayarse, la pelirroja y la pelinegra llamada Sango, entraron por la puerta principal.
–Ellas van a ayudarte a cambiar un poco tú apariencia. – Explicó vagamente.
–¿Cómo? – Inquirió aún sin entender.
–No te preocupes, estás en buenas manos, solo relájate y trata bien a las chicas. Si después de ver el resultado quieres molestarte, deberás hacerlo conmigo. – Y tras decir eso, desapareció por la misma puerta, dejándolo solo con las chicas.
Ambas, sin decir una palabra, pusieron los pequeños botiquines sobre la pequeña mesa de madera pulida y de uno de ellos, el más pequeño, comenzaron a sacar los artículos de su interior. Sesshomaru las observaba atentamente en mutismo total, hasta que una mueca de disgusto se formó en su rostro al ver que entre las cosas que llevaban, había maquillaje, pestañas postizas, pinzas para depilar y un enchinador de pestañas, sombras, maquillajes en polvo y líquidos, entre otras cosas más.
–Estan locas si creen que van a pintarrajearme la cara. – Escupió con una severa cantidad de hastío y ante tal reacción, Ayame soltó una carcajada.
–Totosai tenía razón – se burló la chica pelirroja. – su expresión no tiene precio. – soltó una carcajada más para luego cubrir su boca en señal de vergüenza.
¿Acaso se estaban burlando de él?
–Basta, Ayame. Solo hay que terminar con esto. — Inquirió con sequedad.
Después de aquel pequeño encuentro, a Sango no le daban ganas de meterse con el peli plata, aunque muy en su interior este la inquietaba un poco, pero no de forma que le causará temor, sino curiosidad e intriga.
Desviando esos pensamientos lejos de su mente, e ignorando la mirada ámbar del peliplata que curiosamente estaba clavada en ella, se decidieron a comenzar la labor que les fue encomendada.
Lunes por la mañana. Estaban a escasas dos semanas para que los chicos regresarán al instituto, Totosai comenzó a buscar empleados para el turno matutino, pegando un enorme letrero de "Se solicita personal" en un cartel algo burdo.
Sango y Ayame fueron las primeras en llegar para abrir la cafetería, Miroku les siguió y los tres después de ponerse su pulido uniforme de camiseta blanca y vaqueros negros, acompañado por un mandil gris oscuro, comenzaron a realizar sus respectivas labores para recibir a los primeros clientes de la mañana.
Sango se encargaba de preparar los desayunos, desde modestos omelette's hasta waffles, mientras que Ayame se encarga del Café y Miroku de limpiar las mesas y tomar los pedidos de los clientes.
— ¡Pssss!
Sango comenzó a emitir un sonidito particular para llamar la atención de Ayame quien, solo se giró con un dejé de extrañeza ya que Sango normalmente no hacía eso y solo dejo escapar un "¿Qué?" de forma casi imperceptible, como si solo hubiese movido los labios.
—¿No ha venido nadie por lo del cartel?
—No, Sango. Aún no ha venido nadie y sinceramente no creo que lo hagan.
Ayame solo se encogió de hombros y se giró de nuevo regresando a su labor, pero Sango rodeo el arco que separaba la cocina de la barra y susurró;
—¿Crees que Totosai traiga al chico que está ayudando?
—No lo creo, aunque él diga que si se conocen la forma en que llegó fue muy extraña, talvez sea peligroso que se quede aquí porque a lo que pude notar ese día, ese tipo está metido en algo grande, y el anciano solo trata de cubrirlo, sino, ¿Por qué nos pidió que...?
—Un Mocca con waffles cubiertos de jarabe de arce para la mesa 4, por favor.
Ambas chicas dieron un salto al escuchar a Miroku de forma repentina con su pedido.
—Salen los Waffles. — chillo Sango para hundirse en la cocina y Ayame solo se inclinó para sacar una taza debajo de la barra y recuperar su semblante serio y aburrido, ya que no estaba segura de si Miroku había escuchado parte de su conversación.
—¿De qué tanto estaban hablando? — Inquirió — es raro que Sango dejé su lugar solo para venir y hablar contigo, Ayame.
Miroku a veces podía ser un poco distraído, y aunque era un mujeriego de primera, era bastante inteligente y mañoso, cuando estaba al pendiente de algo que le interesase, podría enterarse de los detalles casi por instinto, como las mujeres con la intuición. No necesitaba esforzarse mucho para saber de pe a pa cualquier cosa que pasará con sus compañeros, en especial si se trataba de Sango.
—Nada, Miroku. Solo me preguntó si Koga iba a tomarse el día libre. Está preocupada de que te canses demás.
Mintió con la única cosa que podría distraer a Miroku, o más bien dicho, persona.
—¿Enserio está preocupada?
Miroku se recargo en la barra y sostuvo su cabeza con las manos mientras observaba sin perder detalle a una distraída Sango.
—Asi es. Aunque es algo demasiado tímida como para admitirlo en voz alta. — le dió una palamadita en la espalda — si tienes oportunidad. – Le guiño un ojo y Miroku suspiró.
Su pequeña fama de "mujeriego" le fue acreditada después de que salió con una chica que estaba un "poco" loca.
Después de dos años de relación, Miroku decidió terminar porque la chica estaba enferma mentalmente. Celos excesivos, peleas constantes por motivos imaginarios, ¡Bueno! La chica era un estuche de monerias paranoicas y excesivas pues decidió esparcir el rumor de que Miroku le había pedido tener un hijo, ¡Y no solo a ella!, Según sus palabras.
Aunque al inicio, Miroku trato de manejarlo como una broma, ya que nadie le creería a una demente como ella pero, el rumor se quedó de la forma de "me dijo el primo de un amigo." sembrando la duda a pesar de no tener pruebas de ello.
Y debido a eso, cada vez que intentaba acercarse a Sango, ella armaba una muralla de hielo entre ambos, sin siquiera darle el beneficio de la duda a pesar de llevar poco más de un año conviviendo juntos.
—No te creo. — Crispó.
Si no había levantado la muralla de hielo que levantó casi desde que se conocieron, que se preocupara por él era literalmente imposible.
—Ella necesita tiempo, el ser tímida le afecta en ser expresiva la mayoría de las veces pero estoy segura de que siente algo por ti, en el fondo de su corazón. — Le sonrió.
Miroku solo puso los ojos en blanco y decidió cambiar de tema.
—¿Y Rin no vendrá?
—No lo sé. Anoche le dijo a Sango que tenía un par de cosas que hacer hoy y no estaba segura de si podría llegar o si se tomaría el día libre. Por eso vinimos a abrir la cafetería nosotras.
—Benditas ventajas de ser la sobrina del jefe.
—Y que lo digas. — Suspiró — Y... ¿Koga no te dijo si vendría hoy?
—No en realidad, ayer mensajeamos un poco pero el último mensaje que le envié nisiquiera recibió el visto, pero así es él, debe estar ocupado.
—Debe estar con el anciano. — Meditó.
Desde la llegada del tal Sesshomaru, Koga habia estado pasando la mayor parte de tiempo en la casa de Totosai, al parecer, igual que ella, no confiaba del todo en aquel extraño.
Pero más allá de la desconfianza, había algo que le picaba la curiosidad cada vez que lo miraba, aunque las veces en que lo hizo son contadas con los dedos de una mano, así que no podía guiarse tan fácilmente por las apariencias, pero su primer impresión no fue del todo buena.
Sango le pasó la orden de Waffles a Ayame y está solo puso el café para que Miroku entregará el pedido, y así siguieron un par de horas hasta que pasado del medio día, Rin entro por la puerta principal.
—¡Hola, chicos! ¿Qué tal el día?
Dejo caer unas bolsas de compras sobre la barra y se sentó en el primer banquito que vio. Sonaba un poco agitada y Ayame la miró con curiosidad.
—Bien, Rin, el trabajo de siempre, ya sabes. — hizo un ademán con la mano para restarle importancia.
—Mi tío me envió para que les pasará a dejar esto. — señaló las bolsas.
—¿Que son?
—Presentes muy, muy atrasado de navidad. — soltó una pequeña risa.
—¡Oh!... Sango ven hacia acá. —Llamo Ayame.
Rin por su parte le hizo señas a un Miroku que estaba tomando un pedido, para que se diera prisa.
Cuando por fin estuvieron reunidos, Rin comenzó a repartir los presentes.
—¿Dónde está Koga?
Hasta ahora se había dado cuenta que desde que entró a la tienda, no vio señas de él por ningún lado.
—No lo sé, él... — Miroku fue interrumpido por el tintineo de la campanita de la entrada.
Rin giró su vista y se encontró con el nombrado, su tío y un chico al que nunca jamás había visto.
—Que bien que todos están aquí. — Alegó el anciano mientras se aproximaba al círculo.
Con una señal, Koga y el otro chico se acercaron, quedando un poco detrás de este.
—Muchachos, quiero que conozcan a Sesshomaru, a partir de mañana estará trabajando en la cafetería y tú, Rin — la señaló — te encargaras de mostrarle todo lo que debe saber.
