Intereses.
Capítulo 4: Truco viejo.
-Así que… Hitsugaya.- habló el Kuchiki mirando a la Kurosaki sin ocultar su desdén. –No sabía que admitía usted criminales en su empresa.-
Los ojos de Hitsugaya Toshiro se clavaron confundidos en Kuchiki Byakuya, antes de mirar a Karin, y luego de nuevo al noble.
-Explíquese, Kuchiki.- su tono fue el frio y monótono de siempre, no parecía importarle mucho el asunto.
-Ella es la hermana de quien trató de robarme.- dijo el pelinegro sin demostrar otra emoción aparte del desprecio hacia ella.
La de ojos negros lo miró con todo su odio.
-No veo porque eso convierte a la señorita Kurosaki en una criminal.- la fría e indiferente voz de Hitsugaya hizo a los dos pelinegros voltear hacia él con distintas expresiones.
Kuchiki se notaba mínimamente incrédulo, ella no era capaz de contener su sorpresa absoluta.
-¿Está usted diciendo que va ignorar el hecho de que una de sus empleadas es cómplice de un crimen?-
-¿Cómplice?- el peliblanco ahora sí se mostró interesado.
Karin quería que se la tragara la tierra. Matsumoto Rangiku se mantenía al margen, mirándola de reojo de vez en cuando.
-La "señorita" aquí, se atrevió a mentir en mi cara frente al juez a favor de su hermano, a pesar de que yo lo vi perfectamente robándome, tratando de llevarse las joyas de mi hermana pequeña.- una vez más la fulminó con la mirada. -Por su culpa se planteó una duda y casi pierdo ese juicio.-
La asistente de Inoue ya no pudo controlar su lengua.
-¡Pero ganaste!- lo miró con los ojos llenos de lágrimas a través de todo el odio. -¡Enviaste a mi hermano a la cárcel! ¡¿Por qué sigues torturándome?!- tomó los lados de su cabeza con las manos.
No iba a llorar frente a él, no otra vez.
-Si por mí fuera, niña, te habría enviado también a ti a la cárcel.- sus ojos se encontraron, ojos grises implacables e insensibles contra lagrimosos y llenos de odio ojos negros.
-Matsumoto.- la voz del de ojos turquesa sacó nuevamente a los dos pelinegros de su concurso de miradas. –Acompaña a Kuchiki a la salida.- los ojos del noble se ampliaron por una fracción de segundo ante la sorpresa mientras que la Kurosaki sintió una pequeña sensación de victoria junto con un poco de simpatía hacia Hitsugaya. Dicha simpatía aumento cuando él le tendió un pulcro pañuelo. -Toma.-
Aparentemente sí podía ser amable.
Se secó las lágrimas no derramadas de los ojos mientras veía a la escultural secretaria de su jefe guiar a la persona que más odiaba en el mundo fuera de su vista.
-Solo le advierto, Hitsugaya.- volvió a hablar Kuchiki Byakuya antes de ingresar al ascensor. -No confié en esa niña.-
Sin más, el noble finalmente se largó. Arruinándole un poco más la vida al advertir al peliblanco de no confiar en ella.
Porque en realidad, ella si tenía malas intenciones con él.
-Lamento eso.- le sorprendió la repentina disculpa de su jefe.
-¿Qué?- lo miró curiosa.
-De haber sabido tus… problemas con él… me habría asegurado de que no se encontraran.- se pasó una mano por el pelo.
-Lo que dijo no fue mentira, sabes…- se vio en la necesidad de aclarar.
-Lo sé.- la miró con los ojos suavizados. -Pero no creo que eso sea excusa para casi hacerte llorar… Yo, al menos, creo que nada es excusa para hacer llorar a una mujer.- sus ojos por un momento se llenaron de nostalgia, pero luego volvieron a ser fríos y distantes. -Y tú eres mi empleada, y un ser humano, no voy a dejar que te traten de ese modo en mi presencia mientras pueda evitarlo.- ella solo lo miró en silencio, sin saber qué hacer o decir, hasta que él suspiró. -No te preocupes, no te juzgó por lo de tu hermano. Yo habría hecho lo mismo por mi he… Eh… En fin, lamento el mal rato. Ya puedes volver a tus actividades regulares.- la despidió con los ojos más distantes que nunca.
Karin lo miró algo decepcionada por… ¿por qué? No estaba del todo segura.
-Gracias.- le sonrió apenas. -¿Q-quieres que te… prepare algo?...- trató de aligerar el ambiente.
-Bueno… esos bollos de esta mañana estuvieron muy buenos...- le dedicó la más pequeña de las sonrisas.
De pronto, el corazón de Karin comenzó a latir un poco demasiado más rápido de lo normal.
-¡Oh! ¡En seguida te traigo otros, entonces!- esta vez sonrió con más ganas.
Mientras bajaba por el ascensor, ignorando a los acosadores, no dejaba de preguntarse por qué no andaba llorando por los rincones deprimida luego de su encuentro con el hombre que envió a su hermano a la cárcel.
Pero el recuerdo de aquella pequeña sonrisa de Hitsugaya Toshiro le impedía ponerse triste del todo por alguna razón.
¡Él realmente le había sonreído!
No una sonrisa arrogante y molesta como antes, una sincera. Pequeña pero significativa. Y ciertamente cautivante.
Y ahora ella no podía dejar de sonreír pensando en esa sonrisa. Aunque se obligó a borrarla de su mente y poner una expresión seria cuando llegó a la cocina para preparar los bollos a su encantador jefe peliblanco.
Inoue solo la miraba de reojo, pero no pedía explicaciones ni la solicitaba para nada.
La pelinegra no estaba segura si era porque sabía que estaba haciendo algo para el jefe o porque era amable o por quién sabe qué, pero antes normalmente siempre la estaba solicitando, puesto que su trabajo era ayudarla.
Encogiéndose de hombros ante el pensamiento, simplemente volvió al décimo piso con los bollos aun humeantes, y otra taza de café, por las dudas. Ya después le preguntaría a su jefa por qué no la estaba solicitando.
Era oficial, aquella era la última vez que usaba falda.
No dejaban de acosarla en el ascensor con sus miradas descaradas, y Hitsugaya ni siquiera la había notado.
Su simpatía por él, que antes había estado en 0, y había subido a 55% con lo de Kuchiki Byakuya y la sonrisa, bajó hasta 40% en el aumento de su resentimiento por haberse vestido de ese modo por nada.
Al llegar a la oficina, notó con sorpresa que él no estaba inmerso en su papeleo como era su costumbre, sino que se encontraba contemplando un cuadro con gesto nostálgico.
Apenas la vio, sin embargo, guardo ese cuadro en un cajón a velocidad luz.
-Kurosaki…- casi tartamudeó.
La de ojos negros no hizo nada por un momento, antes de simplemente acercarse y colocar los bollos y el café en su escritorio frente a él, sonriendo amablemente.
-Aquí… aquí tienes.- estaba nerviosa, su intensa mirada turquesa sobre ella la hacía sentir una serie de retortijones en el estómago.
¿Serían las dichosas mariposas? ¡Oh, por todos los cielos NO, rogaba porque no! ¡Eso era demasiado cursi!
Además, que no estaba bien sentir algo por Hitsugaya Toshiro.
Si le tenía aunque sea el más mínimo aprecio, entonces no sería capaz de hacerle lo que tenía planeado hacerle.
-Gracias, Kurosaki.- él asintió agradecidamente, y ella se abofeteó por estar decepcionada de que no le sonriera.
-Cuando quieras.- quizás era un poco demasiado informal con él, pero hasta ahora no lo había oído quejarse.
-Kurosaki.- su voz la frenó cuando estaba abriendo la puerta para irse.
-¿Si?-
-Umm… Tú… ¿tú vas a algún lugar después del trabajo?- ladeó el rostro confundida.
¿Por qué le interesaba?
-¿Por qué preguntas?- no era precisamente de las que pensaban dos veces antes de hablar.
-Porque… bueno, porque… Tú… tú… Te ves muy bien.- recién en ese instante Karin notó sus ojos turquesas recorrerla de arriba a abajo al mismo tiempo que sus mejillas se coloreaban casi imperceptiblemente.
Ella estaba segura que las mejillas de ella estaban coloreadas MUY perceptiblemente.
-Oh, eso…- ¡Si lo notó! ¡Si lo notó! Su simpatía subió al 60%. -No voy… a ningún lado… solo es cosa de mi hermana. Le gusta jugar a que soy su Barbie.- eso era técnicamente cierto.
-Oh.- solo dijo, y la simpatía que sentía por él se redujo al 50% al recordar como la había regañado por darle la misma respuesta. -Había algo que quería pedirte… pero creí que tenías que salir, así que lo suspendí… Pero como veo que no tienes que salir, supongo que si puedo pedirte que hagas el aseo de mi oficina.- su simpatía volvió al 0%. ¡Él no lo había notado, él solo quería hacerla trabajar!
-¡¿Disculpa?! ¡Soy cocinera, no de limpieza!- se quejó de inmediato.
-Bueno, es eso o…-
-Limpiar los baños del primer piso, ya sé.- recordó asintiendo amargamente, su simpatía al -10%.
-En realidad, te iba a decir que era eso, o aceptar traerme unos Waffles mañana…- uno de los extremos de su boca amenazaba con curvarse en una sonrisa burlona.
La Kurosaki decidió que no le gustaban nada esas sonrisas, sin importar lo guapo que lo hicieran lucir.
Sintiendo un pequeño impulso de rebeldía, cruzó los brazos sobre el pecho y sonrió burlonamente, decidida a hablar con la voz más azucarada que tenía:
-Oh, Toshiro…- él se congeló ante la mención de su nombre de pila. -Eres un glotón.- guiñó un ojo coquetamente antes de irse casi corriendo de la oficina.
¡Realmente había hecho eso! ¡¿Realmente había hecho eso?!
Yuzu estaría orgullosa.
Prácticamente le había faltado al respeto a su intimidante jefe, por más irritante que fuera, ¡y le había coqueteado!
¡Oh dioses de la ética profesional, perdónenla y castiguen a Yuzu! ¡Todo era culpa de Yuzu!
¡Yuzu la había arrastrado a aquello! ¡Yuzu le había puesto esa falda y Yuzu le había dado todos esos tontos consejos!
¡Y seguramente también era culpa de Yuzu que estuviera sintiendo esa necesidad por llamar la atención de Hitsugaya Toshiro!
Ella había llenado su cabeza. Si, eso debía ser.
No podía ser otra cosa.
Volvió con Inoue y pidió algo para hacer, a lo que ella solo la mandó a lavar platos.
No podía dejar de fruncir el ceño ante su comportamiento.
Ella la hacía trabajar cada vez menos y Hitsugaya cada vez más.
¿Estaría eso de algún modo relacionado?
Orihime-chan la mandó a casa un poco antes, por lo que llegó sabiendo que Yuzu no iba a estar.
Lo primero que hizo claro que fue cambiarse. Luego, se decidió a ella misma hacer la cena.
Recién comenzaba a picar los vegetales cuando un grito desgarrador resonó por toda la casa congelando la sangre en sus venas.
Su padre.
Desesperada, corrió hasta la habitación donde él reposaba todo el día "esperando la muerte" como había dicho ese medicucho de cuarta categoría.
Él no dejaba de retorcerse en la cama, y Karin solo pudo ponerle un paño húmedo en la frente y acariciar reconfortantemente su cabello mientras lágrimas de impotencia se deslizaban de sus ojos ante el dolor de su amado padre.
Si bien siempre habían peleado cuando él se encontraba en perfecto estado de salud, ella siempre lo había admirado por ser tan fuerte por sus tres hijos cuando su amada esposa falleció.
Karin realmente amaba a su padre y no quería dejarlo morir por nada en el mundo.
Ya había perdido a su madre, no entendía por qué ahora querían quitarle a su padre. No entendía por qué Ichi-nii tenía que haber sido tan estúpido y ahora estuviera alejado de ellas. No entendía porque ella y Yuzu habían terminado haciendo lo que estaban haciendo.
¿Qué había hecho su pobre familia para ser tan castigada?
¿Cuál de ellos había fastidiado a quién para pasar tal sufrimiento?
Su padre cayó enfermó de la nada.
Era clínico, tal vez algún paciente le había contagiado algo.
Pero él, un hombre tan fuerte, se deterioró tan rápido.
No podían pagar la operación de su padre para salvar su vida, y él había dicho que "no quería pasar sus últimos días lejos de su hogar" y se negó a seguir hospitalizado, por lo que los médicos accedieron a que pasara sus últimos meses de vida en su casa con su familia.
Su padre había aceptado su destino pero ellos no se conformaban, y él estaba demasiado enfermo para impedirles hacer nada, apenas tenía fuerzas para comer y pasaba la mayor parte del día inconsciente.
Su hermano nunca dejaría de ser su héroe al menos por intentar aquel robo, aunque fallo, por tratar de salvar a su padre.
Eso demostraba todo lo que era capaz de sacrificar y dejar de lado solo por su padre, y por ello ambas gemelas no pudieron permitir que el sacrificio de su hermano sea en vano.
Karin tenía que admitirlo, si a Yuzu no se le hubiera ocurrido un mejor plan ellas… ellas…
Habrían acabado prostituyéndose.
Habrían sido capaces hasta de eso. Por salvar a su padre.
Pero bueno, al final lo que planeaban hacer ahora no era muy distinto a eso.
Así como Yuzu debía intentarlo con Vorarlberna, Karin debía intentar seducir a Hitsugaya.
Y llevárselo a la cama las veces necesarias para embarazarse.
Una vez embarazada tendría garantía.
Yuzu lo había planeado todo con lujo de detalle.
Incluso si le decía que no quería al bebé podría sacarle dinero de todas formas con la amenaza de ir a la prensa. Alguien con el status de los millonarios que habían elegido necesitaban tener muy bien cuidadas sus reputaciones.
Era un truco viejo, si. Era cruel y completamente sin escrúpulos, si. Y sabía que se iba a arrepentir el resto de su vida por aquello aun si todo les salía bien.
Pero más allá de toda moralidad, jamás se perdonaría ni podría vivir consigo misma si dejaba morir a su padre.
Al verlo retorcerse y convulsionar, sabiendo que pronto le llegaría la hora, Karin solo pudo reafirmarse más en su lugar.
Cada vez que lo veía así otro pedacito de su corazón se rompía.
Y eso la hacía sentir ser capaz de todo sin la mínima estela de culpa o remordimiento.
Eso le recordó porque hacía lo que hacía.
Eso le dio fuerza y ganas de conquistar lo más pronto a Hitsugaya Toshiro y hacer lo que tenga que hacer.
No importaba qué.
Vería la manera de conseguir su dinero costara lo que costara.
No debía importarle nada más que su dinero.
No debía importarle nada más que su familia.
Él no debía importarle. Ella misma no debía importar.
Solo su padre y su hermana, que eran lo único que le quedaba.
Tampoco pensaba dejar a Yuzu sacrificarse.
Karin sola conseguiría todo el dinero que necesitaban arrancado de las manos de Hitsugaya Toshiro a como diera lugar, a toda costa.
Continuara...
