¡Hola! Espero estén teniendo un bonito domingo y disfruten de este capítulo que escribí con mucho amor. ¡YA ESTAMOS MÁS CERCA DE INFINITY WARRR! He estado pensando en dejarles mi tumblr para que pasen a decir "hola" y podamos llorar juntos sobre nuestros héroes favoritos. ShieldIron en caso de que gusten ir a darse una vuelta por ahí, no muerdo (?)

En fin, disfruten de este capítulo y como siempre gracias por sus comentarios, favs y follows, los quiero un montón.

Ya saben, los personajes le pertenecen a Marvel, yo solo los tomé prestados ¡Hasta la próxima! *

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And we're caught up in the crossfire

A heaven and hell

And were searching for shelter

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La ciudad de noche era un espectáculo peculiar de admirar. Luces, sonidos, personas. Todos juntos hacías de las calles de Nueva York una autentica pieza de arte. Esos pequeños momentos para Steve eran maravillosos y únicos.

Había pasado casi la mitad del día con el hijo de Howard Stark y a decir verdad lo había disfrutado. Anthony era un chiquillo que le gustaba la buena vida y la atención, al principio sintió pena por el destino que su padre le había preparado, pero al parecer el Stark más joven estaba manejando las cosas con calma.

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La torre Stark se alzaba en medio de la ciudad, más imponente y lujosa que los otros edificios en la redonda. La construcción era el sello más importante de los Stark, cualquier persona que lo viera sabía a qué se atenía si intentaba atravesarse en el camino de la poderosa familia.

En los años que Steve llevaba al servicio de Howard, había presenciado un sinfín de personas doblegarse ante él. Compañías enteras, casas productoras y pequeñas empresas. Algunas buscaban el cobijo y el soporte de los Stark para progresar, otras llegaban ahí gracias a la astucia de la cabeza de la familia.

Ciertamente no era el trabajo que Steve alguna vez soñó tener, pero estaba agradecido por todo lo que había logrado. Cinco años atrás no tenía nada y necesitaba proteger a las únicas dos personas que le quedaban en la vida, Howard lo encontró y le dio una oportunidad de ser algo y servir con un propósito. No estaba satisfecho por las cosas que había hecho en el pasado, algunas de ellas le seguían quitando el sueño por las noches, pero ese era un pequeño precio a pagar y no le importaba hacerlo sí con eso aseguraba el bienestar de su pequeña familia.

Quería ir a casa, tenía semanas sin poner un pie en su hogar. Extrañaba los abrazos de su pequeñita, las partidas de póker con Bucky y los cigarros que fumaban a escondidas en la azotea del edificio, la pelea infinita con su hijo y sus peluches antes de llevarla a dormir, y las noches de ver series antiguas con los tres. Extrañaba sus risas y el calor familiar que hacía que su corazón aguantara hasta el último momento por el bien de ellos. Pero no podía hacerlo, al menos no todavía.

Estaba siendo seguido, Steve lo supo desde la primera vez, exactamente tres semanas atrás. No era un experto en ese tipo de cosas pero al parecer quien se encargaba de vigilarlo, muy a penas y conocía las técnicas de espionaje. Él había seguido a un sinfín de personas a lo largo de los años y sabía el comportamiento que se debía tomar para que no lo atraparan. Sólo había una explicación para la manera anticuada en la que estaba siendo seguido: o la persona que estaba detrás de sus pasos era inexperta o lo estaba subestimando. Steve esperaba que fuera la primera opción, así sería más fácil deshacerse de ese pequeño estorbo que le impedía regresar a casa.

No podía arriesgar a su familia o que alguien encontrara una debilidad, Howard jamás le perdonaría si fallaba en su misión de desmantelar al esposo de su hijo. Necesitaba ser cuidadoso, así que la mejor manera de actuar era mantenerse alejado de cualquier cosa que pudiera intervenir con su misión, y eso incluía a Anthony.

No es que el Stark más joven representara algún tipo de contratiempo en su misión, era lo más normal que su protector se parara algunas veces por su nueva casa, lo transportara de un lugar a otro o pasara algún tiempo a su lado. Sí no que Anthony empezaba a distraerlo.

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Steve había tratado de mantener distancia con el joven Stark, incluso le hizo saber que no tenía intenciones de formar un lazo de amistad pero después de ver la cara de decepción en el rostro de Tony, algo dentro suyo se ablandó. El chico no tenía la culpa de nada, lo menos que Steve quería, era hacerle la vida un poco más amarga. Se dio cuenta que no era feliz y que su esposo parecía no prestarle la suficiente atención, algo común en los matrimonios arreglados.

Sus memorias viajaron a siete años atrás, pudo ver el rostro de su madre, de su padre, de sus amigos e incluso de ella, la mujer a la que había querido más que a su propia existencia y madre de sus únicos tesoros, Lucy y Milo.

Sí tan solo hubiese podido hacer más en vez de quedarse con los brazos cruzados, tal vez las cosas hubiesen sucedido de otra manera. Steve soltó un largo suspiro y serenó su mente, no era momento de estar pensando en cosas que jamás sucederían, debía concentrarse en su presente y en su futuro, el tiempo jamás podría regresar atrás por más que lo deseara con todas sus fuerzas.

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Steve dejó el coche en el enorme garaje del edificio, el mismo en donde Tony había intentado salirse con la suya semanas atrás y en el proceso había causado un poco de daño a los coches de su padre. Steve sonrió levemente al recordar y dio un vistazo a su alrededor donde cada uno de los carros había regresado a su estado original como si nada de eso hubiese pasado.

Se adentró al piso principal de la torre donde todo mundo lo saludaba a su paso, "Cap", "Señor" y "Steve", eran los nombres más comunes que escuchaba en el camino. Había nuevas caras en el edificio, definitivamente Sharon estaba disfrutando de su puesto de capitana.

El elevador del edificio lo llevó hasta el último piso en donde sorpresivamente estaba siendo esperado. Cuando las puertas se abrieron dos guardias estaban parados frente al elevador, Steve alzó una ceja un poco confundido por todo el teatro cuando el sonido de los tacones inundó la sala.

— ¡Steve! — el aludido giró su vista a donde la voz familiar provenía. —Lo siento, cuando les dije que te esperaran no me refería a algo así. — Sharon dijo a la par que lanzaba su mirada de desaprobación a los guardias que aún seguían frente a él cerrándole el paso. — ¡Vamos dejen al Cap pasar! — Dijo la chica con voz autoritaria y los guardias se hicieron a un lado de inmediato.

—Sharon, un gusto verte. — Steve dijo mientras abría sus brazos para envolver a la chica en un suave gesto. Sharon correspondió el abrazo y le sonrió alegremente cuando se separaron. — ¿Cómo han estado las cosas por aquí? — Steve preguntó, a pesar de aún pasarse por la torre de vez en cuando, se había deslindado de todo lo que tenía que ver con su antiguo puesto de capitán para dedicarle su total atención a la misión que Howard le había encomendado.

—Muy bien a decir verdad, no hemos tenido ningún problema. — Sharon dijo y Steve asintió. — ¿Dónde está Howard? — Steve necesitaba darle su reporte y hablarle del intruso que lo estaba siguiendo. El guardia preguntó y la chica mostró un poco de nerviosismo.

—Está en la sala de juntas con el esposo del joven Tony…— La nueva capitana dijo y algo dentro de Steve se encendió. No le agradaba Gustav y tenía el presentimiento de que aquel estaba metido en algo más grande que solo asuntos de bancos y finanzas. Necesitaba apresurarse a quitarlo del camino por el bien de los Stark… y de Tony.

—Y la señorita Van Dyne. — Eso último desconcertó a Steve.

— ¿Janet Van Dyne? — preguntó, Janet era íntima amiga de Tony ¿Qué estaba haciendo ahí? Steve no sabía mucho de la joven, solo que era pariente lejana de los Stark y que Howard la había acobijado, que era una importante diseñadora y que manejaba algunas acciones en la ciudad y alrededor del mundo y nada más. La había visto siempre a un lado de Tony como una verdadera amiga pero jamás cerca de Howard, no de esta manera.

—Sí, Howard me mandó a buscarla por la tarde y pensé que era algo relacionado con Anthony pero cuando Gustav entró a la sala, ella no salió. — Sharon dijo. —Deberíamos pasar. — La mujer comenzó a caminar en dirección a la habitación donde todos estaban reunidos y Steve la siguió por detrás pensando y tratando de juntar las piezas del nuevo acertijo. ¿Para qué necesitaba Howard Stark a Janet Van Dyne? Sus pensamientos viajaron rápidamente a Tony, a su cara de felicidad mientras comía el helado y el entusiasmo con el que lo había invitado a verlo trabajar en sus robots. Steve soltó un suspiro, tenía que protegerlo a toda costa.

Sharon abrió la puerta de la sala y todos voltearon a verlos, Howard, Janet y Gustav. Howard sonrió ampliamente y se puso de pie para recibirlos.

— ¡Ah! Es una alegría verte de nuevo Steve. — Howard se acercó a besar en la mejilla a Sharon y a darle un apretón de manos. —Los estábamos esperando, pasen, tomen asiento. —

El patriarca Stark tronó sus dedos y rápidamente dos sirvientes se acercaron a poner bebidas frente a las sillas en donde Sharon y Steve se iban a sentar. A él le sirvieron un poco de ron con un par de cubos de hielo y a Sharon vodka con jugo de arándanos. Steve no se sentía con ánimos para beber, necesitaba respuestas, no tonterías ni tragos. Pero Howard lo había ordenado, así que sin chistar cuando se hubo sentado, bebió un poco del vaso de cristal.

— ¿Qué tienes para mí, Steve? — Howard preguntó y Steve adoptó una mirada seria.

—No mucho en realidad. — El guardia dijo, muchas cosas estaban pasando en su mente en ese instante, la persona que lo estaba siguiendo, la presencia de Janet, su familia, Tony, oh Tony. Pero ese no era el momento de soltar sus inquietudes. —Todo está en orden señor Stark, nada fuera de lo normal. — Steve dijo mientras bebía de su vaso una vez más.

—Bien. ¿Cómo está mi hijo? ¿Alguna novedad? — Howard lo cuestionó de nuevo, los ojos de Gustav lo miraron con interés mientras Janet trataba de no hacer contacto visual con Steve bajo ninguna circunstancia, más que nerviosa percibía a la chica… ¿temerosa? ¿Pero de qué?

—Anthony está bien, hoy lo dedicó a comprar algunos materiales para su trabajo. — Y le compré un helado. Steve pensó. —Sí todo va como lo ha planeado, esta semana comienza la construcción. — Su vista se topó con la de Gustav, el aludido esbozó una pequeña sonrisa y Steve quiso arrancarle los ojos.

—Perfecto. — Gustav dijo. —Es cierto que he estado apartado del lado de Anthony, pero necesitaba hacer los ajustes necesarios para disfrutar de mi estadía en Nueva York. — Un sirviente rellenó la copa del suizo con más vino tinto. —Tal vez pronto estaremos celebrando la llegada de un nuevo miembro a la familia, querido padre. — El yerno de Howard dijo y el Stark mayor sólo soltó una risa seca.

—Por el bien de nuestras familias, espero me hagas abuelo pronto. — Howard mencionó y todos en la sala rieron, menos Steve y Janet que estaba haciendo el esfuerzo de pasar desapercibida.

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En la sala se trataron asuntos triviales, como el estatus de los diferentes negocios de la alianza Stark-Svennson, también salió a relucir el nombre de Janet y el porqué de su presencia en la sala. Al parecer Gustav tenía intenciones de incluirla a ella en sus negocios con el afán de mantener a Tony en un ambiente familiar al momento que los dejaran Nueva York y se fueran a vivir permanentemente a Suecia. Steve no se creyó ninguna palabra de aquello. Hablaron de los robots de Tony y también de su participación en las acciones Stark, Howard planeaba cederle un cuarto de la compañía para que su hijo la manejara y así probar que el chico estaba listo para dar el siguiente paso como su heredero.

Frigga Hagebak y su familia salió a la mesa, al parecer su hija menor se iba a casar en dos semanas con un doctor importante del área.

— ¿Qué sabemos de los Hagebak? — Sharon cuestionó.

—La señora Frigga es doble viuda y su única herencia es su pequeño negocio de joyas. — Gustav dijo mientras apoyaba sus brazos sobre la mesa. —Su hijo mayor estudió en Harvard y apuesta por ser un abogado prodigioso en algunos años. — dijo y dio un trago de su copa.

—Frigga firmó un contrato por veinte millones de dólares hace tres semanas con Industrias Stark. — Howard dijo. —No creo que se atreva a disgustarnos ¿Qué sabemos de su hija? — el patriarca Stark preguntó.

—Lara Serrure, la menor de sus hijos, veinte años de edad y actualmente se encuentra estudiando economía y finanzas en la universidad de Binghamton. — Sharon respondió y Howard asintió.

— ¿Y su prometido? — Howard recargó su barbilla en uno de sus brazos.

—Stephen Strange, un doctor que pertenece a la asociación de la familia del amigo de tu hijo, Bruce Banner. — Gustav dijo.

—Haré un par de llamadas para asegurarme de que tengamos ese negocio en nuestros bolsillos, de ahí en fuera, dejaremos que las coses tomen su curso. — Howard finalizó.

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También hablaron de cuestiones de seguridad pero el tema comenzó a acalorarse cuando Gustav sugirió que Tony debía ser vigilado por alguien de su propia gente.

—Anthony es un Svennson también, mi gente necesita aprender a respetarlo. — Gustav dijo y la furia dentro de Steve crecía con cada palabra que el contrario decía.

—También es un Stark, y como tal le corresponde el honor de tener a alguien de confianza a su lado. — Howard sentenció.

— ¿De confianza? Estoy al tanto del incidente que ocurrió con los coches, sí Steve no pudo controlar algo como eso ¿Qué nos asegura que está capacitado para manejar alguna situación peor? La seguridad de Anthony es prioridad. — Gustav dijo con severidad.

— ¿Qué sabe usted de lo que yo soy capaz de hacer? — Steve dijo con fastidio y repentinamente el ambiente en la sala se enfrió. Gustav ya no se veía tan confiado como un par de segundos atrás, ahora el que sonrió fue Steve.

—Señores, no estamos aquí para discutir. — Howard interrumpió en el juego de miradas que Steve y Gustav estaban peleando. —Ciertamente Steve es la persona mejor entrenada que conozco, mi hijo por otro lado… nunca se le ha dado bien el ser controlado, aún es un chiquillo. — Steve concentró su atención en el patriarca Stark. —Confió en él. — Howard señaló a Steve. —Demos por zanjado este asunto, Steve seguirá cuidando de Tony hasta el último momento. — Howard dijo a la par que se levantaba de su asiento. —Sí no hay otra cosa más que hablar…—

Gustav se levantó de igual manera. —No lo creo, se ha dicho todo lo que se necesitaba decir. — Steve pudo notar el enfado en el tono de voz del contrario. —Estaremos en contacto Howard. — dijo y se despidió de Janet con un beso en una de sus manos y una pequeña sonrisa para Sharon, miró a Steve y pasó de largo perdiéndose tras las puertas de la sala.

—Bien… Sharon, sé amable de ver que Janet sea debidamente acompañada a su casa. — Sharon asintió y se encaminó a la puerta esperando a que la otra chica la siguiera. Janet se levantó también de su asiento.

—Tío Howard, fue un gusto verte hoy. — dijo la chica a la par que besaba la mejilla del Stark mayor.

—El placer fue mío querida, piensa bien lo que hablamos. — Howard contestó y Janet asintió levemente. —Que descanses. — fueron las últimas palabras que su tío le dedicó. Janet comenzó a caminar a la salida no sin antes cruzar su vista con la de Steve, ella le sonrió pero Steve no le regresó la cortesía.

—Señor Stark… hay algo de lo que quiero hablarle. — Steve dijo una vez la sala se vació.

—Lo sé, me temo que este juego se empieza a complicar ¿no es así? — Repentinamente Howard se veía cansado con todo el peso de los años reflejado en su rostro.

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— ¿Alguien te está siguiendo? — Howard preguntó. Ya no estaban en la sala de juntas, ahora se encontraban en la oficina privada del líder de los Stark. Una habitación lujosa con ventanales en dos de los cuatro costados del cuarto con vista hacia la gran manzana. Howard estaba sentado en la gran silla de cuero tras un escritorio de madera negra finamente tallada y adornada por las orillas con metal dorado.

—Así es, comenzó exactamente el día en que Anthony contrajo matrimonio. — Steve dijo. —Tengo la certeza de que es obra del señor Svennson. — Y soltó la información, Howard puso una mirada seria mientras pasaba una de sus manos por su barbilla recién afeitada.

— ¿A qué está jugando ese hombre? — Howard dijo al aire pero Steve tuvo la certeza de que estaba hablando consigo mismo. — ¿El espía ha tratado algún movimiento? —

Steve negó. —Nada, solo observa desde la distancia, creo que es inexperto en ese asunto, no me costó esfuerzo alguno en descifrar sus intenciones. — Un suspiro escapó de sus labios. Lo había visto cerca de la torre Stark, de las oficinas que Howard tenía al borde la ciudad y de la nueva residencia de Tony, era como si aquel no tratara de ser discreto en ninguna manera.

—Necesitamos averiguar más de esa piedrita en el camino, estoy seguro que sabrás como hacerte cargo de esto ¿no es así? — Howard inquirió recargando el peso de su espalda en la silla.

— ¿Desea que aniquile a esa persona? — Steve preguntó tenso, una vida más a sus números rojos. Lucy, Milo y Bucky. Steve pensó en ellos, hacía todas esas cosas por Lucy, Milo y Bucky… y Tony.

—Primero averigua a quién le debemos esta osadía, después encárgate de ese asunto, no seas tan duro con él. — Howard esbozó una sonrisa.

—Cómo ordene. — Steve respondió. — ¿Hay algo más en lo que pueda servir? —

—No, te puedes retirar. — Howard dijo mientras juntaba sus manos. —Y espero me traigas noticias de todo esto muy pronto. — Steve asintió y dio la media vuelta para salir de la habitación.

— ¿Camino a casa soldado? — Howard preguntó con cierto interés.

Steve se volteó para vez una vez más a su jefe. —No, de cacería señor. — dijo mientras abandonaba la oficina.

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Steve se detuvo en la habitación que tenía en la torre Stark antes de marcharse, se deshizo de la ropa que había usado en el día y encontró un poco de confort en la ducha. Buscó en los cajones algo decente para la noche, pantalones negros, una camisa azul oscuro, botas marrón y una chamarra de cuero que hacía juego con sus pantalones. Se acomodó el cabello e incluso usó un poco de colonia.

Necesitaba averiguar lo más pronto posible quien era el que lo estaba siguiendo y la mejor manera de hacerlo era al estilo antiguo, en las calles de la ciudad al aire libre o en un bar. La segunda opción era la más viable, en caso de que consiguiera la información que necesitaba, esa misma noche aquél intruso no vería la luz del día siguiente.

Steve no usó ninguno de los coches que tenía disponible, en vez de eso decidió utilizar su motocicleta. La sensación de la máquina, los pedales y el aire en su rostro a causa de la velocidad siempre lo hacían sentir vivo.

Salió de la torre con camino a la avenida principal y en pocos segundos se vio atrapado por el tráfico de la ciudad nocturna, las luces y el ruido de la gran manzana. Era más fácil moverse con una motocicleta, podía rebasar a los demás carros y entrar en lugares por donde un coche jamás hubiese logrado pasar. Un par de cuadras después divisó en uno de los espejos de la motocicleta al automóvil que se había dedicado a seguir sus pasos, estaba ahí de nuevo. Steve sonrió para sí mismo, su plan estaba funcionando a la perfección.

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Minutos después Steve se encontró en un club nocturno en el centro de la ciudad, jamás había pisado uno de esos lugares por gusto pero aunque le costara admitirlo, era más fácil encontrar información ahí. La gente solía venderse por un par de dólares y las prostitutas muchas veces conocían muchos más secretos gracias a la cantidad de gente que atendían.

— ¡Cap! — Steve logró escuchar entre el ruido y la música del lugar. El olor a cigarro invadía sus pulmones y se maldijo internamente, pues el aroma se quedaría pegado a su chamarra. — ¿Qué trae por aquí al singular Cap? — Un hombre más o menos de su estatura y amplia sonrisa dijo mientras palmeaba su espalda y le daba un abrazo como si de un viejo amigo se tratara.

— ¡Wade! — Steve saludó, una de las chicas del lugar se les acercó mientras pegaba su cuerpo al de Wade y se colgaba de su cuello.

—Hey preciosa ¿por qué no nos traes un par de tragos al Cap y a mí, sí? — Wade dijo y la chica asintió y de inmediato se fue.

— ¿Tienes algo para mí? — Steve preguntó y una mirada de fastidio se dibujó en el rostro de su amigo.

— ¿Acaso todo es trabajo contigo siempre? Ven, este no es lugar para hablar. — Wade dijo y Steve asintió mientras daba un último vistazo a una de las mesas del fondo del lugar, donde su objetivo había pedido un trago y una chica.

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— ¿Sabes algo sobre Gustav Svennson? — Steve preguntó mientras Wade se recargaba en la silla de su oficina y daba un par de vueltas en esta.

—Que es un tipo millonario, que se casó con el hijo de tu jefe y que probablemente sea el nuevo dueño del mundo una vez que el viejo Stark abandone este mundo. — Wade contestó dándole la espalda con la silla giratoria.

La oficina de su amigo era un poco anticuada, tenía una mesa de billar ahí dentro, muchas botellas de alcohol y algunas de procedencia dudosa y pinturas obscenas colgadas en una de las paredes de la habitación, Wade Wilson era un hombre de gustos extravagantes.

—Algo que no sepa…— Steve dijo tratando de ser paciente.

—Depende… ¿Qué gano yo si ventilo los secretos de mi próximo jefe? — Wade dijo dándose media vuelta quedando en frente de Steve nuevamente.

—Howard sabe cómo recompensar a sus amigos. — Steve usó la vieja carta que muchas veces le había abierto un sinfín de puertas.

—"Los Lannister siempre pagan sus deudas" — Wade dijo entre risas. — ¿Qué? ¿Ahora estamos en Juego de Tronos? — Wade volvió a reírse. — ¿Tengo que preocuparme por algún trovador que venga a cantarme las Lluvias de Castamere? —

—Vamos Wade ¿gracias a quién eres dueño de este lugar? — Steve dijo mientras sacaba un cuchillo y lo ponía sobre el escritorio de su amigo. El arma era color negro, treinta centímetros de largo y tenía varios dientes de metal por filo, un cuchillo ruso de combate.

—Steve… las amenazas no funcionan conmigo, te quiero hermano pero eso no me va a impedir meterte un par de tiros en tu bonita cara. — Wade respondió sin quitar la vista del cuchillo, sonaba convencido pero sus manos delataban que dudaba en lo que acababa de decir.

—No es ninguna amenaza, al contrario, un intercambio. — Steve dijo mientras tomaba con una de sus manos el cuchillo y lo hacía girar de la punta sobre el escritorio. —Mi cuchillo por un poco de información, no vas a encontrar nada como esto, al menos no de manera legal. — Steve sonrió. —Además… no me has contestado la pregunta, querido amigo. —

— ¡Bien! ¡Fue Howard! Gracias a Howard Stark tengo este maldito lugar. — Wade contestó un tanto exasperado, algo normal en él.

— ¿Hay algún trato? — Steve inquirió, esperando que a Wade no se le fuera la mano pidiendo recompensas, le agradaba el sujeto, no quería ver su nombre algún día en la lista de los enemigos de Howard Stark.

—Es eso o mi pellejo, y la verdad es que me gusta estar vivo. — Wade contestó a la par que le arrebataba el cuchillo de las manos a Steve.

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El dueño del burdel le contó que los hombres de Svennson rondaban la ciudad, no parecían interesados en los prostíbulos pero uno de diez siempre llegaba a parar a alguno de los burdeles que Wade manejaba. También le dijo que era fácil reconocerlos, la mayoría, si no es que todos, tenían un tatuaje en la muñeca derecha, una pequeña marca en forma de triángulo, en palabras de Wade, "alguna mierda sueca", también habían visto al magnate rondar un hotel cerca del centro de la ciudad, curiosamente el edificio era propiedad de Jake Olson, hijo mayor de Frigga Hagebak. Steve quiso pensar que era una coincidencia pero descartó la idea rápidamente, las coincidencias en Nueva York no existían.

Wade le contó un par de cosas más que solo era información genérica y que realmente no le interesaba. Su amigo solo le pidió un par de miles de dólares más a cambio de todo lo que le dijo, Steve le prometió que el pago estaría ahí al día siguiente como todas demás veces que los dos habían hecho tratos.

—Mira, tu no escuchaste nada de esto de mi ¿estamos? — Wade le dijo. —Sí Howard se hunde, yo no quiero ser una rata más de ese barco. —

Steve rió y le extendió la mano a manera de saludo. —Siempre es un placer hacer negocios contigo, Wade. — dijo con diversión.

—No quiero ver mi cabeza en una pica si el viejo Stark se entera que le negué algo a su chico de oro. — Wade respondió estrujando su mano. —Ahora, ándate a la mierda Rogers. — los dos hombres rieron y Steve le hizo caso.

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Esa noche Steve descubrió un par de cosas más, que Wade se les estaba yendo de las manos y que en los bajos mundos se rumoraba la caída del gran Howard Stark. Fue interesante escuchar eso de los labios de su amigo, Howard le había dado poder en Nueva York con el afán de servir como punto de información para el bien de los Stark, pero ahora Wilson no se escuchaba tan convencido de su lealtad hacia la mano que le daba de comer. Steve no quiso indagar más, Wade no era un idiota, no necesitaba alguien más a la lista de problemas de los Stark porque como siempre, a Steve le tocaría sacar la basura a la calle.

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Steve manejó un par de horas más por las calles de Nueva York, muchas veces se tentó en tomar la desviación hacia Brooklyn, manejar un par de minutos más e ir a casa, si quiera ver de lejos su hogar y a su familia. Pero sus ideas se desvanecieron cuando de nueva cuenta el automóvil lo encontró y comenzó a seguirlo a la distancia. Steve estaba harto, necesitaba meterle un tiro a quien sea que fuera el que estaba manejando el coche.

Un semáforo en amarillo se interpuso en su camino, tenía la oportunidad de pisar el acelerador y dejar atrás el coche que lo estaba siguiendo pero al contrario de eso se detuvo, dejando que el automóvil redujera la distancia entre ambos.

Steve observó por el espejo de la motocicleta y el auto estaba a menos de diez metros atrás de él en el carril izquierdo. Contó los segundos, sesenta y siente en total y el semáforo cambió de rojo a verde. Todos los coches avanzaron incluido el que lo estaba siguiendo pero Steve no, se detuvo a esperar, el claxon de los automóviles comenzaron a sonar a su espalda y cuando el automóvil pasó a un lado suyo, el conductor lo miró directamente a los ojos.

Steve le dedicó una sonrisa y aceleró su motocicleta, dejando que el aire de la ciudad se llevara sus problemas y pensamientos de ese momento.

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Lo había visto con claridad, el que lo seguía era un hombre más o menos de su edad, cabello oscuro, nariz amplia. La mayor parte de su rostro estaba oculto tras unas gafas negras pero Steve pudo apreciar la forma de su cara y la barbilla pronunciada, sí lo volvía a ver de cerca, lo reconocería en un santiamén.

Estuvo tentado a esperar que de nueva cuenta el hombre y el coche aparecieran, dejar que lo siguieran y terminar de una vez por todas. El arma en el costado derecho de su cinturón repentinamente pesaba diez veces más de lo normal. Steve respiró profundo, pensó de nuevo en su familia, en Lucy, Milo y Buckyy Tony, de nuevo Tony.

Era necesario, la seguridad de los cuatro dependía de eso. Steve se repitió una y otra vez, todo terminaría rápido y podría ir a casa, enterrarse en su cama con sus dos pequeños a su lado mientras Bucky lo regañaba por consentirlos tanto.

Detuvo la motocicleta esperando poder regresar por el mismo camino y cuando apretó el acelerador, el teléfono en su bolsillo comenzó a sonar.

Tony…

De inmediato abandonó su loca idea y como mandado por Hermes, emprendió su camino hacia Madison Square, en donde Tony estaba esperando por él.

Una pequeñita aclaración, Bucky es parte de la pequeña familia de Steve pero nada más, no hay Stucky en este fic, por si tienen problema con la ship o algo, no es mi intención incomodarlos.

¡Nos leemos pronto!