¿Adivinen quién cambió los días de actualización? La verdad pensé que iba a tener tiempo libre pero las cosas en la uni y el último semestre me están dando una paliza, pero encontré que tengo un poquito más de tiempo el sábado, así que aquí tienen. Espero me perdonen por la parte final del capítulo, a mí se me encogió el corazón mientras escribía pero créanme que era necesario, no me odien por favor.
Y en serio gracias por apoyo que me dan, sus kudos y comentarios siempre son una belleza. ¡Espero tengan una bonita noche!
Me inspiré un poquito en el nuevo cover de The Killers: Mona Lisas and Mad Hatters, sí tienen chance ¡escúchenla!
Como siempre, los respectivos créditos a sus creadores, yo solo tomé prestado sus personajes.
…
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I thought I knew
But now I know that rose trees never grow in New York City
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Tony quería morirse. Sabía que algunas veces hacía cosas estúpidas pero no importaba, todo siempre tenía una solución. No existía nada que el dinero no pudiera comprar o arreglar. Pero esta vez era diferente, se trataba de algo serio y que por sus tonterías muy posiblemente había arruinado sin ni siquiera haber comenzado.
Había pasado la noche entera apilando sus cosas en una de las habitaciones vacías del pent-house, moviendo cajas, acomodando sus herramientas y materiales que había comprado esa tarde con Steve para comenzar a trabajar. Tony miró a su alrededor, algo le faltaba al cuarto. Era cierto que era amplio y las ventanas tenían vistas preciosas a las calles de la ciudad, pero algo faltaba ahí.
Su toque personal, por su puesto.
Pasó una hora buscando muebles para llenar el espacio de la habitación. Algunas gavetas de cedro, un enorme escritorio de metal, una serie de lámparas de colores, varios botes de pintura blanca y varias tablas de diferentes tipos de maderas. Necesitaba hacer ese cuarto su lugar especial, no una simple habitación más. Tenía en mente muchos diseños, pero se decidió por algo sencillo por dé mientras, no quería encariñarse de más con el lugar porque sabía que tarde o temprano tendría que dejarlo atrás.
Repentinamente, Tony sintió un hueco en el corazón, de nuevo. Era esa nostalgia que lo abandonaba por ratos pero cuando estaba solo venía a abrazarlo. El proyecto que le parecía divertido dejó de serlo en un santiamén. Tal vez sería mejor pagarle a alguien para que se encargara de darle una remodelación al cuarto.
La vida en el pent-house era demasiado calmada para su gusto. No tenía con quien platicar, ni cosas que hacer y eso era algo malo, Tony sabía que tarde o temprano lo llevarían a cometer una estupidez.
En vez de estar pensando de más, Tony sacó de la cocina el recipiente más grande de metal que encontró y un par de bolsas de palomitas, metió uno de los paquetes al microondas y puso tres minutos.
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2:58
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Los segundos parecían décadas, era hora de inventar un microondas con la suficiente potencia para cocinar palomitas en menos de un minuto. Tony soltó un suspiro, tal vez si no se hubiese casado podría haber adquirido control del centro de investigación de Industrias Stark, en el área de desarrollo. Había mucho trabajo y él podría haber hecho un gran cambio en el lugar. La gente lo respetaba a pesar de lo renegado que algunas veces llegaba a ser.
2: 26
2:25
2:24
Tony se levantó de la silla en donde estaba sentado esperando por sus palomitas y se dirigió a la sala en donde un par de horas atrás Steve había estado. Buscó en los muebles el sobre con los papeles que el guardia había traído y saco los planos de ahí. Estaban membretados con el logo de Industrias Stark y contenían la firma de su padre, era un diseño original de Howard. Buscó un lápiz y regresó a sentarse a la cocina.
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1:11
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La pieza no era nada difícil de entender. Era el prototipo de un reactor portable, como el que alimentaba a la torre y a la industria pero con una potencia mil veces menor. Isotopos de paladio funcionando en una desintegración beta para convertir a la energía en rayos gama en fusión fría, atraídos en un campo magnético, en pocas palabras, una pequeña bomba o fuente de energía capaz de darle vida a un poblado chico, dependía de qué lado se viera. Tony sabía que su padre prefería la primera opción.
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El microondas se detuvo y Tony salió de sus pensamientos. Presionó el botón para abrir el aparato y sacar la bolsa de celofán. Con mucho cuidado de no comerse el vapor caliente, abrió la bolsa y… las palomitas estaban quemadas.
En definitiva iba a construir un nuevo microondas en cuanto tuviera el reactor en sus manos. Lo anotó en la esquina de uno de los planos con el lápiz que tenía a un lado
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Después de su batalla infinita con las palomitas y el tiempo, logró sacar del microondas un par de bolsas intactas y las echó todas en el bowl. Metió los planos bajo su brazo izquierdo mientras con el derecho agarró el recipiente con la comida. Sus pasos lo guiaron a la sala en dónde dejó caer su cuerpo en un suave "puf". Los cojines eran suaves y espesos, nadie se había sentado en ellos aún como para estropearlos.
Tony puso el recipiente en sus piernas mientras estiraba la mano libre para alcanzar el control de la televisión. Hubiese preferido ver alguna película que ya conocía pero en el pent-house no había un reproductor de discos y tampoco tenía todos sus Blu-ray ahí.
Se conformó con un documental de la National Geographic sobre estrellas y agujeros negros. No estaba tan mal, solo que estaba equivocado. En cuanto uno de los científicos comenzó a aseguras que bajo ninguna circunstancia la teoría de las cuerdas podría funcionar, Tony perdió completamente el interés pero dejó la tv encendida. Dejando que las voces llenaran la habitación.
Desenvolvió de nueva cuenta los planos y se quedó meditando en ellos por un largo rato. Observó que eran diseños viejos, que de los tres, dos tenían el sello de haber sido probados pero habían fallado y el producto final fue eliminado.
El reactor era todo un reto, ¿imposible? No, simplemente un enorme reto. Tomó un puño de las palomitas y se las comió de un solo bocado.
Cayó en cuenta que el reactor no tenía nada que ver con robots. ¿Qué planeaba su padre? ¿Acaso engañar a Gustav? A Tony le encantaría ser parte de eso, pero los planes de Howard Stark nunca eran en vano, todo tenía un por qué y un para qué.
Tal vez la energía generada por el reactor podía funcionar como cierto tipo de pila para algún tipo específico de robot.
Armadura.
Es en lo único que Tony pudo pensar. De nueva cuenta tomó el lápiz y anotó la palabra justo al lado de la nota del microondas.
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Tony se terminó sus palomitas un par de minutos después, había empezado a anotar algunas fórmulas y cálculos matemáticos que iba a utilizar después. Le dolía la cabeza, más bien, una idea en su basta mente le estaba molestando. A pesar de todo su esfuerzo por mantenerse entretenido el resto de la noche, el mismo pensamiento regresaba. Steve.
Por un momento se atrevió a fantasear en como habrían sido las cosas si los dos se hubiesen conocido en situaciones distintas. Steve no siendo uno de los perros amaestrados de su padre y Tony no siendo un Stark. Simplemente Steve y Tony. Se sintió estúpido.
Tony buscó en el bolsillo izquierdo de su pantalón el teléfono que utilizaba para hablar con sus amigos. Presionó la pantalla y buscó el número de Janet y la llamó.
Segundos pasaron y su amiga no respondía la llamada. Algo raro en Janet Van Dyne que se la vivía pegada al aparato.
Estuvo tentando en llamar a Natasha, pero recordó que tal vez se encontraba ocupada practicando para su próximo número. Natasha era joven estrella en ascenso en el mundo del ballet, en un par de semanas tendría su gran debut en el teatro "New Ámsterdam". Todas las personas importantes del medio estarían ahí, si Natasha daba un buen numero, su carrera estaba resuelta.
Tony abandonó la idea de hablar con alguno de sus amigos y dejó el aparato a un lado. De nueva cuenta buscó en su bolsillo pero esta vez en el derecho, donde estaba el teléfono que compartía con Steve.
Prendió la pantalla.
Señal en línea
Conexión directa
65% de energía
12:45 am
Se dio cuenta que ya era tarde. Se preguntaba que estaría haciendo Steve, tal vez durmiendo, tal vez en casa, tal vez mirando al cielo, a las estrellas, a la gente… Uno, tres, doce, veintidós, cincuenta y seis. Tony tecleó el número que se había empeñado en memorizar. Tenía muchas cosas en mente y muchas que contarle a Steve, estaba seguro que si le platicaba sus planes con el microondas, el guardia se reiría. Tony sonrió de igual manera al imaginarse la situación.
Quería presionar el botón, pero no pudo. Soltó un largo suspiro y cuando estuvo a punto de dejarlo a un lado, su otro teléfono sonó. Tony dio un respingo en su lugar y dejó caer el aparato que tenía en las manos. Como pudo estiró su brazo para evitar que cayera de golpe en el frio suelo, lo agarró entre sus dedos con tal fuerza que pensó que tal vez se iba romper.
Tony soltó un suspiro de alivio pero su cara se tornó completamente a una mueca de horror cuando vio que su llamada estaba siendo enlazada. Como pudo terminó la comunicación y arrojó el teléfono lo más lejos que pudo, o más bien hasta donde el mueble terminaba.
Oh Dios, oh Dios, oh Dios.
Rezó esperando que Steve estuviese dormido o que la llamada no fuera recibida o que el teléfono de su guardia desapareciera misteriosamente en un agujero negro espontáneo como en del programa que estaba viendo un par de minutos atrás.
Tony tomó su otro celular y vio que era Janet, contestó mientras pensaba a toda velocidad que demonios iba a hacer si Steve llegara a aparecer en su puerta.
— ¡Janet! Dame la excusa más tonta que se te ocurra. — Tony dijo mientras trataba de calmar su respiración.
— ¡Tony! Espera… ¿Estás bien? — Su amiga dijo tras el micrófono del teléfono.
—Hice una tontería Janet, creo que voy a morir, no hoy pero si pronto, por favor no llores por mí y tampoco uses negro en funeral ¿está bien? Te puedes quedar con mi colección de discos, menos los de Abba, eso se los prometí a Bruce. — Ni siquiera se dio cuenta si le faltó el aliento o si estaba exasperando. Ese momento era perfecto para un maldito agujero negro espontáneo ¿¡Dónde estaba?!
— ¡Tony! Dime que pasa, me estás asustando. — Janet urgió y Tony simplemente quería desaparecer.
—Lo siento linda, pero por ahora simplemente quiero tirarme desde la punta de este apartamento del infierno, te quiero Jan. — Tony dijo y colgó.
El mundo y el universo parecían haberse alineado para hacerle la vida imposible, o tal vez solo estaba exagerando. Ya habían pasado cinco minutos desde el incidente del teléfono y Steve no había regresado la llamada ¿tal vez no lo había visto? No lo sabía pero esperaba que sus plegarias hubiesen sido escuchadas. Se levantó del mueble y fue a pegarse a la ventana más cercana que tenía. No se podía ver el garaje del edificio pero si la calle principal, si Steve venía lo vería llegar y cuando lo tuviera encima ¿Qué le diría? ¿Qué había sido un malentendido? Steve lo iba a matar, no a matar matar, pero sí a matar.
¡Eso ni siquiera tenía sentido!
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Quince minutos. Tony había contado quince minutos. Se había enterrado de narices entre los cojines del mueble por quince minutos y no había pasado nada, tal vez esa era una buena señal pero todo cambio cuando las estúpidas campanas del timbre sonaron. De igual forma podía ser Gustav, aunque era poco probable que su "esposo" tocara el timbre, no es como si no tuviera acceso al pent-house.
Tony se levantó inmediatamente y presionó el botón del comunicador.
— ¿Diga? — Tony rezó por que no fuera Steve.
— ¿¡Tony?! ¿¡Estás bien?! — Maldita sea ¿es que nadie ahí afuera escuchaba sus plegarías?
—Será mejor que subas…— Tony dijo con un hilo de voz y colgó el comunicador. Segundos después reaccionó que el guardia del edificio era el único con acceso al comunicador, sin embargo Steve le había hablado desde ahí.
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— ¡Lo siento! Fue un error ¿sí? Estaba revisando un par de cosas y se marcó y… ¡ugh! —dijo con un poco de irritación en su voz. Steve estaba ahí, en la puerta de su nueva casa, cansado, jadeante y con el alma en la mano solo para escuchar la absurda excusa de Tony. Extrañamente vestido como una persona normal un fin de semana por la noche.
—Pero estás bien… es lo que importa. — Steve dijo mientras soltaba un suspiro, era como si hubiese estado conteniendo la respiración todo ese tiempo. —Estás bien…— Repitió y estiró una de sus manos para revolverle el cabello. Tony se quedó helado.
—Si… lo estoy, en serio, no hay nada de que preocuparse. — Tony dijo mientras luchaba internamente con decir alguna tontería. Steve lo había tocado, ligeramente pero lo había hecho. La cara de alivio en Steve era una obra de arte ¿Realmente… se había preocupado por él? Tony trató de convencerse de que ese era su trabajo, pero algo dentro de él sabía que era algo más. —Aun así lo siento Steve…— Quince minutos, Steve solo se había tardado quince minutos en estar ahí. — ¿Quieres… entrar? — Tony preguntó y Steve soltó una leve risa. Steve lo había tocado.
El guardia negó mientras acomodaba su cabello y la chaqueta que desprendía un olor ligeramente a cigarro. —No importa que tan pequeño sea, promete que vas a llamar ¿Sí? Siempre vendré Tony, siempre…— Steve le dijo mientras se alejaba de la puerta con camino al elevador. Steve lo había tocado. Tony llevó una de sus manos a uno de los mechones de su cabello y tocó ligeramente el lugar, no estaba soñando.
—Lo prometo…— Tony dijo y Steve presionó el botón del elevador. —Steve… ¿Cómo llegaste aquí tan rápido? — Preguntó mientras Steve se metía entre las puertas de metal.
—Me gustan los paseos en motocicleta. — Steve dijo con una pequeña sonrisa mientras se despedía con un gesto de sus manos. —Descansa…— El guardia le dijo y Tony asintió. Su corazón se sentía a estallar.
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Lara Serrure se casó un viernes por la noche tres semanas después del incidente con el teléfono. Tony había comenzado a clasificar las cosas pre-incidente y post-incidente. No había manera de que ese no fuera su punto de referencia. Steve había empezado a pasarse más seguido por el pent-house, Tony le había contado sus ideas con el microondas y Steve se había reído justamente como lo había previsto. A veces le llevaba comida o algún tipo de postre, a veces se quedaba en la sala viendo la televisión o vagaba por el pent-house y la extensión del edificio para asegurarse que todo estuviera en orden.
También le había hablado de sus planes con el trabajo que Howard le había dejado, sobre el reactor y que pronto necesitaría ir a los laboratorios de la industria para trabajar mejor, en su taller, sí a la habitación con diferentes materiales regados por todos lados podía llamársele así, estaba muy corto de materiales y espacio. Steve había accedido a llevarlo cuando estuviera listo. Aunque solamente toda esa magia ocurría cuando Gustav no estaba ahí.
Se estaba empezando a acostumbrar a la presencia de Steve, a la agradable y amistosa presencia de su guardia. Con sus comentarios fuera de lugar que lo hacían lucir como todo un anticuado. El ambiente era agradable con Steve alrededor, Tony pensó que tener un poco de alegría en su vida no le haría daño a nadie. Pero las cosas buenas no duran para siempre al menos que la compres, solas no llegan. Era algo que Tony tenía muy presente.
Su esposo era el problema. Tony pensó que Gustav seguiría ocupado con el asunto del banco y sus demás negocios pero había estado pasándose por la casa más seguido. A veces iba en las mañanas y tomaban el desayuno juntos, aunque juntos no era la palabra más adecuada. Su esposo solo se sentaba a la mesa, leía el periódico y tomaba café. Una vez intentó hacer un poco de plática y las cosas terminaron mal cuando mencionó a su padre en la mesa. Gustav se había levantado e ido del lugar. Tony aprendió a no molestarlo, así no tendría problemas.
Ese día Gustav estaba ahí junto a él, como figuras públicas que eran, sería extraño que solo Tony hubiese aparecido a la fiesta.
Lara se veía como una princesa con su vestido blanco y esponjado y una bellísima tiara que Tony suponía, era diseño de la propia Frigga. Una pieza con muchos cristales transparentes que centellaban a penas la luz los tocaba.
La ceremonia había sido en uno de los hoteles que pertenecían a la familia Lenhsherr, un empresario alemán que tenía muy buena relación con los Hagebak. No fue un evento de la magnitud de la propia boda de Tony pero si elegante y exclusivo. El hermano de Lara tomó el lugar de su padre y la llevó hasta el altar, se dijeron los votos y se firmaron papeles, todo mundo aplaudió y las cámaras estallaron en una tormenta de luces blancas.
Tony posó para la cámara del brazo de su esposo, preguntándose cuál sería la nota que llevaría esa foto al día siguiente en algún programa matutino. Ambos llevaban un traje de tres piezas en una escala de grises. Gustav más oscuro que el de suyo propio y un par de zapatos que combinaban con su atuendo. Como extra, Tony se había adueñado de un par de gafas de sol, un poco anticuado usarlas cuando, bueno, no había sol. Pero servía para ocultar las ojeras que tenía gracias a sus noches que había gastado trabajando en el reactor y en los algoritmos para llevar a cabo su primera prueba.
Tony echó un vistazo alrededor y se dio cuenta que de todos sus amigos, solo Bruce estaba ahí, ni Nicholas Fury, ni sus hijos, ni Rhodey o Janet acudieron a la ceremonia. Era muy bien sabido que entre Frigga y Fury existía cierta rivalidad, por cortesía habían sido invitados pero por orgullo habían decidido no poner un pie ahí. Por otro lado Janet y Rhodey habían tenido trabajo.
Bruce conocía al novio, era uno de sus colegas del hospital en donde trabajaban. Stephen Strange era el nombre del doctor. Tanto Lara como él parecían un poco abrumados por tanta atención y por un segundo Tony sintió pena por ambos, sabía cómo se sentía estar en sus lugares, Howard lo había entregado a un desconocido por negocios, justamente como a Lara, así que podía sentir empatía.
Ah… sus padres.
Howard y María tampoco estuvieron presentes, más que nada porque su padre tenía un par de asuntos que atender al otro lado del globo, una presentación de una nueva arma, o algo así, según se había enterado. Steve le había contado que era necesaria su presencia junto a Howard en esa presentación, Tony no sabía por qué, pero si Howard lo ordenaba entonces eso era ley. Steve estaba fuera de Nueva York y extrañamente eso lo hizo sentir desprotegido y solo…
Sharon se quedó a cargo de la seguridad de la industria y de la suya, pero Sharon no era Steve.
Tony meneó la cabeza y trató de disipar todos esos pensamientos que lo atormentaban. Steve se había ido dos días atrás pero le prometió que regresaría en menos de una semana, así que no pasaba nada esperar un par de días más. Sé un buen chico Tony, no arruines el trabajo de Steve y pórtate bien. No explotes ni te mueras, concéntrate Stark. Pensó.
— ¿Conoces a Stephen? — Gustav le preguntó sacándolo de sus pensamientos, Tony se giró para verlo y negó.
—Solo sé que es amigo de Bruce, pero no he tenido el placer ¿hay algo que deba saber? — Dijo no esperando una respuesta por parte de su esposo. Ya se había acostumbrado al trato que aquél le ofrecía.
—No realmente, sólo sé que escaló muy rápido para ser un don nadie. — Su esposo dijo y Tony alzó una ceja mientras se acomodaba en los lugares que se les había asignado.
— ¿Un don nadie? — Cuestionó. Eso sí que lo tomó desprevenido, no imaginaba a Frigga casando a su hija con alguien de tan bajo prestigio. Los meseros comenzaron a llenar las copas de los invitados una vez que todos se hubieron sentado.
—Stephen no posee nada, ni un nombre importante, además de un doctorado y cierto reconocimiento en el medio. Estoy seguro que su lugar en la asociación médica de la familia Banner es gracias a Frigga. — Gustav le dijo con una leve sonrisa altanera.
—Eso no lo sabía. — Tony mencionó a la par que tomaba entre sus manos la copa rellena de agua mineral, era muy temprano para beber alcohol.
—Son pequeños detalles que no se te deben escapar, todos estamos dentro de un juego Anthony, si te distraes, pierdes. — Por su parte, Gustav le dio un trago largo a su copa de vino. —Frigga está haciendo aliados en la ciudad ¿pero para qué? — Finalizó
Tony no quería admitirlo pero su esposo tenía un muy buen punto, ¿Por qué la madre de Lara y Jake se estaba quebrando las uñas por tener a personas influyentes dentro de su bolso Prada? Sí algo había aprendido de Howard, era a valorar las cosas antes de hablar. Tal vez eso era lo que Gustav esperaba de él.
—Quiere sobresalir o en su defecto, está tras algo más grande. — Tony dijo seguro de sus palabras, con el rabillo de uno de sus ojos observó a Gustav quien rió levemente.
—Tienes un punto, chico. — Dijo y Tony simplemente apartó su mirada deseando que todo ese teatro se acabara lo más pronto posible.
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Estaba esperando a que Gustav lo dejara solo como otras veces, pero no sucedió. Tony maldijo internamente, tenía ganas de ir con Bruce, hablar con él y preguntarle cómo estaban las cosas. Muy apenas habían intercambiado un par de miradas y saludos cortos. También tenía ganas de ir con Lara y robarla un segundo de ser el centro de atención, Tony sabía cómo se sentía estar en una situación así. Pero en vez de eso, Gustav lo había arrastrado por todo el salón, saludando a cada persona importante en el lugar. Al parecer ahora si servía de algo, si hubiese podido, se habría reído secamente.
Aunque gracias a eso, Tony había conocido a un par de personas nuevas.
De entre todos los invitados, hubo dos mujeres que atraparon por completo su atención: Carol Danvers y Jessica Drew. Carol era una pintora, aunque no tan famosa a nivel mundial como Ororo, pero si talentosa. Jessica era la que tenía los pies metidos en el mundo de los negocios, era la mano derecha de Erik Lenhsherr y juntos manejaban una cadena de hoteles y resorts a lo largo de la costa estadounidense y varios países alrededor del mundo.
— Deberían visitar el nuevo resort en Miami, antes de que lo abramos al público ¡es precioso! — Jessica dijo con un marcado acento alemán mientras acomodaba su cuerpo en uno de los sillones de la terraza y dejaba que Carol se recostara en uno de sus hombros. Tony estaba sentado frente a ellas con un vaso highball en su mano derecha que estaba relleno con una mezcla de vodka y una tónica extraña de limón. Carol había insistido en que ese era el trago más delicioso que jamás iba probar en su vida, en su propia experiencia Tony realmente discrepaba con la chica pero no quiso ofenderla así que se unió a la fiesta de alcohol. Lo único que los separaba era una pequeña mesa en el centro de todos los sillones que estaba repleta de bocadillos y un par de botellas de vino medio llenas.
— ¿Escucho cortesías de la casa en esa invitación? — Tony dijo con una leve sonrisa mientras volteaba a ver a su esposo por un par de segundos. Las chicas rieron pero Gustav solo esbozó lo que fue una sonrisa más que forzada.
—Estoy seguro que es de los mejores del país, Erik no deja de parlotear sobre eso. — Su esposo dijo tratando de unirse a la conversación y opacar el comentario de Tony al mismo tiempo. También de un solo golpe se acabó su tercer vaso de whisky, Tony pensó que estaba bebiendo mucho pero no dijo nada, ¿qué pasaría de todos modos?
— ¡Por supuesto! yo misma lo diseñé ¿no es así cariño? — Jessica volteó a ver a Carol y besó su frente muy suavemente. Un leve sonido se escuchó de ahí y por un segundo Tony pensó que Carol tal vez se había enfadado, pero no fue así. Carol se estiró un poco más y regresó el gesto pero esta vez en los labios, con cariño y devoción. Algo que muy posiblemente estaba fuera del futuro de Tony. Aunque le costara admitirlo, un sentimiento de celos brotó en su pecho.
Genial.
Las dos se sonrieron un breve momento antes de regresar sus vistas a Tony y Gustav.
—Lo siento, como les decía… el resort es precioso, tiene vistas al mar y un área de relajación perfecta. Los atardeceres son algo inigualables y lejos de la ciudad, del ruido y de todo este…— Jessica movió una de sus manos señalando el entorno y tal vez luchando por recordar la palabra que se le había ido de la mente.
—Estrés. — Carol terminó por ella y les sonrió.
— ¡Exacto! Insisto, deberían visitarlo un par de días, wow, un Stark en uno de mis resorts ¡eso sería espectacular! ¡Tienes que venir a la ignauración, Tony! — Jessica dijo con entusiasmo y Tony no pudo reprimir una pequeña risa, sobre todo porque pudo sentir como su esposo se tensaba a su lado. Esa había sido una cachetada de guante blanco, que Jessica le diera más importancia al apellido Stark que al Svennson había sido una joya. Se levantaría a besar a la chica si su esposo no estuviese ahí y tampoco la… ¿novia? Lo que fuera, de ella. Carol parecía una chica angelical, pero también había algo en sus ojos que te hacía pensar que podía romperte los dientes sin hacer el mayor esfuerzo.
El teléfono de Gustav comenzó a sonar en uno de los bolsillos de sus pantalones y su esposo rápidamente lo sacó de ahí, observó la pantalla y se puso de pie de inmediato. —Sí me disculpan… Señoritas. — Gustav agachó la cabeza en un gesto amable mientras Jessica y Carol lo despedían. —Anthony… nos vamos en un par de horas más, sigue disfrutando de la fiesta. — Le dijo y comenzó a caminar hacia adentro del salón.
Tony no podía estar más qué feliz.
—Gustav parece algo… ¿serio? — Dijo Carol hablando más abiertamente por primera vez en todo el tiempo que llevaban conversando juntos.
—Es un poco serio, es cierto. — Tony contestó y le dio un trago a su bebida tratando de no hacer contacto visual con las mujeres. Todas tenían ese poder súper especial de saber cuándo alguien estaba mintiendo, no se les escapaba ningún detalle y era muy difícil engañarlas, al menos las que él conocía. Aunque Carol y Jessica parecían que sobrepasaban esa habilidad divina.
—Entonces… ¿Cómo es la vida de casado Tony? Debe de ser maravillosa con alguien como Gustav a tu lado, sin ofender amor, es solo que no estamos ciegas ¿verdad? — Carol dijo entre risitas y logro sacarle una mueca de disgusto a Jessica que pronto se convirtió en pequeños besos sobre la mejilla de Carol.
A Tony se le secó la garganta ¿qué podía decir? Se suponía que ante todos, su vida era color de rosa. Se había casado con uno de los mayores inversionistas del mundo, tenía un pent-house en una de las zonas más exclusivas de la ciudad, su apellido era Stark. STARK. S-t-a-r-k. Hijo de uno de los hombres más poderosos del mundo, su vida tenía que ser perfecta ¿verdad?
—Pues… que puedo decir, todo va bien, q-quiero decir, apenas llevamos poco más de un mes, Gustav ha estado ocupado, con su banco y todas esas cosas… N-ni siquiera hemos tenido tiempo de, bueno… salir fuera de la rutina. Igual… ah… estoy trabajando en Industrias Stark, todo un mar de responsabilidades. — Tony dijo tratando de sonar lo más calmado, tomó un nuevo trago de su horrenda bebida y dejó miró de reojo a las mujeres frente a él. Ambas compartieron una mirada que a lo que Tony pudo interpretar, era de pena. Genial, ahora la gente se sentía compadecida por él. No tú Jessica por favor, me agradas. Pensó.
—Sí… a veces las cosas se complican. — Dijo Carol. —Luego no veo a Jess por más de dos semanas ¿puedes creerlo? Pero es algo que viene junto con el título de ser alguien importante ¿no? — Carol se encogió de hombros.
—Ah-h eso creo, no es la gran cosa, la gente espera mucho de ti y a veces puede ser una carga. — Tony dijo y miró a Jessica y esta asintió levemente como si le leyera el pensamiento. —Pero en general es bueno ¿no? Ver tu cara por todos lados, con las cosas que has creado o trabajado duro. — Tony soltó un suspiro al finalizar y cayó en cuenta que sus propias palabras lo estaban matando. Él que había logrado todo hasta ahora era su padre, no él. Tony no había creado nada con sus propias manos además de un par de baratijas que estaban guardadas en un laboratorio de la torre. Howard Stark era el dueño del emporio mientras Tony… bueno, vivía la vida. Sus pensamientos se fueron al reactor que pronto fabricaría. Esa pieza sería su obra de arte, su firma, su sello. El primero de muchos, el primero de una nueva época. Tanto que cuando la gente escuchara el apellido Stark, lo primero que se les vendría a la mente sería el nombre de Tony. Anthony…
Armadura.
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La plática tomó un rumbo más ameno después de que las dos mujeres vieron que de nada servía de hablar de la vida amorosa de Tony ni de los negocios de la industria. Tony se enteró como fue que Jessica y Carol se conocieron. En una presentación de arte de Ororo, en Italia, al parecer fue amor a primera vista, Jessica al principio no estaba segura en dar el paso de una relación pero Carol la había convencido de que valía la pena intentarlo. Llevaban juntas tres años y en un par de meses serían cuatro. Carol insistía en que las dos ya estarían casadas si Jessica creyera en el matrimonio, pero también juraba que estar a su lado era lo mejor que le podía haber pasado en toda su existencia.
Demasiada intensidad. Pensó Tony. Demasiada felicidad.
Las horas se les pasaron hablando de los resorts de Jessica y Erik, de los proyectos que Tony tenía en mente. En la plática salió a relucir la palabra "hijo" pero Tony negó con todas sus fuerzas alegando que aún no era tiempo. Dos años, se acordó. Tenía dos años para tener un heredero, si no, la mitad de la industria pasaría a manos de Svennson. Su padre jamás se lo perdonaría. También hablaron de la familia Lenhsherr y como era la vida perfecta del esposo de Erik. Al parecer para Jessica, Charles era como un hermano menor. Hablaron de sus hijos recién nacidos y de cómo habían tenido suerte de que fueran gemelos.
También hablaron de que no había hijos en el futuro de las dos, al menos Jessica hizo un énfasis muy grande en esa parte. Aunque Carol estuvo de acuerdo, Tony pudo notar en sus ojos una extraña felicidad cuando "bromeaba" sobre niños pequeños corriendo a lo largo de su estudio de arte y ensuciando los muebles de colección que a Jessica le encantaba comprar.
¿Es qué todo mundo tenía una vida feliz menos él?
—No es nuestro estilo de vida… un hijo te cambia. — Jessica dijo poniendo un poco de seriedad en sus palabras. —Un día ni siquiera te preocupas por llegar a casa, pero al otro quieres estar dormida a las diez de la noche, porque al día siguiente los niños van al colegio. — Terminó mientras ponía su copa vacía sobre la mesa del centro.
—Eso creo, no es nuestro estilo. — Carol dijo un poco apagada, escudando su tono de decepción en una sonrisa cortes. Tony no sabía si mirarlas a los ojos o tratar de cambiar el tema, que en su defensa, ellas mismas habían comenzado.
Sí Steve estuviera ahí, le contaría cosas sobre el océano, se burlaría de sus bocetos para la armadura diciéndole que se parecía a un ciberman, los enemigos del Doctor. Y Tony le diría que no era cierto, que bueno, tal vez si había basado su diseño en ellos pero muy ligeramente. Y es que ¿quién rayos no querría un ciberman para sí mismo?
No le haría preguntas extrañas ni muchos lo haría sentir incómodo como en ese momento. Extrañaba a Steve. Y ese era un problema. Se estaba haciendo ideas de algo que jamás iba a suceder, por dios. Tierra llamando a Anthony Svennson.
No, no, no, no. Ni siquiera en sus pensamientos sonaba bien el apellido.
Tony pidió una copa de vino blanco y dejó que el líquido se llevara sus penas como solía decir un dicho; "un vinatero era el mejor amigo de una esposa infeliz."
— ¿Entonces considerarás ir a la ignauración del resort? Di que sí… por favor. — Jessica casi se ponía de rodillas ¿es que realmente lo quería ahí? Tony estaba cien por ciento seguro que era por su apellido y no porque Jessica se hubiera enamorado de sus encantos como compañero.
—Lo hablaré con Gustav, lo prometo. — Tony le guiñó el ojo y Jessica no pudo reprimir un pequeño grito de felicidad. Estaba diciendo la verdad, solo que omitió la parte en que su esposo lo ignoraría.
— ¿Escuchaste? ¡Lo va a pensar! — Jessica tomó con sus dos manos el rostro de Carol y la besó como por millonésima vez en la noche, Tony soltó un leve bufido.
Estaba a punto de pedir una nueva copa cuando sintió que alguien lo tocó en uno de sus hombros. Se giró y se encontró con uno de los guardias personales de Gustav. Lo sabía porque un par de veces los había visto rondando por la casa cuando su esposo se pasaba ahí. Todos ellos no se llevaban con Steve, podía darse cuenta del juego de miradas cuando los guardias de su esposo y Steve cruzaban caminos.
—Es hora de retirarnos, señor Svennson. — El que lo hubiese llamado así le taladró los oídos pero no era culpa del guardia, no. Tony asintió y le dijo que en un segundo iba, pero el otro pareció no entender sus palabras y se quedó parado ahí mismo esperándolo. Tony simplemente soltó un suspiro y rodó los ojos. Necesitaba a Steve. Al menos cuando Steve estaba cerca, los guardias de su esposo no se atrevían a poner un pie en varios metros a la redonda y eso era uno de los privilegios que más disfrutaba de tener un guardia personal.
Tony se puso de pie, dejó su copa en una de las mesas del cetro y se acercó a las mujeres que ahora rosaban sus narices.
—He pasado una velada espectacular… gracias. — Tony dijo de todo corazón. —Realmente espero poder ir a la ignauración del resort, sé que sería fantástico. — Sonrió mientras acomodaba su chaleco, su saco y lo desarrugaba un poco.
—Gracias a tu cariño, por favor sigue en contacto con nosotras. ¡Eres una adoración! — Jessica dijo y Carol asintió.
—Cuídate Stark, espero escuchar pronto más cosas de ti. — Carol mencionó esta vez. — ¡Sorprende al mundo con tus creaciones! —
—Lo haré, lo primero. — Tony dijo y agitó su mano a manera de despedida, dio la media vuelta y dejó atrás todo rastro de felicidad que la noche le había dejado.
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— ¿En dónde está Gustav? — Tony preguntó cuándo el guardia empezó a caminar. Esperaba que le dijera que ya había abandonado el edificio y que solo lo llevarían a casa, justo como las otras noches. Tony tenía ganas de dormir y dejar que lo que quedaba de la noche se desvaneciera en forma de sueño.
—El señor aguarda en el coche. — El guardia dijo con voz seca y Tony realmente se preguntó si a alguna divinidad le hacía gracia arruinar sus planes.
Hubiese querido despedirse de Lara o de Bruce, pero no había tenido oportunidad. Entre Gustav pisándole los talones y la plática eterna con Jessica y Carol, la noche se le había ido entre los dedos como arena de mar.
Siguió al guardia hasta un elevador que los guio hasta la cochera del hotel en donde se encontraba su transporte. Cuando estuvieron en frente, el guardia le abrió la puerta y Tony se metió en el auto. Una vez dentro, su nariz se arrugó enseguida por el olor tan penetrante a alcohol. Su esposo había estado bebiendo demasiado.
— ¿No estás familiarizado con el aroma a destilado? — Gustav dijo con un tono de voz que no le agradó nada a Tony. Una de sus manos viajó hasta el bolsillo de su pantalón donde estaba el teléfono que Steve y él compartían y lo apretó con fuerza.
Quería a Steve. Necesitaba a Steve. Pero Steve no estaba ahí.
—No, no suelo beber mucho… ah-h pero How… mi padre ama los licores, así que no hay problema, no me molesta. — Tony trató de suavizar el ambiente pero se dio cuenta que nada iba a relajarse por el semblante fruncido de Gustav.
— ¿Es de lo único que sabes hablar? ¿De Howard? Pensé que de alguna manera no sentías simpatía por él, pero por lo visto es en lo único que piensas. — Tony se quedó helado, era cierto que él y Gustav no se llevaban bien del todo, pero jamás le había hablado de esa manera.
Necesitaba a Steve.
—Ah-h no era mi intención disgustarte. — Tony dijo mientras agachaba la cabeza. Eso siempre funcionaba con Howard, cuando se enojaba y empezaba a parlotear con su tono amenazante, tal vez la mente de Gustav trabajaba de la misma manera.
—Sólo… no hables. — Gustav soltó y dio un trago largo a la botella que estaba a su lado.
Calla Anthony, calla. Todo terminará pronto.
Se repitió a si mismo sin soltar el teléfono de su bolsillo.
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El camino al pent-house fue más denso que la atmosfera de Titán, una de las lunas de Saturno.
Gustav no paraba de dar tragos de la botella de whiskey y de lanzarle miradas para nada agradables. Tony quería salir corriendo de ahí, abrir la puerta del coche y que pasara lo que tuviera que pasar. Pensó en Steve y en que lo fuera que estuviera haciendo al otro lado del mundo en la misión súper secreta a la que su padre se lo había llevado. ¿Es que Howard siempre le arrebataba lo que quería?
Mimas, Encélado, Tetis, Dione, Rea, Titán, Hiperión, Jápeto y Febe.
Tony repitió los nombres de las lunas de Saturno para disipar cualquier pensamiento suicida o cosa estúpida que se le pudiera pasar por su mente.
Todos los astros estaban nombradas en honor a los dioses y titanes griegos de la antigüedad. Algunos tenían historias bonitas, como Tetis que fue madre las ninfas marinas yotros no tanto, como Mimas que había encendido la ira de Zeus y fue eliminado con uno de sus rayos en la Gigantomaquia.
Tony no quería ser un Mimas más, no debía de encender la ira de Zeus. Aunque su mente no asimilaba a quien ponerle la imagen de la barba blanca espesa y el rayo mortal, si a su padre o a su esposo. ¿Quién tenía más poder de romperlo en pedazos y enviarlo al tártaro?
Un escalofrió recorrió su columna y por un momento se sintió diminuto.
Necesitaba a Steve.
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Cuando llegaron al estacionamiento del pent-house, Tony esperaba que Gustav se fuera como la mayoría de los días que no dormía ahí. Pero no lo hizo, se bajó junto con él, él ladró algunas cosas en sueco para sus hombres y caminó en dirección al elevador tomando a Tony por el brazo.
Tony dio un respingo por tal brusco agarre y un leve dolor comenzó a punzar en esa zona. Gustav lo estaba arrastrando, se dio cuenta y quiso detenerse pero sus pies se lo impidieron. Algo dentro de sí comenzaba a gritar, a decirle que si podía, que huyera. El peso del teléfono en su bolsillo se intensificó mil veces más.
Un nudo apareció en su garganta y sintió como su estómago comenzaba a revolverse. Sentía que en cualquier momento iba a tirar la escasa comida que había probado esa noche. Todo le parecía muy lejos. Lara, Jessica, Carol, las pláticas, las copas y todo lo bonito que había vivido en la noche. Todo comenzaba a desaparecer.
Tony pensó en Mimas. Mimas fue fulminado por Zeus. Aunque otros decían que Hefesto lo aplastó y fundió para la eternidad. Cual fuera el destino del titán, este había desaparecido bajo la mano de un ser poderoso…
Las piernas comenzaron a fallarle pero tomó una bocanada de aire grande y rogó con toda su alma que lo que sea que fuera a pasar, pasará rápido.
El ascensor los llevó hasta el pent-house y cuando las puertas se abrieron quiso salir disparado pero la mano fuerte de Gustav lo frenó.
— ¿A dónde vas? — Gustav preguntó con una sonrisa ladina y un tono que gritaba a voces que estaba pasado de copas. Eso no estaba bien, para nada bien. Era la primera vez que Gustav se quedaría en la casa por la noche, siempre desaparecía y en opinión de Tony, no le importaba en lo absoluto en donde su esposo se metiera. Mientras lo dejara en paz, Gustav podía irse a donde le placiera. Pero esa no era una de esas noches, no, claro que no, había algo diferente.
¡Steve!
Su mente pidió a gritos.
Steve le había prometido que iba a estar ahí cuando Tony lo necesitara pero Steve no estaba ahí, Steve a miles de kilómetros lejos de él.
¡Mentiroso!
Tony tuvo el suficiente valor para voltear a mirar a Gustav. No iba a dejar que el contrario viera su miedo y lo usara en su contra.
—Estoy un poco cansado… gran noche ¿n-no? — Tony dijo reprimiendo un sonido de pánico. Gustav lo dejaría ir ¿verdad? Porque Gustav no tenía ningún interés en él, solo en industrias Stark… Pero Gustav necesitaba un heredero.
Pensó en Mimas de nuevo, a Mimas lo destruyó un rayo. A Mimas lo enterró Hefesto.
El primer paso para aceptar la caída es entender que no saber volar.
—Y será mejor, no lo arruines. — Gustav dijo con voz de hielo, Tony reprimió las lágrimas que comenzaban a anidarse en sus ojos. Steve le había prometido estar ahí, Steve le había prometido que lo iba a proteger. Pudo sentir como Gustav lo soltó para deshacerse de su saco de un tirón y con un gesto brusco lo empujó para que caminara. Tony obedeció de puro miedo, pensó en tirarle un puñetazo y correr pero estaba seguro que no lograría caminar más de diez pasos sin tener que forcejear de nuevo.
Deja que acabe, que todo termine. Tony pensó con amargura.
La puerta del pent-house se abrió y Tony se vio obligado a entrar, el ambiente le pareció más frio de lo normal. Sus ojos viajaron a la mesa de la sala principal donde había dejado los planos del reactor pero rápidamente su mente fue ocupada por una nueva sensación. Gustav lo obligó a girarse y atrapo sus labios en un beso, o intento de este. A Tony se le fue el aire, el sabor a alcohol y a desgracia invadió su boca y un quejido de disgusto escapó de su garganta.
Zeus destruyó a Mimas. El pensamiento regresó y se intensificó cuando una de las manos de Gustav jaló su camisa con tanta fuerza que algunos botones salieron disparados.
Steve no estaba ahí, Steve no iba a llegar. Zeus tenía sus manos encima de él y nada iba a detener su furia.
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…
Todo estará bien, lo prometo. Aiñ, si quieren pasar a dejarme un saludito, les dejo mi Tumblr.
shieldiron*tumblr*com
Ya sabe, cambian los asteriscos por un puntito. ¡Nos leemos pronto!
