Les juro y les perjuro que traté de que el capítulo me quedara corto pero fallé en el intento ; n ; los otros serán más cortos, necesitaba dejar zanjado el tema de la boda y la verdad me estoy divirtiendo al escribir. Espero sea de su agrado y sé que hay cabos sueltos pero eso se resolverá en las siguientes actualizaciones, no desesperen. Muchísimas gracias por sus comentarios y follows, me hacen muy feliz. Como siempre sus respectivos créditos a Marvel, yo sólo tomé prestados sus personajes. (o゚▽゚)o
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"In a few weeks I will get time
To realize it's right before my eyes"
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Los días se habían pasado volando entre los preparativos de la boda y las sin fin de firmas que tenía que poner en los papeles del contrato prenupcial. A Tony no se le dio la oportunidad de opinar ni decir algo en el proceso, su padre y sus abogados se habían encargado que todas las clausulas fueran de beneficio para las dos partes y que no salieran perdiendo. Una de las que más le llamó la atención fue la que establecía que si en un plazo de dos años no había un hijo de por medio, Tony sería libre y una indemnización de veinticinco millones de dólares y varias acciones importantes así como propiedades de la casa Stark pasarían a manos del emporio de Svennson. En cambio sí un hijo de ambos nacía en ese periodo la anterior clausula se anulaba y de inmediato la mitad de cada empresa se pondría a nombre del infante.
Tony firmó y firmó hasta que los nudillos de sus manos le dolieron. Eran demasiadas cosas y ningún cabo podía quedar suelto pero no le importó, podría ver a Gustav y guardaba la esperanza de que pudieran pasar un rato juntos, tan si quiera un par de horas. Se moría de ganas por preguntarle sobre su vida y conocerlo aún mejor, ir a cenar, que las cámaras los vieran juntos y al día siguiente adornar las portadas de los periódicos y los programas de chismes matutinos. Pero todos sus planes se fueron al trasto cuando Gustav terminó de firmar sus respectivos papeles y se fue sin siquiera decirle adiós, no se permitió a si mismo sentirse triste, entendía que su prometido era un hombre ocupado y que fue estúpido pensar que podía gastar algo de su preciado tiempo.
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Faltaban sietes días para el gran día, la primavera estaba casi en su ocaso pero el clima de Mayo era perfecto. La fiesta sería en el condado de Nassau en Long Island un viernes por la noche en una de las casas de verano que su padre tenía ahí. El lugar era amplio para al menos albergar quinientos residentes pero por lo que vio en la lista que su madre preparó, los invitados no rebasaban las trescientas personas. Al principio a María no le había hecho gracia el anuncio de su boda pero después de un día meditándolo le dijo que era lo ideal y lo abrazó para luego darle un apretón de mejillas y un beso en la frente para después colgarse a hablar con sus amigas sobre lo afortunada que era de que su hijo hubiese pescado una "trucha gorda".
Como lo había previsto, sus amigos casi se infartaron con la noticia, tanto que los cinco fueron a verlo a su mansión para preguntarle que si estaba en sus cinco sentidos o Gustav lo había atrapado ebrio. Janet Van Dyne fue la primera en echársele encima y abrazarlo como si esa fuera la última vez que lo vería, le hizo jurar que ella se encargaría de los trajes de ambos novios y como siempre, Tony no fue capaz de negarle nada.
Por otro lado Natasha y Clint lo habían mirado con una cara de enorme pena. La mayor de los Romanoff simplemente había negado con la cabeza mientras se cruzaba de brazos y su hermano menor había estallado en un discurso sobre las parrandas que Tony se iba a perder porque ya iba a estar casado. Por un momento el joven millonario se aterró, porque su estilo de vida jamás fue el de niño bueno que se quedaba en casa, a Tony le gustaba la vida y sentirse libre, que el mundo lo admirara y de alguna manera envidiaran la forma en que se desenvolvía.
Estuvo a punto de gritar y salir corriendo para tirarse a los pies de su padre y rogarle que atrasara la boda un poco más porque aún le faltaban muchas por hacer pero Bruce y su Rhodey lo hicieron entrar en razón diciéndole que las cosas no tenían por qué ser así, seguramente su esposo no era un viejo quejoso y que como ambos se podían dar el lujo de cumplir sus caprichos, los dos la pasarían muy bien (aunque para asegurarse, los seis se dieron a la tarea de buscar información en las redes sociales del futuro esposo de Tony, solo por si las dudas).
Tal vez sus amigos tenían razón, Gustav era joven aún y una de las personas más influyentes en la industria, Tony se imaginó a su futuro esposo cumpliéndole cada capricho que él quisiera y sonrió triunfante. Sus amigos lo animaron hasta que Clint comenzó a pedir sugerencias del lugar al que irían para su despedida de soltero, naturalmente todos se le unieron y Tony se sintió nuevamente como lo que era, un orgulloso Stark que estaba por encima de las personas ordinarias.
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Su madre había echado la casa por la ventana. Las invitaciones eran de un odioso color crema que contrastaban con las letras azul índigo, Tony ni siquiera se molestó en echarles un vistazo, de todas formas fuera lo que tuvieran dentro no lo podía cambiar así que confió plenamente en su progenitora. Había dejado de verla en esa última semana, pues se había ido a la residencia de Long Island para comenzar a decorarla, una semana era un tiempo muy corto pero las florerías y diseñadores especializados en bodas se desvivían por cumplir las palabras de la señora Stark al pie de la letra.
Por su parte Tony disfrutaba de sus últimos días de soltería en Nueva York, los planes de salir con sus amigos una vez más fueron derrumbados por su padre quién le advirtió que a partir de ese momento Anthony Edward Stark debía mantenerse fuera del foco de la prensa. Se iba a casar y ahora debía comportarse a la altura y con madurez, no es que fuera muy fácil para un chico de veintidós años pero una vez más Tony no iba a desafiar a su padre ni tampoco alentar su ira. Les dijo a sus amigos que tal vez después de que pasara la ceremonia tendrían tiempo para convivir como antes.
Pero luego el peso de sus responsabilidades le cayó sobre los hombros, porque su más grande deber era darle a Gustav un heredero. Era cierto que iba a tener a su lado toda la ayuda que requiriera. Enfermeras, niñeras, personas especializadas en el asunto de la crianza justamente como él mismo había crecido rodeado de todos ellos pero se preguntó si eso era suficiente. No es que María jamás hubiese estado al pendiente de él, pero a decir verdad y si sus recuerdos no le fallaban, ella no había estado presente en la mayor parte de su vida y su padre, bueno… ese era otro caso.
Tony trató de no pensar en eso aún, necesitaba disfrutar de su pequeña libertad un poco más antes de caminar al altar y atarse para siempre. Tampoco era como si no lo deseara, simplemente en su mente aún no podía asimilar la idea.
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La noche en la torre Stark era calmada, su padre se encontraba en Alemania con Gustav y su madre seguía sumida en todos los preparativos de la boda así que no esperaba verla en un largo tiempo, tal vez hasta que llegara el gran día.
Tony sabía que Steven estaba por algún lado de la torre al tanto de todos sus movimientos. Howard lo había dejado como seguro de que su hijo no se metiera en problemas mientras él estaba ausente, era extraño sentirse observado. Estaba acostumbrado a las cámaras y a los paparazzi pero porque siempre sabía que ellos estaban ahí, con su guardaespaldas era diferente. Lo había comprobado un par de horas atrás, Tony creyó que lo podía agarrar desprevenido a la hora de la comida. Se había vestido de una manera sencilla, pantalones deportivos, una sudadera que hacía juego con su gorra azul y sus lentes oscuros, tenía ganas de salir a caminar un rato y podía aprovechar que los trabajadores de la torre Stark estaban revoloteando por todos lados. Tony se escabulló por el ascensor privado que lo llevó hasta el estacionamiento subterráneo en donde estaban la mayoría de los coches de Howard, con cuidado eligió el menos vistoso y el que tenía el botón de encendido automático al lado del volante y como no tenía la llave rompió el seguro con mucha cautela de no activar la alarma, para Tony todo ese proceso era pan comido después de haberlo hecho un sinfín de veces cuando era un adolescente. Pero en el momento que trató de encenderlo un molestoso ruido inundó sus oídos.
"toc, toc"
Se escuchó a un lado suyo y al momento que volteó el imponente guardia estaba ahí, no lo sintió llegar ni mucho menos se dio cuenta cuando aquel comenzó a seguirlo, pero lo cierto era que Steven estaba atento de todos sus movimientos, cosa que lo hizo estremecerse.
—Tal vez quieras bajar de ahí. — Steven le dijo mientras se recargaba sobre el carro y asomaba la cabeza por la ventana, su voz se escuchaba gracias a que el vidrio no estaba completamente arriba, pero solo un pedacito de espacio era suficiente para escuchar la potente voz del guardia, aunque aún los separaba el vidrio así que eso le dio un poco de valor al chico Stark.
— ¿Y si me rehúso? — Tony le contestó desafiante y Steve sonrió. Levemente pero lo hizo, era la primera vez que lo veía hacer eso.
—No me obligues a bajarte de ahí, chico. — El castaño frunció el ceño y se cruzó de brazos, ahí estaba otra vez aquel tono insolente de parte del guardia que a Tony no le gustaba ni un pelo.
— ¿Quién te crees que eres para llamarme "chico"? — Tony movió sus dedos haciendo énfasis en la palabra "chico", Steven era un empleado (sí, tal vez el empleado favorito de su padre, pero al final de cuentas, empleado) al servicio de los Stark y él era un Stark, no iba a permitir semejante insolencia.
—Al parecer tu niñera, baja de ahí, no me hagas llamar a la seguridad de la torre para que te saquen y armen todo un escándalo, chico ¿O prefieres que te cargue por todo el edificio hasta tu piso? — Esta vez Steven ocupó un tono serio que hizo que Tony se replanteara su arranque de rebeldía.
—Sólo quiero dar una vuelta ¿tengo prohibido salir? — El chico Stark se hizo el inocente pero para su desgracia, Steven no le creyó.
—En las especificas palabras de tu padre, sí. — Steven le dedicó una mirada severa, a leguas se le veía la poca paciencia que tenía y Tony estaba disfrutando eso. Era obvio que no iba a poder salirse con la suya pero de perdido haría renegar a su guardia un poco más.
—Puedes llamar a seguridad, pero para ser honestos ¿Qué tú no eres el capitán aquí? — Tony le sonrió de manera altanera pero pocos segundos después se arrepintió. Escuchó como el seguro de las cuatro puertas del coche dejaban de protegerlo y seguido de eso un guardia ligeramente molesto estaba sentado en el asiento del copiloto.
—Voy a contar hasta tres…— Tony se aferró al volante y le echó un vistazo a todo lo que tenía a su alrededor, vio el botón que arrancaba el motor y pensó que podía prender el coche antes de que Steven lo agarrar pero no podría mantenerlo en su control sin que el guardia lo hiciera a un lado.
—Uno…— Steven empezó la cuenta regresiva y Tony se debatía entre si hacer su inocentada o darse por vencido.
—Dos…— Miró al guardia por una última vez.
—Tres. — Al carajo todo. En el instante que el guardia terminó su cuenta regresiva una de las manos de Tony se deslizó al botón y lo presionó, el motor arrancó y de un momento a otro tuvo a Steven encima de él tratando de tener control del volante y apagar la máquina. En el jaloneo Tony pisó el acelerador y la catástrofe ocurrió.
En un santiamén el automóvil se les fue de las manos aún si Steven trató de detenerlo o por lo menos darle un rumbo decente. El estacionamiento era amplio pero el espacio entre carros era muy poco, casi se estampan con la sólida pared que tenían enfrente pero el guardia logró darle la vuelta al volante y en vez del concreto, se estrellaron contra uno de los carros del costado y a su vez este empujó un par de carros más y una a una las alarmas de los más de cincuenta coches comenzaron a sonar en unísono.
Tony estaba desorientado y trataba de recuperar el aire que se le había ido de los pulmones. El sonido y la falta de oxígeno no le permitieron darse cuenta de la situación en que se encontraba. Cuando el sentido le regresó segundos después se dio cuenta que estaba entre los brazos del guardia y se alarmó.
Steven sabía que no iba a poder detener el carro así que decidió abalanzarse hacia Tony e interponerse entre el volante y él como si de una bolsa de aire se tratara y con sus brazos aferrarse a la silla como cinturón de seguridad. El chico Stark se removió del agarre y Steven lo soltó.
— ¡Steven! — Tony comenzó a moverlo para ver si aquel le contestaba, enojado, con ganas de estrangularlo o como fuera pero con todas sus fuerzas deseó que el guardia le regresara las palabras.
—Shh…— Steven siseó y el Stark más joven estalló en carcajadas, aliviado y extasiado por la adrenalina del momento, se moría por contarle a sus amigos lo que había pasado. El guardia lo miró directo a los a los ojos (por un segundo pensó que también directo al alma), y Tony experimentó pánico pero el sentimiento se desvaneció cuando su guardaespaldas se unió a las risas, por primera vez desde que lo conocía ambos parecían llevarse bien.
Entre el sonido insoportable, los leves golpes de ambos, los varios carros dañados y el personal que comenzaba a llegar Tony se dio cuenta que tal vez, solo tal vez dentro de la faceta seria y poco amigable de su guardaespaldas se encontraba un hombre suave y carismático.
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Pero al parecer se equivocó. A pesar de no haber recibido golpes mayores, los daños si habían sido algo alarmantes. No es que Howard Stark no se pudiera encargar de eso con solo chasquear sus dedos, si no que Tony no se imaginaba la reprimenda que le esperaba cuando su padre regresara, sobre todo porque Steven sí se había lastimado. Un vidrio del parabrisas destrozado le había hecho un corte en la parte trasera de su cabeza. Hasta ese momento Tony cayó en cuenta de que no haber sido por él y su tonta idea, su estúpido guardia seguiría en perfecto estado y que decir de los coches, el que se había estrellado era demasiado sencillo pero los otros pertenecían a colecciones exclusivas, Tony presentía que su papá dejaría de cumplirle sus gustos por un muy buen largo tiempo.
Steven lo había encerrado en el pent-house de la torre y dio órdenes estrictas de que no se le permitirá la salida. Sólo la servidumbre del complejo y demás guardias podían entrar y salir, Tony pensó que se volvería loco en poco tiempo por el encierro, pero todo cambió cuando el capitán le permitió recibir visitas, lo agradeció mentalmente, ni de chiste pensaba en decírselo con palabras.
Bruce fue el primero que llegó, más que nada para checarlo. Su amigo era doctor y no es que quisiera presumir pero siempre lo presentaba como "uno de los mejores del mundo",Bruce Banner lo negaba pero no existía poder alguno que le callara la boca al chico Stark y cuando él decía algo a los cuatro vientos, entonces se hacía realidad porque todos siempre le cumplían sus deseos.
—Estas completamente bien ¿te duele algo? — Bruce dijo a la par que guardaba en su maleta las cosas que había utilizado para checar a su amigo.
—No, sólo aquí. — Tony señaló su estómago. —Pero es porque el bruto de Steven se me echó encima ¿Puedes creerlo? ¡Nos íbamos a estrellar y se me tiró encima! Me sacó todo el aire…— se quejó.
—Jarvis me dijo que tu guardia tenía una herida ¿Es grave? — Tony se sintió ofendido porque Bruce ignoró su queja y porque su mayordomo le pasaba chismes a su amigo que él mismo quería contarle.
—No… solo un tonto corte. — Dijo Tony con un pequeño bufido mientras se cruzaba de brazos.
—Hmm… ¿Te das cuenta que ese hombre fue tu escudo? — Bruce le dijo y el Stark tardó en carburar la información. —Sí Steven no hubiese estado encima de ti muy probablemente el corte lo tendrías tú y tomando en cuenta lo fuerte del choque y que eres más débil que tu guardia tal vez te hubieses roto un par de costillas al darte de lleno contra el volante. — Bruce lo miró y se impresionó al ver a Tony tan confundido, típico de su amigo.
—Espera… ¿Estás diciendo que Steven se lastimó por mí? — Tony dejó caer sus manos.
— ¿Eso es obvio no? Es tu guardaespaldas, si es necesario se interpondrá entre una bala y tú, es su trabajo Tony. — Bruce se lo dijo como si se tratara de algo normal y Tony se le erizó la espalda al imaginarse tan horrible escenario. El chico Stark jamás había tenido un guardaespaldas como Steven, pensaba que eso era para hombres importantes como su padre o como Gustav, no para él. Pero entonces eso se significaba que ahora su vida podía estar en peligro y por eso Howard le había dado al hombre más experimentado de toda la seguridad privada.
— ¿Sí me retracto de todo este circo crees que mi padre me perdone alguna vez? — Tony dijo a manera de broma pero Bruce sabía que una parte de su amigo lo decía muy enserio.
Bruce no alcanzó a contestarle porque se vieron interrumpidos.
— ¡Tooooony! — una vocecita proveniente del elevador que recién abría sus puertas llamó la atención de los dos hombres, Tony sonrió y antes de que pudiera decir algo Janet lo tacleó dejándolo sin aire una vez más.
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El gran día llegó en un abrir y cerrar de ojos. La tranquila Long Island se había transformado en el centro de atención en el mundo, desde temprano los medios de comunicación se habían aglomerado a las afueras del límite de la propiedad Stark a la espera de si quiera poder tener una foto de los que iban a asistir a la boda o un poco de información.
Su padre había pasado por alto el incidente de los coches más que nada porque Steven admitió toda la culpa (cosa que había dejado a Tony con la boca abierta), Howard no se lo creyó por supuesto pero dio por zanjado el tema e hizo como si nada hubiese ocurrido.
Tony llegó la noche anterior a Nassau junto a Janet y los hermanos Romanoff para la cena previa a la ceremonia, Bruce y Rhodey llegarían a la fiesta por qué habían tenido que trabajar, Bruce en el hospital de su familia y Rhodey en el consejo militar de Washington.
La cena había transcurrido de lo más normal, varios de los invitados asistieron y brindaron en su honor. Tony estaba feliz porque después de una larga semana al fin podía ver a su prometido de nuevo, pero como se estaba volviendo costumbre, solo le dirigió la palabra para ocasiones formales y cuando las cámaras trataban de tomarles alguna foto. El chico se decepcionó (una vez más) pero comenzaba a habituarse, tal vez el tiempo ablandaría a su futuro esposo.
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¿Qué si estaba nervioso? Por su puesto, en un par de horas Gustav y él serían esposos y una de las parejas más poderosas del medio. Tony se miró al espejo una vez más tratando de encontrar coraje para salir por la puerta. Era medio día y la ceremonia empezaría a las cuatro de la tarde pero él ya se encontraba listo. Janet le había confeccionado un hermoso traje de lana a tres piezas color gris claro que casi rozaba al blanco, una corbata de seda amarilla adornaba su pecho y resaltaba gracias a la camisa blanca que tenía por debajo del chaleco y el saco. Sus zapatos marrones eran el toque perfecto que unía la gama de colores en una armonía singular.
Su madre se había empecinado a que su hijo vistiera de blanco pero Tony dejó en claro que no lo usaría, ese color era para las mujeres y él no era una. Así que Janet lo convenció con el gris pero también cumplió el deseo de su madre haciendo que el color rozara al blanco muy ligeramente.
Cómo Gustav se la había pasado en Alemania en la última semana, Janet no tuvo oportunidad de confeccionarle un traje ella misma pero se había encargado que sus amigos en ese país le echaran una mano, o como ella solía bromear, "una aguja".
La mansión Stark de Long Island estaba repleta de rosas de todos colores por donde quiera que miraran, rosas, rojas, azules, blancas y amarillas. Y qué decir del enorme patio. La boda sería al aire libre así que su madre se encargó de que este luciera como si de un jardín místico se tratara. Había luches colgadas por doquiera para cuando llegara la noche, pequeñas flores colgando de hilos invisibles por toda la explanada. Las mesas y sillas se extendían alrededor de una pista con piso de madera de alrededor de siete metros cuadrados. Cada mesa estaba adornada con manteles de seda blanca y pequeñas piedras colgantes por la orilla de estos y en medio un candelabro de acero cubierto de las mismas piedras que centellaban a la luz del sol y repleto de velas. Las sillas estaban igual de hermosas y contrastaban con todo a su alrededor.
Los sirvientes vestían de una misma manera y color (cortesía de Janet Van Dyne), inclusive la seguridad Stark estaba perfecta y presentable. Janet le había dicho que ella misma había diseñado trajes para Steven y su compañera de acuerdo a sus rangos, capitán y asistente respectivamente, más que nada por órdenes de su padre, Tony se moría de ganas por verlo pero su amiga le dijo que era un secreto hasta que se encontraran en el día de la boda.
Para Tony todo era irreal, no podía creer que realmente estaba ocurriendo. Se volvió a mirar en el espejo y peinó su cabello una vez más, se veía espectacular, eso ni dudarlo pero no se sentía de la misma manera. Poco a poco iba cayendo en cuenta que su matrimonio era por mero negocio y que muy probablemente la palabra felicidad no estaba en el camino.
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La ceremonia transcurrió de la manera más normal y natural posible. Para sorpresa suya quien oficiaría la boda sería Nicholas Joseph Fury, un importante juez y abogado de la ciudad de New York y padre adoptivo de Natasha y Clint. Lucía impecable, a Tony siempre le había parecido que el parche en su ojo izquierdo le daba ese porte de serenidad y que por eso había llegado muy alto, ningún criminal soportaba por mucho tiempo sus interrogatorios y siempre terminaban confesando ante el gran juez.
Tony dijo sus votos que previamente se había aprendido y Gustav igual dijo los suyos. No había nada de especial en ellos, ni promesas, ni palabras dulces. Se dijo así mismo que era normal, un matrimonio que se arregló dos semanas atrás no podía tener la intensidad de uno como en las películas donde las personas se prometían hasta las mismísimas estrellas.
Tony miró hasta la fila en donde se encontraban sus padres y sus amigos. María se secaba las pequeñas lágrimas en sus ojos y Howard miraba sereno y en cuanto sus miradas se cruzaron, su padre le lanzó un gesto de aprobación. Tony respiró hondo y se dio valor para continuar.
Ambos intercambiaron anillos y un pequeño beso que no disfrutó para nada gracias al estallido de las cámaras y los aplausos y porque su ahora esposo se había apresurado a terminar el contacto. Tony esbozó su mejor sonrisa y posó junto a su marido, lo miró por el rabillo del ojo y una vez más se convenció de que las cosas iban a mejorar.
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La fiesta fue diez veces más atractiva que la sosa ceremonia, Tony vio a muchos de sus conocidos pero también caras que jamás en su corta vida había visto. Además de las familias de sus amigos se encontraban un sinfín de personas importantes para los negocios de su padre, los Monroe, el joven Richards que apenas comenzaba a agarrar fuerza en el medio (y hasta donde sabía Tony, Howard tenía el ojo en uno de sus edificios, ahí estaba el porqué de su presencia en su boda), la doble viuda Frigga Hagebak y sus dos hijos, Jake Olson y Lara Serrure (ambos hermanos pero de diferentes padres) y varios más que Tony luego se encargaría de entablar algún tipo de amistad, pero por ahora el recién casado quería siquiera divertirse de su propia fiesta.
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Aunque el gusto no le duró mucho tiempo. A donde quiera que caminaba sus invitados le tapaban el paso y le daban las felicitaciones, algunos con un abrazo, un apretón de manos cortes o con un beso en sus mejillas. Al principio Tony lo estaba disfrutando, pero después de cuarenta minutos sin parar de recibir mimos ya apapachos la situación comenzó a parecérsele aburrida.
El vino y las demás bebidas corrían generosamente por todas las mesas al igual que la comida, en sus veintidós años de vida jamás había presenciado un banquete tan grande como ese, con al menos siete platillos principales, veinte aperitivos y un sinfín de postres que no paraban de llegar y llegar a todas las mesas. Apenas y comió, ver tanto le revolvía el estómago pero más que nada la ausencia de su esposo en la mesa, lo había perdido de vista desde que las últimas fotos se tomaron y toda la prensa sin excepciones fue escoltada a otra sala donde se les iba a atender y a agradecer por sus servicios.
Así que una vez que las cámaras se apartaron Tony fue a enterrarse con sus amigos. Janet se veía estupenda esa noche, su vestido negro largo resaltaba con su figura y un bonito collar de diamantes que él mismo le había dado como regalo de cumpleaños adornaba su cuello. Sus zapatillas igual destellaban aunque se veían opacadas por el largo de su vestimenta. Natasha igual estaba radiante, vestía el mismo diseño que Janet pero en color rojo que hacía juego con su cabello, no llevaba ninguna joya a diferencia de su otra amiga pero si un bolso creación de Janet. Bruce, Rhodey y Clint lucían un traje muy parecidos al que él mismo estaba usando, solo que en color negro y en vez de corbatas, moños.
—Tengo noticias sobre Lara Serrure. — Dijo Natasha y todo mundo (los cinco) le prestó atención, cuando la pelirroja traía algún chisme, siempre se trataban de los mejores y los más interesantes. —Se va a casar con un Neoyorkino. —
— ¡Demonios! — se quejó Clint y Rhodey le dio un par de palmaditas en el hombro.
—Lo siento amigo, se te escapó. — Bruce mencionó.
—Hasta crees que iba a dejar a mi hermanito salir con semejante bruja. — Natasha replicó.
—No seas celosa querida hermana, todos sabemos que serían buenas amigas ¡Sí las dos son iguales! — Clint dijo.
—Eww… — Janet y Tony dijeron al unísono. —eso es un poco enfermo Clint. — Tony sentenció y el más chico de los Romanoff se puso colorado como un tomate.
—Eso es muy bajo hasta para ti, hermano. — Rhodey dijo a la par que se servía un poco más de vino.
— ¡Hey! ¡No es lo que quería decir! — Todos se rieron nuevamente como los chiquillos que eran.
Podrían haber seguido burlándose de su amigo si la música del fondo no hubiese llamado su atención, Janet chilló y todos le dedicaron una mirada de desconcierto.
— ¡La hora del baile! — su amiga se levantó de su silla y Tony no se dio cuenta pero ya estaba siendo jalado por Janet directo a la gran pista. Como ya era noche las luces se veían hermosas y a la vez se encargaban de mantener todo el recinto iluminado. Sí en la tarde el paisaje le pareció hermoso, en la noche realmente todo le pintaba como un escenario de cuento de hadas.
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Tony bailó con más de la mitad de los presentes y su esposo que se dignó a aparecer unos minutos después de que el gran baile comenzara. Giró en los brazos de los caballeros y se movió muy a gusto con las damas. Gustav había sido generoso con los toques a la hora de la suave danza de salón e incluso lo había besado en la mejilla. El corazón de Tony comenzó a palpitar fuertemente, pero se desaceleró cuando se dio cuenta que la actitud amorosa de su esposo se debía a la presencia de las cámaras y para cuando estas se apagaron de nueva cuenta lo había dejado solo para reunirse de nuevo con un par de personas que Tony no reconocía.
También bailó con Janet, con Natasha, Rhodey y Bruce. Clint se había negado pero al último momento se había unido solo para recibir un pisotón (intencional) por parte de Tony. El chico Stark no se dio cuenta en el momento que se encontró solo en la pista nuevamente entre el mar de gente, no pasarían muchos segundos sin que alguien viniera a tomarlo para bailar y no se equivocaba. Tony sintió un toque en su espalda y preparó su mejor sonrisa para su siguiente invitado aunque esta se congeló al momento que se dio cuenta de quien se trataba…
El capitán de la guardia estaba ahí, en medio de la gente, en medio de la música, en medio de su boda, pero Tony casi se fue de boca cuando lo vio. No lucía como el anticuado y amargado Steven. Su traje era de un azul añil muy bonito y una corbata roja colgaba en su pecho resaltada por la camisa color blanco, su cabello estaba arreglado hacia atrás a manera que sus rasgos se notaban mejor, esa noche no estaba utilizando el comunicador ni tampoco traía un arma colgada en el cinturón, simplemente era Steven Grant Rogers, un invitado más en la fiesta y no su guardaespaldas, anotó mentalmente que después iría a besarle los pies a Janet. Tony sonrió tan amplio que pensó que le dolería la quijada, Steven se dio cuenta y carraspeó.
— ¿Me permite esta pieza señor Stark? — Steven le tendió la mano y Tony frunció el ceño pero se dio cuenta que se estaba burlando de él.
— ¿Qué opción tengo? — El más joven de los Stark aceptó la mano de Steven y dejó llevar por el momento. Entre la suave música, los brazos del capitán y las muchas emociones que estaba sintiendo en ese instante pensó que tal vez, solo tal vez sí existían los príncipes, pues solo bastaba con darle una mirada a su guardia e imaginarse que estaba en algún extraño mundo lejos de todas sus obligaciones y responsabilidades, en pocas palabras, siendo feliz.
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Unas aclaraciones chiquitas, se me hizo bonito que el apellido de Frigga fuera "Hagebak" ya que en noruego significa "jardín en una colina". Igual decidí utilizar uno de los nombres terrestres que Thor ha llegado a tener en los comics. El más común es Donald Blake pero la verdad no puedo dejar de pensar en Donald Trump y así no se puede. Y pues Serrure para Loki (en este caso Lady Loki) que también proviene de los comics y Lara pues ¿Por qué no?
Ya apareceran más personajes y poco a poco cada uno tendrá su relevancia. Así que sin más que decir ¡Nos leemos pronto!
¿Por qué Gustav se desaparece casi siempre de la vista de Tony? ¿Cómo se conocieron los seis amigos? ¿Qué esconde Steve bajo esa mirada severa? y la más importante ¿¡Dónde está el hombre araña?! (?) Descúbralo el próximo domingo en exclusiva en otra actualización ε(´・∀・`*)з
