Intereses.

Capítulo 2: Castigo.

Karin estaba prácticamente temblando sentada en una silla frente al escritorio de Hitsugaya Toshiro, con él mirándola con furiosos ojos turquesas.

Había regresado de cambiarse la ropa empapada de sopa o lo que sea que haya sido la comida de Inoue hace solo un segundo, con su expediente en la mano.

Definitivamente iba a despedirla.

Maldición.

Yuzu iba a matarla.

-¿Eres Kurosaki Karin, verdad?- preguntó él leyendo su expediente.

-Si...- no era capaz de soltar una respuesta más elocuente.

-Llevas trabajando aquí una semana.- no fue una pregunta. -Como asistente de Inoue. No tienes ninguna otra experiencia laboral.- la miró con ojos duros y fríos. -Y eres torpe.- auch. Eso dolió. -Me has humillado frente a todos mis socios más importantes, y facilmente podrías ser reemplazada.- auch, y más auch. -Debería despedirte... pero te daré una oportunidad para justificarte.- a pesar de sus palabras, sus ojos no se habían ablandado en lo más mínimo.

Si le decía que había estado distraida, le diría que no quería distraidos en su empresa, si le decía que simplemente era porque necesitaba más experiencia, le diría que la buscara en otro lugar, que allí no estaban para preparar a novatos si podían conseguir a alguien bien capacitado, si le decía que no volvería a pasar, él le diría que claro que no, porque estaba despedida. Podía leer todas las respuestas crueles en sus ojos sedientos de venganza por la humillación a lo que sea que dijera.

Lo que hizo no tenía justificación para él. La iba a despedir dijera lo que dijera así que... ¿qué más quedaba por decir?

-Lo siento...- solo pudo murmurar, evitando su mirada. Estaba demasiado avergonzada. -Lo siento mucho por lo que te hice.- y por lo que tenía planeado hacerle también.

Lo único bueno de su patetica y rápida derrota, es que ya no tendría que seguir adelante con ese horrible plan.

A menos que Yuzu se pusiera a buscarle otro millonario. Aunque esta vez pediría uno menos intimidante.

¿Por qué le había elegido a Hitsugaya Toshiro, para empezar? Ah, si... era el único millonario soltero joven de su ciudad, aparte de Yukio, claro.

Ante el demasiado largo silencio de su probablemente pronto ex jefe, Karin finalmente se animó a mirarlo.

Sus ojos finalmente se habían suavizado... no mucho, pero algo es algo.

-¿Sabes, Kurosaki?- sus ojos dejaron de mirarla para concentarse en su expediente con ojos distantes. -Mi padre me confió esta empresa poco antes de morir seguro de que yo la llevaría por buen camino. Y realmente me he esforzado para mantener su prestigio y buen nombre.- la miró de reojo. -Esta era la primera cena que yo organizaba como presidente de la empresa, la cadena de hoteles, y quería que todo fuera perfecto.- suspiró, masajeandose las sienes. -No tienes idea de lo enojado que estoy contigo por haberme expuesto al ridículo de esa forma.- ella se mordió el labio, sintiendo la culpa por su metida de pata aumentar. -Pero...- sus ojos se encontraron por un breve segundo, pero ella apartó la mirada. -El desastre ya ha sido limpiado, yo ya me cambie, y mis socios ahora mismo están cenando y charlando alegremente, seguro a mi costa, pero la están pasando bien, lo que era lo planeado. O sea que el único perjudicado fui yo.- ella no entendía a donde quería llegar diciendole todo eso. -Mi padre me enseño a dirigir esta empresa. Pero también me enseño a perdonar y pedir perdón.- suspiró. -No te voy a despedir, Kurosaki.-

Karin lo miró perpleja.

Él hablaba con tanto cariño y respeto de su padre...

Era una buena persona.

Pero ese conocimiento la hizo darse cuanta de que, si no la iba a despedir, ella tendría que seguir adelante con el plan.

Sintió una mezcla de decepción y alivio.

-Oh.- dijo, solo por decir algo.

Él alzó una ceja.

-¿Oh? ¿Te dejó consevar tu trabajo y lo único que dices es "oh"?- la miró incredulo.

Ella se cruzó de brazos, incomoda.

-Umm... ¿gracias?- él rodó los ojos.

-Como sea, Kurosaki. Lo que hiciste sigue siendo muy grave, y no puedo dejarte salir impune, como entenderas.- la miró como esperando que dijera algo, pero ella solo se quedo inmovil. Él suspiró y luego se recostó contra su silla, con la mirada fija en su escritorio, pensando. Karin no pudo evitar mirarlo de reojo, medio sonrojandose, pensando que Yuzu le había conseguido a un tipo realmente muy guapo a pesar de toda su fríaldad. Finalmente, el rostro de niño bonito de él se iluminó con una idea mientras tomaba una taza que ahí había y se la tendía. -Mira. ¿Ves la primera linea azul de la taza?-

-Si...- ¿a dónde quería llegar?

-Escucha. A partir de mañana quiero que tú traigas mi café desde la cocina hasta mi oficina por un mes.- ¿ese era su castigo?

-Umm... ¿esta bien?-

-...Por las escaleras.-

-De acuer... espera, ¡¿qué!?- no podía estar hablando en serio. -¡Pero son diez pisos!- se quejó.

-Y también.- continuó, haciendo caso omiso de sus palabras. -Quiero que lo traigas en esa taza, y no derrames ni una gota por debajo de la linea azul.-

La boca de la pelinegra cayó.

-Estoy segura de que eso es explotación laboral...- masculló recelosa entrecerrando los ojos.

¡Él no era buena persona después de todo, él era un cretino!

-Bueno pues, es eso o limpiar los baños del primer piso...- Karin odio la maldita sonrisilla de superioridad que apareció en su rostro, más por lo condenadamente atractivo que lo hacía lucir.

Sujetando la taza fuertemente entre sus manos, se levantó molesta de la silla, dispuesta a arrojarle la taza al rostro y mandarlo a la mierda a él y a su empleo.

Pero recordó el motivo por el que estaba ahí, su amado padre, y las palabras de Yuzu, quien también se estaba sacrificando, y, llamando a todo su autocontrol, se dio la vuelta para salir antes de hacer algo que en verdad conseguiría que la despidieran, y posiblemente la arrestaran.

Abrió la puerta, muy consciente de la mirada confundida de su jefe sobre ella.

-¡Te traeré el maldito café mañana!- rugió antes de irse de la oficina con un portazo.

Maldijo entre dientes tratando de mantener a raya su temperamento.

¡Hitsugaya Toshiro era un odioso explotador!

Y ahora lo tendría que ver todos los días... Aunque pensandolo bien eso era beneficioso para su plan...

Pero ahora estaba más convencida que antes de que no iba a ser capaz de conquistarlo.

Más cuando a ella él no le gustaba en lo absoluto.

Continuara...