Intereses.

Capítulo 8: Fiesta de Vorarlberna.

-¡Ups!- exclamó Matsumoto alegremente aun manteniendo sus cabezas en sus lugares.

Toshiro se apartó como si solo hubiera metido su cabeza en un estanque de tiburones, con el rostro en llamas.

Karin se quedó quieta en su lugar por unos segundos más, con los ojos amplios y la cara roja.

Él volteó a ver a su secretaria con la más fría y furiosa de sus miradas, pero ella estaba demasiado ocupada chillando de la emoción de que su jefe finalmente se había "convertido en hombre".

-Matsumoto…- su tono fue peligrosamente bajo, y la mayor pareció recién darse cuenta de la gravedad de lo que había hecho.

-Eh… ¿fue un accidente?...- sonrió nerviosamente tratando de excusarse.

-¡MATSUMOTOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!- su gritó resonó por toda la tienda.

-¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!- chilló del miedo la aludida.

Diez minutos después, los tres estaban de nuevo en el auto una vez que pagaron el vestido de la menor antes de que el peliblanco las arrastrara al coche diciéndoles a ambas que si se atrevían siquiera a abrir la boca las despediría.

Estaba tan enojado que las mujeres decidieron sabiamente callar clavadas en el asiento trasero.

No pronunciaron palabra mientras conducía prácticamente echando humo.

Debía idear un modo de vengarse de la rubia… o de matarla cuando no haya testigos.

Y también debía idear un modo para volver a mirar a la pelinegra a la cara después de aquel… beso…

¡Cielos, en serio quería matar a Matsumoto!

¿Cómo se había atrevido a hacer… aquello…?

Ya antes había tenido que lidiar con sus bromas pero… aquello fue simplemente inaceptable.

Una mirada furtiva al retrovisor lo hizo ver que Karin miraba por la ventana con el rostro aun ruborizado.

Él también conservaba un tenue sonrojo.

Rangiku, por otro lado, parecía estar luchando por no sonreír mientras texteaba en su celular.

Sus ganas de matarla regresaron.

Apostaría todo lo que tenía a que ella ya le estaba yendo con el chisme a Ichimaru.

Suspiró resignado.

¿Qué diablos iba a hacer con esa mujer?

Aún a sus veinticuatro años recién cumplidos, ese había sido su primer beso.

Patético. Lo sabía.

Ni siquiera había tenido la oportunidad de disfrutarlo debido a la indignación de sentir la mano de la rubia inmovilizando su cabeza.

Se había separado al instante apenas supero la sorpresa.

Y lo peor es que Toshiro había querido disfrutar de ese beso.

Pero eso solo lo hacía sentir aún más furioso.

Porque no entendía cuál era su jodido problema.

Cielos, que conocía a la chica desde hace menos de una semana.

Y ella algo ocultaba.

Pero a la vez su compañía era simplemente… reconfortante.

Como si estando ella no faltara nada más.

Y la odiaba porque no sabía qué le estaba haciendo.

¡Él no se comportaba así, joder!

No era un jodido adolescente calenturiento enamoradizo.

Volvió a suspirar, esta vez de cansancio.

-Kurosaki…- habló suavemente sin mirarla.

-¿Hmm?...- murmuró ella en tono tan bajo que apenas la oyó.

-Dime dónde está tu casa.- mandó.

-¿Por qué?...-

-Te llevare.- solo dijo.

-¿Y el trabajo?...- seguía hablando en un volumen muy bajo.

-No te preocupes, no te descontaré el día. Puedes tomarte las compras de hoy como tu día laboral. Y tampoco vayas mañana, cuenta la fiesta como tu día laboral, ya que no quieres estar allí y yo te estoy prácticamente obligando. Solo asegúrate de estar lista a las 6, que es cuando iré por ti.-

Extrañamente ella no discutió y simplemente le indicó dónde vivía.

Era una clínica con su apellido, y él se preguntó porque trabajaría como asistente de chef teniendo una clínica, pero no dijo nada.

La Kurosaki se fue sin decir palabra y el peliblanco no puso el auto en marcha sino hasta que entró a la casa y la perdió de vista.

-Así que… si ella tiene el día libre… ¿nosotros también?- preguntó emocionada Matsumoto.

-No.- declaró rotundamente. -Es más, debido a tu… travesura… de hoy, tendrás que hacer todo el papeleo.- sentenció sin piedad.

La mujer se espantó totalmente.

-¡Ow, que malo es usted!- lloriqueó.

No le hizo el mínimo caso y regresaron al hotel, donde se sumergieron en sus montañas de papeleo, ella con un mohín.

Hacer papeleo era su forma de olvidarse del mundo, y agradecía que distrajera su mente de cierto beso.

Cada vez que recordaba, no podía evitar mandar miradas malignas a su secretaria, que trabajaba al otro lado de la oficina.

La muy descarada solo sonreía.

Una vez más regresó a su casa tarde, y se sorprendió de hallar un mensaje en la contestadora.

Normalmente los mensajes le llegaban al trabajo, porque solo querían hablar con él por trabajo.

Solo Matsumoto o Ichimaru llamaban a su casa, y no creía que fueran ellos, ya que rara vez lo hacían y solía ser los fines de semana.

Curioso, presionó para escuchar el mensaje.

-Hola, Hitsugaya.- sus ojos se ampliaron ante el molesto sonido de la voz de Vorarlberna. Frunció el ceño al reconocer su tono que era el mismo lleno de odiosa superioridad de siempre. -Solo quería confirmar tu presencia en la fiesta de mañana. ¿Llevaras a tu secretaria, o a tu hermana, quizás?- fulminó con la mirada al teléfono, casi como si creyera que la mirada podría llegarle a Vorarlberna junto con todo su odio. -Yo llevaré a una hermosa chica que me muero porque conozcas.- una risa arrogante y Toshiro de repente supo porque lo había invitado. Porque quería presumirle a su nueva conquista, restregándole en la cara pensando que le afectara en algo. Pensando que moriría de envidia. Casi sonrió ante la idea de la cara que pondría cuando se apareciera por allá con Karin, una mujer tan hermosa… Ja, él no iba a ser el que sentiría envidia. -Como sea, te diría que me saludes a tu secretaria, pero lo más seguro es que la vea en la fiesta, puesto que tu hermana sigue loca, ¿no?- tensó la mandíbula ante ese comentario, de haberlo tenido enfrente, habría golpeado a Vorarlberna. Él era un tipo frío y controlado, tranquilo, lo único que lo sacaba de sus casillas a tal grado de recurrir a la violencia era que insultaran de cualquier forma a las personas que quería. -La prensa estará ahí, también, ¿sabías que siguen especulando acerca de que seas gay?- apretó los dientes ante eso. No iba a caer en provocaciones. -En fin, seguro que mañana les darás más de qué hablar. No olvides llamar para confirmación.- con eso, terminó la llamada.

El peliblanco estaba prácticamente echando humo.

Insultos, burlas descaradas, sus formas "educadas" de tratar de hacerlo quedar como un imbécil patético, su obsesión por superarlo, su insistencia en tratar de sacar lo peor de él, esa era la forma común en la que Vorarlberna lo trataba.

Sinceramente ya lo estaba hartando.

¿Qué no tenía vida?

Aun así sonrió, sabiendo que esta vez dejaría con la boca abierta a ese miserable cuando se apareciera del brazo con Kurosaki Karin.

No había modo en el infierno de que pudiera sentirse degradado o patético del brazo de una mujer como la pelinegra.

Ella era tan… hermosa…

El recuerdo de sus labios presionarse juntos volvió a su mente y él sacudió la cabeza con fuerza.

Mandó un texto a Matsumoto para que confirmara su asistencia a la fiesta, en cuanto se despertara, y se fue a la cama, tratando de dormirse lo más pronto posible para no tener que lidiar con pensamientos o recuerdos no deseados.

Despertó a la 6 am. Solo durmió cinco horas, pero ya estaba acostumbrado.

Ya tenía su traje para la fiesta listo.

Se preguntó distraídamente cómo se vería Karin, envuelta en ese flamante vestido rojo, llegando a la fiesta colgada de su brazo, en la primera plana de algún periódico.

Porque estaba segurísimo de que la prensa haría un escándalo al verlo llegar con una mujer desconocida.

Quizás debería advertirle a ella, ya que, aunque a él realmente le daba igual, si ella lo precisaba estaba dispuesto a aclarar que en realidad no tenían ningún tipo de relación comprometedora.

Aunque tenía que admitir que la idea de que todo el mundo pensara que ella era su novia no le desagradaba del todo.

Toshiro no era estúpido, ayer había estado prácticamente babeando sobre la chica, obviamente le gustaba.

De no ser un hombre tan ocupado como lo era, quizá incluso se plantearía la idea de conquistarla.

Pero no.

Ella era demasiado joven.

18 años, había leído en su expediente.

Él era un hombre demasiado ocupado para dedicarle tiempo al amor.

Tal vez algún día se casaría, por la pura conveniencia de tener a alguien a quien heredarle la empresa, como había sido el deseo de su padre. Pero eso solo cuando encontrara algún espacio en su apretada agenda.

Así que solo sería la fiesta de Vorarlberna, posiblemente también el cumpleaños de su abuela, si es que la asistente de Inoue probaba ser de confianza, y luego se olvidaría de ella completamente, saldría de su vida.

No tenía tiempo para el amor.

Matsumoto tenía ese día libre por su aniversario con Ichimaru, así que estuvo bastante ocupado con su trabajo y el de ella hasta que llegó la hora de salir para prepararse para la fiesta y recoger a Kurosaki.

Cuando llegó a su casa y tocó la puerta, lo atendió un hombre mayor de aspecto enfermizo.

-¿Puedo ayudarte en algo, hijo?- preguntó amablemente, su voz apenas un débil susurro, sosteniéndose de la puerta como si fuera a caerse si no lo hacía.

En su mano libre sostenía un vaso de agua.

-Eh… ¿Kurosaki Karin?...- solo pudo pronunciar, notando el parecido del hombre con la chica pelinegra, y como evidente ese hombre no debería estar sosteniéndose en sus dos pies.

-Oh, Karin, mi hija adorada…- a pesar de su mal semblante, el hombre se las arregló para sonreír levemente. -¿Tú eres su novio? ¿Vienes a llevarla a una romántica y mágica cita inolvidable?- maneó las cejas pícaramente, antes de repentinamente estallar en un feroz ataque de tos, todo su cuerpo temblando incontrolablemente.

Toshiro, que se había sonrojado levemente por las palabras del hombre, de repente palideció.

Se apresuró a tomar el vaso de agua de la mano del mayor y colocarlo en el suelo, para luego ayudar al pelinegro a entrar a la casa y sentarlo en la primera silla que encontró.

¿Qué podía hacer? ¿Qué podía hacer?

Una sacudida violenta y un hilillo de sangre cayendo de la boca del hombre fue lo necesario para hacerlo reaccionar.

-¡Kurosaki!- gritó, comenzando a desesperarse cuando no recibió respuesta. -¡KARIN!- la llamó por su nombre.

Como un rayo bajando por las escaleras, de inmediato llegó la pelinegra, tomando una píldora que había en una mesilla y apartándolo para acercarse a su padre.

-¡Un vaso de agua!- exigió mientras trataba de calmar el violento ataque de tos.

Él de inmediato corrió por el vaso que había dejado en el piso y se lo tendió, manteniéndose al margen mientras ella se ocupaba de su progenitor.

Pasaron unos buenos 20 minutos antes de que el hombre se calmara. Ahora solo se notaba muy agitado.

-Vaya…- dijo el pelinegro. -Creo que… le he dado una gran primera impresión a tu novio… ¿no, cariño?- rió levemente.

-Cállate, vieja cabra loca.- le dio el más suave de los coscorrones. -Ve a la cama ¿si? Yo vuelvo en unas horas…- le dio un beso en la frente y lo ayudó a ir hasta una habitación.

El peliblanco se mantuvo apoyado contra una pared, tanto incomodo como pensativo.

Con que eso era lo que pasaba con su padre… estaba enfermo, gravemente enfermo, a eso debía estarse refiriendo en aquella conversación que la había oído tener con su hermana.

¿Tal vez por eso había estado nerviosa? ¿Tal vez era eso lo que tenía miedo de revelar y ella en realidad no tenía ningún sucio secreto que podría perjudicarlo de alguna forma?

Sintió su corazón ablandarse un poco.

Ella tenía tan solo 18 años y un padre enfermo y un hermano en la cárcel.

Se mordió el labio, reprendiéndose por lo mal que la había estado tratando antes.

Finalmente suspiró.

"¡Vuélvala su chef personal!" recordó que había sugerido Matsumoto, "¡Solo será un pequeño aumento y listo!"

Sinceramente no le había dado un segundo pensamiento a eso, pero… sería una buena idea, para así poder darle más ayuda económica sin poner en evidencia su evidente favoritismo ante ella.

Hitsugaya quería ayudar a Karin.

Aunque sea dándole un mejor trabajo por ahora, para luego, en cuanto le tuviera mayor confianza, preguntarle por el estado de gravedad de su padre y ayudarla en lo que pudiera.

Sabía que tenía una hermana gemela, se preguntó dónde estaría su madre…

Mejor no preguntar, decidió, no quería inmiscuirse en la vida de nadie.

Tampoco quería sacar conclusiones de cosas que no eran, así que solo pensó que era mejor no pensar en ello por ahora.

Ahora debía buscar un pretexto para darle el ascenso y el aumento sin que parezca favoritismo.

No obstante, a favor de la chica, realmente le gustaba su comida.

Suspiró y, del puro aburrimiento, comenzó a caminar en la dirección por donde su cita para la fiesta se había marchado, entrando a lo que parecía ser el comedor-sala-cocina.

Vio un enorme poster de una sonriente mujer castaña y se extrañó un poco del tamaño ridículo y el lugar donde estaba. ¿Qué era esa mujer? ¿Cantante, actriz, artista? ¿Acaso todos en la familia Kurosaki eran sus fans como para ponerla en aquel lugar tan llamativo?

Aunque… examinando bien a la mujer, le encontró cierta familiaridad en esa sonrisa tan encantadora.

-Se parece a Karin…- murmuró en voz alta para sí.

-Vaya, eres el primero que dice eso.- volteó sorprendido al oír la voz de la pelinegra, solo para quedarse pasmado cuando la vio.

Porque ella llevaba el vestido rojo, y no podía dejar de notar lo hermosa que era por más veces que la viera llevándolo.

Aparte de que también estaba usando algunos de los accesorios de Matsumoto, como pulseras y una elegante diadema en su pelo.

-¿Eh?- fue su única y "brillante" contestación.

-Que eres el primero que dice que me parezco a mi madre.- se acercó a él con las manos en la cadera. -Porque en serio, en realidad no me parezco a ella.- ahora se cruzó de brazos. -A menos que cuenten los pechos…-

Él se sonrojó cuando su mirada se fue inevitablemente al escote de Karin, pero luego carraspeó y pego sus ojos al frente.

-Umm… Como sea. Ya deberíamos irnos… Si es que no tienes que cuidar a tu padre…-

-No, está bien, suele caer dormido como tronco después de algo así, estará bien.- sonrió con cariño mirando detrás de su hombro a donde debía estar la habitación de su padre.

¿Suele? Como… ¿muy seguido?

¿Qué tan grave era esa enfermedad?

Quiso indagar, pero temía ser inapropiado e incomodarla, así que se mordió la lengua.

-Eh… ¿entonces vamos?- abrió la puerta para ella.

-Claro.- le sonrió levemente mientras pasaba por su lado para salir de la casa e ir directo a su auto.

Y… ¿era su impresión o estaba moviendo las caderas un poco más de lo necesario? Se sonrojó, apartando su mirada y subiendo al coche para conducir.

Su intención era permanecer en silencio, pero se encontró incapaz de cortar la conversación cuando ella la empezó, hablando acerca de que las únicas fiestas a las que ella iba eran las de cumpleaños de sus amigos.

Y entonces él, por alguna razón, acabó hablando acerca de su infinito odio hacia las fiestas y de cómo todos sus seres queridos las amaban, forzándolo a asistir a todas esas diabólicas celebraciones.

Ella rió. Él sonrió.

Desaceleró y tomó el camino más largo solo para tener un poco más de tiempo para conversar con ella.

Era agradable… solo hablar de trivialidades.

Casi maldijo cuando finalmente llegaron al temido lugar de sus pesadillas. La escandalosa fiesta del año.

Salió del auto y rodeó el coche para abrirle la puerta, ayudándola a salir del vehículo y tenderle su brazo.

-¿Lista?-

La chica lo miró por un segundo como si hubiera sido la primera vez en que realmente lo veía, antes de apartar la mirada con un leve sonrojo y finalmente enganchar su brazo al suyo.

-Lista.-

Y, entre medio de todas las cámaras y gente importante, Hitsugaya Toshiro entró a la fiesta del año con Kurosaki Karin.

Pudo sentir los flashes de las cámaras, pudo oír a la gente murmurar, y pudo sentir también a cada par de ojos pegados en ellos, pero mantuvo su cabeza en alto y casi sonrió aún delante de toda esa gente cuando ella también mantuvo su cabeza alta.

Vio a Vorarlberna parado junto a unas escaleras mirando a ellos con el ceño fruncido y se acercó tratando de mantener a raya la suficiencia en su mirada.

El rubio estaba con una joven mujer que sin duda era muy hermosa, pero para el peliblanco no era más linda que su Karin…

Por un segundo dejó de caminar, preguntándose si realmente había en serio acabado de pensar en la de ojos negros como suya.

Se abofeteó mentalmente y siguió su andar.

No. No lo había hecho de ninguna maldita manera en el infierno maldito. No lo había hecho. Punto.

Llegó al lado de su rival e inclinó la cabeza cortésmente, sintiendo como el agarre de la menor se apretaba más en su brazo con nerviosismo mientras hacía lo mismo.

-Vorarlberna.- saludó.

-Hitsugaya.- devolvió el gesto con frialdad, antes de volver su vista hacia la pelinegra y sonreír coquetamente. -¿Y ella es…?...-

-Shiba.- se apresuró en contestar la chef antes de que el empresario pudiera decir nada. -Shiba Karin.-

-Encantado, Karin-chan.- hizo ademan de tomar su mano, pero Toshiro la movió de modo que estuviera fuera de su alcance.

Él no estaba celoso, sin embargo, y tampoco estaba siendo posesivo. Nop. Ni un poco.

-Shiba-san no te ha dado permiso para que la llames por su nombre.- musitó fríamente.

La Kurosaki lo miró sorprendida de que le estuviera siguiendo el juego, pero él mantuvo su mirada helada en el rubio.

-Oh, pero a Karin-chan no le molesta, ¿verdad?- le guiñó un ojo, el muy hijo de…

-En realidad… me siento un poco incómoda al respecto.- la pelinegra sonrió tensamente, borrando la sonrisa del rostro del rubio.

Esta vez, Hitsugaya consideró seriamente la idea de hacerla su esposa ahí mismo.

Él había jurado que se casaría con la mujer que pudiera poner a Yukio Vorarlberna en su lugar.

-Oh, eh… es totalmente entendible, Shiba-san.- el insoportable malcriado sonrió secamente, su sonrisa no llegándole a los ojos. -Lamento si me tomé muchas confianzas…-

-Demasiadas.- ella también sonrió secamente. -Pero no se preocupe, Vorarlberna-san, Toshiro ya me ha hablado de usted y sus confianzas.- se abrazó a él con su mano libre en un gesto que al de ojos turquesas se le antojo demasiado… intimo.

Aun así, la mirada malhumorada de su rival bastaba para dejarla hacer lo que se le viniera en gana, mientras buscaba por ahí algún juez o algo para que los pudiera casar.

-¿Ah, si? ¿Es usted muy cercana a él entonces, no?- la escrutinio con una mirada cautelosa cuando se dio cuenta que ella no era una hueca chica trofeo.

-Por supuesto. Aunque eso no es un asunto de su interés, ¿no?- luego de esa contestación y la cara de Vorarlberna, él no pudo contener su sonrisa.

¿Dónde había un puto juez cuando se lo necesitaba?

-Correcto.- a pesar de su evidente indignación, el rubio seguía sonriendo con falsa cordialidad. Ya dándose cuenta que no iba a intimidar a su acompañante, ni a soplársela, se volvió hacia él. -Así que, veo que no trajiste a tu secretaria hoy, si no que a tu novia.-

No se molestó en corregirlo, podía pensar lo que quisiera… aunque no lo enfadaba en lo absoluto que pensara en ella como su novia.

-Matsumoto envía saludos.- solo dijo.

El de ojos verdes hizo una mueca, molestó de que no iba a darle información con sus tontas provocaciones.

-Ya veo…- de pronto, jaló a su acompañante por la cintura a su lado. -Por cierto, ella es Kurosaki Yuzu. Mi dulce enamorada.- pasó una mano suavemente por la mejilla de la joven, que sonrió tensamente.

¿Kurosaki?

Sus ojos volaron a su chica Kurosaki, que tenía un concurso de miradas con la pareja de Vorarlberna.

¿Sería la cita de Vorarlberna la hermana de Karin, su gemela?

¿Qué no era solo su empleada?

Tragando su curiosidad, hizo una pequeña reverencia a la chica de ojos marrones.

-Un placer.-

-Igualmente, Hitsugaya-san.- se inclinó cortésmente también, su mirada apenas despegándose de la más baja.

-Bueno, los esperó en el bufet de más tarde.- despidió Vorarlberna fríamente, descontento de que él había sido el avasallado.

Se inclinaron una vez más y finalmente pudieron terminar aquella conversación con complejo de discusión.

El peliblanco tomó a la pelinegra del brazo delicadamente y la jaló hasta el patio.

-¿Qué fue todo eso?- le preguntó en cuanto estuvieron solos y lejos de la fiesta ruidosa.

Karin suspiró.

-Lo siento, sé que debió ser raro y… y eso, pero… Yo no quería que Vorarlberna-san se enterara de que yo era hermana de Yuzu, podría habernos retenido más tiempo y… ¿recuerdas que estoy peleada con ella? Yo en verdad quería acabar con eso lo más pronto posible.-

Él rodó los ojos.

-La próxima vez que vayas a hacer algo así, solo… solo avísame.- se pasó una mano por el pelo.

-Ok, lo siento.- suspiró otra vez, solo para de repente sonreír. -Pero fue divertido sacar de sus casillas a ese idiota, tiene el ego un poco demasiado por las nubes.- rió, y él casi no logró contenerse a sí mismo de hacerlo también, casi.

-Eres mi héroe.- la felicitó. -De hecho, creo que quiero casarme contigo.- bromeó, solo para luego palidecer, pensando que había sobrepasado alguna raya, pero ella solo se reía.

-Por supuesto que quieres casarte conmigo. ¿Quién sino te iba a defender de ese malvado rubio emo?- le dio un pequeño puñetazo juguetón en el hombro.

-Muy cierto.- le sonrió con ojos suaves, feliz de que esté siendo tan risueña. -Oye, y… ¿quieres bailar?- se pasó una mano por el pelo nerviosamente.

-Umm… claro.- ella se encogió de hombros. Él le tomó la mano delicadamente, jalándola hasta la pista de baile. -Así que… supongo que ya te convenciste de que yo no conocía a Vorarlberna, ¿no?-

El peliblanco posó una mano educadamente en su cintura. Comenzaron a bailar.

-En efecto. Estoy completamente convencido.- la verdad, apenas se había acordado de que se suponía que ese era el motivo principal por el que la había traído a la fiesta. -Aunque sigo sin creer la excusa que me diste.- musitó sincero.

-Cree lo que quieras…- bajó su mirada, de modo que su cabeza estaba levemente apoyada en su pecho.

Siguieron bailando en silencio por unos minutos, tan solo disfrutando de la calidez y la cercanía del otro.

Él tenía el más pequeño de los atisbos de una sonrisa mientras su nariz rosaba contra su cabello negro, podía ver el sonrojo en sus mejillas mientras ella se negaba a hacer contacto visual.

Se sentía en paz…

Pero esa paz terminó cuando una voz habló detrás de ello.

-Hitsugaya.- volteó sorprendido para encontrarse con el siempre imperturbable Kuchiki Byakuya mirándolos fríamente con su hermana pequeña Kuchiki Rukia enganchada a su brazo. -¿Cómo osas traer a esa niña delincuente aquí?- sus cejas estaban ligeramente fruncidas, lo que en alguien como él podía interpretarse como la máxima indignación.

Toshiro empujó a su acompañante de ojos negros protectoramente detrás de sí.

-No te permito que la insultes.- daba gracias al cielo de que nadie les estuviera prestando atención, un escándalo entre Kuchiki y Hitsugaya en la fiesta de Vorarlberna sería la comidilla de los medios.

-Y yo no te permito que traigas a cualquier persona de esa despreciable familia bajo el mismo techo que mi hermana.-

Esta vez, el de ojos turquesas sonrió aunque con los dientes apretados.

-Entonces creo que los que deberían irse son ustedes, pues por si no lo has notado, la acompañante del anfitrión es nada más y nada menos que otra integrante de esta, según tú, "despreciable familia".- Kuchiki Rukia se revolvió incómoda, tirando del brazo del noble.

-Nii-sama, deberíamos irnos.- susurró lo suficientemente alto para que él también escuchara.

-Tienes razón.- dijo sin emoción el pelinegro. -No debemos mezclarnos con tantas ratas sucias.- miró con desdén hacia Karin y luego hacia la chica Yuzu.

La asistente de Inoue salió de detrás del jefe de Matsumoto con los ojos brillantes de lágrimas y furia, encarando a Kuchiki Byakuya.

-Escucha.- habló con los dientes apretados. -De mí puedes decir lo que quieras. ¡Pero no te dejare que denigres a Yuzu!- gritó en un susurro protectoramente.

Al peliblanco le recordó a él mismo, cuando defendía a Hinamori de los cretinos de su escuela, y luego de todo aquel que se burlara de su estado de salud mental.

-No hables como si estuviéramos al mismo nivel, niña.- el Kuchiki entrecerró los ojos hacia ella. -Puedo aplastar a pestes como tú sin el mínimo esfuerzo.-

-Nii-sama.- regañó Rukia suavemente, mirándolos como disculpándose por él.

Aparentemente la señorita Kuchiki no era tan mala.

-Inténtalo, tú, pijo hijo de…-

-Yo no dejaré que le hagas nada a Karin, Kuchiki.- interrumpió a la Kurosaki antes de que dijera algo que en serio sacara al hombre de sus casillas.

-¿Protegerás a esta criminal?- sabía que se estaba ganando la antipatía de un hombre muy poderoso, pero le importaba una mierda.

-Yo no protegeré a ninguna criminal.- tomó a Karin de la cintura y la pegó contra su cuerpo, alzando su barbilla, notando sus pálidas mejillas de repente enrojecer cual par de tomates. -Yo protegeré a mi novia.- sin ni una mirada más a los Kuchikis e ignorando completamente el hecho de que estaban en una fiesta rodeados de paparazzis y gente importante, presionó sus labios contra los de la chica inmóvil en sus brazos.

Hitsugaya Toshiro besó a Kurosaki Karin.

Continuara...