¡Hola! Primeramente una disculpa porque no hubo actualización la semana pasada, la universidad me llenó de mucho trabajo y no me dio tiempo de realizar correcciones así que decidí pos-ponerlo. En serio muchas gracias por sus comentarios bonitos y kudos que me hacen tan feliz, también gracias por seguir aquí con esta historia que disfruto escribir muchísimo. Espero disfruten el cap de hoy y sin más por el momento nos leemos hasta la próxima actualización. Ya saben, créditos a sus respectivos creadores, yo solo tomé prestado a sus personajes (´`ʃƪ)
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I got this picture of us kissin' in my head
And all I hear is the last thing that you said
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A decir verdad, Tony había imaginado la compañía de Steve de una manera diferente. Había pensado que este lo iba a acompañar a todos lados como en las películas o como algún tipo de caballero armado como en las series de reyes e intrigas que a él tanto le gustaba ver. Pero la realidad distaba muchísimo de sus pensamientos o deseos.
Steve estaba al tanto de él, pero no todo el día. Su padre los había provisto con un par de teléfonos especiales, sí Tony tenía algún problema, o algún tipo de sospecha sobre su radiante esposo, lo único que tenía que hacer era marcar el número que ya se había memorizado y Steve aparecería sin retraso alguno, pero por dé mientras él se las tenía que arreglar solo, en casa, si es que a su nuevo departamento podía llamarle hogar, con un desconocido, aun si era su esposo para Tony seguía siendo un desconocido, y sin mucho que hacer.
Al menos podía visitar la torre Stark cuando él quisiera, tenía que guardar las apariencias frente a su esposo de que realmente estaba trabajando en algo importante, los robots, porque si aquel empezaba a sospechar muy probablemente no dudaría en arrastrarlo hasta Suiza si era necesario. Además, le agradaba sentirse rodeado de gente que conocía, al principio le había pedido a su nuevo esposo que lo dejara llevarse un par de sirvientes de la torre o de la mansión pero Gustav se había negado rotundamente, no quería nada de sirvientes además de los que el mismo edificio les prestaba.
Su nueva casa no tenía nada que envidiarle a la antigua, no era una mansión pero si un pent-house de lo más bonito y lujoso en la quinta avenida de Nueva York, más chico que el de la torre Stark pero tan lujosa como esta. Un lugar prestigioso en Madison Square, un piso para ellos dos con cinco habitaciones, Tony tenía una para él solo, Gustav otra y tres quedaban vacías. También había una sala principal y una cocina amplia que estaba llena de cosas nuevas de un horrible color cromo que le daba una sensación de frialdad y elegancia a la vez.
Janet y Rhodey le habían ayudado con la mudanza, más que nada ropa y un sinfín de cosas personales como libros, revistas, pequeños suvenires de los lugares que había visitado alguna vez, monedas brillantes de diferentes partes del mundo, Tony amaba las monedas brillantes, figuritas, pequeñas estatuas, discos de sus bandas favoritas, un par de fotos con sus amigos y una con su madre, algunos cuadros con bonitos paisajes pintados a mano que habían sido regalo de bodas de los Monroe, Ororo Monroe, que le parecieron coloridos para colgar en la sala de su nueva casa. Tal vez el lugar aún no era nada acogedor pero él se encargaría de moldearlo para que pudiera llamarlo hogar.
Tony soltó un pequeño suspiro mientras relajaba su cuerpo en uno de los muebles de la sala, se había pasado ahí acostado la mayor parte de la mañana pensando y pensando. Tratando de convencerse que tal vez todo lo que estaba viviendo era un mal sueño y que pronto despertaría para seguir el camino de su vida perfecta. Pero no fue así, al contrario, el dolor en la mejilla lo hizo reaccionar y entender que no había escapatoria de su actual situación. Ya no le dolía como en los primeros días en los que sentía que la mejilla le iba a explotar si la tocaba pero más que el dolor físico, era el dolor de su orgullo. Ahora quedaba una leve marca que desaparecería con el tiempo de la misma forma en la que desaparecieron las que alguna vez tuvo en el pasado.
Si pensaba que casándose se había librado de las garras de Howard, se había equivocado. Su padre lo usaría a su antojo hasta ver sus intereses librados. Tony encendió el teléfono por milésima vez en la mañana. Tenía ganas de llamar a Steve ¿pero para qué? Había pasado una semana desde el incidente y una semana desde que el guardia lo vio llorar. Tony jamás había dejado a los demás ver sus debilidades sin embargo ese día sintió algo diferente estando con Steve, tal vez era el hecho de que aquel sería su protector. Tony miró una nueva vez a la pantalla en blanco del teléfono. Uno, tres, doce, veintidós, cincuenta y seis.
Tecleó en tiempo record y aguantó la respiración. Llamarlo o no, ahí estaba el problema. ¿Qué le diría? ¿Qué Gustav tenía un súper secreto? Steve vendría corriendo y cuando se enterara que no era cierto le diría a su padre y tal vez cuando algo de verdad ocurriera Steve no iría en su auxilio. Tony meneó la cabeza y de inmediato borró el número de la pantalla y arrojó a un costado suyo, aunque tres segundos después lo volvió a tomar, tenía que ocuparse en otra cosa, no en el estúpido número ni en el estúpido de Steve.
Y mientras lidiaba una batalla mental entre la razón y esa parte suya que lo impulsaba a hacer cosas tontas, el sonido del timbre se escuchó en todo el apartamento, bueno al menos a Tony le pareció así. De lo que si estaba seguro era que odiaba el ruido, el horrible sonido de cientos de campañillas sonando sin cesar a la vez inundando sus oídos y las habitaciones vacías del pent-house lo hacían sentir más pequeño de lo normal.
Tony se levantó el mueble arrastrando el alma consigo y se encaminó hasta la puerta donde estaba el comunicador.
— ¿Hola?—Tony dijo mientras presionaba el botón que estaba al lado de este, se suponía que el portero del edificio le avisaría si alguna visita llegaba y aunque no estaba de muy buen humor para recibir a alguien, rogaba con todas sus fuerzas de que el sonido del timbre aturdiéndolo no hubiese sido en vano.
—Disculpe joven Svennson, hay alguien que desea verlo, dice que trae un paquete para usted, dice que se llama Steven Rogers ¿Está de acuerdo en recibir la visita? — la voz detrás del comunicador dijo y Tony se maldijo internamente. Steve estaba ahí en la puerta después de haber querido marcarle, algo estaba mal en todo ese asunto porque cada vez que pensaba en él, el guardia aparecía. Tal vez no iba a necesitar los teléfonos si esas coincidencias seguían pasando. Tony se serenó aun si el primer impulso fue contestar que sí, que lo quería ver y que el portero lo hiciera pasar, tomó una bocanada de aire y de nueva cuenta presionó el botón.
— ¿Podría preguntarle si es urgente? — Por dios Anthony, por supuesto que es urgente, Steve no estaba ahí para decir "hola". Un segundo después quiso tirarse por la ventana más cercana.
—Dice que sí, es un asunto de la industria. — El portero contestó de nueva cuenta.
—Hazlo pasar…— Tony dijo en voz bajita mientras en su interior todo se alborotaba con la simple idea de volver a ver a Steve.
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Steve estaba ahí, sentado en la sala en uno de sus lujosos y nuevos muebles observándolo leer, o bueno, observando uno de los cuadros que estaba detrás de él, a Tony le gustaba pensar que su guardia lo veía a él.
— ¿Te gusta? — Tony preguntó mientras su vista se clavaba en el cuadro también. Le habían gustado los colores pero no se había dado el tiempo de apreciar el detalle con el que estaba pintado.
—Sí, es muy bonito. — Steve admitió y se puso de pie para comenzar a acercarse hasta dónde estaba Tony, el corazón del Stark empezó a palpitar rápidamente aunque todas sus emociones se fueron al suelo cuando Steve pasó de largo y se dedicó a admirar la pintura.
No sabía que decir o como comenzar algún tema de conversación con el guardia. Steve estaba ahí para darle unos planos, órdenes de su padre, estos contenían varios diseños de los robots que se suponía que Tony iba a diseñar pero a ninguno le terminaba de convencer así que los dejó de lado. De igual forma era más divertido observar a Steve…
La manera en que cruzó sus brazos y como su espalda se tensaba ante el movimiento, una de sus manos apoyada en su barbilla mientras toda su atención se la dedicaba a la pintura. Tony tampoco había observado el panorama, el cuadro era un dibujo pintado a mano de un castillo en un acantilado. Con enormes muros de piedras, banderas ondeantes en cada torreón e inclusive un par de caballeros con armaduras. A pesar de lo rustico del diseño, los colores parecían embonar muy bien dándole un ambiente viejo y tranquilo a la vez, cosa que robó la atención de Steve.
—Eh… ¿Te gusta el arte o algo así? — Dijo Tony con un leve carraspeo y Steve volteó de inmediato. —Digo, es que pareces muy interesado en el cuadro. — Tony trató de sonreír y no parecer tan interesado en lo que sea que Steve le fuera a contestar.
—Solo me gustaron los colores, es un paisaje muy bonito… ¿Monroe? — Steve dijo y Tony asintió.
— ¿Cómo supiste? Según Ororo Monroe, ese cuadro es exclusivo de una colección. — Tony se acercó un poco más a Steve que parecía interesado, pues su mirada lo delataba.
—Eso leí, tuve la oportunidad de verla en tu boda, bueno de lejos. — Steve dijo con cierto toque de decepción en su voz mientras pasaba una de sus manos muy levemente por su cuello por tercera vez en todo el tiempo que llevaba ahí, Tony había descubierto que era un tic que su guardia tenía.
—Si quieres puedo presentártela. — Tony ofreció pero sus mejillas se sonrojaron cuando los ojos de Steve se encendieron con una pisca de sorpresa y extrañez en ellos. —B-bueno, ¡si quieres! claro, o sea si se presta la oportunidad ya que tu… bueno, te gustan sus pinturas. — No entres en pánico, a todos les gusta el arte, no es la excepción y a todos les gusta Ororo. Tony se dijo así mismo cuando se descubrió que estaba alzando la voz y Steve parecía más intrigado que otra cosa.
— ¿En serio? Eso sería… genial. — Steve le dijo y le regaló algo parecido a una sonrisa muy leve, a Tony se le aceleró el corazón de pensar que el gesto era solo para él.
— ¡Sí! Vas a amarla, Ororo es una genio y tiene muy buen gusto para los vinos. — Ahora Steve parecía divertido. Tony se moría de ganas por hablar más pero algo entre los dos se sentía frio, como una barrera, como si Steve no estuviese completamente interesado en todo aquello, su sonrisa se desvaneció y un silencio un poco incómodo comenzó a brotar entre ambos.
— ¿Te gustaría que le dijera algo a tu padre? — Steve preguntó y Tony se dio cuenta que su guardia ya pensaba marcharse, ni siquiera había pasado media hora de su llegada y ya tenía intenciones de irse ¿pero que esperaba? Steve no se iba a quedar con él toda la tarde, algo que al parecer lo decepcionó un poco.
—No realmente pero necesito un par de cosas para comenzar a trabajar. — Tony dijo a la par que las ideas se encendían una a una dentro de su cabeza. No te atrevas. Se dijo así mismo. —Podría salir a comprarlas yo mismo ¿Quieres acompañarme? — Maldición Tony.
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—Podríamos ir a la torre, estoy seguro que ahí estarán las cosas que necesitas. — Steve dijo por tercera vez en camino hacia el elevador que los llevaría al estacionamiento del edificio, el guardia estaba empecinado en arrastrarlo hasta los laboratorios Stark, cosa que iba a evitar a toda costa. Era cierto que podría encontrar lo que buscaba allá pero los planes de Tony eran otros.
—Vamos ¡Será divertido! — Tony mencionó con entusiasmo pero al parecer a Steve no le hizo nada de gracia. — ¿O estás ocupado? — Tal vez Steve tenia cosas que hacer y él lo estaba reteniendo, por un momento se sintió avergonzado.
—No es eso. — Steve dijo soltando un suspiro. —Creo que no deberíamos entablar algún tipo de amistad. —
Okay, para Tony eso fue como haber recibido un baño de agua fría a la par que mil agujas se le encajaban en el orgullo, o el corazón, no sabría decirlo con exactitud. Quería ser amigo de Steve, no sabía por qué razón pero algo dentro de él había soñado que tal vez, solo tal vez el guardia le haría una agradable compañía, tenía que admitir que no se esperaba esa declaración que lo había dejado estático. Se sentía como un estúpido sobre todo porque no podía retractarse en la invitación que le había hecho ¿Qué le iba a decir? ¿Qué se jodiera y que ahora Tony quería estar solo? Todo en su cabeza comenzaba a abrumarlo y la idea de querer acercarse a Steve ahora le parecía soberanamente tonta.
—Creo que no es profesional, uh… dado el hecho de que, bueno yo tengo que cuidar de ti, no quiero que lo personal se involucre en caso de… bueno, ya sabes. — La atención de Tony se concentró en el guardaespaldas detrás de él que trataba de explicarle el porqué. Sentimientos, había dicho Steve ¿Qué clase de sentimientos podrían ser esos? Tony solo quería un amigo, bueno eso se decía a sí mismo cada que se atrapaba pensando en Steve, los amigos también tienen un vínculo, como Janet o Natasha, Tony las amaba con todo su corazón y no imaginaba un mundo en donde viviera sin ellas, de igual forma amaba a Bruce, a James y a Clint, si, incluso a Clint. Ellos eran sus amigos de muchos años atrás y juntos habían pasado demasiadas cosas como para un día despertar y decidir que los quería fuera de su vida, no Tony no imaginaba que eso llegara a pasar. ¿A ese tipo de sentimientos se refería Steve?
— ¿Crees que puedo interferir en tu trabajo? — Tony se detuvo un paso antes de entrar al elevador del edificio. —No soy un idiota, Steve. — Y dijo con cierto enojo, no contra Steve.
—No estoy diciendo que lo seas, solo son… precauciones. — Tony pudo divisar una pisca de… tristeza en el rostro de Steve y se mordió levemente la lengua para evitar decir algo que pudiera terminar mal. Una de las manos del guardia alcanzó el botón que estaba al lado de las puertas metálicas para llamarlo.
— ¿Te pasó antes? — Y falló rotundamente en guardar callarse. Un silencio breve los acompaño mientras Tony trataba de descifrar a Steve y lo que sea que estuviera pasando en su cabeza. Se preguntaba si había sido una mala idea y aunque llegó a la conclusión de que así había sido, ya no podía retractarse. —Perdón… mira, no es mi intención meterme entre tu trabajo y tu vida personal. — Tony dijo tratando de que su mentira sonara convincente. —Solo yo... bueno, no quiero estar ciego en esto ¿sí? — Tony tomó una bocanada de aire y se sintió como un niño de colegio tratando de confesársele a la chica más linda del salón a pesar de saber que no tenía oportunidad alguna, maldición. —Solo quiero que estemos bien, vas a estar atrás de mí por un muy buen largo tiempo y…— un ding anunció la llegada del elevador hasta su piso mientras las puertas se abrían frente a ellos.
—Quieres conocerme. — Steve dijo mientras estiraba una de sus manos y poco a poco lo empujaba dentro del ascensor interrumpiendo a Tony, mentalmente lo agradeció, o bueno, trató de hacerlo ignorando el hecho de que Steve lo había interrumpido.
— ¿podemos? — Tony preguntó tratando de esconder la leve felicidad que le invadía.
—Tal vez. — Steve dijo mientras presionaba el botón que los llevaría directo al garaje del edificio y de nuevo le regaló una leve sonrisa. Como siempre, Tony había conseguido lo que quería una vez más.
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El ambiente no estaba nada mal. El carro de Steve era un Mustang color negro, bonito por fuera y bonito por dentro con asiento de piel y olor a pino fresco y una estampa con el logo de las Industrias Stark en la parte trasera. Steve había insistido en que Tony se sentara en los asientos de atrás pero el guardia no se imaginaba que tan empedernido podía ser un Stark. Después de una breve discusión, si es que así se le podía llamar al leve intercambio de palabras que tuvieron y una cara de disgusto por parte de Steve, Tony había ganado sentarse a su lado.
Entre canciones antiguas, realmente antiguas, y el sonido del aire acondicionado Tony trataba de encajar las piezas del rompecabezas que era Steve, los dos habían acordado que podían hablar siempre y cuando Tony no preguntara más allá de lo personal, el Stark había accedido pero solo con la esperanza de que Steve cambiara su mente en algún momento y lo dejara entrar en su mundo.
El medio día estaba en su apogeo en la ciudad de Nueva York, el sol brillaba con intensidad en lo alto del cielo acompañado de un par de nubes que de vez en cuando trataban de tapar su resplandor. Las personas caminaban, algunos iban en bicicletas o en sus coches justo como él y Steve en ese momento. El ruido de la ciudad no se podía apreciar gracias a que los vidrios del coche lo impedían pero el sonido distante de los cláxons y la multitud llegaban vagamente a sus oídos. Tony amaba el escándalo de la ciudad, de la gente, de los coches y todo lo que se desenvolvía en ella. Pocas veces tenía la oportunidad de disfrutar de esos pequeños gustos y esta era una de ellas.
— ¿A dónde quieres ir primero? — Steve preguntó mientras su vista seguía fija en el camino y Tony se dio cuenta que no tenía ni la más mínima idea.
— ¿Sabes dónde conseguir fibra de carbono, acero inoxidable y cables de cobre? — Tony contestó y Steve le dedicó una mirada de fastidio acompañada de una risa sincera.
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Media hora más tarde y después de darle un par de vueltas a una manzana llena de tiendas con diferentes artículos gracias a que Tony no se decidía por dónde empezar, Steve se detuvo frente a una que parecía un buen lugar, un almacén color blanco y lleno de luces a pesar de que aún era medio día.
—Si esperas que te abra la puerta, te quedarás ahí un muy buen rato. — Steve dijo a la par que él mismo se bajaba del coche, Tony ya se estaba acostumbrando al tono sarcástico que ocupaba su guardia.
— ¡Te voy a acusar con mi padre! — Tony dijo a manera de juego mientras él también salía del coche y cerraba las puertas detrás de él.
—Suerte con eso Stark. — Steve dijo mientras se metía las manos en los bolsillos del pantalón y comenzaba a caminar a la par suya.
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Tony estaba maravillado, la tienda estaba repleta de todas las cosas que necesitaba y muchísimas más. Herramientas, materiales de todo tipo, metales… un sinfín de metales y aleaciones que brillaban gracias a la iluminación del local acaparaban su atención. Tony comenzó a pedir uno de cada uno aunque se dio cuenta que tal vez las cosas no entrarían en el auto de Steve. Por un segundo pensó que el guardia lo vería con ojos extraños pero al contrario, Steve solo se limitaba a asentir y a preguntarle si realmente iba a ocupar todas las cosas que estaba pidiendo. Tony le dijo que obviamente no pero más valía prevenir que lamentar y que un par de materiales nuevos extras no estaban de más.
Después de una hora y media más, Tony salió de la tienda con un par de bolsas en cada mano llenas de tornillos, tuercas, su amada fibra de carbono y varios cables y Steve… bueno, aquel cargaba algunas cajas con tanta facilidad que por un momento pensó que en vez de herramientas pesadas, traían espuma o algo por el estilo.
Ambos acomodaron las cosas en la cajuela y en los asientos traseros y una vez que terminaron, Tony se acomodó de nuevo en su mismo sitio pero esta vez se encargó de bajar los vidrios de la ventana del coche. Steve alzó una ceja pero Tony solo se encogió de hombros, el guardia movió la cabeza levemente pero también lo imitó bajando los vidrios de su propia ventana cosa que hizo que el corazón del chico Stark se agitara en su pecho.
— ¿puedo hacerte una pregunta? — Tony dijo a la par que acomodaba el cinturón de seguridad sobre su pecho y un click indicaba que lo había asegurado. Steve hizo lo mismo con el propio cinturón y una vez que terminó sacó las llaves del bolsillo de sus pantalones y encendió la máquina.
—Por supuesto Tony. — Steve dijo mientras ponía en marcha el coche.
Tony sonrió. — ¿Star Trek o Star Wars? —
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— ¡No! ¡Esa no era la respuesta correcta! — Un agitado Tony alzaba la voz mientras el condenado de Steve se reía sin parar.
—Te lo dije, no sé nada de esas cosas. — Dijo mientras su vista se mantenía fija en el camino.
—Sí, pero cualquiera lo sabe ¡Star Wars es mil veces mejor que Stark Trek! — Tony volvió a repetir como si su vida dependiera de eso. La plática había comenzado por una pregunta tonta que él mismo le hizo al guardia. Steve parecía estar disfrutando la conversación, su semblante se había relajado y reía ocasionalmente con cada cosa que Tony decía.
—Tal vez no sé sobre películas pero sí sé que en un par de bloques más está el mejor helado. — Steve dijo. — ¿Quieres comprobar? — El guardia le preguntó y Tony asintió inmediatamente sin ni siquiera pensárselo.
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Steve se había estacionado cerca de un parquímetro y había depositado un par de monedas en la pequeña caja de metal que media el tiempo. Tony estaba concentrado en subir y bajar el vidrio con el botón automático que estaba a un lado de la manija de la puerta. Tony hubiese querido acompañar a Steve pero el guardia insistió en que era mejor que esperara en el carro por comodidad. Tony bufó, la comodidad se podía ir al trasto pero Steve había decidido a llevarlo por un helado por voluntad propias, Tony no iba a arruinar ese momento.
Toc, toc.
El sonido del vidrio siendo golpeado levemente lo sacó de sus pensamientos, alzó la mirada para toparse con un Steve sonriente. Tony le regresó el gesto y se apresuró a bajar el vidrio, Steve estiró una de sus manos y le tendió una pequeña canasta de galleta con tres enormes bolas de helado dentro de ella. A decir verdad Tony no estaba muy acostumbrado a los dulces, más que nada porque su madre no le permitía comer más de lo debido alegando que alguien como él no podía permitirse subir de peso. Por un segundo miró con desconfianza el postre pero la mirada alegre de Steve borró todos aquellos pensamientos que comenzaban a abrumarlo. Tony también estiró una de sus manos y tomó con gusto el helado.
— ¿Demasiado grande? — Steve preguntó mientras se recargaba sobre el coche y daba pequeñas probadas de su propio helado con la ayuda de una cuchara.
—Un poco, usualmente mi madre no me dejaba comer tanta… azúcar. — Tony dijo mientras seguía fascinado con el postre entre sus manos.
—Anda, dale un bocado. — Steve lo alentó.
Tony tomó una bocanada de aire como si de alguna manera fuera a probar algún tipo de cosa súper desconocida que provenía de otro planeta. Con cuidado agarró la cuchara que estaba enterrada entre las bolas de helado y la acercó a su boca, dio una pequeña olisqueada y el olor a vainilla inundó su nariz seguido de la sensación fría, Tony se acordó de aquellos inviernos que pasó en Italia en donde respirar dolía, se sentía ligeramente igual solo que esta vez la sensación era placentera. Sin más demora, Tony probó de su helado.
La explosión de sabores en su boca fue demasiado que un sonido de gusto escapó de sus labios pero sus mejillas se tintaron de un leve rojo al darse cuenta que Steve lo observaba con atención.
—Tomaré eso como un "me encantó". — Steve dijo mientras le dedicaba una sonrisa radiante y Tony deseó que el helado jamás se terminara.
—El mejor. — El chico Stark le confirmó sus palabras dando un bocado más grande de su helado, por primera vez en mucho tiempo se sintió plenamente feliz.
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Esa tarde Tony descubrió dos cosas, que a Steve le encantaba el helado de mantequilla de nuez y su cantante favorito era Frank Sinatra, como a la mayoría de los neoyorquinos. También que Steve era joven, demasiado joven pero algo dentro suyo se sentía antiguo. Que de vez en cuando reía con jovialidad y alegría a causa de las ocurrencias de Tony y que le gustaba observar a la gente. De vez en cuando Tony lo atrapaba mirando detenidamente a los peatones con tanto interés que llegó a pensar que tal vez Steve no estaba acostumbrado a estar rodeado de muchas personas.
La verdad era que a Tony le agradaba Steve, demasiado para su gusto y también quería creer que Steve se sentía de la misma manera.
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Para el momento que llegaron a su nueva casa, los colores de la tarde comenzaban a pintar el cielo de la ciudad. Tony bajó del coche una vez estuvieron en el estacionamiento del edificio luchando consigo mismo y su decepción de que el día hubiese llegado a su fin.
—Los empleados del edificio llevarán tus cosas hasta el piso, no tienes porque preocuparte. — Steve le dijo mientras metía sus manos en los bolsillos de sus pantalones. —Sí necesitas algo, no dudes en llamar. — Steve soltó un suspiro. —Siempre estaré disponible. — Con eso último Tony quiso volver a meterse al coche y pedirle a su guardia que lo llevara lejos, a miles de millas lejos del edificio, de su padre y de todo lo que atormentaba su mente pero se detuvo.
—Gracias Steve. — Tony dijo con sinceridad. —Por todo, ya sabes… la tienda, el helado, el paseo. — el chico Stark miró al suelo. —Nos estamos viendo. — Tony dijo mientras se despedía con un gesto de sus manos y le daba la espalda a Steve para dirigirse al ascensor. Tony quería voltear, decirle muchas cosas más pero en el fondo sabía que no tenía caso construir algún tipo de esperanza.
Tony apretó el botón del ascensor y para su desgracia las puertas se abrieron inmediatamente. Se coló al pequeño cuadro de metal que lo llevaría a su prisión en forma de pent-house y se giró. Steve aún estaba ahí, observando directamente hacia él, el corazón le saltó y no reprimió el gesto de felicidad en su rostro. Una seguridad se apoderó de él y Tony se interpuso en el momento justo cuando las puertas metálicas comenzaban a cerrarse.
— ¡Robots! — Tony gritó y un desconcertado Steve no entendía a lo que se refería. — ¡Voy a construir algunos, deberías venir a ver alguna vez! — Volvió a gritar y en vez de esperar respuesta alguna retrocedió dejando que las puertas se cerraran y el ascensor lo llevara hasta su piso. Algo dentro de él le decía que Steve estaría ahí. Tony se aferró de ese pensamiento y no lo dejó escapar
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Espero les haya gustado el cap, la verdad tenía pensado hacerlo 100% desde el punto de vista de Tony pero creo que algunas cosas que están por venir necesitan el punto de vista de Steve para que entiendan un poquito la trama. Trataré de seguir la historia solo con Tony y ya veré si así es lo mejor o si necesito implementar una nueva técnica. ¡Así que nos leemos pronto! (人・・)
