Intereses.
Capítulo 3: Escalón por escalón.
Escaleras, Karin nunca pensó que alguna vez podrían llegar a ser algo que pudiera odiar tanto.
Pero después del quinto piso, nadie podría esperar que tuviera muy buena opinión de ellas.
Agradecía a todos los cielos el ser una persona atlética, había jugado futbol desde pequeña pero ahora no tanto. Le costó horrores llegar al sexto piso, y ya para el septimo las piernas le ardían como si hubiera corrido una maratón.
Para colmo ni siquiera podía arrastrarse el resto del camino, ya que tenía la estúpida taza de la cual no debía derramar nada por debajo de la maldita linea azul.
A mitad del camino del octavo piso, decidió sentarse a descansar un poco, maldiciendo a su jefe.
Bufó, pensando que mañana mejor se traería una botella de agua.
Apenas bajó un poco el ardor de sus piernas se puso de nuevo en pie, meditando la idea de arrojar el café en la cara de Hitsugaya.
La taza aún seguía humeante, y estaba tan caliente en las sudadas manos de Karin que más de una vez casi se le cae.
Sudorosa y jadeante es como llegó finalmente frente a la puerta de la oficina de Hitsugaya.
Al abrirla, ahí lo vio. Hitsugaya Toshiro, sumergido en varias pilas de papeles que parecían importantes.
Ni siquiera levanto la vista cuando entró.
-Llegas tarde, Kurosaki.- solo dijo, aun sin mirarla.
-¿Ahora tengo un horario para esto?- gruñó ella, dejando la taza en el escritorio cuidadosamente.
Él la tomó y le dio un sorbo, no sin antes comprobar que no haya derramado nada.
-Supongo que ya puedes retirarte. Por el ascensor, claro.- su voz normalmente dura y fría se suavizo apenas un apice en lo último.
-Lo iba a hacer de todos modos me dieras permiso o no.- contuvo el impulso de sacarle la lengua y camino hasta la puerta con toda la intención de irse, pero las piernas le flaquearon de repente y tuvo que sostenerse del objeto más cercano para no caer, una lampara.
Se quedó en shock por un momento hasta que sintió unas manos posarse sobre sus hombros gentilmente y ayudarla a recomponerse estabilizandola en sus dos pies.
-Creo que deberías sentarte un momento.- la voz de Hitsugaya cerca de su oido mandó escalosfrios por su espina dorsal al tiempo que sus mejillas enrojecían.
Con una mano respetuosamente en su espalda y otra sujetando amablemente su muñeca, el peliblanco la guió hasta uno de los sillones y la ayudó a sentarse.
Karin estaba segura de que su cara debía parecer un tomate.
Nadie nunca la había tratado tan... delicadamente.
-Gracias...- susurró cuando él se quedó mirandola con rostro pensativo.
-Olvídalo.- él se pasó una mano por el pelo, por primera vez luciendo algo... avergonzado. -Ire a conseguirte algo de agua. Quedate aquí.-
Ella solo pestañeó mientras su jefe se iba de su oficina a paso apresurado.
¿Qué diablos había sido eso?
Decidió restarle importancia ya que ahora su mayor preocupación era el hecho de que sentía sus piernas totalmente entumecidas.
Tsk. No había vuelto a jugar futbol desde que su padre empeoro en su condición hace varios meses, ahora su cuerpo le estaba cobrando la falta de actividad con creces.
De haber seguido jugando con normalidad, sus músculos estarían más acostumbrados y no le estarían cobrando factura.
Suspirando con pesar, se recostó contra el sofá al tiempo que Hitsugaya regresaba.
-Gracias.- murmuró cuando le dio una botella de agua. Estaba increíblemente molesta con él, pero para ser su jefe y un millonario arrogante se estaba comportando bastante bien.
-Oye... lamento mucho haberte hecho hacer eso...- ella lo miró completamente sorprendida por su repentina declaración. -Estaba muy molesto contigo ayer y... de hecho sigo estandolo pero... Olvide que ante todo tengo que ser un caballero y... Disculpa.- los ojos negros de ella no podían estar más amplios. Karin no pudo ni abrir la boca, estaba demasiado en shock. Finalmente él suspiró. -Dejame ver tu pierna.- sin más tomó su pierna derecha y comenzó a masajearla.
La Kurosaki sintió su rostro arder.
Esta vez estaba usando shorts, y sus manos contra su piel desnuda la hacía sentir demasiado incomoda.
-¿Q... qué haces?- tartamudeó muy roja.
-Es para que tus músculos se relajen más rapido. No te preocupes.- siguió masajeando de manera muy habil.
Karin ya había hecho eso por varios de sus compañeros de equipo, así que trató de no tomarle mucha importancia apesar de su nerviosismo.
Cuando él pasó a su pierna izquierda la derecha ya se sentía considerablemente mejor.
-Umm... yo solía hacer... actividad fisica antes. Solo que últimamente me he estado descuidando y por eso... por eso reaccione así. El repentino esfuerzo hizo que... bueno, ya sabes. Yo solo... no quiero que pienses que soy una inutil.- la chica se sintió en la necesidad de aclarar eso.
El de ojos turquesas solo la miró de reojo.
-No creo que seas una inutil... De hecho yo... yo solo te hice hacer eso porque creí que te rendirías y acabarías tomando el ascensor y luego yo podría despedirte cuando me mintieras diciendo que subiste todos los pisos.- ahora ella si que no se contuvo en mirarlo indignada. -Yo en verdad estaba muy enfadado contigo y quería despedirte. Pero no soportaba la idea de dejar a una buena persona sin trabajo, así que quise probarme que no lo eras.-
-¡¿Así que todo esto era con el proposito de que fallara para que tuvieras una excusa para despedirme?!- ¿la había hecho hacer todo eso solo porque había creído que haría trampa?
-Pero no fallaste, Kurosaki.- suspiró, y ella no supo decir si estaba aliviado o decepcionado. -Me demostraste que eres una buena persona.- sus dedos seguían atendiendo su pierna, y le hacían dificil realizar la tarea de mandarlo a la mierda. -Pero aun estoy molesto contigo.-
Ella bufó.
-¿Entonces tengo que seguir trayendote tu café?-
-Sí, pero... esta vez por el camino que quieras.- ella casi sonrió hasta que él volvió a abrir la boca. -Y también quiero que me prepares unos bollos.-
-¡¿Qué?!- ¿es que no podía ser agradable por más de diez segundos?
Estaría más enojada pero el masaje en su pierna tenía un efecto demasiado calmante.
-Bueno, eres cocinera ¿o no? Y, por cierto, los quiero antes de las 7 o volveras a las escaleras.- tenía suerte de tener dedos tan habilidosos o ya lo habría golpeado en esa bonita cara suya. -Bueno, ya tienes que ir con Inoue, sigues siendo su asistente.- finalmente soltó su pierna. -Ahora solo debes caminar, nada de estar sentada, ni correr. Solo camina.-recomendo ayudandola a ponerse en pie.
Sus manos rodearon su cintura en el proceso, y la pelinegra solo podía ruborizarse por milesima vez desde que lo conocía.
-Sé que tengo que hacer. Te dije que solía hacer... actividad fisica.- se apartó de él bruscamente. -Voy a volver con Orihime-chan. Que tengas buenos días.- sin más se marchó.
Sus piernas se sentían casi normales, y ella no podía evitar sonrojarse ante el recuerdo de las manos de Hitsugaya Toshiro sobre ellas.
Por más tonto que sonara, se la pasó todo el resto del día evitando mirar sus piernas.
Al regresar a su casa, seguía evitando mirar hacia abajo.
Yuzu notó eso y de inmediato preguntó al respecto.
Karin había estado evitando contarle a su hermana de sus días de trabajo desde ayer, pero sabía que no iba a dejar de insistirle hasta que hablara, por lo que decidió hacerlo durante la cena.
-¡Karin-chan, eso es muy bueno!- festejó la castaña cuando terminó de contarle. -¡Es ideal para nuestro plan!-
La pelinegra gimió. ¡Había olvidado por completo el estupido plan!
Había olvidado que ella era la villana del cuento, no Hitsugaya Toshiro.
-Bueno, sin duda conseguí una buena oportunidad para acercarme a él. Pero eso no cambia el hecho de que no tengo ni idea de cómo conquistar a un hombre.- hizo una mueca.
-¡Para eso estoy yo, Karin-chan! ¡Nada que un cambio de imagen no arregle!-
-¿Eh?-
-Tu trabajo es llamar la atención de Hitsugaya-san, y no lo conseguiras si te vistes de esa manera que grita "no quiero que me noten". Tampoco tienes que vestirte de un modo que grite "soy una zorra", pero si de un modo que obligue a los hombres a que te vean y sientan que harían lo que fuera solo porque los voltearas a ver.- alzó un dedo con fuego ardiendo en sus ojos color marrón.
Ciertamente, Karin no había entendido del todo lo que estaba tratando de decir, pero estaba dispuesta a todo por su padre.
-Has lo que sea necesario, Yuzu.-
Apenas terminaron de cenar, la castaña arrastró a la pelinegra a su habitación y la hizo probarse mil cosas hasta que finalmente se decidió por una falda negra que le llegaba 20 centimetros por encima de la rodilla y una blusa blanca con lentejuelas grises que formaban las alas de un ángel.
-Y mañana antes de irte me dejaras a MÍ arreglar tu cabello.- la de ojos negros bufó, pero decidió mejor no discutir.
Karin solía llevar el cabello largo hasta la cintura en una desprolija coleta baja, pero ahora Yuzu se lo arregló en una alta, prolija y elegante coleta alta.
Fue raro volver a utilizar falda, no lo había vuelto a hacer desde la preparatoria. Y el inicio de sus pechos bastante grandes heredados de su madre se dejaba apreciar por el escote en V de la blusa.
Yuzu también quiso maquillarla, pero ahí es donde trazo la linea.
De todas maneras, pensando en la exageradamente hermosa secretaria de Hitsugaya Toshiro, la Kurosaki de mal caracter dudaba impresionarlo.
Cuido no ensuciarse la ropa preparando los bollos y el café para su jefe, tratando de ignorar las miradas descaradas del personal masculino, y algunas femeninas.
En el ascensor iba con dos hombres que ni siquiera disimulaban mirar a su escote y sus piernas.
¡Oh, pero por favor! ¡La falda no era taaaan corta y la blusa apenas mostraba nada!
Conteniendose de patear en la entrepierna a los dos hombres, se bajó un piso antes y decidió ir el resto del camino por las escaleras a pesar de que aun las odiaba.
Recordó los consejos de Yuzu.
Ser seductora pero discreta, nunca dar la impresión de ser una facil, siempre parecer inalcanzable, no atosigarlo, y sobre todo siempre tener una bonita sonrisa, así, paso a paso, iría apoderandose del corazón de Hitsugaya, y pronto... de su billetera.
Tocó la puerta tímidamente, pero no recibió respuesta, ni tampoco las proximas veces que tocó.
Con un suspiro, simplemente entró.
Él estaba concentrado en su papeleo como siempre. Ni siquiera se molestó en voltear a verla.
Tragando saliva nerviosamente, un poco decepcionada de que no la haya ni mirado, simplemente puso el café y los bollos en el escritorio.
-Aquí tienes.- le dijo.
-Hmm.- solo dijo él, aun sin mirarla.
Conteniendo un suspiro de decepción, comenzó a irse de la oficina.
Volteó una última vez antes de irse, pero él nunca la miró.
-¿Karin-chan estás bien?- preguntó Inoue preocupada por la cara de funeral que había estado cargando todo el día.
-Si, Orihime-chan. No te preocupes.- le sonrió tranquilizadoramente.
-En ese caso... ¿podrías llevarle esto a Rangiku-san en su oficina, por favor?- le tendió un platillo de dudosa procedencia.
-Claro. Tú mandas.- tomó el platillo manteniendolo a una distancia prudente de su nariz.
-¡Gracias, Karin-chan!-
La oficina de Matsumoto Rangiku estaba en el mismo piso que la de Hitsugaya.
Otro viaje en ascensor. Solo esperaba que no hubieran más acosadores.
Esta vez, sin embargo, la persona con la que compartió el ascensor era alguien muy familiar para ella.
Kuchiki Byakuya. El hombre que había enviado a la carcel a su hermano.
Su boca se secó del puro odio y él por supuesto que la reconoció de inmediato.
Sin soportar estar cerca de ese hombre, la chica paró el ascensor en el tercer piso y decidió ir todo el resto del camino por las escaleras que ahora no se veían tan malas.
Escalón por escalón, las lágrimas se deslizaron pequeñas por el rostro de Karin mientras pensaba en su pobre hermano.
Ya para el noveno piso se decidió a secarselas, obligandose a si misma a calmarse.
Cuando llegó al decimo piso, maldijo al encontrar a Matsumoto no en su oficina, sino que entrando en la de Hitsugaya.
Se quedó en shock cuando ella la volteó a ver.
-¡Oh! ¿Karin-chan, no?- le sonrió, haciendole una señal para que se acercara. -¿Eso es para mí?-
Sonriendo falsamente, se acercó a la secretaria que mantenía la puerta abierta y le dio el platillo.
No pudo evitar mirar de reojo a la oficina, congelandose ante la visión de Kuchiki Byakuya caminando junto a Hitsugaya Toshiro hacia la puerta, mirandola ambos fijamente.
-Así que... Hitsugaya.- habló el Kuchiki mirando a la Kurosaki sin ocultar su desdén. -No sabía que admitía usted criminales en su empresa.-
Continuara...
