2. Memoria
Durante gran parte de su vida, el segundo domingo de Mayo era como cualquier otro para Mamoru, lleno de quehaceres, citas con Usagi, el ocasional monstruo y ya en años recientes, en el raro caso de cubrir el turno del fin de semana, atender uno que otro paciente en el Hospital.
Esto, claro está, cambio al momento de casarse con Usagi.
Y es que, Mamoru simplemente no entendía por qué, justo en ese día, su esposa insistió en despertar temprano para desayunar con su Mamá. Sin darle mayor importancia, Mamoru decidió hacer caso de los deseos de su esposa, por lo que se preparó para un desayuno con su familia política.
Descubrió de qué se trataba el desayuno y la razón de este cuando, camino a la residencia Tsukino, Usagi le pidió pasar a comprar un ramillete de claveles rojos.
Sólo había una celebración en la que eran requeridos los Claveles Rojos…
Mamoru rápidamente hizo aparecer dicho ramillete, en la esperanza de que su esposa no hubiese notado que, hasta hacía unos segundos, no tenía la más mínima idea de lo que estaba pasando. La mirada que le dedicó al tomar las flores, hizo desaparecer esa pequeña esperanza.
El desayuno con los Tsukino fue algo ciertamente gracioso. Ikuko tratando de atender a todos los presentes, independientemente de ser ella la festejada; por su parte, Kenji estaba a cargo de la cocina, y junto con Shingo, intentaban preparar algo rico para desayunar, mientras le prohibían el acceso a Ikuko, situación en la que tenían muy poco éxito.
Mamoru decidió ofrecer su ayuda en la preparación de alimentos, ofrecimiento que fue recibido con más alivio del que puso haber esperado por parte de ambos; pronto, los tres entraron en un ritmo de trabajo que pareciera habían practicado por años y no por unos cuantos minutos.
Decidieron preparar un desayuno tradicional japonés; Kenji se encargó de preparar el arroz, Shingo de tener lista la sopa mientras Mamoru cocinaba el Tamagoyaki. Cuando Usagi fue a buscarlos, tras haber convencido a su Mamá de sentarse y dejar que la consintieran, se dedicó a preparar el té y a arreglar la mesa.
Una vez servida la comida, la conversación fluyó de manera sencilla y amena, incluyendo a todos los asistentes y no permitiendo que sobretodo Mamoru se sintiera excluido o aislado de las dinámicas familiares.
Era un sentimiento extraño, pero reconfortante.
Era medio día cuando el desayuno llegó a su fin, y en un acto de comprensión y valentía, Mamoru decidió agradecer a Ikuko, de una forma que él sabía la sorprendería.
Mamoru la envolvió en un abrazo y le susurró al oído "Gracias por todo, Madre". Ikuko simplemente apretó un poco el abrazo, indicando que Mamoru realmente la había sorprendido, y que la sorpresa fue bastante placentera.
La sonrisa que Ikuko le dedicó, fue la única respuesta que Mamoru necesitó para comprender que Ikuko estaría para él también siempre.
Por la noche, Usagi encontró a su esposo en el balcón del apartamento, mirando de forma distraída las luces de la ciudad y disfrutando de la forma en que el viento jugaba con su cabello.
En sus manos, se encontraba una fotografía de sus padres, la única que poseía y el único indicio, junto con su icónica chaqueta verde de que ellos realmente existieron y no son sólo producto de su imaginación.
Usagi decidió acompañarlo entonces, abrazándolo por detrás y ofreciéndole apoyo silencioso en lo que parecía un momento de profunda reflexión.
Se mantuvieron de esta forma por algún tiempo, hasta que Mamoru rompió el silencio.
"Sabes, es un poco extraño el hecho de poder recordar cada detalle de nuestras vidas pasadas, más me es imposible recordar una sola memoria de mis padres en esta vida".
Usagi soló su abrazo, al momento en que Mamoru se giró, dándole la espalda a la ciudad. Con los ojos cerrados y soltando un pesado suspiro, Mamoru continuó "Y sabes, me causa mucha tristeza que lo único que vagamente recuerdo de mi propia madre, es un sentimiento de seguridad tan breve que en ocasiones me pregunté si era real o sólo un intento de reconfortarme de mi mente infantil cada vez que me sentía solo".
"Sólo espero que… mi madre me haya querido al menos un poco de lo mucho que tu madre te adora, Usa-ko"
Usagi tomó la mano de su esposo, enlazándolas y llevándolas hacia sus labios, plantando un suave beso en ellas. Tras una breve pausa, y con una sonrisa entre traviesa y serena, Usagi comentó "¿es que acaso no lo sabes? Ahora eres parte de nuestra pequeña familia, por lo tanto, mi Mamá es tuya tambien"
Con las manos aun entrelazadas, Usagi guio a su esposo de vuelta al interior del departamento. El lunes sería un día muy pesado, y ambos necesitaban descansar.
El suave susurro de un "gracias" y un "te amo, Usa-ko" que escapó de los labios de Mamoru momentos antes de sucumbir al sueño, fue lo único que Usagi necesitó para saber que todo siempre estaría bien.
Feliz día de las Madres!
