Intereses.

Capítulo 11: Visita a la dulce abuelita.

Apenas entró a su casa, Karin ignoró las preguntas de Yuzu y subió directo a su habitación, lanzándose a su cama y enterrando el rostro en su almohada.

"Ese tipo de personas solo pueden ser mierda."

Bufó al recordar las palabras de Toshiro, odiándose porque le hayan afectado tanto.

A ella no debía importarle su opinión o cuanto la odiaría cuando se enterara de sus verdaderas intenciones. No debía importarle que era 100% seguro que jamás la perdonaría y la consideraría de la peor escoria en la Tierra.

Pero entonces… ¿por qué sentía que quería llorar?

Era ridículo. Se suponía que debía ser fuerte por su familia, no ponerse a lloriquear por el afecto de un ricachón que, aunque ya sabía que era una buena persona, prácticamente no conocía.

Solo debía importarle su familia.

Nada más.

Recordó lo que le había dicho respecto a su hermana. Había estado muy sorprendida de que compartiera aquello con ella, y sintió su corazón ablandarse y casi derretirse al notar lo mucho que quería a su familia… solo para luego partirse en pedazos cuando él le reveló su opinión por la gente interesada, gente como ella.

Y para colmo, había aceptado acompañarlo a la fiesta de cumpleaños de su abuela mañana. ¿Cómo sería capaz de hacerle frente a su familia con las pésimas intensiones que tenía con él? ¿Cómo podría mirar a los ojos a las personas que más amaban al hombre que quería robar? Solo esperaba no sentirse tanto como la… mierda… que era.

-Oh, papá…- una lágrima se deslizó por su mejilla. -¿Cómo voy a hacer esto?- sollozó. –Ichi-nii… ¿cómo podré proteger a Yuzu?- sollozó otra vez con más lágrimas cayendo. -¿Cómo puedo mantener unidos los trozos de esta familia, mamá?...- enterró el rostro en la almohada mientras se maldecía por ser tan patética.

Oyó suaves golpes en la puerta.

-¿Karin-chan?- la llamó Yuzu.

Se secó las lágrimas y se frotó los ojos lo mejor que pudo.

-Entra.-

Su gemela entró sonriendo tensamente con un vaso de jugo, ella lo tomó agradecida.

-¿Y bien, Karin-chan? ¿Vas a decirme lo qué pasó para que terminaras llorando así?- la pelinegra apartó el rostro avergonzada.

-¿Puedes olvidarlo Yuzu?- bebió el jugo, agradecida de tener la certeza de que esta vez no era alcohol. –No quiero hablar de eso…-

La castaña infló una mejilla infantilmente.

-Bien.- cedió. –Pero quiero que me cuentes cómo te fue anoche que logre que te llevara a su casa.- sonrió feliz con su triunfo.

-Eso no fue buena idea, tonta.- gimió con fastidio. –Estaba borracha, más que darme una ventaja fue muy estúpido, ¿qué tal si decía algo acerca del plan?- la mayor palideció.

-Pero no dijiste nada, ¿cierto?- preguntó temerosa.

-No, no lo creo. No recuerdo mucho de anoche, pero él no actuó como si hubiera dicho algo.- meditó pensativa.

-¿Al menos algo bueno salió de esto?-

-Tuve un ascenso y un aumento, y mañana voy a acompañarlo a la fiesta de cumpleaños de su abuela.-

Yuzu sonrió con más ánimos.

-¡Eso suena como algo bueno! ¡Estás más cerca de cumplir la meta!- celebró.

-¿Cómo te va a ti?- el ánimo de la de ojos marrones decayó. -¿Yuzu?- la llamó al ver que hacía pucheros.

-Yo no… no creo que lo mío con Yukio Vorarlberna pueda ser…- se cruzó de brazos, pensativa.

-¿Por qué lo dices?-

-Hay algo que he estado sospechando pero… me temó que no podré decírtelo hasta confirmarlo.- evadió el tema.

La menor frunció el ceño, su gemela castaña rara vez no quería decirle las cosas, pero respetaría sus deseos, si no quería hablar, por ahora no insistiría.

-Bien, pero no te olvides de mantenerme alerta con tus avances en Vorarlberna, yo te cuento todos mis avances con T… Hitsugaya.- bueno, al menos la mayoría.

-Claro, no lo olvidaré.- sonrió dulcemente. -¡Por cierto, Karin-chan!- sus ojos marrones de repente se iluminaron. -¡Hoy es día de visita!- aplaudió ilusionada. -¡Por fin veremos a Onii-chan!- sonrió con cierta tristeza.

-Es cierto…- ¿cómo pudo olvidarlo? -¡Finalmente podremos ver a Ichi-nii!- su sonrisa también fue un poco agridulce.

-Es una lástima que papá no pueda ir…- de pronto sus ojos se llenaron de lágrimas que pronto comenzó a derramar. –No puedo creer que papá tenga que pasar sus últimos meses de vida lejos de su primer hijo.- sollozó enterrando el rostro entre las manos sin poder contenerse. Karin se apresuró a abrazarla.

-Ya, Yuzu, ¿lo olvidas? ¡Estos no son sus últimos meses! ¡Nosotras conseguiremos el dinero y lo salvaremos!- forzó una sonrisa.

-Si… cierto…- la mayor se limpió las lágrimas. –Voy a ir a asegurarme de que papá estará bien, tú prepara todo.-

-Claro.-

Poco tiempo después partieron en el auto rumbo a la penitenciaría, hicieron los trámites necesarios y finalmente pudieron ir a la oficina de visitas para reunirse con su hermano mayor.

Grande fue su sorpresa, sin embargo, cuando entraron y encontraron a otra persona ya allí.

La de ojos negros reconoció de inmediato a esa mujer sentada frente a su hermano.

-¡Kuchiki Rukia!- abrió los ojos completamente sorprendida.

-¿Kuchiki?...- el entendimiento y las lágrimas llenaron los ojos de la mayor de las gemelas. -¡¿Pero… pero qué hace aquí?!- se cruzó de brazos, viéndose temblorosa mientras trataba de contener el llanto.

-S-será mejor que me vaya ahora, Ichigo…- la mujer petite rápidamente se despidió de su hermano e hizo una reverencia ante ellas antes de retirarse de la habitación.

-Ichi-nii…- Karin parpadeó. -¿Qué significa esto? ¿Qué hacía ella aquí? ¿Qué ya olvidaste que es la mujer a la que trataste… de robar?- lo miró con tristeza y confusión, a lo que él suspiró y se frotó las sienes.

-Es una larga historia, solo sepan que ella me ha perdonado y ahora somos… algo así como amigos… No sé porque pero por alguna razón creyó en que yo no soy un desalmado psicópata, aquella noche en su casa… en fin, es una larga historia, y muy complicada, así que pueden elegir entre perder el tiempo hablando de eso o simplemente conversar con su hermano y pasar tiempo juntos que es lo que supongo que han venido a hacer.- extendió los brazos, a lo que las gemelas a pesar de estar extrañadas no dudaron en abrazarlo.

-¡Te hemos echado mucho de menos, Onii-chan!- lloriqueó Yuzu.

-Sí, pero aún queremos que nos expliques lo que pasa aquí.- Karin se separó del abrazo rápidamente.

Su hermano se removió incómodo en el abrazo de Yuzu, que no estaba dispuesta a soltarlo en el corto plazo.

-Bueno…- suspiró, revolviéndose el cabello. –Aquel día, cuando fui a robar a la mansión Kuchiki, entré en el cuarto de Rukia y la vi dormida, así que yo… me puse a hacer lo que tenía que hacer lo más silenciosamente posible. Tome un jarrón que parecía valioso, una caja con joyas y una placa de cristal que contenía un collar muy bello de flores de Sakura. Estuve a punto de irme cuando de repente Rukia despertó y me gritó casi llorando que no me llevara el collar, porque era un recuerdo que le dejó su hermana fallecida.- bajó la cabeza. –Claro que no pude llevármelo, así que volví sobre mis pasos y deje el collar cuidadosamente sobre su escritorio junto a su placa. Ella pareció impresionada pero yo de inmediato tuve que huir porque podía escuchar el sonido de los guardias de la mansión a punto de entrar al cuarto para perseguirme. Y ya sabrán cómo terminó eso, me atraparon.- sonrió amargamente. –Poco tiempo después ella vino a visitarme a la prisión a escondidas de su hermano, me preguntó por qué no le había robado el collar y sí le había robado lo otro. Acabe contándole todo y parece que se compadeció de mí, incluso trató de convencer a su hermano de que retirara los cargos… inútilmente, claro está.- suspiró. –Rukia es… muy especial.- su mirada brillaba al hablar de ella.

Yuzu y Karin intercambiaron miradas. Esto no auguraba nada que pudiera terminar bien, Kuchiki Byakuya ya estaba respirando sobre sus cuellos, no quería imaginar cómo se pondría si descubría que su hermano aparte de robarlos estaba interesado en su hermana. Claro que no iban a decirle a su hermano como el Kuchiki las molestaba, no querían preocuparlo.

Conversaron un rato más con él, lo abrazaron y Yuzu le dio muchos recipientes de comida decente por no decir deliciosa que había preparado para él y que no se sintiera tan horrible en prisión. Finalmente la hora de visita terminó y tuvieron que despedirse prometiendo venir la próxima semana.

Volvieron a casa en el auto mientras Yuzu manejaba pensativa y cabizbaja.

-Así que… ¿A qué hora iras a esa fiesta de cumpleaños con tu jefe mañana, eh, Karin-chan?- su gemela preguntó mientras aparcaba frente a la casa y bajaban para volver dentro.

-No lo sé, no me lo aclaró así que supuse que solo vendría a recogerme.-

-¡Oh! ¡Pero entonces tendrás que estar lista desde muy temprano!- sonrió juntando las palmas. -¡Así que vamos, vamos! ¡Ve a dormir ahora que mañana te levantare temprano para prepararte!- la empujó a su habitación y a su cama.

-¿Pero qué hay de la cena?- preguntó con los ojos abiertos ante el entusiasmo de la mayor.

-¡Mañana te hare un delicioso desayuno en compensación! ¡Ahora duerme!- canturreó antes de apagar las luces y cerrar la puerta.

-Pero son las cinco de la tarde…-

No tuvo otra opción que dar vueltas en su cama hasta que cayó dormida más o menos a las siete u ocho, aunque luego agradeció que la haya obligado a despertarse tan temprano porque la maldita la despertó a las cuatro de la jodida madrugada.

Como prometió, le hizo un delicioso desayuno que la dejó bastante satisfecha, luego estuvieron una hora buscándole un atuendo para la fiesta, no algo formal pero tampoco tan informal. Finalmente se decidieron por una simple falda blanca, medias negras largas hasta el muslo y una blusa negra de escote redondo bastante discreto con un corazón blanco estampado en el medio y mangas tres cuarto. Su cabello lo fijo en una coleta alta con una liga color blanco.

Cuando terminó de arreglarla (después de que de nuevo se rehusara a usar maquillaje) ya eran las seis de la mañana, y como veían que su jefe peliblanco aún no llegaban la castaña empezó a darle varios consejos de cómo actuar, ya sea para impresionar a su familia o para seducir a su jefe.

Fue a las siete que escucharon un golpe en su puerta y su gemela solo le alzó un pulgar deseándole suerte con un guiño. Karin respiró hondo mientras abría, encontrándose con Hitsugaya frotándose la nuca con nerviosismo, él la miró impresionado al repasar su apariencia de arriba a abajo con agrado evidente.

-Disculpa que no te haya aclarado a qué hora vendría.- pestañeó perplejo, repasándola con la mirada una vez más. –Pero me alegra que ya estés preparada. ¿Vamos?- hizo un ademan para guiarla afuera e indicarle que subiera a su auto.

Lo siguió vacilante y ambos subieron al coche, empezando el viaje medio incómodo.

-Supuse que vendrías temprano, por alguna razón.- le sonrió tensamente.

-La casa de mi abuela está en el otro lado de la ciudad y solo estaremos allí hasta la tarde, así que era necesario partir temprano.- solo dijo. –Por cierto…- continuó luego de unos minutos. –He de sobre-advertirte que mi abuela y mi hermana pueden ser un poco… abrumadoras, en especial es probable que te asfixien un poco más porque te presentaras como mi novia.- masculló incómodo.

-¿Y por qué no solo le dices la verdad? Que solo fue un truco para que un patán deje de molestarme.- lo miró con curiosidad.

-Sí, bueno… lo que pasa es que mi hermana tiene a su mejor amiga, Tobiume, que está "enamorada" de mí, y mi hermana insiste en juntarnos. Y sí no me aparezco allí con una novia entonces me obligara a salir con esa loca.- un escalofrió lo recorrió.

Karin frunció el ceño, de ser así entonces tendría que espantar a esa Tobiume, no podía dejar que nadie interfiera en su meta de conquistar a Hitsugaya… y no, no era porque estuviera siendo celosa o posesiva.

Estuvieron casi una hora conduciendo, cosa que no le molestó mucho de todas formas porque estaba enamorada del auto del peliblanco, y pudieron sostener pequeñas conversaciones a lo largo del camino, pero él parecía medio tenso por quién sabe qué razón y ella igual se sentía incómoda desde la conversación que habían tenido ayer y cómo él la odiaría tanto cuando descubriera la persona tan horrible que era.

Llegaron a la casa de su abuela a eso de las ocho de la mañana. Era una casa normal, ni muy pequeña ni muy grande, pero si se veía muy humilde y como que le faltaba retocar su descolorida pintura de verde limón.

Su jefe le indicó que la siguiera y se acercó la puerta, tocando suavemente.

De inmediato se oyó un pequeño revuelo dentro y la puerta voló abierta junto con una pequeña mujer de cabello castaño muy oscuro y ojos chocolate que apenas vio a Toshiro le brincó encima enganchándose a su cuello.

-¡Shiro-chan!- chilló infantilmente llena de alegría.

La Kurosaki frunció el ceño, de inmediato molesta. ¿Era esta la tal Tobiume? Ya no le agradaba nada.

La chica finalmente se despegó del peliblanco y entonces se fijó en ella, mirándola con ojos muy abiertos.

-¡Oh, cielos!- se llevó una mano a la boca. -¿Ella es tu novia, Shiro-chan? ¡Es mucho más bonita que en televisión!- ahora le brincó encima a ella para sostener sus manos y la de ojos oscuros pudo confirmar que efectivamente esta mujer era su hermana.

-Ehh… hola.- sonrió incómodamente. –E-es un placer.- no se presentó porque supuso que habría oído su nombre en televisión.

-¡Hola, mucho gusto!- su sonrisa era resplandeciente. -¡Pasa, pasa! ¡La abuela muere por conocerte!- prácticamente la empujó dentro de la casa mientras Toshiro las seguía viéndose sumamente fastidiado. –Mi nombre es Hinamori Momo, por cierto.- se presentó.

-Dime Karin.- solo dijo ella en respuesta.

La arrastró pasando por toda la bonita casa hasta salir por una puerta trasera encontrándose con un bello jardín lleno de hermosas flores y plantas y un vasto césped verde. Al final del bello jardín había una serie de bancos y una mesa redonda, y allí se encontraba sentada una ancianita de aspecto dulce y frágil.

-Toshiro, querido.- la frágil adulta mayor sonrió con dulzura al peliblanco. –Que gusto que hayas podido venir.-

-Nunca me perdería tu cumpleaños, abuela.- sonrió tiernamente con la mirada más suave que le había visto nunca.

-Me alegra oír eso, querido.- de repente se fijó en Karin. –Ohh, ella debe ser tu novia. Kurosaki Karin-chan, según los medios, ¿es correcto?- la pelinegra asintió tímidamente. –Es muy bella. ¿Por qué no me habías hablado de ella antes?- lo miró con desaprobación.

-D-disculpa, es que… Umm… empezamos a salir hace muy poco tiempo.- se excusó.

-Oh, de acuerdo, entiendo.- asintió. –Siéntense, siéntense. Quiero que me hablen de ustedes.- ellos se sentaron torpemente uno al lado del otro y Momo se sentó junto a su abuela aun mirando a Karin como si fuera la mejor cosa que le había pasado en la vida. –Así que, cuéntenme. ¿Cómo se conocieron?- la ancianita y la mujer mayor los miraron sumamente expectantes.

-Ehh… Karin empezó a trabajar para una de mis chefs hace no mucho y digamos que fue… amor a primera vista.- mintió deformando todo evidentemente porque obvio lo suyo con ella fue ODIO a primera vista.

-¡Aww!- chilló Momo mientras la abuelita solo sonreía, ambas tragándose todo completamente.

-Yo de inmediato supe la excelente persona que era Toshiro y buscaba excusas para verlo.- mentira, ella pensó que él era un explotador y él era el que la hacía verlo con esos tontos castigos suyos, y por la mirada que le dedicó supo que estaba muy bien enterado de cuál era la verdad.

-Karin me pareció una chica súper confiable y sincera.- sí, aja, hasta la fecha seguía desconfiando de ella y ya perdió la cuenta de cuántas veces la había llamado mentirosa… por más que tuviera razón. –Estaba tan interesado en ella que la invite al baile.- estaba tan desconfiado de ella que la obligó a ir al baile. –Y ahí nos declaramos nuestro mutuo amor.- y ahí se inventó una relación para la conveniencia de ambos.

La Kurosaki planeaba agregar otra mentira de su historia de amor inexistente, pero entonces oyeron golpes en la puerta y Momo se levantó de un salto.

-¡Yo voy a abrir!- dijo entusiasmada, volviendo poco después con una chica con el mismo color de ojos y el cabello castaño un poco más claro que el de ella largo hasta la cintura y suelto. –Karin-chan, te presentó a mi mejor amiga, Tobiume-chan.- presentó con absoluta emoción.

-No te sientas muy cómoda por aquí, Kurosaki-san, yo soy la futura esposa de Hitsugaya-kun.- dijo inmediatamente esa maldita.

-T-Tobiume-chan.- Momo le dio un codazo. –No digas eso, yo creo que hacen bonita pareja y tú prometiste que no ibas a tener un ataque de celos.- hizo un mohín.

-Y no lo tendré, Momo-chan. Como la futura esposa de Hitsugaya-kun no tengo porque estar celosa.- presumió lanzándole una mirada repleta de superioridad.

Toshiro rodó los ojos y Karin comprendió perfectamente porque quería tanto librarse de esa pesada.

-Bueno, Tobiume-san, sí tú serás la esposa de Toshiro entonces yo seré su amante, así que te recomendaría tener cuidado.- le guiñó un ojo con burla, conteniéndose de reír cuando ella apretó los puños con su ceja temblando de ira pero no dijo nada y simplemente se sentó al otro lado del peliblanco en la pequeña mesa redonda que justo hacia espacio perfecto para cinco personas.

Notó a su jefe sonreír con complicidad y ella le devolvió el gesto, feliz de haber hecho enfadar a la loca.

-Puta.- murmuró Tobiume por lo bajo, pero la pelinegra ni tuvo tiempo de pensar en una respuesta inteligente cuando de inmediato un bastón se estrelló contra la cabeza de la loca.

-Oye, niña, controla tu lenguaje y respeta a los demás en mi casa si no quieres que le diga a tus padres, ¿oíste?- regañó la anciana con voz suave pero severa a la vez.

-L-lo siento mucho, abuela.- lloriqueó bajando la cabeza.

Después de eso Hinamori y la dulce ancianita siguieron interrogándolos respecto a su historia de amor y ellos siguieron inventando hechos empalagosos que aunque eran vergonzosos al menos servían para molestar mucho a la loca Tobiume.

Felicitaron un poco más a la anciana por su día especial y fue entonces cuando Toshiro se decidió por hacerle un regalo a su abuela.

-¿Quieres pintar la casa, hijo?- la dulce viejecita sonó sorprendida ante el ofrecimiento de su nieto.

-Note que está algo descolorida, solo le daré un retoque a las paredes de adelante y los costados, no sé cuándo pueda volver y quiero aprovechar la oportunidad.- comentó casualmente.

-Es muy amable de tu parte, querido, pero no quisiera que desperdiciaras la oportunidad de pasar el tiempo con tu linda novia solo para darle un poco más de color a esta vieja casa.- sonrió cansinamente.

-Yo podría ayudarlo.- propuso ella rápidamente, ganándose miradas extrañadas. -¿Qué?- se cruzó de brazos.

-Es un trabajo muy pesado. ¿Siquiera has pintado una pared en toda tu vida, niña?- Tobiume la miró despectivamente.

-Eso no es asunto tuyo.- rodó los ojos. –Sí Toshiro quiere que lo ayudé lo hare.-

-No tienes porque.- dijo él y ella le lanzó una mirada fulminante. –P-pero puedes hacerlo si de verdad quieres, por supuesto.- aclaró de inmediato casi temblando ante su aura maligna. Ja, ella le demostraría a Tobiume que no era una inútil.

-Claro, será más rápido si lo hacemos los dos.- dijo simplemente.

-Entonces empecemos cuanto antes, quiero terminar rápido así tener más tiempo para pasarlo en familia.- él le sonrió a su abuela y hermana y hasta le dedicó una pequeña mirada de reojo a Karin mientras que la otra mujer estaba echando humo por las orejas al ser evidentemente ignorada.

-Tengo las latas de pintura en el sótano, creo que será suficiente para lo que quieres hacer.- la dulce ancianita sonrió cálidamente.

-Bien. ¿Vamos por ellas, Karin?- ambos se pararon y empezaron a caminar de nuevo hacia la casa, pero en ese momento Tobiume brincó de su silla y también se dispuso a seguirlos.

-¡Esperen! ¡Decidí que también quiero ayudar!- sonrió inocentemente al chico que le gustaba, mandándole una mirada de superioridad a su supuesta novia por encima del hombro cuando no veía.

-N-no tienes por qué…- Hitsugaya estaba claramente irritado, con un pequeño tic en su ceja, y se notaba que estaba luchando duramente por no ser demasiado grosero pero la loca hizo caso omiso a su evidente rechazo y se colgó de su brazo mientras continuaban caminando hacia el sótano.

Había unas diez latas bastante grandes de pintura verde limón ideal para la casa y varias brochas y eso. Toshiro se cargó dos a los hombros pese a que seguramente la manija debía clavarse dolorosamente y llevó otras tres en sus manos, obviamente tratando de dejarles la menor carga posible, también llevando las brochas y rodillos sobre su pila de latas. Tobiume levantó una con esfuerzo y quiso levantar otra lata obviamente para impresionar al chico, pero Karin se la quitó de las manos rodando los ojos cuando casi se cae de espaldas sin aguantar el peso de las latas grandes. Imitó a su jefe y se cargó dos a los hombros soportando el dolor tomando otras dos en sus manos y conteniendo el impulso de rodar los ojos mientras volvían a los jardines al ver el esfuerzo que le tomaba a la chica mayor solo llevar una lata.

Volvieron a los jardines y dejaron las latas en el césped, y entonces el hombre se decidió que era mejor comenzar a pintar el frente de la casa, a lo que tomó tres latas y todas las brochas y les indicó seguirlo hasta allí.

-¿No deberíamos tener lista una escalera para llegar a la zonas altas y poner cintas protectoras así no manchar el marco de las puertas y las ventanas? Aparte de que también deberíamos colocar algo para no manchar el suelo…- murmuró Karin observando pensativa la alta pared que debían pintar.

El peliblanco y la castaña la miraron bastante impresionados.

-¿Creí que nunca habías pintado?- la mayor la señaló acusadoramente como si ella fuera la que peor se había portado de las dos.

-Que no contestara tu entrometida pregunta no significa que no lo haya hecho.- solo comentó desinteresadamente.

-Ya, tranquilas.- el chico calmó los ánimos antes de siguieran diciendo nada. –De todos modos, tienes razón. Planeaba ir por esos materiales después pero es mejor tenerlo todo listo desde ya. Voy a buscar lo que hace falta, abran las latas y traigan una cubeta con agua y otra vacía.- instruyó antes de volver a entrar a la casa.

-Yo abriré las latas, ve por los cubetas, por favor.- dijo Karin a la mayor.

-Bien, ni que me quiera quedar sola contigo.- se cruzó de brazos y volvió al patio trasero donde debían haber cubetas seguramente.

Toshiro volvió al poco tiempo trayendo una escalera, teniendo que volver a entrar para traer todo lo demás de a poco. Tobiume con esfuerzo trajo las dos cubetas, casi llorando de felicidad cuando el chico la felicitó por eso. Karin se encargó de lavar las brochas y rodillos en el agua y luego verter las pinturas en la cubeta vacía poniéndole agua poco a poco, mezclando con una brocha hasta que la pintura quedó con una consistencia que le pareció adecuada. Ahora el peliblanco la felicitó a ella y la castaña la miró como si quisiera ahorcarla.

Las dos mujeres comenzaron a pintar una zona de la pared mientras el hombre colocaba las cintas protectoras en el marco de las ventanas y la puerta, solo entonces los tres se pusieron a pintar.

Tobiume hacia un trabajo horrible, solo se dedicaba a decirle a la menor lo mal que pintaba y que debería hacerlo mejor, pintando ella solo cuando Toshiro volteaba a verlas, tampoco pintaba muy bien que se diga, en algunas partes lo hacía con más suavidad y en otras con más fuerza. Los dos no-novios querían matarla al tener que reparar sus errores, pero no decían nada y solo la toleraban.

Ya con solo la mitad de la pared del frente lista la castaña se notaba visiblemente agotada, pero por más que le insistían en que fuera a descansar más que nada para librarse de ella, no cedía y se rehusaba a dejarlos solos.

Finalmente terminaron de pintar la pared tanto la parte de arriba como la de abajo y pudieron deshacerse de Tobiume al ella lanzar un grito de frustración cuando le informaron que aún debían pintar las dos paredes de los costados, ella había estado cuidando no mancharse la ropa en toda la labor y parecía no soportar más seguir corriendo el riesgo.

No tenían guantes ni delantales ni tampoco les importaba mucho, así que ellos dos ya estaban completamente manchados de pintura verde limón.

-¿Dónde aprendiste a pintar así, tan bien?- preguntó su jefe con curiosidad una vez tuvieron la mayor parte de la segunda pared lista mientras ella estaba subida en la escalera terminando de pintar arriba.

-Solía ayudar a pintar mi casa junto con mi hermano y mi padre, no es algo muy nuevo para mí aunque admito que desde hace mucho que no lo hacía.- suspiró con nostalgia. Hace mucho que no podía convivir con su hermano o padre como antes por las injusticias de su desgraciada vida.

-Ya veo…- musitó Toshiro, pero ella no volteó a ver qué expresión tenía en la cara, no quería por alguna razón. –Mmm… a mí mi padre me enseñó desde que era muy pequeño, podría haber contratado a alguien con todo el dinero que tenía, pero a él siempre le gustó hacer las cosas por sí mismo y es algo que me inculcó… aunque por desgracia ninguno de los dos nunca aprendió a cocinar nada más que lo básico.- se burló cariñosamente y Karin no pudo evitar una pequeña sonrisa.

-Yo podría enseñarte algunas cosas… tenemos tiempo, después de todo mañana empezare a ser tu chef personal y para prepararte las cuatro comidas es obvio que tendré que pasarme varias veces por tu casa y eso.- finalmente se animó a mirarlo desde su puesto arriba de la escalera mientras él la sostenía por seguridad. –Por cierto, ya casi terminó aquí, ¿podrías pasarme la brocha pequeña para pintar la esquina?- él la obedeció, dando a la brocha una remojada en la pintura antes de pasársela. –Y…- dio la última pasada. -¡Listo!- celebró al estar lista la segunda pared.

-Genial, buen trabajo.- la felicitó, y ella se sonrojó por alguna extraña razón al no hallar eso como algo que un jefe le diría a su empleada, sino como… un compañero a su compañera. –Oh, déjame ayudarte a bajar.- soltó la escalera para sujetarla de la cintura en cuanto ella comenzó a bajar, pero esquivó sus brazos.

-Ehh… ¡No, gracias! Quiero bajar sola.- quiso bajar por su cuenta por temor a que su sonrojo fuera demasiado evidente, pero esquivar sus brazos fue una gran tontería porque entonces dio un paso en falso y resbaló de la escalera, cayendo directo… sobre Toshiro llevándolo al suelo con ella.

Se paralizó al encontrar su rostro a pocos centímetros del de su jefe, ambos con los ojos muy abiertos mirándose fijamente, también podía sentir sus manos en su cintura mientras que las de ella estaban apoyadas sobre su pecho. Ambos se sonrojaron locamente.

-¡Ejem!- oyeron un carraspeó y de inmediato se separaron como si el otro quemara. -¿Interrumpo algo?- era Momo sonriendo pícara.

-¡Para nada!- chillaron muy rojos, solo haciendo reír a la mayor.

-Ya, ya. No sean tímidos.- les guiñó un ojo. –En fin, Karin-chan, recordé que eras una cocinera así que quería preguntarte si no querías ayudar con la cena. Seguro será lo mejor que hayamos probado en esta casa sin ofender a la abuela.- rió traviesamente.

-Ehh, claro me gustaría, pero…- miró a Hitsugaya. -¿No quieres que primero te ayude con la otra pared que falta?- preguntó preocupada, solo un poco.

-No, no te preocupes, ve a ayudar a Hinamori si quieres.- evitaba mirarla a los ojos. –Yo me las arreglaré.-

-Te esperó en la cocina, Karin-chan.- Momo agitó una mano antes de volver a entrar a la casa.

-Bien, aunque…- la menor miró su ropa llena de pintura. –Debería ducharme primero, debo verme horrible.- extendió con asco un mechón de cabello, sujetándolo con dos dedos debido a que estaba pegajoso de la pintura.

-Te ves hermosa.- las palabras de su jefe la tomaron desprevenida y casi pudo sentir una erupción volcánica en sus mejillas.

-¿Eh?-

-Quiero decir…- carraspeó incómodo. –No te ves horrible en lo absoluto, te queda el cabello verde.- se burló aunque algo rojo.

-Jefe payaso.- rodó los ojos antes de irse riendo nerviosamente hacia el interior de la casa.

Preguntó sí podía ducharse y Momo hasta le ofreció lavar su ropa y prestarle unas suyas que seguro le quedarían así no tendría que volver a ponerse las manchadas. Era muy amable, no parecía el tipo de persona que ocasionalmente pudiera sufrir de ataques psicóticos y menos contra su hermano, pareciera adorarlo completamente. Aunque es verdad que a veces notaba sus ojos perderse en la lejanía en momentos aleatorios, pero por lo demás pareciera completamente normal.

Se aseguró de hacer una comida súper deliciosa mientras Momo lavaba su ropa afirmando que era lo menos que podía hacer por su futura cuñada. Tobiume estaba con la abuelita preparando limonada con los limones que cultivaban en el jardín posiblemente la loca para tener una excusa y molestar a Toshiro y la dulce ancianita para el almuerzo.

Luego de que su autoproclamada cuñada colgara su ropa se dispuso a ayudarla en la cocina, maravillándose por el sabor que le estaba quedando hasta ahora.

-¡Realmente eres una gran cocinera, Karin-chan!- la felicitó alegremente.

-Jeje… gracias.- sonrió tímidamente.

-Realmente serás una gran esposa para Shiro-chan.- juntó las manos llena de ilusión.

-Oye, Momo-san… ¿Puedo hacerte unas preguntas sin que te ofendas? Quiero d-decir… que si la pregunta te ofende entonces no tienes por qué contestarla y eso.- aclaró rápidamente. La mayor se puso seria.

-¿Es sobre mi trauma psicológico?- sonrió tristemente. –No te preocupes, mis ataques son cada vez menos frecuentes, y es como si no fuera yo en lo absoluto… siempre adore a mi hermanito, y estoy optimista sobre superar todo algún día.- sonrió con más ánimos.

-Me alegra oír eso.- Karin sonrió genuinamente. –P-pero en realidad q-quería preguntarte sobre Tobiume-san.- se rascó la mejilla.

-Oh…- Hinamori se sonrojó. -¡Claro, pregunta! ¡Jeje!- sacó la lengua infantilmente.

-E-es que Toshiro mencionó algo acerca de que tú querías emparejarlo con tu mejor amiga, así que digamos que yo no me estaba esperando tanta aprobación inmediata.- compartió su duda con ella.

-Ohh, eso, jeje…- la miró con un guiño. –No te preocupes, adoró a Tobiume-chan, es como mi hermana, y sé que puede ser un poco superficial, indiscreta y competitiva pero me quiere mucho.- suspiró. –Y bueno, la verdad es que solo quería juntarlos porque ella estaba enamorada y Shiro-chan nunca ha demostrado interés en ninguna chica, y siempre he querido que tuviera una novia, pero él no quería a Tobiume-chan así que mis esperanzas se vieron casi muertas… Hasta que tú llegaste.- sonrió. –Por supuesto que soy feliz.-

-Ya v-veo.- rió nerviosamente, sus mejillas rojas.

-La verdad…- Momo continuó hablando en un tono un poco más sombrío. –Era algo más que solo el querer que se consiguiera una novia, yo rezaba todos los días porque conociera a alguien y se enamorara… Él siempre ha estado tan solo… siempre ignorando sus sentimientos, poniendo por delante los negocios antes que su propia vida. Y perdimos a tantas personas que amábamos… y entonces yo tuve que dejarlo también.- sus ojos se cristalizaron. –Por eso es que estoy tan feliz contigo, estaría feliz con cualquiera que lograra sacarlo de esa soledad que lo envuelve.- no pudo soportarlo más y dejó los vegetales que estaba picando para darle un gran abrazo. -¡Gracias, Karin-chan, gracias por sacarlo de su soledad y hacerlo feliz! Él se merece toda la felicidad del mundo, y es todo lo que yo quiero.- se separó limpiándose las lágrimas. –Cuida de él, Karin-chan, te lo suplicó.- rogó con una sonrisa temblorosa.

Karin sintió su corazón agrietarse.

-Claro, Momo-san.- los ojos se le llenaron de lágrimas. –Te prometo que voy a cuidar de Toshiro.- mintió descaradamente con una sonrisa falsa que era lo único que la hacía contenerse de estallar en llanto.

…Era el peor ser humano del planeta…

Porque a pesar de ese discurso lleno de sentimientos buenos ella no sintió su determinación flaquear en lo absoluto. Iba a utilizar a Hitsugaya Toshiro para salvar la vida de su padre, no importaba que la matara por dentro.

Terminaron de cocinar el almuerzo y comieron los cinco juntos en la mesa redonda en el jardín, todos alabando su comida, todos riendo, todos felices mirándola como si ella fuera una especie de ángel, todos excepto Tobiume, a la que los otros tres miraban mal, pero Karin ya no era capaz de sentir ninguna antipatía hacia la obsesionada con su jefe, ella era la que menos se equivocaba respecto a su persona en esa mesa, tenía razón en odiarla. Tobiume era una santa en comparación a Karin, ella debería ser la que se estuviera llevando todo el disgusto de esa pequeña familia de tres.

Cantaron el feliz cumpleaños a la dulce ancianita, la ropa con la que había venido se secó a lo que pudo ponérsela de nuevo como si no hubiera pasado nada para su suerte o sino Yuzu la habría matado, y poco antes del atardecer Toshiro y Karin tuvieron que despedirse por fin.

El viaje de ida fue en silencio, el peliblanco trató de hacer intentos de conversación pero la pelinegra contestaba sin ganas y al poco tiempo los dos se quedaron en completo silencio hasta que la llevó a su hogar en la clínica Kurosaki.

-Así que… ¿nos vemos mañana temprano, supongo?- él preguntó algo vacilante.

-Claro, tendré tu desayuno listo antes de que vayas a trabajar.- sonrió forzadamente. –G-gracias por hoy, Toshiro… realmente la pasé muy bien, tienes una familia maravillosa.- bueno, eso al menos era verdad.

-Me alegra que te hayas divertido.- suspiró aliviado. –Gracias por acompañarme y por pintar conmigo, y aún quiero esas clases de cocina, eh.- sonrió de lado y ella forzó una risa que esperaba no haya sonado tan falsa.

-Las tendrás.- abrió la puerta para bajarse de su coche increíble, pero antes de hacerlo se apresuró en dejar un rápido besito en su mejilla. –Hasta mañana, que tengas buenas noches, Toshiro.- le sonrió, siempre forzadamente, antes de rápidamente bajar del coche y casi huir hacia su casa.

Era el peor ser humano del planeta.

Continuara...