Intereses.
Capítulo 5: Chismosos.
-¡SEÑOOOOOOR!- la voz cantarina de su secretaria trajo la vista de Toshiro fuera de sus papeles por primera vez desde que llego a trabajar esa mañana.
-¿Qué quieres Matsumoto?- indagó fríamente como era su costumbre.
-¡Le llego otra carta de su abuela y Momo-chan!- sacó de su escote dicha carta y se la tendió.
Él la tomó con dos dedos.
-Gracias, ya puedes retirarte- la despidió impaciente para que se fuera y pudiera leer la carta en paz. Por supuesto, ella se quedó anclada en su lugar. -A menos que quieras comenzar a ponerte al día con tus papeles.- jugó su última carta.
-¡Adiós!- desapareció más rápido que político endeudado.
Hitsugaya bufó.
Ella no tenía remedio.
Miro la carta sobre su escritorio con ojos cautelosos.
La última vez que había recibido una carta de su abuela y Hinamori, su vida había dado un giro de 180 grados.
No tenía un buen presentimiento acerca de esa carta.
Con dedos temblorosos, la desdobló.
Estaba a punto de leerla cuando la puerta de su oficina se abrió repentinamente.
Era Kurosaki, con un plato de Waffles y una taza de café.
No pudo evitar parpadear confuso.
Ella ayer había parecido molesta cuando le pidió que le trajera nuevamente el desayuno, y pensó que no se iba a aparecer, pero ella parecía no dejar de sorprenderlo.
Hablando de sorpresas… aún seguía sorprendido por lo último que le había dicho el día anterior.
"Toshiro".
¡Ella lo había llamado por su nombre!
Si era sincero consigo mismo, en realidad no había oído el resto de lo que dijo luego de escucharla decir su nombre. Su mente se había puesto en blanco del shock y la sorpresa.
Su primer pensamiento fue que le encantaba su nombre saliendo de esa boquita suya con esa vocecita de ángel travieso. Su segundo pensamiento había sido que dejara de pensar estupideces. Y su tercer pensamiento fue que aquello fue una completa falta de respeto.
La iba a reprender apenas terminara todo el papeleo, pero no se esperó que ella en serio le fuera a traer los Waffles.
Y era difícil permanecer enojado con ella cuando esos Waffles olían tan bien.
-Buenos días.- saludó ella, pero… había algo diferente en su voz, y sus ojos estaban sin su brillo característico.
También tenía unas enormes ojeras.
-Buenos días…- contestó vacilante. -¿Estás bien…?...- agradecía que su tono de voz no sonara tan ansioso como él se sentía.
-No importa.- solo respondió monótonamente, dejando su desayuno en el espacio libre de su escritorio.
-Eso no es una respuesta, Kurosaki.- refunfuñó cruzándose de brazos.
-¡Estoy bien, Toshiro!- exclamó finalmente bufando y también cruzándose de brazos.
Él se congeló.
Ahí estaba de nuevo.
Su nombre.
¡Lo había vuelto a llamar por su nombre!
-Es Hitsugaya para ti, Kurosaki.- la corrigió poniendo la más fría de sus facetas.
-Oh.- murmuró ella distraídamente, sin ponerle la más mínima atención.
Sintió una vena hincharse en su sien.
-¿Es necesario recordarte que soy tu jefe?- gruñó tratando de controlar su temperamento.
-Créeme que no.- ella volvió a bufar. -¿Algo más, jefe-sama?- pestañeó angelical y sarcásticamente.
Él habría pensado que era adorable si ella no hubiera sido tan… fría…
-No…- todo él se moría por preguntarle qué le pasaba, pero… no era asunto suyo, en realidad. -Puedes retirarte.-
-Hmm…- aun con los brazos cruzados, comenzó a irse de su oficina.
El peliblanco no pudo evitar recorrer el cuerpo de la pelinegra con los ojos.
Estaba vestida de nuevo con una falda corta y una blusa ajustada.
Maldita sea, ella era hermosa.
Normalmente no se impresionaba por las mujeres de cuerpos despampanantes, no después de tener la secretaria que tenía, pero había algo en ella que… simplemente le atraía.
Pero no es como si fuera a decírselo o hacer algo al respecto por esos nuevos sentimientos. Simplemente se los guardaría en lo más recóndito de su ser y los ignoraría y reprimiría.
No es que fuera algo fuerte, solo era… atracción, que seguramente pronto se pasaría.
Aunque nunca había sentido eso por nadie. Nunca les había tomado mayor importancia a las chicas.
Siempre había postergado el momento de comenzar a tener citas y eso, hasta que terminó siendo presidente de la cadena de hoteles, y ya no le quedó ningún tiempo para esos asuntos.
Maldiciendo, se regañó por pensar tonterías y decidió mejor leer la carta de su abuela y Hinamori.
"Querido Shiro-chan." Comenzaba la carta. "¿Cómo has estado? ¡Nosotras muy bien! Te echamos mucho de menos. Esperamos que no te estés esforzando mucho en el trabajo. Trata de relajarte." Rodó los ojos ante eso. "En fin, querido, te estamos escribiendo esto porque, como sabes, ¡pronto será el cumpleaños de la abuela!" ¡Oh, diablos, lo había olvidado! "Y, ¿a qué no adivinas quién vendrá?" Por todos los cielos, ¡que no sea quien él estaba pensando que era! "¡Tobiume!" Maldición. La mejor amiga de Hinamori. "Ella está muy emocionada por verte. Nosotras esperamos de todo corazón que finalmente te animes a invitarla a una cita." Volvió a rodar los ojos. "¡Ella es ideal para ti! Y no te preocupes, sigue soltera." No se cansaría de rodar los ojos. "Como obviamente aún no tienes novia, decidimos arreglar una cita para ustedes después de la fiesta. ¡Ya puedes irnos agradeciendo!" Maldición, maldición, maldición. "Las tres te esperamos ansiosas. ¡Besos y abrazos!"
Dejó caer la carta directo al suelo, su rostro pálido.
¡¿Qué diablos se suponía que iba a hacer ahora?!
Ni muerto saldría con la loca de Tobiume, pero dudaba que su abuela y Hinamori le dieran una segunda opción. Ellas pensaban que él estaba en la "negación" al rechazar a Tobiume, pero la verdad era que ella era simplemente demasiado irritante y pesada.
¡Aparte de que igual que Momo ella también mojaba la cama!
Toshiro no era capaz de dejar de verla como la mocosa amiga chillona de su hermana mayor.
Y ella no le había hecho el mínimo caso hasta que cumplió 15 y se convirtió en un joven apuesto. Era obvio que solo sentía algo superficial por él.
Bufó y se masajeó las sienes.
¡Sabía que esa carta solo le traería dolores de cabeza!
Paseó sus ojos cansados por la oficina hasta posarlos en el desayuno que la Kurosaki le había traído.
Aquello olía muy bien.
Jaló los Waffles y el café más cerca y comenzó a engullirlos.
Estaba delicioso, como todo lo que ella le había traído.
Se permitió relajarse por un segundo, disfrutando de las maravillas culinarias de la cautivante pelinegra.
La dulce miel de los Waffles calmaba un poco su temperamento agriado.
Sus pensamientos volaron a la de ojos negros.
¿Por qué se había visto tan distante antes?
Sacudió la cabeza.
Tenía mil empleados de los cuales preocuparse. Y ella era el problema de Inoue Orihime antes que el suyo.
Pero entonces… ¿por qué no dejaba de buscar inconscientemente excusas para seguir viéndola?
-¡SEÑOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOR!- un escalofrío lo recorrió ante la entrada de su cada vez más escandalosa secretaria.
-¿Ahora qué quieres?- sorbió de su café.
-¡Ow! ¡Que frío es usted!- hizo un puchero. -Yo solo venía a entregarle otra carta, esta vez, es de Yukio Vorarlberna.- el gesto del peliblanco se volvió más frio ante la mención de su rival desde la preparatoria.
-¿Qué quiere?- gruñó. -Lee la carta tú.- mandó cuando ella se la iba a tender.
-Umm…- ella frunció los labios. -Dice que está usted cordialmente invitado al baile anual de empresas Vorarlberna.-
Alzó una ceja, desconcertado.
-¿Por qué está invitándome este año? No tiene sentido.- su gesto ahora se volvió pensativo.
-No lo sé, señor…- la de ojos celestes se encogió de hombros. -¿Cree que esté planeando algo?- se llevó las manos a los lados del rostro, alarmada.
-Conociendo a Vorarlberna, seguramente.- desde adolescentes, los dos habían estado tratando de pisar la cabeza del otro. -Nunca me perdonó por haberle "robado" la beca para la universidad de Tokio.- bufó ante el recuerdo.
-Aun así usted lo invitó a la cena del otro día ¿verdad?-
-Sí, pero él no asistió.- y agradecía a todos los cielos que no haya asistido. Nunca lo hubiera dejado vivir después de que Kurosaki lo haya empapado en esa asquerosa sopa. -¿Tú qué piensas?- pidió su consejo.
-Umm…- se llevó una mano a la barbilla. -Sinceramente no tengo idea de qué pueda estar tramando. Pero me da mucha curiosidad. Debería arriesgarse e ir. Solo esté muy atento y no se fié de nada.- advirtió.
Él asintió. La verdad, también tenía curiosidad.
-¿Supongo que tú iras conmigo?- volvió a comer su desayuno.
-Me gustaría… pero…- miró la carta. -Ese día cae mi aniversario con Gin.- hizo un mohín. -Quería pasarlo todo con él.-
El peliblanco suspiró.
-¿Entonces con quién se supone que debo ir?- siempre que lo invitaban a fiestas, su acompañante era Matsumoto, o Hinamori antes de que pasara… lo que pasó.
-Umm… no sé…- miró disimuladamente de un lado a otro, y él supo que algo estaba planeando. -Tal vez podría con… ya sabe… Kurosaki Karin-chan.- sugirió.
De haber estado bebiendo el café, lo habría escupido o posiblemente se habría atragantado.
-¿Qué te hace sugerirla?- entrecerró los ojos.
-Bueno… ayer me pareció que… ya sabe, la forma en que la defendió… fue… fue… ¡tan lindo!- gorjeó dando brinquitos y palmaditas.
Al Hitsugaya una gota le resbaló por la sien.
-Baja tu arco, cupido.- levantó una mano. -No quiero que estés tratando de conseguirme novia otra vez. O te bajó el sueldo.- amenazó.
-¡Pero señor!- alzó las manos al cielo. -¡Esta vez no es cosa mía! ¡Lo he visto babear sobre ella y no lo niegue!- él se sonrojo.
-Cállate. No voy a llevar a Kurosaki y punto.- dejó de lado el resto de su desayuno y siguió con sus papeles.
-¡Pero señor! ¡Piénselo bien! ¡También podría pedirle que finja ser su novia en la fiesta de su abuela para así no salir con Tobiume-chan!- la cabeza del de ojos turquesas salió disparada a ver a la mayor, que ahora se reía nerviosamente al comprender su error.
-¡Sabía que habías leído la carta, maldita chismosa!- una vena se hinchó en su sien.
-No me cambie el tema, señor.- se cruzó de brazos firme, la muy descarada. -Estamos hablando acerca del modo en que va a convencer a Karin-chan de ayudarlo.-
-¡No estamos hablando de eso!- rugió. -¡Métetelo en la cabeza, Matsumoto! ¡No voy a invitarla a la fiesta ni a pedirle nada!-
La de gran delantera hizo un mohín, otra vez, antes de que su gesto se volviera desafiante.
-¿Entonces con quién irá?- alzó la barbilla, retándolo a responderle. -¿Entonces cómo evitara salir con Tobiume-chan?- él apretó los puños. -Admítalo señor, lo que le dije es una buena idea para solucionar sus problemas.- sonrió segura de sí misma.
Él bufó. Si, si, si era un buen plan, lo admitía.
-¿Pero por qué Kurosaki?- preguntó ya resignado.
Matsumoto sonrió al comprender que había ganado.
-Ella es nueva. No sabe nada de lo que pasó con Momo-chan.- tenía un punto. -Además, ¡es bellísima! Y su abuela la amaría.-
-Hmm…- cielo santo, ¿realmente se estaba dejando convencer? ¿Realmente lo estaba considerando? -No creo que ella acceda…-
-¡Claro que accederá! A cambio de un ascenso.- guiñó un ojo.
-¿Estás loca, Matsumoto? Aquí es donde trazó la línea. No le voy a dar ascenso a alguien solo por hacerme un favor.- frunció el ceño.
-¡Oh, por favor!- ella rodó los ojos. -Se nota que le encanta la comida de esa chica. ¡Vuélvala su chef personal! Seguirá trabajando en la cocina, solo que ahora tendrá que cocinar únicamente para usted bajo sus órdenes. Le traerá su desayuno y cena. Usted siempre ha cenado en la oficina y casi nunca desayuna. ¡Solo será un pequeño aumento y listo! ¡Nada cambia!- tenía que admitir que le encantaba la comida de la chica, pero era muy pronto, y nunca había tenido chef personal… -Además que así podrá verla todos los días…-
Sus mejillas se sonrojaron ante la idea.
-L-lo p-pensare…- miró los únicos 2 Waffles que habían quedado. -Pero no estoy diciendo que si, así que no te emociones.- advirtió cuando ella empezó a chillar.
-Oh, bien… Entonces lo dejare pensar.- guiñó un ojo y luego se retiró.
Él suspiró y terminó de comer los Waffles, pensando en la chica de ojos negros.
¿Verla todos los días? Eso era demasiado tentador.
A pesar de que no la conocía hace mucho ella se las había arreglado para hacer de cada uno de sus encuentros algo simplemente… único, distintivo… y siempre lo sorprendía de alguna manera.
No podía dejar de preguntarse por qué estaría tan decaída ese día.
Aunque más que decaída se notaba… completamente indiferente e insensible.
Volviendo a sus papeles, se preguntó distraídamente si tendría algo que ver con Kuchiki Byakuya.
Ya hacia el mediodía, luego de salir de una reunión, la ansiedad lo consumió y, sin ser del todo consciente de lo que hacía, bajó a la cocina y la buscó con la mirada.
Ella estaba picando unos vegetales bajó la atenta mirada de Inoue, que no dejaba de darle instrucciones.
Suprimió una sonrisa ante la mueca de horror de la pelinegra ante cada cosa que le pedía su jefa.
Ya parecía menos sombría que en la mañana, pero ese parecía ser el efecto Inoue Orihime, esa chica parecía tener talento para arrancarle el mal humor a cualquiera, no por nada había logrado convertirse en la prometida de Ulquiorra, el tipo más anti-emoción que había conocido, ganándole solo por poco a Kuchiki Byakuya.
El pensamiento de Kuchiki lo devolvió a su resolución por abordar a Kurosaki y saciar su curiosidad. Podía alegar estar preocupado por si lo de ayer le afectó… porque en realidad si estaba preocupado por eso.
Finalmente la pelinegra pareció tener un descanso, ya que se sacó el delantal y salió de la cocina.
Él la siguió, dispuesto a hablar con ella aunque sin tener idea de qué decirle realmente.
Oh, bueno, no todo en la vida tenía que tener previa planificación ¿cierto?
Ella, extrañamente, se metió detrás de las escaleras.
Alzó una ceja.
¿Qué diablos?
Sintiéndose como si Matsumoto le hubiera contagiado lo chismoso, se aproximó a paso lento y vacilante a las escaleras, sin dejarse de preguntar qué demonios estaba haciendo.
Kurosaki Karin definitivamente lo afectaba.
No estaba seguro si eso era bueno o malo.
-…No… No, Yuzu, yo no puedo hacer eso…- la oyó a hablar. -No Yuzu… Sé que no podemos perder tiempo, pero… realmente no estoy de ánimo, después de lo de papá ayer…- ¿qué le pasó a su padre?... Cielos, en verdad se sentía como un maldito chismoso. -¡Tú solo concéntrate en Vorarlberna que yo me concentrare en Hitsugaya!- eso último lo congeló.
-¡¿Qué?!- no pudo evitar exclamar, shockeado.
¿Qué diablos tenía que ver ella con Vorarlberna? ¿Y por qué estaba hablando de él? ¿Justamente de él y su rival?
Ella volteó a verlo viéndose tan shockeada como él se sentía.
-Toshiro…- susurró pasmada.
Él empujó lejos las dulces sensaciones que le provocaba el oírla llamarlo por su nombre, dejando paso solo a la sospecha y desconfianza.
-Ahora, Kurosaki.- se cruzó de brazos. -Será mejor que tengas una buena explicación para lo que acabo de escuchar.-
Continuara...
