Intereses.
Capítulo 6: Confianza.
-Ahora, Kurosaki.- se cruzó de brazos. -Será mejor que tengas una buena explicación para lo que acabo de escuchar.-
Ella lo miró con ojos amplios y nerviosos, alentando la idea que había comenzado a surgir en la mente del peliblanco.
¿Sería ella una espía de Vorarlberna?
¿Era eso lo que él planeaba? ¿Por eso lo invito a su fiesta?
Aunque eso no encajaba mucho con lo que la había oído hablar, la idea simplemente no lo abandonaba.
-Yo... yo... estaba hablando con mi hermana...- tartamudeó ella.
-¿Por qué me mencionaste? ¿Y por qué mencionaste a Vorarlberna?- su tono era acusador.
-Yo... mi... mi hermana trabaja con él...- sus respuestas eran demasiado vagas y vacilantes.
Definitivamente había algo raro con ella.
-¿Y qué quieres decir con eso de que ella se concentre en él y tú en mí?-
Ella estaba tardando demasiado en contestar. Por lo que estaba o meditando si decirle la verdad o pensando en una buena mentira.
Más le valía que fuera la verdad o la mejor de sus mentiras.
Contestara lo que contestara, Toshiro dudaba creerle.
Las palabras de Kuchiki Byakuya resonaban en su cabeza.
"No confié en esa niña."
-Eh...pu... pues, bueno... eso... es una forma de decir que ella se concentre en su trabajo y yo en el mío.-
-¿Y por qué te viste en la necesidad de decirle eso y de esa forma?-
-Eh... es por... es por... es porque Yuzu, mi hermana... ella... ella no está… contenta… con su trabajo… con su jefe.- bueno, eso lo creía. Vorarlberna era insoportable. -Y… y ella… ella quiere… venir a… trabajar aquí… y… que yo vaya allá.- ¿Qué?
-¿Cómo?- pestañeó.
-Bueno… es que… las dos enviamos solicitudes a muchos lugares y solo nos aceptaron aquí y allá, pero… estamos peleadas.- hizo una mueca. -Y decidimos que es mejor no trabajar en un mismo lugar juntas… Y por eso, si ella quisiera cambiar de trabajo ahora, a tan poco de comenzar, lo más conveniente es que venga aquí, a tu empresa, pero… yo estoy bien aquí.- él solo escuchaba atentamente. -Y mi hermana está… tratando de convencerme de ir allá… para que ella venga aquí. Y ella solo… te mencionó y… por eso le dije que… que se concentrara en su jefe, Vorarlberna, que yo me concentrare en ti… Solo eso…-
La mirada turquesa no se ablandó en lo más mínimo.
-Hmm…- murmuró, frotándose la barbilla pensativamente. -Vaya. Estoy realmente sorprendido.- ella lo miró confundida. -Eres una mentirosa excelente.- lástima que él no le creía.
-¡¿Q… qué?!...- su boca cayó, sus puños se apretaron a los costados de su cuerpo. -¡Yo no estoy mintiendo…!... ¡Yo… yo… tú…! ¡Tú no sabes…!... ¡Tú no tienes derecho…!...- repentinamente se quedó sin palabras, pero su barbilla seguía en alto.
Ella se negaba a ceder. Se negaba a reconocer nada.
¿Por qué tanta determinación para solo probar su punto?
Entrecerró los ojos. No era estúpido. Por más que lo que decía si concordaba algo con lo que había oído (excepto por la parte del padre), ella se había notado demasiado nerviosa y sospechosa al momento de contestar.
Algo escondía.
-Será mejor que me contestes con la verdad, Kurosaki.- dio unos pasos más cerca de ella, con el propósito de intimidarla. -¿Qué escondes?- ella retrocedió a medida que él avanzaba hasta chocar contra la pared y terminar a pasos el uno del otro. -¿Es verdad eso de que tu hermana trabaja para Vorarlberna? ¿O eres tú la que trabaja para él?- de ser así, la despediría inmediatamente.
Esta vez, si que se vio genuinamente confundida.
-¿Eh?- su gesto repentinamente se volvió fastidiado. -¿Todo este interrogatorio es porque crees que trabajo para ese papanatas excusa de emo teñido?- se cruzó de brazos.
Muy en contra de su voluntad, el peliblanco contuvo una risa ante su definición de Vorarlberna.
-No juegues conmigo, Kurosaki.- agradeció que su voz no titubeara en su dureza. -Sé muy bien que algo está planeando Vorarlberna, y de repente me enteró que tú tienes algo que ver con él… ¿demasiada coincidencia, no crees? Solo es sumar 2 más 2.-
La boca de ella estaba abierta de la incredulidad.
-¡Búscate otro 2 para tu cuentita de cuarta!- pisoteó. -¡Yo no tengo nada que ver con Vorarlberna! ¡Ni lo conozco personalmente! ¡Es mi hermana la que trabaja para él!- prácticamente estaba echando fuego por la boca.
Ante su feroz determinación, el menor atisbo de duda se reflejó en los ojos turquesas.
Tal vez… tal vez ella estuviera diciendo la verdad…
No. No era posible.
Él sabía identificar mentirosos.
Y ella le había mentido.
Pero tal vez esa mentira fue para encubrir algo más, algo que no tuviera que ver con su rival de rubia cabellera, tal vez era algo personal que en realidad no lo involucraba a él… pero entonces… ¿por qué había estado tan nerviosa al contestarle?
Algo raro pasaba con ella.
Y tenía que averiguarlo.
Pero antes, debía descartar la idea de que tuviera que ver con Vorarlberna.
Y se le ocurría el modo perfecto de hacerlo.
-¿Es verdad lo que me dices?-
Ella pareció tranquilizarse cuando vio que lo estaba haciendo dudar.
-Si. Por supuesto que es verdad.- asintió enérgicamente.
-Bien. Entonces, si estás tan segura, te creeré.- ahora ella lo miró desconfiada.
Hmm… no era tonta.
-¿Solo así de simple?- alzó una ceja.
-No.- sonrió ladinamente. -Toma nota, Kurosaki, yo nunca hago las cosas así de simple.- jamás.
-¿Qué quieres decir?- bien, era ahora o nunca.
-Hay un baile este viernes.- en 2 días. -Una fiesta, en empresas Vorarlberna. Yo iré, y quiero que tú vayas conmigo.-
La boca de ella volvió a caer.
-¿Eh?... ¿Pero por qué?...-
-Así verificare si dices la verdad.- avanzó un paso más cerca de ella, ya lo suficiente para poder percibir su cautivante aroma. -Conozco a las personas, Kurosaki. Y en especial, conozco a Vorarlberna.- avanzó otro paso, y ya fue capaz de notar el tenue sonrojo de sus mejillas. -Si estás relacionada con él, lo sabré en esa fiesta.- dio dos pasos más, y presionó suavemente su boca contra su oído. -Quiero que mañana vengas temprano, a las 6 am. Y trae unos zapatos cómodos.- sonrió perversamente antes de alejarse.
El rostro de ella era color escarlata.
-Explotador…- la oyó mascullar, y contuvo una sonrisa.
En verdad esperaba que no hubiera nada malo con esa chica, sería una pena despedirla y dejar de tratar con su curiosa persona.
Solo cuando llegó a su oficina, cayó en cuenta de lo que había hecho.
¡Oh, rayos! ¡De verdad la había invitado a la fiesta!
No exactamente del modo en que Matsumoto hubiera querido, pero lo había hecho.
Bueno, era curioso como su percepción por la Kurosaki había cambiado tanto de la mañana a la tarde.
Y ahora que lo pensaba ¡seguía sin saber porque razón ella había estado tan extraña esta mañana!
Aunque ahora no podía darse el lujo de bajar la guardia con ella.
Hitsugaya Toshiro era un hombre precavido.
Y por más que aún tuviera muchos deseos de seguir viéndola y conociéndola, estaría atento a ella, la vigilaría, no se fiaría de ella.
Al menos, no hasta que ella demuestre que es digna de su confianza.
Porque definitivamente esa mujer algo ocultaba.
Y dudaba que fuera algo que no lo involucrara o a él, o a Vorarlberna… o a los 2.
"No confié en esa niña."
¿Y qué diablos pasaba con su padre?
-¡SEÑOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOR!- el repentino chillido de Matsumoto en su oído casi lo tira de su silla, pero logró estabilizarse, en su lugar tirando una pila de papeles.
-¡MATSUMOTO!- su secretaria volvió a chillar, esta vez del miedo, y se ocultó temerosa tras el librero. -¿Qué diablos quieres ahora, maldita mujer escandalosa?- sentía una vena palpitar a punto de estallar en su sien.
-Eh… lo siento.- se rió nerviosamente. -Solo me preguntaba si ya había pensado acerca de lo que hablamos…-
-Oh.- su ira se esfumó al tiempo que fruncía el entrecejo. -Si, te iba a hablar de eso…- se pasó una mano por el pelo. -Ya la invite.-
La de ojos celestes volvió a soltar un chillido, esta vez de emoción.
-¡¿Y qué dijo?!- lo miró sumamente ansiosa.
Él hizo una mueca.
-Digamos que… yo no le di mucha opción al respecto.- ante su mirada confundida, procedió a explicarle todo.
-¿Sabe? Esa fue la invitación menos romántica en la historia del universo.-
-¿Eso es lo único que tienes que decir respecto a todo esto?- inquirió incrédulo.
-Mmm… bueno, no.- se cruzó de brazos. -También quería decir que es usted un paranoico.- declaró solemnemente.
-No lo soy.- frunció el ceño. -Está bien, admito que saque algunas conclusiones apresuradas, ¡pero ella me mintió! No sé porque razón lo hizo, pero definitivamente no me dijo la verdad.-
Ella negó con la cabeza.
-Aun así no está bien iniciar una relación con tanta desconfianza.-
-¡No vamos a iniciar una relación!- ¿Por qué seguía insistiendo en eso? -¿Qué no entiendes que ella no es de fiar?-
-¿Por eso la invitó a la fiesta?- alzó una ceja, burlona.
No pudo evitar que un poco de rubor se arrastrara a sus mejillas.
-N…no… Es que… Es que decidí darle el beneficio de la duda.- ahora él se cruzó de brazos solemnemente. -Ya veré en esa fiesta si ella realmente no tiene nada que ver con Vorarlberna.- de pronto, su gesto se oscureció. -Y mientras más cerca la tenga de mí, más pronto averiguare qué es lo que realmente oculta.- eso último lo susurro más para sí, aunque sabía que ella lo había escuchado.
-Entonces se está arriesgando el doble.- comentó la secretaria. -Al ir a esa fiesta, y al estar con Kurosaki Karin-chan.-
-Lo sé, pero aparte de averiguar qué es lo que quiere, también voy a vigilarla, y tú vigílala también.- mandó.
-Si, señor.- de repente, sonrió pícaramente. -¿Sabe qué lo ayudaría a vigilarla mejor? ¡Convertirla en su chef personal!- insistió.
-Es verdad, realmente me ayudaría.- asintió dándole la razón. -Pero todo depende de cómo vayan las cosas en la fiesta.-
-Ow, usted siempre tiene peros para todo lo que digo.- hizo un mohín.
-Quita esa cara, mañana te daré el gusto de hacer esa cosa que más te gusta hacer.- comentó con fastidio.
-¿Qué? ¿Me pagara un motel para mí y Gin?- pestañeó inocentemente.
-¡MATSUMOTO!- gruñó sonrojado. -¡Eres una pervertida! ¡Y no! ¡Yo habló de que mañana te dejare acompañarnos a mí y a Kurosaki a comprarle la ropa que llevara en la fiesta!-
Por un momento, el rostro de ella se quedó en blanco, y él contó hasta 3 segundos antes de que soltara el primer chillido.
-¡¿Y también me dejara escoger su ropa?!- se notaba completamente emocionada.
-Ni en tus sueños.- la cortó de inmediato.
-¡Ow! ¡Que malo es usted!-
La echó de su oficina después de intercambiar un par de palabras más y siguió con su papeleo casi distraídamente mientras su mente seguía pensando en cierta pelinegra de ojos negros.
De nuevo, se quedó horas extras.
Solo a las 2 am se permitió conducir directo a su casa.
La mansión que le había heredado su padre en cuanto murió y él se convirtió en presidente de la cadena de hoteles era enorme y lujosa, blanca y azul, llena de jarrones caros y cuadros invaluables, limpia y pulcra, y a quien la viera le causaba impresión, pero era fría, fría y vacía, solitaria.
Era un recordatorio constante de lo miserable que era su vida.
Si es que se le podía llamar vida a su efímera existencia.
La muerte de su padre se podría decir que fue el detonante de una larga cadena de tragedias en su vida.
Primero su padre, luego ese terrible escandalo con Vorarlberna en la universidad de Tokio a la que acabaron asistiendo ambos, luego los meses que pasó sobrecargándose de trabajo, la pelea con Matsumoto justamente por eso, la aparición de Aizen en su vida, y finalmente… lo que pasó con Hinamori.
Hinamori había sido la vice presidenta de la cadena de hoteles, Toshiro había estado sumamente orgulloso de ella, y la respetaba y confiaba en ella.
Por eso no se preocupó mucho cuando Aizen llegó a sus vidas.
Poco a poco ese bastardo fue enamorando a Hinamori a tal punto que se casó con ella y luego provoco un accidente que la dejó en coma por varios meses en lo que él robaba su dinero.
Pero el peliblanco comenzó a sospechar, y terminó averiguando que ese maldito estaba robando el dinero de su hermana, pero demasiado tarde.
Aizen huyó con todo el dinero de ella, quizás a estafar a otra pobre chica.
Gin, el esposo de Rangiku, era policía, y lo estaba buscando. Pero sin mucho éxito.
En cuanto Hinamori finalmente despertó, se negó a aceptar que en realidad todo eso haya pasado, a tal punto que lo acusó a él, A ÉL, de robarle su dinero, negándose a creer que el hombre que amaba la haya traicionado.
Su estado de salud mental era tan delicado que no pudo volver a trabajar. Y su desconfianza hacia Toshiro fue tal que se negaba a seguir viviendo en esa casa donde habían crecido juntos.
Fue su abuela la que literalmente la jaló de la oreja para que dejara de ser tan boba y la llevó a vivir con ella.
Al lado de su abuela, Hinamori fue capaz de entrar en razón y volver a quererlo.
Pero aun después de pasados varios meses, de vez en cuando tenía algún que otro "ataque", y volvía a caer en la locura de amar a Aizen y odiar a Hitsugaya.
Y su abuela no iba a dejarla ir hasta que ella pudiera probar que realmente ya estaba en condiciones de volver a trabajar, volver al lado de él.
Y hasta entonces, él tendría que permanecer en esa gran casa, solo.
Por eso prefería quedarse en el trabajo.
Así no tendría que lidiar con esa sensación de soledad, con toda esa nostalgia y los recuerdos.
Nunca había tenido madre.
Su padre era un viudo que lo había adoptado cuando se lo encontró vagando en las calles luego de escapar de ese orfanato donde lo mataban de hambre.
A Hinamori la había conocido en el orfanato, ella era unos cuantos años mayor que él, pero siempre estaban juntos, y habían conocido a su abuela, que en realidad solo era su abuela de corazón, debido a que ella hacia visitas al orfanato para llevarles galletas a los huérfanos.
Pero a Toshiro no le gustaban las galletas, así que ella se acercó a él en específico para preguntarle porque.
Fue Hinamori la que contestó que él prefería las jabas confitadas, y desde entonces la abuela comenzó a traerle eso especial para él.
Su padre adoptó a Momo cuando él se lo rogó por ya considerarla y quererla como su hermana.
Y los dos siguieron visitando a la abuela.
Él había tenido una vida feliz, y a personas que lo amaban.
Pero todo se fue a la mierda.
Todo por esa enfermedad que mató a su padre, y por el bastardo de Aizen.
Ahora él se había quedado solo.
No podía vivir con su hermana y su abuela porque a la primera en cualquier momento podía agarrarle un brote psicótico, y también porque su abuela se rehusaba a abandonar la casa en la que había vivido toda su larga vida, y no podía visitarla muy a menudo ni mudarse con ella porque tenía que trabajar y vivía muy lejos.
Así que solo debía permanecer en esa casa llena de recuerdos, soportando lo que había quedado de su vida.
A la espera de que algo pasara. Algo que cambiara todo. Algo que lo rescatara de su soledad.
Pero era una persona pesimista.
Su hermana nunca iba a recuperarse del todo, nunca iba a recuperar su confianza en él.
La policía nunca iba a atrapar a Aizen.
Él seguiría sobrecargándose de trabajo.
Y nada iba a cambiar pronto.
Continuara...
