Intereses.

Capítulo 9: Borrachera.

Hitsugaya Toshiro estaba besando a Kurosaki Karin.

Quien, por cierto, tenía los ojos abiertos como platos y se hallaba completamente paralizada.

Podía notar los flashes de las cámaras por el rabillo del ojo, pero poco le importaba.

¿En qué diablos estaba pensando su jefe?

Casi había asesinado a Matsumoto por hacerlos… besarse… ¿y ahora la estaba besando él?

Lo hubiera apartado de no ser porque en realidad, se suponía que debería estar feliz de que la estuviera besando, porque era ventajoso para sus planes, pero… ella no estaba feliz con aquello.

Ni siquiera aun cuando sus labios inmóviles se sentían tan bien contra los suyos, tanto que hasta había cerrado los ojos para disfrutar de su calidez y suavidad, ella no podía estar feliz.

Porque él estaba tenso y rígido, su agarre en su cintura era indeciso, y su mano en su barbilla era temblorosa.

No estaba feliz porque él no estaba feliz.

¿Por qué la estaba besando si no quería hacerlo? No tenía sentido.

Poco a poco, se fueron separando, y abrieron los ojos, mirándose y enrojeciendo aún más ambos al instante.

Karin notó que Kuchiki Byakuya y su hermana ya no estaban.

Miró interrogante al albino, queriendo preguntarle el motivo del beso repentino, pero de repente se vieron rodeados de una horda de reporteros empujándole los micrófonos prácticamente en las caras y haciendo mil preguntas ilegibles.

El mayor afianzó su agarre en su cintura, atrayéndola protectoramente contra su cuerpo mientras trataba de escabullirse de la horda de paparazzis sobreexcitados.

-¡Hitsugaya-sama! ¡Hitsugaya-sama!- de entre todas las voces, sobresalió la voz especialmente aguda y chillona de una mujer. -¡¿Quién es la mujer que lo acompaña y cuál es su relación con ella?!- preguntó empujando el micrófono casi en la cara del aludido.

Él pareció profundamente exasperado, pero paró de tratar de avanzar y miró fijamente a los ojos de todos y cada uno de los periodistas, que retrocedieron intimidados.

De repente, liberó su agarre de su cintura y la abrazó con los 2 brazos un poco más íntimamente.

-Señores.- habló fríamente. -Señoritas.- inclinó la cabeza. -Es un honor para mí presentarles a mi novia, la señorita Kurosaki Karin.- le sonrió encantadoramente mirándola a los ojos a lo que ella se sonrojo, más cuando los flashes volvieron a dispararse.

De repente, a una velocidad increíble, el Hitsugaya estiró un brazo e hizo a un lado a tres periodistas, abriendo un camino por el que de inmediato pasó tirándola con él, librándose por fin de los molestos paparazzis.

Se ocultaron detrás de una columna en lo que los guardias de seguridad echaban a los escandalosos reporteros. En cuanto fue seguro salir, la de ojos negros golpeó en el brazo al de ojos turquesas.

-¿Qué diablos fue eso?- gruñó de brazos cruzados. -¡Pudiste al menos haberme avisado que ibas a hacer eso!- él solo se encogió de hombros como si no fuera la gran cosa

-Supongo que… ya estamos a mano.- sonrió descaradamente cuando ella alzó las cejas. -Ya sabes, por lo de no avisarme cuando le mentiste a Vorarlberna.- recordó, por lo que el color rojo volvió a las mejillas de la asistente de Inoue. -Aunque tendrás que perdonarme. Acabó de dar tu nombre real y saldrá en todos los periódicos mañanas. Así que tu mentira no podrá sostenerse.-

Ella maldijo interiormente, pero mantuvo su expresión cuidadosamente en blanco.

-Oh, está bien… No la quería para nada más que hoy, de todos modos.- mintió, ya que antes había mentido porque no sabía cómo afectaría a Yuzu el que Vorarlberna se enterara de que ella, su hermana, estaba relacionada con su peor enemigo.

Solo esperaba no meter en problemas a su dulce gemela castaña.

La miró frunciendo el ceño, y ella supo que no había creído completamente sus palabras.

¿Por qué, oh, por qué era tan transparente para él?

-¿Solo eso dices?...- inquirió finalmente, aparentemente decidiendo pasar por alto su mentira. -Acabo de decirle al mundo que eres mi novia, ¿no vas a recriminarme por eso? Porque créeme que no es algo que te beneficié, los paparazzi te seguirán a todos lados.-

-Oh.- solo dijo distraídamente.

Él rodó los ojos.

-¿Cuál es tu problema con los "oh"?- suspiró aparentemente resignado. -De cualquier manera, ya es la hora del bufet. Así que vamos.- le tendió su brazo.

Ella lo tomó con algo de timidez.

-Umm… y… ¿Qué va a pasar ahora?- habló sin saber muy bien como formular la pregunta. -Quiero decir… ¿vas a desmentir que sea tu novia?- intentó de nuevo.

-Mmm…- lo pensó por un rato. -Lo siento, pero no. Prefiero dejarlo así lo más que se pueda. Kuchiki no se atreverá a hacerte daño ni a ti ni a tu hermana si eso puede traerle problemas conmigo, es un hombre inteligente. Y a pesar de que yo no soy tan poderoso como él, tengo más contactos que ambos sabemos se pondrían de mi lado si peleásemos. Él no se arriesgara a perder esos contactos.-

-¿Qué contactos son esos?- quiso saber.

-Urahara y Yoruichi, por ejemplo.-

-¿Los que te dieron tu auto increíble?- recordó.

Él sonrió algo divertido.

-Si, ellos mismos. Ella conoce a Kuchiki desde que era un niño, pero a mí los 2 prácticamente me criaron por un tiempo… aparte de que siempre han querido que me busque una mujer, estarán de mi lado si creen que eres mi novia. También tengo a Ukitake… que es casi un segundo padre.- sus ojos se llenaron de algo parecido al cariño, pero luego volvieron a su típica frialdad. -Él estará de mi lado, y también puede influenciar a sus contactos, que son muchos. Kuchiki tiene sus contactos, también. Pero el que más saldría perdiendo sería él.- aseguró.

La Kurosaki lo miró levemente sorprendida.

Le impresionaba el modo en el que se manejaban las cosas en el mundo de los ricos.

Hizo una mueca.

-Es estúpido.- señaló. -No tienes por qué arriesgarte de esa manera por mí…-

-Por supuesto que tengo por qué.- llegaron a su mesa asignada y él jaló una silla para que se sentara. -Ahora eres mi novia.- sonrió.

Ella trató de ignorar su sonrojo mientras se sentaba.

-Que todos piensen que sea tu novia no quiere decir que lo sea realmente, es solo un tonto juego tuyo por un tonto motivo.- rezongó.

-Tu seguridad y protección no me parece ningún tonto motivo.- aseguró con severidad. -Te dije que te protegería y eso haré.-

La pelinegra bufó pero no protestó, en el fondo agradecida por lo que estaba haciendo por ella.

Kuchiki Byakuya realmente le daba miedo.

-Umm…- tomó una copa y se sirvió lo que parecía jugo de frutas. -Si piensas seguir adelante con esto… supongo que gracias.- asintió. -Pero sigo sin comprender porque estás dispuesto a esto por mí… apenas me conoces.- tomó un sorbo del jugo, arrugando la nariz cuando le sintió un sabor algo agrió en vez de lo dulce que había estado esperando debido a su aroma agradable.

-Seamos sinceros. Probablemente no te habrías tenido ni que encontrar con él aquí de no ser por mí causa, y no voy a permitir que te humille ni te amenace. La prensa y el mundo pueden pensar lo que quieran mientras me dé un motivo justificable para ir contra él si es que te hace algún daño.- frunció el ceño pensativo mientras ella lo miraba maravillada. -Es una cuestión de principios, pero puedes llamarlo como que simplemente me quiero librar de la culpa si prefieres.- agregó apresuradamente.

-Wow.- sorbió de su bebida tratando de disimular sus mejillas rojas a pesar del mal sabor. -Realmente te he estado juzgando mal todo este tiempo… Eres un buen hombre.-

Él se sonrojó.

-¿Qué te hace creer eso? Ya te lo dije, es solo por principios. Me sentiría culpable si él cumpliera su promesa de "aplastarte", más cuando ya dije que no se lo permitiría.- se cruzó de brazos, haciéndose el duro.

Ella sonrió sin poder evitarlo, su corazón palpitando un poco más rápido en el conocimiento de que en realidad el millonario Hitsugaya Toshiro no era tan malo.

No era nada de lo que esperaba, en realidad.

Era noble, y era tímido, era honesto y bondadoso, no le importaba lo que pensara la gente y no parecía notar lo increíble que era.

Pero ella lo notaba.

Y eso le destruía un poco más el corazón.

Porque no podía dar marcha atrás en sus planes. No cuando ya estaba tan cerca…

Tenía que salvar a su padre y a Yuzu por Ichi-nii.

Solo era llevarlo a la cama y embarazarse, él seguramente querría al bebé, por lo que sería más fácil pedirle dinero diciéndole que era para el niño o algo así…

El pensamiento cruel la hizo estremecerse del horror de tener que llegar a hacer algo así, pero era lo que debía hacer.

Era lo que iba a hacer.

Su ánimo decayó ante el peso de la realidad caer sobre sus hombros, y de repente la bebida que estaba tomando no le supo tan mal, por lo que siguió tomándola más y más mientras su acompañante de ojos turquesas hablaba con gente que ella no tenía idea de quién era, y solo asentía con la cabeza cuando la presentaba.

Sus mejillas pronto enrojecieron mientras sentía como si la cabeza le pesara.

Miró de reojo a la pista de baile, donde Vorarlberna había sacado a bailar a Yuzu, pero sus ojos permanecían pegados a Hitsugaya, sin prestarle la mínima atención a su gemela.

Ugh. ¿Qué tan obsesionado estaba el tipo con Toshiro? ¿Tanto lo odiaba?

Era tan triste como patético.

Su quinta copa de ese jugo extraño y ya sentía su ánimo considerablemente mejor.

Ni siquiera había tocado su comida, sus brochetas de repente se veían demasiado graciosas como para ser comestibles.

Soltó una risita al verlas. ¡Realmente eran muy chistosas!

Su jefe, aparentemente alertado por su repentina risa, volteó a verla interrogante, ignorando al tipo importante con el que había estado hablando cuyo nombre no recordaba.

Ella se quedó sin aliento cuando sus ojos se conectaron.

-Dios…- murmuró. -Eres tan hermoso…- extendió una mano para tocar su rostro.

Él se sonrojó profundamente mientras sostenía su mano y la apartaba con delicadeza.

-Karin, ¿estás ebria?- la miró reprobatoriamente, tintes de rojo aun en sus mejillas.

-¡No!- se carcajeó. -Yo no bebo alcohol, tontito.- se burló, sin dejar de reír.

-Pues eso es lo que has estado bebiendo la última hora, tontita.- frunció el ceño.

Ella miró la copa de "jugo" por un segundo, con la expresión en blanco.

-Ups.- volvió a reír.

El peliblanco negó con la cabeza reprobatoriamente.

-De haber sabido que no bebías te la habría quitado…- masculló para sí. -¡Oye, no sigas bebiendo eso, idiota!- le quitó la copa cuando quiso dar otro sorbo.

-¡Nooooooooo! ¡Toshiroooooooo!- extendió los brazos hacia él con los ojos llorosos. -¡Devuélvemelo! ¿Siiiiiiii?- pestañeó suplicante.

-¿Problemas con tu chica, hermano?- preguntó el tipo importante al que habían estado ignorando.

-Más o menos.- contestó fríamente. -Creo que está experimentando su primera borrachera.- se frotó las sienes.

El tipo importante rió, y la pelinegra se le unió, simplemente porque de repente cualquier cosa le parecía motivo de risa.

-He estado ahí, hermano.- tomó un sorbo de su propia bebida alcohólica. -Si tu chica normalmente es gruñona, yo te recomendaría aprovechar su buen humor mientras puedas. Aunque sea como sea va a terminar vomitando, así que solo asegúrate de que no sea sobre ti.- hizo una mueca como recordando algo. -Te lo digo por experiencia.- le palmeó el hombro al peliblanco.

-¡¿Qué diablos se supone que significa eso, pelado?!- una pequeña chica rubia que no había notado detrás del tipo importante le dio un puñetazo a dicho tipo.

-Significa lo que significa.- ahora el tipo importante los ignoraba para hablar con la pequeña rubia. -¡Me vomitaste en tu primera borrachera!- la señaló.

-¡No lo habría hecho si tú no hubieras estado "aprovechando" mi buen humor de borracha!-

-¡Pues tú eres…!...- a pesar de que la asistente de chef había estado muy entretenida riéndose por la discusión del tipo importante rubio y la pequeña rubia pecosa, no pudo seguir oyendo lo que decían, porque su jefe comenzó a jalarla fuera de su silla.

-¡Oyeeeeee!...- lloriqueó con un mohín. -¡Yo no quiero irmeeeeee!-

-Cállate.- mandó. -Te voy a llevar al baño y te vas a mojar la cara para despabilarte un poco.- suspiró con resignación.

-¡Pero yo no quierooooo!- siguió lloriqueando, abrazándose a él cuando comprendió que no iba a soltarla.

-Más te vale que lo hagas.- trató de zafarse de su agarre. -¡Vamos, suéltame y ve!- ordenó.

-¡Nop, no quiero!- enterró la nariz en su pecho. -Umm… Hueles bien, Toshiro.- se acurrucó más contra él.

-¡T-tú…!...- ella volvió a carcajearse cuando alzó la vista y lo vio todo rojo otra vez. -Ash, olvídalo.- se rindió. -Solo te llevare a tu casa…-

-¡Nooooooooo!- se abrazó más contra él. -¡Yo quiero quedarme contigo!- ahora se abrazó a su cuello y brincó para enredar sus piernas en su cintura. -Yo quiero estar contigo…- se pegó a él lo más que pudo, apoyando su frente contra una de sus mejillas enrojecidas.

-K-Karin…- tartamudeó.

-¿Interrumpo algo?- la voz cargada de fastidio de Vorarlberna lo hizo voltear a él, pero ella se quedó dónde estaba, más que cómoda.

-¿Qué quieres?- contestó con cansancio el peliblanco al rubio.

-Oh, nada. Nada más que echarlos si es que planean intimar frente a los baños. Guárdenlo para algún motel de quinta.- masculló con frialdad sin ni una pizca de diversión, pero aun así la de ojos negros rió.

-¡N-nosotros no íbamos a intimar!- se defendió el de ojos turquesas, una vez más ruborizado.

-Aja, si, claro. De todos modos lárguense. Tu presencia aquí ya me está dando nauseas, Hitsugaya.- habló no sin una pizca de veneno en su voz.

-Como quieras.- Toshiro volvió a su personalidad helada. -Tengo que llevar a Karin a casa, de todos modos.-

-No fue un placer.- Vorarlberna sonrió con odio antes de irse.

Yuzu, que había estado detrás de él, pareció querer seguirlo, pero vaciló y después se volvió hacia ellos tímidamente.

-Hitsugaya-san.- saludó. -¿Qué le pasa a Karin-chan?- la señaló.

-¡Yuuuuuzuuuuuuuu!-agitó una mano hacia ella. -¡Que linda estás Yuzuuuuu!- sonrió tontamente.

-Está borracha.- suspiró Hitsugaya.

-Si. Me di cuenta.- a la castaña una gota le resbaló por la sien. -¿La vas a llevar a casa?- preguntó con curiosidad.

-Umm, si, no creo que sea bueno que se quede aquí más tiempo.- para la grata sorpresa de la menor, la rodeó con un brazo, más relajado mientras ella se negaba a soltarlo.

-Oh, pero yo no creo que eso sea una muy buena idea, Hitsugaya-san.- murmuró la gemela más alta. -Lo que pasa es que… no hay nadie en mi casa que pueda cuidar de Karin-chan. Yo no voy a poder volver hoy, por más que me gustaría, y no hay que molestar a nuestro padre, porque está delicado de salud. Sería un problema llevarla allá en su estado… tan escandaloso…-

-¡Escandaloso!- estalló en otro ataque de carcajadas. -¡Que palabra tan graciosa!- siguió riendo.

-Entiendo.- el mayor rodó los ojos. -¿Quieres que me quedé allí para asegurarme de que no haga mucho escandalo hasta que se duerma?- ofreció.

-Es usted muy amable, Hitsugaya-san, pero realmente preferiría no arriesgarme a despertar a nuestro padre, es muy importante que duerma pacíficamente.- alzó un dedo, como resaltando la importancia de sus palabras.

-¿Qué sugieres entonces?-

-¿Podría… uh… ya sabe, si no es molestia… llevarla a su casa? ¡Solo por esta noche!- agregó ante su cara de espanto.

-No creo que eso sea muy buena idea… de todos modos, apenas me conocen. ¿Cómo puedes confiarme la seguridad de tu hermana?- alzó una ceja.

-Karin-chan me ha hablado mucho de usted.- sonrió dulcemente. -Estoy segura de que es un hombre honorable, Hitsugaya-san. Pero entiendo que este favor es posiblemente mucho pedir. Creo que mejor debo cancelar mis planes.- sus ojos se aguaron.

-¡No, no!- el chico alzó una mano, alarmado ante sus lágrimas. -Creo que podría llevarla a mi casa, se lo debo, es mi culpa que ella esté en este estado, de todos modos. La cuidare. No te preocupes y diviértete.- asintió amable.

-¡Oh, muchísimas gracias, Hitsugaya-san!- hizo una reverencia y luego se acercó a Karin y le acarició el cabello antes de abrazarla como podía, ya que seguía colgada del empresario. -Buenas noches, Karin-chan.- canturreó en voz alta, para luego agregar en un susurró tan bajo que solo ella pudo oírla que aprovechara y lo sedujera hoy mismo.

La menor solo se rió, encontrando sus palabras muy graciosas y sin terminar de entenderlas.

Finalmente, Yuzu se alejó agitando una mano alegremente, yendo tras Vorarlberna que no parecía haberse dado cuenta que faltaba.

-Bien, vamos.- con la Kurosaki pelinegra aun enredada a él, el peliblanco comenzó a salir. -Seguramente aún hay periodistas… Finge que duermes.- recomendó.

Eso no le fue muy difícil, no mientras implicara recostarse sobre su hombro y relajarse inhalando su aroma masculino y fresco.

Cerró los ojos, hundiéndose en la sensación agradable.

Antes de que se diera cuenta, ya estaban en el auto, por lo que tuvo que separarse de él, muy a su pesar.

Pero bueno, él la dejó ir adelante, por lo que no se quejó.

-¡Me gusta tanto tu auto, Toshiroooooooo!- brincó sobre el asiento.

-No hagas eso.- solo dijo él.

-¡Es tan lindoooooooo!- se colgó del respaldo de la silla. -¡Pero no te preocupes, tú eres más lindo!- picoteó su mejilla, riendo cuando comenzó a espolvorearse de suave rojo. -¡No estés celosoooo!-

-Cállate.- una vena le palpitaba en la sien.

Ella solo siguió riendo, cuando de repente una arcada recorrió su cuerpo.

-Umm… Toshiro…- lo llamó quedamente.

-¿Qué?- se notaba todavía molesto.

-Creo que… creo que… quiero vomitar…- se llevó una mano a la boca.

-¡Oh, por el amor de Dios!- la miró completamente horrorizado. -¡No en mi auto!- frenó de golpe a un lado de la carretera y salió de golpe tirándola con él.

Ella, al ser sacudida, no pudo seguir conteniéndolo.

Vomitó sobre el césped.

Sus ojos quemaron con lágrimas de asco mientras derramaba todo el contenido de su estómago en el pobre césped que crecía a un lado de la carretera

Toshiro sostuvo amablemente su cabello en todo momento.

Se puso en pie con dificultad luego de un momento, sintiéndose enferma y con las fuerzas drenadas.

Trastabillo y casi cae, pero él la sostuvo y la cargó estilo novia hasta depositarla de nuevo en el auto.

La garganta y la cabeza le ardían, y una lagrimita se le escapó debido al calor excesivo en sus ojos.

Él se la limpió con el pulgar y acarició su cabello, calmándola considerablemente, antes de dar la vuelta e ir al asiento del conductor.

Puso el auto de nuevo en marcha.

El aire colándose por las ventanas le trajo algo de alivio y lucidez.

-Toshiro…- dijo débilmente al cabo de un momento. -No tienes que hacer esto… Puedes llevarme a mi casa…- ahora la estaba invadiendo la compresión de lo que había hecho Yuzu, le había dado una buena oportunidad para seducirlo.

Pero no lo creía una buena idea.

¿Quién querría a una chica a la que acababa de ver en su peor estado? Seguro que ahora le daría asco siquiera besarla.

-No hay nadie que te cuide en tu casa.- siguió conduciendo. -Deberías tratar de dormir.- recomendó.

-No tienes que sentirte obligado a cuidarme solo por eso…-

-Te dije que te protegería, Kurosaki. Ahora cállate y duerme.- ella hizo un mohín.

-¿De nuevo con "Kurosaki"? Me gusta más que me digas por mi nombre.- sonrió cuando él la miró de reojo.

No volvieron a hablar después de eso durante el viaje, que de todos modos no duró mucho tiempo más, y pararon frente a una enorme mansión que no podía apreciar debido a lo nublado de sus ojos y que también era de noche.

Estaba demasiado débil, por lo que él volvió a tomarla en sus brazos, y la cargó hasta una habitación con una cama enorme y carente de cualquier mueble o alguna indicación de que alguien dormía allí.

La depositó en la cama con suavidad.

-Quédate aquí, iré por sabanas.- salió del cuarto.

Ella, a pesar de que lo cansada que estaba, lucho con todas sus fuerzas para levantarse en sus dos pies y caminar a paso de tortuga a lo que parecía el baño de aquella habitación.

Necesitaba enjuagarse el mal sabor de boca.

Vio su reflejo en el espejo.

Se veía horrible.

Furiosa, se arrancó los adornos del cabello y las manos, y luego se quitó el vestido, porque sentía demasiado calor.

Hundió toda la cabeza en el chorro de agua como pudo, frotándose el rostro y la nuca.

Estúpida fiesta y estúpido jugo amargo que resulto ser estúpido alcohol.

Bufó, la fuerza de sus piernas cediendo por fin, haciéndola incapaz de regresar a la cama por su cuenta.

-Toshiro…- llamó patéticamente. -¡Toshiro!...- se sentía tan débil…

Llamó a su nombre una vez más, y por suerte esta vez él si llegó.

-Karin, p…- entró al baño, solo para salir disparado fuera al verla. -¡¿Qué diablos haces tirada ahí desnuda?!- chilló.

-Relájate, quieres.- le restó importancia. -Estoy en mi ropa interior, es como si fuera un traje de baño, no hagas un escándalo por eso.- él asomó la cabeza con cautela y ella le tendió los brazos. -¿Me devuelves a la cama?- puso sus mejores ojos de cachorro.

Toshiro la envolvió en la manta que había traído antes de alzarla y llevarla devuelta a su añorada cama.

Allí ya había una almohada esperándola, y ella hundió su rostro ahí, suspirando felizmente ante la suavidad.

-Ahora duerme, quieres.- le acarició el cabello un poco antes de hacer amago de irse, pero ella lo sujetó de la muñeca.

-¿A dónde vas?...- inquirió soñolienta.

-Voy a hacer un poco de trabajo y después me voy a la cama…- suspiró con cansancio. -Tú descansa.- trató de zafarse de su agarre.

Pero ella no lo dejó.

-Quédate conmigo, Toshiro.- lo jaló lo suficientemente cerca de ella y enredó sus brazos y sus piernas alrededor de él, gastando en eso sus últimas reservas de fuerza, pero valió la pena, ya que logró tirarlo a la cama junto con ella.

-¿Qué crees que haces?- trató de levantarse, pero se le acostó encima. -Déjame ir, Karin.- ordenó con su voz de mando.

-No.- hundió su rostro en su cuello. -Quiero que durmamos juntos.-

-Karin, no me importa que estés ebria. Soy tu jefe y esto es pasarte de los límites.- ella se quedó helada ante su tono tan excesivamente frío.

Él la miraba con ojos duros, y los de ella se llenaron de lágrimas mientras no oponía resistencia cuando la hizo a un lado y se levantó.

-Oh…- como pudo, girándose con las manos, le dio la espalda, el rechazo pesando como un ancla contra su pecho.

-Lo siento…- su tono fue considerablemente más suave mientras trataba de posar una mano en su hombro, pero ella se estremeció lejos, repeliendo su toque. -¡Karin, tienes que entender!- ahora su tono fue claramente a la defensiva. -No quiero que se confundan las cosas entre nosotros…-

-Tú fuiste el que me besó.- le echó en cara.

Él no dijo nada por un momento.

-Tienes razón, lo siento.- aceptó. -Pero ahora estás ebria y yo… solo no quiero que pase nada de lo que después nos arrepentiremos.-

-Yo no te pedí nada de eso.- dijo sonrojada, sabiendo exactamente a lo que se estaba refiriendo. -Solamente quería que durmieras conmigo… solo dormir.- recalcó.

-Ese es el problema, Karin.- él la volteó, haciéndola mirarlo. -Yo no quiero solo dormir.- ella se quedó sin aliento ante su lujuriosa mirada turquesa a la tenue luz de luna que se colaba por la ventana. -Yo quiero hacerte algo de lo que después nos arrepentiremos.-

-¿Hacerme… qué…?...- miró añorante sus labios, relamiéndose los suyos propios.

-Esto.- sin ni una palabra más, se abalanzo sobre su boca.

Ella gimió contra su boca, tratando de seguirle el paso mientras la besaba con ferocidad.

Pronto lo sintió lamer sus labios pidiendo entrada, la cual le concedió separándolos, dejándolo explorar con su lengua el interior de su cavidad y acariciar la suya propia.

Cerró los ojos, que hasta el momento había mantenido abiertos para ver sus expresiones, rindiéndose ante la sensación placentera.

Él realmente la estaba besando…

Y le encantaba.

Cuando Yuzu le había ido con la propuesta del plan, había creído que era mejor que la prostitución, pero realmente jamás pensó lograrlo… ni llegar hasta este punto.

Besarlo y tenerlo en una cama dispuesto para ella.

La primera vez que había visto a Hitsugaya Toshiro fue a través de la computadora, cuando buscaban entre los millonarios de la ciudad, y apenas lo vio su primer pensamiento había sido que no le molestaría seducirlo, sonrojándose al instante y desechándolo por completo al segundo siguiente.

Pero Yuzu ya había visto su cara, y se había reído antes de decirle que mejor seleccionaban a ese para ella.

Era tan guapo… y seductor, aunque probablemente no era muy consciente de eso último.

Era en cierto punto hasta inocente, y casi se sentía mal de tener tantos pensamientos impuros respecto a él.

Pero él no parecía quedarse muy atrás, porque sus manos habían apartado la manta y ahora se paseaban de arriba a abajo sobre sus caderas desnudas sin pudor alguno, y su lengua no dejaba de someter a la suya.

Recobrando un poco de fuerza debido a la repentina explosión de deseo, llevó sus manos a desanudar su corbata y quitar su chaqueta deslizándola por sus hombros antes de que él la arrojara al piso y luego la ayudara a quitarle la camisa botón a botón.

Pronto, él estuvo desnudo de la cintura para arriba, y ahora sus manos acariciaban por su vientre y su pecho, pasando su mano izquierda por su clavícula y su garganta y la derecha trazando formas imaginarias en su cadera.

Probablemente envalentonada por el alcohol aún en su sistema, llevó sus manos a sus hombros, acariciándolo también.

Las deslizó por sus omoplatos hasta más abajo en sus costillas hasta el borde de sus pantalones, deleitándose con su piel suave.

Él dejó su boca de pronto, bajando hasta su cuello, depositando pequeños besos a lo largo de su mandíbula antes de mordisquear el punto en el que latía su pulso. Sus manos resbalaron su camino hasta sus muslos, al principio solo reposando allí, para luego masajear y acariciar en toda la regla.

Ella gemía suavemente, disfrutando de sus atenciones.

Sin embargo, pronto sintió un bulto crecer contra su bajo vientre, y las alarmas se dispararon en su cabeza, haciéndola abrir los ojos, el hechizo roto.

Toda su valentía infundida por el alcohol se esfumó, y solo sintió miedo de lo que estaba por hacer con un tipo que ni siquiera era su novio, que no tenía idea de qué sentía por ella, y que ella ni siquiera estaba segura de lo que sentía por él.

Y no tenía idea de si quería parar porque estaba asustada de un desconocido o de sus propios sentimientos.

Se puso tensa, dejó de acariciarlo y de responder a sus toques con gemidos, a lo que él la miró interrogante, deteniendo sus movimientos pero sin apartarse.

Ella solo lo observó con ojos amplios, sin parpadear, jadeando, con la boca entreabierta, tiesa como una roca en sus brazos.

El peliblanco frunció el ceño, una mezcla de emociones jugando en sus ojos, antes de apartarse de ella de un salto, volviendo a pararse en sus 2 pies y recogiendo su camisa.

-¿Qué pasa…?...- preguntó algo sorprendida de su acto repentino.

Él negó con la cabeza.

-Discúlpame.- dijo sin mirarla.

-¿Por qué te disculpas?- frunció el ceño en la confusión.

-Estás ebria.- señaló. -Y me estoy aprovechando de ti. Por eso, te pido que me perdones.- apartó la mirada de la suya.

Ella tragó saliva.

Al final, había tenido la oportunidad y no había sido capaz.

Yuzu estaría muy decepcionada.

Ella misma estaba decepcionada.

¡Se había acobardado cuando eso era exactamente lo que quería, lo que necesitaba, lo que debía hacer!

Debía hacer aquello por su padre, debería haberse tragado el miedo y la inseguridad y haber seguido adelante, tenía todo a favor, él estaba dispuesto, a ella no le estaba exactamente disgustando lo que le hacía, y hasta tenía unas copas de más.

¿Cómo había sido tan estúpida como para paralizarse?

-Yo no quería que pararas…- mintió, en un intento de reparar su error.

Él la miró con algo parecido a la ternura, aunque no estaba muy segura, ya que sus ojos de nueva cuenta se habían nublado mientras que las fuerzas volvían a abandonarla.

Se acercó a ella y se sentó a su lado en la cama, tomándola suavemente de los hombros para volver a acostarla y luego taparla con la manta que antes habían hecho a un lado.

Le acarició el cabello y la mejilla, antes de depositar un dulce beso en su frente.

-Buenas noches, Karin.- fue lo último que escuchó antes de finalmente caer dormida.

Continuara...