Unf ¡Un mes! Realmente lo siento por la demora pero los trámites de mi titulación son un desorden acompañado de las prácticas profesionales y mi último semestre pero aquí estamos. En las notitas de abajo les dejo un par de cositas y... ¡COÑO DE LA MADRE FEELS DE INFINITY WAR! (Habrá spoilers en las notitas así que si no la han visto, no lean ASDFGJK)

Sin más, espero disfruten este cap y ya saben, todos los créditos a sus respectivos autores, yo solo tomé prestado sus personajes. También gracias por sus comentarios y kudos ¡ustedes son lo mejor! Un besazo y un abrazo enorme

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I know I felt like this before

But now I'm feeling it even more

Because it came from you

Then I open up and see

The person falling here is me

A different way to be

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Tony se despertó deseando que todo lo horrible que había sucedido hubiese sido un simple sueño. No fue así. El dolor en su cuerpo lo regresó a la realidad y con todas sus fuerzas deseó jamás haber nacido.

Se sentía sucio.

Sus memorias estaban frescas, las manos toscas de su esposo, los agarres fuertes y el golpe que se llevó en la mejilla cuando intentó oponerse. El labio hinchado y palpitante, muy probablemente roto y el sabor metálico de la sangre seca en su boca fueron las primeras sensaciones que experimentó cuando sus ojos se abrieron.

Pero muy aparte del dolor físico, el que había salido más lastimado era su orgullo. Tony soltó una pequeña risita mientras hacía el esfuerzo de reunir la poca fuerza de voluntad que le quedaba para salir de la cama. ¿Esto era lo que querías, padre? Tony pensó. Asegurar el legado sin importar las consecuencias. ¿Por qué había sido tan ingenuo para pensar que su padre tal vez tenía un poquito de aprecio por él? Todo era tan bueno como para ser cierto y las perfecciones no existían en este mundo.

Se sentó en la orilla del colchón y estiró su cuerpo ignorando el dolor que recorría por este. Alzó sus brazos y estiró sus piernas, midiendo hasta donde podía aguantar sin hacer algún gesto o sentir que su cuerpo se partía. Aparentemente aún era capaz de moverse de un lado a otro.

Tony pasó sus manos por su rostro, frotó suavemente sus ojos y apretó su sien como si con eso pudiera borrar el terrible dolor de cabeza que tenía. No pudo dormir del todo, aún si Gustav se había ido casi inmediatamente después de terminar. El miedo a que su marido regresara lo mantuvo en vela casi toda noche hasta entrada la madrugada en donde su cerebro se convenció que nadie iba hacerle daño, al menos no en ese momento.

Se levantó de la cama y lo primero que hizo fue arrodillarse en donde su ropa estaba regada y buscó entre sus pantalones el teléfono. Por un segundo el corazón se detuvo al no encontrarlo en ninguno de los bolsillos y pensó lo peor. Tal vez Gustav se lo había llevado ¿pero para qué? ¿Para qué necesitaba el teléfono que compartía con Steve?

Además de su padre, nadie sabía sobre la existencia de ese teléfono, solo él y Steve. Tal vez Gustav lo encontró y decidió quitárselo. El pánico se apoderó de él hasta que en su desesperación vio el aparato tirado un par de centímetros de donde estaba. Tal vez se había salido del bolsillo una vez de que sus pantalones tocaron el suelo. Tony se abalanzó para alcanzar su teléfono y una vez que lo tuvo entre sus manos lo apretó contra su pecho desnudo como si su vida dependiera de eso.

Un sollozo escapó de su garganta y las lágrimas comenzaron a caer nuevamente por sus mejillas.

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A Tony le tomó un poco más de dos horas de salir de la habitación, o más bien del baño. Había frotado su cuerpo con tanta fuerza que algunas partes estaban completamente rojas. Pensaba que si tallaba fuertemente, tal vez así las marcas desaparecerían y el sentimiento de suciedad lo abandonaría. Pero obviamente no fue así.

Tony miró su reflejo en el espejo del ropero en su habitación y por algún motivo pensó que habían pasado décadas desde la última vez que se había sentido feliz.

Quería llamar a Steve, quería decirle lo que había sucedido pero entre más lo pensaba más tonta sonaba la idea. ¿Qué iba a decirle de todas maneras? Mi esposo reclamó sus derechos de cama y no estoy de acuerdo. Tony se rió simplemente porque no había nada que pudiera hacer para borrar ese amargo trago. Eso era lo que Howard quería.

Howard.

Su padre se había llevado a Steve porqué sabía que Gustav no haría nada mientras Steve estuviera cerca. Ese era el plan, lo había comprendido, muy tarde, pero lo había hecho. Con uno de sus puños golpeó la madera del mueble y sintió una inmensa furia crecer dentro de él. Howard era el hombre de los planes, aquel que no le importaba sacrificar algo por el bien de su nombre y sus estúpidos negocios y al parecer Tony era una pieza importante para todo ese juego.

Pero no esta vez padre. Tony pensó y se dio media vuelta para regresar al baño y abrir el pequeño gabinete de madera negra en donde guardaba algunas cosas como medicamentos o navajas de afeitar. Estaba a punto de cometer un acto de rebeldía y su corazón estaba palpitando sumamente rápido, Howard no se iba a reír cuando se enterara, oh no. Por su puesto que no le iba a hacer gracia perder casi la mitad de la compañía, pero entre más imaginaba el rostro de su padre, más se convencía de su decisión. Tony soltó un suspiro de felicidad cuando encontró lo que estaba buscando y tomó una bocanada de aire como si estuviese a punto de cometer el error más estúpido en su vida, solo que esta vez estaba seguro de que no era un error.

Entre sus manos estaba un bote color naranja con varias píldoras adentro, la etiqueta decía que las píldoras eran algún tipo de aspirinas pero él se había encargado de cambiarlas un par de semanas atrás. Abrió el bote, dejó caer una de las pastillas en la palma de su mano y de inmediato la llevó a su boca.

No voy a tener tus hijos, Gustav. Tony pensó mientras tragaba la pastilla. Espero estés orgulloso de mí, padre.

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El resto del día Tony trató de ser positivo, incluso trató de hacer su propio almuerzo. Un Omelette que no salió del todo bien pero al menos lo había intentado. Al final se había dado por vencido y cedió a la comida china que vendían un par de bloques de su pent-house. Era extraño llamarlo suyo o si quiera en pesar en el apartamento como un hogar siendo que era todo lo contrario. Repentinamente sus tallarines no le parecieron tan apetitosos.

Se estaba esforzando por mantener fuera de sus pensamientos lo que había sucedido la noche anterior. Aunque ¿realmente que había sucedido?

Sexo. Eso, nada más. Las parejas tienen sexo la mayoría del tiempo ¿no era así? Era normal. Había leído en una revista mucho tiempo atrás que el sexo era maravilloso, que muchas personas lo consideraban como el mejor descubrimiento del universo y que no existía nada superior a la sensación de estar entre los brazos de alguien, compartiendo un momento tan íntimo.

Tony pensó seriamente en buscar de nuevo el nombre de esa revista y mandar su queja y tal vez demandarlos por mala información. Su primera vez había sido horrible, aún podía sentir las manos de Gustav encima suyo y el olor a alcohol que desprendía, la manera en que había tomado y arrojado sobre la cama y el dolor de sentirlo dentro de él. Un escalofrío recorrió su espalda y trató de pensar en otra cosa.

Su mente lo llevó a Steve de nuevo. ¿Qué se sentiría estar en sus brazos? Ser besado por sus labios, o tocado por sus manos grandes y fuertes, incluso ser estrujado con fuerza y amado

Tony negó y pensó en el reactor y en la armadura. También pensó que era mejor mantener en secreto ese último proyecto, Howard no necesitaba una nueva arma para su arsenal, pero tampoco le haría daño a nadie que Tony la tuviera.

Un suspiro escapó de sus labios y una de manos fue a parar ahí, le dolía aunque no estaba tan hinchado y la herida iba a desaparecer en un par de días. Su mente regresó a la boca demandante de su esposo y el aire que le faltaba a sus pulmones y la manera en que el aliento a whiskey lo sofocaba.

Una parte suya se arrepintió por haberse tomado esa pastilla, porque eso significaba que Gustav iba a volver a intentar tomarlo una nueva vez, pero su otra mitad lo convencía que eso había sido lo mejor, no era justo traer al mundo a un niño que solo sirviera como pieza para ser usada al antojo de los que estaban arriba de su voluntad. Aún si en sus planes no estaba el tener un hijo, se prometió a si mismo que cuando llegara el momento, no dejaría que nadie le pusiera las manos encima a su pequeño. Que con garras y todo su poder iba a defenderlo y protegerlo de las cosas que nadie le había advertido a él.

Haberse quedado en casa, había sido un error. Tony se levantó de su asiento, tomó su teléfono y en camino a la puerta agarró una chaqueta junto con las llaves de uno de sus coches, necesitaba irse de ahí, por lo menos un buen rato. Estuvo a punto de volver a rezar en su mente para no toparse con ningún guardia de su esposo en el camino, pero se acordó que aunque lo hiciera, nadie ahí afuera iba a poder escucharlo.

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El camino en el ascensor se le hizo eterno y aún faltaban cinco pisos para llegar a la cochera del edificio. Sí estuviera en sus manos, cambiaria cada cable de ese maldito elevador y los controladores de velocidad para que avanzara más rápido, pero estaba seguro que si lo intentaba, muy probablemente eso le traería problemas. Tony quiso morirse cuando el elevador se detuvo en el piso cuatro, las puertas metálicas se abrieron y una mujer entró. La chica le sonrió y Tony le devolvió el gesto, muy levemente.

Se le había olvidado que también tenía vecinos, el hecho de que viviera en el pent-house no quitaba el hecho de que más gente también vivía en el mismo edificio que él y era un poco raro que no conociera a ninguno de ellos.

— ¿Lindo día no? — La mujer dijo y Tony asintió levemente, la ansiedad lo estaba matando, tal vez era un buen momento para regresar aun si estaba a la mitad del camino, pero la simple idea de estar en el apartamento abrumándose con todos esos pensamientos era algo sano.

—Un poco caluroso para mí gusto. — Tony dijo tratando de sonar amigable o al menos no angustiado o asustado de alguna manera ¿por qué tenía que hablarle? Era muy simple decir un "buenas tardes" y ya, todo el mundo podía estar en paz.

—No habíamos tenido el gusto de conocernos, vivir en el pent-house debe de ser maravilloso ¿no es así? — La chica dijo con esa molesta sonrisa en su rostro a la par que estiraba su mano hacia él y Tony hizo su mejor esfuerzo por no rodar los ojos. Estaba cansado de todos los que le preguntaban sobre su perfecta vida que en realidad no era tan perfecta. Estaba llegando al límite y estaba seguro que en uno de esos días iba a explotar y le iba a gritar a los cuatro vientos todas las farsas que estaba viviendo. Que su padre le había mentido, que a su madre no le importaba en lo más mínimo lo que pasara con él y que muy probablemente estaba poniendo sus ojos en personas que no debía. Steve.

Tony tomó la mano de la chica en un suave agarre. —Me temo que no había tenido el placer, Tony Stark. — Dijo y un par de segundos después, alejó su mano y un segundo después cayó en cuenta que no había utilizado su nombre de casado. —El pent-house tiene unas vistas muy bonitas por las tardes. — Dijo con una sonrisa fingida mientras trataba de esconder su leve nerviosismo.

—Mucho gusto Tony, yo soy Luisa Aubriot. — Aubriot. Tony conocía ese apellido, pero no sabía de dónde, muy probablemente alguno de los socios de Howard. Sería bueno preguntarle sí de alguna manera ella conocía a los Stark.

Pero antes de que pudiera decir otra palabra, el elevador se detuvo y las puertas se abrieron en la cochera del edificio. La chica se apresuró a salir y Tony la siguió, la luz de la cochera era un poco más intensa que la del ascensor y los rasgos de la mujer se hicieron más notorios. Su cabello color cobre estaba recogido en una trenza larga que caía de manera elegante sobre su hombro derecho y se extendía hasta un poco más debajo de su pecho. Su cara era muy bonita, afilada y de rasgos dulces pero severos y sus ojos eran de un color gris oscuro… como los suyos.

Por un segundo Tony pensó en su padre. El único rasgo que tenía en común con Howard, eran sus ojos. Su madre siempre se lo repetía, le decía cuan afortunado había sido de tener el color de Howard en sus ojos. Meneó un poco la cabeza, en el mundo había millones de habitantes, obviamente alguien más tenía el mismo color, no eran nada especiales y muy probablemente su madre se había equivocado.

—Aubriot es un apellido francés ¿eres de Francia? — Tony preguntó sin dejar de mirarla y por lo visto la pregunta le pareció a ella un tipo de chiste.

—Eres muy inteligente Tony, espero saber más de ti pronto. — Y sin darle tiempo para decir algo más, la mujer caminó en dirección opuesta de donde estaban parados, en dirección a la zona de taxis. Tony no dejó de observarla, había algo en ella que le resultaba familiar, no solo los ojos, ni tampoco su porte ni el olor del perfume muy parecido al que su madre solía usar la mayoría del tiempo: Chanel número 5. Había algo ahí y el sentimiento de querer saber más sobre ella se anidó levemente en su mente.

Aubriot.

Estaba seguro de que había escuchado ese nombre antes. El problema era que no recordaba en dónde.

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Tony tuvo suerte en no toparse con ninguno de los guardias de su esposo, aunque a decir verdad era un poco raro no verlos rondar por ahí. Steve no estaba en la ciudad y no podía llegar de improviso al edificio, pensó que los guardias aprovecharían la oportunidad pero se alegró de que no fuera así.

Había elegido su coche favorito, un deportivo color rojo. Era su preferido por el simple hecho de que el motor era una belleza y con el mínimo esfuerzo podía acelerar y emprender la marcha sin demoras. Tony no sabía exactamente a donde ir, era libre.

Pensó en llamar a Jane a Bruce o a Rhodey. Los extrañaba muchísimo pero estaba seguro de que sus amigos reaccionarían mal en cuanto vieran la herida en su labio y lo que menos quería hacer era echarse a llorar en frente de ellos, no quería verse débil después de haberles jurado y perjurado un mes atrás que lo que estaba haciendo era lo correcto.

Tony sabía perfectamente quienes no iban a pedirle explicaciones y sin más, llevó a su coche en dirección a Staten Island, a la casa de Natasha y Clint.

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Que hubiese llegado sin avisar no fue lo que más sorprendió a los hermanos, si no el simple hecho de que Tony estuviese ahí. A pesar de que los tres eran amigos, Tony casi no los frecuentaba además de las salidas que tenían con los demás.

La casa de Nicholas Joseph Fury no era para nada modesta. La mansión era una combinación de grandes pilares y construcciones elevadas que la hacían ver como un castillo desde la lejanía pero cuando te acercabas lo suficiente, los pastos verdes y las cientos de florecillas de los jardines te hacían sentir como si estuvieras atrapado en algún cuento de Disney y daba la sensación de que en cualquier momento los animalillos iban a saltar de algún lado y empezarían a cantar.

Uno pensaría que todo eso era obra de la señora de la casa, pero la realidad era que Nicholas jamás se había casado y que la jardinería figuraba como uno de sus pasatiempos favoritos. Tony no podía imaginar que cosa es lo que haría el juez más poderoso de Nueva York contra la persona que se atreviera a estropear su mayor obra de arte.

También había un inmenso patio trasero y una piscina capaz de recibir a más de cien personas en ella y un montón de habitaciones de las que, siempre Tony se había preguntado que tenían todas ellas adentro si sólo vivían Natasha, Clint y Nicholas en ella.

Clint fue el primero en recibirlo en el estacionamiento de su propia casa.

— ¡Tony! — El chico dijo a la par que se acercaba para envolverlo en un abrazo familiar, gesto que Tony hubiese disfrutado de no ser porque su cuerpo aún estaba dolido por todas las cosas que había vivido no hacía menos de veinticuatro horas atrás. Aun así, hizo un gran esfuerzo para no soltar ningún quejido. —Hey, es bueno verte Tones, empezaba a creer que te habíamos perdido para siempre. — Clint dijo con entusiasmo, él siempre había sido muy efusivo y Tony creía que el día en que su amigo dejara de sonreír o disfrutar la vida, ese sería el fin del mundo.

—Aún no te puedes deshacer de mí, lo siento pero la colección de maseratis sigue siendo mía. — Tony rió levemente, era bueno saber que aún podía disfrutar de los pequeños momentos sin pensar que todo se iba a ir al caño en cualquier momento.

— ¡Demonios! Pero algún día serán míos, Tony. — Clint se lamentó con falsa tristeza y lo tomó del brazo. —Vamos, papá está en casa y está decidido en quemar un par de filetes en el asador. — Dijo y comenzó a casi arrastrarlo hacia el interior de la casa.

—E-espera… ¿No es un mal momento? Tal vez tu padre quiera pasar un poco de tiempo con ustedes, ya sabes. — Tony se detuvo y dijo tratando de no mostrar demasiada decepción en su voz, realmente tenía ganas de ver a sus amigos.

— ¡Para nada Tony! Eres bienvenido siempre, además Natasha estará feliz de verte, hace unos días estaba preocupada porqué aún no habías respondido a su invitación para su gran debut. — Clint dijo de manera suave pero Tony sabía que había un tinte de reproche en su voz.

—L-lo siento, estaba esperando a que Gustav dijera sí él igual va a ir o no. — Tony respondió tratando de que la amargura de decir ese nombre no se le notara tanto. —Pero sabes qué… creo que está bien si solo yo, Nat necesita a sus amigos ¿no es así? — Dijo con una leve sonrisa a la vez que de nuevo comenzaba a moverse por su cuenta.

—Ese es mi Tony. — Clint le guiñó un ojo.

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Su amigo no había mentido cuando dijo que su padre pensaba asar un par de cosas. Nicholas estaba frente a un asador arrojando grandes filetes de carne y un par de hamburguesas sobre la parrilla envueltas con tiras de tocino que desprendían un olor delicioso por todo el patio. Natasha estaba tomando el sol a lado de la piscina mientras uno de los sirvientes de la casa rellenaba su vaso de limonada. A los ojos de Tony todo eso parecía algo normal que las familias hacían todo el tiempo ¿No? Solo que él jamás había tenido la oportunidad de experimentar algo así con la suya.

— ¡Hey! Pero mira que tenemos aquí, un Stark invadiendo mi propiedad. — Nicholas dijo a la vez que volteaba una de las hamburguesas con la larga pinza de metal. Fue hasta ese momento en que Tony se dio cuenta que Nicholas estaba usando shorts, una camisa sumamente simple, un mandil algo desgastado con un par de garabatos de pintura en una de las esquinas y sandalias de cuero café. En su mente una imagen así hubiese resultado imposible de imaginar, la verdad es que le estaba costando un poco procesar toda esa información del momento.

—Señor Nicholas…— Tony dijo mientras se acercaba a saludarlo, la última vez que vio al juez había sido en su boda.

—Vamos, dime Nick o al menos señor Nick, no me hagas sentir viejo, Tony — Tony asintió levemente más que nada porque no se sentía en posición de declinar la oferta. — ¿Hamburguesa o filete? — Nick dijo dedicándole una mirada interrogativa con su único ojo.

— ¿H-hamburguesa? — Tony se encogió levemente de hombros, por alguna razón se estaba poniendo nervioso como si se encontrara en una sala del juzgado y le estuviesen preguntando sí él fue la persona que asesinó a la señorita Liliana de Atlanta el catorce de mayo de mil novecientos treinta y dos.

—Lo estás asustando papá, basta. — La voz de Natasha se escuchó detrás de ellos y Nick estalló en carcajadas.

—La mirada nunca falla, siempre tengo un ojo sobre ustedes. — Clint y Natasha se rieron al unísono mientras Nick ponía otra hamburguesa en el asador y Tony simplemente sintió sus mejillas arder, de seguro estaban coloradas para ese momento.

—Hey Tones, es bueno verte por aquí. — Su amiga dijo y de igual forma lo abrazó, esta vez Tony correspondió el agarré fuertemente. —Wow ¡Sí que me extrañaste! — Natasha dijo y cuando se separaron del abrazo, ella le regaló un besó en la mejilla.

—Claro que los extraño, mi vida no es la misma sin ustedes. — Tony dijo sinceramente, extrañaba a sus amigos y la manera que era su vida antes de que todo el asunto de Gustav y los negocios de su padre se interpusieran en su camino. Aunque gracias a eso estaba empezando a valorar todo lo que antes tenía y que ahora se veía muy lejos de regresar.

— ¿Algo de tomar? Tenemos limonada y margaritas. — Nick le dedicó un intento de mirada severa a Natasha y su hija giró los ojos. —Sin alcohol, obviamente papá. — Nick asintió y regresó a su trabajo de asar carne no sin antes darle un manotazo a Clint quien estaba intentando arrancar trocitos de los filetes con sus manos. Eso era lo que Tony necesitaba, un poco de aire fresco… y calor familiar.

—Una margarita… sin alcohol está bien. — Tony dijo entre pequeñas risas.

—Y cuéntame Tony… ¿Cómo has estado? — Natasha hizo la pregunta del millón. La pregunta que había intentado evadir desde que se embarcó en esa travesía sin sentido llamada matrimonio, Tony miró al suelo por un par de segundos y luego a Natasha.

—He estado muy bien. — Él sonrió levemente y como lo había esperado, su amiga no insistió en el tema, simplemente acarició su mejilla y pasó uno de sus dedos por el labio ligeramente herido y asintió.

—Bien, vayamos por tu margarita. — Natasha dijo y comenzó a caminar a la mesa en dónde estaban las bebidas, su amiga se colgó de su brazo y se acercó a su oído. —Por supuesto que les vamos a poner alcohol. — Susurró y Tony no pudo reprimir una leve risa.

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La comida estuvo lista media hora después. Natasha y Clint se encargaron de arreglar la mesa y comenzar a poner las cosas en orden, como los platos, los vasos y la comida recién hecha por la mano de Nick Fury. Tony aún encontraba un poco fuera de lugar llamarlo así. Natasha le pasó un plato con una hamburguesa y Tony lo agarró inmediatamente. El olor de la carne cocida invadió su nariz y su estómago comenzó a gruñir, hasta ese momento se había dado cuenta de lo hambriento que estaba. Después de todo no había comido casi nada desde la mañana y el atardecer estaba empezando a caer nuevamente sobre la bella Nueva York.

—Vamos, dale una mordida, no vas a querer irte nunca de aquí. — Nick dijo y Clint asintió mientras mordía la suya.

— ¡Papá hace las mejores hamburguesas! — Su amigo mencionó y su padre se acercó para revolver levemente los cabellos de su hijo.

—Sí, sí. Pero no hables con la boca llena Clint. — El aludido sólo se rió y se preocupó por darle una nueva mordida a su comida.

Por su parte Natasha estaba disfrutando su filete. Nick, el señor Nick, le había dado el más grande y Nat parecía estar más que encantada con eso. Su amiga había bañado la comida con una extraña salsa de tomates y pimientos y empezó a cortar pedacitos de su filete para poco a poco comenzar a comerlos.

Tony miró asombrado a su alrededor, así es como una familia debe lucir. Pensó. Siempre creyó que no había lugar para la felicidad sí eras una persona importante, pero Nick había demostrado lo contrario, sus hijos reían alegremente y él los mantenía a salvo y seguros. Ese era el deber de un padre. Howard podrá haberlo engendrado pero jamás había actuado como un papá para él.

Natasha lo miró por unos segundos, tal vez preguntándose qué demonios ocurría en la mente de Tony, pero este simplemente sonrió y apretó la hamburguesa entre sus manos dispuesto a darle una enorme mordida, el hambre lo estaba matando.

Tony no supo que pasó pero los sabores en su boca lo llevaron al éxtasis en cuestión de segundos. No sabía si era el hambre que tenía, el ambiente tan acogedor o el hecho de que no había comido algo preparado en casa y fresco desde que había abandonado la torre en donde vivía. Por un segundo se acordó de Jarvis y de sus recetas tan deliciosas que solía prepararle, anotó mentalmente que lo llamaría pronto e incluso podía invitarlo a su casa, a su madre no le molestaría que se robara por unos segundos a su mayordomo.

Al parecer Tony había hecho todo un alboroto con la comida aún si no se había dado cuenta, porque tanto como Nat, Clint y el mismísimo Nick lo estaban mirando expectante. Tony se encogió de hombros una vez que hubo tragado y asintió levemente sin dejar de mirar su comida.

— ¿Y bien? — Clint le preguntó con una amplia sonrisa.

—Está muy buena, demasiado buena. — Tony dijo mientras le daba una nueva mordida y dejaba que las penas se fueran entre sonrisas, cariño y comida.

— ¡Genial! — Clint soltó un grito de felicidad. — Papá, pon otra al asador, ¡Tony tiene que irse lleno de aquí! — Esta vez no puso objeción alguna y por primera vez en mucho tiempo, se dejó consentir.

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Tony se sintió tan lleno que pensó que en vez de regresar a su departamento en carro, muy probablemente lo haría rodando. Sí tuviera algo que decir, sería que Nick se había encargado de tenerlo como un cerdo de rodeo, de esos a los que les dan de comer día y noche para luego ponerles una cinta de algún color bonito y dejar que la gente los juzgara por lo obesos que se habían convertido.

Su cuerpo se sintió más relajado que en la mañana, aunque el dolor aún lo acompañaba, las distracciones del momento lo mantenían alejado de esas memorias agrias de la noche anterior.

La tarde se hizo aún más interesante cuando Clint trató de saltar a la piscina apenas había terminado de comer y Nick lo había atrapado entre sus brazos y con cariño le jaló las mejillas suavemente. Tony se había reído tanto que creía que en cualquier momento iba a explotar. Aunque gracias a Clint, Nick se empeñó en cuidarlos hasta que el tiempo en el que podían meterse al agua llegó. Por su parte Tony se había sentado en la orilla de la piscina simplemente para sentir el agua mojar sus pies. Natasha se sentó a su lado sin decir ninguna palabra y se había acomodado para recargar su cabeza en el hombro de Tony y él había apoyado su cabeza suavemente al costado de la de su amiga. Una paz tranquila y un silencio reconfortante los abrazó, Tony sentía ganas de llorar y romperse ahí con ella, decirle que lo mucho que deseaba salir corriendo de ahí, que Gustav lo había lastimado y que muy posiblemente no iba a ser feliz jamás. Pero algo en la sonrisa de Natasha lo hizo sentirse cálido y querido, como si sus fuerzas nuevamente regresaran, no todas pero si las suficientes para continuar.

Él podía hacerlo.

Tony iba a darle un abrazo a su amiga pero antes de que pudiera acorralarla entre sus brazos, Clint los empujó a ambos a la piscina y en seguida él se tiró de llenó.

— ¡Bala de cañón! — Gritó y en un santiamén el agua salpicó todo a su alrededor, Tony trató de no tragar agua y Clint se apuró a salir como de rayo de ahí, porque definitivamente Natasha iba a matarlo.

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Desafortunadamente Tony había terminado empapado y no había llevado ningún cambio de ropa, no podía regresar a casa de esa manera. Realmente sí podía pero se negaba a mojar su adorado coche. Prefería irse caminando o tomar el bus a derramar una sola gota sobre sus asientos de cuero. Afortunadamente el teléfono que compartía con Steve era a prueba de agua pero por otra parte, su teléfono personal no lo era. Clint le había prometido que le compraría otro y aunque Tony se había negado, su amigo terminó por convencerlo cuando le dijo que si se compraba otro, de nueva cuenta se lo iba a descomponer con tal de ser Clint el que le comprara un teléfono nuevo.

Eeta, el ama de llaves de la mansión, lo había llevado al cuarto de huéspedes para darle un nuevo cambio de ropa. Eeta era una mujer mayor, con cabellos plateados debido a su edad, ojos verde agua un poco velados por los años y manos con muchas arrugas en ellas y cada que sonreía, todo alrededor parecía tornarse feliz y pacífico. Nat y Clint la querían demasiado. Había observado a Clint darle un abrazo rápido y a Natasha acomodar su cabello detrás de una de sus orejas. Los dos habían crecido con ella, no le sorprendía que los Romanoff la quisieran tanto. En parte le recordaba al cariño que le tenía a Jarvis.

—Estas son cosas que el joven Clint no volvió a ponerse. — Eeta alzó una camisa sencilla color purpura con varios dibujos de flores en el frente, Tony pensó que tal vez las flores eran la razón por la cual su amigo no volvió a ponerse la prenda. —También esto, aunque…— El ama de llaves tomó un par de pantalones y los acercó a la cintura de Tony como si tratara de tomar las medidas de esa manera. —Vaya niño ¿acaso no estás comiendo bien? — Eeta dijo mientras negaba como si eso fuera lo peor del mundo. Tony sintió como sus mejillas comenzaron a arder.

—Tuve que adelgazar para la boda. — dijo entre risitas pero Eeta le dedicó una mirada de resignación. La anciana sabía que estaba pasando, no era posible que Tony a su corta edad pudiera igualar la sabiduría y percepción de la ama de llaves. Eeta se acercó un poco más para tomar su mentón entre una de sus manos y sonreírle suavemente. Algo dentro de Tony debió haber tronado porque un par de lágrimas se deslizaron por su mejilla y la señora las hizo a un lado con uno de sus pulgares.

—A veces el camino no es fácil, mi niño. — Su voz era dulce y cariñosa, Tony entendía por qué ella parecía tan importante en la familia de Clint y Natasha. —Pero nosotros mismos somos los que decidimos sí queremos cambiar las cosas o que sigan de la misma manera, no sé de ti de la misma forma que sé de Clint o Natasha, pero hay algo en tus ojos que me dice que serás fuerte. — Eeta se inclinó para darle un abrazo y Tony se dejó, incluso lo correspondió. A ella no le importó que estuviera mojado o que de alguna manera el agua arruinara su uniforme, sino que también le regaló un beso en la frente cuando se separaron.

—Espero aceptes el consejo de esta anciana. — Eeta extendió la ropa que aún traía en sus manos y se la dio a Tony quien la agarró inmediatamente. —A veces las decisiones drásticas son las que más se necesitan, pero también las más arriesgadas, déjate caer, confía en las personas que están abajo para atraparte. — Ella dijo y con una última sonrisa se despidió de Tony. Tal vez el ama de llaves había abandonado la habitación, pero sus palabras echaron raíces en su corazón.

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Tony se despidió de todos, de Clint, Natasha, Nick y de Eeta. Nat lo abrazó fuerte y le prometió que pronto se pasaría por su pent-house a visitarlo, también le prometió que no llevaría a Clint y su amigo empezó a hacer bromas sobre escalar el edificio con tal de ver a Tony un momento. Todos rieron pero por alguna razón, Tony sí le creyó. Nick le tendió la mano en un firme saludo y Eeta besó su mejilla, además le tendió una bolsa con un poco de la comida de la tarde y otra con su ropa aún húmeda. Tony soltó un largo suspiro pero agradeció el gesto de la comida, de todas maneras ¿qué más podía hacer? mentiría si dijera que no le había gustado todo lo que Nick preparó para ellos.

—Sabes que puedes regresar cuando quieras ¿verdad? Nuestra casa es tuya, Tones. — Nat le dijo mientras lo acompañaba al estacionamiento.

—Voy a necesitar esa camisa de regreso. — Clint mencionó. —Oye Tony, Star Wars apesta. — y dijo de repente. Un sonido de disgusto abandonó los labios de Tony y justo cuando había juntado el aliento para protestar, el sonido de la cámara del teléfono se hizo presente.

— ¡Jan, Brucie y Rhodie van a amar esto! ¡Te ves ridículo con esa camisa! — Clint esbozó una enorme sonrisa y salió disparado del lugar. Tony no supo qué demonios pasó pero dejó las bolsas que traía a cargo de Natasha y salió corriendo tras su amigo.

— ¡Borra eso, idiota! — Tony gritó mientras trataba de seguirle el paso, pero a quien engañaba, Clint siempre había sido el más veloz.

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Obviamente Tony falló en su misión de recuperar la foto de Clint, de seguro sus amigos ya la tenían y habían inundado su número con un montón de mensajes que Tony no podía ver porque, bueno, literal su celular se ahogó.

Para el momento que llegó al pent-house, el sol estaba a penas visible en el horizonte. Los colores de la noche comenzaban a manifestarse a lo largo de la amplia Nueva York. Las luces por todas partes comenzaban a brillar. Una de las cosas que nunca dejaba de impresionar a Tony, era la cantidad de cosas que podías hacer en la ciudad un fin de semana por la noche. Nueva York era inmensa y llena de vida y posibilidades, al menos para las demás personas que no fueran él.

¿De que servía tenerlo todo sí al final del día no era dueño de su propio destino?

Maldición.

Tony estacionó su coche cerca de la salida principal, en caso de que tuviera que salir de nuevo, tomó sus bolsas y apresuró a alcanzar el elevador.

Se le hizo un nudo en el estómago con solo pensar que tenía que regresar de nuevo a la misma habitación, en donde, bueno, había pasado lo que había pasado. Una vez dentro del ascensor, presionó el botón que lo llevaría directo al pent-house. Por un segundo pensó que lo mejor sería regresar al estacionamiento, de nueva cuenta tomar el coche y salir corriendo de ahí, podía irse a donde quisiera.

Tony tomó tres respiros largos y apoyó su espalda en la pared del elevador tratando de retomar la poca confianza en sí mismo que aún le quedaba.

Él podía hacer, él podía

El elevador se detuvo y abrió sus puertas, Tony tomó un último respiro antes de poner un pie afuera y tal vez todo hubiese sido más fácil si Steve no estuviera de frente a la puerta de su pent-house, probablemente esperando por él.

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Tony no sabía que decir, o que hacer. De todos los escenarios que imaginó del regreso de Steve, no había contemplado este. No es que no lo esperara, simplemente… todo parecía muy irreal. Aun así, su cuerpo lo traicionó y sus pasos lo llevaron hasta donde estaba Steve, su guardia. Trató de sonreír pero el gesto se borró de inmediato de su cara o más bien, nunca salió.

Steve… lucía como la mierda.

Los pasos de Tony se detuvieron a escasos centímetros de donde estaba su guardia y pudo observarlo mejor. Era Steve, su Steve pero no se sentía como tal. Muy apenas había pasado una semana desde la última vez que se vieron pero en el rostro de Steve parecía que mil años lo habían aplastado. Tenía aspecto como si no hubiese dormido en días, incluso la chispa en sus ojos azules se había apagado. Lucía muerto en vida. Un abrigo negro cubría totalmente su cuerpo y solo sus pantalones negros y botas estaban visibles.

Howard.

Eso tenía el nombre de su progenitor por todas partes ¿¡A dónde diablos se había llevado su padre a Steve?!

—Hey…— Tony dijo mirando a Steve, tratando de descifrar que demonios pasaba por su mente y por qué estaba sufriendo tanto. Steve sacó las manos de su abrigo y se acercó a Tony, por inercia retrocedió un paso pero en un segundo, los brazos de Steve lo atraparon en un fuerte agarre que después de tres micro segundos, su cerebro lo interpretó como un abrazo.

Error 404 no encontrado. El host ha sido capaz de encontrarse con el servidor pero al parecer no había algún recurso que lo ayudara a entender que demonios estaba sucediendo. Las bolsas de sus manos cayeron al piso y Tony se lamentó por la comida, esperaba que nada se hubiese tirado porque realmente tenía muchas ganas de volver a probarla y maldición ¡Él no sabía cocinar! No del todo bien.

¡Oh por dios Steve lo estaba abrazando!

MaldiciónMaldiciónMaldición.

No sabía sí era por lo inesperado de la situación, o porque un parte dentro suya estaba rota, o porque finalmente admitía que extrañaba a Steve, o porque quería creer que todo estaría bien pero dejó de luchar contra sus instintos. Recordó las palabras de Eeta y sin más, sus brazos se enrollaron alrededor de la espalda de Steve y su cara se enterró en el pecho de su guardia. Tal vez no sabía que estaba ocurriendo pero lo que si sabía era que ambos lo necesitaban, Tony deseó que el momento no se terminara jamás, que justamente así se quedara toda la eternidad, también se valía soñar.

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¿Del 1 al "no me quiero ir Señor Stark" están traumados? Mi corazón y mente aún no puede procesar todo lo que pasó y ugh les juro que estaba preparada para ver a otros morir pero no a los que mataron AGHHHH. La he visto 5 veces y me sigue dando algo en las mismas partes. NO TUVIMOS REUNIÓN STEVE/TONY *cries*. Demasiados feels y sentimientos encontrados ahdskf ya nada más falta un año para Avengers 4, sí podemos aguantar. Aquí abajito les dejo mi tumblr por si tienen ganas de hablar de la película y llorar juntos (TдT)

Shieldiron*tumblr*com (quítenle los asteriscos y pongan puntitos.)