Intereses.
Capítulo 13: Nueva sensación.
Toshiro se despertó con la ajena sensación de un aroma agradable acariciando su sentido del olfato casi seductoramente, instándolo a levantarse de la cama aún más temprano de lo normal. Se dio una ducha rápida y luego prácticamente corrió a su cocina incitado por esa dulce fragancia.
Por un segundo se sorprendió de ver a Karin moviéndose de un lado a otro en su cocina con total naturalidad como si conociera cada parte de ella, luego recordó que se suponía que la había contratado como su nueva chef personal, en parte porque realmente le gustaba su comida y necesitaba tener una dieta más controlada y en parte porque sabía que ella probablemente necesitaba dinero por su padre enfermo y quería darle una ayuda monetaria.
Le gustaría preguntarle directamente sí es que la condición de su progenitor estaba muy mal y ofrecer su ayuda incondicional, pero temía ofenderla o tocar un tema demasiado sensible que hiciera que ella terminara de alejarse de él para siempre, y ya le bastaba con haber metido la pata una vez cuando casi se aprovecha de ella en su primera borrachera.
Era extraño… tener a alguien más en su casa, otro ser humano que no sea Matsumoto fastidiándolo con que le diera el día libre o que quería que se probara algún traje ridículo que compró para él. Y aunque las dos eran sus empleadas, ciertamente eran muy diferentes los sentimientos que le provocaban con su compañía.
Karin tarareaba una baja canción mientras parecía fritar algo en sus hornallas tan concentrada que no reparó en su presencia, por lo que decidió aprovechar la oportunidad para observarla detenidamente. Ella estaba vestida con una corta falda negra y un largo delantal blanco, con una blusa roja que dejaba al descubierto los hombros y botas largas hasta las rodillas. Sí que era preciosa…
Se sobresaltó un poco al de repente escuchar su tarareo intensificarse y casi se va de espaldas al notar como empezaba a mover su cuerpo al ritmo de la música que tarareaba, balanceando suavemente sus caderas y sacudiendo la cabeza adorablemente.
Sintió el impulso de burlarse de ella al verla elaborar algunos pasos de baile ciertamente ridículos, pero la respiración se le atoró en la garganta cuando de pronto su tarareo se volvió más bajo y lento y su cuerpo se acopló al cambio de ritmo sacudiéndose igual de lentamente incluso subiendo sus brazos y uniendo sus manos por encima de la cabeza permitiendo una mejor visión de sus curvas pronunciadas solo por un segundo que le pareció eterno antes de que volviera a centrar su atención en la comida que preparaba.
Carraspeó y se acercó a paso vacilante a la cocinera decidiendo hacer notar su presencia antes de hacer algo estúpido… de nuevo.
-¡Toshiro!- exclamó la chica con sorpresa al verlo, de nuevo sin ninguna muestra de respeto hacia él como su superior en absoluto. Pero por alguna razón no parecía tan sorprendida, o al menos parecía más avergonzada que sorprendida. Pero, ¿de qué? –C-creí que te levantabas más tarde. ¿Tengo que venir más temprano mañana, entonces?- siguió ocupándose del desayuno nerviosamente sin siquiera dirigirle la mirada.
-No, no te preocupes.- se pasó una mano por el pelo. –Sí suelo levantarme más tarde, pero el aroma de tu delicioso desayuno me sacó de la cama antes de tiempo.- le sonrió un poco, ensanchando algo su sonrisa al verla sonrojarse levemente.
-En ese caso… umm… el desayuno estará en quince minutos.- informó rápidamente antes de hacer como que no existía y ocupar más sus manos con comida por hacer. –Puedes ir a sentarte al comedor, te llevare tu comida pronto.- sonrió amablemente.
Él decidió no discutir por esta vez y fue al comedor fijándose la hora y cuanto tenía antes de ir a trabajar. Solo eran las cinco y cuarto, ella sí que se había levantado temprano para servirle. Realmente era muy profesional o tal vez solo realmente estaba preocupada porque comiera bien. La idea lo hizo sonreír.
Justo quince minutos después ella trajo su desayuno y él empezó a comer con calma. Faltaba media hora para tener que llegar al trabajo y su hotel no estaba muy lejos así que no tenía prisa. Era una sensación bastante agradable. Comer un rico desayuno sabiendo que tenía la presencia de otro ser humano, de la hermosa Kurosaki Karin para colmo, en su cocina preparándose algo para ella misma así poder unírsele a los pocos minutos y conversar animadamente. No recordaba la última vez que se sintió tan acompañado y pleno.
De verdad que tenía suerte de haber cruzado caminos con Karin, ella era una chica maravillosa.
Terminaron de desayunar y fueron juntos en su auto por el que ella aún no dejaba de babear hasta el hotel, allí él le permitió ir a una de las habitaciones a descansar puesto que se veía algo agotada al no estar acostumbrada a levantarse a trabajar tan temprano. Sabía que debía dejarla acostumbrarse al nuevo horario pero simplemente le nacía ser más comprensivo y cuidarla todo lo que pudiera.
Le pidió que apenas despertara fuera junto con Inoue Orihime a su oficina para aclarar su nuevo horario, sueldo y como se manejaría a partir de ahora, luego finalmente se fue a su oficina para dejarla descansar.
Aún tenía que contarle a Matsumoto respecto a esto, ella seguramente tendría un día de campo pero se iba a enterar tarde o temprano y no se sentía con ganas de aguantar sus lloriqueos si llegaba a enterarse por alguien que no sea él mismo.
Comenzó a trabajar aburrido en sus papeles y computadora, y archivos y cosas que organizar, leer y escribir. Este trabajo era lo que siempre había querido para su vida desde la primera vez que su padre lo sento en su regazo y le enseñó cómo se hacían las cosas, pero en los últimos tiempos sentía que no lo llenaba. Todo se había vuelto repetitivo y rutinario.
Lo peor es que no sabía sí había perdido el interés en el trabajo o el interés en la vida… o las dos cosas. Hace tiempo que nada lo llenaba… pero entonces apareció Kurosaki Karin. Tenía poco de conocerla pero por alguna razón sentía que podía confiar plenamente en ella, no solo lo atraía por lo hermosa que era, cuando estaba a su lado todo se sentía simplemente mejor, ella lo estaba conquistando con sus pequeños gestos que demostraban que realmente se preocupaba por él y con sus hipnotizantes sonrisas que alegraban automáticamente su mente normalmente cargada de pensamientos negativos y duras responsabilidades.
No sabía cuánto tiempo iba a pasar hasta que sus sentimientos por ella nuevamente le explotaran en la cara y volviera a hacer algo estúpido que pondría en peligro lo que ella pensaba de él y temía pudiera alejarla por siempre. Aún tenía que confesarle su error en algún momento, pero probablemente sería mejor si no volvía a hacer nada tonto.
-¡JEFEEEE!- el chillón grito de su secretaria casi lo hace saltar de su escritorio. -¡Jefecito, buenos días!- agitó una mano mientras ingresaba al lugar con una pila de periódicos bajo el brazo. -¿Cómo estuvo el cumpleaños de su abuelita? ¿Cómo están ella y Momo-chan? ¡Cuéntemelo todo!- le sonrió alegremente, pero de repente su expresión cambio y estrelló los periódicos contra su escritorio con una sonrisa mitad picarona mitad molesta. –Oh, ¿sabe qué? Mejor no me diga nada, no hace falta. ¡Los periódicos ya me dijeron todo!- lloriqueó dramáticamente mientras se dejaba caer en uno de los sofás de su oficina. -¡Usted nunca me dice nada! ¡Me tengo que enterar todo por terceros! ¡Es tan malo conmigo!-
Hitsugaya frunció el ceño y tomó los periódicos esparciéndolos por los pocos espacios libres de su escritorio, su ceja retorciéndose en molestia cada vez más y más al ver cada título e imagen en la primera plana de distintos periódicos famosos en su ciudad. Eran él con su empleada más reciente, se podían ver fotografías de ellos en la fiesta de Vorarlberna, besándose e incluso había fotos de cuando la cargó, cuando la subió a su auto, y… se sonrojó al notar que también tenían fotos de ella saliendo de su casa vistiendo con su camiseta y de él cargándola sobre su hombro cual costal de papas, al pasar las paginas también vio fotos de ellos en la casa de su abuela, cuando entraban y cuando salían y pintando las paredes. Los títulos variaban desde "¡El empresario más joven y más codiciado finalmente nos presenta a su novia!" hasta cosas como "Amor joven y millonario" "La dulce pareja del año" "Rico y pobre, un amor de película para el joven más codiciado".
Su gesto se arrugó en desagrado. ¿Qué demonios? Ya estaba acostumbrado al acoso de la prensa pero esto era demasiado, apenas hace un par de días había admitido tener una novia ¡y ya estaban hablando hasta de un casamiento! Y se sintió algo enfermo al ver las palabras embarazo y herederos por ahí. No quería ser padre aún y menos de su novia falsa, muchas gracias.
Alzó la vista hacia una aún muy molesta Matsumoto que lo miraba expectante por una explicación o quizás excusas de porque no había estado enterada de todo esto desde hace antes.
-Matsumoto, en primer lugar, tú fuiste la que me dio la idea de hacer todo eso, y en segundo lugar, es mi vida y no tengo porqué mantenerte al tanto de cada paso que doy en ella, agradece que la prensa me sigue como moscas a la miel porque sí fuera por mí jamás te habría dicho nada.- la miró fríamente.
-Oww.- sus pucheros empeoraron. –Sí que es tan malo conmigo.- se cruzó de brazos. -¡Pero de cualquier forma!- rápidamente junto sus manos cambiando su estado de ánimo como si nada. -¿Qué se siente ya tener su primera novia? ¿Cómo estuvo el sexo? ¿Usted…?-
-¡MATSUMOTO!- la calló de inmediato antes de que dijera algo aún más bochornoso.
-¿Qué?- pestañeó "inocentemente". –Solo estoy feliz porque finalmente se enamoró de alguien y está teniendo más vida social y amorosa que nunca. ¿Qué hay de malo con eso?- siguió haciéndose la inocente.
-Lo que hay de malo es que, como te dije, no es tu asunto. Y no te permito que me hagas preguntas tan personales ¡o te despido!- amenazó haciéndola chillar. –Pero, solo para que sepas, el noviazgo es una tapadera.- informó finalmente con un suspiro.
-¿EHHH? ¿Cómo que una tapadera?- preguntó con disgusto. -¿Acaso los rumores de que es gay son reales después de todo?- se horrorizó, casi podía ver sus sueños de sobrinitos peliblancos romperse en pedacitos en su mirada.
-No, Matsumoto, no soy homosexual.- por un tiempo había temido ser asexual o algo así, pero luego de casi haber violado a su empleada de dieciocho años en su primera borrachera ahora sabía que todo lo que tenía era veinticuatro años de frustración sexual acumulada que curiosamente había optado por centrar sus deseos en una chica que con un año menos podría costarle la cárcel. –Kuchiki Byakuya está amenazando a Karin, lo note y no pude quedarme de brazos cruzados, también porque muy probablemente es mi culpa.- se revolvió el cabello. –Inventamos esto para que pudiera tener una excusa de defenderla a todo costo y que Kuchiki sepa que no puede ir por allí aprovechándose de la gente solo porque sean de recursos más bajos sin pagar consecuencias.- hizo una mueca. –Creo que si no hubiera declarado públicamente que la iba a proteger él podría haber intentado algo horrible contra ella, no pude quedarme de brazos cruzados.- suspiró.
-¡Aww, jefe!- Matsumoto se lanzó a abrazarlo con cascaditas en los ojos. -¡Es usted tan generoso! Y tan astuto, esa fue una excusa perfecta para que Karin-chan le permitiera besarla.- se apartó de él guiñándole un ojo con un pulgar en alto.
-¡Cállate!- rugió. –Sigo molesto porque nos hayas forzado a besarnos el otro día, no tientes mi paciencia.- advirtió y ella se estremeció visiblemente. –Como sea, la lleve a mi casa por cuestiones personales, ella estaba ebria por primera vez y en su casa no había nadie que pudiera cuidar de ella.- eso y su padre no estaba en condiciones de tratar con una casi-adolescente escandalosa. –Y ahora ella ha aceptado ser mi chef personal así que será mejor que todos, tanto tú como la prensa, se acostumbren a eso y dejen de verlo como el chisme de la década.- rodó los ojos al volver a echar un vistazo a los diarios.
-Bien, bien.- hizo un puchero. –Pero igual estoy feliz de que la haya contratado como su chef personal, eso les dará la oportunidad de conocerse mejor.- miró soñadora al techo. –Pero, ¿qué hará con su empleo con Orihime?- pestañeó curiosa.
-Eso quiero hablarlo con Inoue, le dije a Karin que en cuanto termine su siesta espere a que Inoue llegara y le informara venir aquí.- justo en ese momento, se oyó un golpe en la puesta. –Adelante.- justamente fue la misma Inoue Orihime la que entró en la oficina. –Inoue, llegas justo a tiempo.- le indicó que se sentara en la silla frente a él.
-¿Pasa algo, señor? Karin-chan me dijo que quería hablar conmigo por ella, espero que no haya hecho nada malo y quiera despedirla, ¿verdad?- preguntó con algo de temor puesto que seguramente ya debía haberle tomado cariño a su asistente, típico de una mujer tan dulce como ella.
-No, no te preocupes, no es nada de eso.- la tranquilizó. –Después de pensarlo cuidadosamente, he decidido que me gusta mucho la comida de la señorita Kurosaki y quiero que sea mi chef personal, estando exclusivamente a mis servicios y con un aumento significativo.- los ojos grises de su cocinera más exótica se ampliaron sorprendidos. –Sin embargo no quisiera que deje de ser tu asistente, tendría que trabajar más horas pero me gustaría que siguiera recibiendo el sueldo normal que tú le das, y aparte otro sueldo que venga de mi parte.- el plan era pagarle dos sueldos, el normal que acordó con Inoue y aparte el que acordó con él que era el triple de eso. Sabía que ella probablemente había pensado que por los dos trabajos le pagarían el triple, pero en realidad le iban a pagar el cuádruple. Tal vez no estaría muy contenta o se pudiera ofender, pero al ver su situación realmente quería ayudarla monetariamente.
Sabía lo que era perder a un padre por una enfermedad. La diferencia es que el suyo no tuvo posibilidad de salvación, esperaba que el de ella si lo tuviera y estaba dispuesto a ayudarla en todo lo que pudiera si ella tan solo se lo pidiera o él lograra juntar el valor para preguntarle sin miedo a ofenderla.
-Eso es muy generoso de su parte, jefe.- Inoue sonrió dulcemente. –No tengo problema en que Karin-chan esté primero a su disposición y luego a la mía. Es bueno tener una asistente pero en estas épocas que no tiene tantas visitas de sus socios chinos no tengo tanto trabajo y mayormente solo atiendo a Rangiku-san. Puedo manejarme compartiéndola.- aseguró.
-Me alegra escuchar eso.- suspiró aliviado. –Luego te envió el papeleo que debes hacer al respecto. Puedes retirarte.- la dejó ir.
Orihime se retiró de su oficina con Rangiku, las dos cotilleando en voz baja soltando risitas un poco sospechosas.
Él suspiró y se tomó un momento para sacar un cuadro de su cajón donde podía ver a toda su familia cuando no estaba rota, a él pequeño con doce años cruzándose de brazos con una mueca gruñona mientras Momo lo abrazaba como si fuera su osito de peluche, su abuela le alborotaba los cabellos y su padre sonreía a la cámara con una mano en su hombro. Esos eran los buenos tiempos cuando su hermana lo quería y no estaba loca por lo que le hizo un bastardo, donde aún tenía tiempo para convivir con su abuela y su padre estaba vivo y saludable. Esos tiempos ahora eran solo un recuerdo agradable que jamás podría volver a ser y por el momento al mirar la fotografía solo podía causarle nostalgia y dolor.
Suspiró dolorosamente y volvió a dejar el cuatro en su cajón casi despectivamente. No tenía tiempo para recordar, tenía mucho trabajo que hacer.
En un par de horas terminó el trabajo que obligatoriamente tenía que hacer ese día y luego de llamar a Matsumoto para que se encargara de ellos se dispuso a hacer más trabajo para adelantar las cosas, así luego tendría más tiempo para… hacer más trabajo.
Llegó el mediodía y estuvo a punto de tomar dinero para salir a comer fuera cuando de repente Karin ingresó a la oficina (sin tocar) recordándole que se suponía que ahora la tenía como chef personal y ella se encargaba de su alimentación.
-Buen día, Toshiro.- lo saludó informalmente y él por alguna razón no se sintió con ganas de corregirla. –Ya tengo lista tu cena. ¿Vienes?- sonrió emocionada a lo que el peliblanco solo alzó una ceja.
-¿No me traerás mi almuerzo aquí?- frunció el ceño, replanteándose si esto era una buena idea.
-Por supuesto que no, como si fuera a dejarte comer entre papeles y libros viejos.- arrugó la nariz. –Vamos al comedor del hotel, es un lugar bastante agradable y muchos del personal cenan allí cuando hay pocos huéspedes ocupándolo.- ¿ah, sí? ¿Por qué no sabía eso de su propio hotel? No le molestaba pero le sorprendía no haberlo notado antes.
-B-bueno… supongo que está bien.- se encogió de hombros. ¿Por qué no? Era bueno variar un poco la rutina de vez en cuando. -¿Cenaras conmigo?- preguntó mientras bajaban por el ascensor.
-Si tú quieres me gustaría hacerlo.- sonrió amablemente. Había algo extraño en la forma en la que estaba actuando, parecía mucho más… amable de lo normal. –No es como si alguien fuera a decirme más de lo que ya me dicen, después de todo salió en todos los periódicos y fue visto por todos los empleados que "soy tu novia".- sonrió suspirando.
Mierda. Casi había olvidado que esto iba a afectarla públicamente también.
-¿Nadie te ha dado ningún problema, verdad?- inquirió preocupado.
-No, más bien me preguntaban qué clase de magia hice para conquistar tu corazón.- rió entre dientes y él no pudo evitar sonrojarse.
Ella no lo sabía, pero en realidad esa era una pregunta que se hacía a sí mismo muy seguido desde que había descubierto que le gustaba, pero por el momento no podía dejar que lo supiera, se había propuesto a conquistarla y sabía que le llevaría tiempo, pero finalmente estaba tratando de tomar las riendas de su vida y apartar su objetivo solo del trabajo centrándose un poco más en lo que realmente quería, y eso ahora mismo era Karin.
Al llegar al comedor juntos atrajeron de inmediato la atención de todos, pero parecían indispuestos a acercarse a preguntarles algo, tal vez luego interrogarían a la pelinegra cuando estuviera sola, pero no se atrevían a ello cuando estaba con él.
Tomó asiento en una mesa pequeña y redonda en vez de la alargada y grande que utilizaba la mayoría de los que estaban presente, la menor se retiró hacia la cocina y volvió al poco tiempo con una bandeja con sus almuerzos, colocándola en la mesa para luego jalar una silla y sentarse muy cerca de él, sirviendo sus platos antes de desear buen provecho y comenzar a comer.
Fue una experiencia bastante agradable a pesar de ser el blanco de las miradas indiscretas de todos. Su joven empleada parecía estar de muy buen humor y le dio una buena plática en la que descubrieron mucho el uno del otro y se rieron un poco de la artimaña de mentiras que todo el mundo les había creído. Él disfrutó mucho viéndola reír y mirarlo con esos dos brillantes ojos grises oscuros e inocentes, reafirmando aún más su decisión de conquistarla. Solo que no tenía idea de cómo, era demasiado inexperto.
Cuando acabaron de almorzar ella volvió con Inoue y él a su oficina, preguntándose a quién podría pedirle consejos amorosos. No podía consultar a su abuela y Hinamori porque ellas creían que Karin ya era su novia, no podía preguntarle a Matsumoto porque Dios sabe que ella nunca lo dejaría vivir en paz luego de eso, y no se le ocurría a quién más acudir, no tenía a nadie… ¡Esperen! Quedaba una persona más que era solo un poco menos peor opción que las otras.
Marcó un número y habló con su última esperanza preguntándole cuándo podrían reunirse a conversar de un tema personal, sorprendiéndose cuando le dijo que estaba libre en ese momento por lo que en diez minutos estaría allí y hablarían.
Tal como se dijo, diez minutos después la puerta de su oficina fue abierta por Ichimaru Gin, el novio de su secretaria.
-Hola, Shiro-chan.- su sonrisa espeluznante era aún más burlona que de costumbre al saber que estaba demasiado desesperado por ayuda al haberlo llamado a él de toda la gente. -¿En qué puedo servirte?- se dejó caer perezosamente en la silla frente a su escritorio.
El peliblanco menor tomó una profunda respiración, casi sin poder creer lo que estaba a punto de hacer. El amor realmente volvía idiota e irracional a la gente, ¿verdad? Acababa de comprobarlo.
-Necesito algunos consejos.- admitió a regañadientes. –Sobre… mujeres.- apartó la mirada cruzándose de brazos con un sonrojo. -¡Pero si te atreves a decirle a Matsumoto algo de esto te matare!- casi chilló más que muy avergonzado por la situación, crujiendo los dientes cuando el peliblanco mayor empezó a reír.
-Descuida, Shiro-chan, hay cosas que son solo entre hombres. Desde que tu padre murió asumí la responsabilidad de ser tu figura paterna, puedes confiar en que no le diré nada a Ran-chan… al menos no hasta que conquistes a la chica que quieres.- su sonrisa se amplió ante su rostro sonrojado. -¿De eso se trata, no? Quieres conquistar a una chica.- lo miró con las cejas arqueadas. -¿Será acaso tu supuesta "novia"?- maneó las cejas con diversión.
-Ese noviazgo es una farsa.- frunció el ceño al darse cuenta de que ya parecía saber esto. –Pero sí, quiero conquistarla a ella, Kurosaki Karin. ¿Cómo supiste que le mentí a la prensa?- debía admitir que lo impresionó un poco.
-Ran-chan se la pasa parloteando sobre ti todo el tiempo, sé que tienes poco de conocer a la chica pero que ya te gusta. No tienes ninguna otra experiencia con estos nuevos sentimientos, supuse que tardarías más en aceptar que te gusta la chica y que quieres ir a por ella, sin embargo.- se frotó la barbilla, pensativo. –Sabía que incluso si esta chica te traía loco y a sus pies no se lo habrías dicho a la prensa a menos que tuvieras un fuerte motivo. Eso sumado a que te conozco me hizo suponer fácilmente que mentiste a la prensa.-
-D-de acuerdo.- tal vez había tomado la decisión correcta al acudir a Ichimaru. –En realidad, al principio realmente la detestaba porque…- comenzó a contarle todo al novio de su secretaria, lo conocía desde hace años y él y Rangiku siempre fueron una especie de padres sustitutos aunque al principio no le agradaban nada. -… Pero cuando me dijo eso no pude resistirme y la bese y casi llevó las cosas más lejos, solo para porque me di cuenta de que la estaba asustando…- decidió contarle, con la cara roja, lo imbécil que había sido aquel día cuando la llevó a su casa. –Mi abuela y mi hermana la amaron y estoy seguro de que ya están planeando la boda….- también le contó su experiencia juntos en el cumpleaños de su abuela. –Y ahora ella va a ir a mi casa todas las madrugadas y tal vez alguna que otra tarde. No sé cómo voy a aguantar todo esto.- enterró el rostro en sus brazos un poco desanimado pero también feliz de haberse podido descargar con alguien más.
-Ya veo.- Ichimaru tenía sus ojos celestes un poco abiertos, no parecía haberse esperado que tantas cosas le pasaran en solo poco más de una semana. –Sí que te has medito en un lío de lo lindo.- se cruzó de brazos con un mohín. –Bueno, pues… en verdad llevas muy poco conociendo a esa chica, yo diría que te tomes más tiempo en conocerla, sigan cenando juntos y conviviendo pero trata de no lanzarte encima de la chica, por favor, sé que has reprimido tus hormonas por una buena cantidad de años pero no queremos espantarla.- su rostro ardió ante sus palabras, pero no pudo gritarle por ellas puesto que tenía un buen motivo para pensar que le faltaría al respeto, ya lo había hecho una vez. –Luego de que te sientas con más confianza con ella invítala a una cita formal pero no intentes llevarla a un restaurante de lujo o alguna cosa de esas, llévala a algún lugar que les guste a ambos y donde se sientan más cómodos y si les gusta la cita sigan saliendo hasta ver a dónde llegan.- le guiñó un ojo mientras él tomaba nota mental de todos sus consejos que le parecían más sabios y útiles de lo que hubiera imaginado. –Oh, y hay otra cosa que necesitaras.- murmuró de pronto.
-¿Qué?- pestañeó perplejo.
-No te preocupes, te la enviare por correo.- sonrió de forma escalofriante y misteriosa antes de despedirse deseándole suerte e irse.
Un poco más tranquilo después de su conversación con Gin se dedicó a seguir con su trabajo antes de que llegara la hora de retirarse. Salió a la hora a la que se suponía debía salir todos los días en vez de quedarse a hacer horas extras como siempre, todo porque quería ver a Karin lo antes posible.
La encontró esperándolo a la salida del hotel con una bonita sonrisa que derritió un poco más su ya descongelado corazón, enamorarse lo hacía sentirse bien, ella lo hacía sentirse bien, era una sensación nueva y ajena pero le gustaba.
Fueron en su auto hasta su casa mientras ella le preguntaba qué deseaba para cenar mientras él solo insistía en que lo que quisiera estaba de acuerdo, no era exigente.
-Lamento hacerte trabajar tantas horas, pero creo que el dinero es compensación suficiente, y si no lo es solo dímelo y podemos arreglar mejor tu horario.- comentó preocupado puesto que quería que ella ganara más pero lo angustiaba mantenerla tanto tiempo ocupada y lejos de su casa teniendo que hacer tantos viajes.
-Sobre eso…- su tono le llamó la atención mientras ya llegaban a su mansión y bajaban al entrar cruzando el amplio patio hasta la puerta. –Lo he estado pensando y creo que realmente esto de trabajar once horas y viajar de tu casa a la mía al anochecer y devuelta de la mía a la tuya a la madrugada no es realmente la mejor idea.- murmuró nerviosamente preocupándolo más. –Así que pensé… ¿no sería más fácil si yo m-me… quedara en tu casa directamente?- lo miró con sus ojos inocentes.
Se quedó en shock ante sus palabras, preguntándose sí había escuchado bien.
-¿Qué?- no podía estar hablando en serio. –No creo que eso sea buena idea.- se negó casi de inmediato, su mente torturándolo con imágenes de su cuerpo semidesnudo, sus manos acariciándola y sus bocas unidas, sus dulces gemidos… Sacudió la cabeza mientras entraba a la mansión con ella detrás y encendía las luces.
-¿Por qué no?- lo siguió pisando fuerte. –Es peligroso para una chica como yo viajar de madrugada y de noche solo para ir y volver al mismo lugar.- era peligroso para una chica como ella quedarse allí con un chico como él. –Lo mejor sería vivir aquí. No es como si eso pudiera iniciar rumores indiscretos, ya todo el mundo piensa que somos novios.- tenía un punto, pero…
-¿En verdad aceptarías algo como eso?- la miró con ojos entrecerrados en lo que se sentaban en los sillones de su sala. -¿Quieres dejar tu casa y a tu familia? ¿A tu padre?- no lo creería de ella.
-Lo aceptaría por un aumento en el sueldo, aunque sea pequeño.- hmm, aún tenía que decirle que le iban a pagar el cuádruple y no el triple. –Además mi padre tiene a quien lo cuide, yo… agh…- se llevó una mano a la sien, masajeándola con cansancio. –Toshiro… Yukio Vorarlberna despidió a mi hermana.- dijo con pesar y pareciendo a punto de llorar. Él palideció. –Necesito darme prisa y conseguir más dinero…- susurró con un hilillo de voz, sus ojos reflejando total vulnerabilidad.
-Entiendo.- apretó los puños y crujió los dientes. Vorarlberna siempre había sido un bastardo desalmado con complejo de dios, y a veces realmente lo odiaba y desearía haberle bajado un par de dientes la última vez que se pelearon en la universidad. –En ese caso, permíteme proponerte un nuevo trato.- dijo con voz calmada llamando su atención de inmediato. –Se mi amada… ¡ama de llaves!- corrigió la tontería que estaba a punto de decir antes de que pudiera entenderlo. –Mantente aquí a tiempo completo, limpiando y cocinando. Y te pagare cinco veces más.- eso la dejó con la boca abierta.
Él solo quería ayudarla, ella solo tenía que pedirlo y la ayudaría.
-Toshiro…- frunció el ceño y abrió la boca como si estuviera a punto de negarse, pero entonces la cerró con brusquedad y pareció librar una lucha interna antes de sonreírle un poco forzadamente. –G-gracias… aceptó el puesto.- no parecía realmente contenta con eso. Se notaba que no le gustaba el empleo o recibir un sueldo obviamente favorecido, pero debía estar realmente desesperada para aceptar sin peros.
El peliblanco tomó su mano y acarició suavemente con su pulgar el dorso, sonriendo un poco ante el pequeño sonrojo que se extendió por sus mejillas. Haría todo lo posible porque se sintiera cómoda con él y por controlarse y no cometer otra estupidez.
Una vez se calmaron los ánimos ella lo invitó a cocinar juntos, cosa que se divirtieron haciendo, y luego comieron juntos en armonía.
Cuando terminaron de cenar decidieron que se mudaría a la mansión esa misma noche.
Fueron en su auto hasta la clínica Kurosaki y allí ella entró para hacer sus maletas y despedirse de sus familias insistiéndole en que podía ocuparse de todo sola y que la esperara en el auto. Le tomó menos tiempo del que pensó venir con las maletas ya hechas, pero no lo meditó mucho, pensando que quizás su hermana la había ayudado y ya.
Volvieron a la mansión y él la llevó a un cuarto para que se quedara, no el mismo que ocupó la otra noche o los recuerdos podrían matarlo, sino que le permitió quedarse en la habitación que fue suya cuando era niño antes de que su padre muriera. La ayudó a desempacar y se desearon buenas noches.
Abrió la puerta para irse pero entonces sintió sus finos brazos envueltos alrededor de su torso y se sonrojó cuando le plantó un beso en su mejilla dando un pequeño brinquito desde atrás antes de dejarlo ir agradeciéndole por última vez y deseándole dulces sueños para luego cerrar la puerta casi en su cara.
Enrojeció y no pudo evitar suspirar felizmente. Esto realmente era una sensación muy agradable. Quizás debería darle una oportunidad al amor, ¿no podía ser tan malo, verdad? No de todo amor tenía que salir un montón de dolor y engaños, podía salir algo bueno, ¿cierto? Tal vez debería bajar más la guardia, ser positivo y dejarse llevar, aunque sea por esta vez.
Confiaba en que Karin no sería capaz de destruir su confianza y romper su corazón.
Ya en la soledad de su cuarto se recostó en su cama y por un momento fantaseó con tenerla allí junto a él en sus brazos, pero sacudió la cabeza y sacó su móvil para distraerse y alejar los pensamientos raros.
La curiosidad lo invadió al pensar en la conversación con Ichimaru y rápidamente abrió su correo electrónico, notando el mensaje sin leer remitiendo desde el peliblanco de ojos celestes. Lo abrió con expectación y se extrañó al ver que se trataba de un libro.
Alzó una ceja con curiosidad y comenzó a leer, solo para arrojar el celular al otro lado de la habitación directo al sofá con el rostro color escarlata maldiciendo a los cuatro vientos a Ichimaru por haberle enviado un libro erótico sobre "cómo complacer a tu primer amor". ¡Ese maldito pervertido! ¡Debió haber sabido que no era mejor que Matsumoto!
Volvió a recostarse aún molesto y sonrojado, pero se levantó de golpe al oír golpes frenéticos en su puerta. Saltó de la cama y abrió la puerta viendo nada más y nada menos que a Karin con un cuchillo de cocina en sus dos manos viéndose frenética y asustada.
-Karin… ¿Por qué demonios tienes un cuchillo?- una gota resbaló por su sien mientras se replanteaba sí dejarla vivir con él era una buena idea.
-¡Toshiro!- entró frenéticamente en su habitación con el cuchillo en alto, poniéndose protectoramente frente a él como si tuviera que defenderlo de algún peligro. -¿Por qué mierdas estabas gritando?- se volteó mortalmente furiosa hacia él aparentemente después de comprobar que no había ningún monstruo a punto de saltarle encima.
-Emm… vi algo que no me gusto en mi celular.- confesó algo tímidamente al ver su rostro enardecido.
-¡IDIOTA!- chilló de inmediato roja de ira. -¡Me asustaste!- bajó el cuchillo y curvó su boca aun frunciendo el ceño con las mejillas conservando su color carmín.
Así como estaba con esa mueca casi infantil y vestida con un pijama de Chappy el conejo a pesar de que obviamente estaba a un pelo de usar el cuchillo contra él no pudo evitar parecerle absolutamente adorable y sonrió negando con la cabeza y rodeándola con sus brazos encerrándola en un abrazo sin poder evitarlo.
-Lo lamento.- rió quedamente con su boca enterrada en su cabello, su nariz deleitándose de su dulce aroma a miel y rosas. –Aún no me acostumbro a tener a alguien viviendo aquí conmigo y preocupándose por mí. He estado tan solo tanto tiempo… que olvide por completo lo que es convivir con alguien más. Tendrás que perdonar mis conductas anormales, esto no será fácil, pero… estoy feliz de tenerte aquí conmigo.- suspiró. –Gracias por preocuparte.- finalmente la soltó, riendo otra vez al verla aún más sonrojada pero esta vez obviamente por razones diferentes.
-T-tú…- su ceja se retorció con molestia haciéndola ver todavía más adorable. –Odio que no me dejes enojarme contigo.- se cruzó de brazos enfurruñada pero luego también soltó una pequeña risita. –Esto es raro para mí también, lamentó haber entrado a tu habitación con un cuchillo y eso.- se frotó la nuca nerviosamente. –Ya m-me v-v-voy. Buenas noches.- le sonrió antes de irse.
Soltó un suspiro anhelante mientras cerraba la puerta lentamente, casi con tristeza. Le hubiera gustado abrazarla más tiempo o no haberla dejado marcharse de la habitación en lo absoluto, pero obviamente no podía hacer eso. O al menos no aún. Primero debía conquistarla, e iba a hacerlo.
Ella era una chica genial, sincera, adorable y confiable. Nunca había sentido lo que sentía por ella, pero se sentía bien, le gustaba esta nueva sensación, quería más, quería todo. Le daría una oportunidad al amor confiando en que no iba a arrepentirse luego.
Tal vez esto iba un poco más rápido de lo que pudiera haber pensado pero quería ver a dónde llegaba. Y estaba seguro de que al final iba a valer la pena. Kurosaki Karin valía la pena, estaba completamente convencido de eso.
Continuara...
